<> MÁS ALLÁ DEL SISTEMA SOLAR.
Solo
hay dos infinitos:
el
Universo y la mente.
Saber
del uno es conocer al otro;
y
además cada uno contiene al otro.
La
astronomía es la ciencia que estudia los cuerpos de la bóveda
celeste mediante su observación; otras ciencias avanzan además por
experimentación y aquí tan posibilidad se reduce al ensayo con los
propios sistemas terrestres de observación, aparatos y técnicas. En
lo concerniente al Sistema Solar, que es el diminuto ámbito donde se
mueve nuestra casa, la Tierra, ha sido tratada anteriormente. Ahora
queda por ver el resto, que en cualquier aspecto absoluto es
prácticamente todo lo existente de lo que se pueda tener
conocimiento.
Uno de los aspectos más señalados del Universo más allá de nuestro Sistema Solar, que a pesar de su tamaño es prácticamente para nosotros como un insignificante y perdido archipiélago, son las distancias entre los objetos y que las mismas se miden en tiempo: los años-luz. Resultan tan descomunales que carece de sentido el parámetro distancia en Km (ni siquiera en miles o millones de Km) y es chocante que cualquier vista de los entes del Universo más allá de nuestro Sistema Solar es en realidad siempre una vista al pasado, desde unos pocos años hasta miles de millones de ellos. Es decir, cuando vemos el cielo estrellado, en realidad solo estamos contemplando una mezcla de distintos pasados lejanos, a veces inmensa a nuestra escala.
Si, la inmensidad es la nota dominante junto a los enormes cuerpos y gigantescos fenómenos en comparación a nuestra diminuta escala. Las gigantescas estrellas y otros entes, y los violentos fenómenos que acompañan a veces, son para nosotros otra característica que nos llama la atención. Inmensidad pues en todos los sentidos.
Por ello, a la vez, el fenómeno del Universo en la conciencia humana nos causa tal asombro que es muy difícil de asumir. Es casi imposible ser conscientes del mismo, de sus dimensiones, de sus fenómenos y de lo que significa en conjunto.
Este
capítulo no es ninguna enciclopedia de astronomía sino solamente
una breve introducción en algunos aspectos fundamentales de la misma
y una referencia a su estado general al cabo los primeros 50
años de navegación espacial, actividad que tanto ha influido en el
desarrollo de la misma y por ende en la comprensión de nuestro mundo
y nuestra propia existencia.
La etimología de la palabra Universo se halla en el
latín “universus” (de “unus”, uno, y “vertere”, girar), mientras
que la de Cosmos proviene del griego “orden”.
> EL UNIVERSO VISTO DESDE LA TIERRA
El
hombre ha clasificado todo cuanto ha visto en la bóveda celeste (y
bajo la misma en todos los órdenes) desde hace más de dos o tres
milenios, inicialmente según su supersticioso saber, creyendo ver
signos, señales y formas en la distribución de los objetos
celestes, de los que a simple vista pueden contarse solo unas 5.780
estrellas u objetos; prácticamente están todos en nuestra Vía
Láctea. Así se imaginó animales y cosas con los distintos grupos
aparentes de estrellas y nacieron las constelaciones; no todos veían
en tales grupos de estrellas las mismas formas de modo que también
aparecieron distintas denominaciones de un mismo grupo, prácticamente
a razón de un nombre por civilización. De una parte de las mismas,
a su vez, nació el zodíaco, posiblemente con origen en los
babilonios, si bien hoy se achaca su nomenclatura a los griegos, cuyo
verdadero valor hoy solo es histórico pese a los deseos, aun hoy
sorprendentemente, de muchos de atribuirle otras cualidades (y las
tiene económicas para algunos, evidentemente; pero eso es otra
historia). Los chinos llegaron a clasificar 284 constelaciones sobre
1.464 estrellas. En la actualidad los signos zodiacales no se
corresponden ya a la constelación de igual nombre y éste es
mayormente el de diversos animales, siendo el significado mismo de la
palabra “zodíaco” la de “senda de animales”.
El zodíaco es una franja circular de 16º de ancho que se extiende en fondo celeste sobre la eclíptica de nuestro planeta, o proyección de la órbita solar del mismo sobre la esfera celeste, (8º por encima y otros 8º por debajo de tal línea imaginaria) y que se fragmenta en 12 cuadros o signos, cada uno de 30º de longitud de arco (y por tanto de unos 30 días), que van siendo recorridos a lo largo del año por la Tierra. Cada signo divide su período de 30 días en fragmentos de 10 días llamado decán (por lo que hay 3 decanes en cada signo). Comenzando el ciclo anual en el 21 de marzo (equinoccio de primavera en Aries), son los conocidos (véase cualquier periódico): Aries (carnero), Tauro (toro), Géminis (gemelos), Cáncer (cangrejo), Leo (león), Virgo (virgen), Libra (balanza), Escorpio (escorpión), Sagitario (arquero), Capricornio (cabra), Acuario (aguador) y Piscis (peces); el equinoccio de otoño corresponde en libra. La constelación es señalada sucesivamente a lo largo de los meses del año por el Sol visto desde la Tierra, si bien no se corresponde actualmente a las tradicionales señaladas porque hay un desplazamiento al cabo de los miles de años. Como sea que órbita de la mayoría de los planetas oscila en esa franja, los mismos también se dice que se mueven dentro del zodíaco, pero ello no tiene trascendencia o influencia física alguna para ellos, pese al empeño en buscarla por parte de los astrólogos.
Haciendo un pequeño inciso hay que señalar que puesto que los planetas se mueven en torno, o muy cerca, de la eclíptica (o sea, que están más o menos casi en el mismo plano que el de nuestra órbita), su localización siempre habrá de hacerse en la franja zodiacal. Esto también es válido para gran parte de los asteroides.
Con el paso del tiempo, la astrología dejó paso a la astronomía, y el modo de ver el cielo fue cambiando. La distinción de estrellas y planetas ya era evidente, dado que éstos se movían y las estrellas no parecían cambiar de posición. Además estaban el Sol y la Luna, y su influencia en la agricultura, lo que llevó a ser los primeros objetos en ser mejor conocidos y sobre todo a servir de base a los primeros calendarios. También estaban los cometas, que sí siguieron sembrando terror y superstición hasta hace principios del Siglo XX. Pero para entonces ya algunos astrónomos había hecho nuevas clasificaciones del cielo, que se podía observar por fin con telescopios, desconocidos antes de Galileo Galilei, y se habían enunciado leyes como las de Kepler y Newton que daban sentido a los movimientos planetarios y la gravedad, comenzando la nueva etapa en visión del Universo, ahora bajo la ciencia. Los telescopios fueron inicialmente refractores (una lente convexa u objetivo con otra menor u ocular a cierta distancia; la división de la distancia focal entre ambos da los aumentos) hasta que Newton en 1672 hizo el primer reflector, que acortaba bastante su longitud con la ayuda de un espejo cóncavo y ampliaba la capacidad de captación de la luz (mejor cuanto mayor), además de evitar la aberración cromática. Del modelo Newton se harían luego varios tipos como el Cassegrain o el Schmidt que se distinguen por la diferente disposición de la óptica ocular sobre el espejo principal y distinto trayecto en el recorrido de la luz. También existe un modelo mixto o combinado denominado catadióptrico, basado en el reflector más que nada, y a su vez con 3 distintos sistemas. Para el seguimiento continuado de un objetivo, para mantener fija la observación de un cuerpo celeste, los telescopios con el tiempo serían dotados de monturas, montajes que consideran los ejes horizontal y vertical. Los llamados montajes ecuatorial y altacimutal son los habituales y son mantenidos con ayuda de un sistema motorizado eléctrico que hace girar apuntando siempre al objetivo en sincronía con la velocidad de rotación terrestre el primero y con dos ejes de desplazamiento, horizontal y vertical, el segundo.
Uno de los primeros grandes telescopios que se pondría en servicio lo fue por los americanos en 1897 con el refractor de 1 m de Yerkes y los reflectores en 1917 en Monte Wilson, California, al que se dotó con un espejo de 2,54 m (no es una medida rara, sino que procede de las 100 pulgadas del sistema anglosajón); anteriormente, entre 1845 y 1917, existió como el mayor telescopio del mundo el Leviatán irlandés con 183 cm de diámetro. Luego se haría el de Monte Palomar, en 1948, con un espejo de algo más de 5 m de diámetro (el doble del anterior). Con ellos se hicieron numerosos descubrimientos y abrieron el paso a una pléyade de sucesores en distintas partes del mundo (Hawai, Andes, etc.). Los soviéticos construirían el de Zelentchouk (o Zelenchukskaya) en el Cáucaso, con un espejo de 6 m de diámetro (y 65 cm de grueso y 42 Tm de peso) que sería en 1974 el mayor óptico del mundo; fue dotado para su control de dos ordenadores, uno de ellos de 16 KB de memoria.
A mediados de los años 80 del Siglo XX se estudiaba el uso de revolucionarios espejos flexibles con plásticos recubiertos de material reflectante con posible uso astronómico.
En 1993 se estrenaba el telescopio Keck, en las alturas del Mauna Kea (Hawai) donde ya había otros 8 telescopios, y fue entonces el mayor del mundo con 10 m de diámetro de espejo (en realidad un mosaico de ellos) y un nuevo concepto en este campo: el uso de 36 espejos hexagonales de 1,8 m cada uno y 7,5 cm de grueso, sincronizados mecánicamente por ordenador con el margen de una milésima del diámetro de un pelo humano. En 1996 se inauguraba un segundo Keck en el mismo lugar (a 95 m), de iguales características, y el cual se pensaba utilizar en sincronía como sistema interferométrico para potenciar la efectividad óptica a partir de 2000. Además de funcionar en la óptica visible, ambos también se utilizan en la IR.
En 1997 se ponía en funcionamiento el telescopio Hobby Eberly, o HET, en el Observatorio McDonald en el monte Fowlkes (2,2 Km de altitud), en Texas, con 11 m de diámetro constituidos por 91 hexágonos sincronizados de 1 m cada uno. Se convirtió entonces en el mayor del mundo en la banda visible. En el mismo colaboran diversas universidades tanto americanas como alemanas. Su costo fue de 13,5 millones de dólares.
Por entonces se trabajaba en el proyecto del VLT, un telescopio cuádruplo sincronizado de 8 países europeos a instalar en el monte Cerro Paranal, Atacama, en Chile. Cada uno de estos telescopios es de 8,2 m de diámetro con lo que equivalen los 4 a un espejo de 16 m de diámetro y su informatización permitía el sincronismo. Se fijó entonces su operatividad para 1998, y así fue inaugurado a finales de tal año. En 2018 se convierte en el mayor telescopio óptico del mundo con tal efecto de sincronía que centralizó el espectrógrafo ESPRESSO ubicado a 69 m. También en 2018, con su óptica adaptativa denominada tomografía láser (MUSE y GALACSI) se convierte en un telescopio cuya nitidez en las imágenes logradas mediante corrección supera a la mejor del momento hasta entonces, la del telescopio espacial Hubble.
En San Roque de los Muchachos, La Palma (Canarias), se finaliza la construcción en julio de 2007 del GTC, con 10,4 m de diámetro equivalente (pues está fragmentado en 36 piezas hexagonales de 450 Kg de peso y 1,9 m de ancho) en su espejo primario, perteneciente al europeo ESO con colaboración mexicana y de la Universidad de Florida y, por supuesto y principalmente, española (el canario IAC). A 2.267 m de altitud, el edificio tiene 41 m de altura, la cúpula 33 m de diámetro y su costo ascendió a 90.000.000€.
En el otoño de 2003 se anunció la construcción
principalmente por el CIT y la Universidad de California, con
financiación de la Fundación Gordon y Betty Moore, de un telescopio
óptico terrestre que sería el mayor del mundo; participan en el
proyecto con los Estados Unidos, Canadá, Japón, China e India.
Denominado TMT, debería
tener un diámetro de nada menos que 30 m, con una agudeza visual 12
veces superior a la del telescopio espacial Hubble, y su ubicación se
fijó en Mauna Kea, Hawai (estuvieron también en consideración Chile y
México), con entrada en servicio para 2012. Pero las obras comenzaron
oficialmente (primera piedra) el 7 de octubre de 2014. Ha de constar
de 492 espejos individuales con 1,44 metros cadauno.
En 2010 empezaba en Cerro Armazones, en Atacama, Chile, a 3.060
m de altitud, la instalación del E-ELT del ESO, observatorio dotado de
un espejo primario de nada menos que 42 m de diámetro (luego se dejo en
39); en realidad, 798 espejos de 1,5 metros cada uno. Su puesta en
servicio se fija entonces para 2018. El costo inicial ascendería a unos
400 millones de euros (1.300 millones de euros en realidad en 2017) y a
la firma del contrato el 25 de mayo de 2016 se
espera que las obras de la cúpula de 85 m de diámetro y varios miles de
Tm de masa se inicien en 2017 y se ponga en servicio para 2024. Además
de poder operar en la banda visible también usará el IR.
También resulta importante
el telescopio cuya
construcción es iniciada a mediados del mes de junio de 2015 en el
Cerro Las Campanas, en el desierto de chileno de Atacama, aunque las
obras de excavación del edificio de 65 m de altura para el
telescopio propiamente dicho comienzan en agosto de 2018. Es el GMT, el
gran telescopio Magallanes, de 25,4 m de diámetro en su espejo primario
pero integrado por 7 segmentos de 8,4 m de diámetro y 17 Tm de peso. Se
anuncia que su principal misión inicial será el estudio del Universo
profundo, la materia oscura y la búsqueda de exoplanetas, con una
resolución anunciada de 10 veces mejor que la del telescopio espacial
Hubble. Su construcción es posible iniciarla con 500 millones de
dólares aportados por 11 socios de todo el mundo, fundamentalmente
universidades; en 2022 el costo total se estima en 2.000 millones de dólares. Se espera su puesta en servicio para 2024.
En el ya citado Observatorio del Roque
de los
Muchachos, de La Palma canaria, también se ha de ubicar el mayor
telescopio de rayos gamma en el hemisferio Norte del planeta que en
realidad son 20 telescopios de tipo Cherenkov de tres tamaños, siendo
el mayor de 23 m de diámetro en su espejo primario. La sede del grupo
de telescopios del hemisferio Sur está en Chile. Pertenecen todos a la
Red de Telescopios Cherenkov, que consta en total de 100 telescopios de
tal tipo, y pertenecen a 14 naciones: Alemania, Austria, Brasil,
España, Francia, Holanda, Italia, Japón, Namibia, Polonia, Reino Unido,
República Checa, Sudáfrica y Suiza. Las obras del LST-1 de La Palma
comenzaron oficialmente el 9 de octubre de 2015 y su inauguración tiene
lugar el 10 de octubre de 2018. Se constituye este LST-1 en una
edificación de 45 m de altura y unas 100 Tm de peso, siendo su
espejo primario de los máximos citados 23 m de diámetro.
Como se puede ver en este muy breve repaso de los mayores telescopios (a su llegada) de la astronomía óptica desde los tiempos de Galileo, la evolución ha sido enorme y las perspectivas del futuro abrirán seguramente nuevos métodos con mayor importancia en los montajes y ópticas del factor electrónico. En este sentido, en el último aspecto, uno de los primeros grandes avances para la óptica de la electrónica han sido los CCDs, dispositivos de carga acoplada, que permiten multiplicar o amplificar la luz captada mediante métodos digitales de almacenamiento; su unidad es el píxel, con distribución en columnas y filas, y cuantos más píxeles soporte uno de estos dispositivos mayor resolución tendrá la imagen. Otro destacado avance supone el uso robotizado (por control remoto) de los telescopios y su información a través de Internet, dando así unos accesos tanto a la investigación como a la enseñanza y a los aficionados impensables en épocas anteriores.
= ASPECTO
GENERAL DEL UNIVERSO. LOCALIZACIÓN Y ESTUDIO.
Los tipos posibles de objetos en el Universo son generalmente estrellas, con luz propia o sin ella, diversas agrupaciones de ellas (galaxias, cúmulos, etc.), planetas, y las masas o nubes de gas y materia de distinto tamaño.
Para la localización precisa y directa de los objetos celestes se pueden utilizar varios sistemas de coordenadas, hasta 5, siempre sobre una esfera. El más sencillo considera la altura y el acimut del objeto a examinar considerando el horizonte terrestre y la posición respecto al cenit. En los otros sistemas se considera el ecuador de la Tierra y el celeste, la eclíptica, los polos del planeta y de la eclíptica e incluso el ecuador y polo de la galaxia. Nos referiremos, no obstante, solo a los sistemas más usados.
El sistema de coordenadas ecuatoriales y se expresa en ángulos, en el sentido vertical con los 90º y en el horizontal con las 24 h (horas, min y seg). La coordenada vertical, el ángulo entre el plano ecuatorial celeste (como prolongación infinita del plano del ecuador terrestre) y el objeto observable, se denomina declinación; los ángulos son negativos para señalar tal posición de los cuerpos del hemisferio sur, y positivos para los del norte, existiendo una equiparación o correspondencia con las latitudes terrestres. La coordenada horizontal, el ángulo entre el objeto y el punto fijo Aries, que corresponde al equinoccio de primavera, se llama ascensión recta (A. R.). Mientras que la declinación es fácil de medir (porque aunque no se tenga horizonte, por diferencia angular al cenit –el punto celeste sobre la vertical del observador-, se puede calcular con suma facilidad), la ascensión recta es más compleja a menos que se tenga Aries a la vista debido al movimiento de rotación de la Tierra.
En el cálculo de la ascensión recta, la posición del meridiano local del observador respecto a Aries se denomina ángulo horario y es variable a tenor del tiempo, denominándose tiempo sideral cuando coincide con Aries (punto del equinoccio de primavera; 21 de marzo); también se llama tiempo sideral a la ascensión recta de cualquier estrella en el momento de pasar por el meridiano del observador. La suma del ángulo horario y la posición del meridiano local con el objeto observado nos da pues la ascensión recta en tiempo. De otro modo, el ángulo horario es la diferencia de la ascensión recta de un objeto celeste y el tiempo sideral.
En estos cálculos se ha de tener presente que el movimiento de precesión de la Tierra hace que el punto Aries se desplace retrógradamente al año en 50,27 seg.
El día sidéreo, o sideral, toma como referencia el tiempo de paso sobre un mismo objeto estelar, en su misma posición; se toma como punto de referencia el paso sobre el citado punto Aries. No se corresponde exactamente al día de giro de la Tierra que experimentamos en la vida cotidiana, que es 0,0084 seg más largo debido al citado desplazamiento del punto Aries. El año sideral resulta ser de 366 días. La hora solar toma como referencia a un punto terrestre respecto a su exacto alineamiento con el Sol y la hora astronómica lo es en referencia a una estrella, no resultando exactamente iguales debido al desplazamiento terrestre en su órbita. El avance diario de la Tierra en su línea con el Sol es de 0,986º (los 360º del total de la órbita entre los 365 días que tarda en recorrerlos).
El estudio de los diversos entes del Universo se realiza desde tierra con telescopios ópticos, radiotelescopios y detectores de altas energías, apoyados en una innumerable serie de aparatos electrónicos y de espectroscopia, y desde el espacio con satélites dotados de sistemas miniaturizados de tales instrumentos terrestres. También se utilizan o han sido utilizados cohetes sonda y avión dispuestos al efecto, como el SOFIA de la NASA y el DLR, para estudios en el IR.
Se estudian pues estrellas y galaxias en las distintas bandas del espectro electromagnético desde los innumerables observatorios terrestres y espaciales (no hacemos mención de los observatorios terrestres, no porque carezcan de importancia, sino debido al enfoque espacial y la no pretensión de ser una obra expresamente sobre astronomía; también se observará que se evita la referencia a la evolución histórica de la misma y a los sucesivos logros de los distintos astrónomos). Se logran así imágenes, tanto en fotografía normal como en falso color (según las bandas espectrales) y gráficos diversos que permiten conocer la composición química, la velocidad, etc. Los estudios espectroscópicos son pues básicos en este terreno y su origen se debe a Joseph Von Fraunhofer (1787-1826) que identificó en el espectro solar las líneas oscuras de absorción por vez primera.
La
luminosidad de una estrella, o de cualquier cuerpo celeste, se mide
en una escala de magnitud que es inversa a la misma. Un cuerpo de
magnitud 10 (límite visible a simple vista) es menos luminoso que
otro de magnitud 5. Cada punto en la escala equivale una 2,511886
veces de luminosidad respecto al anterior o posterior; se dice aquí
que la escala logarítmica de brillos va en función de la raíz
quíntuple de 100 que es la que da tal número. Esto significa que una
magnitud primera es tales 2,5 veces de más brillo que la segunda, o que
es esas 2,5⁴ de más brillo que la quinta, o 2,5⁷ que la octava, etc.
Existen dos clases de
magnitud, la aparente y la absoluta. La primera es la que observamos
desde nuestra posición y la absoluta la que tendría el cuerpo visto
a 10 pársecs.
Las medidas de las distancias astronómicas pueden ser en: UA, o Unidad Astronómica (AU en inglés), que es la media de la Tierra al Sol, 149.597.870,69 Km; o bien en pársecs,
que equivale a un segundo de arco de paralaje de una estrella, o
también 206.264,8 UA, o 3,2616 años‑luz, o 3,0857 x 10¹³ Km; o en años-luz, siendo un año-luz la distancia cubierta por la luz en un año, que son 9,4607 x 10¹² Km, o bien 0,3066 pársecs, o 63.241 UA.
La distancia a una estrella se puede calcular de formas diversas. Si la estrella está relativamente cercana (hasta unos 300 años-luz, o 100 pársecs, para precisiones de hasta 0,01” de arco) el cálculo se puede realizar por paralaje, con observación de su posición oblicua desde dos puntos opuestos de la órbita terrestre (con unos 6 meses de diferencia), o mediante el estudio espectrográfico de su temperatura y evaluación de su brillo; en este último caso la intensidad del brillo disminuye con el cuadrado de la distancia. Pero en estos dos casos, si la estrella está muy lejos, el resultado no es fiable. Por ello se utilizan como punto de referencia las posiciones de estrellas conocidas como cefeidas.
El cálculo de distancia entre dos estrellas (c) se realiza por simple cálculo por paralaje trigonométrico según la fórmula
|
_________________ c=√(a^2+b^2)-2xaxbxcosγ
|
donde “a” es la distancia de la Tierra a una de las estrellas, “b” la distancia a la otra, y “cosγ” el coseno del ángulo formado en la Tierra por las dos líneas “a” y “b”.
Las cefeidas reciben su nombre gracias a la estrella Delta de Cefeo (identificada así pulsante por el inglés John Goodricke, 1764-1786) y tienen su particularidad en que cambian de luminosidad con un período fijo particular. Son variables y pulsantes porque oscilan en su volumen o tamaño periódicamente, cambian su temperatura, y de ahí las variaciones de temperatura y luz. Es decir, a cada período le corresponde una luminosidad fija o regular; a más luminosidad más período. El período va desde 1 día a 1 mes (o más) y de su análisis se deduce su distancia a la Tierra, lo que sirve, como se ha indicado, como referencia en las distancias de otros objetos de su entorno y de ahí su inestimable valor. Solo en la Vía Láctea hay unas 500 cefeidas. El hallazgo en 2010 de una cefeida (en el sistema binario OGLE-LMC-CEP0227, situado en la Gran Nube de Magallanes) en un sistema binario eclipsante propició el cálculo preciso de su masa y pulsación; esta cefeida tiene un período pulsante de 3,8 días, unas masa de 4,14 veces la solar (con 1% de margen) y su período orbital binario es de 310 días. Hay dos tipos de cefeidas, siendo las del tipo I jóvenes muy masivas y luminosas, y de períodos más largos; y las del tipo II viejas y menos masivas y luminosas con períodos menores de 18 días.
En cualquier caso, según el método empleado las enormes distancias a los distintos objetos celestes varían notablemente y es habitual la falta de concordancia en los datos según las distintas fuentes, a veces en altos porcentajes.
La velocidad de un objeto celeste luminoso y otras características se calculan estudiando su espectro y las líneas de absorción. El alejamiento de una estrella o galaxia se evidencia en el llamado corrimiento hacia el rojo (efecto Doppler, descubierto en 1842 por William Huggins) y el acercamiento con el corrimiento hacia el azul. No obstante, la consideración del corrimiento hacia el rojo tiene en el llamado efecto Wolf su detractor porque podría haber casos en que tal radiación intensificada fuera debida no al alejamiento sino a una emisión de intensidad mayor en tales bandas.
La velocidad de alejamiento o acercamiento se averigua con la aplicación de la fórmula V=cx(∆u/u) , donde (V) es la velocidad citada, (c) la de la luz, (u) la frecuencia de la luz llegada del objeto celeste y (∆u) la diferencia entre la frecuencia correspondiente a tal banda luminosa y referida frecuencia del objeto en movimiento, es decir, el índice de desplazamiento de esa frecuencia como consecuencia de la velocidad del objeto (o sea: frecuencia prefijada menos frecuencia llegada en ángstroms).
También pueden ser estudiados determinados objetos indirectamente, por los efectos o alteraciones gravitatorias o de la radiación que causan en otros cuerpos que sí pueden ser observados. Es el caso de los planetas o de los agujeros negros. En la observación de los objetos celestes lejanos, como los cuásares, la interposición de cuerpos masivos en el camino recorrido por la luz o radiación emitida, puede dar lugar a distorsiones de efecto lente y así se ofrecen imágenes finales dobles; este hecho, también llamado lente gravitatoria, fue comprobado por vez primera en marzo de 1979 (Walsh, Weyman y Carswell desde Arizona sobre los objetos del cuásar doble Q0957+561A y B) si bien ya había sido propuesto por Einstein hacia 1912 (publicándolo en 1936), aunque el mismo no creyó que pudiera ser observable. Aunque no es un caso muy común, puede ocurrir y es debido a que el cuerpo masivo curva el espacio y hace que la luz o radiación se curve o desvíe en su trayectoria y lo rodee. La vista final de objetos o conjuntos simétricos evidencia tales cuerpos de interposición. Entre 1979 a 1985 se detectaron 6 lentes gravitatorias; el segundo caso se detectó con el cuasar triple PG1115+08 en mayo de 1980, y el tercero con el objeto 2345+007 en agosto de 1981. El telescopio espacial Hubble observó una muy potente en el grupo de galaxias AC114, localizado a 4.000 millones de años-luz de nosotros, según se dio a conocer en octubre de 1992. Para grupos de galaxias, la primera detección real de este efecto se produjo en 1990 sobre las de Abell 1689 y CL1409+52. Hasta finales de 2003 se llevaban identificadas en torno a las 80 lentes gravitatorias. Abell 1689 está a 2.200 millones de años-luz de nosotros, en la Constelación de Virgo, y tiene miles de galaxias con un total de un billón de estrellas.
Para el cálculo del tamaño, por ejemplo, de algunas estrellas no excesivamente lejanas se utilizan los datos de su luz. Una de las formas es observar el tiempo gradual en que tarda en desaparecer ocultado por un borde de la Luna; si desaparece de golpe cabe pensar que es pequeña y si va disminuyendo cuando más lentamente mayor será; se considera aquí también el dato de la velocidad orbital lunar. Otro modo de determinación de igual dato es el interferométrico a partir de la propia luz de la estrella.
Cuando mayor es la capacidad o resolución angular (cuanto menor sea el ángulo observado; milisegundos de arco, por ejemplo) tanto mayor serán las posibilidades de estudio al detalle (no ya solo de la distancia) de los objetos celestes de que se trate. De aquí que las técnicas interferométricas equivalgan a sistemas telescópicos difíciles de lograr del modo tradicional tanto en las bandas ópticas como IR o radio.
Las observaciones posibles de los objetos celestes se hacen pues a través de las radiaciones que nos llegan, bien a la superficie terrestre, como las de las bandas visibles y de algunas de radio, como al espacio inmediato, donde actúan los satélites. La detecciones de tal radiación son pues en las citadas bandas de luz visible (telescopios ordinarios), radio (radioastronomía), infrarrojo (IR), ultravioleta (UV), rayos equis, rayos gamma (dentro de los que están los estallidos GRB); también se estudian los rayos cósmicos, partículas altamente energéticas. En general, la mayoría de los objetos emiten todo tipo de radiación a la vez (luz, IR, radioondas, etc.), pero según el tipo de objeto suele haber una preponderancia de alguna de las bandas del espectro en cuanto a la intensidad de emisión.
En particular se asignan distintas frecuencias a diferentes objetos como especialmente emisores de las mismas. De este modo, se observan estrellas en explosión con emisiones de radio, galaxias con microondas, UV, IR y luz visible, estrellas frías con IR, estrellas calientes con UV, cuásares y agujeros negros con rayos equis y púlsares con rayos gamma. Ello no quiere decir que no se observen los distintos objetos, y abundantemente, en el resto de frecuencias.
Los estudios y detección de diversos objetos en las bandas de radio se realizan con radiotelescopios, grandes antenas parabólicas o de otras formas que pueden a veces estar coordinadas y trabajando simultáneamente para multiplicar la capacidad detectora. En este último caso se hablan entonces de interferometría (VLBI y VLBA) y su equivalencia recolectora de señal, con baterías de radiotelescopios y tal técnica VLBI, es de hasta miles de Km; en las bandas de radio, milimétricas y submilimétricas se obtienen resoluciones superiores a las ópticas, aunque no resulten tan espectaculares. Se estudian así galaxias, protoestrellas, etc. Por supuesto, las antenas y su foco o cono recoge-ondas, por sí solas no son nada, sino que se complementan con un amplificador, un sistema de registro (en papel, en soporte magnético u otro) y un sistema de interpretación de datos (visual directo de números o letras, gráficos, informático, etc.). La técnica VLBI es ampliada en sus posibilidades a principios del Siglo XXI con medios informáticos e Internet, potenciando la rapidez de procesamiento en tiempo real con la centralización de la información en un ordenador expresamente dispuesto al efecto; tal sistema fue denominado e-VLBI y las primeras pruebas se hicieron en septiembre de 2004 apuntando simultáneamente a la estrella IRC+10420 de la constelación del Águila con radiotelescopios situados en Gran Bretaña, Holanda, Suecia, Polonia y Puerto Rico, y logrando así una muy alta resolución. En 2011 se dio a conocer la extraordinaria precisión y resolución en la medición de distancias astronómicas mediante la utilización de la red de radiotelescopios VLBA.
Esta rama de la astronomía se origina casualmente cuando se buscaba un sistema para eliminar interferencias o perturbaciones de las radiocomunicaciones a larga distancia; ocurre en año 1932 y tiene su exponente en el ingeniero americano Karl Jansky que trabajaba para Bell Telephone, si bien el verdadero investigador sería luego Grote Reber. Sin embargo, la verdadera radioastronomía comienza su andadura en 1942, tiempo en el que también causalmente los radares ingleses (estamos en plena segunda guerra mundial) captaron señales que creyeron nazis pero que solo eran radioseñales del Sol. Finalizada tal guerra se extendieron estas detecciones ya imparablemente, descubriéndose en 1947 la fuente de radio de la Nebulosa del Cangrejo, la tercera celestial más potente. La radioastronomía estaba en marcha y pronto se pasó a observar fuentes celestes de todo tipo.La astronomía de rayos gamma, a veces en estallidos breves pero muy intensos y poderosos (GRB; la nomenclatura de estos acontecimientos astronómicos se forma con tales siglas seguido de una numeración que es la fecha invertida del mismo, como por ejemplo 15 de enero de 1999 sería GRB 990115), llegados de diversas fuentes celestes data de 1961 con el Explorer 11. También fueron captados casualmente gracias a los satélites militares Vela norteamericanos desde 1967, y luego por otros dedicados expresamente a esta labor como el GRO, el BeppoSax o el HETE. Las detecciones en las primeras décadas de estos bruscos brotes de tal radiación se hicieron con una cadencia media de 30 por año. Entre 1967 y 1997, en 20 años, se catalogaron unos 2.000 casos de este tipo. Dado el poco tiempo en que nos llega el fenómeno a casi la velocidad de la luz (al 99,9997%), durando entre 1 milésima de seg y 16,66 min, la identificación de las fuentes fue muy difícil en tales comienzos porque solo casualmente se podría estar en ese breve tiempo enfocando la fuente. La mecánica principal fuente de rayos gamma galácticos son las colisiones de rayos cósmicos con protones atómicos de gas y polvo, y se originan en las estrellas de neutrones, púlsares, núcleos de galaxias activas, cuásares, el entorno de los agujeros negros, campos magnéticos, determinadas binarias, en la formación de estrellas, o en las colisiones de estrellas, especialmente las de neutrones, entre ellas o con un agujero negro. Los choques de antimateria con materia también generan esta radiación. Son los rayos gamma la radiación más intensa y que revela los fenómenos más violentos del Universo. Tales estallidos se producen en el cielo al menos en un promedio de uno diario y su reparto celeste es uniforme; se han catalogado básicamente en dos tipos: breves y largos, con límite entre ambos en los 2 seg (o sea, los cortos son de menos de 2 seg y los largos de más), pero también se han identificado otros llamados híbridos de secuencias y características distintas. Pueden pues anunciar tanto el nacimiento de agujeros negros, la colisión de estrellas de neutrones, como la muerte de una estrella masiva, supernovas. De hecho, los largos se asocian a las supernovas de más de 40 masas solares; entre los 2 seg y unos minutos, además de las supernovas también pueden proceder de las hipernovas. Si duran horas puede que sean emitidos por magnetares. Los menores de los 2 seg o breves se asocian a las estrellas de neutrones interrelacionadas con otras estrellas similares o agujeros negros, y fusiones entre ambos tipos de cuerpo celeste.
Excepcionalmente,
tales explosiones de energía son desmesuradamente enormes; por
ejemplo, la de 23 de enero de 1999 (GRB 990123) procedente de un
objeto situado a 10.000 millones de años-luz en Boyero, que duró 1
min 50 seg, emitió en solo 10 seg la equivalente a la irradiada por
el Sol en 10.000 millones de años, es decir, como casi toda su vida
pasada y futura. El 10 de mayo siguiente otro estallido de este tipo,
procedente de un objeto a 7.000 millones de años-luz en la
constelación del Camaleón, duró 1 min 40 seg y emitió energía
equivalente a toda la luz de la Vía Láctea brillando durante 30 años.
El 14 de enero de 2019, ingenios
espaciales (Fermi y Switf) y observatorios terrestres captan tras un
estallido gamma (que sería denominado GRB 190114C) una fuente de
energía que duró más de 20 min y fue 100 veces superior a cualquier
otra vista hasta entonces, lo que sorprendió a los astrónomos; en solo
100 seg emitió la energía equivalente a toda la emitida por el Sol en
10.000 millones de años. La primera hipótesis es que fue originado el
fenómeno en la explosión de una estrella de una masa 10 veces la solar,
situada a unos 4.500 millones de años-luz de nosotros.
El 9 de octubre de 2022 se captó
(ingenios espaciales Fermi, Wind y Swift) la GRB 221009A, que es
catalogada entonces como la emisión de rayos gamma más energética nunca
detectada con 18 teraeletrovoltios. Según el ingenio Fermi duró nada
menos que más 10 h. En tal momento se identifica como producto del
nacimiento de un agujero negro a 1.900 años-luz de nosotros (2.400
millones dice otra fuente) en la constelación Sagitta. En la Tierra
afectó las transmisiones de radio de onda larga, y sus efectos en
determinadas bandas persistieron durante días. Posteriormente (2024) se
determinó que el fenómeno fue debido al colapso seguido de explosión de
una estrella masiva. Fue también llamado BOAT.
También se han catalogado algunas de estas emisiones GRB como SGR, erupciones breves y repetitivas de rayos gamma suaves. Son emisiones de rayos gamma blandos, o rayos equis duros, pero de carácter repetitivo. Detectadas éstas en 1979, no fueron reconocidas hasta 1986 y solo se captaron 4 erupciones de tal tipo hasta 1997; una en este año y las otras 3 en tal 1979. Se relacionan con las llamadas magneto-estrellas y los púlsares.
Gracias al satélite Swift, tras la emisión GRB 060714 se estableció que los estallidos de rayos gamma son seguidos en los minutos u horas siguientes por emisiones de rayos equis fuertes, o de intensidad variable.
En 2009 se emitió la teoría de que los GRB pudieran ser originados por agujeros negros que se podrían introducir en la estrella, succionando a la misma desde su interior y emitiendo así los chorros de plasma que se cree que originan los estallidos.
También
existen emisiones en fogonazos en bandas de radio, o radiofogonazos, de
muy breve duración, de milisegundos. La primera detección de los mismos
se hizo en 2007 y fue llamado el “estallido de Lorimer” (de Duncan
Lorimer, que estaba al frente del equipo descubridor). De tales
destellos, en 2013 no se sabe su origen, si bien se tiene establecido
que proceden de distancias muy lejanas, cifradas en hasta 11.000
millones de años-luz.
En la corona de Sol y la correspondiente de las estrellas la temperatura del gas, aun rarificado, se eleva a más del millón de grados y así, chocando a gran velocidad electrones con núcleos atómicos, con protones, en tal zona estelar se generan fuentes de rayos equis, la siguiente radiación a la gamma en intensidad decreciente. Podría pensarse que solo en determinadas estrellas, en las de corona caliente, existen estas fuentes, pero gracias a los satélites que las han estudiado ha resultado que casi todas emiten rayos equis: sistemas binarios, novas, nebulosas planetarias, cúmulos galácticos, púlsares. Hay pues otras explicaciones, y complejas, para explicar cómo se genera tal radiación en muchas estrellas y otros entes del Universo, como los quásares y otros entes colapsados.
La primera fuente celeste de rayos equis (Sco X-1, en Escorpión), aparte del Sol (1959), había sido captada el 18 de junio de 1962 por parte de Riccardo Giacconi, Gursky, Paolini y Bruno Rossi por un cohete sonda lanzado en White Sands y para diciembre de 1970 se conocían ya 40; así, en tal 1962 es que nace la astronomía de rayos equis. Entonces entró en acción el primer satélite destinado a captar tal radiación, el Explorer 42, que en cuestión de 24 horas identificó ya tantas fuentes como las conocidas hasta entonces. En 1978 se dio a conocer un catálogo con 339 fuentes de rayos equis. Con el HEAO 1 el mismo pasó a ser de unas 1.500 fuentes y con el siguiente de la misma serie el catálogo subió a 3.000 fuentes. Hacia 2000, gracias a diversos satélites astronómicos, como los citados y el ROSAT, el total de fuentes de rayos equis celestes conocidas era de 60.000. En 2002 la cifra es ya de aproximadamente 150.000 y se aventura un incremento anual en los siguientes años de unas 50.000 fuentes por año.
En definitiva, las fuentes de rayos equis identificadas en el cielo son procedentes de galaxias, cúmulos galácticos, quásares y otros objetos. La fuente mayor en rayos equis fue hallada por el importante satélite Chandra en julio de 1999 a 1.500 años luz, en la nebulosa de Orión; en Orión hay al menos unas 2.000 estrellas jóvenes, otras en formación, CO y también una cantidad de agua tan grande como miles de veces la de todo nuestro planeta (según el satélite ISO). Algunas de las fuentes de rayos equis se producen repentina o irregularmente durante 1 min y se denominan fuentes explosivas. Otros satélites de observación de rayos equis son los XMM, Asca, BeppoSax, etc. La nomenclatura para este tipo de fuentes señala la constelación seguida de una equis y el número correlativo de fuente descubierta en la misma (ejemplo: Cygnus X-3 es la tercera fuente de rayos equis hallada en la constelación del Cisne).
En las bandas del UV, que también son absorbidas por la atmósfera, gracias a los cohetes se vienen estudiando los objetos desde 1946 (con primitivos disparos V-2 en vuelo suborbital). La primera fuente UV estudiada fue el Sol, como es natural, pero en 1955 ya se observaron otras estrellas (con la corona activa) y también en nebulosas planetarias donde haya plasma; también las estrellas al final de su vida emiten tal radiación. El primer satélite con medios UV fue el americano SN 43-5E5 que se lanzó en 1964 y a partir de 1966 se enviaron los de la serie OAO. En la astronáutica tripulada se hicieron luego observaciones en los años 70 desde las naves Soyuz y estaciones Salyut soviéticas, y las misiones americanas Skylab y más tarde con diverso instrumental llevado en los Orbiter Shuttle (misiones ASTRO, ORFEUS, etc.); hay incluso antecedentes de observaciones UV en las misiones tripuladas Gemini. También son muy importantes los estudios de los satélites siguientes: el holandés ANS (1974), el japonés TANSEI de 1977, el americano-europeo IUE (1978), el europeo EXOSAT (1983), el alemán ROSAT (1990), los americanos EUVE (1992), HETE 1 (1996), SNOE (1998), TRACE (1998), FUSE (1999), etc.; algunos son también observatorios de otras energías.
Con otras fuentes de otros tipos de energías o radiaciones ocurre cosa parecida. En el IR, por ejemplo, (astronomía espacial iniciada también en los años 60) solo el satélite IRAS catalogó 245.839 objetos celestes (130.000 estrellas, 20.000 galaxias, etc.), cuando hasta entonces, en toda la historia astronómica, se había captado unas 500.000. Al tiempo de tal satélite, la fuente más potente en el IR descubierta, una galaxia, emitía energía equivalente 5.000.000 de millones de estrellas como el Sol. En el IR emiten casi todos los objetos celestes: estrellas, protoestrellas, nebulosas, nubes de gas y materia, etc.
Tras el IRAS, otros telescopios IR espaciales importantes fueron el COBE, el MSX, el Spitzer y otros.
En las observaciones de estas frecuencias bajas como el IR se utilizan instrumentos que tienen que ser enfriados para que el propio calor de los mismos no falseen los datos. Tal enfriamiento se consigue utilizando por ejemplo nitrógeno líquido a cerca del cero absoluto.
Las bandas de luz visible son observadas tanto desde el espacio como desde tierra, donde también se captan parcialmente radiaciones más bajas de frecuencia (IR, radioondas y microondas). La luz visible es emitida por estrellas, galaxias y cuásares. En cuanto a las microondas y radioondas son resultado de la radiación de fondo y moléculas de CO, por ejemplo, en el primer caso, y de púlsares y radiogalaxias en el segundo. En estos dos casos el campo encargado es la radioastronomía.
= CATALOGOS. CLASIFICAR EL CIELO
Los antiguos clasificaban la bóveda celeste por constelaciones y daban nombres a los astros más brillantes. La misma constelación recibió distinto nombre según la apariencia creída por las distintas culturas antiguas. En realidad tal forma aparente de los grupos de estrellas va cambiando lentamente en el transcurso de los milenios por lo que una determinada constelación actual no es realmente la misma que veían nuestros ancestros.
Uno de los primeros en catalogar el cielo fue Hiparco de Nicea, que dos siglos antes de Cristo confeccionó un catálogo de unas 1.080 estrellas, dividiéndolas en 6 tipos por su luminosidad. Como no disponían de telescopios, veían un cielo como lo vemos nosotros hoy –prácticamente igual- a simple vista, pudiendo observar así hasta unas 6.000 estrellas. Con los telescopios de principios del Siglo XXI el número de estrellas observables es de 70.000 trillones. Con la aparición de los telescopios comenzaron a proliferar los catálogos, desde el Siglo XVIII y especialmente en el Siglo XX. Pero en la era moderna la clasificación ya no es por la apariencia de los puntos luminosos en los que los antiguos creían ver formas reflejadas de nuestro mundo. La visión moderna es por objeto y se resume según catálogos entre los que destacan el de Messier, el NGC y el IC, si bien los hay mucho más extensos y modernos como el UGC, el NED (de la NASA), el GSC-2 (de 2002; comprende todos los objetos celestes de brillo superior a la magnitud 19), el del Observatorio Naval USA, considerado como uno de los mejores con más de 500 millones de objetos estelares, y otros con decenas de miles de objetos, o millones, y de diversos criterios clasificatorios. De tal modo, un mismo objeto estelar puede ser nombrado hasta por al menos 20 denominaciones distintas.
El
catálogo más moderno y extenso en 2003 es el llamado 2MASS con
medio millón de millones de objetos celestes, obtenido por los
observatorios de Hopkins (Arizona) y Cerro Tololo (Chile) a partir de 1997.
Otros catálogos son específicos para un tipo de
objetos. El Abell por ejemplo contiene una serie de cúmulos de
galaxias (más de 4.000) que tienen un corrimiento al rojo de la 0,2 o
menos; su nombre lo recibe de George Abell que iniciaría el catálogo en
1958 con 2.717 cúmulos.
Los nombres astronómicos los da la Unión Astronómica Internacional (IAU) desde 1.921 y será quien al final, en un próximo futuro, administre la cuestión de catalogar el cielo con criterio único. Por tanto, los intentos de comercialización (o de compraventa) de los nombres de las estrellas por parte de algunos no tienen validez oficial alguna.
En 1922, en Roma, la Unión Astronómica Internacional establecía que el número de constelaciones en 88, de las que 12 son zodiacales, 48 en el hemisferio austral, o sur, del firmamento y 28 en el septentrional, o norte, de tal franja zodiacal; o también, ignoradas las zodiacales, 36 boreales y 52 australes. Las constelaciones solo tienen un valor de localización en primer instancia o aproximada de objetos celestes, pero sus aparentes formaciones no lo son nada más que a vista desde la Tierra, no estando sus objetos en un mismo plano. En efecto, aparentemente las formaciones están en un mismo plano a nuestra vista cuando en realidad están en planos distantes y muy lejanos unos de otros respecto al nuestro.
Así pues, una constelación la forman un grupo de astros celestes que aparentemente, para nosotros, están cerca unos de otros, de modo que forman una trama de puntos que sugieren determinadas formas que dan lugar al nombre, generalmente con origen en animales, mitologías griega y romana, y objetos.
Figuran
a continuación una relación por orden alfabético de todas las
constelaciones: primero el nombre de la constelación, luego, en la
tercera columna, se señala el Hemisferio donde se halla (A=austral,
B=boreal). La columna anterior indica la (A) abreviatura que luego se utiliza en la nomenclatura estelar.
|
.Nombre |
.Significado |
(A) |
|
Algunas características. |
|
Andromeda |
Andrómeda |
And |
B |
Nombre de la princesa de la mitología griega hija de Cefeo y Andrómeda. Se localiza entre las constelaciones de Casiopea, Lacerta, Pegasus, Pisces, Triangulum y Perseo. Contiene las estrellas Almak, Mirrach y Sirrah, así como la galaxia del mismo nombre M31, y las M32 y M110. |
|
Antlia |
Máquina neumática |
Ant |
A |
También llamada Bomba (de bombear). Constelación situada bajo las de Hydra y Vela. También tiene cerca las de Centauro y la Brújula. |
|
Apus |
Ave del paraíso |
Aps |
A |
También llamada Ave o Pájaro de la India. Se localiza entre Octans y la del Triangulum Australe, coincidiendo casi con el Polo Sur celeste. |
|
Aquarius |
Acuario |
Aqr |
A |
Constelación del zodíaco entre las de Capricornio y Piscis; también tiene en su entorno las de Pegaso, Equuleus, Delfín, Águila, Austrinus, Sculptor y Cetus. Contiene los cúmulos globulares M2 y M72, el abierto M73 y la nebulosa NGC-7009. También está la nebulosa Helix, a 450 años-luz de nosotros, que se caracteriza por tener varias estrellas moribundas. |
|
Aquilae |
Águila |
Aql |
B |
Situada entre Vulpecula, Sagitario, Hércules, Ofiuco, Scutum, Sagitario, Capricornio, Acuario, Delphinus y Serpens. En 1995 se informó del sorprendente hallazgo en la misma de una gran nube de alcohol, tan grande como todo el Sistema Solar, con cientos de miles de millones de litros. Debe su nombre al águila que secuestró al copero Ganímedes para Zeus. Contiene la estrella Altair y los objetos M56, M57 y el NGC-6709. Altair, la alfa de la constelación, es una blanca de tipo espectral A5 que rota a una velocidad de 300 Km/seg (ecuador), teniendo así un 22% más anchura que altura. |
|
Ara |
Altar |
Ara |
A |
Localizada entre las constelaciones de Circinus, Lupus, Escorpio y Telescopium. |
|
Aries |
Carnero |
Ari |
B |
Constelación del zodíaco situada entre Piscis y Tauro, que también tiene en su entorno a las de Cetus, Perseo y Triangulum. Una de sus estrellas más importante de la misma es Hamal. |
|
Auriga |
Cochero |
Aur |
B |
Está entre las constelaciones de Gemini, Taurus, Perseus, Camelopardalis y Lynx. Destacan en la misma los objetos M36, M37 y M38, y la estrella Capella (alfa de la constelación) que, situada a 43,4 años-luz, son en realidad dos gigantes de 2,5 veces la masa del Sol cada una; del tipo G8 y G1, son 70 y 90 veces más luminosas que el Sol. |
|
Bootes |
Boyero |
Boo |
B |
También llamada del Pastor (de bueyes). Situada entre Corona Borealis, Draco, Hércules, Los Lebreles, Virgo, Osa Mayor y Coma Berenices. Contiene la estrella Arturo y la doble Izar (“faja”). Debe su nombre al conductor de bueyes de arado de la mitología griega. Arturo, la alfa de la constelación, es de primera magnitud y está a 37 años-luz de nosotros. |
|
Caelum |
Buril |
Cae |
A |
Constelación que se encuentra cerca de las de Lepus, Reloj, Erídano y Columba. Posee pocos objetos, destacando solo algunas estrellas dobles. |
|
Camelo Pardalis |
Jirafa |
Cam |
B |
También llamado Camelopardus. Localizada cerca del Polo Norte celeste, entre Auriga y la Osa Menor. También tiene a su lado las constelaciones de Draco, Osa Mayor, Lynx, Perseo, Casiopea y Cefeo. |
|
Cancer |
Cangrejo |
Cnc |
B |
Lleva el nombre del cangrejo que hirió a Heracles (Hércules) en el combate con Hidra. Constelación del zodíaco situada entre Géminis, Leo, Lynx, Canis Minor e Hydra. Tiene los cúmulos abiertos del Pesebre, M44, y M67. |
|
Canes Venatici |
Perros de caza |
CVn |
B |
También llamada de los Lebreles. Situada cerca de Coma Berenice, Bootes y la Osa Mayor. Contiene los objetos M3, M63, M94, M106 y la M51. También destaca la estrella Cor Caroli. |
|
Canis major |
Can mayor |
CMa |
A |
También llamada Canis Majoris. Situada entre las constelaciones de Columba, Puppis, Lepus y Monoceros. Contiene la brillante estrella Sirio y al cúmulo M41. |
|
Canis minor |
Can menor |
CMi |
B |
Constelación situada entre Monoceros, Géminis, Hidra y Cáncer. Tiene como objeto destacado a la estrella doble Porcyon (o Proción). |
|
Capricornus |
Capricornio (cabra) |
Cap |
A |
Constelación del zodíaco situada entre Sagitario y Acuario, y que tiene al lado las constelaciones del Águila, Piscis Australis y Microscopium. Contiene como objeto destacado al cúmulo M30. |
|
Carina |
Quilla del navío Argos |
Car |
A |
También llamada Carena. Esta constelación se encuentra entre Volans, Camaleón, Vela, Popa y Pictor. Contiene, como objetos destacados, el cúmulo NGC-2808 y la brillante estrella Canopus, la alfa de la constelación, que es del tipo F0 y está a unos 180 años-luz de nosotros. |
|
Cassiopeia |
Casiopea |
Cas |
B |
Lleva el nombre de la madre de Andrómeda. Se caracteriza por formar con 5 astros una W y está entre las constelaciones de Cefeo, Lacerta, Andrómeda, Perseo y Camelo Pardalis. Tiene las estrellas dobles Cas, descubiertas en 1779, de un período orbital de unos 480 años. La principal estrella es de 7,22 de magnitud y la otra de 3,44. También posee, entre otros, los objetos M52, M103, NGC-281, NGC-457, NGC-654, NGC-663 y NGC-7789. Debe su nombre a la reina etíope de la mitología griega, esposa de Cefeo y madre de Andrómeda. |
|
Centaurus |
Centauro |
Cen |
A |
Situada cerca de Crux y al lado de Hydra. Tiene las estrellas más cercanas a nosotros, Próxima Centauri y Alpha Centauri, o Rigil Kent, a poco más de 4 años-luz. |
|
Cepheus |
Cefeo |
Cep |
B |
Debe su nombre al mitológico esposo de Casiopea, el rey de Etiopía. Situada entre Casiopea, Camelo Pardalis, Draco, Osa Mayor, Cygnus y Lacerta. Contiene entre otros los objetos NGC-188, IC1396, NGC-6939 y NGC-6946, así como a la estrella Alderamin. |
|
Cetus |
Ballena |
Cet |
A |
Recibe el nombre mitológico del monstruo marino que mató Perseo en defensa de Andrómeda. Está entre las constelaciones de Aries, Piscis, Acuario, Sculptor, Fornax, Eridanus y Taurus. Es la cuarta mayor constelación de la bóveda celeste ocupando un 5,97 % de la misma. Contiene destacados los objetos la nebulosa M77 y la NGC-246, la galaxia NGC-247, y las estrellas Mira, (“maravillosa” en árabe, que es una gigante roja variable de 47 semanas de período, con magnitudes entre 3 y 10, que es la alfa de la constelación), Deneb Kaitos (“cola de ballena” en árabe) y Menkar (“nariz” en árabe). |
|
Chamaeleon |
Camaleón |
Cha |
A |
Constelación que se encuentra entre las de Octans, Mensa y Volans. |
|
Circinius |
Compás |
Cir |
A |
Constelación situada al lado de Triangulum Australe, Centauro, Norma y Lupus. Tiene solo varias estrellas dobles como objetos destacados. |
|
Columba |
Paloma |
Col |
A |
Constelación localizada entre las del Dorado, Liebre, Pictor, Popa y Canis Major. Destaca en la misma la estrella Phakt. |
|
Coma Berenices |
Cabellera de Berenice |
Com |
B |
Debe su nombre a la cabellera de la reina Berenice II de Egipto. Situada cerca de los Lebreles, la Osa Mayor, Leo, Bootes y Virgo. Contiene a las nebulosas M64, M85, M88, M91, M98, M99, NGC-4565, M100 y el cúmulo M53. Sus estrellas más brillantes son de 4ª magnitud. |
|
Corona Australis |
Corona austral |
CrA |
A |
Constelación pequeña localizada entre Telescopium y Sagittarius. Tiene en su centro el cúmulo de la Diadema, a unos 420 años-luz de nosotros, que es una de las zonas más activas en la formación de estrellas de la Vía Láctea. |
|
Corona Borealis |
Corona boreal |
CrB |
B |
Situada entre las constelaciones de Boyero, Canes Venatici, Serpens y Hércules. Contiene, como destacada, la estrella Perla. |
|
Corvus |
Cuervo |
Crv |
A |
Constelación situada entre las de Virgo y Crater. Destaca en la misma la estrella Gienah. |
|
Crater |
Copa |
Crt |
A |
También es llamada la Copa de Baco. Constelación situada entre las de Corvus, Virgo, Leo e Hydra. Destaca en la misma la estrella Alkres y la Delta de la constelación que está a 130 años-luz de nosotros. |
|
Crux |
Cruz del Sur |
Cru |
A |
Es la constelación más pequeña del hemisferio Austral. Está situada entre Musca y Centaurus. |
|
Cygnus |
Cisne |
Cyg |
B |
Forma casi una cruz invertida con anchos brazos y está entre las constelaciones de Cefeo, Draco, Lyra, Vulpecula, Pegaso y Lacerta. Contiene la luminosa estrella Deneb (que significa en árabe “cola”) y a los cúmulos abiertos M29 y M39. También tiene, entre otras, al agujero negro Cygnus X1 y a la nebulosa América, rojiza debido a su mayor contenido en hidrógeno, que está a más de 900 años-luz en la Vía Láctea. Debe su nombre al cisne amigo de Faetón, el hijo del Sol. |
|
Delphinus |
Delfín |
Del |
B |
Constelación que se localiza junto a las del Águila, Equuleus, Vulpecula y Pegaso. |
|
Dorado |
Dorada |
Dor |
A |
Localizada cerca de las constelaciones del Pintor y la Retícula. Posee la Gran Nube de Magallanes, varias cefeidas y a la nebulosa NGC-2070. En la zona llamada 30 Dorado hay abundancia de fuentes de rayos equis. |
|
Draco |
Dragón |
Dra |
B |
Se localiza junto a las constelaciones de la Osa Mayor, Camelo Pardalis, Boyero, Hércules, Lyra, Cisne y Cefeo. Posee la nebulosa planetaria Ojo de Gato NGC-6543 y también destaca la estrella Eltanin. La constelación debe su nombre al dragón que cuidaba del jardín de las Hespérides que tenía manzanas de oro. |
|
Equuleus |
Caballo menor |
Equ |
B |
También llamada Ecúleo. Constelación que se localiza junto a las de Pegaso, Acuario y Delphinus. |
|
Eridanus |
Erídano (el Río) |
Eri |
A |
Constelación situada entre las de Phoenix y Horologium. Su nombre es el del río de la mitología griega. Destaca en la misma la estrella Achernar. En 2004, a 300 años-luz de nosotros, se detectó en esta constelación un pequeño objeto compacto de una masa un 60% la del Sol que tiene un campo magnético 14.000.000 superior al solar y cuyo origen resultó entonces desconocido. |
|
Fornax |
Horno químico |
For |
A |
Constelación localizada cerca de la de Eridanus, Cetus y el Escultor. Destaca en la misma la galaxia del sistema de Fornax, relativamente cercano. |
|
Gemini |
Géminis (Gemelos) |
Gem |
B |
Constelación del zodíaco, situada entre Tauro y Cáncer, que tiene también en su entorno a las de Lynx, Auriga, Orión, Monoceros y Canis Minor. Contiene, destacadas, las estrellas Pólux (la beta de la constelación; una amarillenta del tipo K) y Cástor (la alfa de la constelación, en realidad una triple tipo espectral A0 que está a 50 años-luz de nosotros), así como el cúmulo M35 y la nebulosa NGC-2392. |
|
Grus |
Grulla |
Gru |
A |
Constelación localizada entre Microscopium, Fénix, Tucana y Piscis Austrinus. Destaca en la misma la estrella Al Nair, que es la Alpha de la constelación. |
|
Hercules |
Hércules |
Her |
B |
Es la quinta mayor constelación de la bóveda celeste ocupando un 5,94 % de la misma. Contiene los cúmulos globulares M13 y M92 y también destaca la estrella supergigante roja Palemon. Debe su nombre al mitológico héroe griego y se localiza entre las constelaciones de Serpens, Ophiuchus, Vulpecula, Lyra, Corona Borealis, Boyero y Draco. |
|
Horologium |
Reloj |
Hor |
A |
Constelación cercana a la de Erídano y a la de Hidra Austral. Contiene como objetos destacados una galaxia espiral y un cúmulo globular. |
|
Hydra |
Serpiente de agua |
Hya |
A |
También llamada Hidra. Es la más larga constelación celeste, ocupando el 6,32 % del cielo visible. Situada entre Cáncer, Monoceros, Antlia, Libra, Corvus, Cráter, Leo, Sextans y Centaurus. Contiene, como objetos destacados, al cúmulo abierto objeto M48, al globular M68 y a la galaxia espiral M83. También se señala la estrella doble Alphard (“solitaria” en árabe), que es la más brillante (alfa). |
|
Hydrus |
Hidra macho |
Hyi |
A |
Constelación también llamada Hidra Austral y Culebra. Cercana al Polo Sur celeste, tiene como constelaciones cercanas las de la Mesa, el Octante, el Reloj y el Tucán. Contiene la estrella Alphar. |
|
Indus |
Indio |
Ind |
A |
Constelación localizada entre las del Microscopium, Tucán y Pavo. |
|
Lacerta |
Lagarto |
Lac |
B |
Constelación situada entre Andrómeda, Pegaso, Cefeo y el Cisne. Señala un borde de nuestra galaxia. |
|
Leo |
León |
Leo |
B |
También conocida como León Mayor. Constelación del zodíaco situada entre Cáncer, Leo Minor, Hydra, Sextans, Cráter, Coma Berenices, Osa Mayor y Virgo. Contiene las estrellas Denébola y Régulus (reyecito), y a los objetos M65, M66, M95, M96 y M105, entre otros. Régulus, la alfa de Leo, es una blanca de tipo B8 que se halla a 68 años-luz y su forma es un abombada debido a su velocidad de giro de 1,12 millones de Km/h; es 5 veces mayor que el Sol. |
|
Leo Minor |
León menor |
LMi |
B |
Constelación situada junto a la de Leo, es menor que la anterior. Tiene a su lado además las de la Osa Mayor y del Lince. |
|
Lepus |
Liebre |
Lep |
A |
Localizada cerca de Orión, tiene en su entorno también las constelaciones de Monoceros, Canis Major, Columba, Caelum y Eridanus. Posee el cúmulo globular M79 y algunas estrellas dobles, como objetos destacables. |
|
Libra |
Libra (balanza) |
Lib |
A |
Constelación del zodíaco entre Virgo y Escorpión, que también tiene en su entorno a las constelaciones de Serpens, Centaurus, Lupus y Ophiuchus. Destaca en la misma la estrella doble Zuben Elgenubi. |
|
Lupus |
Lobo |
Lup |
A |
Localizada entre las constelaciones de Escorpión, Hydra, Libra, Norma, Circinus y Centauro. Contiene el cúmulo globular NGC-5986 y otros, así como una nebulosa planetaria, como objetos destacables. |
|
Lynx |
Lince |
Lyn |
B |
Situada cerca de la Osa Mayor, Cáncer, Cochero y la Jirafa. Contiene la región el Arco del Lince, una zona enorme, la mayor conocida hasta 2003, situada a 12.000 millones de años-luz de nosotros, donde se formaron un millón de estrellas a cerca de los 2.000 millones de años de existencia del Universo. La temperatura detectada allí sería de 80.000ºC. |
|
Lyra |
Lira |
Lyr |
B |
Situada cerca de la del Cisne, Draco y Hércules. Debe su nombre a la lira regalada por Apolo a su hijo Orfeo. Contiene, como objetos destacados, la estrella Vega y la nebulosa anular M57. |
|
Mensa |
Mesa |
Men |
A |
También llamada Montaña de la Mesa. Constelación que se encuentra cerca de las de Chamaeleon, Hidra Austral, Dorada y Volans. |
|
Microscopium |
Microscopio |
Mic |
A |
Constelación localizada entre las de Capricornius, Sagitario e Indus. Es pequeña y poco brillante. |
|
Monoceros |
Unicornio |
Mon |
A |
Situada cerca de las constelaciones de Orión y Canis Minor, tiene también a su lado las de Gemini, Taurus, Lepus, Canis Major, Puppis e Hidra. En 2003 explotó en esta constelación una estrella llamada V838 que brilló en tal momento más que cualquier otra de la Vía Láctea y que se convirtió luego en una supergigante de las más frías conocidas (1.000ºK). Contiene los cúmulos NGC-2244, NGC-2237, NGC-2232 y el M50, entre otros. |
|
Musca |
Mosca |
Mus |
A |
Ocasionalmente denominada también Mosca Indiana. Constelación cercana a la Cruz del Sur, Quilla y Ave del Paraíso. Posee dos cúmulos globulares y algunas estrellas, como objetos a destacar. |
|
Norma |
Escuadra |
Nor |
A |
Constelación localizada entre las de Lupus, Triangulo Austral y Scorpius. |
|
Octans |
Octante |
Oct |
A |
Constelación situada cerca de las de Apus, Mesa, Indio, Pavo y Chamaeleon. |
|
Ophiuchus |
Ofiuco o serpentario |
Oph |
A |
Entre de las constelaciones del Escorpión, Serpens, Hércules y Sagitario y en forma de cangrejo, contiene los cúmulos globulares M9, M10, M12, M14, M19, M62 y M107, así como la cúmulo abierto IC4665. Contiene la estrella gigante naranja beta Ophiuchi y una estrella binaria muy conocida, la 70 Ophiuchi, de color dorado naranja, de magnitudes 6,1 y 4,1 que giran en una órbita de 87,7 años. Otro ente de la constelación es Rho Ophiuchi, sistema múltiple al norte de Antares. También contiene la estrella de Barnard, de 9,5 de magnitud, que es la cuarta más cercana al Sol, y que se mueve 10,3 seg de arco al año (equivalente en 180 años al arco que ocupa la Luna llena en el cielo), lo cual supone ser para la misma, desde nuestra posición, la estrella más veloz del firmamento. Se trata de una enana roja de poca luminosidad situada a 6 años luz de distancia pero cuyo recorrido viene hacia nuestras proximidades, estimando que en el año 11.800 estará a solo 3,8 años luz. Por su movimiento irregular se calcula la posibilidad de que tenga girando a su al rededor un par de grandes planetas. |
|
Orion |
Orión |
Ori |
B |
También llamada El Cazador, está junto a las constelaciones de Taurus, Gemini, Monoceros, Lepus y Eridanus. Posee estrellas del tipo O y B principalmente. Contiene entre otras la estrella triple Mintaka, la brillante Eta Orionis, la doble Alnitak (cinturón en árabe), Bellatrix y a Rigel (que significa pierna en árabe), una de las más brillantes de la zona y de la Vía Láctea. Es un sistema binario con dos estrellas (B8 y B9) separadas 375.000 millones de Km. Otra destacada estrella de Orión, en el extremo contrario (superior izquierdo), es Betelgeuse (Alfa), una de las mayores conocidas. Otras, también rodeando la gran Nebulosa M42, son Saiph y Bellatrix. También posee la nebulosa M78. Además, según el telescopio espacial Spitzer, la nube de Orión, situada a 1.450 años-luz de nosotros, posee al menos unos 2.300 discos protoplanetarios (2006). |
|
Pavo |
Pavo real |
Pav |
A |
Situada entre Indus, Octans y Telescopium. Contiene al cúmulo NGC-6752 como objeto destacable. |
|
Pegasus |
Pegaso |
Peg |
B |
Debe su nombre al famoso caballo con alas de la mitología griega. Situada cerca de las constelaciones de Equuleus, Acuario, Piscis, Andrómeda, Delfín, Vulpecula, Cisne y Lacerta. Contiene destacadas las estrellas Alferat, Merkeh, Scheat y Algenib, así como a los objetos M15 y NGC-7331. |
|
Perseus |
Perseo |
Per |
B |
Debe su nombre al hijo de Zeus y Dánae. Está entre las constelaciones de Andrómeda, Aries, Tauro, Auriga, Triangulum, Casiopea, Camelo Pardalis y Andrómeda. Contiene 136 estrellas visibles, entre ellas Algenib, Mirphak, Menkib y Algol (“cabeza de demonio”), o Beta Perseus, una binaria variable eclipsante situada a 82 años-luz de nosotros, así como los cúmulos estelares NGC-869 y NGC-884, así como a los NGC-1528 y NGC-1545. También contiene al cúmulo abierto M34 y la nebulosa M76. |
|
Phoenix |
Fénix |
Phe |
A |
Constelación localizada cerca de la de Eridanus y la de la Grulla. |
|
Pictor |
Pintor |
Pic |
A |
Constelación situada entre las de Carina, Paloma y Dorado. Fue conocida también como Cabellete del Pintor. Posee varias estrellas dobles y la interesante Beta Pictoris. |
|
Piscis |
Peces |
Psc |
B |
También señalada como Pisces. Constelación del zodíaco situada entre Acuario, Pegaso, Andrómeda, Triangulum, Cetus y Aries. Tiene asimismo en su entorno las de Andrómeda, Pegaso, Cetus y Triangulum. Posee a la galaxia espiral M74. |
|
Piscis Austrinus |
Pez austral |
PsA |
A |
Constelación situada cerca de las de Grus, Microscopium, Escultor, Capricornio y Acuario. Tiene como estrella más brillante (alfa) a Fomalhaut, una blanca de tipo A3 de solo unos 200 millones de años de antigüedad y en la que hay un sistema con planetas y un cinturón de polvo similar al de Kuiper del nuestro Sol, originado por cometas posiblemente. |
|
Puppis |
Popa del navío Argos |
Pup |
A |
Localizada al lado de las de Carina, Pictor, Vela, Pyxis, Hydra, Monoceros, Canis Major y Columba. Contiene como objetos destacados, entre otros, NGC-2437, NGC-2440, M46, M47 y M93, así como la estrella Naos y algunas dobles destacadas. |
|
Pyxis |
Brújula del navío Argos |
Pyx |
A |
Constelación situada entre las de Antlia, Hidra y Puppis. Contiene como objeto destacable el cúmulo estelar NGC-2627, otros cúmulos y algunas estrellas brillantes. |
|
Reticulum |
Retícula |
Ret |
A |
También llamada la Red y Retículo, esta constelación está cerca de la del Dorado, el Reloj e Hidra Austral. Sus 4 estrellas más brillantes forman un rombo. Tiene como objetos destacados una galaxia espiral y algunas estrellas. |
|
Sagitta |
Flecha o saeta |
Sge |
B |
Localizada entre las constelaciones de Vulpecula, Hércules, Aquila, Cygnus y Delfín. Contiene al cúmulo M71. |
|
Sagittarius |
Sagitario |
Sgr |
A |
Constelación del zodíaco situada junto a las de Escorpión y Capricornio, y las constelaciones de Scutum, Serpens, Ofiuco, Corona Austral, Telescopium, Indus, Microscopium y Aquila. Señala el centro de la Vía Láctea. Debe su nombre a un centauro mitológico griego. Contiene, como objetos destacables, los M8, M17, M18, M20, M21, M22, M23, M24, M25, M28, M55, M69, M70, M75, NGC-6530, la Nebulosa del Aspersor (Henize 3-1475), a 18.000 años-luz, que emite chorros a la velocidad récord de 4.000.000 Km/h, y la estrella Rukbat y otras. |
|
Scorpius |
Escorpión |
Sco |
A |
También denominada Scorpio. De forma de un escorpión (debe su nombre a tal ser con el que Artemisa envió a matar a Orión), está situada cerca de Ophiuchus, Sagitario, Corona Australis, Ara, Norma, Lupus y Libra, y cerca de la zona central de la Vía Láctea. Contiene así gran cantidad de estrellas, unas 41 visibles a simple vista, novas y también cúmulos abiertos y globulares (M4, M6, M7, M80). Entre las estrellas destacables está la supergigante roja Antares. También sobresale en la misma la brillante fuente de rayos equis Sco X-1, a unos 1.700 años-luz de nosotros. |
|
Sculptor |
Escultor |
Scl |
A |
Constelación situada cerca de las de Piscis Austrinus y Phoenix. También fue llamada Taller del Escultor. Como objetos destacados posee varias galaxias del llamado Grupo Local y un cúmulo globular. |
|
Scutum |
Escudo |
Sct |
A |
Constelación localizada entre las de Serpens, Aquila y Sagitario. Contiene, como objetos destacados, a los cúmulos M11 y M26. |
|
Serpens |
Serpiente |
Ser |
B |
Situada envolviendo Ofiuco y la lado de las constelaciones de Aquila, Hércules, Libra, Virgo, Boyero y Corona Borealis. Contiene, como objetos destacados, a los objetos Messier M5 y M16, así como a la estrella Unukalhai (que en árabe significa “cuello de serpiente”). |
|
Sextans |
Sextante |
Sex |
A |
Constelación situada entre las de Leo e Hydra. Como objetos destacados posee una galaxia elíptica y alguna que otra estrella. |
|
Taurus |
Toro o Tauro |
Tau |
B |
Constelación del zodíaco situada entre Aries y Géminis, asimismo cerca de Perseo, Cetus, Eridanus, Orión y Auriga. Tiene los cúmulos abiertos de Haydes, o Híades, Las Pléyades y la Nebulosa del Cangrejo (M1). El primero, de 1.000 millones de antigüedad, está a 140 años-luz (es el más cercano a nosotros y se mueve para pasar dentro de 80.000 años a 55 años-luz) y se alinea con la estrella Aldebarán, alfa de Tauro, una amarilla tipo K5 que en realidad está más cerca, a 68 años-luz; este cúmulo ocupa 5º y es el más extenso desde nuestra posición. Las Pléyades, o M45, son estrellas jóvenes, aun envueltas en el gas del que se formaron, que están a 400 años-luz y solo tienen 60 millones de años de antigüedad. |
|
Telescopium |
Telescopio |
Tel |
A |
Constelación localizada al lado de la de Corona Australis, Indio, Altar y Sagitario. Posee como objetos a destacar, una nebulosa planetaria, un cúmulo globular y varias estrellas. |
|
Triangulum |
Triángulo |
Tri |
B |
También denominada Triangulo Boreal. Situada entre las constelaciones de Andrómeda, Aries, Piscis y Perseo. Contiene como objeto destacado la galaxia espiral M33. |
|
Triangulum Austral |
Triangulo del sur |
TrA |
A |
También llamada Triángulo Austral. Constelación localizada cerca de las de Apus, Altar, Escuadra, Ave del Paraíso y Musca. Contiene un cúmulo abierto de 30 estrellas aproximadamente y varias cefeidas. |
|
Tucana |
Tucán |
Tuc |
A |
Situada cerca de las constelaciones de Hydrus, Grulla, Indio y Fénix. Contiene entre otros objetos a la Pequeña Nube de Magallanes. También destaca el cúmulo globular 47 Tucanae, situado a 13.400 años-luz de nosotros, y el NGC-362. |
|
Ursa Major |
Osa mayor |
UMa |
B |
Esta popular constelación, también conocida como El Carro y Los 7 Bueyes (por los romanos), es la tercera mayor constelación de la bóveda celeste ocupando un 6,2 % de la misma. Está rodeada de las constelaciones Draco, Camelo Pardalis, Leo y Leo Minor, Lynx, Coma Berenices, Canes Venatici y Bootes. Contiene entre otros objetos a M40, M81, M82, M97, M101, M108 y M109. Sus dos estrellas más brillantes son Alioth y Dubhe (oso), seguidas de Mizar (velo), Alkaid (jefe), Merak (ingle), Alcor (jinete), Saidak (prueba), Phecda, Megrez y otras. |
|
Ursa Minor |
Osa menor |
UMi |
B |
Situada al lado de la Osa Mayor, es también conocida como el Carro Menor, y contiene entre otras a la famosa Estrella Polar, que señala el Norte celeste (en realidad a 1º del mismo), y otras 53 estrellas visibles a simple vista, destacando las 7 que conforman el carro de la constelación. |
|
Vela |
Vela del navío Argos |
Vel |
A |
Constelación situada junto a la de Antlia, Centauro, Popa y Quilla del navío de Argos. Posee gran cantidad de cúmulos estelares. |
|
Virgo |
Virgen |
Vir |
B |
Virgen, situada entre Leo, Coma Berenices, Cráter, Hydra, Corvus y Libra, es la segunda mayor constelación, ocupando el 6,28 % del cielo visible. Tiene una galaxia enana, de 900 años-luz de diámetro y unos 10 millones de estrellas, llamada POX 186, que está en formación; se halla a 68 millones de años-luz. También contiene entre otras la estrella llamada la Spica (la espiga) y los objetos M49, M58, M59, M60, M61, M84, M86, M87, M89, M90 y M104. |
|
Volans |
Pez volador |
Vol |
A |
Constelación localizada entre las de Mensa, Camaleón y Carina. Tiene una débil galaxia espiral barrada como objeto destacado, así como algunas estrellas. |
|
Vulpecula |
Zorra menor o raposilla |
Vul |
B |
También denominada Vulpeja. Constelación que se localiza junto a las del Cisne, Lyra, Hércules, Delfín, Pegaso y Sagitta. Posee los objetos M27, NGC-6823 y NGC-6940. |
El buscador de cometas, Charles Messier,
astrónomo francés del Siglo XVIII, hizo un catálogo entre 1758 y
1784 de 103 nebulosas que se conocen como el catálogo Messier; más
tarde, otros, añadieron hasta 7 más. Les dio nombre y analizó
nebulosas, galaxias y cúmulos estelares. Se han numerado precedidas
de la M, de Messier. He aquí el catálogo en referencia breve:
M1. NGC-1952. Nebulosa remanente del Cangrejo (Crab Nebula, en inglés). Está en la constelación de Tauro, a 6.300 años-luz, en el Brazo de Perseo de la Vía Láctea, y son los restos de una estrella supernova colapsada en el año 1.054 (observada el 4 de julio) de nuestra era (registrada por los chinos con un brillo equivalente al de la Luna, incluso a plena luz del día) que se expande a 1.200 Km/seg. Originalmente la estrella tendría unas 10 veces la masa del Sol. Hoy queda un púlsar (el PSR 0531+21) en su centro de 10 o 20 Km de diámetro que gira a razón de 33 vueltas por segundo y emite radiación gamma con energía superior a los 100 GeV, la más potente conocida en uno de estos objetos (2011). El diámetro medio de toda la formación es de 10 años-luz. En M1 se halló por vez primera en el espacio una molécula de gas noble argón.
M2. NGC-7089. Cúmulo globular de la constelación de Acuario situado a 37.500 años-luz de nosotros (o 55.000, según otra fuente). Su diámetro es de unos 174,6 años-luz y contiene unas 150.000 estrellas. Su antigüedad es muy grande, de unos 13.000 millones de años.
M3. NGC-5272. Cúmulo globular en Canes Venatici situado a unos 33.900 años-luz que posiblemente contenga ½ millón de estrellas aunque hay fuente que solo cita 45.000. Tiene una antigüedad de unos 8.000 millones de años (otra fuente señala 11.390 millones). Su diámetro es de unos 180 años-luz.
M4. NGC-6121. Cúmulo globular de la constelación de Scorpius, de más de 20.000 estrellas que está situado a 7.500 años luz de nosotros, sobre 1º al Oeste de Antares. Es pues relativamente cercano, de forma alargada y gran tamaño, de un diámetro de unos 60 años-luz. Visible con prismáticos. Tiene gran número de enanas blancas, calculado en unas 40.000. En un sistema de una enana blanca y un púlsar del mismo se localizó un planeta de un tamaño doble al de Júpiter de 12.700 millones de años de antigüedad.
M5. NGC-5904. Cúmulo globular situado en la constelación de Serpens, a 24.500 años-luz de nosotros. Contiene más de un centenar de estrellas variables, de un total de más de 100.000. Se cree que su antigüedad es de 13.000 millones de años. Su diámetro es de unos 160 años-luz.
M6. NGC-6405. Cúmulo abierto de la Mariposa y joven situado en la cola de la constelación de Scorpius a unos 2.000 años-luz de nosotros (o 1.600 según otra fuente). En nubes cercanas de gas y polvo se forman estrellas. Su núcleo central tiene ligera forma de mariposa y mide unos 12 años-luz de diámetro. Tiene unos 100 millones de años de antigüedad. Visible a simple vista.
M7. NGC-6475. Cúmulo abierto de Tolomeo, joven, situado en la cola de la constelación de Scorpius, cerca del Brazo de Sagitario de la Vía Láctea. En nubes cercanas de gas y polvo se forman estrellas. Está a 800 años-luz de nosotros (o a 980 según otra fuente). Tiene unos 200 millones de años de antigüedad. Se extiende ocupando unos 25 años-luz. Visible a simple vista.
M8. NGC-6523. Nebulosa difusa de la Laguna, situada en la constelación de Sagitario a 4.500 años-luz (2.510, 5.200 o 6.500 según otras fuentes), cerca del Brazo de Sagitario de la propia Vía Láctea. Del tamaño aparente de la Luna, tiene en realidad 140 por 60 años-luz (o 55 por 20, según otra fuente) y se puede observar a simple vista; es considerada como una de las de mayor belleza. Contiene el cúmulo globular más joven conocido, el NGC-6530.
M9.
NGC-6333. Cúmulo globular de la constelación de Ophiuchus de 60
años-luz de diámetro (también se citan los 90). Está a unos 25.800
años-luz de nosotros. Contiene unas 250.000 estrellas. Su antigüedad se
cifra en unos 12.000 millones de años.
M10. NGC-6254. Cúmulo globular de la constelación de Ophiuchus situado a unos 15.000 años-luz, cerca del Brazo de Sagitario de la Vía Láctea. Es visible a simple vista.
M11. NGC-6705. Cúmulo abierto denso del Pato Salvaje (Wild Duck) situado en la constelación del Scutum, cerca del Brazo de Sagitario de la Vía Láctea, a unos 6.000 años-luz de nosotros. Tiene unas 2.900 estrellas y mide 20 años-luz de diámetro. Su antigüedad se cifra en unos 220 millones de años.
M12. NGC-6218. Cúmulo globular de la constelación de Ophiuchus situado a unos 15.000 años-luz, entre los brazos de Sagitario y del Escudo de la Vía Láctea. Se cree que la Vía Láctea le hizo desprenderse gravitatoriamente de cerca de 1 millón de estrellas en un pasado.
M13. NGC-6205. Cúmulo globular de la constelación de Hércules de unos 13.000 millones de años de antigüedad (o 11.650 millones según otra fuente. Está a 22.500 años-luz (o a 25.100 según otra fuente), tiene unos 168 años-luz de diámetro y contiene al menos unas 500.000 estrellas. Hacia el mismo se enfocó la transmisión en Arecibo de un mensaje el 16 de septiembre de 1974 destinado a presuntos seres inteligentes.
M14. NGC-6402. Cúmulo globular localizado en la constelación de Ophiuchus, a unos 40.000 años-luz (27.000 según otra fuente) de nosotros. Tiene forma ovalada.
M15. NGC-7078. Cúmulo globular satélite de la Vía Láctea situado en Pegasus a 31.000 años-luz de nosotros (o 33.600 o 40.000 años-luz, según otras fuentes) y de 166 años-luz de diámetro. Posee unas 150.000 estrellas. Tiene en su centro un agujero negro de una masa de unas 4.000 veces nuestro Sol. Su antigüedad se estima en unos 12.000 millones de años.
M16. NGC-6611. Nebulosa difusa del Águila, situada en la constelación de Serpens, a 6.500 años-luz de nosotros, entre los brazos de Sagitario y del Escudo de la Vía Láctea, que contiene estrellas jóvenes y otras en formación entre enormes y largas masas de gas y polvo. También es llamada Nebulosa Fantasma y tiene 315 años-luz de diámetro, constando de unas 8.100 estrellas en total.
M17.
NGC-6618. Nebulosa difusa Omega o de la Herradura (también de la
Langosta y del Cisne). Situada en Sagitario, a 5.600 años-luz, cerca
del Brazo de Sagitario de la Vía Láctea. Tiene nubes de gas y polvo, y
contiene gran número de estrellas muy jóvenes o en formación. También
contiene un cúmulo abierto de 35 estrellas. Tiene 15 años-luz de
diámetro y su masa es de unas 30.000 masas solares.
M18. NGC-6613. Cúmulo abierto de la constelación de Sagitario que se localiza cerca del anterior objeto, M17, a unos 4.600 o 5.000 años-luz de nosotros. Contiene estrellas muy jóvenes, quizá de unos 30 millones de años de antigüedad.
M19.
NGC-6273. Cúmulo globular de la constelación de Ophiuchus, a unos
28.700 años-luz de nosotros. Tiene forma ovalada y se extiende por 140
años-luz. Contiene unas 300.000 estrellas y su antigüedad se cifra en
11.900 millones de años.
M20. NGC-6514. Nebulosa difusa Trífida. Situada en la constelación de Sagitario, es muy débil y refleja la luz de las estrellas cercanas. Está a 5.000 años-luz de nosotros (otras fuentes apuntan 2.100 y 9.000 años-luz) y tiene unos 30 años-luz de diámetro. Contiene una estrella que desde hace unos 100.000 años ha venido curiosamente produciendo como por reacción en cadena nuevas estrellas por alteración del entorno de polvo y gas.
M21. NGC-6531. Cúmulo abierto situado en la constelación de Sagitario muy cerca del objeto anterior, M20, a unos 4.250 años-luz de nosotros. Contiene 57 estrellas jóvenes, de unos 4,6 millones de años.
M22. NGC-6656. Cúmulo globular situado en la constelación de Sagitario, a 10.100 años-luz (8.500 según otra fuente) de nosotros, visible a simple vista. Tiene medio millón de estrellas y un diámetro de 106 años-luz. En 1999 se creyó ver con el telescopio Hubble en este cúmulo unos objetos del tamaño de los grandes planetas. Su antigüedad se estima en 12.000 millones de años.
M23. NGC-6494. Cúmulo abierto situado en la constelación de Sagitario, a unos 2.500 años-luz (4.500 señala otra fuente) de nosotros. Contiene más de 120 estrellas.
M24. NGC-6603. Cúmulo abierto localizado en la Vía Láctea en la constelación de Sagitario, visible a simple vista. Contiene más de 50 estrellas. Está a unos 5.000 años-luz (10.000 señala otra fuente) de nosotros.
M25. IC-4625. Cúmulo abierto situado en la constelación de Sagitario, a unos 2.000 años-luz de nosotros. Contiene unas 30 estrellas. Su antigüedad es de unos 90 millones de años.
M26.
NGC-6694. Cúmulo abierto localizado en la constelación del Scutum a
unos 5.000 años-luz de nosotros. Contiene unas 90 estrellas y es de
débil luminosidad. Su diámetro es de unos 22 años-luz y su antigüedad
unos 89 millones de años.
M27. NGC-6853. Nebulosa planetaria Dumbbell (campana silenciosa); también denominada de “la manivela” y “de las pesas”. Es la segunda mayor del firmamento y de las más brillantes y hermosas. Está situada a unos 1.250 años-luz (o 1.000 según otras fuente) en la constelación de la Vulpecula, en el Brazo de Sagitario de la Vía Láctea, a unos 25.000 años-luz del centro de la misma. Su antigüedad es de unos 20.000 años y tiene un diámetro de 2,5 años-luz. Exhibe una temperatura muy elevada, de 85.000ºK, que produce emisiones UV.
M28. NGC-6626. Cúmulo globular que encontramos en la constelación de Sagitario, a unos 17.900 años-luz (15.000 señala otra fuente) de nosotros. Contiene más de 100.000 estrellas.
M29. NGC-6913. Cúmulo abierto localizado a 7.200 años-luz de nosotros en la constelación de Cygnus. Se extiende en unos 11 años-luz. Tiene una antigüedad de unos 10 millones de años. Consta de unas 50 estrellas.
M30. NGC-7099. Cúmulo globular situado en la constelación de Capricornio, que es el más conocido de la misma. Está a unos 30.000 años-luz (25.000 señala otra fuente) de nosotros.
M31.
NGC-224. Galaxia de Andrómeda. Es la galaxia espiral barrada tipo Sb,
parecida a la nuestra, más cercana y está a 2.200.000 años-luz, en la
constelación de Andrómeda. Tiene un millón de millones de
estrellas. Posee un núcleo doble y una masa equivalente
a 340.000 millones de soles; otra estimación que parece más cierta
eleva la cifra a 800.000 masas solares. Su diámetro es de unos 140.000
años-luz;
también se citan los 220.000 años-luz.
Es el objeto más lejano visible a simple vista. Rota sobre sí con una
velocidad de 200 Km/seg. Se cree que M31 absorbió en el pasado a otras
galaxias más pequeñas. Tiene más de 500 cúmulos globulares como
satélite. Uno de ellos, denominado G1 o Mayal II, tiene en su centro un
agujero negro de una masa de unas 18.000 veces la del Sol, y en total
suma unas 12 millones de estrellas; en realidad, está a unos 130.000
años-luz de Andrómeda y se duda si calificarla como restos de una
galaxia enana. También tiene envolviéndola un gran halo de gas caliente
cuya masa se ha ha evaluado a su descubrimiento en 2015 en unos 30.000
millones de masas solares y su diámetro sería de más de 1 millón de
años-luz.
M32. NGC-221. Galaxia elíptica tipo E2, satélite de la M31, en Andrómeda. Está situada a 2.300.000 años-luz y posee 7.800 años-luz de diámetro. Su masa es equivalente a unos 4.000 millones de veces el Sol. Tiene en su centro un agujero negro de una masa equivalente a 3.000.000 de veces la solar.
M33. NGC-598. Galaxia espiral tipo Sc del Triángulo. Pertenece al Grupo Local de nuestra galaxia. Su diámetro es de unos 55.000 años-luz. Está situada a 2.347.200 años-luz de nosotros. Tiene unos 40.000 millones de estrellas. En su centro no tiene agujero negro supermasivo, como la mayoría. El ritmo de formación de estrellas en esta galaxia, unas 2 por año, es mucho mayor que en la nuestra o en la de Andrómeda.
M34. NGC-1039. Cúmulo abierto localizado entre Perseo y Andrómeda y cerca de Algol. Se encuentra a unos 1.400 años-luz de nosotros. Su diámetro es de unos 15 años-luz. Su antigüedad se cifra en unos 200 millones de años.
M35. NGC-2168. Cúmulo abierto joven de Los Perros de Caza (de 110.000.000 años de antigüedad) en la constelación de Géminis, a 2.830 años-luz de distancia, visible a simple vista. Su diámetro es de unos 23 años-luz y contiene 513 estrellas.
M36.
NGC-1960. Cúmulo abierto en la constelación de Auriga. Se halla a
unos 4.200 años-luz aproximadamente. Tiene unos 25.000.000 años de
antigüedad y contiene más de 60 estrellas jóvenes. Su diámetro es de 28 años-luz.
M37. NGC-2099. Cúmulo abierto en la constelación de Auriga. Se halla a 4.511 años-luz aproximadamente. Tiene unos 300.000.000 años de antigüedad y 40 años-luz de diámetro. Contiene más de 2.000 estrellas.
M38. NGC-1912. Cúmulo abierto en la constelación de Auriga. Se halla a unos 4.200 años-luz aproximadamente y su diámetro es de 50 años-luz. Tiene unos 220.000.000 años de antigüedad y contiene más de 100 estrellas.
M39.
NGC-7092. Cúmulo abierto de la constelación de Cygnus, visible a simple
vista. Contiene más de 25 estrellas. Está a 824,4 años-luz de nosotros.
Se extiende por 7,2 años-luz. Contiene unas 30 estrellas. Su antigüedad
es de unos 250 millones de años.
M40. Estrella doble Winnecke 4 localizada junto a la estrella Megrez (raíz) de la Osa Mayor. Está a unos 500 años-luz de nosotros.
M41. NGC-2287. Cúmulo abierto situado al sur de Sirio en Can Mayor, a unos 2.350 años-luz de nosotros. Mide 25 años-luz de diámetro. Contiene más de 100 estrellas (hasta magnitud 13). Su edad es de unos 190 millones de años.
M42.
NGC-1976. Nebulosa de Orión. Difusa, está a 1.700 años luz (1.500
según otra fuente), en la zona denominada la Espada de Orión,
donde hay alrededor de 3000 protoestrellas de solo un millón de
años de antigüedad o menos, en el Brazo del mismo nombre de la Vía
Láctea. Su nube de gas molecular se estima en 200.000 veces la del
Sol. Mide unos 20 años-luz de diámetro.
M43. NGC-1982. Nebulosa difusa Mairan’s localizada en la constelación de Orión al lado de la anterior, a unos 1.500 años-luz de nosotros.
M44.
NGC-2632. Cúmulo abierto del Pesebre o la Colmena. Situado en la
constelación de Cáncer, a 577 años-luz de nosotros. Contiene unas 300
estrellas y su núcleo principal tiene un diámetro de 13 años-luz. Su
antigüedad es de unos 300 millones de años-luz (u 830 según otra fuente). Es el primer cúmulo en
el que se hallan (2012) planetas (Pr0201b y Pr0211b).
M46. NGC-2437. Cúmulo abierto situado en la constelación de Puppis a unos 5.400 años-luz de distancia. Contiene unas 500 estrellas, es de 300 millones de años de antigüedad y tiene 30 años-luz de diámetro. Se mueve a unos 40 Km/seg de velocidad.
M47.
NGC-2422. Cúmulo abierto situado en la constelación de Puppis, a unos
1.600 años-luz de nosotros. Está formado por unas 50 estrellas. Su
antigüedad es de unos 78 millones de años y tiene unos 12 años-luz de
diámetro.
M48.
NGC-2548. Cúmulo abierto situado a 1.500 millones de años-luz, en
la constelación de Hydra, y contiene un ciento de estrellas. Tiene unos 300 millones de antigüedad.
M49.
NGC-4472. Galaxia elíptica muy grande tipo E1 situada en la
constelación y cúmulo de Virgo, del que es la más brillante de todas.
Está a unos 63.500.000 años-luz de nosotros. Tiene unos 160.000
años-luz de diámetro. Tiene en su zona central un agujero negro de más
de 500 millones de masas solares. Posee unos 6.300 cúmulos globulares.
M50. NGC-2323. Cúmulo abierto situado en la constelación del Unicornio a unos 3.200 años-luz de nosotros y muestra visibles unas 200 estrellas. De unos 18 años-luz de extensón, tiene unos 78 millones de antigüedad.
M51. NGC-5194. Galaxia espiral tipo Sc en los Perros de Caza o Los Lebreles (Canes Venatici), llamada del Remolino (Whirlpool, en inglés) o Torbellino. Está situada a unos 25.000.000 años-luz y posee 160.000 millones de estrellas y un diámetro de 130.000 años-luz (50.000 años-luz según otra fuente). Esta influenciada gravitatoriamente por la NGC-5195, 3 veces menor en tamaño. Tiene un agujero negro de una masa de un millón de veces la del Sol. En abril de 1994 se descubrió en la misma una supernova, la SN1994I. También tiene la supernova SN2005cs, del tipo II, y la SN2011dh, captada en junio de 2011 a solo dos semanas de explotar. También se le asimila la galaxia satélite NGC-5195.
M52.
NGC-7654. Cúmulo abierto de la constelación de Cassiopeia que
contiene unas 200 estrellas y es de un diámetro de 15 años luz.
Está a unos 5.000 años-luz (3.000 y 7.000 señalan otras fuentes)
de nosotros. Tiene una antigüedad de 35 millones de años.
M53. NGC-5024. Cúmulo globular situado a 60.000 años-luz (56.000 señala otra fuente) en la constelación de Coma Berenices.
M54. NGC-6715. Cúmulo globular de la constelación de Sagitario, a unos 87.400 años-luz (83.000 señala otra fuente y 60.000 otra) de nosotros. Su diámetro es de unos 306 años-luz. Tiene a su lado la llamada Galaxia Enana de Sagitario, a la que podría pertenecer.
M55. NGC-6809. Cúmulo globular de la constelación de Sagitario situado a 17.300 años-luz (20.000 señala otra fuente) de nuestro Sistema Solar. Contiene más de 80.000 estrellas.
M56.
NGC-6779. Cúmulo globular de 60 años-luz (también se citan 84) de
diámetro localizado en la constelación del Águila, cerca de la estrella
Gamma de Lyra. Se encuentra a 32.900 años-luz de nosotros. Su
antigüedad se estima en más de 13.000 millones de años. Contiene unas
80.000 estrellas de unas 230.000 masas solares.
M57.
NGC-6720. Nebulosa planetaria anular Lira o del Anillo de la
constelación del Águila. Situada a 2.567 años-luz, cerca del
Brazo de Sagitario de la Vía Láctea. Es el resultado de la
explosión de una gigante roja. En el centro tiene así una enana
blanca con temperaturas de 100.000ºK. El anillo de gases que la
rodea se expande a una velocidad de 19 Km/seg y tiene un diámetro
de 0,63 años-luz (también se citan 2,6). Su antigüedad es de unos 7.000 años.
M58.
NGC-4579. Galaxia espiral barrada tipo Sb que se encuentra en la
constelación y cúmulo de Virgo. Está a unos 60.000.000 años-luz
de nosotros. Tiene 105.000 años-luz de extensión.
M59.
NGC-4621. Galaxia elíptica gigante tipo E5 localizada en la
constelación y cúmulo de Virgo. Está a unos 50.000.000 años-luz
(60.000.000 señala otra fuente) de nosotros. Su agujero negro central
tiene una masa de unas 270 veces la solar. Posee unos 2.200 cúmulos
globulares.
M60.
NGC-4649. Galaxia elíptica gigante, luminosa, tipo E2 o S0,
localizada en la constelación y cúmulo de Virgo. Está a unos
54 o 56.000.000 años-luz de nosotros. Tiene unos 120.000 años-luz de diámetro. Interactúa con la galaxia NGC-4647.
M61. NGC-4303. Galaxia espiral tipo Sc situada en el cúmulo de Virgo. Es parecida a la Vía Láctea. Está a unos 50.000.000 años-luz (60.000.000 señala otra fuente) de nosotros. Tiene unos 100.000 años-luz de diámetro. En la misma se observó la supernova SN1999gn y otras anteriormente.
M62. NGC-6266. Cúmulo globular de la constelación de Ophiuchus, a unos 22.000 años-luz de nosotros. Tiene forma irregular.
M63. NGC-5055. Galaxia espiral del Girasol situada en Los Lebreles (Canes Venatici), a unos 37.000.000 (20.000.000 señala otra fuente y 25 millones otra) años-luz de nosotros; es del tipo Sb. En 1971 se descubrió en la misma la supernova SN1971I. Tiene 86.000 años-luz de diámetro.
M64. NGC-4826. Galaxia espiral del Ojo Negro, tipo Sb, situada en Coma Berenices a 17 millones (12 millones señala otra fuente, y hasta 30 otras) de años-luz de nosotros. Tiene en su lado superior una nube de polvo. El gas que envuelve la galaxia gira en sentido contrario a la misma. Tiene algunas zonas de gran actividad, muestra del choque con una galaxia más pequeña que habría sido absorbida en un pasado.
M65. NGC-3623. Galaxia espiral barrada Tipo Sb situada en la constelación de Leo, a unos 35.000.000 años-luz (30.000.000 señala otra fuente y 42 millones otra) de nosotros. Tiene 90.000 años-luz de diámetro.
M66.
NGC-3627. Galaxia espiral barrada Tipo Sb localizada en la constelación
de Leo a unos 35.000.000 de años-luz. Tiene unos 95.000 años-luz de
extensión. En la misma se pudo observar la supernova SN2016cok.
M67.
NGC-2682. Cúmulo abierto en la constelación de Cáncer, a 2.500
años-luz. Constituido por unas 2.000 estrellas, su núcleo principal
tiene un diámetro de 12 años-luz. Se localiza cerca de la estrella
Polar y es muy antiguo, de más de 12.000 millones de años (aunque también se citan 5.000 y menos). Según
informaron en junio de 2016 astrónomos, se han observado en los
sistemas estelares de este cúmulo gran número de planetas gigantes,
tipo Júpiter, quizá debido a la densidad del cúmulo; tales planetas
giran cerca de su estrella y son por tanto muy calientes. Tal
abundancia ha sido estimada en un 5% cuando en otras agrupaciones
estelares la cifra es del 1%.
M68.
NGC-4590. Cúmulo globular identificado por Pierre Méchain en
Corvus, al sur de Hydra, a 33.000 años-luz de distancia, que se
mueve hacia nosotros a 112 Km/seg de velocidad. Tiene un diámetro
de 140 años-luz. Su edad se estima en unos 11.200 millones de años.
M69.
NGC-6637. Cúmulo globular de la constelación de Sagitario, a unos
30.000 años-luz (25.000 señala otra fuente) de nosotros. Es de
débil luminosidad. Tiene 90 años-luz de diámetro.
M70.
NGC-6681. Cúmulo globular de la constelación de Sagitario, a unos
40.000 años-luz (28.000 señala otra fuente) de nosotros. Similar
al anterior, también es de una luminosidad débil. Tiene 68 años-luz de diámetro.
M71.
NGC-6838. Cúmulo globular de 26 años-luz de diámetro, lleno de
estrellas rojizas, localizado en Sagitta. Está a unos 15.000
años-luz (12.000 señala otra fuente) de nosotros. Su antigüedad es de algo menos de los 10.000 millones de años.
M72. NGC-6981. Cúmulo globular situado en la constelación de Acuario, a unos 60.000 años-luz (53.000 señala otra fuente) de nosotros. Es de la magnitud 9.
M73. NGC-6994. Cúmulo abierto de 4 estrellas situado en la constelación de Acuario, cerca del M72, a unos 2.000 años-luz de nosotros.
M74. NGC-628. Galaxia espiral situada a 32.000.000 años-luz (35.000 señala otra fuente) de nosotros, en Piscis. Su diámetro es de unos 92.000 años-luz. En la misma se registraron las supernovas SN 2003gd y SN 2002ap. Su geometría espiral es casi perfecta. Tiene unos 100.000 millones de estrellas. Se aleja de nosotros a una velocidad de 657 Km/seg.
M75. NGC-6864. Cúmulo globular de la constelación de Sagitario, a unos 58.000 años-luz de nosotros. Es uno de los más distantes de esta tabla de objetos y de muy débil luminosidad.
M76. NGC-650/651. Nebulosa planetaria de la pequeña Dumbbell, o de la Mariposa, en la constelación de Perseo a 8.200 años-luz (3.400 señala otra fuente) de nosotros.
M77.
NGC-1068. Galaxia espiral barrada tipo Seyfert II localizada en Cetus a
51.400.000 años-luz (47.000 y 60.000 señalan otras fuentes) de
nosotros. Es una espiral tipo SAb (o Sb) en la que se observó un
anillo de gas y polvo que es absorbido desde su centro por un
agujero negro de una masa de 15 millones de soles. Tiene 170.000 años-luz de diámetro.
M78. NGC-2068. Nebulosa difusa que se localiza en la constelación de Orión, a unos 1.350 años-luz de nosotros (o 1.600 según otra fuente).
M79. NGC-1904. Cúmulo globular localizado en la constelación de Lepus, a unos 41.000 años-luz de nosotros. Contiene más de 90.000 estrellas. Tiene 118 años-luz de diámetro. Su edad se cifra en 11.700 millones de años.
M80. NGC-6093. Cúmulo globular, muy compacto, situado a 32.600 años-luz en Escorpio. Su diámetro es de unos 95 años luz. Muy difícil de ver, por sus carácter compacto, se calcula que en tal cúmulo se habrán podido producir unos 3.000 choques interestelares.
M81. NGC-3031. Galaxia de Bode, espiral tipo Sb de la constelación de la Osa Mayor. Está a 11,7 millones de años-luz. Tiene un diámetro de unos 72.000 años-luz. Contiene unas 250.000 millones de estrellas. En la misma se descubrió la supernova SN-1993J el 28 de marzo de tal año por parte del lucense Francisco García Díez.
M82.
NGC-3034. Galaxia irregular del Cigarro o del Puro, en la constelación
de la Osa Mayor, situada a 11.400.000 años-luz, y de 74.000 años-luz de
diámetro, en torno a la cual hay una burbuja magnética de un diámetro
de 3.000 años-luz, con origen posiblemente en los vientos de alta
energía que inciden en nubes de gas y son procedentes de estrellas y
supernovas explotadas. Tiene así millones de agujeros negros y
estrellas de neutrones que se creen formados desde hace unos 10
millones de años. También hay nubes en largas columnas de gas y polvo
de 20.000 años-luz de longitud, con alto contenido en hidrocarburos,
como no han sido observadas en otros lugares del Universo. Se piensa
que muchos de los fenómenos de esta galaxia son debidos a una colisión
hace 100 millones de años con la M81. El 21 de enero de 2014 se observó
en esta galaxia el estallido de una supernova, la SN 2014J.
M83. NGC-5236. Galaxia espiral barrada tipo SBb (o Sc, según otros) en la constelación de Hydra; también es llamada el Molinillo del Sur. Situada a 14.700.000 años-luz, en el hemisferio Sur. Tiene 40.000 años-luz de diámetro, menos de la mitad de la que tiene la Vía Láctea. En 8 décadas produjo 6 supernovas. En su interior tiene un agujero negro calificado de “súper-potente” llamado MQ1, y considerado como un micro-quásar.
M84. NGC-4374. Galaxia elíptica E1 o lenticular tipo SB0 situada a 50 millones de años-luz (60 millones señala otra fuente) en el cúmulo de Virgo que cuenta con un gigantesco agujero negro con una masa equivalente a 300 millones de veces la del Sol.
M85. NGC-4382. Galaxia lenticular y difusa situada en cúmulo de Virgo, en la constelación de Coma Berenices, a unos 65.000.000 años-luz de nosotros. Es clasificada tanto E0 como S0 (espiral y elíptica). Tiene unos 108.000 años-luz de diámetro. En su centro habita un agujero negro de más de 470 millones de masas solares.
M86. NGC-4406. Galaxia lenticular tipo E3 o S0 del cúmulo de Virgo, menor que la M87, situada a 50.000.000 años-luz (60.000.000 señala otra fuente) de nosotros.
M87.
NGC-4486. Galaxia elíptica gigante tipo E0 localizada en el cúmulo de
Virgo (Virgo A), situada a 53.500.000 años-luz (60.000.000 señala otra
fuente), que contiene un billón de estrellas (200.000 millones según
otra fuente) y tiene 132.000 años-luz de diámetro (o el doble o más
según
otras fuentes). Tiene cerca de su centro un agujero negro de 6.400
millones de masas solares (otra fuente dice 3.500 millones...) y en
torno al mismo hay fuerte emisión de
rayos equis; existen allí dos anillos de 45.000 y 55.000 años-luz de
diámetro. La M87 se considera uno de los 10 entes del Universo que más
energía emite en radio-ondas y rayos equis. Posee unos 12.000 cúmulos
globulares. Uno de ellos, el HVGC-1 se desplaza en dirección a nuestra
Vía Láctea a una velocidad de 3.200.000 Km/h, quizá debido al impulso
gravitatorio proporcionado por algún agujero negro supermasivo, o tal
vez dos, de M87. La primera imagen obtenida de un agujero negro fue
realizada por el telescopio EHT del agujero negro central supermasivo
citado esta galaxia y fue dada a conocer en abril de 2019.
M88.
NGC-4501. Galaxia espiral tipo Sc gigante, Seyfert 2, situada en la
constelación de Coma Berenices, a unos 125,5 millones de años-luz de
nosotros. Tiene unos 121.000 años-luz de diámetro. En la misma se
descubrió la supernova SN1999cl el 29 de mayo de tal año. Tiene
un agujero negro en la zona central de unos 72 millones de masas
solares.
M89. NGC-4552. Galaxia elíptica gigante tipo E0 que se encuentra en la constelación de Virgo. Está a unos 50.000.000 años-luz (60.000.000 señala otra fuente) de nosotros.
M90.
NGC-4569. Galaxia espiral gigante tipo Sc (o Sab) que se encuentra
en el cúmulo de Virgo. Está a unos 50.000.000 años-luz
(60.000.000 señala otra fuente) de nosotros. Se está desplazando en dirección a nuestra galaxia.
M91. NGC-4548. Galaxia espiral grande pero poco luminosa en el cúmulo de Virgo, en Coma Berenices, a unos 50.000.000 años-luz (60.000.000 señala otra fuente) de nosotros. Tiene forma ovalada.
M92. NGC-6341. Cúmulo globular situado a 30.000 (25.000, o 26.700, según otros autores) años-luz de nosotros en la constelación de Hércules, en el Brazo de Sagitario de la Vía Láctea, de al menos unos 13.000 millones de años de antigüedad. Mide 109 años-luz en su máxima extensión.
M93. NGC-2447. Cúmulo abierto localizado de la constelación de Puppis, a unos 4.500 años-luz de nosotros. Tiene una extensión de unos 10 años-luz.
M94. NGC-4736. Galaxia espiral del tipo Sb, situada en Los Lebreles, de 7.000 años-luz de diámetro. Está a unos 20.000.000 años-luz (14.500.000 señala otra fuente) de nosotros. La misma no parece estar afectada por el fenómeno gravitatorio de la materia oscura. Tiene inusualmente solo 2 galaxias satélites, ambas con pocas estrellas.
M95.
NGC-3351. Galaxia espiral barrada Tipo SBb situada en la constelación
de Leo, a unos 32.700.000 años-luz (38.000.000 señala otra fuente) de
nosotros. Tiene 69.000 años-luz de diámetro.
M96. NGC-3368. Galaxia espiral Tipo Sb situada a 33,9 millones de años-luz en la constelación de Leo, cerca de la anterior. Tiene 88.000 años-luz de diámetro.
M97. NGC-3587. Nebulosa planetaria del Búho o la Lechuza, situada a 7.500 años-luz (2.600 señala otra fuente) de nosotros. Se encuentra debajo de la M108, en la Osa Mayor.
M98. NGC-4192. Galaxia espiral Tipo Sb situada en Coma Berenices, en el cúmulo de Virgo, a unos 50.000.000 años-luz (60.000.000 señala otra fuente) de nosotros.
M99.
NGC-4254. Galaxia espiral situada en la constelación de Coma Berenices,
a 131,7 millones de años-luz, y en el cúmulo de Virgo. También es
conocida como el Molinillo de Coma. Tiene unos 86.500 años-luz de
diámetro. En la misma se manifestaron varias supernovas (1967, 1972,
1986, 2014…).
M100. NGC-4321. Galaxia espiral tipo Sc situada en la constelación de Coma Berenices, a 55.000.000 años-luz (60.000.000 señala otra fuente y 69 millones otra) de nosotros. Tiene un diámetro de 160.000 años-luz. En la misma se observaron diversas supernovas en 1901, 1914, 1959, 1979....
M101. NGC-5457. Galaxia espiral del Remolino o Molinillo (también Pinwheel, en inglés), tipo Sc, que localizamos en la Osa Mayor, observable no lejos de la estrella Mizar, a 22,31 millones de años-luz de nosotros. Tiene el doble de tamaño que la Vía Láctea con un diámetro de unos 170.000 años-luz y una masa de unos 3.000 millones de veces el Sol. Sus brazos poseen enormes áreas de nebulosas con hidrógeno molecular donde hay estrellas jóvenes. En 2011 se descubrió en la misma la incipiente supernova PTF 11kly, de tipo Ia, y la SN 2011fe a solo unas horas tras su explosión. El 19 de mayo de 2023 se halló en la misma otra más, la SN 2023ixf.
M102. NGC-5866. Galaxia lenticular Spindle localizada en la constelación de Draco, a unos 30.000.000 años-luz de nosotros (40-44.000.000 señalan otras fuentes). Es de muy débil luminosidad y del tipo S0, de una masa equivalente a la de la Vía Láctea y tiene 60.000 años-luz de diámetro.
M103. NGC-581. Cúmulo abierto situado en la constelación de Cassiopeia, a unos 6.000 años-luz (8.000 señala otra fuente) de nosotros. Magnitud 7,3. Tiene más de 40 estrellas y un diámetro de unos 15 años luz.
M104. NGC-4594. Galaxia del Sombrero. Espiral barrada tipo Sa situada en la constelación de Virgo, a 31 millones (46 millones según otra fuente) de años-luz y de 95.000 años-luz de diámetro. Se caracteriza por exhibir una banda negra u oscura a lo largo de su plano ecuatorial. Contiene unos 1.000 millones de estrellas no muy antiguas y está envuelta en un halo de gas, polvo y estrellas. También tiene, según el satélite Hubble, unos 2.000 cúmulos globulares más de 10.000 millones de años de antigüedad. En su centro hay un agujero negro de una masa de 1.000 millones de soles. En total, la masa de esta galaxia equivale a 800.000 millones de veces la del Sol.
M105.
NGC-3379. Galaxia elíptica tipo E1 localizada en la constelación
de Leo, a unos 35.000.000 años-luz (38.000.000 señala otra fuente)
de nosotros. Posee un agujero negro con una masa de aproximadamente
50 millones de soles. Su diámetro es de unos 52.500 años-luz.
M106.
NGC-4258. Galaxia espiral tipo Sbc localizada en la constelación Los
Lebreles (Canes Venatici). Está a 23,5 millones de años-luz de
nosotros, tiene 135.000 años-luz de diámetro y posee una masa igual a 40
veces la de la Vía Láctea. Tiene en su parte central un agujero negro
masivo, de 40 millones de veces la masa del Sol. Dos de sus brazos son
de gas y emiten rayos equis; otros dos son de estrellas jóvenes. En la
misma también se ha visto que tiene cúmulos globulares distribuidos en
una especie de disco que se alinea con el gas galáctico, y girando con
el mismo, en vez de formar una esfera como en otra galaxias.
M107. NGC-6171. Cúmulo globular localizado en la constelación de Ophiuchus, a unos 21.000 años-luz de nosotros. Su luminosidad es muy tenue.
M108. NGC-3556. Galaxia espiral tipo Sc situada a 23.000.000 años-luz (45.000.000 señala otra fuente) en la Osa Mayor. Contiene una masa equivalente a tan solo 14.000 veces la del Sol.
M109. NGC-3992. Galaxia espiral barrada, tipo SBb, situada en la constelación de la Osa Mayor, a unos 40.000.000 años-luz (59.000.000 señala otra fuente) de nosotros. Tiene unos 162.000 años-luz de diámetro. Tiene en su zona central un agujero negro supermasivo de unos 18 millones de masas solares.
M110. NGC-205. Pequeña galaxia elíptica tipo E6 que se localiza junto a M31 y M32, en Andrómeda, siendo satélite de la primera y la que está siendo rota por la citada y cercana Andrómeda. Está a unos 2.700.000 años-luz de nosotros. Tiene unos 15.000 años-luz de diámetro.
- NGC
El nuevo catálogo general, realizado en el siglo XIX (aparecido en 1.888) gracias al astrónomo danés Johann Dreyer, contiene una infinidad más de objetos estelares, incluidos casi todos los de Messier, hasta un total de 7.840 iniciales que se irían luego ampliando con dos nuevas series (1895 y 1908) que elevaron el catálogo hasta los 13.226 objetos. Los suplementos fueron denominados también IC. Citamos algunos de tal extensísima lista del NGC.
NGC-0024.
Galaxia espiral de la constelación del Sculptor, situada a unos 32,3
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 68.000 años-luz de
diámetro máximo.
NGC-0040. Nebulosa planetaria de la constelación de Cefeo.
NGC-0055. Galaxia irregular barrada de la constelación del Sculptor que se extiende en unos 4.000 años-luz de longitud y está a 7 millones de años-luz de nosotros.
NGC-0100.
Galaxia espiral de tipo ScD situada a unos 57 millones de años-luz de
nosotros en la constelación de Piscis. Tiene unos 70.000 años-luz de
diámetro. Su antigüedad es de más de 10.000 millones de años.
NGC-0103. Cúmulo estelar abierto de la constelación de Casiopea.
NGC-0104. Cúmulo globular 47 Tucanae (constelación del Tucán). Se encuentra a 13.400 años-luz de nosotros (otras cifras: 15.000 y 17.000 años-luz). Tiene un diámetro de 120 años-luz y una antigüedad de unos 12.000 millones de años. Tiene en su centro un agujero negro de masa intermedia (IMBH), de unas 2.200 veces la solar.
NGC-0121.
Cúmulo globular de la constelación de Tucana, a unos 200.000 años-luz
de nosotros. Su diámetro es de unos 350 años-luz. Forma parte de la
Pequeña Nube de Magallanes.
NGC-0129. Cúmulo abierto situado en la constelación de Casiopea.
NGC-0133. Cúmulo estelar abierto de la constelación de Casiopea.
NGC-0134. Galaxia espiral de la constelación del Sculptor.
NGC-0146. Cúmulo estelar abierto de la constelación de Casiopea.
NGC-0147.
Galaxia elíptica pequeña tipo E4 de la constelación de Casiopea,
al norte de la de Andrómeda y cerca de la misma. Está a 2.370
años-luz de nosotros. Tiene unos 10.000 años-luz de diámetro.
NGC-0157. Galaxia espiral que localizamos en la constelación de la Ballena.
NGC-0185. Galaxia enana elíptica de la constelación de Casiopea en la que se han observado cúmulos estelares que fueron inicialmente confundidos con estrellas jóvenes.
NGC-0188. Cúmulo abierto de la constelación de Cefeo, que está a unos 3.000 años-luz de nosotros. Esta formado por unas 20 estrellas y es el cúmulo abierto más cercano a la estrella Polar. Es muy viejo, de unos 6.800 millones de años.
NGC-0205. Ver la M110.
NGC-0206. Nube estelar de M31.
NGC-0221. Ver la M32.
NGC-0224. Ver la M31.
NGC-0225. Cúmulo abierto de la constelación de Casiopea. Está a unos 2.000 años-luz de nosotros.
NGC-0246. Nebulosa planetaria de la Calavera en la constelación de Cetus que está a unos 5.000 años-luz de nosotros. Es una de las mayores nebulosas conocidas, pero muy tenue.
NGC-0247.
Galaxia espiral barrada, tipo SBcd, de la constelación de Cetus, que
está a unos 11.900.000 años-luz de nosotros. Es muy pequeña, de 87.000 años-luz de extensión máxima, y pertenece
al Grupo Local de galaxias, o del Sculptor. También es llamada el Ojo
de la Aguja y Caldwell 62.
NGC-0248.
Nebulosa doble brillante que está en la Pequeña Nube de Magallanes, a
unos 200.000 años-luz de nosotros. Se extiende por 60 años-luz de
longitud y en unos 20 años-luz de anchura.
NGC-0253. Galaxia espiral tipo Sc de la constelación del Sculptor, también llamada Caldwell 65. Situada a 11,5 millones de años luz de la Tierra. Menor que la Vía Láctea, su diámetro medio es de 70.000 años-luz. Tiene en el centro cúmulos estelares muy compactos en los que se están formando y creciendo cientos de estrellas, lo que le proporciona un interés especial. Estudiada por el HST, hay quien piensa que puede estar transformándose en un tipo de cuásar.
NGC-0262. Galaxia gigantesca localizada entre Piscis y Andrómeda. Fue durante un tiempo la mayor galaxia conocida, más de 10 veces superior a la Vía Láctea.
NGC-0266. Galaxia barrada en la que se apareció en 2005 una supernova, la SN 2005gl, que es 100 veces de mayor masa que el Sol y fue un millón de veces más brillante antes de explotar.
NGC-0281. Nebulosa difusa, llamada Pacman, de la constelación de Casiopea, que está a unos 9.200 años-luz de nosotros. Contiene un cúmulo abierto con más de 300 estrellas.
NGC-0288. Cúmulo globular de la constelación del Sculptor. Está a unos 28 o 30.000 años-luz de nosotros.
NGC-0292. Pequeña Nube de Magallanes; galaxia en la constelación del Tucán. Está a unos 200.000 años-luz de nosotros. Tiene unos 7.000 años-luz de diámetro.
NGC-0300. Galaxia espiral SAd de la constelación del Sculptor situada a casi 7.000.000 años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de 94.000 años-luz. Posee un agujero negro de una masa 15 veces la solar que está acompañado de una estrella tipo Wolf-Rayet, a su vez de una masa 20 veces la solar y de la que se nutre el primero; ambos cuerpos rotan con un período de 32 h.
NGC-0309. Galaxia espiral de la constelación de Cetus.
NGC-0330. Cúmulo abierto que se localiza a unos 190.000 años-luz, en la Pequeña Nube de Magallanes, constelación de Tucana.
NGC-0337. Galaxia de la constelación de Leo, localizada a 320 millones de años-luz, que tiene un agujero negro de una masa de unos 100 millones de soles.
NGC-0342. Galaxia espiral de la constelación de Cetus.
NGC-0346. Cúmulo abierto situado en la Pequeña Nube de Magallanes, constelación de Tucana, a unos 210.000 años-luz de nosotros, que tiene en su centro una nube con una temperatura de 8.000.000ºC y una binaria de mucha masa, la HD 5980, una de las dobles más conocidas; tienen una masa de 60 veces la solar y están separadas por solo 100 millones de Km por lo que sus vientos colisionan creando diversos efectos. En el mismo se han descubierto gran número de estrellas en formación, aun en proceso de colapso gravitatorio. Tiene una extensión máxima de unos 200 años-luz y cuenta con una masa de unas 50.000 veces la solar.
NGC-0362.
Cúmulo globular localizado en la constelación de Tucanae a 27.700
años-luz de nosotros. Se estima que su antigüedad es de unos 10.000
millones de años.
NGC-0371.
Cúmulo abierto de la vecina Pequeña Nube de Magallanes a unos 200.000
años-luz de nosotros. Está rodeado de una nebulosa de hidrógeno
ionizado y tiene numerosas estrellas variables.
NGC-0381. Cúmulo abierto de Casiopea.
NGC-0382. Galaxia en la que se detectó la supernova SN 2000dk.
NGC-0404. Galaxia elíptica del tipo E0 que localizamos en la constelación de Andrómeda. Es llamada también el Fantasma de Mirach (nombre este último de la gigante roja que la oculta desde nuestra posición).
NGC-0428. Galaxia espiral que localizamos en la constelación de la Ballena.
NGC-0436. Cúmulo estelar abierto de la constelación de Casiopea.
NGC-0457. Cúmulo estelar abierto del Búho, localizado a 9.300 (o 7.922) años-luz de nosotros en la constelación de Casiopea. Tiene más de 100 estrellas y una antigüedad de unos 21 millones de años.
NGC-0470. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Piscis.
NGC-0474. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Piscis a unos 100 millones de años-luz de nosotros.
NGC-0488. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Piscis.
NGC-0514. Galaxia espiral barrada que se encuentra en la constelación de Piscis.
NGC-0520. Galaxia irregular que se encuentra a 100 millones de años-luz de nosotros, en la constelación de Piscis, y que es resultado de un choque de dos antiguas galaxias. Tiene 144.000 años-luz de diámetro.
NGC-0523. Galaxia en la que se descubrió el 26 de septiembre de 2001 la supernova SN 2001en, del tipo Ia.
NGC-0524. Galaxia del tipo S0 que localizamos en la constelación de Piscis, siendo la mayor de un grupo, a 141.000.000 años-luz de nosotros. A 78.000 años-luz del centro de la misma se observó la supernova SN 2000cx el 18 de julio de tal año.
NGC-0559. Cúmulo estelar abierto de la constelación de Casiopea.
NGC-0578. Galaxia espiral que localizamos en la constelación de la Ballena.
NGC-0581. Ver M103.
NGC-0584. Galaxia elíptica que localizamos en la constelación de la Ballena.
NGC-0595. Nebulosa brillante y cúmulo en M33.
NGC-0598. Ver M33.
NGC-0602. Cúmulo estelar abierto en la Pequeña Nube de Magallanes, a unos 160.000 años-luz de nosotros en la constelación de Hidra.
NGC-0604. Nebulosa de 1.500 años-luz de diámetro situada a 2.700.000 años-luz de nosotros en la constelación del Triangulum, que contiene un cúmulo estelar, en la galaxia M33, y que es de gran belleza por la multitud de colores que ofrece. Tiene estrellas jóvenes, unas 200 azules en una nube de gas de 1.300 años-luz de larga. También tiene estrellas de hasta 120 veces el tamaño de nuestro Sol y temperaturas de 40.000ºC.
NGC-0612. Galaxia lenticular de tipo Seyfert Tipo II de la constelación del Escultor. Está a unos 388 millones de años-luz de nosotros.
NGC-0613. Galaxia espiral barrada de la constelación del Sculptor, situada a unos 80 millones de años-luz de nosotros. En el centro se cree que tiene un agujero negro masivo.
NGC-0625.
Galaxia enana espiral barrada que se localiza a 12.700.000 años-luz de
nosotros en la constelación del Fénix. Su extensión máxima es de 26.000
años-luz.
NGC-0628. Ver M74.
NGC-0637. Cúmulo estelar abierto de la constelación de Casiopea.
NGC-0646.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Hydrus, situada a unos
392 millones de años-luz de nosotros. Se aleja de nuestro Sistema Solar
a una velocidad de más de 8.000 Km/seg.
NGC-0650/651. Ver M76.
NGC-0654. Cúmulo abierto de la constelación de Casiopea, que está a unos 7.830 años-luz de nosotros.
NGC-0659.
Cúmulo estelar abierto de la constelación de Casiopea situado a 8.200
años-luz de nosotros. Tiene solo unos 20 millones de años de
antigüedad.
NGC-0660. Galaxia de la constelación de Piscis situada a 45 millones de años-luz de nosotros.
NGC-0663. Cúmulo abierto de la constelación de Casiopea, que está a unos 6.000 años-luz de nosotros.
NGC-0664. Pequeña galaxia en la que se han captado varias supernovas (1996bw, 1997w y 1999eb). Está a 6.850 años-luz de nosotros en la constelación de Casiopea.
NGC-0672. Galaxia espiral situada en la constelación de Aries a unos 23.500 millones de años-luz de nosotros. Está en interacción con la galaxia IC-1727.
NGC-0676.
Galaxia lenticular que localizamos en la constelación de Piscis a unos
58,7 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 88.700 años-luz de
diámetro.
NGC-0693.
Galaxia lenticular que localizamos en la constelación de Piscis a unos
61,5 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 58.900 años-luz de
diámetro.
NGC-0718.
Galaxia espiral que localizamos en la constelación de Piscis a unos
69,8 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 53.800 años-luz de
diámetro. Tiene un agujero negro central de 32 millones de masas
solares.
NGC-0720. Galaxia elíptica situada en la constelación de La Ballena a unos 71,3 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 109.000 años-luz de diámetro.
NGC-0744. Cúmulo abierto de la constelación de Perseo.
NGC-0752. Cúmulo abierto brillante de la constelación de Andrómeda, a unos 1.300 años-luz de nosotros. También conocido como Mel 2. Su antigüedad es de unos1.340 millones de años.
NGC-0772. Galaxia espiral tipo Sb de la constelación de Aries, situada a unos 110.000.000 años-luz.
NGC-0779. Galaxia espiral que localizamos en la constelación de la Ballena.
NGC-0864. Galaxia espiral que localizamos en la constelación de la Ballena.
NGC-0869. Cúmulo estelar abierto de unas 400 estrellas en la constelación de Perseo. Visible a simple vista, está a unos 7.100 años-luz de nosotros. Forma un doble cúmulo con el NGC-884.
NGC-0877. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Aries.
NGC-0884.
Cúmulo estelar abierto de unas 300 estrellas en la constelación de
Perseo. Visible a simple vista, está a unos 7.600 años-luz de
nosotros. Forma un doble cúmulo con el NGC-869. Tienen unas 20.000
masas solares y una antigüedad de unos 12,8 millones de años.
NGC-0891. Galaxia espiral tipo Sb de la constelación de Andrómeda situada a 31,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene 120.000 años-luz de diámetro. En la misma se identificó la supernova SN1986J, la que se cree que explotó en realidad en 1983, y que está a 24.000.000 años-luz de nosotros.
NGC-0908. Galaxia espiral tipo SBc que localizamos en la constelación de la Ballena.
NGC-0922.
Galaxia espiral barrada tipo SBc situada a 157 millones de años-luz de
nosotros en la constelación de Fornax. Está deformada en su centro por
la influencia gravitatoria de una pequeña galaxia que la atravesó hace
unos 330 millones de años. También llamada 2MASXI J0224301-244443,
galaxia menor que se incrustó en ella hace unos 330 millones de años.
NGC-0925. Galaxia espiral barrada tipo Sc que se encuentra cerca de la constelación del Triángulo a 27,7 millones de años-luz de nosotros. Tiene dos importantes fuentes de ULX (rayos X ultraluminosos) que se creyeron inicialmente debidas a agujeros negros.
NGC-0936. Galaxia espiral barrada de la constelación de Cetus.
NGC-0941. Galaxia espiral situada a 55 millones de años-luz de nosotros. En la misma se observó la supernova SN2005ad.
NGC-0949.
Galaxia espiral situada en la constelación del Triángulo a 36 millones
de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 32.000 años-luz.
NGC-0957. Cúmulo abierto de la constelación de Perseo.
NGC-0959.
Galaxia espiral situada en la constelación del Triángulo a 34 millones
de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 18.000 años-luz.
NGC-0961.
También catalogada como NGC-1051. Galaxia espiral barrada situada en la
constelación de La Ballena a unos 51,8 millones de años-luz de
nosotros. Tiene unos 39.500 años-luz de diámetro.
NGC-0972. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Aries.
NGC-0988.
Galaxia espiral barrada que localizamos en la constelación de la
Ballena a unos 61,3 millones de años-luz de la propia Vía Láctea. Tiene
unos 72.500 años-luz de diámetro.
NGC-0991.
Galaxia espiral que localizamos en la constelación de Cetus a unos 62,9
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 23.400 años-luz de
diámetro.
NGC-1003.
Galaxia espiral situada en la constelación de Perseus a 36 millones de
años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 36.000 años-luz.
NGC-1022. Galaxia espiral barrada que localizamos en la constelación de la Ballena a unos 59,3 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 50.600 años-luz de diámetro.
NGC-1023.
Galaxia elíptica tipo E7 que encontramos en la constelación de
Perseo a unos 31 millones de años-luz de nosotros. Tiene 67.000 años-luz de diámetro.
NGC-1035.
Galaxia espiral situada en la constelación de La Ballena a unos 51,4
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 36.900 años-luz de
diámetro.
NGC-1039. Ver M34.
NGC-1042.
Galaxia espiral situada en la constelación de Cetus a unos 55,5
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 39.200 años-luz de
diámetro.
NGC-1047.
Galaxia lenticular situada en la constelación de Cetus a unos 58
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 6.000 años-luz de
diámetro.
NGC-1051. Ver NGC-0961.
NGC-1052. Galaxia elíptica que localizamos en la constelación de la Ballena a unos 60 millones de años-luz de la propia Vía Láctea. Tiene unos 69.600 años-luz de diámetro. De tipo Seyfert 2, tiene un núcleo activo con agujeros negros supermasivos de los que emanan chorros de plasma a enorme velocidad.
NGC-1055.
Galaxia espiral tipo Sb situada en la constelación de Cetus a unos 55
millones de años-luz de nosotros. Es un 15% mayor que la Vía Láctea. Tiene 114.000 años-luz de diámetro.
NGC-1058.
Galaxia de tipo Seyfert 2 situada en la constelación de Perseus a 35
millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 24.800
años-luz.
NGC-1068. Ver M77.
NGC-1073.
Galaxia espiral barrada que localizamos en la constelación de la
Ballena a unos 55 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 80.000
años-luz de diámetro.
NGC-1079.
Galaxia espiral barrada que localizamos en la constelación de Fornax a
unos 51 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 100.000 años-luz
de diámetro.
NGC-1084.
Galaxia espiral situada en la constelación de Eridanus a unos 57,7
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 60.800 años-luz de
diámetro.
NGC-1087. Galaxia espiral que localizamos en la constelación de la Ballena.
NGC-1090. Galaxia espiral tipo SBb situada en la constelación de Cetus, a 65.000.000 años-luz.
NGC-1097.
Galaxia espiral barrada activa tipo SBb de la constelación de Fornax,
localizada a 47.000.000 años-luz de nosotros, en la que se
descubrieron varias supernovas (las SN1992bd –12 de octubre- y
1999eu –5 de noviembre-); en su centro de evidenció el 5 de enero
de 2003 otra, la SN-2003B. Tiene un agujero negro masivo de unas 140
millones de veces la masa solar según mediciones del observatorio ALMA.
Su diámetro es de unos 125.000 años-luz.
NGC-1110.
Galaxia espiral situada en la constelación de Eridanus a unos 53,8
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 56.000 años-luz de
diámetro.
NGC-1128.
Galaxia del cúmulo galáctico Abell 400 situada a 310 millones de
años-luz de nosotros en la que se prepara una fusión de dos agujeros
negros, hoy distanciados aun en 25.000 años-luz. Del lugar emana una
radiofuente denominada 3C 75.
NGC-1132. Galaxia elíptica gigante de 120.000 años-luz de diámetro de la constelación de Eridano, situada a 320 millones de años-luz de nosotros. Tiene en su entorno varias galaxias enanas irregulares.
NGC-1140.
Galaxia irregular que localizamos en la constelación de Eridanus a unos
68,8 millones de años-luz de la propia Vía Láctea. Tiene unos 29.900
años-luz de diámetro.
NGC-1156.
Galaxia irregular de la constelación de Aries, situada a 25,4 millones
de años-luz de nosotros. Tiene unos 22.000 años-luz de diámetro.
NGC-1187. Galaxia espiral de la constelación de Erídano que se halla a unos 60 millones de años-luz de nosotros.
NGC-1220. Tenue cúmulo abierto de la constelación de Perseo, situado a 35.000 años-luz de nosotros.
NGC-1222.
Galaxia lenticular tipo S0, localizada a unos 100 millones de años-luz
de nosotros. Dos enanas cercanas colisionan con ella.
NGC-1232. Galaxia espiral de la constelación de Erídano localizada a 60.000.000 años-luz de nosotros. Tiene una extensión de 200.000 años-luz. Su dinámica está marcada por estrellas ya apagadas, así como por gas, que los astrónomos enmarcaron en la llamada materia oscura.
NGC-1245. Cúmulo abierto, tenue, de la constelación de Perseo.
NGC-1249. Galaxia espiral de la constelación del Reloj.
NGC-1260. Galaxia situada a unos 240 millones de años-luz de nosotros. En la misma se descubrió una supernova, la SN 2006gy, que brilló de forma inusual (100 veces más que las supernovas normales), teniendo una masa estimada en 150 veces la del Sol. Fue estudiada por el telescopio espacial Chandra y su explosión fue la mayor registrada hasta entonces.
NGC-1261. Cúmulo globular de la constelación del Reloj, situado a 53.500 años-luz de nosotros.
NGC-1266.
Galaxia espiral lenticular situada a unos 100 millones de años-luz de
nosotros en la constelación de Eridano. Tiene en su centro flujos de
gas que circulan a 400 Km/seg.
NGC-1275.
Galaxia gigante elíptica de la constelación de Perseo en el centro de un
racimo de ellas, y la más brillante de tales, que contiene un
agujero negro superdenso que emite dos chorros de energía a la vez
que va absorbiendo gas y materia del entorno. Está a 240 millones de años-luz de nosotros.
NGC-1277.
Galaxia lenticular de la constelación de Perseo que se halla a unos 220
millones de años-luz de nosotros. Su tamaño es un 25% del de nuestra
galaxia y su masa se estima en 120.000 millones de veces la solar. Su
antigüedad es de unos 10.000 millones de años. Tiene en su centro un
agujero negro supermasivo de 17.000 millones de masas solares, y que
podría ser el de mayor masa conocido (2012). Se dice que su estado
actual es el mismo que tenía hace prácticamente los 10.000 millones de
años; es decir, no parece haber evolucionado, algo excepcional. Las
estrellas de su parte central se mueven con velocidad de más de 400
Km/seg y de forma caótica, en tanto que las de la periferia lo hacen a
unos 300 Km/seg y de modo más ordenado. Tiene solo un cúmulo globular,
formado a la par que la galaxia. Además, en 2023, tras su reciente
observación, se determina que no parece tener materia oscura (o como
mucho un 5%), lo cual es algo excepcional en una galaxia masiva.
NGC-1288. Galaxia espiral que se localiza en la constelación de Fornax, a unos 300.000.000 años-luz de nosotros, y que tiene 200.000 años-luz de diámetro. Se aleja de nuestra posición a una velocidad de unos 4.500 Km/seg. En misma se halló el 17 de julio de 2007 la supernova SN 2006dr.
NGC-1291.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Erídano que está a unos
33 millones de años-luz de nosotros. Tiene en realidad una estructura
compleja.
NGC-1297.
Galaxia lenticular que se localiza a 72.000.000 años-luz de nosotros en
la constelación de Eridanus. Tiene un diámetro de unos 96.600 años-luz.
NGC-1300.
Galaxia espiral barrada que se localiza a 69.000.000 años-luz de
nosotros en la constelación de Eridanus. Tiene un diámetro de unos 110.000 años-luz.
NGC-1302. Galaxia espiral de la constelación de Fornax.
NGC-1309.
Galaxia espiral de la constelación de Erídano, situada a unos 110
millones de años-luz de nosotros. En la misma se observó la supernova
SN 2012Z.
NGC-1313.
Galaxia espiral barrada que se localiza a unos 10 (14 según otra
fuente) millones de años-luz de nosotros, en la constelación de Hydrus.
Tiene 50.000 años-luz de diámetro. En la misma, que es
un tanto caótica, se observaron dos agujeros negros de particulares
características y en sus brazos hay gran actividad de formación de
estrellas nuevas. Uno de los agujeros negros tiene unas 5.000 masas
solares y es una fuente de rayos X ultraluminosa (es denominado
(NGC-1313-X-1).
NGC-1315.
Galaxia lenticular de la constelación de Eridanus, situada a 70,9
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 37.000 años-luz de
diámetro.
NGC-1316.
Galaxia elíptica o lenticular gigante de Fornax, situada a 60 o 70 millones de
años-luz de nosotros, que, según imágenes del Hubble de 1996, pudo
haber absorbido a otra galaxia más pequeña, de la que quedarían
girando en el entorno pequeñas nubes estelares, hace unos 100
millones de años. Tiene unos 332.000 años-luz de diámetro. En esta galaxia se observaron supernovas en 1980 y
1981 y dos nova en 2000. En 2006 se volvieron a captar 2 supernovas
más en tal galaxia, lo que no es nada habitual; una, la SN 2006dd,
se captó el 19 de junio, y la otra, la SN 2006mr, el 5 de noviembre.
Todas las supernovas resultaron ser del tipo Ia. Tiene en su centro un agujero negro supermasivo de una masa de unas 150 millones de veces la solar.
NGC-1317.
Galaxia espiral barrada situada a unos 65 millones de años-luz de
nosotros en Fornax. Tiene unos 118.000 años-luz de diámetro.
NGC-1325.
Galaxia espiral de la constelación de Eridanus, situada a 69,9 millones
de años-luz de nosotros. Tiene unos 137.000 años-luz de diámetro.
NGC-1326. Galaxia lenticular de la constelación de Fornax, situada a unos 63 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 85.800 años-luz de diámetro.
NGC-1331. Galaxia elíptica situada a unos 57,7 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Eridanus.
NGC-1332.
Galaxia elíptica de la constelación de Erídano, situada a 71 millones
de años-luz de nosotros. Se extiende en unos 109.000 años-luz. Tiene en su centro un agujero negro
supermasivo de 660 millones de masas solares (según datos del
telescopio ALMA dados a conocer en 2016).
NGC-1333. Nebulosa en la constelación de Perseo en la que se descubrieron varias decenas de objetos HH. En el objeto NGC-1333/IRAS 4B, a 1.000 años-luz de nosotros, el ingenio espacial Spitzer, según se informó en 2007, halló un sistema solar en formación con nubes de vapor de agua en cantidad 5 veces (otra fuente señala 100 veces...) toda la terrestre.
NGC-1339.
Galaxia elíptica de la constelación de Fornax, situada a unos 64
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 70.800 años-luz de
diámetro.
NGC-1340. También llamada NGC-1344.
NGC-1342. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación de Perseo.
NGC-1344.
Galaxia elíptica de la constelación Fornax. Está a unos 60 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 145.000 años-luz de diámetro.
NGC-1347.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Erídano, situada a unos
78,3 millones de años-luz de nosotros. Tiene 54.3000 años-luz de
diámetro.
NGC-1350.
Galaxia espiral barrada situada a 86.600.000 de años-luz en la
constelación de Fornax que tiene un oscuro núcleo de gas y polvo en
movimiento en su centro que parece indicar la presencia de un agujero
negro. Tiene 144.000 años-luz de diámetro.
NGC-1351.
Galaxia espiral de la constelación de Fornax, situada a 69 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 107.000 años-luz de diámetro.
NGC-1353.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Eridanus, situada a 67,1
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 125.000 años-luz de
diámetro.
NGC-1356. Galaxia espiral situada a 550 millones de años-luz de nosotros.
NGC-1359.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Erídano, situada a unos
88,7 millones de años-luz de nosotros. Tiene 229.0000 años-luz de
diámetro.
NGC-1360. Nebulosa planetaria de la constelación de Fornax.
NGC-1365.
Galaxia espiral barrada tipo SBb situada a 56.000.000 años-luz de
nosotros en la constelación Fornax. Tiene unos 220.000 años-luz de
diámetro. Tiene un agujero negro supermasivo, de unos 2.000.000 de
masas solares, cuya materia cercana gira sobre el mismo a una velocidad
del 84% de la de la luz y el propio agujero se cree que gira al 86% de
tal velocidad de la luz. También ha sido clasificada de tipo Seyfert.
NGC-1366. Galaxia lenticular de la constelación de Fornax, situada a unos 65 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 47.400 años-luz de diámetro.
NGC-1367. Galaxia espiral situada a unos 64,7 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Eridanus. Tiene unos 203.000 años-luz de diámetro. También llamada NGC-1371.
NGC-1371. Ver NGC-1367.
NGC-1373. Galaxia lenticular de un cúmulo de galaxias en la constelación Fornax. Es del tipo S0.
NGC-1374. Galaxia elíptica, del tipo E0, de un cúmulo de galaxias situado en la constelación Fornax. Está a unos 59 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 50.000 años-luz de diámetro.
NGC-1375.
Galaxia lenticular de un cúmulo de galaxias en la constelación
Fornax. Es del tipo S0. Esta a 30 millones de años-luz de nosotros.
NGC-1377.
Galaxia lenticular de la constelación de Erídano, situada a unos 80,3
millones de años-luz de nosotros. Tiene 61.1000 años-luz de diámetro.
NGC-1379.
Galaxia elíptica de un cúmulo de galaxias en la constelación Fornax. Es
esférica del tipo E0, tiene 71.200 años-luz de diámetro y está a unos
60 millones de años-luz de nosotros.
NGC-1380. Galaxia lenticular barrada de un cúmulo de galaxias en la constelación Fornax, situada a más de 62 millones de años-luz de nosotros. Es del tipo SA0. Tiene 139.000 años-luz de diámetro.
NGC-1381.
Galaxia lenticular del tipo SA0 de un cúmulo de galaxias en la
constelación Fornax, a unos 75 millones de años-luz de nosotros. Tiene
73.600 años-luz de diámetro.
NGC-1383.
Galaxia elíptica de la constelación de Erídano, situada a unos 87
millones de años-luz de nosotros. Tiene 128.0000 años-luz de diámetro.
NGC-1385.
Galaxia espiral barrada de la constelación Fornax, situada a unos 67
millones de años-luz de nosotros, y perteneciente a un grupo de una
treintena de galaxias. Tiene unos 127.000 años-luz de extensión.
NGC-1386. Galaxia espiral de un cúmulo de galaxias en la constelación de Erídano. Está a 53 millones de años-luz. Tiene en su parte central un agujero negro de unas 17 millones de masas solares.
NGC-1387.
Galaxia lenticular de un cúmulo de galaxias en la constelación Fornax.
Es del tipo S0. Está a unos 53 millones de años-luz de nosotros. Tiene
casi 20.000 años-luz de diámetro.
NGC-1389.
Galaxia lenticular de la constelación de Erídano, situada a 42 millones
de años-luz de nosotros. Tiene unos 98.100 años-luz de diámetro.
NGC-1393.
Galaxia lenticular de la constelación de Erídano, situada a unos 97,5
millones de años-luz de nosotros. Tiene 82.0000 años-luz de diámetro.
NGC-1395.
Galaxia elíptica tipo Seyfert II de la constelación de Erídano, situada
a unos 77 millones de años-luz de nosotros. Tiene nada menos que
264.000 años-luz de diámetro.
NGC-1396.
Galaxia lenticular de la constelación de Fornax, situada a 34,4
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 18.000 años-luz de
diámetro.
NGC-1398.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Fornax, situada a 61,8
millones de años-luz de nosotros. Tiene 292.000 años-luz de diámetro.
NGC-1399.
Galaxia elíptica de la constelación de Fornax, situada a 66 millones de
años-luz de nosotros. Es de tipo Seyfert 2. Tiene nada menos que
365.000 años-luz de diámetro, lo que la convierte en gigantesca. Tiene
un agujero negro en su zona central de más de 1.000 millones de masas
solares.
NGC-1401.
Galaxia lenticular de la constelación de Eridanus situada a 66,3
millones de años-luz de nosotros. Tiene 56.200 años-luz de extensión.
NGC-1404.
Galaxia elíptica de la constelación de Fornax. Situada a 62 millones de
años-luz de nosotros, avanza en dirección a la NGC-1399 dejando una
estela de gas. Tiene en su entorno unos 725 cúmulos globulares. Mide unos 237.000 años-luz de diámetro.
NGC-1406.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Fornax situada a unos 50
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 95.000 años-luz de
diámetro.
NGC-1407.
Galaxia elíptica de la constelación de Erídano situada a unos 76
millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 243.000
años-luz.
NGC-1409. Galaxia enana de la constelación de Fornax.
NGC-1411.
Galaxia elíptica situada a 38 millones de años-luz de nosotros en la
constelación del Horologium. Tiene un diámetro de solo 25.000 años-luz.
NGC-1415.
Galaxia espiral de la constelación de Eridanus, situada a 70,7 millones
de años-luz de nosotros. Tiene unos 113.000 años-luz de diámetro.
NGC-1421. Galaxia espiral de la constelación de Erídano.
NGC-1422.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Eridanus, situada a unos
74,2 millones de años-luz de nosotros. Se extiende en unos 67.000
años-luz.
NGC-1425.
Galaxia espiral de la constelación de Fornax, situada a 69 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 174.000 años-luz de diámetro.
NGC-1426.
Galaxia elíptica situada a unos 64 millones de años-luz de nosotros en
la constelación de Eridanus. Tiene unos 130.000 años-luz de diámetro.
NGC-1427A. Galaxia irregular situada a 62.000.000 años-luz de nosotros en dirección a la constelación de Fornax. Viaja a 600 Km/seg en dirección a un grupo de galaxias que seguramente dispersarán sus estrellas antes de unos 2.000 millones de años; es decir, se destruirá. Dada la colisión iniciada, la interacción con el gas y polvo intergaláctico hace que tenga muchas estrellas azules (nuevas).
NGC-1432. Ver M45.
NGC-1433. Galaxia espiral barrada situada a 30 millones de años-luz de nosotros en la constelación del Horologium.
NGC-1435. Nebulosa en las Pléyades.
NGC-1436.
Galaxia espiral barrada de la constelación Fornax, situada a unos 58
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 76.000 años-luz de
diámetro.
NGC-1438.
Galaxia espiral de la constelación de Eridanus, situada a 69,6 millones
de años-luz de nosotros. Tiene unos 94.600 años-luz de diámetro.
NGC-1439.
Galaxia elíptica de la constelación de Eridanus, situada a unos 74,9
millones de años-luz de nosotros. Se extiende en unos 123.000 años-luz.
NGC-1440.
Galaxia que se localiza a 71.400.000 años-luz de nosotros en la
constelación de Eridanus. Tiene un diámetro de unos 91.300 años-luz.
NGC-1448.
Galaxia espiral situada a 38 millones de años-luz de nosotros (otra
fuente dice 55 millones) en la constelación del Reloj. Tiene gran
cantidad de estrellas jóvenes, de tan sólo 5 millones de años de
antigüedad, y un agujero negro supermasivo.
NGC-1452.
Galaxia espiral barrada que se localiza a 77.900.000 años-luz de
nosotros en la constelación de Eridanus. Tiene un diámetro de unos
75.300 años-luz.
NGC-1466.
Cúmulo globular en el borde de la Gran Nube de Magallanes, a unos
160.000 años-luz de nosotros. Tiene una masa de 140.000 veces la solar.
Tiene mucha antigüedad, de unos 13.100 millones de años.
NGC-1482.
Galaxia lenticular de la constelación de Eridanus, situada a 87,4
millones de años-luz de nosotros. Tiene 89.400 años-luz de diámetro.
NGC-1491. Nebulosa brillante de la constelación de Perseo.
NGC-1493.
Galaxia espiral barrada situada a unos 40 millones de años-luz de
nosotros en la constelación del Horologium. Tiene un diámetro de 35.000
años-luz.
NGC-1494.
Galaxia espiral barrada situada a unos 43 millones de años-luz de
nosotros, cercana a la constelación del Dorado. Tiene 55.000 años-luz
de diámetro.
NGC-1499. Nebulosa de California que se encuentra en la constelación de Perseo, a unos 1.500 años-luz de nosotros.
NGC-1501.
Nebulosa planetaria de la constelación de la Jirafa, situada a 5.000
años-luz de nosotros. Es llamada también la Nebulosa de la Ostra.
NGC-1502.
Cúmulo abierto de la constelación de la Jirafa. Está a 3.400 años-luz
de nosotros. Tiene unas 50 estrellas. Su antigüedad es de unos 10
millones de años.
NGC-1510. Galaxia lenticular de la constelación de Horologium, que se halla a unos 40 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 15.000 años-luz de extensión. Se cree que acabará colisionando con la NGC-1512, que está a unos 45.000 años-luz de ella, dentro de unos 400 millones de años.
NGC-1511. Galaxia espiral cercana a la constelación de Hydrus.
NGC-1512. Galaxia espiral barrada de la constelación de Horologium, que se halla a unos 30 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 70.000 años-luz de extensión. Se cree que absorberá a la enana NGC-1510, que está a unos 45.000 años-luz de ella, dentro de unos 400 millones de años.
NGC-1513. Cúmulo abierto de la constelación de Perseo, a unos 2.700 años-luz de nosotros. Tiene unas 100 estrellas y se extiende por 15 años-luz. Su antigüedad es de unos 420 millones de años.
NGC-1514. Nebulosa planetaria que se encuentra en la constelación de Tauro a unos 1.500 años-luz de nosotros.
NGC-1515. Galaxia espiral barrada de la constelación del Dorado situada a 45 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 135.000 años-luz de diámetro.
NGC-1521. Galaxia espiral de la constelación del Reloj, situada a 30 millones de años-luz de nosotros.
NGC-1527.
Galaxia lenticular situada a unos 47 millones de años-luz de nosotros,
en la constelación del Reloj. Tiene 96.000 años-luz de diámetro.
NGC-1528. Cúmulo abierto de la constelación de Perseo, a unos 2.530 años-luz de nosotros. Posee unas 165 estrellas que se extienden por 13 años-luz. Su antigüedad es de unos 370 millones de años.
NGC-1531.
Galaxia elíptica de la constelación de Eridanus. Está a unos 40
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 15.000 años-luz de
diámetro.
NGC-1532.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Eridanus. Está a unos 40
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 210.000 años-luz de
diámetro.
NGC-1533.
Galaxia elíptica de la constelación del Dorado, situada a 37 millones
de años-luz de nosotros. Tiene unos 25.000 años-luz de diámetro.
NGC-1535. Nebulosa planetaria de la constelación de Erídano.
NGC-1537. Galaxia elíptica de la constelación de Erídano. Está a 64,1 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 65.000 años-luz de diámetro.
NGC-1543. Galaxia elíptica de la constelación del Reticulum situada a 45 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 55.000 años-luz de diámetro.
NGC-1545. Cúmulo abierto de la constelación de Perseo, a unos 2.320 años-luz de nosotros. Posee unas 10 estrellas que se extienden por 8 años-luz. Su antigüedad es de unos 280 millones de años.
NGC-1546.
Galaxia espiral de la constelación del Dorado situada a 50 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 50.000 años-luz de diámetro.
NGC-1549.
Galaxia elíptica de la constelación del Dorado. Está situada a 40
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 75.000 años-luz de
diámetro.
NGC-1553. Galaxia elíptica de la constelación del Dorado. Está situada a 40 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 60.000 años-luz de diámetro.
NGC-1554 / NGC-1555. Nebulosa difusa de Hind que se localiza no lejos de Aldebarán.
NGC-1559.
Galaxia espiral barrada de la constelación del Reticulum, a unos 50 millones de
años-luz de nosotros. Su masa es de unos 10.000 millones de veces la
solar. En la misma se han observado supernovas en 1984, 1986, 2005 y en
2009.
NGC-1560. Galaxia espiral de la constelación de Camelopardus, a unos 11,2 millones de años-luz de nosotros.
NGC-1566. Galaxia espiral tipo Sb que se encuentra a unos 63 millones de años-luz de nosotros, en la constelación del Dorado. Un agujero negro supermasivo de la misma estudiado por los telescopios (espacial Hubble y terrestre ALMA) ha permitido ver cómo el mismo se alimenta de las nubes espirales de gas y polvo del entorno. Tiene unos 170.000 años-luz de diámetro.
NGC-1569. Galaxia enana irregular cercana a la nuestra, a 25.000.000 años-luz (u 11 millones según otra fuente), en la constelación de Camelopardus en la que el HST encontró varias supernovas y los restos de su explosión, burbujas de hidrógeno, así como diversos cúmulos de estrellas jóvenes y muchas de éstas en formación con un elevado índice de velocidad en tal desarrollo por interacción con otras galaxias.
NGC-1571. Galaxia de la constelación de Caelum.
NGC-1574. Galaxia elíptica de la constelación del Dorado situada a 39 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 50.000 años-luz de diámetro.
NGC-1581. Galaxia de la constelación del Dorado situada a 64 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 56.000 años-luz de diámetro.
NGC-1582. Cúmulo abierto de la constelación de Perseo, a unos 3.586 años-luz de nosotros. Posee unas 10 estrellas que se extienden por 25 años-luz. Su antigüedad es de unos 302 millones de años.
NGC-1596.
Galaxia lenticular de la constelación del Dorado situada a 60 millones
de años-luz de nosotros. Tiene unos 75.000 años-luz de diámetro.
NGC-1600.
Galaxia elíptica masiva de la constelación de Eridano, a unos 149.300
años-luz de nosotros. Tiene en su centro un agujero negro con una masa
de unos 17.000 millones de veces la del Sol.
NGC-1617. Galaxia espiral barrada de la constelación del Dorado. Está situada a 40,3 millones de años-luz de nosotros.
NGC-1624.
Cúmulo estelar de la constelación de Perseo. Tiene una estrella masiva
(NGC-1624-2), Tipo espectral O, con uno de los mayores campos
magnéticos conocidos (2012), siendo unas 20.000 veces superior al del
Sol; tal estrella gira sobre sí cada 6 meses y tiene unas 35 masas
solares.
NGC-1637. Galaxia espiral de la constelación de Eridanus en la que se captó la supernova SN1999em el 29 de octubre de tal 1999.
NGC-1647.
Cúmulo estelar abierto situado a 1.800 años-luz de nosotros, en la
constelación de Tauro. Contiene unas 200 estrellas que se extienden por
20,5 años-luz. Tiene unos 145 millones de años de antigüedad.
NGC-1651.
Cúmulo globular situado en la Gran Nube de Magallanes a unos 162.000
años-luz de nosotros. Tiene unos 120 años-luz de diámetro.
NGC-1664. Cúmulo abierto de la constelación de Auriga, a unos 3.910 años-luz de nosotros. Posee unas 40 estrellas que se extienden por 20,5 años-luz. Su antigüedad es de unos 292 millones de años.
NGC-1667. Galaxia que se encuentra a 220.000.000 años-luz de nosotros y que tiene en su parte central un agujero negro.
NGC-1672.
Galaxia espiral barrada de la constelación del Dorado que está a
unos 60 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 110.000 años-luz de extensión.
NGC-1679. Galaxia de la constelación de Caelum.
NGC-1688.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Doradus situada a 47
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 35.000 años-luz de
diámetro.
NGC-1703.
Galaxia espiral de la constelación del Dorado que está a unos 60
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 50.000 años-luz de
extensión.
NGC-1705. Galaxia irregular enana localizada a 17.000.000 de años-luz en la constelación de Pictor.
NGC-1706. Galaxia espiral localizada a 230 millones de años-luz en la constelación de Dorado.
NGC-1746.
Cúmulo estelar abierto situado a 2.480 años-luz de nosotros, en la
constelación de Tauro. Contiene unas 100 estrellas que se extienden por
8,7 años-luz. Tiene unos 155 millones de años de antigüedad.
NGC-1755. Cúmulo
estelar abierto situado en la Gran Nube de Magallanes. Tiene una edad
de solo unos 60 millones de años.Tiene unos 120 años-luz de diámetro.
NGC-1778. Cúmulo abierto de la constelación de Auriga.
NGC-1786. Cúmulo globular localizado en la Gran Nube de Magallanes, a unos 160.000 años-luz de nosotros.
NGC-1788. Nebulosa de reflexión llamada del “Murciélago” que se localiza en la constelación de Orión, a unos 2.000 años-luz de nosotros.
NGC-1792. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación del Buril a unos 46 millones de años-luz de nosotros. Tiene 89.000 años-luz de diámetro.
NGC-1807. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación de Tauro.
NGC-1808. Galaxia espiral situada a 41.000.000 años-luz de nosotros, en la constelación del Buril, y en cuyo centro se están formando estrellas y tiene en sus brazos bastante gas y polvo, quizá como resultado de la interacción pasada con otro objeto, la NGC-1792. Tiene 88.000 años-luz de diámetro.
NGC-1817. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación de Tauro.
NGC-1818. Cúmulo estelar de la Gran Nube de Magallanes en el que se halló una reciente enana blanca, resto de una supernova que explotó y que tenía una masa en el límite superior para la creación de tal enana.
NGC-1824.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Doradus situada a unos 45
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 45.000 años-luz de
diámetro.
NGC-1850. Gran Nube de Magallanes. Contiene varios cúmulos globulares, el mayor originado hace unos 40.000.000 de años. Situado a 169.000 años-luz (según el satélite HIPPARCOS). Su diámetro es de unos 14.000 años-luz. En febrero de 1987 en su seno explotó una supernova, observándose con una luminosidad no igualada desde el año 1604. En 1979 registró una poderosa explosión de rayos gamma que un décima de seg emitió tanta energía como el Sol en 1.000 años. En la misma ha sido observado en 2021 desde el VLT del Observatorio Europeo Austral un pequeño agujero negro de 11 masas solares y el cual es orbitado por una estrella de 5 masas solares, gracias a la que el mismo se evidenció.
NGC-1851. Cúmulo globular que se encuentra junto a la constelación de la Paloma.
NGC-1857. Cúmulo abierto de la constelación de Auriga.
NGC-1893. Cúmulo abierto de la constelación de Auriga.
NGC-1904. Ver M79.
NGC-1907. Cúmulo abierto de la constelación de Auriga situado a 3.840 años-luz de nosotros.
NGC-1909. También IC-2118. También. Nebulosa de la Bruja en la constelación de Eridano.
NGC-1912. Ver M38.
NGC-1924. Galaxia que se localiza en el centro de la constelación de Orión.
NGC-1929. Cúmulo estelar junto a la Gran Nube de Magallanes.
NGC-1931. Cúmulo abierto y nebulosa de la constelación de Auriga.
NGC-1947. Galaxia lenticular S0 de la constelación de El Dorado. Está a unos 40 millones de años-luz de nosotros.
NGC-1952. Ver M1.
NGC-1960. Ver M36.
NGC-1961.
Galaxia espiral tipo AGN que encontramos en la constelación de la
Jirafa a unos 180 millones de años-luz de nosotros. También llamada Arp
184.
NGC-1975. Nebulosa de la constelación de Orión, situada a unos 1.500 años-luz de nosotros.
NGC-1976. Ver M42.
NGC-1977. Nebulosa de la constelación de Orión, situada a unos 1.500 años-luz de nosotros. Su diámetro es de unos 7,5 años-luz.
NGC-1980. Cúmulo abierto de la constelación de Orión, situado a unos 1.370 años-luz de nosotros.
NGC-1981. Cúmulo abierto que se localiza en la constelación de Orión, situado a unos 1.300 años-luz de nosotros.
NGC-1982. Ver M43.
NGC-1990. Nebulosa que está en la constelación de Orión.
NGC-1999. Nebulosa de reflexión que se localiza en la constelación de Orión a unos 1.500 años-luz de nosotros. Es una gran nube de gas y polvo con un amplio agujero -un vacío- en medio (según el ingenio espacial Herschel).
NGC-2005.
Cúmulo globular situado a unos 162.000 años-luz de nosotros en la
constelación del Dorado. Está a unos 750 años-luz del centro de la Gran
Nube de Magallanes.
NGC-2008. Galaxia espiral tipo Sc situada en la constelación del Pictor a 425 millones de años-luz de nosotros.
NGC-2014. Nebulosa gigante de la Gran Nube de Magallanes, a unos 163.000 años-luz de nosotros.
NGC-2020.
Nebulosa situada en la Gran Nube de Magallanes, a unos 163.000 años-luz
de nosotros, dominada por una estrella Wolf-Rayet de unas 15 masas
solares y unas 200.000 veces más luminosa que nuestra estrella. Muestra
un tono azulado debido al contenido en oxígeno caliente a unos
11.000ºC.
NGC-2023. Nebulosa de reflexión cercana a La Cabeza del Caballo en Orión, situada a unos 1.500 años-luz de nosotros. La ilumina la estrella masiva HD 37903.
NGC-2024.
Nebulosa de La Llama en la constelación de Orión, a 1.350 años-luz. Su tamaño es de 12 años-luz.
NGC-2035. Nebulosa de emisión Cabeza del Dragón que forma parte de la NGC-2032.
NGC-2040. Cúmulo estelar de la Gran Nube de Magallanes con varias decenas de estrellas del los tipos O y B.
NGC-2060. Restos de una supernova en la que hay un púlsar de menos de 5.000 años de antigüedad que rota sobre sí a razón de 60 vueltas por segundo.
NGC-2067. Objeto que se localiza en la constelación de Orión.
NGC-2068. Ver M78.
NGC-2070. Nebulosa de la Tarántula o 30 Doradus. Es muy grande (como nebulosa), de 1.000 años-luz de diámetro. Está situada a unos 170.000 años-luz de nosotros, en la constelación del Dorado, en realidad en la Gran Nube de Magallanes, y tiene zonas en el centro donde hay estrellas nuevas o jóvenes, supergigantes azules.
NGC-2071. Nebulosa de reflexión situada a 1.400 años-luz de nosotros, en la constelación de Orión, que tiene un disco protoplanetario, en un sistema estelar en formación.
NGC-2074. Cúmulo abierto situado cerca de la nebulosa de la Tarántula, en la Gran Nube de Magallanes, a unos 170.000 años-luz de nosotros.
NGC-2080. Nebulosa Cabeza del Fantasma. Se localiza en la Gran Nube de Magallanes, al sur de la nebulosa 30 Doradus, a cerca de unos 180.000 años-luz de nosotros.
NGC-2082.
Galaxia espiral barrada de la constelación del Dorado. Está a unos 44
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 20.000 años-luz de
diámetro.
NGC-2090. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de la Paloma a 37 millones de años-luz de nosotros.
NGC-2099. Ver M37.
NGC-2126. Pequeño cúmulo abierto de la constelación de Auriga.
NGC-2129. Cúmulo abierto localizado en la constelación de Géminis.
NGC-2139. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de la Liebre.
NGC-2146.
Galaxia espiral tipo Sab que encontramos en la constelación de la
Jirafa, a unos 31 millones de años-luz. En la misma, se detectó en marzo de 2018 la supernova SN2018zd.
NGC-2149. Nebulosa que se encuentra en la constelación de Monoceros, apodada el “Vagabundo intergaláctico”.
NGC-2158.
Cúmulo abierto situado en Géminis que tiene 3.200 millones de años
de antigüedad y está a 15.000 años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 16 años-luz.
NGC-2168. Ver M35.
NGC-2169. Cúmulo abierto en la constelación de Orión.
NGC-2170. Nebulosa de reflexión de la constelación de Monoceros a unos 2.400 años-luz de nosotros.
NGC-2173. Cúmulo globular de estrellas azules rejuvenecidas en la Gran Nube de Magallanes, constelación de la Mesa.
NGC-2174. Cúmulo abierto en Orión, a unos 6.400 años-luz de nosotros, conocido como Cabeza de Mono.
NGC-2175. Cúmulo abierto en Orión.
NGC-2188.
Galaxia espiral barrada de la constelación de la Columba situada a 33,9
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 50.000 años-luz de
diámetro.
NGC-2192. Pequeño cúmulo abierto de la constelación de Auriga.
NGC-2194. Cúmulo abierto en la constelación de Orión.
NGC-2203. Cúmulo abierto localizado en la constelación de Mensa.
NGC-2204. Cúmulo abierto localizado en la constelación de Can Mayor.
NGC-2207. Galaxia espiral situada a 114 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Can Mayor. Está colisionando con la más pequeña IC-2163, a la que ha empezado a distorsionar.
NGC-2214. Cúmulo abierto de la constelación Dorado formado por estrellas jóvenes o de media edad, de una antigüedad de unos 60.000.000 de años.
NGC-2215. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación de Monoceros.
NGC-2217. Galaxia espiral situada en la constelación de Can Mayor a unos 65 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 100.000 años-luz de diámetro. También es denominada AM 0619-271.
NGC-2223. Galaxia situada en la constelación de Can Mayor.
NGC-2232. Cúmulo abierto de la constelación de Monoceros, a 1.170 años-luz de nosotros. Tiene unos 53 millones de años de antigüedad.
NGC-2237. Nebulosa difusa de La Roseta, o Caldwell 49, que tiene en su centro a la NGC-2244. Está a unos 5.200 años-luz de nosotros en la constelación de Conoceros y tiene aproximadamente unos 100 años-luz de diámetro (o 130 según otra fuente). Su masa es unas 10.000 veces la solar.
NGC-2238. Parte de la Nebulosa de La Roseta.
NGC-2239. Parte de la Nebulosa de La Roseta.
NGC-2243. Cúmulo abierto localizado en la constelación de Can Mayor.
NGC-2244. Cúmulo abierto en la Nebulosa Roseta, en la constelación de Monoceros, a unos 2.000 años-luz de nosotros. Contiene una docena de estrellas.
NGC-2246. Parte de la Nebulosa de La Roseta.
NGC-2260. Cúmulo abierto localizado en la constelación de Can Mayor. Está a 3.700 años-luz de nosotros y tiene unos 2.200 millones de años de antigüedad.
NGC-2261. Nebulosa que se encuentra en la constelación de Monoceros.
NGC-2264. Cúmulo abierto Árbol de Navidad o Nebulosa del Cono. Posee unas 100 estrellas y se extiende por 14 años-luz de longitud. Está a 2.700 años luz en la constelación de Monoceros, también llamada del Unicornio, en el Brazo de Orión de la Vía Láctea. Tiene grandes nubes de hidrógeno y polvo que en el futuro serán fuente de nuevas formaciones estelares.
NGC-2266. Cúmulo abierto de la constelación de Géminis.
NGC-2770.
Galaxia de la constelación del Lince en la que se captaron las
supernovas SN2007uy y SN2008D (ver satélite SWIFT). Está a unos 88 millones de años-luz de nosotros.
NGC-2272. Galaxia situada en la constelación de Can Mayor.
NGC-2273.
Galaxia espiral barrada de tipo Seyfert de la constelación de Lynx,
situada a unos 95 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro
de unos 100.000 años-luz.
NGC-2276.
Galaxia espiral que encontramos en la constelación de Cefeo a unos 120 millones de años-luz.
Tiene
un agujero negro de una masa unas 50.000 veces la solar. La NGC-2300
está distorsionando sus brazos en las partes más externas, deformando
en general a la galaxia.
NGC-2280. Galaxia situada en la constelación de Can Mayor.
NGC-2281. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación de Auriga.
NGC-2287. Ver M41.
NGC-2292. Galaxia situada en la constelación de Can Mayor.
NGC-2293. Galaxia situada en la constelación de Can Mayor.
NGC-2297. Galaxia espiral localizada en la constelación de Antlia.
NGC-2300. Galaxia elíptica que encontramos en la constelación de Cefeo
NGC-2301. Cúmulo abierto de la constelación de Monoceros a unos 2.500 años-luz de nosotros.
NGC-2304. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación de Géminis.
NGC-2323. Ver M50.
NGC-2324. Cúmulo abierto de la constelación de Monoceros a unos 5.000 años-luz de nosotros.
NGC-2325. Galaxia situada en la constelación de Can Mayor.
NGC-2331. Cúmulo abierto de la constelación de Géminis.
NGC-2335. Cúmulo abierto de unos 20 astros situados a 4.622 años-luz de nosotros en la constelación de Monoceros.
NGC-2336. Galaxia espiral tipo Sb de la constelación de la Jirafa.
NGC-2339. Galaxia tipo SBc de la constelación de Géminis.
NGC-2342. Galaxia de la constelación de Gemini, a unos 242 millones de años-luz de nosotros.
NGC-2343. Cúmulo abierto de unos 13 astros situados a 3.443 años-luz de nosotros en la constelación de Monoceros.
NGC-2345. Cúmulo abierto localizado en la constelación de Can Mayor.
NGC-2346.
Nebulosa planetaria Bailarina situada en Monoceros, a unos 2.300
años-luz de nosotros. Se cree que en la misma hay dos estrellas, una la
original causante de la nebulosa, hoy una enana blanca de 0,7 masas
solares, y otra, de la mitad de masa, que gira con aquella muy cerca,
con un período de unos 16 días.
NGC-2349. Cúmulo abierto en Monoceros.
NGC-2353. Cúmulo abierto de unos 25 astros que se encuentra en la constelación de Monoceros, a unos 3.648 años-luz de nosotros.
NGC-2354. Cúmulo abierto localizado en la constelación de Can Mayor que deja ver unas 50 estrellas.
NGC-2355. Cúmulo abierto de la constelación de Gémini, situado a unos 5.400 años-luz de nosotros. Tiene una antigüedad de unos 900 millones de años.
NGC-2359. Nebulosa de la constelación de Can Mayor conocida como el “Casco de Thor”, situada a unos 15.000 años-luz de nosotros. Tiene unos 30 años-luz de diámetro.
NGC-2360. Cúmulo abierto localizado en la constelación de Can Mayor.
NGC-2362.
Cúmulo abierto localizado en la constelación de Can Mayor, a unos
4.600 años-luz de nosotros. Su antigüedad es de unos 5 millones de años
y su masa equivale a 500 veces la del Sol. Se extiende en unos 22
años-luz.
NGC-2366. Galaxia enana e irregular situada a 10,4 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Camelopardalis y de 20.000 años-luz de diámetro.
NGC-2367.
Cúmulo abierto localizado en la constelación de Can Mayor a unos 7.000
años-luz de nosotros. Su antigüedad es de unos 5 millones de años y
está alojado en una nebulosa llamada Brand 16, que a su vez está
contenida en una enorme burbuja de cientos de años-luz de extensión
denominada GS234-02, situada sobre nuestra galaxia.
NGC-2371. Nebulosa planetaria situada en Géminis a 3.900 años-luz (o 4.300, según otra fuente). Se extiende por espacio de unos 3 años-luz.
NGC-2372. Nebulosa planetaria situada en Géminis, parte de la anterior.
NGC-2374. Cúmulo abierto localizado en la constelación de Can Mayor.
NGC-2380. Galaxia situada en la constelación de Can Mayor.
NGC-2383. Cúmulo abierto localizado en la constelación de Can Mayor.
NGC-2384. Cúmulo abierto localizado en la constelación de Can Mayor.
NGC-2392. Nebulosa planetaria La Cara del Payaso o Nebulosa del Esquimal. Situada en la constelación de Géminis. Se encuentra a unos 2.870 años-luz de nosotros (otra fuente la sitúa a casi el doble de distancia). Su diámetro es de 0,68 años-luz. En marzo de 2021 se informó que se había captado en su estrella central, por vez primera en una nebulosa, la emisión de un chorro de gas que sale a 206 Km/seg y se extiende por un espacio del doble del de la propia nebulosa.
NGC-2395. Cúmulo abierto de la constelación de Géminis.
NGC-2396. Cúmulo abierto localizado en la constelación de Can Mayor.
NGC-2397.
Galaxia espiral barrada de la constelación austral del Volans que está
a 51 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 40.000 años-luz de
extensión.
NGC-2403. Galaxia espiral abierta SABcd situada a más de 11.000.000 de años-luz de nosotros en la constelación de Camelopardalis, en el grupo de M81. En una zona de la misma llamada Sandage 96, donde hay abundantes estrellas masivas azules de solo 14.000.000 años de antigüedad, se descubrió el 31 de julio de 2004 la supernova SN 2004dj, de tipo II, la más brillante detectada en diez años, equivalente a 200.000.000 el brillo de nuestro Sol.
NGC-2415. Galaxia que se localiza en la constelación de Lynx y en la que se observó la supernova SN 2000C, tipo Ic.
NGC-2419. Cúmulo globular situado en la constelación de Lynx, a unos 200.000 años-luz de nosotros. Su masa total se estima en unas 900.000 masas solares.
NGC-2420. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación de Géminis.
NGC-2421. Cúmulo abierto de la constelación de Puppis.
NGC-2422.
Ver M47.
NGC-2423. Cúmulo abierto situado en la constelación de Puppis a 2.830 años-luz de nosotros. Su antigüedad es de 350.000.000 años.
NGC-2427.
Galaxia espiral barrada situada en la constelación de Puppis a 33
millones de años-luz de nosotros. Su diámetro es de 65 millones de
años-luz.
NGC-2434. Galaxia elíptica situada en la constelación del Pez Volador. Está a 53 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 50.000 años-luz de extensión.
NGC-2437. Ver M46.
NGC-2438. Nebulosa planetaria de tipo anular situada en la constelación de Puppis.
NGC-2439. Cúmulo abierto de la constelación de Puppis.
NGC-2440. Nebulosa planetaria de la constelación de Puppis, suituada a unos 4.000 años-luz de nosotros. La enana blanca que contiene tiene una temperatura en su superficie que alcanza cerca de los 200.000ºC, una de las más elevadas conocidas.
NGX-2442.
Galaxia espiral barrada situada en la constelación del Pez Volador a unos 56 millones de años-luz de nosotros. Es
llamada Meathook, que significa “gancho de carne”, y se
caracteriza por tener un brazo acusadamente doblado, lo que la hace ser
asimétrica, supuestamente debido a algún efecto gravitatorio en el
pasado. Tiene una extensión de unos 120.000 años-luz.
NGC-2444.
Galaxia lenticular de la constelación del Lince. En la misma se observó
la SN 2016bam el 7 de marzo de tal 2016. Esta galaxia está chocando con
otra, la NGC-2445.
NGC-2447. Ver M93.
NGC-2451. Cúmulo abierto brillante en la constelación de Puppis, situado a 642 años-luz de nosotros.
NGC-2467. Cúmulo de la constelación de Puppis. Está a unos 4.400 años-luz de nosotros.
NGC-2477. Cúmulo abierto brillante de la constelación de Puppis situado a unos 4.000 años-luz de nosotros. Su edad se estima en unos 1.300 millones de años.
NGC-2482. Cúmulo abierto de la constelación de Puppis.
NGC-2500. Galaxia espiral enana situada a 32 millones de años-luz. Tiene un diámetro de menos de los 30.000 años-luz.
NGC-2506.
Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación de Monoceros, a unos
11.300 años-luz de nosotros. Tiene unas 1.100 estrellas. Su antigüedad
es de unos 2.000 millones de años.
NGC-2516. Cúmulo abierto brillante de la constelación de Carina, también llamado la Colmena del Sur. Se extiende más de 1.600 años-luz.
NGC-2525.
Galaxia espiral situada a 70 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Puppis. En la misma se observó la SN2018gv a partir de
febrero de 2018.
NGC-2541. Galaxia espiral situada a 38 millones de años-luz de nosotros. Su extensión es de unos 40.000 años-luz.
NGC-2546. Cúmulo estelar de la constelación de Carina.
NGC-2547. Cúmulo estelar abierto de la constelación de la Vela.
NGC-2548. Ver M48.
NGC-2552. Galaxia espiral enana situada a 32 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Lynx. Tiene un diámetro de menos de los 30.000 años-luz.
NGC-2566. Galaxia espiral situada a 76 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Puppis.
NGC-2571. Cúmulo abierto de la constelación de Puppis.
NGC-2608. Galaxia barrada de la constelación de Cáncer en la que apareció la supernova SN 2001bg. Anteriormente, en la misma, se había captado otra supernova, la 1920A, el 1 de enero de tal 1920.
NGC-2613. Galaxia espiral que se encuentra cerca de la constelación de la Brújula, a unos 60 millones de años-luz de nosotros.
NGC-2623. También llamada Arp 243. Galaxia brillante con dos largos brazos casi opuestos, resultado del choque de dos grandes galaxias espirales. Tiene un agujero negro supermasivo en el núcleo que genera gran actividad. Está a unos 600 millones de años-luz de nosotros. Tiene una cola de polvo y gas con más de 170 cúmulos estelares, con una longitud de unos 50.000 años-luz.
NGC-2627. Cúmulo estelar abierto situado en la constelación de la Brújula, o Pyxis. Está formado por unas 40 estrellas.
NGC-2632. Ver M44.
NGC-2655. Galaxia espiral que encontramos en la constelación de la Jirafa.
NGC-2658. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación de la Brújula.
NGC-2659. Cúmulo estelar abierto de la constelación de la Vela.
NGC-2660. Cúmulo estelar abierto de la constelación de la Vela.
NGC-2669. Cúmulo estelar abierto de la constelación de la Vela.
NGC-2670. Cúmulo estelar abierto de la constelación de la Vela.
NGC-2671. Cúmulo estelar abierto de la constelación de la Vela.
NGC-2681. Galaxia espiral tipo SBa de la constelación de la Osa Mayor.
NGC-2682. Ver M67.
NGC-2683.
Galaxia espiral barrada tipo Sb que es la más brillante de la constelación
de Lynx. Está a unos 25.000.000 de años-luz de nosotros. Tiene unos 300 cúmulos globulares.
NGC-2685. Galaxia espiral tipo S0 que se encuentra en la constelación de la Osa Mayor. Tiene una curiosa forma.
NGC-2736.
Nebulosa del Lápiz situada en la constelación de la Vela a unos 815
años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 5 años-luz. En la misma
se observan los restos de una
supernova que explotó hace 11.000 años. La nebulosa tiene una longitud
de unos 0,75 años-luz y avanza a una velocidad de 650.000 Km/h.
NGC-2768. Galaxia elíptica tipo E6 que se encuentra en la constelación de la Osa Mayor.
NGC-2775. Galaxia espiral situada en la constelación de Cáncer a 67 millones de años-luz de nosotros.
NGC-2784. Galaxia elíptica S0 que se encuentra cerca de la constelación de la Brújula a 32 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 55.000 años-luz de diámetro.
NGC-2808. Cúmulo globular situado en la constelación de la Quilla.
NGC-2818. Cúmulo abierto y nebulosa que se encuentran entre la constelación de Antlia y la de la Brújula, a unos 10.000 años-luz de nosotros.
NGC-2835.
Galaxia espiral barrada que se encuentra cerca de la constelación de
Hidra a 33,5 millones de años-luz de nosotros. Es de un tamaño la
mitad de nuestra galaxia. Tiene un diámetro de unos 65.000 años-luz.
NGC-2841. Galaxia espiral tipo Sb que se encuentra en la constelación de la Osa Mayor a unos 46 millones de años-luz de nosotros. Su extensión es de 228.000 años-luz.
NGC-2867. Nebulosa planetaria de la constelación de Carina.
NGC-2899.
Nebulosa planetaria situada a unos 6.500 años-luz de nosotros en la
constelación de Vela. Tiene 2 estrellas en su centro y su gas se
expande por 2 años-luz del centro alcanzando temperaturas de 10
millones de ºC.
NGC-2903. Galaxia espiral barrada tipo SBb (o Sc, según otra fuente) de la constelación de Leo, que se encuentra a unos 25.000.000 años-luz de nosotros. Tiene 80.000 años-luz de longitud.
NGC-2910. Cúmulo estelar abierto de la constelación de la Vela.
NGC-2925. Cúmulo estelar abierto de la constelación de la Vela.
NGC-2950. Galaxia espiral en la que el brazo del núcleo gira a mayor velocidad que el principal, seguramente debido a la acción de un agujero negro en el centro.
NGC-2959. Galaxia de la constelación de la Osa Mayor, situada a más de 200 millones de años-luz de nosotros.
NGC-2961. Galaxia de la constelación de la Osa Mayor, situada a más de 200 millones de años-luz de nosotros.
NGC-2964. Galaxia espiral que encontramos en la constelación de Leo.
NGC-2967. Galaxia espiral tipo Sc de la constelación del Sextante.
NGC-2974. Galaxia espiral tipo Sa de la constelación del Sextante.
NGC-2976. Galaxia espiral tipo Scp. Es un objeto débil que se localiza junto a M81 y M82, a unos 12.000.000 años-luz de nosotros, en la constelación de la Osa Mayor. En sus partes externas no hay formación de nuevas estrellas desde hace unos 500 millones de años por falta de gas, sustraído por objetos cercanos, pero no así en cambio en su interior.
NGC-2985. Galaxia espiral tipo Sb que se localiza al norte de M81 y M82 en la constelación de la Osa Mayor a unos 70 millones de años-luz de nosotros.
NGC-2986. Galaxia elíptica que se encuentra entre las constelaciones de la Brújula e Hydra.
NGC-2997. Galaxia espiral en la constelación de Antlia, situada a 39.000.000 años-luz.
NGC-3003. Galaxia de la constelación de Leo Minor.
NGC-3027. Galaxia espiral barrada de la constelación de la Osa Mayor, situada a 51 millones de años-luz de nosotros.
NGC-3031. Ver M81.
NGC-3034. Ver M82.
NGC-3056.
Galaxia lenticular situada en la constelación de la Osa Mayor a 40
millones de años-luz de nosotros. Su diámetro es de 37.600 años-luz.
NGC-3059. Galaxia espiral barrada situada a unos 57 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Carina.
NGC-3077. Galaxia espiral que se encuentra a unos 12 millones de años-luz de nosotros en la constelación de la Osa Mayor. Se localiza cerca de M81 y M82.
NGC-3078. Galaxia elíptica que se encuentra cerca de la constelación de Antlia.
NGC-3079.
Galaxia espiral situada a unos 50 millones de años-luz de nosotros en
la constelación de la Osa Mayor. Con ayuda del ingenio espacial
Chandra, se ha descubierto que de esta galaxia emanan burbujas que
actúan como aceleradoras de partículas, que resultan un ciento de veces
de mayor energía que en el acelerador LHC de nuestro planeta.
NGC-3109. Galaxia irregular que se encuentra cerca de la constelación de Hydra, a unos 4.300 años-luz de nosotros. Tiene 25.000 años-luz de diámetro.
NGC-3113.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Antlia ubicada a 54
millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 74.000
años-luz.
NGC-3114.
Cúmulo abierto de la constelación de Carina. Mide unos 20 años-luz de
extensión y tiene unos 100 millones de años de antigüedad.
NGC-3115.
Galaxia elíptica tipo E6 de
la Espiga, en la constelación del Sextans, situada a 27.000.000
años-luz de nosotros que tiene un agujero negro de una masa de 1.000
millones de soles (el doble según otra fuente). Fue dado a conocer
en julio de 1992 y en su momento es 100 veces superior al mayor
conocido. Su diámetro es de 65.000 años-luz.
NGC-3132. Nebulosa planetaria llamada del Anillo Sur que se localiza a unos 2.000 años-luz de nosotros en la constelación de la Vela. Tiene un diámetro de ½ año-luz y una antigüedad de solo unos 500 millones de años.
NGC-3136. Galaxia elíptica de la constelación de Carina.
NGC-3137.
Galaxia espiral de la constelación de Antlia ubicada a 52,6 millones de
años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 130.000 años-luz.
NGC-3147.
Galaxia espiral que localizamos en la constelación del Dragón a unos
130 millones de años-luz de nosotros. Tiene un agujero negro
supermasivo de 250 millones de masas solares en su centro; según el
telescopio espacial Hubble, el mismo está rodeado de un delgado disco
de materia.
NGC-3156. Galaxia lenticular situada en la constelación del Sextante, a unos 73 millones de años-luz de nosotros.
NGC-3166. Galaxia espiral tipo SBb de la constelación del Sextante, que está a unos 70 millones de años-luz de nosotros.
NGC-3169.
Galaxia espiral tipo Sb de la constelación del Sextante en la que se
identificaron las supernovas SN1984E y la SN2003cg, respectivamente
el 29 de marzo y 21 de marzo de tales años. Está a unos 70 millones de años-luz de nosotros.
NGC-3172. Galaxia llamada Polarissima que se localiza más cerca del polo norte de la bóveda celeste que cualquier otra.
NGC-3175.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Antlia a unos 51
millones de años-luz de nosotros. Se extiende por 110.000 años-luz.
NGC-3184. Galaxia espiral del tipo SBc que se localiza en la Osa Mayor, a 25 millones de años-luz de nosotros, y en la que se observó el 9 de diciembre de 1999 la supernova SN1999gi y otras anteriormente.
NGC-3190.
Galaxia espiral tipo Sa de la constelación de Leo, a unos 60 millones
de años-luz de nosotros, en la que se descubrieron el 9 de marzo de
2002 la supernova SN 2002bo, que resultó ser del tipo Ia, y el 9 de
mayo siguiente la SN 2002cv.
NGC-3193. Galaxia elíptica tipo E2 que se encuentra en la constelación de Leo.
NGC-3195. Nebulosa planetaria de la constelación del Camaleón, situada a unos 5.500 años-luz de nosotros. Se expande a razón de 40 Km/seg.
NGC-3198. Galaxia espiral del tipo SBc que se localiza en la constelación de la Osa Mayor.
NGC-3199. Nebulosa de emisión de la constelación de la Carina, situada a unos 12.000 años-luz de nosotros. Tiene en su centro la estrella llamada WR-18. Mide unos 75 años-luz de diámetro.
NGC-3201. Cúmulo globular de la constelación de la Vela.
NGC-3223. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Antlia.
NGC-3227. Galaxia espiral tipo Seyfert 1 que tiene un agujero negro supermasivo no en el núcleo sino excepcionalmente desplazado del mismo, quizá como resultado de alguna antigua colisión con otra galaxia. Está en la constelación de Leo.
NGC-3228. Cúmulo abierto en la constelación de la Vela, a unos 16.300 años-luz de nosotros. Tiene una estrella que, por su dinámica de unos cientos de miles de Km/h en un ciclo de 167 días, parece estar acompañada por un agujero negro de unas 4,36 masas solares; la estrella tiene una masa de un 80% la solar.
NGC-3242.
Nebulosa planetaria que se encuentra cerca de la constelación de
Hydra, a unos 2.000 años-luz de nosotros. Es a veces llamada el “Fantasma de Júpiter”.
NGC-3256.
Galaxia de la constelación de la Vela que está a unos 100 millones de
años-luz de nosotros. Es de un tamaño similar al de nuestra galaxia y
su forma es resultado de la colisión de dos galaxias hace unos 500
millones de años.
NGC-3258.
Galaxia elíptica masiva situada a unos 100 millones de años-luz de
nosotros en el Cúmulo de Antlia. Tiene en su centro un agujero negro de unas 2.250 millones de
masas solares.
NGC-3268. Galaxia elíptica masiva situada en el Cúmulo de Antlia.
NGC-3285B. Galaxia espiral que se encuentra a 137 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Hidra.
NGC-3293. Cúmulo abierto en la constelación de Carina que se halla a unos 8.400 años-luz de nosotros. Tiene unos 26 años-luz de extensión y una antigüedad de tan solo unos 10 millones de años, compuesto de unas 50 estrellas gigantes y jóvenes, y en general unas 3.600 estrellas.
NGC-3301. Galaxia espiral barrada Tipo SBa situada en la constelación de Leo.
NGC-3310. Galaxia de la constelación de la Osa Mayor que se localiza a unos 46.000.000 años-luz de la Vía Láctea. Tiene gran número de estrellas formándose.
NGC-3314. Par de galaxias espirales de la constelación de Hidra situadas a 140 y 117 millones de años-luz de nosotros.
NGC-3318. Galaxia en la que el 26 de mayo de 2000 se observó la supernova SN 2000cl.
NGC-3324. Nebulosa del Ojo de la Cerradura (Keyhole) en la constelación de Carina. Está a unos 7.200 años-luz de nosotros.
NGC-3338. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Leo y está situada a 76 millones de años-luz de nosotros.
NGC-3344. Galaxia espiral de la constelación de Leo Minor, situada a unos 20 millones de años-luz de nosotros.
NGC-3351. Ver M95.
NGC-3359. Galaxia espiral del tipo SBc situada a 49.000.000 de años-luz de nosotros en la constelación de la Osa Mayor.
NGC-3368. Ver M96.
NGC-3370. Galaxia espiral situada a 98.000.000 años-luz de nosotros en la constelación de Leo.
NGC-3372. Nebulosa Ojo de la Cerradura situada en la constelación de la Quilla, en el Brazo de Carina de la Vía Láctea. Se localiza a 7.500 u 8.000 años-luz aproximadamente de nosotros. Tiene unos 100 años-luz de diámetro. Se opina que tiene una estrella caliente que rota sobre ella en órbita de 5,54 años de período.
NGC-3377.
Galaxia espiral tipo E5 del cúmulo de Virgo, situada en Leo a
34.000.000 años-luz, que posee en su centro un agujero negro con una
masa de aproximadamente 50 millones de soles. Su diámetro es de unos 40.000 años-luz.
NGC-3379. Ver M105.
NGC-3384.
Galaxia elíptica tipo E7 situada en la constelación de Leo, a unos
32.000.000 años-luz. Tiene 46.800 años-luz de diámetro.
NGC-3389. Galaxia espiral tipo Sc situada en la constelación de Leo, a unos 56.000.000 años-luz (63 millones señalan otros). Su diámetro es de unos 55.000 años-luz.
NGC-3393.
Galaxia espiral situada a unos 160 millones de años-luz de nosotros que
tiene los agujeros negros supermasivos más cercanos a nosotros (datos
de 2011, obtenidos gracias al satélite Chandra). Tales agujeros están
separados por 490 años-luz.
NGC-3395. Galaxia espiral del tipo Sc situada en la constelación de Leo Minor.
NGC-3412. Galaxia lenticular barrada que encontramos en la constelación de Leo a 37 millones de años-luz de nosotros. Su diámetro es de unos 42.200 años-luz.
NGC-3424. Galaxia espiral barrada del tipo SBb situada en la constelación de Leo Minor.
NGC-3430. Galaxia espiral Sac situada en la constelación de Leo Minor a unos 100 millones de años-luz de nosotros.
NGC-3489. Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Leo a 39 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 38.900 años-luz.
NGC-3504. Galaxia espiral tipo SBa que se localiza en la constelación de Leo Minor.
NGC-3506. Galaxia en la que se identificó la supernova 2003L que fue estudiada por el satélite Chandra el 10 de febrero de tal 2003.
NGC-3511. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de la Copa.
NGC-3513. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de la Copa.
NGC-3521. Galaxia espiral del tipo Sb que se encuentra en la constelación de Leo a unos 35.000.000 años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de 50.000 años-luz.
NGC-3532.
Cúmulo estelar abierto situado en la constelación de la Quilla a unos
1.321 años-luz de nosotros. Sus estrellas tienen unos 300 millones de
años de edad.
NGC-3556. Ver M108.
NGC-3557. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación del Centauro.
NGC-3568. Galaxia espiral barrada que se encuentra en la constelación del Centauro a unos 57 millones de años-luz de nosotros.
NGC-3572. Cúmulo abierto de la constelación de Carina.
NGC-3576. Nebulosa situada a 9.000 años-luz de nosotros que contiene estrellas masivas y muy jóvenes.
NGC-3585. Galaxia elíptica tipo E5 que se encuentra en la constelación de Hydra.
NGC-3587. Ver M97.
NGC-3590.
Cúmulo abierto de la constelación de Carina, situado a unos 7.500
años-luz de nosotros. Tiene solo unos 35 millones de años de
antigüedad.
NGC-3593. Galaxia espiral tipo Sa que se encuentra en la constelación de Leo a 34 millones de años-luz de nosotros. Tiene 45.800 años-luz de diámetro.
NGC-3596. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Leo.
NGC-3600.
Galaxia espiral situada en la constelación de la Osa Mayor a 33
millones de años-luz de nosotros. Su diámetro es de 44.000 años-luz.
NGC-3603. Cúmulo estelar abierto que se localiza en brazo de Carina de la Vía Láctea, observable desde el hemisferio sur, y en la que se están creando estrellas nuevas. Está a 21.500 años-luz de nosotros, tiene una masa equivalente a 10.000 veces la solar y se extiende en 3 años-luz; su antigüedad es de solo un millón de años aproximadamente. Contiene la estrella más masiva de la galaxia, conocida en 2008 como A1, con 116 masas solares, y gira sobre otra de 89 masas solares en un sistema binario. En 2010 se determinó que la velocidad de las estrellas en el cúmulo era inesperadamente muy elevada: 4,5 Km/seg de velocidad media con independencia de su masa.
NGC-3607. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Leo.
NGC-3621.
Galaxia espiral tipo Sc que se encuentra en la constelación de
Hydra. Está a 22 millones de años-luz de nosotros. Carece de bulbo en su núcleo.
NGC-3623. Ver M65.
NGC-3626. Galaxia espiral tipo Sb de la constelación de Leo.
NGC-3627. Ver M66.
NGC-3628.
Galaxia espiral tipo Sb situada en la constelación de Leo, a unos
30.000.000 años-luz de nosotros. La han apodado como de la
“Hamburguesa”. Su extensión es de unos 34.500 años-luz, si bien
arrastra tras de sí una cola de gas y estrellas de 300.000 años-luz de
larga.
NGC-3631.
Galaxia espiral del tipo Sc de la constelación de la Osa Mayor, a unos
64,5 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 53.700 años-luz de
diámetro. Tiene en su zona central un agujero negro de unas 25 millones
de masas solares.
NGC-3640. Galaxia elíptica del tipo E1 que se encuentra en la constelación de Leo.
NGC-3646. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Leo.
NGC-3655. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Leo.
NGC-3656. Galaxia elíptica con dos colas cuyo origen se cree debido al resultado del choque y fusión de dos galaxias del mismo tipo.
NGC-3657.
Galaxia espiral de la constelación de la Osa Mayor, situada a unos 66,8
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 56.400 años-luz de
diámetro.
NGC-3672. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de la Copa.
NGC-3675.
Galaxia espiral situada en la constelación de la Osa Mayor a 50
millones de años-luz de nosotros. Su diámetro es de 54.400 años-luz.
NGC-3684. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Leo.
NGC-3686. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Leo.
NGC-3705. Galaxia espiral tipo S0 que se encuentra en la constelación de Leo.
NGC-3718.
Galaxia espiral tipo S0, Seyfert Tipo I, que se encuentra en la
constelación de la Osa Mayor, a unos 56,8 millones de años-luz de
nosotros. Tiene unos 153.000 años-luz de diámetro. También es llamada
Arp 214.
NGC-3726.
Galaxia espiral del tipo SBc de la constelación de la Osa Mayor, a 51,8
millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 81.400
años-luz.
NGC-3729.
Galaxia espiral barrada que está a unos 59,9 millones de años-luz de
nosotros en la constelación de la Osa Mayor. Tiene unos 65.000 años-luz
de diámetro.
NGC-3738. Pequeña galaxia enana azul de la constelación de la Osa Mayor. Se extiende por 16.000 años-luz. Tiene estrellas muy jóvenes.
NGC-3753. Galaxia situada en la constelación de Leo.
NGC-3756.
Galaxia espiral situada a 70,4 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de la Osa Mayor. Tiene un diámetro de unos 92.300
años-luz. Tiene un agujero negro de una masa de unas 500 millones de
veces la solar.
NGC-3758.
Galaxia situada de la constelación de Leo, a unos 425 millones de
años-luz de nosotros. También conocida como Markarian 739, tiene dos
núcleos activos debido a la existencia de dos agujeros negros
supermasivos, siendo hallado el segundo gracias a los satélites SWIFT y
Chandra; ambos núcleos están separados por unos 11.000 años-luz.
NGC-3766. Cúmulo estelar abierto de la constelación de Centauro, a unos 5.500 años-luz de nosotros.
NGC-3772. Nebulosa de la constelación de la Quilla.
NGC-3782.
Galaxia espiral barrada situada de la constelación de la Osa Mayor, a
unos 45,6 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 21.900 años-luz
de diámetro.
NGC-3783. Galaxia espiral barrada activa Seyfert tipo 1 que se halla a 130 millones de años-luz de nosotros. Tiene un gigantesco agujero negro de 9.300.000 masas solares que crea en su entorno gases acelerados a velocidades de más de 440 Km/seg. Su estudio en el IR ha permitido determinar que la formación toroidal de polvo de la que se nutre tiene un radio de nada menos que 0,52 años-luz. En la parte principal de tal anillo, la temperatura del polvo es entre 700º y 1.000ºC, pero por encima y debajo hay polvo frío.
NGC-3794. También citada como NGC-3804.
Galaxia espiral situada a 74,7 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de la Osa Mayor. Tiene un diámetro de unos 45.400
años-luz.
NGC-3801.
Galaxia en la que las supernovas que contiene absorben el gas e impiden
la creación de nuevas estrellas con ayuda de la energía emitida por un
agujero negro supermasivo central, según estudio UV con el ingenio
espacial GALEX.
NGC-3804. Ver NGC-3794.
NGC-3810. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Leo.
NGC-3842. Galaxia
elíptica de la constelación de Leo que tiene un agujero negro de una
masa de unas 9.700 millones de masas solares, siendo así uno de los
mayores conocidos (2011).
NGC-3850.
Galaxia espiral barrada situada a 64,9 millones de años-luz de nosotros
en la constelación de la Osa Mayor. Tiene un diámetro de unos 38.200
años-luz.
NGC-3870.
Galaxia lenticular situada de la constelación de la Osa Mayor, a unos
45,6 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 17.300 años-luz de
diámetro.
NGC-3877.
Galaxia espiral de la constelación de la Osa Mayor, a 53,3 millones de
años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 78.400 años-luz.
NGC-3887. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de la Copa.
NGC-3893.
Galaxia espiral que se encuentra al sur de la Osa Mayor, a unos 56,4
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 68.800 años-luz de
diámetro. Tiene un agujero negro en su centro de 32 millones de masas
solares.
NGC-3896.
Galaxia lenticular que se encuentra al sur de la Osa Mayor, a unos 54,1
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 34.000 años-luz de
diámetro.
NGC-3898.
Galaxia espiral situada a 63,6 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de la Osa Mayor. Tiene un diámetro de unos 91.500
años-luz. Tiene un agujero negro en su zona central de unas 126
millones de masas solares.
NGC-3904. Galaxia elíptica tipo E2 que se encuentra en la constelación de Hydra.
NGC-3906.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de la Osa Mayor a
unos 56 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 39.000 años-luz de
diámetro.
NGC-3917.
Galaxia que se encuentra en la constelación de la Osa Mayor, a unos
55,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 79.200 años-luz de
diámetro.
NGC-3917A. Ver NGC-3931.
NGC-3918. Nebulosa planetaria situada a 3.000 años-luz de nosotros en la constelación de Centaurus. Tiene un diámetro de unos 0,3 años-luz.
NGC-3921.
Galaxia situada a 59 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de la Osa Mayor. Es el resultado de la fusión hace unos
700 millones de años de dos galaxias.
NGC-3923. Galaxia elíptica tipo E3 que se encuentra en la constelación de Hydra.
NGC-3928.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de la Osa Mayor, a
unos 57 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 23.200 años-luz de
diámetro.
NGC-3931.
También llamada NGC-3917A. Galaxia lenticular de la constelación de la
Osa Mayor, a 52,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro
de unos 21.400 años-luz.
NGC-3938. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de la Osa Mayor a unos 49,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 65.000 años-luz de diámetro.
NGC-3945. Galaxia espiral tipo SBb de la constelación de la Osa Mayor.
NGC-3949. Galaxia espiral de la constelación de la Osa Mayor en la que se descubrió la supernova SN 2000db el 7 de agosto de tal año 2000. Está a unos 48.500.000 años-luz de nosotros y tiene unos 48.700 años-luz de diámetro.
NGC-3953.
Galaxia espiral barrada tipo SBb de la constelación de la Osa Mayor en
la que apareció la supernova SN 2001DP. Está a unos 59,3 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 110.000 años-luz de diámetro.
NGC-3962. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de la Copa.
NGC-3972.
Galaxia espiral de la constelación de la Osa Mayor, situada a 49,2
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 75.900 años-luz de
diámetro.
NGC-3981. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de la Copa a 65 millones de años-luz de nosotros.
NGC-3982.
Galaxia espiral situada a 61,6 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de la Osa Mayor. Tiene un diámetro de unos 50.000
años-luz. En la misma se registró en 1998 la supernova SN 1998aq de
tipo Ia.
NGC-3985.
Galaxia espiral situada a 57 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de la Osa Mayor. Tiene un diámetro de 17.700 años-luz.
NGC-3987. Galaxia de la constelación de Leo en la que el 19 de febrero de 2001 apareció la supernova SN 2001V.
NGC-3992. Ver M109.
NGC-3998.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de la Osa Mayor
a unos 58,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 57.300
años-luz de diámetro. Tiene en su zona central una agujero negro
supermasivo de posiblemente unas 220 millones de masas solares.
NGC-4102.
Galaxia espiral de la constelación de la Osa Mayor. Está a unos
49.500.000 años-luz de nosotros y tiene unos 60.100 años-luz de
diámetro.
NGC-4013. Galaxia espiral que se localiza a 55.000.000 años-luz de nosotros en la constelación de la Osa Mayor. Desde nuestra posición se ve de perfil, siendo parcialmente ocultada por unas nubes de polvo. Tiene un complejo bucle o estela de estrellas viejas, pero poco ricas en metales, que se distancia a más de 80.000 años-luz de su centro.
NGC-4026.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de la Osa Mayor,
a unos 56,7 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 88.700
años-luz de diámetro.
NGC-4027. Galaxia espiral que se encuentra entre la constelación de la Copa y la del Corvus.
NGC-4030.
Grupo de 4 galaxias de Virgo de las que la principal está situada a 64
millones de años-luz de nosotros. Es una espiral joven de unos 93.600
años-luz de diámetro.
NGC-4036. Galaxia elíptica del tipo S0 de la constelación de la Osa Mayor.
NGC-4037.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Coma Berenices a
unos 60,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 30.300 años-luz
de diámetro.
NGC-4038/NGC-4039.
Galaxias Las Antenas, en la constelación de Corvus, que son el
resultado de una colisión desde hace unos 100.000.000 años. Se
encuentran de nosotros a unos 63.000.000 años-luz. Son de los tipos Sc
y SBm. Su estudio espectral (2018) indica que parecen tener compuestos
orgánicos.
NGC-4041. Galaxia elíptica del tipo S0 de la constelación de la Osa Mayor.
NGC-4051.
Galaxia espiral del tipo SBb de la constelación de la Osa Mayor,
situada a 44,3 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 78.000
años-luz de diámetro.
NGC-4062.
Galaxia espiral de la constelación de la Osa Mayor, situada a 49,2
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 68.700 años-luz de
diámetro.
NGC-4085.
Galaxia espiral situada de la constelación de la Osa Mayor, a unos 45,9
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 53.600 años-luz de
diámetro.
NGC-4088.
Galaxia espiral del tipo SBb de la constelación de la Osa Mayor,
situada a unos 45,3 millones de años-luz de nosotros. Tiene 78.000
años-luz de diámetro.
NGC-4096.
Galaxia espiral de la constelación de la Osa Mayor, situada a 37,5
millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 79.000
años-luz.
NGC-4100.
Galaxia espiral de la constelación de la Osa Mayor, situada a 61,2
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 104.000 años-luz de
diámetro.
NGC-4103. Cúmulo abierto cercano a la constelación de la Cruz del Sur.
NGC-4105. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Hydra.
NGC-4111.
Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de la Osa Mayor a
unos 48,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 56.000 años-luz
de diámetro.
NGC-4116. Galaxia espiral barrada de Virgo situada a 65,3 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 65.300 años-luz de diámetro.
NGC-4117.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Canes
Venatici a unos 56 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 55.000
años-luz de diámetro.
NGC-4123.
Galaxia espiral barrada de Virgo situada a unos 60 o 65 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 73.900 años-luz de diámetro.
NGC-4125. Galaxia elíptica que localizamos en la constelación del Dragón. En la misma se observó la supernova SN2016coj el 28 de mayo de tal 2016.
NGC-4136.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Coma Berenices.
Tiene un diámetro de unos 30.000 años-luz. Cuenta con un agujero negro
supermasivo de cerca de 400.000 masas solares.
NGC-4138.
Galaxia espiral (o lenticular) de tipo Seyfert que se encuentra en la
constelación de Canes Venatici a unos 52,8 millones de años-luz de
nosotros. Tiene unos 54.000 años-luz de diámetro. Tiene un agujero
negro central supermasivo de unas 18 millones de masas solares.
NGC-4141. Galaxia espiral situada a unos 130 millones de años-luz de nosotros en la constelación de la Osa Mayor.
NGC-4143.
Galaxia elíptica (o lenticular) que se encuentra en la constelación de
Canes Venatici. Tiene unos 59.000 años-luz de diámetro. Tiene un
agujero negro central supermasivo de mas de 40 millones de masas
solares.
NGC-4144.
Galaxia espiral barrada que se encuentra a 22 millones de años-luz de
nosotros en la constelación de la Osa Mayo. Tiene 32.400 años-luz de
diámetro.
NGC-4145. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Canes Venatici.
NGC-4147. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Coma Berenices.
NGC-4150.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Coma
Berenices a unos 42.000.000 años-luz de nosotros. Tiene unos 28.600
años-luz de diámetro.
NGC-4151. Galaxia espiral, tipo Sb, situada a unos 15.000.000 pársecs de nosotros. Da su nombre a las denominadas del tipo Seyfert, por ser la primera estudiada con tales características.
NGC-4157. Galaxia de la Osa Mayor situada a unos 46,3 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 125.000 años-luz de diámetro. En la misma se identificaron las supernovas 1937A, 1955A y 2003J.
NGC-4163. Galaxia enana irregular.
NGC-4168.
Galaxia elíptica de tipo Seyfert 1 situada en la constelación de Virgo
a unos 125,5 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 80.100
años-luz de diámetro.
NGC-4179.
Galaxia lenticular situada a 58,7 millones de años-luz de nosotros en
Virgo. Tiene unos 68.300 años-luz de diámetro. En realidad, el objeto
comprende además otras 6 galaxias.
NGC-4180.
Galaxia espiral barrada del Cúmulo de Virgo situada a 117,4 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 70.500 años-luz de diámetro.
NGC-4183.
Galaxia espiral situada a unos 55,4 millones de años-luz de nosotros en
la constelación de Canes Venatici. Tiene casi 100.000 años-luz de
diámetro o longitud.
NGC-4189. Galaxia espiral de la constelación de Coma Berenices situada a 117 millones de años-luz de nosotros. Tiene 76.700 años-luz de diámetro.
NGC-4191.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a 144,7 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 71.200 años-luz de diámetro.
NGC-4192. Ver M98.
NGC-4193.
Galaxia espiral de la constelación de Virgo situada a 134,6 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 101.000 años-luz de diámetro.
NGC-4197. Galaxia espiral del Cúmulo de Virgo situada a 116,7 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 98.800 años-luz de diámetro.
NGC-4203.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Coma
Berenices a 56.000 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro
de unos 62.200 años-luz.
NGC-4206.
Galaxia espiral de la constelación de Virgo situada a 60,1 millones de
años-luz de nosotros. Tiene 175.000 años-luz de diámetro.
NGC-4214. Galaxia irregular enana barrada que se encuentra en la constelación de Canes Venatici a unos 9,8 millones de años-luz de nosotros. Tiene una extensión máxima de 23.000 años-luz. Está formada por nubes de gas, especialmente de hidrógeno, y estrellas jóvenes con temperaturas entre los 10.000 y los 50.000ºC.
NGC-4215.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a 113,4 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 51.000 años-luz de diámetro.
NGC-4216. Galaxia espiral barrada, tipo SBc, que se encuentra en la constelación de Virgo.
NGC-4217.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Canes Venatici a
59,3 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 93.900 años-luz de
diámetro. En su campo magnético se han descubierto por radiotelescopio
unas curiosas estructuras en forma de equis, helicoidal y en dos
superburbujas, que se extienden fuera de la galaxia más de 20.000
años-luz.
NGC-4218.
Galaxia irregular de la constelación de la constelación de Canes
Venatici, situada a 44,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos
20.000 años-luz de diámetro.
NGC-4220.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Canes
Venatici a unos 53,8 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos
79.600 años-luz de diámetro.
NGC-4223.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a 123,6 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 82.900 años-luz de diámetro.
NGC-4224.
Galaxia espiral del Cúmulo de Virgo situada a 140,8 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 148.000 años-luz de diámetro.
NGC-4233.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a 125,5 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 80.700 años-luz de diámetro.
NGC-4234A. Galaxia espiral del Cúmulo de Virgo situada a 113,8 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 52.000 años-luz de diámetro.
NGC-4235.
Galaxia espiral del Cúmulo de Virgo situada a 125,5 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 87.300 años-luz de diámetro. Posee un
agujero negro central de unas 25 millones de masas solares.
NGC-4236.
Galaxia espiral barrada que se halla a 14,5 millones de años-luz de
nosotros en la constelación de Draco. Mide unos 93.000 años-luz de
diámetro.
NGC-4237.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Coma Berenices a
unos 57,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos
50.500 años-luz.
NGC-4239.
Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Coma Berenices
a unos 59,3 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 28.400
años-luz de diámetro.
NGC-4242. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Canes Venatici a unos 18 millones de años-luz de nosotros.
NGC-4244.
Galaxia espiral situada a 14,6 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Canes Venatici. Tiene un diámetro de unos 83.000
años-luz.
NGC-4245.
Galaxia elíptica de la constelación de Coma Berenices, situada a 55,5
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 47.300 años-luz de
diámetro.
NGC-4248.
Galaxia irregular que se encuentra a 36 millones de años-luz de
nosotros en la constelación de Canes Venatici. Su diámetro es de 20.800
años-luz.
NGC-4251. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Coma Berenices a 62,5 millones de años-luz de nosotros. Tiene 56.000 años-luz de diámetro.
NGC-4254. Ver M99.
NGC-4255.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo, situada a 112,8 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 36.700 años-luz de diámetro.
NGC-4258. Ver M106.
NGC-4259.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a 135,6 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 73.200 años-luz de diámetro.
NGC-4260.
Galaxia espiral barrada de tipo Seyfert del Cúmulo de Virgo, situada a
102 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 143.000 años-luz de
diámetro.
NGC-4261.
Galaxia espiral tipo E2 situada a 90.000.000 años-luz en Virgo que
tiene en su centro un agujero negro de 300 años-luz de diámetro y
400 millones de soles de masa; este último fue fotografiado por el
telescopio espacial Hubble. Tiene unos 123.000 años-luz de diámetro.
NGC-4262.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Coma
Berenices a 64,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de
35.700 años-luz.
NGC-4264.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a 137 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 55.500 años-luz de diámetro.
NGC-4267. Galaxia lenticular situada en la constelación de Virgo a unos 65,2 millones de años-luz de nosotros. Tiene 57.000 años-luz de diámetro.
NGC-4268.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a 113,2 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 43.200 años-luz de diámetro.
NGC-4269B.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a 138,6 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 54.200 años-luz de diámetro.
NGC-4270.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a 128,8 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 48.400 años-luz de diámetro.
NGC-4273. Galaxia espiral del Cúmulo de Virgo situada a 131 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 68.900 años-luz de diámetro.
NGC-4274. Galaxia espiral barrada que se encuentra en la constelación de Coma Berenices situada a 58,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 99.000 años-luz de diámetro.
NGC-4276.
Galaxia espiral barrada del Cúmulo de Virgo situada a 142,4 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 45.000 años-luz de diámetro.
NGC-4277.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a 121,9 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 17.800 años-luz de diámetro.
NGC-4278.
Galaxia elíptica tipo Seifert I que se encuentra en la constelación de
Coma Berenices a 43,5 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos
67.000 años-luz de diámetro.
NGC-4281.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a 145 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 84.700 años-luz de diámetro.
NGC-4288.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Canes Venatici, situada a
35,5 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 42.000
años-luz.
NGC-4292B. Galaxia del Cúmulo de Virgo situada a 125,5 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 23.200 años-luz de diámetro.
NGC-4293.
Galaxia espiral (o lenticular) que se encuentra en la constelación de
Coma Berenices a unos 58,68 millones de años-luz de nosotros. Tiene
unos 79.600 años-luz de diámetro. Tiene un agujero negro en su centro
de unas 32 millones de masas solares.
NGC-4298.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Coma Berenices a
unos 51 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 54.000 años-luz de
diámetro.
NGC-4300.
Galaxia lenticular tipo Seyfert del Cúmulo de Virgo situada a 125,8
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 30.500 años-luz de
diámetro.
NGC-4302.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Coma Berenices a
unos 68,6 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 107.000 años-luz
de diámetro.
NGC-4303. Ver M61.
NGC-4305. Galaxia del Cúmulo de Virgo situada a unos 108,2 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 24.200 años-luz de diámetro.
NGC-4306.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a unos 89 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 24.000 años-luz de diámetro.
NGC-4307.
Galaxia que se encuentra en la constelación de Virgo a 67,1 millones de
años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de 93.900 años-luz.
NGC-4309. Galaxia lenticular situada en la constelación de Virgo a unos 66,5 millones de años-luz de nosotros. Tiene 60.900 años-luz de diámetro.
NGC-4313.
Galaxia espiral situada a 45 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Virgo. Tiene unos 73.900 años-luz de diámetro.
NGC-4314. Galaxia espiral barrada situada a 42.000.000 años-luz de nosotros en la Constelación de la Coma de Berenice que muestra en el contorno de su centro una región anular de jóvenes estrellas, caso que no es nada común.
NGC-4316.
Galaxia que se encuentra en la constelación de Virgo a 76,2 millones de
años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de 83.100 años-luz.
NGC-4319. Galaxia espiral situada a 80.000.000 años-luz en la constelación de Draco.
NGC-4321. Ver M100.
NGC-4324.
Galaxia Seyfert Tipo 2 situada a unos 85,4 millones de años-luz de
nosotros en la constelación de Virgo. Tiene unos 66.000 años-luz de
diámetro.
NGC-4336.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Coma
Berenices a 65,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de
34.000 años-luz.
NGC-4339.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Coma
Berenices a unos 52,6 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos
36.700 años-luz de diámetro.
NGC-4340.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
60,3 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 60.900 años-luz de
diámetro.
NGC-4342. Galaxia lenticular de la constelación de Virgo situada a 53,14 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 20.500 años-luz de diámetro. Tiene en la zona central un agujero negro supermasivo de unas 133 millones de masas solares.
NGC-4343.
Galaxia espiral de la constelación de Virgo situada a unos 64,2
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 67.500 años-luz de
diámetro.
NGC-4344.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Coma
Berenices a 70,8 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de
18.100 años-luz.
NGC-4346. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Canes Venatici a unos 49,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 48.000 años-luz de diámetro.
NGC-4349. Cúmulo abierto de la constelación de la Cruz del Sur.
NGC-4350.
Galaxia lenticular situada a 54 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Coma Berenices. Tiene 47.500 años-luz de diámetro.
Posee cerca de 200 cúmulos globulares.
NGC-4352. Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a 116 millones de años-luz de nosotros. Tiene 35.200 años-luz de diámetro.
NGC-4361. Nebulosa planetaria que se encuentra en la constelación de Corvus.
NGC-4364. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Hydra.
NGC-4365.
Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
76,2 millones de años-luz de nosotros. Tiene 142.000 años-luz de
diámetro. Está envuelta en cerca de 3.500 cúmulos globulares y es
vieja, de unos 12.000 millones de años. Curiosamente algunos de esos
cúmulos estelares son jóvenes.
NGC-4370.
Galaxia espiral de la constelación de Virgo situada a 53,5 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 53.000 años-luz de diámetro.
NGC-4371.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
60,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 39.100 años-luz de
diámetro.
NGC-4372. Cúmulo globular de la constelación de la Mosca situado a unos 18.900 años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 99 años-luz.
NGC-4373. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación del Centauro.
NGC-4374. Ver M84.
NGC-4377.
Galaxia lenticular situada a 57,9 millones de años-luz de nosotros en
la constelación de Coma Berenices. Tiene 28.600 años-luz de diámetro.
NGC-4378.
Galaxia espiral del Cúmulo de Virgo situada a 139,5 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 131.000 años-luz de diámetro.
NGC-4379.
Galaxia lenticular situada en la constelación de Coma Berenices a unos
51,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 30.200
años-luz.
NGC-4380.
Galaxia espiral de la constelación de Virgo situada a 61,6 millones de
años-luz de nosotros. Tiene 62.800 años-luz de diámetro.
NGC-4382. Ver M85.
NGC-4383.
Galaxia espiral situada a 58,8 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Coma Berenices. Tiene 39.400 años-luz de diámetro.
NGC-4387.
Galaxia elíptica situada a 41,7 millones de años-luz en la constelación
de Virgo. Tiene unos 30.000 años-luz de diámetro. Posee un agujero
negro supermasivo de unas 38,9 millones de veces la masa del Sol.
NGC-4388. Galaxia espiral de la constelación de Virgo situada a 137,2 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 110.000 años-luz de diámetro.
NGC-4389.
Galaxia espiral barrada de la constelación de la constelación de Canes
Venatici, situada a 44,6 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos
30.000 años-luz de diámetro.
NGC-4390.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Virgo a 69,1
millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de 38.500 años-luz.
NGC-4395.
Galaxia espiral situada en la constelación de Canes Venatici, a unos
11.000.000 años-luz de nosotros. Tiene en el centro un agujero negro
supermasivo, de unas 10.000 masas solares, a pesar de no ser una
galaxia con núcleo grueso.
NGC-4405.
Galaxia lenticular situada a 58,2 millones de años-luz de nosotros en
la constelación de Coma Berenices. Tiene 33.300 años-luz de diámetro.
NGC-4406. Ver M86.
NGC-4412. Galaxia espiral del Cúmulo de Virgo situada a 124,5 millones de años-luz de nosotros.
NGC-4414.
Galaxia espiral que está a unos 60.000.000 años-luz de nosotros en
la constelación de Coma Berenices. Tiene unos 76.000 años-luz de diámetro.
NGC-4415.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
59,7 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 22.500 años-luz de
diámetro.
NGC-4416.
Galaxia espiral barrada que se encuentra en la constelación de Virgo a
83,6 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de 71.900
años-luz.
NGC-4421.
Galaxia lenticular situada en la constelación de Coma Berenices a unos
49,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 46.000 años-luz de
diámetro.
NGC-4423. Galaxia espiral que está a unos 55 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Virgo.
NGC-4424.
Galaxia espiral que se encuentra a unos 54 millones (o 37 según otros)
de años-luz de nosotros en el cúmulo de galaxias de Virgo. Su diámetro
es de unos 48.600 años-luz. Tiene un agujero negro de una masa de más
de 60.000 veces la solar.
NGC-4425.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a unos 106,9 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 47.000 años-luz de diámetro.
NGC-4429.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
69,1 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 86.800 años-luz de
diámetro.
NGC-4430.
Galaxia espiral barrada que se encuentra en la constelación de Virgo a
62,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 53.000
años-luz.
NGC-4431.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
60,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 58.700 años-luz de
diámetro.
NGC-4434.
Galaxia elíptica de la constelación de Virgo situada a unos 67,8
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 32.700 años-luz de
diámetro.
NGC-4438.
Galaxia lenticular situada a unos 50 millones de años-luz de nosotros
en el cúmulo de Virgo. Tiene unos 107.000 años-luz de diámetro. Forma
con la NGC-4435 la formación llamada Los Ojos de Markarian.
NGC-4440.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Virgo situada a unos 50
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 30.600 años-luz de
diámetro.
NGC-4442.
Galaxia lenticular situada a 48 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Virgo. Tiene unos 63.900 años-luz de diámetro.
NGC-4445.
Galaxia espiral situada a 32,9 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Virgo. Tiene unos 57.000 años-luz de diámetro.
NGC-4448. Galaxia espiral barrada que se encuentra en la constelación de Coma Berenices a unos 30 millones de años-luz de nosotros.
NGC-4449. Galaxia irregular enana barrada que se encuentra en la constelación de Canes Venatici a unos 12,5 millones de años-luz de nosotros. Tiene una extensión máxima de unos 27.000 años-luz. Tiene grandes nubes de gas y polvo y estrellas en formación con una distribución en diversas zonas. Además está adquiriendo material de otra galaxia próxima más pequeña.
NGC-4450. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Coma Berenices.
NGC-4451.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Virgo a unos 57
millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 37.000
años-luz.
NGC-4457. Galaxia de la constelación de Virgo situada a unos 39 millones de años-luz. Tiene unos 38.700 años-luz de diámetro.
NGC-4458.
Galaxia espiral situada a 48,25 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Virgo. Tiene 30.400 años-luz de diámetro.
NGC-4459.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Coma
Berenices a 52,1 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 53.800
años-luz de diámetro.
NGC-4460.
Galaxia espiral que se encuentra a 31 millones de años-luz de nosotros
en la constelación de Canes Venatici. Su diámetro es de 35.400
años-luz.
NGC-4461.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a unos 108,2 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 50.600 años-luz de diámetro.
NGC-4463. Cúmulo abierto de la constelación de la Cruz del Sur.
NGC-4464.
Galaxia situada en la constelación de Virgo a unos 51,1 millones de
años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 18.900 años-luz.
NGC-4469.
Galaxia lenticular situada a 54,6 millones de años-luz de nosotros en
la constelación de Virgo. Tiene unos 60.400 años-luz de diámetro.
NGC-4472. Ver M49.
NGC-4473.
Galaxia elíptica situada en la constelación de Coma Berenices a unos
123,5 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 68.400 años-luz de
diámetro. Tiene en su entorno 375 cúmulos globulares y en su centro un
agujero negro de unas 110 millones de masas solares.
NGC-4474.
Galaxia lenticular situada en la constelación de Coma Berenices a unos
49,8 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 38.200 años-luz de
diámetro. Tiene en su entorno 116 cúmulos globulares.
NGC-4476.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo situada a unos 110 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 29.400 años-luz de diámetro.
NGC-4477.
Galaxia lenticular Seyfer que se encuentra en la constelación de Coma
Berenices a 62 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de
unos 68.600 años-luz.
NGC-4478.
Galaxia lenticular situada a 54,1 millones de años-luz de nosotros en
la constelación de Virgo. Tiene 39.700 años-luz de diámetro.
NGC-4479.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Coma
Berenices a 56,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de
unos 26.900 años-luz. Pequeña, está acompañada de cerca de 60 cúmulos
globulares.
NGC-4480. Galaxia espiral del Cúmulo de Virgo situada a 133,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 98.000 años-luz de diámetro.
NGC-4482.
Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
59,3 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 29.300 años-luz de
diámetro.
NGC-4483.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Coma
Berenices a unos 58,68 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos
31.000 años-luz de diámetro.
NGC-4485.
Galaxia irregular situada a 29,1 millones de años-luz de nosotros en
la constelación de Canes Venatici. Tiene 17.100 años-luz de diámetro. Su deformación se achaca a la
influencia gravitatoria de su galaxia cercana NGC-4490.
NGC-4486. Ver M87.
NGC-4486b. Galaxia satélite de la anterior, a 50.000.000 años-luz, que tiene un agujero negro en su centro con una masa de aproximadamente 500 millones de soles.
NGC-4487. Galaxia espiral de la constelación de Virgo situada a unos 55,3 millones de años-luz. Tiene unos 67.100 años-luz de diámetro.
NGC-4488.
Galaxia lenticular situada a 63,2 millones de años-luz de nosotros en
la constelación de Virgo. Tiene 35.100 años-luz de extensión.
NGC-4489.
Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Coma Berenices
a unos 60,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 26.000
años-luz de diámetro. Tiene unos 30 cúmulos globulares. En su centro
tiene un agujero negro de posiblemente más de 100 millones de masas
solares.
NGC-4490.
Galaxia espiral barrada tipo SBcd, llamada del Capullo, que se encuentra en la constelación
de Canes Venatici a 30 millones de años-luz de nosotros. Su diámetro es de 58.700 años-luz.
NGC-4491.
Galaxia espiral barrada que se encuentra a unos 40,3 millones de
años-luz de nosotros en la constelación de Virgo. Su diámetro es de
7.830 años-luz.
NGC-4492.
Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
62,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 38.500 años-luz de
diámetro.
NGC-4493. Galaxia de la constelación de Virgo. En la misma fue descubierta la SN 2004br el 15 de mayo de tal año.
NGC-4494.
Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Coma Berenices
a unos 45 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 60.000 años-luz
de diámetro.
NGC-4496.
Son 2 galaxias (A, también llamada NGC-4505, y B) superpuestas desde
nuestra posición, espiral barrada A e irregular la B, situadas a 49,7
millones de años-luz la A y a unos 200 millones de años-luz la B, en la
constelación de Virgo.
NGC-4497.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a 66
millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de 31.500
años-luz.
NGC-4498. Galaxia espiral situada en la constelación de Coma Berenices a unos 50,8 millones de años-luz de nosotros.
NGC-4501. Ver M88.
NGC-4503.
Galaxia lenticular situada a 35,8 millones de años-luz de nosotros en
la constelación de Virgo. Tiene unos 36.900 años-luz de diámetro.
NGC-4504.
Galaxia de la constelación de Virgo situada a unos 64,8 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 70.700 años-luz de diámetro.
NGC-4506.
Galaxia espiral enana situada a 42,7 millones de años-luz de nosotros
en la constelación de Coma Berenices. Tiene solo 7.960 años-luz de
diámetro.
NGC-4515.
Galaxia espiral de la constelación de Coma Berenices situada a unos
61,2 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 25.600 años-luz de
diámetro.
NGC-4516. Galaxia espiral barrada de la constelación de Coma Berenices situada a unos 60,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 31.600 años-luz de diámetro.
NGC-4517.
Galaxia espiral de la constelación de Virgo situada a 70,7 millones
de años-luz de nosotros. Tiene unos 95.300 años-luz de diámetro. Se
cita a veces como NGC-4437.
NGC-4520. Objeto de la constelación de Virgo en la que se descubrió el 11 de abril de 2000 la supernova SN 2000bk.
NGC-4522.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Virgo situada a unos
128,1 millones de años-luz de nosotros. Tiene 66.400 años-luz de
diámetro.
NGC-4526.
Galaxia lenticular barrada situada a 55 millones de años-luz de
nosotros en la constelación de Virgo. Tiene unos 100.000 años-luz de diámetro. En la misma se registró en 1994
la supernova SN 1994D de tipo Ia.
NGC-4527. Galaxia espiral situada en la constelación de Virgo a unos 48,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 83.000 años-luz de diámetro. En la misma, el 20 de marzo de 1915 se observó el estallido de una supernova (SN1915A); y también otras.
NGC-4528.
Galaxia lenticular situada en la constelación de Virgo a unos 48,8
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 26.400 años-luz de
diámetro.
NGC-4532.
Galaxia irregular situada en la constelación de Virgo a unos 44,9
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 45.700 años-luz de
diámetro.
NGC-4535. Galaxia espiral barrada situada en la constelación de Virgo a unos 50,8 millones de años-luz de nosotros. Tiene 115.000 años-luz de diámetro.
NGC-4536.
Galaxia espiral situada en la constelación de Virgo a unos 48,7
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 115.000 años-luz de
diámetro.
NGC-4539.
Galaxia espiral barrada que se encuentra en la constelación de Coma
Berenices a 82,3 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de
88.000 años-luz.
NGC-4540. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Coma Berenices a 63 millones de años-luz de nosotros.
NGC-4546.
Galaxia lenticular de la constelación de Virgo situada a unos 67,5
millones de años-luz. Tiene unos 53.100 años-luz de diámetro.
NGC-4548. Ver M91.
NGC-4551.
Galaxia elíptica situada a 54,8 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Virgo. Tiene 29.000 años-luz de diámetro.
NGC-4552. Ver M89.
NGC-4555.
Galaxia elíptica situada en la constelación de Coma Berenices a unos
300 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 125.000
años-luz.
NGC-4559. Galaxia espiral Tipo Sb situada en la constelación en Coma Berenices, a 30.000.000 años-luz. Tiene un diámetro de unos 54.800 años-luz.
NGC-4561.
Galaxia espiral barrada situada a 56,4 millones de años-luz de nosotros
en la constelación de Coma Berenices. Tiene 26.000 años-luz de
diámetro.
NGC-4564.
Galaxia elíptica situada a 57 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Virgo. Tiene 58.800 años-luz de diámetro.
NGC-4565. Galaxia espiral Tipo Sb, llamada de la Aguja, situada en la constelación en Coma Berenices, a 42.000.000 años-luz de nosotros (también se señala 47 millones). Tiene 90.000 años-luz de diámetro (otra fuente indica 400.000 años-luz).
NGC-4567. Galaxia espiral, tipo Sc, que se encuentra en la constelación de Virgo, situada a unos 123,2 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 92.900 años-luz de diámetro.
NGC-4568. Galaxia espiral, tipo Sc, que se encuentra en la constelación de Virgo, situada a unos 123,8 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 92.600 años-luz de diámetro.
NGC-4569. Ver la M90.
NGC-4570.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
56,1 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 68.500 años-luz de
diámetro.
NGC-4571. Galaxia espiral barrada del cúmulo de Virgo situada a 48 millones de años-luz en la constelación de Coma Berenices.
NGC-4578.
Galaxia elíptica de la constelación de Virgo situada a unos 126
millones de años-luz de nosotros. Tiene 51.500 años-luz de diámetro.
NGC-4579. Ver M58.
NGC-4580.
Galaxia espiral situada en la constelación de Virgo a unos 65,8
millones de años-luz de nosotros. Tiene 52.700 años-luz de diámetro.
NGC-4581.
Galaxia elíptica Seyfert Tipo 2 situada a 78 millones de años-luz de
nosotros en la constelación de Virgo. Tiene unos 77.500 años-luz de
diámetro.
NGC-4584.
Galaxia espiral del Cúmulo de Virgo situada a unos 98,1 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 27.100 años-luz de diámetro.
NGC-4590. Ver M68.
NGC-4592. Galaxia espiral de la constelación de Virgo situada a unos 64,7 millones de años-luz de nosotros.
NGC-4594. Ver la M104.
NGC-4595.
Galaxia espiral situada a 45,64 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Coma Berenices. Tiene 23.300 años-luz de diámetro.
NGC-4598.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
110 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 43.900 años-luz de
diámetro.
NGC-4599.
Galaxia situada a unos 78 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Virgo. Tiene unos 63.400 años-luz de diámetro.
NGC-4600.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
57 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 14.100
años-luz.
NGC-4603. Galaxia situada a 108.000.000 años-luz de nosotros en el cúmulo de Centaurus.
NGC-4605. Galaxia espiral tipo SBc que se encuentra en la constelación de la Osa Mayor a unos 17,8 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 32.000 años-luz de diámetro.
NGC-4606.
Galaxia espiral barrada situada a 48,7 millones de años-luz de nosotros
en la constelación de Virgo. Tiene unos 46.900 años-luz de diámetro.
NGC-4607.
Galaxia espiral barrada situada en la constelación de Virgo a unos
124,2 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 49.700 años-luz de
diámetro.
NGC-4612.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
54,6 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 39.000 años-luz de
diámetro.
NGC-4618. Galaxia espiral barrada que se encuentra en la constelación de Canes Venatici a unos 37 millones de años-luz de nosotros. Tiene solo un brazo espiral que destaque. Su diámetro es de 38.800 años-luz.
NGC-4620.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
69,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 36.500 años-luz de
diámetro.
NGC-4621. Ver M59.
NGC-4622. Galaxia espiral que se localiza a 200 millones de años-luz (111 millones según otra fuente), en la constelación del Centauro, y cuyo centro o núcleo gira en sentido contrario a las agujas del reloj, mientras sus brazos lo hacen en sentido inverso, cosa muy poco habitual en las galaxias, posiblemente debido a su colisión con otra menor. Fue fotografiado por el telescopio espacial Hubble en mayo de 2001.
NGC-4623.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
52,7 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 34.300 años-luz de
diámetro. Tiene un agujero negro en su centro que tiene unas 79
millones de masas solares.
NGC-4625.
Galaxia espiral que se considera similar o réplica de nuestra Vía
Láctea pero con estrellas mucho más jóvenes, de unos 1.000 millones de
años de antigüedad. Está en la constelación de Canes Venatici, a unos
30 millones de años-luz de nosotros. Tiene un largo brazo que envuelve
la galaxia y otros 3 o 4 menores un tanto difusos. Su diámetro es de unos 17.000 años-luz.
NGC 4627. Pequeña galaxia elíptica localizada en la constelación de Canes Venatici.
NGC-4630.
Galaxia irregular de la constelación de Virgo situada a 51,83 millones
de años-luz de nosotros. Tiene unos 29.300 años-luz de diámetro.
NGC-4631. Galaxia espiral Tipo Sc situada en la constelación de Canes Venatici a 25.000.000 años-luz de nosotros. Su diámetro es de unos 120.000 años-luz. Contiene dos grandes burbujas de gas estelar, una de ellas de 9.800 años-luz de diámetro, pero aun en expansión a una velocidad de 45 Km/seg.
NGC-4632.
Galaxia espiral situada unos 54,1 millones de años-luz de nosotros,en
la constelación de Virgo. Tiene una extensión de unos 50.000 años-luz.
NGC-4636.
Galaxia elíptica a unos 61,3 millones de años-luz de nosotros, en la
constelación de Virgo, y en la que el satélite Chandra observó una
columna de gas caliente de 25.000 años-luz de larga que se cree que
cae en un agujero negro en el centro galáctico. La nube de gas que
envuelve la galaxia tiene temperaturas del orden de los 10.000.000ºC,
producto seguramente de una explosión en tal centro equivalente a la
de miles de supernovas. La galaxia tiene unos 105.000 años-luz de
diámetro. Tiene un agujero negro supermasivo en su centro de unas 200
millones de masas solares.
NGC-4638.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
71 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 41.800 años-luz de
diámetro.
NGC-4639.
Galaxia espiral barrada Seyfert Tipo I del Cúmulo de Virgo, localizada
a 73.700.000 años-luz de nosotros. Tiene unos 68.800 años-luz de
diámetro. Posee un agujero negro masivo de unas 7 millones de masas
solares.
NGC-4643. Galaxia lenticular situada a 80 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Virgo. Tiene unos 75.700 años-luz de diámetro. Tiene posiblemente en su centro un agujero negro de unas 250 millones de masas solares.
NGC-4647.
Galaxia espiral de la constelación de Virgo a unos 57 millones de
años-luz. Tiene unos 50.000 años-luz de diámetro. En la misma se
manifestó la supernova SN2022hrs.
NGC-4649. Ver M60.
NGC-4650A. Galaxia que se localiza a unos 130.000.000 años-luz de nosotros. Posee un peculiar anillo, quizá como resultado de una colisión con otra galaxia menor hace 1.000 millones de años.
NGC-4651.
Galaxia espiral localizada en Coma Berenices, a 74,2 millones de
años-luz de nosotros, en la que se vio en 1987 una supernova del Tipo
I, la SN1987K. También llamada Parasol por la forma que le confiere una
estructura que encadena una especie de arco de estrellas, tiene unos
87.900 años-luz de diámetro. Su peculiar forma se cree debida a la
interacción con una galaxia enana que habría absorbido en el pasado.
NGC-4654.
Galaxia espiral situada en la constelación de Virgo a unos 65,2
millones de años-luz de nosotros. Tiene 74.000 años-luz de diámetro.
NGC-4656. Galaxia espiral Tipo Sc localizada en la constelación de Canes Venatici, a unos 32.000.000 años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 131.000 años-luz. Está interactuando gravitatoriamente con la NGC-4631.
NGC-4660.
Galaxia elíptica situada en la constelación de Virgo a unos 67,5
millones de años-luz de nosotros. Tiene 39.200 años-luz de diámetro.
Tiene en su centro un agujero negro supermasivo de unas 778 millones de
masas solares.
NGC-4665.
Se cita a veces como NGC-4664 y NGC-4624. Galaxia de la constelación de
Virgo situada a unos 58 millones de años-luz. Tiene unos 75.000
años-luz de diámetro.
NGC-4666.
Galaxia espiral barrada tipo SBc, débil, que se encuentra en la
constelación de Virgo a unos 54,89 millones de años-luz de nosotros. Se extiende por unos 90.000 años-luz.
NGC-4668.
Galaxia pequeña que se encuentra en la constelación de Virgo a unos 55
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 30.000 años-luz de
diámetro.
NGC-4676.
Galaxias de Los Ratones, localizadas en Coma Berenices. Están
interactuando y colisionarán relativamente pronto. Una de ellas
muestra una larga cola de estrellas. Están a unos 300 millones de años-luz de nosotros.
NGC-4684.
Galaxia que se encuentra en la constelación de Virgo a unos 55 millones
de años-luz de nosotros. Tiene unos 70.000 años-luz de diámetro.
NGC-4688.
Galaxia espiral situada a 63 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Virgo. Tiene 31.700 años-luz de extensión.
NGC-4689.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Coma Berenices a
52 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 75.500 años-luz de
diámetro.
NGC-4694.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
71,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 29.000 años-luz de
diámetro.
NGC-4696.
Galaxia elíptica del cúmulo del Centauro, la mayor del mismo. Está a
145 millones de años-luz. Tiene un agujero negro supermasivo en su
centro que muestra oscilaciones con un período de más de 5 millones de
años como resultado de interactuar con la materia de su entorno; este
fenómeno genera ondas de choque y grandes cavidades.
NGC-4697. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Virgo en torno a los 50 millones de años-luz de nosotros. Es del tipo E4 y mide unos 81.000 años-luz de diámetro.
NGC-4699. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Virgo a unos 65 millones de años-luz de nosotros. Es del tipo Sa y tiene unos 85.000 años-luz de diámetro.
NGC-4700. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Virgo a unos 84 millones de años-luz de nosotros (o 29 millones según otra fuente). Es del tipo Seyfert 2 y tiene unos 25.900 años-luz de diámetro.
NGC-4701.
Galaxia espiral de la constelación de Virgo situada a 50,53 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 75.700 años-luz de diámetro.
NGC-4710.
Galaxia espiral del Cúmulo de Virgo situada a unos 68,1 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 70.000 años-luz de diámetro.
NGC-4713.
Galaxia espiral barrada del Cúmulo de Virgo situada a unos 47,3
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 45.000 años-luz de
diámetro.
NGC-4725.
Galaxia espiral barrada Tipo Sb situada en la constelación de Coma
Berenices, a unos 41 millones de años-luz de nosotros. Tiene una
particular y única figura anular, de un solo brazo envolvente. Su
diámetro es de unos 171.000 años-luz.
NGC-4731. Galaxia espiral barrada de Virgo situada a unos 41 millones de años-luz de nosotros. Mide 78.900 años-luz de diámetro.
NGC-4733.
Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Virgo a unos 60
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 28.400 años-luz de
diámetro. Tiene probablemente un agujero negro en su centro de unas 53
millones de masas solares.
NGC-4736. Ver M94.
NGC-4742.
Galaxia elíptica situada a 44,2 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Virgo. Tiene 33.900 años-luz de diámetro.
NGC-4750. Galaxia espiral que localizamos en la constelación del Dragón.
NGC-4753.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a
unos 59,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos
105.000 años-luz.
NGC-4754.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Coma
Berenices a unos 52,4 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos
69.700 años-luz de diámetro.
NGC-4755. Cúmulo abierto del Joyero, o Kappa Crucis, situado a 7.000 años-luz (o 6.400, según otra fuente) en la constelación de la Cruz del Sur. Tiene un centenar de estrellas y solo unos 7.100.000 años de antigüedad.
NGC-4762.
Galaxia lenticular del Cúmulo de Virgo, situada a unos 58 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 139.000 años-luz de diámetro. Tiene
más de 200 cúmulos globulares.
NGC-4771. Galaxia espiral de tipo Seyfert que se encuentra en la constelación de Virgo a unos 64,2 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 83.600 años-luz.
NGC-4772.
Galaxia espiral de tipo Seyfert situada a 88 millones de años-luz de
nosotros en la constelación de Virgo. Tiene unos 86.900 años-luz de
diámetro.
NGC-4775. Galaxia espiral de Virgo situada a unos 53,1 millones de años-luz de nosotros. Mide 33.800 años-luz de diámetro.
NGC-4781.
Galaxia espiral barrada situada a 48,8 millones de años-luz de nosotros
en la constelación de Virgo. Tiene 48.400 años-luz de diámetro.
NGC-4802.
También anotada como NGC-4804. Galaxia lenticular situada a 37,7
millones de años-luz de nosotros en la constelación de Virgo. Tiene
26.300 años-luz de diámetro.
NGC-4808.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Virgo a unos 52
millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de unos 48.000
años-luz.
NGC-4809.
Galaxia enana irregular que se encuentra en la constelación de Virgo a
unos 58,2 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 30.500 años-luz
de diámetro.
NGC-4818.
Galaxia espiral situada a 45,2 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Virgo. Tiene 57.400 años-luz de diámetro.
NGC-4826. Ver la M64.
NGC-4833.
Cúmulo globular en la constelación de la Musca. Tiene unos 84 años-luz de diámetro.
NGC-4845.
Galaxia espiral situada a unos 71 millones de años-luz de nosotros en
la constelación de Virgo. Tiene unos 108.000 años-luz de diámetro. En
la misma se observó en enero de 2012 un incremento de unas mil veces el
brillo para luego desaparecer, fenómeno que se cree debido a un agujero
negro, de 300.000 masas solares, que se tragó gran parte de un planeta
gigante o bien una enana marrón (sus capas más externas). Es la primera
observación astronómica de este tipo.
NGC-4848. Galaxia espiral barrada de la constelación de Coma Berenices.
NGC-4852. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación del Centauro.
NGC-4856. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Virgo a unos 80,9 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 91.300 años-luz de diámetro.
NGC-4858. Galaxia espiral del cúmulo de Coma, situada a más de 300 millones de años-luz de nosotros.
NGC-4874.
Galaxia elíptica gigantesca de la constelación de Berenices a unos 350
millones de años-luz de nosotros. Tiene en su entorno más de 30.000
cúmulos globulares, más que cualquier otra conocida (2017); cada uno de
éstos consta de cientos de miles de estrellas.
NGC-4889.
Galaxia elíptica gigante de la constelación de Coma Berenices a unos
300 millones de años-luz de nosotros. Tiene un agujero negro de una
masa en torno a los 9.700 millones de masas solares (otra cifra citada:
21.000 millones), siendo así uno de los mayores conocidos (2011), pero
actualmente es un agujero negro estable; su horizonte de sucesos tiene
un diámetro estimado en 130.000 millones de Km.
NGC-4900.
Galaxia espiral barrada situada a 70,2 millones de años-luz de nosotros
en la constelación de Virgo. Tiene unos 51.000 años-luz de diámetro.
NGC-4904.
Galaxia espiral barrada de tipo Seyfert situada a 67,3 millones de
años-luz de nosotros en la constelación de Virgo. Tiene unos 47.000
años-luz de diámetro.
NGC-4907.
Galaxia espiral barrada situada a 270 millones de años-luz de nosotros
en la constelación de Coma Berenices. Pertenece al cúmulo de Coma, en
los bordes de la citada constelación.
NGC-4910. Es la NGC-4845.
NGC-4911. Galaxia espiral de la constelación de Coma Berenices, a unos 320 millones de Km de nosotros.
NGC-4921.
Galaxia espiral barrada SBab de la constelación de Coma Berenices a
unos 320 millones de años-luz de nosotros. Es un tanto rara.
NGC-4941. Galaxia espiral Seyfert Tipo 2 de Virgo situada a unos 45 millones de años-luz de nosotros. Mide 47.100 años-luz de diámetro.
NGC-4945. Galaxia espiral SBc del grupo de Centaurus, localizada a unos 11.700.000 años-luz de nosotros, que es muy parecida a la nuestra. Respecto a nuestra posición se mueve a una velocidad de 560 Km/seg. Mide 102.000 años-luz de máxima anchura.
NGC-4951. Galaxia espiral de Virgo situada a unos 51,3 millones de años-luz de nosotros. Mide 50.500 años-luz de diámetro.
NGC-4958. Galaxia lenticular de Virgo situada en torno a los 60 millones de años-luz de nosotros. Mide 46.400 años-luz de diámetro.
NGC-4965. Galaxia en la que se observó la supernova SN2000P el 8 de marzo de tal año.
NGC-4976. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación del Centauro.
NGC-4981.
Galaxia espiral barrada que se encuentra en la constelación de Virgo a
unos 96,3 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 91.300 años-luz
de diámetro.
NGC-4984.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
77 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 55.700 años-luz de
diámetro.
NGC-4993. Galaxia lenticular de la constelación de Hydra.
NGC-4995.
Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Virgo a unos 99
millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 62.900 años-luz de
diámetro.
NGC-5005. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Canes Venatici a 44 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 75.000 años-luz de diámetro.
NGC-5024. Ver M53.
NGC-5033. Galaxia espiral situada en la constelación de Canes Venatici a 41 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de 125.000 años-luz.
NGC-5053. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Coma Berenices.
NGC-5054. Galaxia espiral de la constelación de Virgo situada a unos 98,9 millones de años-luz. Tiene unos 83.800 años-luz de diámetro.
NGC-5055. Ver M63.
NGC-5061. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Hydra.
NGC-5067. Nebulosa de Cygnus. Muy débil para la observación.
NGC-5070. Nebulosa de Cygnus, también llamada del Pelícano. Muy débil para la observación.
NGC-5084.
Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
80,5 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 200.000 años-luz de
diámetro.
NGC-5085. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Hydra.
NGC-5087.
Galaxia lenticular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos
104 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 175.000 años-luz de
diámetro.
NGC 5097. Galaxia espiral situada a 40 millones de años-luz de nosotros y que se formaría hace unos 5.000 millones de años sobre los restos de una galaxia enana que ahora tiene de satélite.
NGC-5102. Galaxia lenticular tipo S0 que se encuentra a unos 11,8 millones de años-luz de nosotros, en la constelación del Centauro. Se extiende por 44.000 años-luz.
NGC-5128.
Galaxia elíptica gigante de Centauro A, a 13.700.000 años-luz (o
12.000.000 según otra fuente) de
nosotros en la constelación del mismo nombre, identificada como una
de las primeras radiofuentes conocidas. Tiene un agujero negro de una
masa unas 55 millones de veces la solar. Se cree que podría tener en su
entorno unos 2.000 cúmulos globulares, algunos muy brillantes y
masivos. En esta galaxia se descubrió el 8 de febrero de 2016 la supernova SN2016adj.
NGC-5139. Cúmulo globular Omega Centauri, situado en el brazo de Norma de la Vía Láctea, constelación del Centauro, que contiene estrellas más viejas que el Sol y es el cúmulo más cercano a nosotros, si bien está a 17.000 años-luz (o 15.800 según otros). Tiene unos 300 años-luz de diámetro y unos 10 millones de estrellas.
NGC-5152. Galaxia irregular que se encuentra a unos 4 millones de años-luz de nosotros.
NGC-5170. Galaxia espiral de la constelación de Virgo situada a unos 83,5 millones de años-luz.
NGC-5189. Nebulosa planetaria espiral, también llamada IC-4274, de la constelación de la Musca, situada a unos 3.000 años-luz de nosotros.
NGC-5194. Ver M51.
NGC-5195. Galaxia irregular situada a 20.000.000 años-luz que es satélite de la espiral M51, o galaxia del Remolino.
NGC-5204. Galaxia situada en la constelación de la Osa Mayor a 15,2 millones de años-luz. Su extensión máxima es de 22.600 años-luz.
NGC-5236. Ver M83.
NGC-5237. Galaxia similar a la Vía Láctea situada a 10.000.000 años-luz en Hydra.
NGC-5238. Galaxia enana irregular situada a 14,5 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Canes Venatici.
NGC-5246. Galaxia espiral barrada de la constelación de Virgo en la que se descubrió la SN 2002 2004bk.
NGC-5247. Galaxia de la constelación de Virgo situada a unos 30,5 millones de años-luz. Tiene unos 67.600 años-luz de diámetro.
NGC-5248. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Boyero.
NGC-5253. Galaxia elíptica enana azul situada en la constelación de Centauro a 11.600.0000 años-luz de nosotros. Su máxima anchura es de solo 23.000 años-luz. En una nube de gas y polvo de la misma se está formando un cúmulo estelar de un millón de estrellas; tal nube tiene una masa de unas 15.000 veces la solar y la antigüedad de tal formación es de solo 3 millones de años.
NGC-5256.
Conjunto de dos galaxias que han comenzado a colisionar, aunque en
realidad sus núcleos aun están separados por 13.000 años-luz. También
llamado Markarian 266, se encuentra en la constelación de la Osa Mayor
a unos 350 millones de años-luz de nosotros.
NGC-5272. Ver M3.
NGC-5281. Cúmulo abierto en la constelación del Centauro.
NGC-5291. Galaxia enana situada en la constelación del Centauro a unos 200 millones de años-luz de nosotros. Su actual configuración procede de una colisión con otra galaxia hace unos 360.000.000 años.
NGC-5286. Cúmulo globular en la constelación del Centauro.
NGC-5307. Nebulosa planetaria situada a 10.000 años-luz de nosotros en Centauro. Tiene un diámetro de unos 0,6 años-luz.
NGC-5315. Nebulosa planetaria de la constelación del Compás.
NGC-5322. Galaxia elíptica tipo E2 que se encuentra en la constelación de la Osa Mayor.
NGC-5316. Cúmulo abierto en la constelación del Centauro.
NGC-5365. Galaxia localizada en la constelación del Pez Volador, del hemisferio sur. Tiene un halo rodeándola.
NGC-5371. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Canes Venatici.
NGC-5383. Galaxia espiral barrada que se localiza en Canes Venatici.
NGC-5394.
Galaxia que junto a la siguiente, con la que interactúa, es llamada de
la Garza y Arp 84, situadas a 160 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Virgo, en
la constelación de Canes Venatici. Ambas son espirales. Tiene 90.000
años-luz de diámetro.
NGC-5395. Tiene 140.000 años-luz de diámetro. Ver anterior.
NGC-5408.
Galaxia enana irregular de la constelación del Centauro, situada a 16,2
millones de años-luz de nosotros. Tiene una anchura de unos 9.000
años-luz.
NGC-5426. Galaxia espiral de la constelación de Virgo, situada a unos 120 millones de años-luz de nosotros. Está tocando a la NG-5427, que es de su mismo tamaño. Ambas se denominan Arp 271.
NGC-5427.
Galaxia espiral de la constelación de Virgo, situada a unos 120
millones de años-luz de nosotros. Está tocando a la NG-5426, que es de
su mismo tamaño. Ambas se denominan Arp 271.
NGC-5457. Ver M101.
NGC-5460. Cúmulo abierto en la constelación del Centauro.
NGC-5466. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación del Boyero.
NGC-5468. Galaxia situada a 130 millones de años-luz de nosotros en la que se descubrieron en 1999 la supernova SN1999cp, y el 1 de mayo de 2002 la supernova SN 2002cr, tipo Ia.
NGC-5474. Galaxia espiral de la constelación de la Osa Mayor, situada a 23,48 millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de 32.700 años-luz.
NGC-5584. Galaxia espiral situada a 72 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Virgo.
NGC-5585.
Galaxia espiral de la constelación de la Osa Mayor, situada a 18,6
millones de años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de 31.900
años-luz.
NGC-5593. Cúmulo abierto cercano a la constelación de Lupus.
NGC-5595. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Libra.
NGC-5600. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación del Boyero.
NGC-5605. Galaxia espiral barrada que se encuentra en la constelación de Libra.
NGC-5617. Cúmulo abierto en la constelación del Centauro.
NGC-5634. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Virgo a unos 82.000 años-luz de nosotros.
NGC-5643.
Galaxia espiral barrada tipo SBc situada a 34 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Lupus.
NGC-5653. Galaxia que se localiza a 161.000.000 años-luz de nosotros.
NGC-5660. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación del Boyero.
NGC-5662. Cúmulo estelar abierto en la constelación del Centauro.
NGC-5668.
Galaxia espiral que está en la constelación de Virgo a unos 90 millones
de años-luz de nosotros. Tiene unos 90.000 años-luz de diámetro.
NGC-5676. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación del Boyero.
NGC-5679. También Arp 274. Grupo de tres galaxias espirales de la constelación de Virgo, dos de las cuales están interactuando. Está a unos 400 millones de años-luz de nosotros y tiene unos 200.000 años-luz de diámetro.
NGC-5678. Galaxia espiral que localizamos en la constelación del Dragón.
NGC-5694. Cúmulo globular de la constelación de Hydra.
NGC-5728. Galaxia espiral barrada que se encuentra en la constelación de Libra a unos 130 millones de años-luz de nosotros. Es de tipo Seyfert.
NGC-5731.
Galaxia espiral barrada situada a unos 114 millones de años-luz de
nosotros en la constelación del Boyero. En la misma explotó una
estrella supergigante roja, 10 veces más masiva que el Sol, dando lugar
a la supernova SN 2020tlf, de Tipo II; desde 2020 es observada en su
proceso explosivo, la primera vez de tal fenómeno en su momento
principal.
NGC-5746. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Virgo, a unos 100 millones de años-luz de nosotros.
NGC-5749. Cúmulo abierto cercano a la constelación de Lupus.
NGC-5806.
Galaxia tipo SBb de la constelación de Virgo situada a casi 70 millones
de años-luz de nosotros. En la misma se observó la supernova SN 2004dg.
NGC-5813. Galaxia elíptica del Grupo Local situada a 105 millones de años-luz de nosotros.
NGC-5822. Cúmulo abierto en la constelación de Lupus.
NGC-5824. Cúmulo globular de la constelación de Lupus.
NGC-5853. Nebulosa de Cygnus, una de las más grandes del firmamento.
NGC-5861. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Libra a unos 85 millones de años-luz de nosotros. En la misma fueron vistas las supernovas SN1971D y SN2017erp.
NGC-5866. Ver M102.
NGC-5873. Nebulosa planetaria de la constelación de Lupus. Se encuentra situada a 13.500 años-luz de nosotros.
NGC-5879.
Galaxia espiral de la constelación de Draco. Se encuentra situada a
55,6 millones de años-luz de nosotros. Tiene unos 66.000 años-luz de
diámetro.
NGC-5885. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Libra.
NGC-5897. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Libra.
NGC-5898. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Libra.
NGC-5899. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación del Boyero.
NGC-5903. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación de Libra.
NGC-5904. Ver M5.
NGC-5907.
Galaxia espiral parecida a la Vía Láctea que localizamos en la
constelación del Dragón a unos 45 millones de años-luz de nosotros.
NGC-5921. Galaxia espiral barrada SBd situada en la constelación de Serpens. En la misma se detectó la supernova SN 2001X.
NGC-5927. Cúmulo globular en la constelación de Norma, a unos 25.000 años-luz de nosotros.
NGC-5946. Cúmulo globular en la constelación de Lupus.
NGC-5962. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Serpens.
NGC-5970. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Serpens.
NGC-5979. Nebulosa planetaria de la constelación del Triángulo Austral, situada a unos 11.700 años-luz de nosotros.
NGC-5985. Galaxia espiral que localizamos en la constelación del Dragón.
NGC-5986. Cúmulo globular de la constelación de Lupus que está a unos 40.000 años-luz de nosotros (34.000 cita otra fuente).
NGC-5999. Cúmulo abierto cercano a la constelación de la Regla.
NGC-6015. Galaxia espiral que localizamos en la constelación del Dragón.
NGC-6025.
Cúmulo abierto en la constelación del Triángulo Austral situado a 2.700
años-luz de nosotros. Mide 9 años-luz de diámetro. Su antigüedad se
cifra en unos 80.000.000 años.
NGC-6052.
Galaxia irregular situada a 230 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Hércules. Son en realidad dos galaxias en colisión.
NGC-6058. Nebulosa planetaria que se localiza en el cúmulo de Hércules.
NGC-6067. Cúmulo abierto cercano a la constelación de la Regla.
NGC-6072. Nebulosa planetaria situada en la constelación del Escorpión a unos 3.300 años-luz de nosotros.
NGC-6087. Cúmulo abierto de la constelación de la Regla, a unos 3.500 años-luz de nosotros
NGC-6092. Nebulosa que se encuentra en la constelación del Cisne.
NGC-6093. Ver M80.
NGC-6099.
Galaxia elíptica situada en la constelación de Hércules a unos 450
millones de años-luz de distancia de nosotros. Tiene un agujero negro
de masa intermedia situado a unos 40.000 años-luz del centro galáctico.
NGC-6118. Galaxia espiral situada a unos 80.000.000 años-luz en la constelación de Serpens.
NGC-6101. Cúmulo globular de la constelación de Apus. En 2016 se puso de relieve que podría tener cientos de agujeros negros.
NGC-6121. Ver M4.
NGC-6124. Cúmulo abierto en la constelación de Scorpius.
NGC-6134. Cúmulo abierto en la constelación de la Regla.
NGC-6144. Cúmulo globular de la constelación de Scorpius a unos 33.000 años-luz de nosotros.
NGC-6152. Cúmulo abierto en la constelación de la Regla.
NGC-6164. También NGC-6165.
Nebulosa planetaria situada a 3.800 años-luz de nosotros en la
constelación de Norma. Tiene 7.500 años de antigüedad y rodean la
estrella HD 148937. Tiene elevadas cantidades de nitrógeno, carbono y
oxígeno.
NGC-6166. Galaxia del grupo de Abell 2199 con aparentemente varios núcleos en su centro que se cree que pudieron formarse por colisión entre varias galaxias.
NGC-6171. Ver M107.
NGC-6178. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación de Scorpius.
NGC-6181. Galaxia del tipo Sc que se localiza en la constelación de Hércules.
NGC-6193. Cúmulo abierto entre la constelación del Altar y la de la Escuadra, situado a 3.765 años-luz de nosotros. Tiene unas 20 estrellas.
NGC-6204. Cúmulo abierto entre la constelación del Altar y la de la Escuadra.
NGC 6205. Ver M13.
NGC-6207. Galaxia espiral del tipo Sc situada al borde del cúmulo de Hércules.
NGC-6208. Cúmulo abierto de la constelación del Altar.
NGC-6210. Nebulosa planetaria de la Tortuga que se localiza en la constelación de Hércules, a unos 6.600 años-luz de nosotros. Tiene 1,6 años-luz de extensión.
NGC-6215. Galaxia espiral de la constelación del Altar.
NGC-6217. Galaxia espiral de la constelación de la Osa Menor. Es la más brillante de la misma.
NGC-6218. Ver M12.
NGC-6221. Galaxia espiral de la constelación del Altar.
NGC-6229. Cúmulo globular localizado en la constelación de Hércules, a 100.000 años-luz de nosotros (u 80.000 según otra fuente).
NGC-6231. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación de Scorpius a unos 5.200 años-luz de nosotros.
NGC-6235. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Ofiuco.
NGC-6240.
Galaxia muy brillante a 400.000.000 años-luz, en Ofiuco, que fue
originada por el choque de dos pequeñas galaxias y que contiene en
sus dos núcleos 2 agujeros negros supermasivos; fue el primer
descubrimiento de este tipo en una galaxia. Se cree que en sus nubes
de gas y materia se están formando estrellas. Los 2 agujeros negros
están a 3.000 años-luz entre ellos pero giran sobre un punto común
y se cree que irán acercándose hasta que al cabo de unos cientos de
millones de años se fundirán en uno solo, proceso iniciado hace
unos 30 millones de años. El segundo (S5 0014+81), según la primera
estimación,
podría tener una masa de más de 40.000 millones de veces la del Sol
y quizá hasta toda la equivalente a la Vía Láctea... Estudiada con el
telescopio espacial Chandra. Se extiende por más de 30.000 años-luz. En
2019 se descubrió un tercer agujero negro supermasivo en su núcleo,
siendo la primera vez que se sabe de una galaxia con 3 de estos objetos
en tal situación. Los 3 suman ahora una masa de 90 millones de veces la
solar y se agrupan en un espacio de menos de los 3.000 años-luz de
diámetro.
NGC-6242. Cúmulo abierto en la constelación de Scorpius.
NGC-6251. Galaxia activa situada en la constelación de la Osa Menor, a unos 300 millones de años-luz de nosotros, que tiene un agujero negro masivo cuyo entorno fue fotografiado por el Hubble.
NGC-6253. Cúmulo abierto de la constelación del Altar.
NGC-6254. Ver M10.
NGC-6264. Galaxia tipo Seyfert de la constelación de Hércules, situada a 450 millones de años-luz de nosotros.
NGC-6266. Ver M62.
NGC-6268. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación de Scorpius.
NGC-6273. Ver M19.
NGC-6284. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Ofiuco.
NGC-6287. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Ofiuco.
NGC-6293. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Ofiuco.
NGC-6300. Galaxia espiral de la constelación del Altar.
NGC-6302. Nebulosa planetaria de la Mariposa, situada en la constelación de Scorpius, a 3.800 años-luz de nosotros y creada hace más de 10.000 años. Tiene en su parte central una estrella muy caliente, de unos 250.000ºC, en el final de su vida. Su masa en aproximadamente 2/3 la solar. Sin embargo también posee una envuelta de material congelado en nódulos y polvo, en los que existen hielo, hidrocarburos, calcita, hierro y otros.
NGC-6304. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Ofiuco.
NGC-6309. Nebulosa planetaria que se encuentra en la constelación de Ofiuco.
NGC-6316. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Ofiuco.
NGC-6322. Cúmulo abierto de la constelación de Scorpius.
NGC-6325. Cúmulo globular situado a unos 26.000 años-luz de nosotros en la constelación de Ofiuco.
NGC-6333. Ver M9.
NGC-6334.
Nebulosa Pata de Gato que se halla a unos 5.500 años-luz de nosotros en
la constelación de Scorpius, en la Vía Láctea. Tiene unos 50 años-luz
de diámetro. En la misma han sido detectadas, entre otras,
moléculas de metanol, etanol, metilamina y glicolaldehído. La misma
contiene más de 2.000 protoestrellas y es una región de alto porcentaje
de creación estelar.
NGC-6341. Ver M92.
NGC-6342. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Ofiuco.
NGC-6352. Cúmulo globular de la constelación del Altar situado a 19.570 años-luz de nosotros.
NGC-6356. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Ofiuco.
NGC-6357. Nebulosa de la constelación de Scorpius, también llamada nebulosa de la Langosta, situada a unos 8.100 años-luz de nosotros. Contiene un cúmulo abierto llamado Pismis 24 que tiene estrellas masivas y objetos emisores de radiación UV intensa.
NGC-6362. Cúmulo globular de la constelación del Altar.
NGC-6369. Nebulosa planetaria situada en Ophiuchus en torno a los 3.500 años luz (±1.000). A veces se le llama el “Pequeño Fantasma”.
NGC-6383. Cúmulo abierto de la constelación de Scorpius.
NGC-6384. Galaxia espiral de la constelación de Ofiuco.
NGC-6388. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Scorpius.
NGC-6389. Galaxia en la que se observó la supernova SN 2000M el 27 de febrero de tal año.
NGC-6397.
Cúmulo globular situado en la constelación de Ara a 7.800 años-luz
de nuestro Sistema Solar. Tiene una antigüedad aproximada de 13.400
millones de años. Mide unos 68 años-luz de diámetro. Su masa equivale a
45.000 veces la solar. En su parte central tiene una acumulación de
pequeños agujeros negros en vez del habitual agujero negro masivo.
NGC-6402. Ver M14.
NGC-6405. Ver M6.
NGC-6416. Cúmulo abierto en la constelación de Scorpius.
NGC-6438. Galaxia irregular de la constelación del Octans.
NGC-6440. Cúmulo globular situado a 28.000 años-luz de nosotros en la constelación de Sagitario.
NGC-6441. Cúmulo globular de la constelación de Scorpius. Está a unos 13.000 años-luz de nosotros. Su masa global es de unas 1.600.000 veces la solar.
NGC-6475. Ver M7.
NGC-6482. Galaxia elíptica del tipo E3 que se encuentra en la constelación de Hércules.
NGC-6494. Ver M23.
NGC-6496. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Scorpius, a unos 35.000 años-luz de nosotros. Tiene unos 10.500 millones de años de antigüedad.
NGC-6503.
Galaxia espiral tipo Sb3, enana. Está situada a unos 17.000.000 años-luz de
nosotros, en la constelación de Draco, y tiene 30.000 años-luz de
diámetro. Está al borde un gran espacio vacío de unos 150 millones de
años-luz de diámetro.
NGC-6505. Galaxia lenticular de la constelación del Draco que se encuentra a unos 590 millones de años-luz de nosotros.
NGC-6514. Ver M20.
NGC-6520. Cúmulo abierto de la constelación de Sagitario, situado a unos 5.000 años-luz de nosotros. Tiene una masa equivalente a unas 350 veces la solar aproximadamente.
NGC-6522. Cúmulo globular de la constelación de Sagitario.
NGC-6523.Ver M8.
NGC-6528. Cúmulo globular de la constelación de Sagitario.
NGC-6530. Cúmulo abierto que se localiza en la constelación de Sagitario, cerca de M8, a unos 4.350 años-luz de nosotros.
NGC-6531. Ver M21.
NGC-6535. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Serpens a unos 22.000 años-luz de nosotros. Tiene 1 años-luz de diámetro.
NGC-6539. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Serpens.
NGC-6541. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Sagitario.
NGC-6543. Nebulosa planetaria Ojo de Gato situada en Draco a 3.250 años-luz, cerca del Brazo de Orión de la Vía Láctea. Está envuelta en un halo de gas que se prolonga en 3 años luz. En falso color, proporciona una imagen espectacular.
NGC-6544. Cúmulo globular de la constelación de Sagitario, situado a unos 9.000 años-luz de nosotros. Tiene unos 12.000 millones de años de antigüedad.
NGC-6553. Cúmulo globular de la constelación de Sagitario, situado a unos 19.600 años-luz de nosotros. Tiene unos 12.000 millones de años de antigüedad.
NGC-6558.
Cúmulo globular que se encuentra a unos 23.000 años-luz de nosotros en
la constelación de Sagitario. Está más cerca del centro de nuestra
galaxia que del Sol.
NGC-6565. Nebulosa de la constelación de Sagitario, a unos 14.000 años-luz de nosotros.
NGC-6572. Nebulosa planetaria de la Raqueta situada en la constelación de Ophiuchus. De gran interés.
NGC-6584. Cúmulo globular de la constelación del Telescopio.
NGC-6603. Ver M24.
NGC-6604.
Cúmulo joven de un centenar de estrellas azul-blancas brillantes que se
localiza en la constelación de la Serpiente, a unos 5.500 años-luz de
nosotros. Del mismo destaca una columna de gas caliente ionizado que se
alarga en 650 años-luz.
NGC-6611. Ver M16.
NGC-6613. Ver M18.
NGC-6618. Ver M17.
NGC-6624. Cúmulo globular de Sagitario de estrellas muy antiguas muy concentradas, un millón de veces más que las de nuestra galaxia. Está a 28.000 años-luz. Contiene una fuente binaria de rayos equis denominada X-1820-30, constituida por una estrella de neutrones y una enana blanca de helio que giran en con un período de solo 11 min. Se cree que los rayos equis se origina en el flujo de gas de la enana blanca hacia la de neutrones, flujo que es de una velocidad 1/3 la de la luz.
NGC-6626. Ver M28.
NGC-6633. Cúmulo abierto en la constelación de Ophiuchus, a unos 1.040 años-luz de nosotros. Tiene unas 30 estrellas. Su antigüedad es de unos 660 millones de años.
NGC-6637. Ver M69.
NGC-6638. Cúmulo globular de 74 años-luz de diámetro situado en la constelación de Sagitario, a 26.000 años-luz de nosotros.
NGC-6643. Galaxia espiral que localizamos en la constelación del Dragón.
NGC-6649. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación del Escudo.
NGC-6656. Ver M22.
NGC-6664. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación del Escudo.
NGC-6681. Ver M70.
NGC-6684. Galaxia lenticular de la constelación del Pavo Real situada a unos 35 millones de años-luz de nosotros.
NGC-6694. Ver M26.
NGC-6699. Galaxia espiral entre la constelación del Pavo Real y la del Telescopio.
NGC-6702. Galaxia en la que se descubrió el 5 de mayo de 2002 la supernova SN 2002cs, del tipo Ia.
NGC-6705. Ver M11.
NGC-6709. Cúmulo estelar abierto situado en la constelación de Aquila, a unos 15.000 años-luz de nosotros.
NGC-6712. Cúmulo globular de la constelación del Escudo, en el hemisferio Sur, que se encuentra a unos 23.000 años-luz de nosotros. Tiene menos de 1 millón de estrellas.
NGC-6715. Ver M54.
NGC-6720. Ver M57.
NGC-6723. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación de Sagitario.
NGC-6726. Nebulosa de la constelación de la Corona Austral.
NGC-6729. Nebulosa de la constelación de la Corona Austral.
NGC-6744. Galaxia espiral tipo SBc que se encuentra a unos 29 millones de años-luz de nosotros, en la constelación del Pavo Real. Tiene unos 200.000 años-luz de diámetro.
NGC-6745. Galaxia espiral de gran tamaño que está colisionando con otra más pequeña.
NGC-6751. Nebulosa planetaria que se encuentra a 6.500 años-luz de nosotros en la constelación del Águila y que se está expandiendo a 40 Km/seg de velocidad. Fotografiada por el Hubble, ofrece una bella y colorida imagen. Mide 0,8 años-luz de diámetro.
NGC-6752.
Brillante cúmulo abierto situado en la constelación del Pavo Real a
14.000 años-luz de nosotros. Tiene unos 100 años-luz de diámetro. Su masa equivale a 150.000 veces la solar.
NGC-6753.
Galaxia espiral entre las constelaciones del Pavo Real y el
Telescopio en la que el 14 de mayo de 2000 se observó la supernova
SN 2000cj. Está a unos 150 millones de años-luz de nosotros.
NGC-6755. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación del Águila.
NGC-6760. Cúmulo globular que se encuentra en la constelación del Águila.
NGC-6779. Ver M56.
NGC-6781. Nebulosa planetaria en la constelación del Águila.
NGC-6782. Galaxia espiral barrada que se localiza en la constelación del Pavo Real. Está a unos 183.000.000 años-luz de nosotros.
NGC-6791. Cúmulo abierto de la constelación de la Lyra, a 13.300 años-luz de nosotros. Tras estudios con el Hubble se ha estimado que 2/3 de sus estrellas son enanas blancas de entre 4.000 y 6.000 millones de años de antigüedad (o más según estudios más recientes), siendo el resto curiosamente de unos 8.000 millones de años.
NGC-6802. Cúmulo abierto de la constelación de Vulpecula.
NGC-6809. Ver M55.
NGC-6810. Galaxia espiral entre la constelación del Pavo Real y la del Telescopio.
NGC-6811. Cúmulo abierto de la constelación del Cisne situado a 3.000 años-luz de nosotros y de 1.000 millones de años de antigüedad. En el mismo, el ingenio espacial Kepler halló dos planetas, el Kepler 66b y el Kepler 67b, de un tamaño ¾ del de Neptuno.
NGC-6814. Galaxia espiral tipo Seyfert situada en la constelación del Águila.
NGC-6818.
Nebulosa planetaria de la Pequeña Gema situada a unos 6.000 años-luz de
nosotros, en la constelación de Sagitario. Contiene dos estrellas, una
de ellas la generadora de la nebulosa, separadas por 150 UA. Tiene unos
3.500 años de antigüedad y un diámetro de ½ año-luz.
NGC-6819.
Cúmulo abierto situado a unos 7.200 años-luz de nosotros, en nuestra
galaxia. Tiene unos 2.400 millones de años de antigüedad.
NGC-6820. Nebulosa difusa de emisión que rodea al cúmulo NGC-6823.
NGC-6822. Galaxia enana de Barnard (también IC-4895 y Caldwell 57) situada a 1.630.000 años-luz de nosotros en la constelación de Sagitario, en la que se ha encontrado una zona (llamada nebulosa Hubble V) de estrellas jóvenes, de solo unos 4 millones de años de antigüedad.
NGC-6823. Cúmulo abierto de la constelación de Vulpecula a unos 2.000 años-luz de nosotros. Posee en total menos de 100 estrellas, de ellas unas 30 de magnitud 9.
NGC-6826. Nebulosa planetaria situada a 2.200 años-luz de nosotros en la constelación del Cisne.
NGC-6830. Cúmulo abierto de la constelación de Vulpecula.
NGC-6838. Ver M71.
NGC-6853. Ver la M27.
NGC-6861. Galaxia elíptica entre la constelación del Telescopio y la del Indio.
NGC-6864. Ver M75.
NGC-6866. Cúmulo abierto de la constelación del Cisne.
NGC-6868. Galaxia elíptica entre la constelación del Telescopio y la del Indio.
NGC-6871. Cúmulo abierto de la constelación del Cisne, situado a unos 5.133 años-luz de nosotros.
NGC-6872.
Galaxia gigante espiral barrada tipo SBb que tiene unos 522.000
años-luz de diámetro. Se considera una de las mayores galaxias
espirales conocidas (2012). Tiene muy cerca la galaxia IC-4970, tipo
S0,
con la que interacciona. Está en la constelación del Pavo a 212
millones de años-luz de nosotros.
NGC-6882. Cúmulo abierto de la constelación de Vulpecula.
NGC-6883. Cúmulo abierto de la constelación del Cisne.
NGC-6885. Cúmulo abierto de la constelación de Vulpecula.
NGC-6888. Nebulosa Crescent de la constelación del Cisne, también llamada de la Media Luna, a unos 5.000 años-luz de nosotros.
NGC-6891. Nebulosa planetaria de la constelación del Delfín.
NGC-6902. Galaxia espiral situada en la constelación de Sagitario a unos 120 millones de años-luz de nosotros.
NGC-6905. Nebulosa planetaria de la constelación del Delfín.
NGC-6907. Galaxia espiral barrada de la constelación de Capricornio. En la misma se descubrió la supernova SN 2004bv el 24 de mayo del año que se deduce.
NGC-6910. Cúmulo abierto que se encuentra en la constelación del Cisne.
NGC-6913. Ver M29.
NGC-6914. Nebulosa de la constelación del Cisne.
NGC-6925. Galaxia espiral de la constelación del Microscopio.
NGC-6934. Cúmulo globular de la constelación del Delfín.
NGC-6939. Cúmulo abierto de la constelación de Cefeo, que está a unos 6.000 años-luz de nosotros.
NGC-6940. Cúmulo abierto de la constelación de Vulpecula a unos 3.000 años-luz de nosotros. Contiene más de 70 estrellas.
NGC-6946. Galaxia espiral tipo Sc, llamada de los Fuegos Artificiales, localizada en la constelación de Cefeo, a unos 16.000.000 años-luz de distancia (o 22 o 10 millones según otras fuentes). El 6 de julio de 1948 fue detectada en la misma la supernova 1948B, y otras antes y después de tal fecha. El 14 de mayo de 2017 se capta otra, la SN 2017eaw. En total, en unos 100 años se han captado 10 supernovas, que han dado el nombre citado a la galaxia.
NGC-6949. Galaxia espiral que encontramos en la constelación de Cefeo.
NGC-6951. Galaxia espiral de la constelación de Cefeo en la que se captó la supernova SN1999el el 20 de octubre de tal 1999 y la SN 2000E el 26 de enero del año que se deduce.
NGC-6958. Galaxia elíptica de la constelación del Microscopio.
NGC-6960.
Nebulosa del Velo, en la constelación de Cygnus, a unos 1.470 años-luz de nosotros, así llamada por su carácter difuso;
también se le llama “La escoba de la bruja”. Su origen posible
es resultado de la explosión de una supernova hace unos 10.000 años. Tiene unos 100 años-luz de diámetro.
NGC-6979. Parte de la Nebulosa del Velo en la constelación del Cisne, también llamado el Triángulo de Pickering.
NGC-6981. Ver M72.
NGC-6991. Cúmulo abierto de la constelación del Cisne.
NGC-6992. Zona oriental de la Nebulosa del Velo en la constelación de Cygnus.
NGC-6994. Ver M73.
NGC-6995. Parte de la Nebulosa del Velo en la constelación del Cisne.
NGC-7000. Nebulosa de Cygnus, también llamada de Norteamérica por su forma parecida. Se localiza en el Brazo de Orión de la Vía Láctea, a unos 4.000 años-luz de nosotros. De luz débil para la observación, difusa y de gran tamaño hasta ocupar 8 grados, tiene como fuente más potente de luz la estrella Deneb. Contiene la estrella irregular SS-433.
NGC-7006. Cúmulo globular en la constelación del Delfín.
NGC-7008. Nebulosa planetaria de la constelación del Cisne.
NGC-7009. Nebulosa planetaria llamada de Saturno en la constelación de Acuario, situada a 1.400 años-luz de nosotros (o a 2.000, o 3.900, o 5.000 años-luz según otras fuentes).
NGC-7020. Galaxia lenticular barrada en la constelación del Pavo austral. Tiene una rara forma hexagonal.
NGC-7023. Nebulosa Iris, en la constelación de Cefeo, a unos 1.400 años-luz de nosotros. Tiene una nube de polvo que estudiada por el telescopio espacial Hubble en 2009.
NGC-7027. Nebulosa planetaria joven de Saturno en la constelación del Cisne, en el brazo de Orión de la Vía Láctea, situada a 3.000 años-luz de nosotros como máximo, originada por una estrella moribunda. Tiene una extraña forma que fue fotografiada por el Hubble. En la misma ha sido detectada la molécula primordial hidruro de helio, la que se supone la primera molécula formada tras el Big Bang.
NGC-7029. Galaxia espiral de la constelación del Indio.
NGC-7039. Cúmulo abierto de la constelación del Cisne.
NGC-7041. Galaxia espiral de la constelación del Indio.
NGC-7049. Galaxia espiral de la constelación del Indio, situada a unos 100 millones de años-luz de nosotros.
NGC-7052. Galaxia elíptica situada a unos 191.000.000 años-luz de nosotros en la constelación de Vulpecula. Posee un disco de polvo de 3.700 años-luz de diámetro que rodea a un agujero negro de 300 veces la masa del Sol.
NGC-7078. Ver M15.
NGC-7089. Ver M2.
NGC-7090. Galaxia espiral de la constelación del Indio.
NGC-7092. Ver M39.
NGC-7099. Ver M30.
NGC-7103. Galaxia elíptica de la constelación de Capricornio.
NGC-7129. Cúmulo estelar situado a 3.300 años-luz de nosotros en la constelación de Cefeo. Gracias al polvo, a vista del satélite Spitzer, muestra colores verde y rojo con formas de gran belleza. En el mismo se observaron entonces unas 130 estrellas jóvenes.
NGC-7133. Nebulosa brillante que se localiza en la constelación de Cefeo.
NGC-7139. Nebulosa planetaria que encontramos en la constelación de Cefeo
NGC-7144. Galaxia elíptica de la constelación de la Grulla.
NGC-7172.
Galaxia espiral de tipo Seyfert que se encuentra a 110 millones de
años-luz de nosotros en la constelación Piscis Austrinus. Tiene un
agujero negro supermasivo tapado por polvo a vista de nuestra posición.
NGC-7177. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Pegaso.
NGC-7196. Galaxia elíptica de la constelación del Indio.
NGC-7205. Galaxia espiral de la constelación del Indio.
NGC-7209. Cúmulo de la constelación de Lacerta, situado a unos 2.930 años-luz de nosotros. Su antigüedad es de unos 300 millones de años.
NGC-7213. Galaxia espiral de la constelación de la Grulla.
NGC-7217. Galaxia espiral tipo Sa de la constelación de Pegaso. Pertenece al llamado Quinteto de Stephan.
NGC-7243. Cúmulo de la constelación de Lacerta, situado a unos 2.900 años-luz de nosotros. Su antigüedad es de unos 100 millones de años.
NGC-7252
/ NGC-7253.
Par de galaxias de Acuario en colisión desde hace unos 1.000
millones de años que tiene actualmente un núcleo único y dos
largos brazos residuales, uno de ellos cuatro veces más grande que
toda la Vía Láctea. Están a 220 millones de años-luz de nosotros.
NGC-7292.
Galaxia irregular situada en la constelación de Pegaso a unos 44
millones de años-luz de nosotros. En la misma se observó en 1964 la
supernova SN1964h.
NGC-7293. Nebulosa planetaria Helix (Hélice) situada a 450 (o 690, según otra fuente) años-luz de nosotros, en Acuario, que tiene por centro una enana blanca, resto quizá de una supernova. Tiene un diámetro de 2,5 años-luz y una antigüedad de 12.000 años. Su disco interior se expande a una velocidad estimada en 100.000 Km/h.
NGC-7314. Galaxia activa sobre cuyo fondo se detectó un cúmulo galáctico a unos 9.000 millones de años-luz, según se hizo público en 2005, que resultó ser la más masiva y lejana estructura conocida (fue denominada XMMU J2235.3-2557).
NGC-7317. Galaxia localizada en la constelación de Pegaso a unos 290 millones de años-luz de nosotros. Pertenece al llamado Quinteto de Stephan.
NGC-7318.
Galaxia localizada en la constelación de Pegaso, a unos 200 millones
de años-luz de nosotros. En realidad son dos galaxias en colisión que
se acercan entre sí a una velocidad de un millón de Km/h. Forma parte
del Quinteto de Stephan.
NGC-7319. Galaxia localizada en la constelación de Pegaso, a unos 200 millones de años-luz de nosotros.
NGC-7320. Galaxia del Quinteto de Stephan localizada en la constelación de Pegaso, a unos 39 millones de años-luz de nosotros.
NGC-7331. Galaxia espiral situada en Pegaso a unos 39.800.000 años-luz, muy parecida estructuralmente a la nuestra. Tiene 120.000 años-luz de diámetro. Curiosamente, su núcleo gira en sentido contrario al resto, y se cree que es el resultado de una colisión de dos galaxias pues de otro modo estaríamos ante un nuevo tipo de galaxia, de una formación distinta a las demás. En esta galaxia fue detectada la SN 2014C que en el plazo de un año, en la expulsión de materiales, curiosamente parece haber pasado a ser del Tipo I al Tipo II, cosa excepcional.
NGC-7332. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Pegaso.
NGC-7380. Cúmulo abierto junto a la Nebulosa de Cefeo.
NGC-7392. Galaxia espiral barrada que se halla a 137 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Acuario.
NGC-7410. Galaxia espiral de la constelación de la Grulla.
NGC-7412. Galaxia espiral barrada de la constelación de la Grulla, situada a unos 76 millones de años-luz de nosotros.
NGC-7418. Galaxia espiral de la constelación de la Grulla.
NGC-7419. Cúmulo abierto que encontramos en la constelación de Cefeo
NGC-7424. Galaxia espiral barrada de la constelación de la Grulla, situada a unos 37,5 millones de años-luz de nosotros.
NGC-7448. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Pegaso.
NGC-7456. Galaxia espiral de la constelación de la Grulla, situada a unos 53 millones de años-luz de nosotros.
NGC-7462. Galaxia espiral de la constelación de la Grulla, situada a unos 47 millones de años-luz de nosotros.
NGC-7469.
Galaxia espiral barrada activa tipo Seyfert en la que se descubrió una
supernova en octubre de 2000. Está a unos 220 millones de años-luz de
nosotros en la constelación de Pegaso. Su diámetro es de unos 90.000
años-luz. Tiene un agujero negro supermasivo y un cinturón de cúmulos
estelares. Forma con la galaxia IC-5283, menor, el conjunto Arp 298.
NGC-7479. Galaxia espiral barrada tipo SBb localizada en la constelación de Pegaso a unos 105 millones de años-luz de nosotros.
NGC-7496. Galaxia espiral de la constelación de la Grulla.
NGC-7510. Cúmulo abierto que encontramos en la constelación de Cefeo.
NGC-7531. Galaxia espiral de la constelación de la Grulla.
NGC-7538. Nebulosa de la constelación de Cefeo que está a unos 9.000 años-luz de nosotros. Tiene una formación anular de polvo de una masa unas 500 veces la solar y que mide 35 por 25 años luz de extensión.
NGC-7552. Galaxia espiral de la constelación de la Grulla.
NGC-7582.
Galaxia espiral de la constelación de la Grulla situada a unos 70
millones de años-luz de nosotros. Tiene un núcleo activo y en su centro
un agujero negro supermasivo.
NGC-7590. Galaxia espiral de la constelación de la Grulla.
NGC-7599. Galaxia espiral de la constelación de la Grulla.
NGC-7606. Galaxia espiral tipo Sb que se localiza en la constelación de Acuario.
NGC-7610.
Galaxia espiral barrada tipo SBc que se localiza en la constelación de
Pegasus a unos 160 millones de años-luz. En la misma, el 6 de octubre
de 2013 se descubrió la supernova SN 2013fs (o iPTF13dqy), de tipo II,
que fue fotografiada y observada solo 3 h después de su explosión, la
primera vez en momento tan temprano.
NGC-7635.
Nebulosa planetaria difusa, llamada de la Burbuja (Bubble, en
inglés), situada a un grado de Alfa Cassiopeia. Le da su brillo la
estrella SAO20575 que contiene. Está a unos 7.100 años-luz de nosotros
y mide unos 10 años-luz de diámetro. Se expande a una velocidad de más
de 100.000 Km/h.
NGC-7640. Galaxia espiral barrada tipo SBb de la constelación de Andrómeda.
NGC-7654. Ver M52.
NGC-7662. Nebulosa planetaria Bola de Nieve Azul (Blue Snowball) de la constelación de Andrómeda. Está a 2.200 años-luz de nosotros.
NGC-7673. Galaxia espiral de la constelación de Pegaso que tiene en sus brazos una extraordinaria actividad en cuanto a creación de estrellas jóvenes.
NGC-7674.
Galaxia espiral situada a 400 millones de años-luz de nosotros. Tiene
en su centro dos agujeros negros distantes entre sí menos de 1 años-luz
y que tienen una masa de 40 millones de veces la solar. Giran sobre un
punto común con un período de unos 100.000 años.
NGC-7686. Cúmulo abierto de la constelación de Andrómeda.
NGC-7714.
Galaxia espiral que se localiza en la constatación de Piscis, a unos
100 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Pegaso. Tiene distorsionados los brazos
espirales por la acción gravitatoria de la NGC-7715 que se le acercó
hace unos 100 millones de años, de modo que ha quedado una especie de
puente de estrellas entre ambas galaxias.
NGC-7721. Galaxia espiral que se localiza en la constelación de Acuario.
NGC-7723. Galaxia espiral que se localiza en la constelación de Acuario.
NGC-7727. Galaxia espiral que se localiza en la constelación de Acuario. A unos 89 millones de años-luz de nosotros, en la misma, se halla en 2021 una pareja de agujeros negros supermasivos que son en tal momento los más cercanos (como pareja) a nosotros. La distancia entre ambos es de 1.600 años-luz, estando el mayor en el centro de tal galaxia. Se cree que en los próximos 250 millones de años se irán acercando hasta fusionarse en uno solo. El mayor tiene cerca de 154 millones de masas solares, y el otro solo 6,3 millones.
NGC-7741. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Pegaso.
NGC-7742. Galaxia de tipo Seyfert que se localiza a 3.000 años-luz de nosotros.
NGC-7752.
Galaxia de la constelación de Pegaso, situada a unos 220 millones de
años-luz de nosotros. Forma con la gaaxia NGC-7753 un conjunto llamado
Arp 86 y se cree que acabará siendo gravitatoriamente tragada por
aquella.
NGC-7753.
Galaxia espiral de la constelación de Pegaso, situada a unos 220
millones de años-luz de nosotros. Forma con la galaxia NGC-7752 un
conjunto llamado Arp 86 y se cree que acabará absorbiendo a esta otra.
NGC-7762. Cúmulo abierto que encontramos en la constelación de Cefeo.
NGC-7782. Galaxia espiral que tiene en su núcleo un agujero negro de una masa equivalente a 50.000.000 veces la del Sol.
NGC-7788. Cúmulo estelar abierto de la constelación de Casiopea.
NGC-7789.
Cúmulo abierto de la constelación de Cassiopeia, a unos 6.000-8.000
años-luz de nosotros; también se conoce como la Rosa de Carolina. Posee
más de 1.000 estrellas.
NGC-7790. Cúmulo estelar abierto de la constelación de Casiopea.
NGC-7793. Galaxia espiral de la constelación del Sculptor, situada a unos 12,7 millones de años-luz de nosotros. Su extensión máxima es de 52.000 años-luz. Tiene cerca un agujero negro que forma una espectacular burbuja de gas muy caliente de 1.000 años-luz de extensión que se está inflando a razón de 1.000.000 Km/h de velocidad.
NGC-7814. Galaxia espiral que se encuentra en la constelación de Pegaso.
Del catálogo que dio continuación al anterior, el IC, citamos algunos objetos:
IC-0010.
Pequeño objeto irregular y lejano del Grupo Local que se encuentra en
la constelación de Cassiopeia, a unos 2,5 millones de años-luz de
nosotros. Tiene unos 5.000 años-luz de diámetro.
IC-0063.
Nebulosa de reflexión, llamada del Fantasma, situada en la constelación
de Casiopea a unos 550 millones de años-luz de nosotros. Tiene a su
lado una estrella variable blanco-azulada de 19 masas solares que gira
a 1.600.000 Km/h de velocidad.
IC-0310.
Galaxia del cúmulo de Perseo, localizado a unos 260 millones de
años-luz de nosotros. Tiene en su centro un agujero negro supermasivo
que mide 20 minutos-luz.
IC-0342. Galaxia espiral SABcd situada a unos 10.700.000 de años-luz de nosotros en la constelación de Camelopardalis.
IC-0348.
Cúmulo abierto de la constelación de Serpens, situado a unos 1.028
años-luz de nosotros. Tiene una antigüedad de menos de 3 millones de
años. En el mismo el telescopio espacial Spitzer descubrió el
aminoácido triptófano. El 2023 con ayuda del JWST se descubrió también
en el cúmulo una enana marrón de unas 3 o 4 masas joviana
IC-0349.
Nebulosa de reflexión (de la estrella Mérope) en las Pléyades llamada
de Mérope o Mérope de Barnard. Se desplaza por el cúmulo de las
Pléyades a 11 Km/seg de velocidad.
IC-0405. Nebulosa Flaming Star (“estrella llameante”) que está a unos 1.500 años-luz de nosotros, en la constelación de Auriga. Tiene unos 5 años-luz de diámetro.
IC-0417. Nebulosa de emisión de la constelación de Auriga.
IC-0418. Nebulosa planetaria situada a unos 4.000 años-luz de nosotros en la constelación de la Liebre.
IC-0434.
Nebulosa de la Cabeza del Caballo situada en la constelación de Orión a
1.500 años-luz de nosotros. Tiene unos 7 años-luz de extensión.
IC-0443. Nebulosa de la constelación de Gemini, a unos 5.000 años-luz de nosotros.
IC-0563 / IC-0564.
Galaxias espirales de la constelación Sextans, situadas a 275 millones
de años-luz de nosotros. Su conjunto se denomina Arp 303.
IC-1011.
Galaxia elíptica de la constelación de Virgo, a unos 1.000 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 100 billones de estrellas. Su diámetro
es de unos 6 millones de años-luz y su antigüedad es de 12.960 millones
de años.
IC-1101.
Galaxia elíptica gigantesca que está en la constelación de Serpens, en
el cúmulo Abell 2029, a unos 349,5 (o 1.045) millones de años-luz de
nosotros. Tiene casi 4.000.000 años-luz de diámetro y es considerada la
mayor conocida del Universo (2010), siendo 60 veces mayor que la
nuestra. Contiene unos 100 billones de estrellas. Su antigüedad se
cifra en 12.310 millones de años. Tiene un agujero negro supermasivo de
unas 40.000 millones de masas solares cuyo diámetro supera 37 veces la
órbita de Plutón (es decir, es más grande que el Sistema Solar…).
IC-1295. Nebulosa planetaria de la constelación del Escudo a unos 3.300 años-luz de nosotros.
IC-1396. Nebulosa de la constelación de Cefeo situada a 2.800 años-luz de nosotros. Tiene estrellas masivas en formación y es denominada de la Trompa del Elefante.
IC-1434. Cúmulo abierto en la constelación de Lacerta.
IC-1459. Galaxia elíptica de la constelación de la Grulla.
IC-1590. Cúmulo abierto de la constelación de Casiopea.
IC-1613. Cúmulo abierto de la constelación de Cetus, a unos 2.380.000 años-luz de nosotros. Tiene unos 10.000 años-luz de diámetro.
IC-1623.
Dos galaxias en colisión, en la fase final de su fusión, que se
encuentran en la constelación de Cetus, a unos 275 millones de años-luz
de nosotros.
IC-1776.
Galaxia situada en la constelación de Piscis a 150 millones de años-luz
de nosotros. En la misma se observó la supernova SN 2015ap.
IC-1805. Nebulosa llamada del Corazón en la constelación de Casiopea.
IC-1947. Galaxia espiral situada a unos 500 millones de años luz de nosotros.
IC-1952.
Galaxia de la constelación de Erídano, situada a unos 81,3 millones de
años-luz de nosotros. Tiene 75.2000 años-luz de diámetro.
IC-1953.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Erídano, situada a unos
83,8 millones de años-luz de nosotros. Tiene 81.6000 años-luz de
diámetro.
IC-1954. Galaxia espiral de la constelación del Reloj situada a unos 45 millones de años-luz de nosotros.
IC-1993.
Galaxia espiral situada a 50 millones de años-luz de nosotros en del
Cúmulo de Fornax. Tiene unos 45.000 años-luz de diámetro.
IC-2006.
Galaxia elíptica situada a 65 millones de años-luz de nosotros en del
Cúmulo de Fornax. Tiene unos 35.000 años-luz de diámetro.
IC-2056.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Reticulum, situada a 43
millones de años-luz de nosotros. Tiene 25.000 años-luz de diámetro.
IC-2118. También NGC-1909. Nebulosa de la Bruja en la constelación de Eridano.
IC-2157. Cúmulo globular de la constelación de Géminis.
IC-2177.
Nebulosa de la Gaviota que está entre la constelación de Monoceros, a
la que se asimila, y Canis Major a unos 3.650 años-luz de nosotros.
Tiene 240 años-luz de diámetro.
IC-2220.
Nebulosa de reflexión llamada a veces “Toby Jug” que se localiza a
1.200 años-luz de nosotros en la constelación de Carina. Tiene 1
año-luz de diámetro. Está iluminada por la gigante roja HD-65750.
IC-2391. Cúmulo abierto de la constelación de la Vela situado a 570 años-luz de nosotros. Tiene una antigüedad de unos 30 millones de años.
IC-2395.
Cúmulo abierto de la constelación de la Vela, situado a unos 2.300
años-luz de nosotros. Es muy joven, con tan solo unos 17 millones de
años.
IC-2488. Cúmulo abierto en la constelación de la Vela.
IC-2497. Galaxia espiral localizada a 650 millones de años-luz de nosotros.
IC-2574.
Galaxia espiral enana situada a 13,1 millones de años-luz de nosotros
en la constelación de la Osa Mayor. Tiene unos 50.000 años-luz de
diámetro.
IC-2581. Cúmulo abierto de la constelación de Carina.
IC-2602. Cúmulo abierto de la constelación de Carina, a unos 547 años-luz de nosotros.
IC-2631. Nebulosa de reflexión (de HD 97300) de la constelación del Camaleón.
IC-2714. Cúmulo abierto de la constelación de Carina.
IC-2944. Nebulosa Lambda de la constelación del Centauro, situada a unos 6.500 años-luz de nosotros.
IC-2948. Nebulosa de la constelación del Centauro, situada a unos 6.500 años-luz de nosotros. Tiene muchas estrellas jóvenes.
IC-3225. Galaxia del cúmulo de galaxias de Virgo, situada a unos 100 millones de años-luz de nosotros.
IC-3322A.
Galaxia espiral barrada de la constelación de Virgo, localizada a
73.300.000 años-luz de nosotros. Tiene unos 88.400 años-luz de
diámetro.
IC-3392.
Galaxia espiral situada a 45,7 millones de años-luz de nosotros en la
constelación de Virgo. Tiene unos 31.200 años-luz de diámetro.
IC-3476. Galaxia enana situada a unos 54 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Coma Berenices.
IC-3639.
Galaxia de tipo Seyfert 2 situada a 170 millones de años-luz de
nosotros en la constelación del Centauro. Tiene un agujero negro
supermasivo.
IC-4271. Galaxia espiral Seyfert de tipo II situada a unos 800 millones de años-luz de nosotros. También llamada Arp 40.
IC-4296. Galaxia elíptica que se encuentra en la constelación del Centauro.
IC-4593. Nebulosa planetaria de la constelación de Hércules. Está a 7.800 años-luz de nosotros.
IC-4628. Nebulosa de
la Gamba, también llamada Gum 56, situada a unos 6.000 años-luz de nosotros en la constelación
del Escorpión. Tiene una anchura de unos 250 años-luz.
IC-4651. Cúmulo
abierto de la constelación del Altar. Está en la propia Vía Láctea, a
unos 2.900 años-luz de nosotros. Su antigüedad es de 1.700 millones de
años y su masa es de unas 630 veces la solar.
IC-4662. Galaxia
irregular de la constelación del Pavo Real, situada a 7,96 millones de
años-luz. Tiene unos 7.000 años-luz de diámetro.
IC-4665. Cúmulo
abierto brillante en la constelación de Ophiuchus, a unos 1.400
años-luz de nosotros. Tiene unos 40 millones de años de antigüedad y
consta de unas 30 estrellas.
IC-4709.
Galaxia espiral de la constelación austral de Telescopium, situada a
unos 240 millones de años-luz de nosotros. Tiene un agujero negro
gigantesco de 65 millones de masas solares.
IC-4710. Galaxia enana
de la constelación del Pavo Real, situada a unos 34 millones de
años-luz de nosotros. Tiene unos 36.000 años-luz de diámetro.
IC-4756. Cúmulo
abierto situado a 1.300 años-luz de nosotros en la constelación de
Perseo. Tiene en torno a las 90 estrellas y su antigüedad es de unos
600 millones de años.
IC-4797. Galaxia espiral de la constelación del Telescopio.
IC-4996. Cúmulo abierto de la Vía Láctea integrado por unas 30 estrellas. Está a 1.732 parsecs.IC-5070. Nebulosa Pelícano en la constelación del Cisne.
IC-5146. Nebulosa Cocoon de la constelación del Cisne. Está cerca del cúmulo M39.
IC-5148. Nebulosa planetaria de la constelación de la Grulla.
IC-5152. Pequeño objeto irregular del Grupo Local. Está a 5,68 millones de años-luz en la constelación de Indus.
IC-5186. Galaxia espiral de la constelación de la Grulla.
IC-5267. Galaxia espiral de la constelación de la Grulla.
IC-5273. Galaxia espiral de la constelación de la Grulla.
IC-7029.
Galaxia espiral de la constelación del Indio.
De los grupos o cúmulos de galaxias hay catálogos
específicos, como el de Abell que consta de 4073 integrantes, de ellos
2.712 en el hemisferio norte y 1.361 en el sur; es el primer catálogo
de tal tipo, apareció en 1958 y se debe al astrónomo USA George Abell.
Las características de los objetos de este catálogo son entre otras la
distancia de entre los 270 y los 2.700 millones de años-luz.
Prescindiendo de la dilatada historia de los sucesivos descubrimientos astronómicos desde la antigüedad, podemos citar, como antecedente, o mejor como referencia paralela para quien quiera recomponer tal historia antigua, una lista con muchos de los astrónomos históricos más señalados; faltan algunos, unos por las habituales, inevitables e involuntarias omisiones, y otros por la razonable duda de que deban estar en la lista de los más importantes (la relatividad o grado de importancia que se quiera conceder ya que, sobre todo en el caso de los antiguos, algunos filósofos tuvieron una relativa importancia en la concepción del Universo).
Hacer una referencia biográfica a todos ellos va más allá de lo pretendido en esta obra y sin embargo su extensa historia es la historia de la astronomía. No obstante, el posible interés del lector sobre alguno de ellos puede ser satisfecho en la información que fácilmente se puede obtener en Internet con un buen buscador.
Se incluyen físicos, cosmólogos (comprendido algún filósofo) y científicos que han destacado o influido de modo más o menos destacado en la astrofísica, o astronomía en general. Algunos son tan señalados que han marcado determinante y profundamente a la humanidad a través de distintas culturas y dado a través de las épocas una visión general y un sentido a la vida.
Abderramán El Sufi, ver: Al-Sufi, Abd Al-Rahman.
Abell, George (1927-1983), estadounidense.
Abul Wefa (939-998), árabe.
Adams, John Couch (1819-1892), inglés.
Adams, Walter S. (1876-1956), estadounidense.
Aitken, Robert Grant (1864-1951), estadounidense.
Airy, George Biddell (1801-1892), inglés.
Al-Battani, Abu-Abdullah Muhammad Ibn-Jabir (850-929), árabe.
Albumazar Abu-Maschar Djafar ibn Mohamed (776-885), árabe.
Al-Sufi, Abd Al-Rahman (903-986), persa.
Al-Zarqalluh, Abu Ishaq Ibrahim ibn Yahya ibn al Naqqas (1028-1100), árabe.
Alcock, George E. (1912-2000), británico.
Alfonso X el Sabio (1221-1284), español.
Alfvén, Hannes Olof Gösta (1908-1995), sueco.
Allen, Clabon Walter (1904-1987), australiano.
Alpher, Ralph Asher (1921-2007), estadounidense.
Ambartsumian, Victor Amazaspovich (1908-1996), soviético.
Anaxágoras de Clazomene (500 a.c.-428 a.c.), griego.
Anaximandro de Mileto (611 a.c.-545 a.c.), griego.
Anaxímenes (568 a.c.-499 a.c.), griego.
Ångstrom, Anders Jones (1814-1874), sueco.
Antoniadi, Eugene M. (1870-1944), francés.
Apiano, Pedro Felipe (1495-1551), alemán.
Arago, Dominique François Jean (1786-1853), francés.
Argelander, Friedrich Wilhelm (1799-1875), lituano-alemán.
Aristarco de Samos (320 a.c.-250 a.c.), griego.
Aristilo (Siglo III a.c.), alejandrino.
Aristóteles (384 a.c.-332 a.c.), griego.
Arp, Halton Christian (1927-2013), estadounidense.
Atkinson, Robert D’escourt (1892-1982), galés.
Auwers, Arthur Von (1838-1915), alemán.
Baade, Walter (1893-1960), germano-americano.
Bacon, Roger (1214-1294), inglés.
Bahcall, John Norris (1934-2005), estadounidense.
Baily, Francis (1774-1844), inglés.
Bailly, Jean Sylvain (1736-1793), francés.
Baldwin, Joseph Mason (1878-1945), australiano.
Barabashov, Nikolai P. (1894-1971), ruso.
Bardeen, James Maxwell (1939-2022), norteamericano
Barnard, Edward Emerson (1857-1923), estadounidense.
Bayer, Johanner (1572-1625), alemán.
Beckenstein, Jacob (1947- * ), israelí.
Bell Burnell, Susan Jocelyn (1943- * ), irlandesa.
Bessel, Friedrich Wilheim (1784-1846), alemán.
Bethe, Hans Albrecht (1906-2005), germano-americano.
Bevis, John (1695-1771), inglés.
Biela, Wilhelm Von (1782-1856), austríaco.
Bisbroeck, George van (1880-1974), belga.
Blackett, Patrick Maynard Stuart (1897-1974), británico.
Bode, Johann Elert (1747-1826), alemán.
Bok, Bartholomeus Jan (1906-1983), holandés.
Bond, William Cranch (1789-1859), estadounidense.
Bondi, Hermann (1919-2005), austriaco.
Borelli, Giovanni Alfonso (1608-1679), italiano.
Bouguer, Pierre (1698-1758), francés.
Bouvard, Alexis (1767-1843), francés.
Bradley, James (1693-1762), británico.
Brahe, Tycho (1546-1601), danés.
Bruno, Giordano (1548-1600), italiano.
Burke-Gaffney, Michael Walter (1896-1979), irlandés-canadiense.
Burbidge, Geoffrey Ronald (1925-2010), británico.
Burbidge, Eleanor Margaret Peachey (1919-2020), británica.
Calipo de Cycique (370 a.c.-310 a.c.), griego.
Callandreau, Pierre Jean Octave (1852-1904), francés.
Cameron, Alastair Graham Walter (1925-2005), canadiense- estadounidense.
Candy, Michael Philip (1928-1994), anglo-australiano.
Cannon, Annie Jump (1863-1941), estadounidense.
Carrington, Richard Christopher (1826-1875), inglés.
Carter, Brandon (1942- * ), australiano.
Cassini, Giovanni Domenico (1625-1712), italo-francés.
Celsius, Anders (1701-1744), sueco.
Chandrasekhar, Subrahmanyan (1910-1995), indo-pakistaní-americano.
Christie, William Henry Mahoney (1845-1922), inglés.
Clairaut, Alexandre Claude (1713-1765), francés.
Clark, Alvan (1804-1887), estadounidense.
Cleostrato de Tenedo (538-432 a.c.), griego.
Comas i Solá, Josep (1868-1937), español.
Copérnico, Nicolás (1473-1543), polaco.
Curtis, Heber Doust (1872-1942), estadounidense.
Cousins, Alan (1904-2001), sudáfricano.
Cowell, Philip Herbert (1870-1949), indio.
Cromemelin, Andrew Claude de la Cherois (1865-1939), inglés.
Cysat, Johann (1586-1657), suizo.
D’Arrest, Heinrich Louis (1822-1875), danés.
Darwin, George Howard (1845-1912), inglés.
Davis, Raymond (1914-2006), estadounidense.
Dawes, William Rutter (1799-1868), inglés.
De Chéseaux, Jean Philippe Loys (1718-1751), francés.
De La Hire, Phillippe (1640-1719), francés.
Delambre, Joseph (1749-1822), francés.
Derham, William (1657-1735), inglés.
Deslandres, Henri (1853-1948), francés.
De Sitter, Willem, (1872-1934), holandés.
De Vaucouleurs, Gerard Henri (1918-1995), franco-estadounidense.
Digges, Leonard (1520-1559), inglés.
Digges, Thomas (1546-1595), ingles.
Donati, Giovanni Battista (1826-1873), italiano.
Drake, Frank Donald (1930-2022), estadounidense.
Draper, Henry (1837-1882), americano.
Dreyer, Johann Louis Emil (1852-1926), danés.
Dunlop, James (1795-1848), británico.
Dyson, Frank Watson (1868-1939), inglés.
Eddington, Arthur Stanley (1882-1944), británico.
Einstein, Albert (1879-1955), alemán.
Emden, Robert Jacob (1862-1940), suizo.
Encke, Johann Franz (1791-1865), alemán.
Eratóstenes de Cirene (276 a.c.-196 a.c.), griego.
Eudoxio de Cnido (408 a.c.-355 a.c.), griego.
Euler, Leonhard (1707-1783), suizo.
Faber, Sandra Moore (1944-
* ), estadounidense.
Fabricius, David (1564-1617), holandés.
Fabri de Peiresc, Nicolas-Claude (1580-1637), francés.
Fabry, Louis (1862-1939), francés.
Faye, Hervé (1814-1902), francés.
Fayet, Gaston Jules (1874-1967), francés.
Fechner, Gustav Theodor (1801-1887), alemán.
Ferecídides, (598 a.c.-512 a.c.), griego
Fermi, Enrico (1901-1954), italiano.
Filolao (450 a.c.-400 a.c.), griego.
Flammarion, Camille (1842-1925), francés.
Flamsteed, John (1646-1719), inglés.
Fleming, Williamina (1857-1911), estadounidense.
Foucault, Jean Bernard Leon (1819-1868), francés.
Fowler, William Alfred (1911-1995), estadounidense.
Fracastoro, Girolamo (1483-1553), italiano.
Fraunhofer, Joseph Von (1787-1826), alemán.
Friedman, Herbert (1916-2000), estadounidense.
Friedmann, Alexandr Alexandrovich (1888-1925), ruso.
Galileo Galilei (1564-1642), italiano.
Galle, Johann Gottfried (1812-1910), alemán.
Gamow, George Antónovich (1904-1968), ruso-americano.
Gassendi, Pierre (1592-1655), francés.
Gauss, Karl Friedrich (1777-1855), alemán.
Giacconi, Riccardo (1931-2018), italiano.
Gill, David (1843-1914), escocés.
Gold, Thomas (1920-2004), austriaco-estadounidense.
Gould, Benjamin (1824-1896), estadounidense.
Greenstein, Jesse Leonard (1909-2002), estadounidense.
Gregory, James (1638-1675), escocés.
Guth, Alan Harvey (1947- * ), estadounidense.
Gylden, Johann A. H. (1841-1896), sueco.
Hale, George Ellery (1868-1938), estadounidense.
Hall, Asaph (1829-1907), estadounidense.
Halley, Edmund (1656-1743), inglés.
Hamy, Maurice Theodore Adolphe (1861-1936), francés.
Haro, Guillermo (1913-1988), mexicano.
Harriot, Thomas (1560-1621), inglés.
Hartle, James Burkett (1939-2023), estadounidense.
Hartmann, Johannes (1865-1936), holandés.
Hawking, Stephen William (1942-2018), inglés.
Hayashi, Chushiro (1920-2010), japonés.
Head, James William (1941- * ), estadounidense.
Henderson, Thomas (1798-1844), escocés.
Herbig, George Howard (1920-2013), estadounidense.
Herschel, John Fredrick (1792-1871), inglés.
Herschel, Lucretia Karoline (1750-1848), inglesa.
Herschel, William (Friedrich Wilhem) (1738-1822), inglés.
Hertzsprung, Ejnar (1873-1967), danés.
Hess, Victor Franz (1883-1964), austriaco-americano.
Hevelius, Johannes (1611-1687), alemán.
Hewish, Anthony (1924-2021), inglés.
Hiparco de Nicea (194 a.c.-120 a.c.), griego.
Hodierna, Giovanni Batista (1597-1660), italiano.
Horrocks, Jeremiah (1618-1641), británico.
Houston, Walter Scott (1912-1993), estadounidense.
Hoyle, Fred (1915-2001), inglés.
Hubble, Edwin Powell (1889-1953), estadounidense.
Huggins, William (1824-1910), inglés.
Hulse, Rusell Alan (1950- * ), estadounidense.
Humason, Milton Lasell (1891-1972), estadounidense.
Huygens, Christian (1629-1695), holandés.
Jansky, Karl Guthe (1905-1950), estadounidense.
Janssen, Jules (1824-1907), francés.
Jeans, James Hapwood (1877-1946), inglés.
Jones, Harold Spencer (1890-1960), inglés.
Kant, Emmanuel (1724-1804), alemán.
Kapteyn, Jacobus Cornelius (1851-1922), holandés.
Keeler, James E. (1857-1900), estadounidense.
Kepler, Johannes (1571-1630), alemán.
Khayyam, Omar (1050-1123), persa.
Kiepenheuer, Karl Otto (1910-1975), alemán.
Kirchhoff, Gustav Robert (1824-1887), alemán.
Kirkwood, Daniel (1814-1895), estadounidense.
Koehler, Johann Gottfried (1745-1801), alemán.
Kolhoster, Werner (1887-1946), alemán.
Koshiva, Masatoshi (1926-2020), japonés.
Kowal, Charles Thomas (1940-2011), estadounidense.
Koyre, Alexandre (1892-1964), ruso.
Kuiper, Gerard Peter (1905-1973), holandés-estadounidense.
La Caille, Abbe Nicolás Louis (1713-1762), francés.
Lagrange, Joseph Louis (Lagrangia, Giuseppe Luigi) (1736-1813), italo-francés.
Lalande, Joseph Jérome de (1732-1807), francés.
Lambert, Johann Heinrich (1728-1777), alemán.
Landau, Lev Davidovich (1908-1968), soviético.
Langley, Samuel Pierpont (1834-1906), estadounidense.
Laplace, Pierre Simon (1749-1827), francés.
Lassell, William (1799-1880), británico.
Le Verrier, Urbain Jean Joseph (1811-1877), francés.
Leavitt, Henrietta Swan (1868-1921), estadounidense.
Lemaître, Abbé Georges Edouard (1894-1966), belga.
Lemonnier, Pierre Charles (1715-1799), francés.
Lepaute, Nicole Reine (1722-1788), francesa.
Lexell, Anders Johan (1740-1784), sueco.
Linde, Andrei Dmitrivich (1948- * ), ruso.
Lockyer, Joseph Norman (1836-1920), inglés.
Lorentz, Hendrik Antoon (1853-1928), holandés.
Lovell, Bernard (1913-2012), inglés.
Lowell, Percival (1855-1916), estadounidense.
Lundmark, Knut Emil (1889-1958), sueco.
Lyot, Bernard Ferdinad (1897-1952), francés.
Maksutov, Dmitri Dmitrievich (1896-1964), soviético.
Marius, Simon (1573-1624), alemán.
Markarian, Benjamín (1913-1985), armenio.
Maskelyne, Neville (1732-1811), inglés.
Maslama Al Mayriti (Siglo X-1007), hispano-árabe.
Mather, John Cromwell (1946-
* ), norteamericano.
Maunder, Edward Walter (1851-1928), inglés.
Maury, Antonia (1866-1952), estadounidense.
Maury, Matthew Fontaine (1806-1873), estadounidense.
Mayor, Michel Gustave Édouard (1942- * ), suizo.
Mayr, Simon (1570-1624), alemán.
McCrea, William Hunter (1904-1999), irlandés.
Méchain, Pierre François André (1744-1804), francés.
Menzel, Donald Howard (1901-1976), estadounidense.
Messier, Charles (1730-1817), francés.
Metón, (Siglo V a.c.), griego.
Meyer, Johann Tobías (1723-1762), alemán.
Michell, John (1724-1793), inglés.
Michelson, Albert Abraham (1852-1931), polaco-americano.
Miller, Stanley Lloyd (1930-2007), estadounidense.
Milne, Edward Arthur (1896-1950), británico.
Minkowski, Rudolph Leo Bernhard (1895-1976), alemán.
Misner, Charles William (1932-1923), estadounidense.
Mitchell, Maria (1818-1899), estadounidense.
Mukhanov, Viatcheslav Fyodorovich (1956- * ), soviético
Müller, Karl Hermann Gustav (1851-1925), alemán.
Müller, Johann (1436-1476), alemán.
Neujmin, Grigoriy Nikolayevich (1885-1946), ucraniano.
Newcomb, Simon (1835-1909), canadiense-estadounidense.
Newton, Isaac (1642-1727), inglés.
Nicholson, Seth Barnes (1891-1963), estadounidense.
Novikov, Igor Dmitrievich (1935- * ), soviético.
Occhialini, Giuseppe (1907-1993), italiano.
Oke, J. Beverley (1928-2004), canadiense-estadounidense.
Olbers, Heinrich Wilhelm Matthaüs (1758-1840), alemán.
Oort, Jan Hendrik (1900-1992), holandés.
Opik, Ernst Julius (1893-1985), estonio.
Oppenheimer, J. Robert (1904-1967), estadounidense.
Oppolzer, Theodor Von (1841-1886), austríaco.
Paczyński, Bohdan (1940-2007), polaco.
Palitzsch, Johann Georg (1723-1788), alemán.
Parsons, William (1800-1867), británico.
Pauli, Wolfgang (1900-1958), austriaco-suizo.
Payne-Gaposchkin, Cecilia Helena (1900-1979), británica-estadounidense.
Peebles, Phillip James Edwin (1935- * ), estadounidense.
Penrose, Roger (1931- * ), inglés.
Penzias, Arno Allan (1933-2024), germano-estadounidense.
Perlmutter, Saul (1959- * ), estadounidense.
Perrine, Charles Dillon (1867-1951), argentino.
Peters, Christian August Friedrich (1813-1890), alemán.
Philips, John Gardner (1917-2001), estadounidense.
Piazzi, Giuseppe (1746-1826), italiano.
Picard, Jean (1620-1682), francés.
Pickering, Edward Charles (1846-1919), estadounidense.
Pickering, William Henry (1858-1938), estadounidense.
Pingre, Alexandre Guy (1711-1796), francés.
Pitágoras de Samos (580 a.c.-500 a.c.), griego.
Plaskett, John Stanley (1865-1941), canadiense.
Pogson, Norman Robert (1829-1891), inglés.
Poincaré, Jules Henri (1854-1912), francés.
Pond, John (1767-1836), inglés.
Pons, Jean Louis (1761-1831), francés.
Pope, Alexander (1688-1744), inglés.
Press, William Henry (1948- * ), estadounidense.
Price, Richard H. (1943- * ), estadounidense.
Ptolomeo, Claudio (87-150), alejandrino.
Puerbach, George (1423-1461), alemán.
Rayet, Georges (1839-1906), francés.
Reber, Grote (1911-2002), estadounidense.
Rees, Martin John (1942- * ), británico.
Rheticus, Georg Joachim (1514-1576), alemán.
Riccioli, Giovanni Battista (1598-1671), italiano.
Richer, M. Jean (1630-1690), francés.
Riess, Adam Guy (1969- * ), estadounidense.
Roche, Édouard Albert (1820-1883), francés.
Roemer, Olaf Christensen (1644-1710), danés.
Rosse, William Parsons (1800-1867), irlandés.
Rubin, Vera Cooper (1928-2016), americana.
Russell, Henry Norris (1877-1957), estadounidense.
Rutherford, Lewis Morris (1816-1892), estadounidense.
Ryle, Martin (1918-1984), inglés.
Safronov, Viktor Sergeevich (1917-1999), soviético.
Sagan, Carl Edward (1934-1996), estadounidense.
Saha, Megh Nad (1893-1956), hindú.
Salpeter, Edwin Ernest (1924-2008), austríaco-estadounidense.
San Isidoro de Sevilla (560-606), español.
Sandage, Allan Rex (1926-2010), estadounidense.
Sanduleak, Nicholas (1933-1990), estadounidense.
Scheiner, Cristoph (1575-1650), alemán.
Scheiner, Julius (1858-1913), alemán.
Schiaparelli, Giovanni Virginio (1835-1910), italiano.
Schmidt, Bernard Voldemar (1879-1932), estonés.
Schmidt, Brian Paul (1967- * ), norteamericano.
Schmidt, Johan Friedrich Julius (1825-1884), alemán.
Schmidt, Maarten (1929-2022), holandés.
Schramm, David (1945-1997), estadounidense.
Schwabe, Heinrich Samuel (1789-1875), alemán.
Schwarzschild, Karl (1873-1916), alemán.
Schwarzschild, Martin (1912-1997), estadounidense.
Sciama, Dennis William Siahou (1926-1999), británico.
Secchi, Angelo (1818-1878), italiano.
Seyfert, Carl Keenan (1911-1960), estadounidense.
Shapley, Harlow (1885-1972), estadounidense.
Shklovskii, Josif Samuilovich (1916-1985), soviético.
Shoemaker, Eugene M. (1928-1997), estadounidense.
Sitterly, Charlotte Moore (1898-1990), estadounidense.
Skicky, Fritz (1899-1974), búlgaro.
Slipher, Earl Carl (1883-1964), estadounidense.
Slipher, Vesto Melvin (1875-1969), estadounidense.
Smith, Francis Graham (1923- * ), estadounidense.
Smoot, George Fitzgerald (1945- * ), estadounidense.
Somerville, Mary (1782-1872), inglesa.
Spitzer, Lyman (1914-1997), estadounidense.
Spörer, Gustav Friedich Wilhelm (1822-1895), alemán.
Strömgren, Bengt Georg Daniel (1908-1987), danés.
Struve, Friedrich Georg Wilhelm von (1793-1864), alemán.
Struve, Otto (1897-1963), ruso-estadounidense.
Struve, Otto W. (1819-1905), alemán.
Struver, William (1794-1864), estoniano.
Tales de Mileto (624-546 a.c), griego.
Tammann, Gustav Andreas (1932-2019), suizo.
Taylor, Joseph Hooton (1941- * ), estadounidense.
Teukolsky, Saul Arno (1947- * ), estadounidense.
Thorne, Kip Stephen (1940- * ), estadounidense.
Tinsley, Beatrice Murray Hill (1941-1981), americana.
Tisserand, François Felix (1845-1896), francés.
Titius, Johann Daniel (1729-1796), alemán.
Tombaugh, Clyde William (1906-1997), estadounidense.
Trumpler, Robert Julius (1886-1956), estadounidense.
Ulug Beg (1394-1449), mongol-persa.
Urey, Harold Clayton (1893-1981), estadounidense.
Van Allen, James Alfred (1914-2006), estadounidense.
Van Speybroeck, Leon (1935-2002), estadounidense.
Vaucouleurs, Gérard de (1918-1995), francés.
Vogel, Herman Karl (1841-1907), alemán.
Wald, Robert M. (1947- * ), estadounidense.
Weber, Joseph (1919-2000), estadounidense.
Weiss, Edmund (1837-1917), suizo.
Weizsacker, Carl Friedrich Von (1912-2007), austríaco.
Wheeler, John Archibald (1911-2008), estadounidense.
Whipple, Fred Lawrence (1906-2004), estadounidense.
Wickramasinghe, Nalin Chandra (1939- * ), indo-británico.
Wilkinson, David Todd (1935-2002), estadounidense.
Wilson, Raymond Hiram (1873-1951), estadounidense.
Wilson, Robert Woodrow (1936- * ), estadounidense.
Wolf, Charles (1827-1918), francés.
Wolf, Rudolf (1816-1893), suizo.
Wolf, Maximilian Franz Joseph (1863-1932), alemán.
Wolfendale, Arnold Whittaker (1927-2020), británico.
Woolley, Richard van der Riet (1906-1986), británico.
Zel’dovich, Yakov Borisovich (1914-1987), soviético.
Zwicky, Fritz (1898-1974), suizo-alemán.
(
*
) Vivos en mayo de 2025.
> LAS ESTRELLAS Y OTROS OBJETOS
Las estrellas son realmente las protagonistas del Universo, y consideramos como madre a la materia primigenia hidrógeno y padre al elemento contractor gravedad. Básicamente ya vista como modelo nuestra propia estrella, el Sol, podemos ver ahora los distintos tipos o estados de evolución posibles de la mayoría de las estrellas.
La primera formación de las estrellas se cree que se remonta al tiempo de 1/8 de la edad del Universo, alcanzando un ritmo más elevado hasta el tiempo de una edad la mitad de la del Universo actual. Aunque en nuestro Sistema solo tenemos al Sol, en general, los demás sistemas suelen tener dos o más estrellas que se forman a la par a partir de la nebulosa de gas y materia inicial; la formación pues de las estrellas suele realizarse sobre masas de gas y polvo normalmente en grupos. Se cree que al mismo tiempo se forman también los protoplanetas; en datos de 2020, los planetas se forman en estrellas jóvenes en menos de medio millón de años, período muy pequeño en la escala cósmica. Se cree que cada 4 estrellas 3 forman sistemas binarios o de más objetos que dos. Las primeras estrellas al principio del Universo, según una simulación de 2001, serían escasas, posiblemente muy masivas, como 100 veces nuestro Sol, de rápida formación y con una vida por ello muy corta.
El gas y polvo citados proceden en gran medida de las supernovas y sirven como materia para engendrar luego con la gravedad los entes protoestelares y protoplanetas; en realidad, el inicio de la concentración en grumos de un tamaño mínimo antes de la acción de la gravedad es facilitado por la electrostática de la materia original, los campos magnéticos y la presión de la misma radiación llegada sobre el lugar. Son la verdadera tierra del huerto de la vida en el Universo. Como sea que proceden de los restos de otra estrella, de una supernova, se consideran estrellas de segunda generación. En 2005 se informó precisamente del hallazgo de una estrella, la HE1327-2326 cuyos elementos se dijo que se habían formado unos 15 min tras el Big Bang, récord de antigüedad para el caso; su nivel de hierro es 300.000 veces menor que en nuestro Sol y es por ello que se estimó que su materia es de elementos ligeros originales del Universo.
También jóvenes estrellas al entrar en ignición pueden provocar en cadena nuevas estrellas en su entorno al actuar, con su propia energía emitida, sobre el gas y polvo circundante. Se denomina en este caso formación inducida de estrellas.
En
el proceso de agrupación, las nubes de baja densidad del gas tienen
inicialmente temperaturas muy bajas, de solo 10ºK. La agrupación de
materia hacia el colapso de una nube de gas y polvo, además de la
temperatura, composición, densidad, e incluso campo magnético, exige
una masa mínima, llamada masa de Jeans, por encima de la cual comienza
tal compactación al superar la oposición del gas a ser comprimido. Tal
factor de masa, por extensión, también se aplica a la formación estelar
conjunta; es decir, en los cúmulos y demás estructuras de varias
estrellas, razón por la que las estrellas nacen en grupos y no de forma
unitaria aislada.
Cuando la
gravedad hace aumentar la densidad en contracción hasta al menos un
millón de moléculas por cm^3 la temperatura va en aumento y la masa
adquiere una forma de esfera aplastada o disco de núcleo grueso que
gira. En una tercera fase, el centro de la masa, sometido ya a
considerable presión bajo densidades del orden de 10^20 átomos por
cm^3, adquiere temperaturas del orden de los 2.000ºK (1.726ºC). En
los bordes, o simplemente más allá del núcleo, densidad y
temperatura siguen bajas. El incremento de densidad y temperatura
lleva al centro de la masa a encender el proceso de fusión nuclear
cuando la temperatura alcanza unos 10.000.000ºC. La masa de gas y
polvo que envuelve ese núcleo, empujada por la radiación generada,
se aleja o aparta y deja brillar ya la nueva estrella. También
quedan a la vez relativamente limpios los posibles planetas de la
envoltura de polvo y gas que envuelve inicialmente al nuevo sistema.
Los restos apartados quedarán en los límites del repetido nuevo
sistema.
Así pues, cualquier estrella, como se hizo referencia al citar al Sol, se enciende en un proceso termonuclear al ir concentrándose la materia debido a la gravedad, de modo que los átomos de gas se apretujan hasta aumentar su velocidad, puesto que se tratan de evitar, y finalmente calentarse por ello, tanto que disgregan sus partículas y comienzan a fusionarse; todo ello en un proceso que dura unos 1.300.000 años por término medio hasta que empieza a brillar y pero tardará unos 50 millones de años más para que se encienda el horno termonuclear de la fase H --> He (hay fuentes que señalan para tal inicio períodos 10 millones de años y temperaturas de 10 u 11 millones de ºC). En general, la mayoría de las estrellas se forman de nubes de hidrógeno y helio con respectivos porcentajes de entre el 72 y 75% el primero y entre el 26 y 23% el segundo.
La masa crítica para la formación de una estrella se ha estimado en al menos el 8 % de la del Sol, o bien en torno a las 70 u 80 veces la masa de Júpiter (según fuentes). Por debajo de la misma, el cuerpo se convierte en un planeta, o quizá en una enana marrón o estrella oscura. En el otro extremo, la masa límite se creyó de 60 veces la del Sol pero más modernamente se han observado estrellas de mayor masa, de hasta 120 veces la solar, y excepcionalmente de hasta cerca de 300 veces, llamadas hipermasivas y a veces estrellas “imposibles”. De una masa desmesurada, la protoestrella tendría tanta energía que estallaría. Oscilan la mayoría de las estrellas en cuanto a masa entre 1/10 y 50 veces la solar. El tamaño va desde los 300.000 Km de diámetro de las enanas blancas hasta más de los 1.000 millones de Km de las supergigantes. En el límite superior de la masa estelar la estrella es muy luminosa pero inestable, de modo que se produce una pérdida de tal masa.
En
los años 80 se creía que para masas de más de 60 veces la solar la
estrella se enciende antes que se acumulen más nubes de gas y polvo
que son apartadas y expulsadas. En teoría, por tanto, no debería
haber estrellas de más masa que la citada, pero resulta que sí las
hay, lo que venía a arrojar dudas sobre el verdadero proceso de su
formación. Así, los estudios al respecto indican hacia 2009 que la
presión contraria a la acumulación de la masa ejercida por la
radiación propia no es suficiente para la contención en el agregado
o acreción. Finalmente se cree que la materia logra sumar masa
gracias a las inestabilidades gravitatorias que dirigen el polvo y el
gas en discos y filamentos que no exponen excesiva superficie a los
efectos de la radiación señalada.
En 2021 se cree que la formación de estrellas
muy masivas es distinta a las de masas menores con su disco más o menos
definido de polvo y gas. Las más masivas se cree que en cambio se
forman inicialmente sobre masas caóticas de gas y polvo, y a una
velocidad irregular, sin grandes discos estables.
Si la masa del cuerpo es superior al 8 % de la del Sol, la presión eleva la temperatura de la materia que la forma y por consiguiente su temperatura hasta encender la reacción en cadena de la mecánica de fusión del hidrógeno en su núcleo.
Las densidades en las estrellas son diversas en función de su masa. En una enana blanca pequeña será de entre 1 Kg y 1 Tm por cm^3, pero en una blanca masiva es de 100 Tm/cm^3. En una estrella de neutrones la densidad es sin embargo de 300.000 Tm/cm^3 y en su núcleo asciende a nada menos que 1.500.000.000 Tm/cm^3, siendo aun superior e inimaginable en un agujero negro.
En los procesos de la vida de una estrella tiene su importancia el mantenimiento de su momento angular, es decir, de la relación de rotación, tamaño y masa de la misma. De tal física se desprende que la estrella que se contrae aumenta la velocidad de su rotación y, viceversa, su inflación significa hacerse más lento tal giro. Muchas de las estrellas del mismo tipo que el Sol, como se ha observado, también guardan la misma relación de giro que el mismo, rotando un 30% más rápido en su ecuador (unas 2,5 veces) que en los polos.
Es pues una estrella una masa de gases, principal e inicialmente del más ligero de los elementos, el hidrógeno, en reacción nuclear comprimida por la gravedad. El primer producto de la reacción citada es la recombinación de la materia para formar otro elemento, un poquito más pesado, el helio. De este proceso resulta además que empieza a emitir energía hacia las capas más externas inmediatas. Llegará progresivamente encenderse la estrella y se estabilizará en un momento de equilibrio aunque con oscilaciones de períodos de decenas de millones de años. Como sea que el gas calentado tiende a expandirse, la presión es soportada con una expansión de modo que la densidad no es aun mayor que la de la equivalente del agua. La presión de la radiación del núcleo va aguantando la tendencia opuesta o peso de las envolturas más externas.
A partir de aquí se guardará un equilibrio
hasta que el combustible hidrógeno empiece a faltar pasados miles de
millones de años; el helio resultante, más pesado, tiende a ir
concentrándose hacia el centro de la estrella y por tanto el
hidrógeno en combustión lo envuelve y hace que las capas externas
se expandan cuando el proceso alcanza un nivel evolutivo preciso. Al
final de su vida, una estrella agota su combustible nuclear y rompe
tal equilibrio que venía manteniendo regularmente durante toda su
existencia. El repetido equilibrio es el mantenido por la gravedad,
que tiende a derrumbarse o comprimirse, y el de la fuerza nuclear,
expansivo. En estos procesos de máxima concentración, el núcleo de
helio puede llegar a alcanzar una temperatura del orden de los ciento
y pico millones de ºC e iniciar así un nuevo proceso de fusión
(ahora con el carbono).
La nueva estrella, al encenderse, con su radiación
UV provocará la ionización de polvo y gas, especialmente del abundante
hidrógeno, que la rodea hasta un límite en dependencia de varios
factores, principalmente de su masa y temperatura. Tal límite es
denominado de Strömgren, o esfera de Strömgren, y está marcado por una
pequeña zona de transición ante el espacio más vacío. En una estrella
masiva tal límite en distancia de la estrella puede ser de algo más de
300 años-luz, o unos 100 pársecs.
Entonces pueden ocurrir varias cosas en dependencia de la masa de la estrella. La masa de una estrella va a determinar su vida, su tamaño, color, temperatura y brillo; una estrella de una masa de un 10% la solar tendrá una vida típica de 2 billones de años y una de 60 masas solares subsistirá durante solo 3,4 millones de años, siendo la típica de 1 masa solar de una vida de 10.000 millones de años. El subproducto que es el helio generado por consumición del hidrógeno, del que aun queda algo sin quemar en las capas externas, no deja pasar la energía y aumenta así el calor en el centro de la estrella, donde se concentra el helio, produciéndose una expansión de tales envueltas exteriores donde baja la temperatura. Puede aparecer entonces una estrella roja que acrecienta su tamaño hasta ser una gigante roja. Si su masa es superior será una supergigante roja. Entonces sí se consume el helio y la estrella puede por ejemplo brillar 100 veces como el Sol durante miles de millones de años. Luego se encoge, aumentando de temperatura y pasando por los colores anaranjado, amarillo, blanco y azul.
Para las estrellas del tipo del Sol, en ese momento, llega un enfriamiento con lo que se derrumban las capas que tiene por encima el núcleo y las más externas se alejan, expandiéndose en varias veces su tamaño. Es el principio del ocaso de la estrella. Tras ser así una gigante roja se va enfriando lentamente a la vez que se encoge a un tamaño parecido al de un planeta como la Tierra o el doble a lo sumo. La presión en el núcleo es ahora de varias Tm/cm^3 y se convierte en una enana blanca, perdiendo su brillo.
Si su masa es superior en determinadas veces a la del Sol, en este proceso, las capas exteriores se derrumban y aparece una estrella de neutrones o un púlsar; su diámetro será de unas decenas de Km y la densidad de 1.000 a 10.000 millones de Tm por cm^3. En este caso, el enfriamiento de la estrella, agotado su proceso creador de materia pesada, produce su compresión hasta un límite de rápido colapso y las capas más externas se liberan. La compresión citada aumenta con la densidad en proceso de minutos hasta el punto de que los electrones se entremezclan con los núcleos atómicos de modo que la reacción con los protones produce neutrones. En tal momento el radio del núcleo de tal estrella es de una docena de Km y la mayor masa de electrones y protones han formado otra de neutrones que encuentra un punto de equilibrio en el colapso. Las envolturas más externas se derrumban atraídas hacia el centro con gran velocidad entonces y producen una enorme explosión que se conoce como supernova, pudiendo explotar de modo que la materia se esparcirá en una extensa nube por el espacio.
En
el proceso termonuclear tras el del hidrógeno y el helio aparecen
también otros elementos cada vez más pesados, como el carbono y el
oxígeno, llegando en abundancia al níquel y hierro, que se acumulan
en el núcleo hasta adquirir una densidad de por ejemplo 100 Tm/cm^3.
Cuando se acaba el He, en el interior de un estrella la densidad es
de 100 Tm por cm^3. La generación de estos elementos en ciclos y
pasando por una serie de isótopos de los mismos, en íntima relación
con la térmica de la estrella, permite emisiones de radiación que
sirven a los astrónomos los datos en bandeja para el profundo
estudio del astro; ejemplos de ciclos: hidrógeno-helio;
helio-carbono; carbono-nitrógeno-oxígeno; magnesio-aluminio;
neón-sodio (que genera, como el anterior, radiación gamma);
neón-oxígeno y magnesio; oxígeno-silicio; silicio-hierro; etc.
Muchos de estos ciclos van en función de la masa de la estrella; el
primero, el de H-He, es en cambio común en gran parte de la vida de
todas las estrellas. En cuanto a los isótopos, hay una asociación entre
los mismos y el tipo de estrella de la que pueden proceder; por
ejemplo: manganeso-53 en explosiones de enanas blancas, hierro-60 en
supernovas al colapsar su núcleo, plutonio-244 originado en la fusión
de estrellas de neutrones, etc.
En las reacciones entre los elementos más pesados generados inicialmente, más allá en los ciclos del hidrógeno y helio, está el llamado ciclo de Bethe, o ciclo CNO (por carbono, nitrógeno, oxígeno), en el que en estrellas de igual o mayor masa que nuestro Sol se genera el importante carbono y otros elementos, como el nitrógeno y el helio; también llamado nucleosíntesis, el proceso de generación de energía en las estrellas fue descubierto en 1938 por Hans Bethe. El núcleo de carbono se genera a partir de 3 núcleos de Helio. Las fórmulas son:
|
6C12 + H1--->7N13 7N13--->6C13 + e+ 6C13 + H1--->7N14
7N14 + H1--->8O15 8O15--->7N15 + e+ 7N15 + H1--->6C12 + 2He4
|
|
e+ es un positrón y 2He4, dos núcleos de helio, son la radiación alfa. |
Este es un ejemplo -solo un ejemplo- de los múltiples procesos que ocurren en el típico horno nuclear estelar, siempre en función de la masa; a la mayor masa más elementos pesados se producen en tal horno. En nuestro Sol y estrellas hasta de 10 masas solares se llega al ciclo del helio-carbono, con otro final de carbono-oxígeno. Con 11 o 12 masas solares se añade el ciclo final de oxígeno-neón-magnesio. En todos los casos el resultado será una enana blanca al final de la vida estelar. A partir de aquí, con masas superiores, aparecen ciclos de elementos más pesados (como el silicio y el hierro) y el resultado último de la estrella será una de neutrones, o incluso un agujero negro. Los elementos más pesados se forman en una última etapa de modo que su producción siempre es menor y de ahí la escasez en la naturaleza (en relación a los menos pesados). Las temperaturas alcanzadas en los procesos llegan y superarán los 100 millones de ºC. Los elementos cuanto más pesados se van concentrando hacia el centro de la estrella en sucesivas capas. La generación de los elementos cada vez más pesados exige mayores temperaturas, razón por la cual algunos elementos no pueden ser producidos por las estrellas que no las alcancen.
Los tiempos de duración de los ciclos son distintos. El de carbono-nitrógeno (o de Bethe-Weizsäcker), por ejemplo, dura 7 millones de años. Pero los elementos más nuevos se generan dentro de tal tiempo al final, en menos tiempo.
No todos los elementos se forman dentro de las estrellas, ni en las supernovas, ni aun en las más masivas y de violentos fenómenos, especialmente los elementos más pesados. Algunos, como el oro, el plomo y el iridio, son generados en el choque o fusión de estrellas de neutrones de un sistema binario, y otros, como el litio, solo aparecen en procesos en el entorno de estrellas de segunda generación; es decir, son estrellas que tienen en rededor materia generada a su vez anteriormente por otra ya extinta. El litio se genera por bombardeo de rayos cósmicos de elementos pesados que se rompen y tiene su principal fuente en las novas, aunque hubo también una pequeña cantidad inicial creada en el Big Bang. Otro, el cobre también aparece en la segunda generación de estrellas, en la superficie de las supergigantes por bombardeo de neutrones sobre el hierro (desintegración beta). Además, choques de estrellas de neutrones pueden generar elementos como el oro y el uranio en cantidad elevada. Las mismas también generan, como se pudo verificar en 2024 (GRB 230307A), elementos lantánidos, también llamados tierras raras.
CUADRO RESUMEN de la GENERACIÓN estelar de ELEMENTOS:
|
Ciclo o combustión |
Elementos |
Duración de la etapa en años |
Temperatura alcanzada en millones de ºK |
Densidad en Tm/m³ |
|
Hidrógeno |
H |
6.000.000 |
37 |
3,8 |
|
Helio |
He |
500.000 |
180-200 |
620 |
|
Carbono |
C-O |
200 |
600-720 |
640.000 |
|
Neón |
Ne-Mg-Na |
1 |
1.400 |
3.700.000 |
|
Oxígeno |
O-Mg-Al-P |
1/3 |
1.500-1.800 |
13.000.000 |
|
Silicio |
Si-S-Ar-Ca |
1/365 |
2.700-3.400 |
200.000.000 |
|
Hierro |
Fe-Ni-Cr-Co |
1/365 |
5.400 |
3.000.000.000 |
Formada la estrella, el anillo de polvo y gas que la circunda puede dar lugar a agrupaciones distintas de las que se generan planetas. Este hecho ha sido confirmado por satélites astronómicos como el Hubble y el Spitzer, que han detectado discos con huecos o franjas barridas seguramente por algún planeta en estrellas similares al Sol en estrellas muy jóvenes así como en otras menos jóvenes que tienen por ello discos de polvo de menor masa. Se han observado incluso cinturones o anillos mucho más densos que nuestro cinturón de Kuiper.
La vida media de una estrella del tipo solar es de 10.000 millones de años. Una de masa 1/10 la del Sol existirá encendida durante 1 billón de años (un millón de millones). Con 2 veces la masa del Sol, la estrella subsiste más de 1.000 millones de años para posteriormente convertirse en una gigante roja. Las que son más de 3 veces mayores que el Sol se queman con mayor prontitud y también pasan por la fase de gigante roja, pero su mayor masa hace que luego se colapsen sobre sí para luego explotar interiormente y dan lugar a una supernova. Las estrellas de una masa igual o superior a 8 veces el Sol también siguen un mismo proceso, pero su final es distinto. Generan hierro con mayor temperatura y se apagan explotando con una energía luminosa de hasta miles de millones de veces una galaxia entera. Las de masa 10 veces o más la solar solo subsisten unos cuantos millones de años para luego explotar como una supernova. Si no resulta destruida, entonces la estrella puede dejar un núcleo que pasará a ser una estrella de neutrones (masas entre 8 y 30 las del Sol). También puede pasar a ser un agujero negro, ente aun más compacto o denso que la estrella de neutrones.
Las estrellas de masas entre 4 y 8 veces la solar, de la llamada “rama asintótica de las gigantes”, al final de su vida, cuando expulsan la masa de las capas más externas, muestran gran cantidad del isótopo rubidio 87, según se determinó en 2006.
El hecho de una vida más corta para las estrellas de mayor masa estriba en que el hidrógeno se consume más rápidamente, alcanzando de decenas de millones de grados. En resumen, cuanto más grande sea una estrella menor vida tiene y más violento es su final.
Las distintas formas que quedan en la muerte de una estrella muestras una variedad de diferentes y espectaculares nubes y nebulosas de gas y materia, muchas veces de extraordinaria belleza y colorido, con una tendencia general a la simetría; aparecen formas anulares, esféricas, elipses, de chorro, etc., a veces distorsionadas todas ellas, pero manteniendo la simetría.
En
los estados finales de la vida de las estrellas también se expulsan a
gran velocidad masas de polvo. Un estudio sobre gigantes rojas dado a
conocer en 2012 apunta a estrellas que expulsan casi la mitad de su
masa en forma de muy veloces flujos de polvo (10 Km/seg),
principalmente de silicatos, durante períodos de unos 10.000 años.
A las estrellas de poca masa, que no resultan visibles, y enanas blancas apagadas, se les denominó objetos masivos compactos del halo, MACHO. Su existencia se evidencia ante la presencia de otras estrellas e igualmente podrían ocultar planetas, agujeros negros, enanas marrones, estrellas de neutrones o enanas blancas. También se los vincula con la materia oscura, siendo investigados al pensar que podrían ser parte de la misma; en 1996 hasta se llegó a decir que los objetos MACHO podrían suponer la mitad de la materia oscura, pero solo fue una estimación.
Agrupadas generalmente en distintos tipos de formación, las estrellas suelen seguir un rumbo marcado por tal conjunto. Pero se estima (2004) que, al menos en nuestra galaxia, hay una quinta parte (un 20%) que siguen trayectorias libres o distintas a las restantes. Tal mayoría gira circularmente en torno al centro de la galaxia y el resto bien hacia el centro o hacia el exterior de la Vía Láctea. Es principalmente debido ello a la acción gravitatoria de los brazos espirales.
Final de la vida de una estrella:
|
Estrella con menos de 1,44 masa solar (He → C) |
→ Gigante roja 100.000.000ºC |
→Nova pulsante |
→ Enana blanca |
+ Nebulosa planetaria |
|
|
Estrella con más de 1,44 masa solar (He→C pero con mayor rapidez) |
→ Gigante roja 100.000.000ºC |
→Supergigante (8 de masas solares o más) |
→ Supernova (700.000.000ºC) |
→ Enana blanca
|
|
|
→Supergigante
|
→ Supernova II |
→ Estrella de neutrones (7 a 25 masas solares) |
→ Púlsar 7 a 15 masas solares |
||
|
→ Agujero negro más de 15 masas solares |
NOTA: En el límite citado de 7 u 8 masas solares, algunos autores lo cifran como de 3 masas solares. También algunos citan las 25 masas solares como mínimo para la formación de un agujero negro.
Las clasificaciones y distinciones posibles de
las estrellas son varias en dependencia de las características que
se quieran preferir (magnitud, tamaño, edad, temperatura, etc.).
La magnitud aparente o luminosidad astronómica es la relativa desde nuestra posición y se mide de menos a más y en base al índice 2,51. De tal modo, una estrella de –1 es más luminosa que la de magnitud 5, por ejemplo; así pues, una de magnitud 0 respecto a la de magnitud 5 tiene en realidad un brillo 100 veces superior. El índice indicado es la base de la potencia de magnitud. Es decir, una estrella de magnitud 1 es 2,51 veces más brillante que la de magnitud 2, o la de magnitud 0 es 2,51 veces más brillantes que la de 1. El astro de mayor magnitud para nosotros es el Sol con –26,6, seguido de la Luna con –12,5. A simple vista se pueden ver objetos de hasta la magnitud +6 y con potentes telescopios más de la +27 magnitud.
La llamada magnitud absoluta es la estimada de un astro situado a 10 pársecs, o 32,6 años-luz. En tal situación, el Sol tendría una magnitud absoluta de 4,85, pero las gigantes Betelgeuse (una M2) y Rigel tendrían respectivamente –2,95 y –5,77.
Las magnitudes también son válidas o aplicables a otros entes distintos a las estrellas.
Los tamaños son variables, pero existe una relación de abundancia inversa al tamaño. A menor tamaño más abundancia de estrellas. El Sol es de tipo medio. En general, el diámetro de las estrellas oscila entre 1/10 parte del solar hasta varios cientos de veces el mismo. La masa oscila entre 0,06 veces la del Sol hasta 100 veces la misma y es el factor de la estrella que determina su vida y muerte.
Según alteraciones de su luminosidad, las estrellas pueden ser estables o variables. Las primeras durante millones de años emiten constantemente una misma cantidad de luz, pero las segundas varían su brillo al paso del tiempo y de modo distinto. Las estrellas variables pueden ser a su vez pulsantes, eclipsantes y eruptivas.
Las variables pulsantes, tipo al que corresponden las cefeidas, aumentan y disminuyen su volumen y temperatura de forma más o menos regular. Las eclipsantes son el resultado de la rotación o trayectoria de estrellas binarias (o de más de dos) que alternan su posición y hacen variar así la luminosidad del conjunto al interponerse en su girar visto desde nuestra posición. Ejemplo: Algol, que cada 69 h cambia de magnitud 2 a 4, disminuyendo durante 4 h y aumentando durante otras 4; Algol es un sistema binario situado a 93 años-luz de nosotros cuya estrella principal tiene una masa 3 veces la solar y la acompañante gira a 9.300.000 Km.
Las variables eruptivas tienen en su superficie o fotosfera modificaciones de las actividades energéticas, como fuertes erupciones, que hacen fluctuar su luminosidad. Las variables regulares pulsantes que tienen períodos cortos, de unas horas a minutos, son denominadas RR Lyrae y se utilizan como las cefeidas para cálculos de distancias.
Conocidas desde hace siglos, se llegaron a hacer varios catálogos de estrellas variables, los primeros en el Siglo XIX, los de Flammarion y Chandler con varias cientos de ellas. En 1958 un último catálogo por entonces ya sobrepasaba las 14.000 estrellas variables.
Una clasificación de las estrellas puede hacerse en función de su edad y así resultan ser de dos tipos: Población I y Población II.
Las de Población I se localizan en regiones con estrellas en formación, donde hay abundante gas y materia interestelar y estrellas blancas o azules, las más brillantes y muy calientes, menores de los 5.000 millones de años. Generalmente los brazos de las galaxias son lugares adecuados para hallar estas estrellas, cuyo contenido en metales es mayor que en las del otro tipo.
Las de Población II pertenecen a las regiones más antiguas, estrellas de las edades más tempranas del Universo, con gigantes rojas, poca materia interestelar, y sin apenas estrellas blancas y calientes. Se asimilan a este tipo los núcleos de las galaxias elípticas y cúmulos globulares.
El cálculo preciso de la edad de las estrellas ha sido objeto de controversia y los errores y disparidades son habituales. Se suelen utilizar parámetros comparativos en relación a otras estrellas. Se basan tales medidas en los elementos pesados hallados espectralmente. Así, el estudio de enanas blancas ha permitido también determinar la edad de grupos de estrellas, e incluso de la galaxia.
Otra
clasificación de las estrellas se plasma en el llamado diagrama
de Hertzsprung-Russell
(principios del Siglo XX), o HR, con referencias coordenadas a la
magnitud absoluta o luminosidad (de mayor a menor, de arriba abajo) y
temperatura en la superficie de la estrella en ºK (de más a menos,
de izquierda a derecha en las coordenadas). En el mismo destacan las
series de las estrellas gigantes, supergigantes, enanas blancas y
sobre todo la secuencia o serie principal que recoge las estrellas
adultas, entre las que se cuenta la nuestra, el Sol. Una región de
este diagrama se le llama secuencia
principal
y recoge la principal evolución de las estrellas en tanto que queman
el hidrógeno (según el esquema más adelante señalado, tal
secuencia evolutiva estelar sería M, K, G, F, A, B y O, creciente en
temperatura). La duración de tal secuencia está en función de la
masa de la estrella. En líneas generales, para una estrella como el
Sol la duración de la secuencia es de unos 10.000 millones de años.
Para una estrella con la mitad de la masa solar es superior, para
otra del triple de masa es de unos 50 millones de años y para una de
20 masas solares la secuencia dura solo unos 8 millones de años.
Dentro del diagrama hay también una franja de los
tipos de las ya citadas estrellas Cefeidas y RR Lyrae, llamada banda de
inestabilidad, que se caracterizan por sus pulsaciones luminosas en
relación a su temperatura. Las pulsaciones son oscilaciones periódicas
de tal luminosidad.
Las clases espectrales se denominan con letras, pero no en orden alfabético, y cada tipo se subdivide a su vez en 10 subtipos, de 0 a 9 (G1, G2, etc.); cuanto menor numeración más caliente es la estrella.
Las estrellas consideradas más calientes y luminosas de lo debido para sus características según el cálculo humano, son denominadas “azules errantes”, blue stragglers, si bien no son precisamente “errantes”. Se hallan en cúmulos abiertos y sobre todo en los globulares, formando parte de sistemas binarios en algunos casos. Sus mecanismos y caracteres no son aun tan conocidos.
En realidad, en las clasificaciones de las estrellas según su tipo, color y temperatura, es difícil encontrar dos autores o fuentes con información exactamente igual y también aquí hay catálogos diversos según distintos criterios. Por ello, los datos que luego se citan podrían en realidad no ser los más exactos, pese a que se ha intentado acercarse lo más posible a ellos. Además, los límites entre los distintos tipos no son claras líneas definidas sino que se pueden entremezclar y algunas franjas de estrellas son de discutible clasificación. Para los astrónomos los colores de las estrellas se reflejan por índices que parten de azul muy claro como 0,0 (tipo espectral AO), pero no sigue con exactitud la habitual secuencia de colores, de modo que el 0,3 corresponde al color blanco y así los colores azules llevan signo negativo. Inicialmente el catálogo, debido a Henry Draper sobre los trabajos de Angelo Secchi, comprendía solo las letras B, A, F, G, K y M, equivalentes hipotéticamente en tal orden a una evolución desde nacimiento hasta la muerte de la estrella.
Además, muchas de las estrellas en las galaxias están (o tienden a estar) agrupadas en formaciones o grupos llamados asociaciones; los grupos, a su vez, son clasificados según los tipos espectrales en: O y B; R; y T. En cualquier caso se asimilan tales asociaciones a las zonas de su creación o formación estelar.
Clasificación de tipos o clases espectrales principales de las estrellas:
|
Tipo espectral |
Color o Tipo de objeto |
Temperatura en ºK |
| W | Blanco-verdoso Estrellas de Wolf-Rayet |
100.000-40.000 |
|
O |
Azul |
40.000-30.000 |
|
B |
Azulado-Blanco azulado |
30.000-12.000 |
|
A |
Blanco |
12.000- 8.000 |
|
F |
Blanco amarillento |
8.000- 6.000 |
|
G |
Amarillo |
6.000- 5.000 |
|
K |
Amarillento-anaranjado |
5.000- 4.000 |
|
M |
Rojo |
4.000- 2.600 |
|
N |
Naranja rojizo-Rojo vivo |
2.600- 2.300 |
|
R |
Rojo-anaranjado |
2.300- 2.000 |
|
S |
Rojo vivo - Variables |
2.600- 1.200 |
|
P |
Nebulosas Planetarias |
|
|
Q |
Novas |
|
|
L |
Enanas Marrones |
1.200- 800 |
|
T |
Enanas Marrones |
800- 500 |
| Y |
Enanas Frías | |
|
C |
Estrellas especiales |
|
Algunas equivalencias entre temperatura y magnitud absoluta de las estrellas:
|
Temperatura en ºK |
Magnitud absoluta |
|
3.480 |
1,4 |
|
4.530 |
1,0 |
|
5.920 |
0,6 |
|
8.190 |
0,2 |
|
10.800 |
0,0 |
|
18.800 |
-0,2 |
La mayor estrella conocida en 2019 es UY Scuti con
2.321,17 millones de Km de diámetro. Luego tenemos a Mu Cephei o Garnet
Star, una supergigante roja de un diámetro de 2.295,8 millones de Km;
el Sol tiene 1,4 millones de Km. Son también considerables en tamaño
(volumen), pero por debajo de los 2.100 millones de Km, las estrellas
VX Sagitario, V354 Cefei, KW Sagitario y KY Cisne.
Está luego Betelgeuse, o Alfa de
Orionis, una gigante roja tipo espectral M2, a unos 310 años-luz que
tiene 1.495,75 millones de Km de diámetro; otra medición (2020) apunta
a 522 millones de Km, poco más de la tercera parte. Brilla como 20.000
veces el
Sol y tiene más de 300 veces su tamaño. Se espera que explote en unos
10.000 años para convertirse en una supernova. En julio de 2009 se
informó que desde 1993 Betelgeuse se estaba contrayendo continuamente,
hasta más del 15%, hecho muy notable; sin embargo, su brillo seguía
siendo casi igual. Y unas semanas más tarde se dijo que se había
hallado en tal estrella una dinámica aleatoria del gas de su superficie
formando burbujas enormes. En 2020 su brillo sufre una acusada
oscilación, propia de muchas supergigantes, oscilación que es
posiblemente debida al polvo que la envuelve una vez enfriado y
generado por emisiones de la propia estrella. En 2022 se aclaró que
habría registrado en 2019 una enorme eyección de masa que fue lo que
ocasionó luego el oscurecimiento durante varios meses. En 2024 se
especula sobre si las pulsaciones de Betelgeuse son debidas a una
compañera que tiene pero que no vemos. En 2025 se confirma la existencia de tal compañera en una órbita de 4 UA de distancia.
En 1997, tras su observación en 1995, trascendió la identificación de la gigante R Doradus, situada a 200 años-luz, que tiene un diámetro 370 veces el del Sol (unos 515 millones de Km). Es unas 180 veces más brillante que nuestra estrella.
También es considerable Rigel, la beta de Orión, situada a 910 años-luz, que es 50.000 veces más luminosa que el Sol; en escala absoluta, claro. Es una blanca-azulada tipo B8 100 veces mayor que el Sol. Es también la quinta estrella más brillante del firmamento desde nuestra posición.
Hay una estrella, VY Canis Majoris, en Can Mayor, a 5.000 años-luz de
nosotros, que si bien su volumen es enorme su masa es relativamente
baja; es decir, es de baja densidad, por lo que no suele ser
clasificada como “grande”. Su diámetro se estima en torno a los 2.900
millones de Km, con lo que comparativamente, en nuestro Sistema Solar
llegaría a la órbita de Urano. Pero su masa es de unas 35 veces la
solar, que es poco para tal volumen. Su luz es 300.000 veces la del
Sol. Anualmente pierde una masa de gas y polvo unas 30 veces la masa de
la Tierra. Con el tiempo dará lugar a una supernova.
Igualmente destacada son: la blanca supergigante Deneb, a 1.500 años-luz, en Cisne, que es 100.000 veces más brillante que el Sol; WOH G64, que está en la Nube de Magallanes, que es unas 2.000 veces mayor que el Sol, aunque su masa es solo 25 veces la solar; V838 Monocerotis, situada a 20.000 años-luz de nosotros en Monoceros, que es unas 800 veces mayor que el Sol.
Asimismo es grande la amarilla V766 Centauri, o HR 5171 A, situada a 12.000
años-luz de nosotros en la misma Vía Láctea, que tiene un diámetro
1.300 veces el del Sol y 39 masas solares; brilla cerca de 1 millón de
veces como el Sol. Se cree que que en su inestable estado le queda un
millón de años de vida, momento en el que explotará. Tiene una estrella
compañera, también masiva y otra menor.
La estrella más pequeña conocida es la enana blanca LP 327-16 que tiene solo 1.700 Km de diámetro. Otra es Sirio B con un tamaño de 12.000 Km de diámetro (menos que la Tierra).
En 1994 se localizó en nuestra galaxia, a 25 años-luz de nosotros, en la constelación de Hércules, la enana roja G1263b, que tiene un diámetro de unos 130.000 Km (menos que Júpiter) y emite luz 60.000 veces menos que el Sol. Pertenece a un sistema binario en el que su compañera rota a una distancia de 300 millones de Km.
Otra, de tamaño de Júpiter, y de menor brillo o magnitud absoluta, de la que se tenga noticia fue captada por el telescopio espacial Hubble y es la Gliese 752-B, formando un conjunto binario con otra mayor. La temperatura de su superficie es de solo 2.000ºC.
También pequeña es DENIS-P J104814.7-395606.1 con solo un 10% de la masa del Sol. Se encuentra a 13 años-luz de nosotros.
EBLM
J0555-57Ab. Estrella del tamaño de Saturno tan solo que forma parte de
un sistema binario a unos 600 años-luz de nosotros, rotando sobre su
compañera con un período de unos 7 u 8 días. Su masa es sin embargo 283
veces la del citado planeta. Fue identificada por buscador de
exoplanetas SuperWASP desde Sudáfrica.
En 2024 se dice que la estrella menor
conocida es la llamada TMTS J0526B, que tiene un tamaño 7 veces el
terrestre, menos que Saturno, y una masa de ⅓ la solar. Está a 2.760
años-luz de nosotros, formando parte de un sistema binario con la
J0526B, y su temperatura es de 2.225ºC.
MASIVAS
La estrella de mayor masa identificada hasta 1998 está en la Gran Nube de Magallanes, región R136, en la Nebulosa de la Tarántula, y tiene al menos 170 veces la masa del Sol. Está a 163.000 años-luz de nosotros. En la zona hay además al menos otras 11 estrellas de masa de más de 100 veces la del Sol y del tipo espectral O3. En 2016 se determina que de todo el grupo es la estrella R136a1 la mayor del universo conocido y que tiene más de 250 masas solares.
A principios de 2004 se anunció que la LBV 1806-20, una azul variable de unos 2.000 millones de años de antigüedad, era de igual masa pero de 150 a 200 veces mayor que el Sol y más de 5.000.000 veces más brillante que el mismo. Se halla a 45.000 años-luz de nosotros en la propia Vía Láctea.
Dentro de la Vía Láctea, en 1997 la más masiva conocida era Eta Carinae; se cita en VARIAS de este mismo apartado por su otro carácter inestable. Otra es la HD47129, de Monocetis, también llamada la estrella de Plaskett, que tiene 55 veces la masa del Sol y son en realidad 2 supergigantes azules. Pismis 24-1, en Sagitario, que se pensó durante tiempo que era en torno a unas 250 veces más masiva que el Sol, es en realidad un sistema compuesto por varios objetos.
No son desdeñables el par de estrellas del sistema WR 20 (Wolf Rayet), cada una con unas 80 veces la masa solar. Se encuentran en la constelación de Carina, a 20.000 años-luz, en el cúmulo Westerlund 2, y giran sobre sí con un período de 3,7 días.
En 2010 se informaba acerca de la estrella gigante RMC 136a1, en el cúmulo del mismo nombre en la Nebulosa de la Tarántula, y cuya masa se estimó en tal momento en nada menos que 265 veces la solar, la mayor conocida entonces y la más luminosa; su tamaño es 35 veces el del Sol. Su masa, se cree que alcanzó las 320 veces la masa solar en el momento de su nacimiento. Su edad es solo de algo más de un millón de años y su temperatura de 40.000ºC. En 2022 se rebajó la estimación de su masa a un máximo de 230 veces la solar.
La estrella más lejana conocida, captada por el Hubble, fue en su momento la SN1997ff situada a 11.300 millones de años-luz. Es también por tanto la más antigua vista hasta entonces.
Pero en mayo de 2007 se informaba de otra aun más antigua, de 13.200 millones de años, creada pues cuando el Universo tenía solo 500 millones de años. Se denomina HE 1523-0901 y no está lejos: está en la propia Vía Láctea. El estudio de su antigüedad se basa en la detección espectroscópica de la abundancia de determinados elementos radiactivos como el torio, el uranio y otros.
Otra igual de antigua, identificada en abril de 2009 por el satélite SWIFT en la banda de los rayos gamma (GRB 090429B), explotó hace 13.140 millones de años, y se estima que se formó con solo 520.000.000 años de existencia del Universo.
De
una antigüedad de 12.000 millones de años, la estrella HD 160617,
situada en el halo de nuestra galaxia, tiene además la peculiaridad de
exhibir en sus líneas espectrales arsénico y selenio, nunca antes
(2012) detectados en una estrella tan vieja para relativa
sorpresa de astrónomos.
Existe
otra, la HD 140283, a la que se le “atribuyó” una edad superior a la
del propio Universo, lo cual no resulta congruente. Un nuevo estudio
reajustó y bajó su edad a los 14.500 millones de años (con ±800
millones de margen), lo que sigue siendo superior salvo en su límite
menor, considerada la tolerancia de -800 millones... Se encuentra a 190,1 años-luz de nosotros.
La estrella
más antigua por debajo de la edad supuesta del Universo de la que se
sabe a principios de 2014 es la denominada SMSS J031300.36-670839.3,
que se sitúa a 6.000 millones de años-luz en nuestra propia galaxia. Su
antigüedad se ha fijado en 13.600 millones de años y fue hallada por
astrónomos australianos.
Catalogada
como una de las primeras estrellas formadas en nuestra galaxia, la
J0815+4729 está a solo 32.600 años-luz de nosotros en la constelación
del Lince, en el halo de la Vía Láctea. No tiene mucha masa, solo un
0,7 la solar, pero su temperatura sobrepasa en unos 400ºC la
solar. Contiene carbono en abundancia, cerca de un 15% del solar.
Como estrella
más lejana es calificada en 2018 la apodada Ícarus, llamada MACS
J1149+2223 Lensed Star 1, situada a unos 14.000 millones de años-luz de
nosotros actuales (9.000 millones en su momento), cerca del cúmulo
galáctico MACS J1149+2223 en su observación. Captada por el telescopio
espacial Hubble con ayuda del efecto de lente gravitatoria, es una
estrella supergigante azul que se habría formado a los 4.400 millones
de años del Big Bang y que hoy ya no existirá como tal.
En 2018 se encuentra que la estrella 2MASS
J18082002-5104378 B es también una de las más antiguas conocidas hasta
entonces con unos 13.500 millones de años. Menor que el Sol, contiene
casi solo hidrógeno, helio y algo de litio. Forma parte de un sistema
binario.
En 2022 se publica que el Hubble había hallado
otra lejana, a 12.900 millones de años-luz en una galaxia llamada
Sunrise; fue bautizada como Eärendel, es 50 veces mayor que el Sol y su
temperatura es de unos 20.000ºC. Es una estrella de la primera
generación, de las primeras del Universo, con un desplazamiento al rojo
de 6,2. En los próximos 100 millones de años se verá su explosión. En
2025 se discute si tal objeto es en realidad o no un cúmulo estelar
compacto.
La
más joven sería la VLA 1623 en la constelación Ofiuco con una edad
estimada en unos 10.000 años tan solo; datos de 1993.
Las estrellas más jóvenes son clasificadas o
denominadas T Tauri. Suelen tener menos de 10 millones de años de
antigüedad. Rotan muy rápido y se colapsan liberando mucha luz como
consecuencia de la energía gravitatoria de tal concentración de masa.
Varían en brillo, muestran violentas erupciones, tienen intensa
actividad magnética, así como discos de gas y polvo que las rodean
(materia restante de su formación).
La estrella más luminosa, absoluta, conocida era la Pistol Star en 1997 (observación del Hubble). Está cerca del centro de nuestra Vía Láctea a unos 25.000 años-luz en un cúmulo denominado Quintillizos. Es una gigante azul que equivale al 10.000.000 de veces el brillo del Sol, teniendo 200 veces su masa. Su edad está en torno a los 2.000.000 millones de años. Está rodeada de una nebulosa de 4 años-luz de diámetro.
En 2010 se identificó también otra de similar luminosidad, la estrella gigante RMC 136a1, con 10.000.000 de veces la solar. Se cita entre las más masivas.
A principios de 2004 se observó la LBV 1806-20, más de 5.000.000 veces más brillante que el Sol; en realidad había sido descubierta ya en la década anterior. Pasó pues en 2004 a ser entonces una de las estrellas más brillantes conocidas.
Antes, en 1988 se había identificado como la más luminosa, una en la Quilla, a 6.400 millones de años-luz de distancia, con 6.000.000 veces el brillo solar. Otra que destaca con una luz, absoluta, igual a 800.000 veces la solar es la OB2.12 en la constelación del Cisne a 5.600 años-luz de nosotros.
La estrella más brillante de la bóveda celeste desde nuestra posición es Sirio, o Sirius, situada en Can Mayor, de la que es su estrella α, a 8,75 años-luz (bastante cerca). Es de magnitud –1,42, 23 veces más luminosa que el Sol en escala absoluta, de 1,8 veces el diámetro del Sol y 3,2 veces su masa, de tipo espectral A1, de una temperatura en su interior de 20.000.000ºK. Va acompañada de otra estrella más pequeña, de la 8,65 magnitud, una enana blanca llamada Sirio B de 50 años de período y un diámetro un poco menos que el de nuestro planeta; ésta es mucho menor que el Sol pero 90.000 veces más densa con masa de un 90% la solar. Ambas estrellas están separadas 3.000 millones de Km y girando con un período de unos 50 años.
Otra de las más brillantes, la quinta, es la joven Vega (“buitre que cae” en árabe), de unos 350 millones de años de antigüedad, situada a 27 años-luz en la Lira de Orfeo, donde es la más brillante, que tiene una superficie con temperaturas de 10.000ºC, brilla como 58 veces el Sol, es de un diámetro de 2,4 veces nuestra estrella y 3 veces su masa, y rota sobre sí en solo 12,5 h; Vega se acerca a nosotros a una velocidad de 71 Km/seg y fue la primer estrella en ser fotografiada (16 de julio de 1850) en la historia. También muy brillante (180 veces como el Sol con un diámetro 26 veces el mismo), la que más del hemisferio norte, es la gigante anaranjada tipo K0 Arturo, la alfa de Boyero, a unos 38 años-luz.
Las 10 estrellas más brillantes desde nuestra posición son, aparte del Sol, Sirio (-1,42), Canopus (-0,72), Alfa Centauro (o Rigil Kent) (-0,27), Arturo (-0,05), Vega (0,03), Capella (0,10), Rigel (0,11), Procyon (0,36), Betelgeuse (0,41), Achernar (0,49) y Hadar (0,63). Luego están Altair, Aldebarán, Acrux, La Espiga, Antares, Fomalhaut, Pólux, Beta Centauri, Altair, Beta Crucis, Régulo, Cástor, Alioth, Bellatrix y Deneb. De todas ellas, la más lejana es Deneb seguida de la supergigante Rigel.
La
menos luminosa conocida en 1994 era la Gliese 229B, una enana marrón
que gira sobre la estrella Gliese 229, a 18 años-luz de nosotros, y que
tiene en torno a 35 veces la masa de Júpiter. En 2024 se determinó que
en realidad no es una enana sino que son dos (229Ba y 229Bb), una de 38
y otra de 34 masas jovianas, que rotan sobre sí con un período de 12
días. A su vez, ambas giran sobre una estrella enana tipo M con un
período de 250 años.
CALIENTES
La estrella más caliente conocida es la de la nebulosa planetaria NGC-2440 que alcanza casi los 220.000ºC.
FRÍAS
La estrella más fría de la que se sabía fue hallada por astrónomos de la Universidad de Wyoming, según se supo en abril de 1998, en el sistema binario WZ Sagittae. La temperatura de la misma es de 1.427ºC, siendo la temperatura de la siguiente conocida con 1.500º la 19 Piscis, una supergigante roja. La siguiente tiene 2.327ºC.
VELOCES
Suelen ser muy veloces las estrellas solitarias, no circunscritas a
galaxia, pero procedentes posiblemente de alguna zona en la que fueron
aceleradas por algún agujero negro supermasivo que en asistencia
gravitatoria las alejó al ser sobrevolado relativamente cerca. Así, la
velocidad de tales estrellas solas se ha podido medir en más de 833
Km/seg, más de 3 millones de Km/hora. Figuran a veces denominadas como estrellas hiperveloces.
En 2017 se anuncia el hallazgo de dos nuevos de
tales objetos llamados LAMOST-HVS2 y LAMOST-HVS3. La primera de tales
estrellas, a 72.500 años-luz de nosotros, es una de tipo B2V, de unas
7,3 masas solares y unos 20.300ºC de temperatura, y va a una velocidad
de 502,33 Km/seg. En cuanto a la segunda, situada a 72.760 años-luz de
nosotros, es de tipo B7V, de unas 4 masas solares y unos 13.700ºC de
temperatura, y surca el cosmos a 408,33 Km/seg.
En 2019 se encuentra a S5-HVS1 en la constelación de
la Grulla, que fue expulsada hace unos 5 millones de años del centro de
nuestra Vía Láctea por la acción de su agujero negro supermasivo
central Sagitario A*. Viaja a unos 6 millones de Km/h, lo que en el
futuro lejano hará que escape de la galaxia.
En 2020 se identifica a la estrella S2 en el centro
de nuestra galaxia, cercana al agujero negro Sagitario A*, como una de
las más veloces con unos 9.000 Km/seg, el 3% de la de la luz. Otra,
S4711, también en el mismo entorno, viaja a más del doble de tal
velocidad (6,7% de la velocidad de la luz). Otras son S4714 y S471,
siendo la primera considerada en tal momento (2020) la más veloz
conocida entonces con unos 24.000 Km/seg, el 8% de la velocidad de la
luz.
En cuanto a otro tipo de velocidad, el de rotación
de una estrella más o menos normal, sin ser un púlsar, la más rápida
conocida en 2011 es la denominada VFTS 102, que se localiza en la
Nebulosa de la Tarántula, Gran Nube de Magallanes. Gira 300 veces con
más rapidez que nuestro Sol, y lo hace a más de 2.000.000 Km/h (555
Km/seg), cerca del límite que la puede despedazar por la fuerza
centrífuga. Tiene una masa de 25 veces la de nuestra estrella. Se cree
que pudo ser expulsada de un sistema binario donde adquirió tal
velocidad al succionar gas de su hipotética compañera, una supernova
que hoy es un púlsar de la zona.
Otras rápidas de rotación son HD 191423 y
040643.69+542347.8. Esta última, la más rápida conocida en 2020 en la
Vía Láctea con 540 Km/seg, está a unos 30.000 años-luz de nosotros; su
velocidad de desplazamiento es de 120 Km/seg.
RARAS
La
irregular estrella SS-433, situada a 18.000 años-luz de nuestro
Sistema Solar, en la constelación del Águila, es de imprevisible
comportamiento según las emisiones de su espectro que solo se
explicarían con la emisión de dos fuertes y discontinuos chorros de
materia en direcciones opuestas y una rotación altísima, de 80.000
Km/seg de velocidad; tal ente fue descubierto en 1978 y tiene por
compañera a una estrella de neutrones o un agujero negro que
le estaría succionando materia. Posteriormente este objeto es calificado también como un microcuásar.
Otra estrella rara es la gigante roja variable Mira, cuya forma es... ovalada; está siendo succionada por otra cercana (Mira B) que gira sobre ella con un período de 1.000 años aproximadamente. Se encuentra a 350 años-luz en la constelación de Cetus y es variable en su brillo con un ciclo de 332 días. Su diámetro es así 440 veces el del Sol... El satélite GALEX descubrió en la banda UV que Mira arrastra una larga estela al modo de un cometa que se prolonga hasta 13 años-luz, fenómeno único nunca antes visto por los astrónomos; en tal cola, existente desde al menos hace unos 30.000 años, hay oxígeno, carbono y otros elementos.
Otra,
también de idéntica forma, es Achernar, o Alfa Eridani (en Eridanus)
que gira muy rápido (225 Km/seg) y con un radio polar equivalente a 2/3
el ecuatorial. La más brillante de su constelación es en realidad una
estrella doble que está a unos 139 años-luz de nosotros.
Una peculiar es también IRAS 04553-6825, supergigante roja de una masa 50 veces la solar, localizada en la Gran Nube de Magallanes, que emite microondas como un máser de monóxido de silicio, el primero hallado de tal tipo así.
En 2008 se informó de la existencia de un tipo de estrella nuevo que se denominó como enana blanca de carbono pulsante. La estrella que lo motiva es la SDSS J142625.71+575218.3, situada en la Osa Mayor a unos 800 años-luz de nosotros.
A principios de 2010 se informó que la estrella Y-155, que explotó hace unos 7.000 millones de años, habría sido consumida por la generación de antimateria por ella misma al alcanzar su núcleo elevadas temperaturas. Sus restos están en la Constelación de Cetus y su masa original sería unas 200 veces la solar. Se ha calculado que llegó a emitir una energía de 100.000 millones de veces la solar.
En
2011 es objeto de comentario otra rareza estelar: la SDSS
J102915+172927, cuyo contenido en elementos más pesados que el helio es
el menor conocido. Es decir, es una estrella formada prácticamente por
H y He. De un tamaño 20.000 veces menor que el Sol, está situada en
nuestra galaxia en la Constelación de Leo, y es de una antigüedad
cifrada en más de 13.000 millones de años, con lo que es de las
primeras aparecidas en el Universo. Estos datos implican cierta
contradicción por lo que se dice que no encaja en las teorías sobre la
formación estelar o bien que tal estrella “no debería existir”…
Calificada como extraña, KIC
8463852, que se localiza a unos 1.400 años-luz de nosotros en la
constelación del Cisne, exhibe unos cambios en su luminosidad (15% de
disminución en 2011, un aumento del 22% en 2013) que no tienen
explicación para los astrofísicos, aunque algunos suponen que puede ser
debido a nubes de polvo que se interponen en nuestra vista.
También
es rara Pristine 221, que se halla en el halo de nuestra Vía Láctea, y
que es muy pobre en metales (entre las 10 más pobres de las conocidas
en 2018). Tiene muy poco carbono y se la supone de las más antiguas del
Universo.
Otra
poco común es la pulsante binaria HD 74423, de 1,7 masas solares,
situada a 1.500 años-luz de nosotros, que forma parte de un sistema que
también tiene una enana roja. Su particularidad es que pulsa
destacadamente solo en un hemisferio. Se debe al efecto gravitatorio de
la estrella compañera del sistema con la que gira en un período de
menos de 2 días.
TYC
7037-89-1, o TIC 168789840. Sistema de 6 estrellas situado a unos 1.900
años-luz de nosotros en la constelación de Eridanus. Tres de las
estrellas (A, B y C) tienen una cada una orbitando en su entorno; es
decir, son 3 estrellas binarias que se integran en un solo sistema. Son
eclipsantes y orbitan entre 2 y 8 días las binarias, y con períodos de
4 años la A respecto a la C, y de 2.000 años la B con la C. Fueron
descubiertas por el ingenio espacial TESS de la NASA y son el primer
grupo estelar de tales características hallado.
V889 Herculis. Estrella de la
constelación de Hércules situada a unos 115 años-luz de nosotros. Su
período de rotación de día y medio. Tiene un giro sobre sí muy
peculiar: rota más rápido en latitudes de unos 40º y más lento en el
ecuador, contrariamente a lo habitual por inducción de las corrientes
de convección internas.
VARIAS
Una de las estrellas más significativa es la estrella Polar, o Polaris, la que para nuestro tiempo marca aproximadamente el Norte terrestre en la bóveda celeste, y es la Alfa de la Osa Menor a poco más de 1º. Pero dentro de unos 7.500 años (de un ciclo de 26.000 años), tal posición, debido al movimiento de precesión terrestre, será ocupado por la Alfa de Cefeo. La estrella Polar es una triple (antes de que lo descubriera así el Hubble se pensaba que era doble) de las que la principal es una cefeida de 3,97 días de período supergigante amarilla. Está a 431 años-luz de nosotros y tiene un diámetro 46 veces el del Sol, pero brilla 2.000 veces más que el mismo.
La estrella Eta Carinae, una gigante
azul de 10 UA de diámetro que está en nuestra galaxia, constelación de
Carina, a 7.500 años-luz (o a 6.800, o más según otras fuentes) de
nosotros, tiene más de 100 veces la masa del Sol y no es aun una
supernova pero es la estrella más brillante de nuestra galaxia con unas
5 millones de veces el brillo del Sol. Se cree que tiene una edad de
solo 2.560.000 años y su temperatura es de unos 30.000ºC. En 1843
brilló tanto que fue el segundo ente celeste más señalado en este
aspecto. Perdió muy rápidamente, en pocos años, el 1 % de su masa y
pasó a ser muy tenue, pero persiste en su emisión de rayos equis y en
el IR, aspecto en el que es uno de los entes celestes que mayor emite.
Empezó su declive en 1870 pero volvió a aumentar en 1940, si bien en
2016 se ha determinado que también tuvo erupciones antes, en el Siglo
XIII y Siglo XIV. Tiene a los
lados dos nubes de gas que se extienden de un extremo a otro en una
longitud de 1.691.189 años-luz y se dilatan a una velocidad de 600
Km/seg. Estas características la convierten en un objeto raro en el
Universo y en los próximos 5.000 años se espera que explote como una
supernova. En 2016 se especula, no obstante, que podría no ser una
futura supernova y tratarse en realidad de dos estrellas masivas
girando sobre otra más con períodos de 5,5 años, separadas por 225
millones de Km, estando una de ellas
en el final de su vida; sus masas serían de 90 y 30 veces la del Sol. En 2018 se dio a conocer que una erupción de
tal estrella hace unos 170 años expulsó gas a una velocidad superior a
los 10.000 Km/seg.
En
la vieja estrella gigante roja W43A, localizada a 8.500 años-luz de nosotros en
la constelación del Águila y dispuesta para convertirse en una
enana blanca y nebulosa planetaria, según se informó en 2002, se
halló una emanación de un chorro de agua sin dirección definida,
al modo de una manguera no sujeta. Esta conclusión, obtenida por
radioastronomía, puede resultar sorprendente y a su descubrimiento
no se supo explicar el mecanismo que origina el chorro de moléculas
de agua. Más tarde se cita la emisión de dos chorros de “materia” a velocidades de 175 y 130 Km/seg.
La Delta Cephei es una estrella de un
sistema binario que da nombre a las denominadas “cefeidas”, y se halla
en la constelación que se deduce (Cefeo) a unos 891 años-luz de
nosotros. Su magnitud y temperatura oscilan respectivamente entre los
3,6 y 4,3, y entre los 5.500 y 6.600ºK. Su oscilación tiene un período
de 5,39 días.
La estrella SDSS J090745.0+24507 fue objeto de una observación única, según se dijo en 2005 (Observatorio de Tucson, Arizona). Se la ve escapando de la Vía Láctea por la acción gravitatoria de un agujero negro que la aceleró al pasar por su entorno hasta los 2.400.000 Km/h de velocidad. En cambio, su estrella antigua compañera, con la que formaba un sistema binario, fue tomada por el citado agujero.
Es también destacable la denominada BD +20307, situada a 300 años-luz de nosotros, que tiene una enorme cantidad de polvo y materia caliente rodeándola. La masa del sistema es parecida a la del nuestro, pero en cambio la del polvo es 1 millón de veces superior; es incluso la que más polvo muestra de todo el catálogo conocido hasta 2005. Tanta cantidad de materia esparcida hace pensar a los astrónomos en un sistema en el que se han producido o se producen grandes choques de asteroides o quizá uno colosal, como impacto entre planetas.
La binaria RS Oph consta de una enana blanca que gira sobre una gigante roja a 5.000 años de nosotros y tiene la particularidad de que la primera viene registrando cada 20 años aproximadamente explosiones (el 12 de febrero de 2006, por ejemplo) y eleva notablemente su brillo y su temperatura alcanza los 100 millones de ºC. El fenómeno tiene su origen en la materia que la enana blanca toma o roba a la expandida gigante roja.
Resulta llamativa igualmente Alfa de Arae, situada a unos 300 años-luz de nosotros y de una masa 10 veces la solar. Es una estrella masiva, 5 veces más grande que el Sol, muy caliente (3 veces la temperatura del Sol) y de gran luminosidad (6.000 veces más que el Sol), que tiene en su ecuador un disco de materia. Su rápido giro de una vuelta cada 12 h, yendo a 470 Km/seg de velocidad en el ecuador, hace que esté al límite de una pérdida importante de su masa. De hecho, por sus polos, ya pierde masa, en acción generada por un viento estelar que sale a una velocidad de cerca de los 2.000 Km/seg.
Es destacable también la estrella HIP 56498, que se localiza a 200 años-luz de nosotros en nuestra galaxia y cuya masa y tamaño, temperatura y composición son idénticas a las de nuestro Sol. Se ha marcado como una firme aspirante para detectar vida extraterrestre en algún posible planeta aun no detectado en élla pero que pueda tener. Otra también muy parecida al Sol es la HIP 73815.
A principios de 2008 se informó que el acusado estallido de rayos gamma GRB 070125 (detectado un año antes) procedía de una región vacía entre galaxias, de modo que se interpretó como procedente de una estrella masiva pero apagada, moribunda. Tal hipotética estrella resulta un tanto misteriosa en tanto que está sola, no habiendo captado en la zona la existencia de galaxias, ni polvo ni gas en cantidades importantes. El lugar está a 9.400 millones de años-luz de nosotros y resulta difícil explicar allí la formación en solitario de una estrella masiva por la falta de elementos para formarla. Por ello se especuló que podría tratarse de una estrella errante que fue impulsada fuera de los bordes de una galaxia por la acción gravitatoria de otra u otras estrellas.
El
sistema solar binario BD+20 307, que está a 300 años-luz de
nosotros, tiene un cinturón de polvo 1.000.000 veces mayor que el
que hay en torno al Sol y que se cree originado por una catastrófica
colisión planetaria, de dos planetas similares a la Tierra y Venus.
Este choque habría ocurrido como mucho hace unos cientos de miles de
años y el anillo de polvo gira en una órbita no lejana a 1 UA de
los 2 soles. Las dos estrellas del sistema son parecidas al Sol,
incluso de similares antigüedad, y giran sobre un centro de gravedad
común cada 3,42 días.
En otra estrella, la HD 107146, situada a casi 90
años-luz de nosotros en la constelación de Coma Berenices, que tiene
solo unos 100 millones de años de existencia pero que es como fue
nuestro Sol en su juventud, se ha detectado también polvo que se cree
procedente de las colisiones de objetos del tamaño de Plutón a unas 86
UA de tal estrella, en el borde exterior del sistema, en un disco donde
además habrá restos de la formación planetaria. En tal formación
discoidal parece que hay no obstante una depresión de unos 1.200 Km de
anchura a 75 UA aproximadamente de la estrella, lo que quizá sea
explicado por la existencia de algún planeta.
La estrella K1 Ceti, situada en la Constelación de Cetus, a unos 30 años-luz de nosotros, tiene una edad de unos 600 millones de años y es similar a nuestro Sol cuando se inició en los planetas el proceso por el que comenzó a existir la vida. Una de sus peculiaridades es que gira sobre sí más del doble de rápido que nuestro Sol. Por ello, si tiene planetas, es muy interesante su estudio, a través de la investigación de la composición de la atmósfera de los mismos.
De gran interés resulta también 49 Ceti, estrella de una edad estimada
en los 40 millones de años, y en torno a la cual se cree que se
producen gran número de colisiones cometarias, con un promedio de nada
menos que una cada 6 seg. Está envuelta en un disco de polvo y
abundante gas, entre el que se cuenta el monóxido de carbono. Este
disco tiene una masa estimada en unas 4.000 veces la que se cree que
tiene el cinturón de Kuipers de nuestro Sistema Solar. Posiblemente
tenga esta estrella muchos miles de millones de cometas y sus
colisiones liberarán polvo y el gas de forma continua desde hace quizá
unos 10 millones de años.
También resultan interesante la HIP 102152, situada a 250 años-luz de
nosotros en la constelación de Capricornio, que los astrónomos han considerado como idéntica a nuestro
Sol, aunque 4.000 millones de años más antigua; tiene en total 8.200 millones de años. Entre los pormenores
del interés se apunta a que puede ser una muestra de lo que le espera
al Sol dentro de tal tiempo, sus variaciones, y la influencia que
podemos esperar sobre nuestro planeta. Se considera en 2013 una de la
estrella más parecida al Sol conocida. Tiene un contenido en litio
menor que el Sol, hecho que se cree que podría ser debido a su mayor
antigüedad y que por tanto tal elemento se destruye con el tiempo al
menos en tal tipo de estrella.
La estrella HD 162826 ha sido calificada como “hermana de nuestro Sol”
y se dice que su sistema se ha formado de la misma nube original de gas
y polvo con la que se formó el nuestro. Tiene un 15% más de masa que el
Sol y se halla a 110 años-luz de nosotros en la constelación de
Hércules.
El sistema binario eclipsante MY Camelopardalis está situado en tal
constelación y es lo más brillante del cúmulo abierto Alicante 1. Sus
dos estrellas tienen una masa de 38 y 32 veces la solar y giran sobre
el centro gravitatorio común con un período de solo 1,2 días, lo que
significa que la proximidad de ambas estrellas es tan grande que pronto
acabarán fusionándose y formando una supermasiva. El período de
rotación propia de cada estrella está en torno a 1 solo día.
La estrella HR 9024, de unas 3 masas solares y
situada a unos 450 años-luz de nosotros, fue la primera (aparte del
Sol) en la que se observó una eyección de masa coronal (CME). Se
informa de ello en 2018 y se usó en tal hallazgo el ingenio espacial
Chandra.
LAS CERCANAS
Las estrellas más cercanas al Sol son las siguientes:
Próxima Centauri, enana roja M5 a 4,249 años luz, de magnitud 11. Su temperatura es de 3.000ºC y es 7 veces más pequeña que el Sol. Gira sobre las dos estrellas que se citan a continuación a 2 billones de Km de distancia.
Alpha Centauri A y B, dos amarillas, G2V y K1V, a 4,36 años luz, de magnitud 0 y 1,4. Forma un sistema binario y de una masa de 1,1 y 0,89 la del Sol. Su luminosidad es la mayor de Centauri y la tercera de la bóveda celeste. Son de una edad parecida a la del Sol, entre 4.000 y 6.000 millones de años y distan entre sí 3.550 millones de Km; giran en un período de 80 años y su diámetro respectivo es de 854.000 y 602.000 Km. Se cree que Alpha Centauri se mueve hacia nuestra posición a una velocidad de unos 30 Km/seg, pero llegado el momento solo se cruzará a 3 años-luz de nosotros.
Estrella de Barnard, enana roja (M3) de 0,15 veces la masa solar, situada a 5,97 años-luz en otra dirección distinta a la de Centauri (hacia Ofiuco), muy rápida (la que más a nuestra vista). Está acompañada de un planeta de 1,6 veces la masa de Júpiter. Es de magnitud 9,5. Se ha calculado que dentro de unos 8.000 años se habrá aproximado a 4 años-luz de nosotros.
Estrella de Wolf 359, enana roja M8 situada a 7,66 años-luz, hacia Leo, de una masa 1/5 la solar. Tiene una magnitud de 13,5.
SO25300.5+165258, enana roja M6.5 muy débil situada a 7,8 años-luz, en Aries; tiene una masa de solo un 7% la solar y así 300.000 más débil. Descubierta en septiembre de 2002, fue anunciada en 2003 por el GSFC de la NASA.
Luyten 726-8, a 7,9 años-luz en la constelación de la Ballena; son en realidad dos estrellas del tipo M6, de una masa un 15% la solar.
Estrella de Lalande 21.185, enana roja M2 situada a 8,15 años-luz, situada en la Osa Mayor. Tiene una masa 1/3 la solar y es de magnitud 7,5. Se cree que tiene 2 o 3 planetas al menos.
Sirius, o Alfa de Can Mayor, a 8,65 años luz. Blanca (A1) que forma conjunto con una enana blanca poco luminosa. Sirius, de magnitud -1,5, tiene una luminosidad absoluta 25 veces la del Sol y 2,2 veces su masa. Sirius B, es una enana blanca de magnitud 8,7 que tiene el tamaño de nuestro planeta, pero con casi la masa del Sol (un 98%).
UV Ceti A, enana roja a 8,9 años-luz. Es de magnitud 12,4. En cuanto a UV Ceti B, otra enana roja situada en el mismo lugar, es de magnitud 12,9
Ross 154, es una enana roja situada a 9,32 años-luz en la constelación de Sagitario, y es de 9,5 de magnitud. Es del tipo M5 y tiene 1/3 de la masa solar. Tiene ocasionalmente erupciones violentas que incrementan de forma temporal en decenas de veces su brillo.
Otras
también cercanas son:
Tau Ceti, a 10,2 años luz. De color naranja, es un tercio de luminosidad que el Sol. Es de una magnitud de 3,5.
Ross 248, situada a 10,39 años-luz, es una enana roja de 12,2 de magnitud. Es del tipo M6 y tiene un 25% de la masa del Sol.
Procyon, a 10,4 años luz. Alfa de Can Menor, es una doble amarilla tipo F5 que tiene 5,5 veces la luminosidad del Sol y una magnitud de 0,4. Posee una compañera muy tenue, una enana blanca de 10,7 de magnitud.
Epsilon Eridani, a 10,5 años luz. De color naranja (K2), tiene un tercio de la luminosidad del Sol, a quien resulta de toda esta lista una de las más parecidas, pero su masa es de un 0,8 la del Sol.
Ross
128, situada a 10,95 años-luz de nosotros. Enana roja del tipo M5,
también es llamada GJ 447. Tiene aproximadamente 1/3 de la masa solar.
En mayo de 2017 se recibieron de esta estrella unas extrañas emisiones
cuyo origen no está claro.
Luyten 789-6, enana roja situada a 11,09 años-luz. Es del tipo K5 y es de una masa algo mayor a la mitad de la solar.
61 Cygni, a 11,2 años-luz. Forma parte de un sistema binario de estrellas rojas (K3 y K4), una de las cuales posee un gran planeta. Tienen la mitad de la masa del Sol y es una estrella de larga historia, muy significativa y afamada astronómicamente.
Epsilon Indus, a 11,6 años luz. De color naranja (K5), tiene una luminosidad 0,17 la del Sol y una masa de un 71% del mismo.
Lacaille 9352, a 11,7 años-luz. Muy brillante.
Tau Ceti, a 11,8 años-luz, con una masa de 0,9 la del Sol, es algo más fría que éste, pero podría tener planetas, e incluso vida en alguno de ellos, por lo que fue estudiada por radiotelescopio.
OTRAS siguientes: Grombridge 1618; Omicron Eridani; Altair (a 15,7 años-luz, en Águila), o Alfa de Águila; 70 Ofiuco; la amarilla Eta Casiopea a 19 años-luz; la gigante amarilla Beta Hydra a 21 años-luz; las blancas Fomalhaut y Vega a unos 25 y 27 años-luz respectivamente; etc.
Todas ellas, junto a otras ya más alejadas como Aldebarán y Geminga, forman la llamada burbuja local que, constituida por gas poco denso, rodea al Sistema Solar y cuyo posible origen es la supernova que diera lugar a Geminga.
Respecto a la anterior enumeración de estrellas cercanas no hay unanimidad entre los distintos catálogos. Hay según las distintas fuentes ligeras diferencias de orden según uno u otro catálogo, pero en general coinciden bastante.
También
se puede citar la enana roja WISE J072003.20-084651.2, o Estrella de
Scholz, que no es cercana hoy pues está a 20 años-luz de nosotros, pero
lo fue hace 70.000 años más que ninguna otra de la actualidad. Pasó a
9,6 meses-luz, o 52.000 UA, de distancia del Sol, según estudios de su
trayectoria, por lo que pudo ser visible a simple vista y hoy se cree
que perturbó gravitatoriamente a los cuerpos de la nube de Oort sobre
los que más se aproximó. Tiene como
compañera a una enana marrón.
Relativamente cercana, a 30 años-luz de nosotros,
está Kappa 1 Ceti, una estrella interesante por su parecido en
desarrollo a nuestro Sol, así como por su masa y temperatura en
superficie. Tiene una edad entre los 600 y 750 millones de años. Si
tiene planetas en su franja de habitabilidad podrían estar a punto de
comenzar a generar vida.
En general, en un radio de 80 años-luz
de nosotros, se estima (2017) que están las estrellas más viejas de la
Vía Láctea.
También
llamadas estrellas
dobles,
son pares de estrellas, similares o no, y muy cercanas que siguen una ruta
con un centro de gravedad común en función de su masa; precisamente
este factor masa es deducido de forma directa gracias a este tipo de
estrellas, y son en general una fuente de información importante en
diversos aspectos.
El espacio volumétrico que ocupan las dos estrellas en su deambular gravitatorio se denomina Lóbulo de Roche. Cuando ambas están muy cerca el comportamiento estelar no es lo mismo que el de una estrella solitaria, como nuestro Sol, sino que los campos magnéticos se interrelacionan.
A nuestros efectos se considera que pueden ser de 4 tipos, según el modo de observación: visuales, fotométricas, espectroscópicas y eclipsantes. Las visuales son las que se distinguen separadas para su observación. Las fotométricas y las espectroscópicas son aquellas que solo pueden ser distinguidas por tales técnicas. Las eclipsantes son aquellas que al girar en el mismo plano respecto al observador hacen que al pasar una delante de la otra fluctúe el brillo.
Hay además otro tipo con una relación no física: cuando las estrellas agrupadas se hallan muy separadas se denominan dobles ópticas, pero carecen en realidad de unión o relación gravitatoria en razón a tal distancia y solo la línea desde nuestra posición las hace aparentemente estar cerca.
Cuando en uno de los pares de estrellas una, enana blanca, adquiere materia de la otra se habla de variables eruptivas o cataclísmicas puesto que se producen en la primera fluctuaciones y explosiones debido a los efectos del proceso termonuclear afectado por tal acreción. Cuando están tan cerca que se tocan también se llaman binarias de contacto y además suelen ser eclipsantes puesto que giran muy rápidamente, en períodos de horas, una sobre otra, eclipsándose mutuamente.
En realidad, según parece, los sistemas binarios de estrellas son la entidad más común del Universo (al menos el 80% en la Vía Láctea, si bien otras fuentes no aventuran más del 55%; a finales de 2005 se estimaba el porcentaje en solo un 33% porque antes se habían ignorado en la cuenta las enanas rojas), y aquellas estrellas solitarias, sin otro sol compañero, tendrán seguramente un gran planeta como Júpiter o mayor que no tiene masa suficiente para encender el horno nuclear. Por lo tanto, podemos considerar que nuestro Sistema Solar es más bien una rareza, o al menos algo poco habitual en el contexto general del Universo. También hay que considerar la existencia de sistemas con más de 2 estrellas.
Además, según se estima mediante simulaciones en 2009, los sistemas binarios existieron ya entre las primeras estrellas del Universo.
Si en nuestro Sistema Solar Júpiter hubiera sido un poco mayor que superara la masa crítica se habría podido encender como una estrella y el conjunto con el Sol hubiera formado para un observador lejano un sistema binario.
La
formación de estos sistemas es posible a partir de la nube
protoestelar inicial de diversas formas, principalmente por
aglutinamiento separado de las masas de gas y polvo, cada una con su
propio disco protoplanetario, o por desgajamiento de un cuerpo mayor
inicial. En cualquier caso, las dos o más estrellas posibles quedan
ligadas por una interrelación gravitatoria. Además, también pueden
tener, como las estrellas unitarias, discos protoplanetarios y por
consecuencia planetas.
Es ejemplo de un sistema binario con sendos discos
protoplanetarios HK Tauri, que se halla a 450 años-luz de nosotros en
la constelación de Tauro. Tales estrellas, A y B, están una de otra a
58.000 millones de Km, 387 UA, y son muy jóvenes, de menos de 5.000.000
años. Los discos protoplanetarios no están en el mismo plano sino
desalineados en unos 60º, lo cual es de sumo interés para los
astrónomos.
El período de giro de las estrellas dobles va desde unas horas, como una de la Osa Mayor que es de 8 h, hasta varios años, como épsilon de Hidra con más de 15 años. El movimiento relacionado de dos estrellas, sobre todo cuando son de masa como los púlsares, al girar una sobre otra, sobre todo cuando más cerca, pierden energía que se transforma en ondas gravitatorias y hace que se produzca un ligero acercamiento entre ellas; es uno de los efectos de la relatividad de Einstein.
Su descubrimiento se inició como es natural con el uso de los primeros telescopios, ya en tiempos de Galileo, en que se observó el desdoblamiento de numerosas de las estrellas que se veían a simple vista como una sola.
Como ejemplo de sistema binario estudiado podemos apuntar el L1551RS5 cuyas dos estrellas, tan jóvenes que aun no brillan (pero identificadas por la radioastronomía), tienen sendos discos protoplanetarios con masa importante, de un 5% de la masa del Sol, que alcanzan una distancia de 10 UA respecto a cada estrella. A su vez, las dos estrellas están separadas entre sí por unas 45 UA (equivalente a la distancia entre el Sol y Neptuno). Se encuentran a 450.000.000 años-luz en la Constelación de Tauro.
Otro
sistema binario, el SR24, situado en la Constelación de Ofiuco,
situado a 500 años-luz de nosotros, posee un disco protoplanetario.
También resulta curioso el sistema binario IGR
J17480-2446, situado en el cúmulo globular Terzan 5, a unos 20.000
años-luz de nosotros, en la constelación de Sagitario. En el mismo, una
estrella de neutrones roba materia a un sol como el nuestro que tiene
por compañía. Lo hace con gran fuerza, de modo que la parte externa de
la estrella de neutrones se ha recubierto de H y He, que tienen allí
una reacción nuclear relativamente estable y producen explosiones,
siendo fuente de rayos equis (T5X2) con emisiones cíclicas. Tal
estrella de neutrones gira además a la velocidad récord de 716 giros
por segundo.
De gran interés resulta también el sistema binario GG Tau-A, situado a
450 años-luz de nosotros en la constelación de Tauro, porque en el
mismo hay dos anillos de polvo y gas. Uno envuelve a la estrella
principal y otro, externo, a todo el sistema binario. El disco que
rodea a la estrella principal tiene una masa equivalente a la del
planeta Júpiter, pero la misma lo está absorbiendo. Y el disco externo
a su vez va cediendo material al otro, manteniendo un equilibrio.
Igualmente muy interesante es la binaria de contacto
VFTS 352, una estrella doble masiva situada a 160.000 años-luz de
nosotros en la Nebulosa de la Tarántula, Gran Nube de Magallanes. Las
dos estrellas son parecidas, de Tipo O, pero tan cercanas que tienen
entre ellas una especie de puente que las une. Sus masas suman 57 veces
la solar y sus núcleos están separados por solo unos 12.000.000 Km y
giran sobre un punto común con un período de solo 1 día. En un futuro
se cree que, o bien se acaban uniendo y fundiendo en una sola y
explosiva estrella que se autodestruirá, o bien evolucionan hacia
supernovas y dejan como remanente dos agujeros negros que seguirían su
danza gravitatoria.
Otro sistema binario llamativo es IRS 43, situado a
400 años-luz de nosotros y de una antigüedad sus estrellas en torno a
los 150.000 años tan solo. Tienen tales estrellas nada menos que tres
discos protoplanetarios, uno cada estrella más otro común.
KIC 9832227.
Sistema binario de contacto (dos estrellas muy cerca, con sus capas más
externas ya en contacto) de la constelación del Cisne del que se espera
un pronto acontecimiento derivado de su muy cercana fusión en una sola
estrella; tal cosa, algunos astrónomos creen que podría ocurrir hacia
2022 y la explosión generada podrá ser vista a simple vista al
incrementar su brillo previsiblemente por 10.000.
IRAS 04191+1523.
Sistema binario joven cuyo par de estrellas se han formado hace poco de
dos diferentes nubes de polvo y gas, o fragmentadas, según se deduce de
la acusada falta de alineación de sus ejes de rotación. Las dos tienen
una masa de solo un 10% la solar y están separadas por unas 900 UA (5,2
días-luz). Su antigüedad se cifra en menos de medio millón de años tan
solo lo que elimina las posibilidades que interacciones que causen la
citada falta de alineación.
Kronos y Krios.
Sistema de las estrellas gemelas, también llamadas HD 240430 y HD
240429, situadas a 320 años-luz de nosotros. Giran entre sí a una
distancia de unos 2 años-luz. Su antigüedad se estima en unos 4.000
millones de años. Kronos muestra altos niveles, poco comunes, de los
elementos que forman rocas, como el magnesio, aluminio, silicio,
hierro, cromo y el itrio. De tal abundancia se deduce que tal estrella
se habrá tragado un planeta o planetas rocosos por una suma total de
masas de 15 planetas como la Tierra.
IGR J17062-6143.
Estrella púlsar de un sistema binario cuya otra estrella, una enana
blanca, rota con ella a solo 300.000 Km de distancia con un período de
solo 38 min, el menor conocido para estos sistemas. El púlsar rota
sobre sí 163 veces por seg, emitiendo rayos X. La enana blanca es de
una masa de 1,5% la solar, pero el púlsar tiene 1,4 masas solares.
Fueron estudiados por el ingenio espacial RXTE (en 2008) y desde la ISS
(NICER, en 2017).
También hay sistemas con más de dos soles, que
resultan de mayor complejidad en su dinámica, y son denominados
sistemas múltiples. No son muy frecuentes. De estos sistemas tenemos
por ejemplo el caso de uno cuádruple en Perseo, aun en formación, pero
que ya tiene una protoestrella y otras tres que apuntan a serlo también
en un plazo de solo unos 40.000 años.
En 2019, los astrónomos consideran estadísticamente
que el 87% de sistemas binarios que tengan planetas similares a la
Tierra tienen condiciones más favorables para el desarrollo de la vida
compleja al permitir un eje de giro planetario más establ
Se
cree ocupado irregularmente por nubes de gas, mayoritariamente
hidrógeno, y polvo (con todo tipo de elementos) en muy baja densidad
(1 partícula por cm³), así como por las radiaciones que fluyen por
todo el Universo. En ocasiones el gas está ionizado y su temperatura
puede alcanzar un millón de grados, pero recordemos que a extrema
baja densidad, y en otras son difusas nubes de gas molecular. El
polvo interestelar es calentado por la radiación llegada procedente
de todas partes de las estrellas y crea un tenue fondo de emisión
infrarroja; la densidad del polvo es muy baja (por ejemplo, 1 átomo
por cm³), pero su extensión es en cambio alta, de modo que todo el
polvo de nuestra galaxia puede que suponga el 10% de toda su masa, si
bien la estimación de trabajo en 2010 es de solo 1 % el polvo frente al
99% del gas.
Estos factores hay que tenerlos en cuenta en observaciones precisas.
También es cierto que las nubes de gas y polvo del
espacio interestelar puede tener distintas concentraciones según el
tipo de galaxia de que se trate y que en general las concentraciones
por cm³ pueden llegar a las 10.000 moléculas. El polvo es no obstante
muy fino, como el humo, de menos de un micrómetro. La temperatura de
estos elementos normalmente será inferior a los 170ºC bajo cero.
Entre la materia hallada en este espacio, además de los habituales gases como el hidrógeno, se han encontrado oxígeno molecular y vapor de agua, entre otros; éstos también han sido detectados en regiones galácticas. El citado vapor de agua, identificado por el satélite SWAS junto a CW Leonis, o IRC+10216, a 424 años-luz de nosotros, se cree procedente de la evaporación de material cometario.
Como
caso particular cabe citar una enorme burbuja, o perfecta esfera, de
agua (en realidad vapor de agua e hidrógeno) del tamaño de 1,5
veces nuestro sistema solar (o bien unos 18.000 millones de Km) y
localizada en 2001 a 2.000 años-luz de nosotros en la constelación
de Cefeo. Tal objeto se expande a razón de 32.000 Km/h y solo tiene
33 años de antigüedad. El origen de su formación es una estrella
joven, de unos 10.000 años, en la posición central, a juzgar por
una emisión captada con debilidad. Con el tiempo tal burbuja
desaparecerá en el espacio interestelar.
La nube más cercana al Sistema Solar en 2025 fue
denominada Eos y está a unos 300 años-luz de nosotros. Su masa se
estima en unas 3.400 veces la solar.
Antes, en 1980, había sido captada por un satélite científico en la constelación del Cisne, y a unos 1.600 años-luz de nosotros, una gran y brillante burbuja de hidrógeno de 1.200 años-luz de diámetro dentro de la que se observaron temperaturas de 15.830.000ºC. Su origen se cree que está en la explosión de una estrella hace unos 3.000.000 años.
Todas estas nubes se ven alteradas y movidas por las ondas de choque tanto explosiones de supernovas como de los vientos o radiación estelares, y llegado su momento en su caso por su propia acción de gravedad.
En el cosmos, y no solo entre las estrellas, sino entre las galaxias y grupos de galaxias, y entre los cúmulos y supercúmulos de galaxias, hay enormes espacios, esferas llenas de vacío... regiones que la luz tarda en cruzar decenas o cientos de millones de años. El mayor espacio casi vacío que se conocía hasta 2007 en el Universo se halla en la constelación Bootes, a 500.000.000 años-luz de nosotros, y se denomina Vacío de Bootes. Se cree que tiene un diámetro de 360.000.000 años-luz. Pero en tal 2007 se informaba que se había descubierto (conocida en realidad desde 2004) en la constelación de Eridano, a unos 8.000 millones de años-luz de nosotros, otro “hueco” casi tres veces mayor, de unos 1.000 millones de años-luz de diámetro, lo que resultó sorprendente.
Rodeando el Sistema Solar que cree que hay una enorme nube de gas de unos 600 años-luz de diámetro que habría sido originada por una supernova en la Constelación de Orión, a 552 años-luz, explotada hace unos 300.000 años, y que ha sido identificada como Geminga.
También podrían existir un incalculable número de asteroides o cometas escapados de los bordes de los sistemas solares simples que podrían haberse formado en las nubes más externas al modo de la de Oort en el Sistema Solar. Según los astrónomos, no sería el caso de los sistemas binarios.
En general, el polvo existente entre los distintos entes por todo el
Universo tiende a agruparse y desaparecer en consecuencia. Acaba siendo
tomado por estrellas en formación, o cayendo sobre los distintos
cuerpos por acción de la gravedad. Con el tiempo la formación de
estrellas se ha ido ralentizando a medida que se va agotando el polvo y
el gas de los que se forman, aunque a veces se genera más al final de
la vida de algunas estrellas, pero no de todas. Consecuentemente, a la
vez, se dice que el Universo se vuelve cada vez más claro y trasparente
pues tal polvo también viene absorbiendo la luz que por allí pasa.
Llamadas nubes moleculares o nebulosas, proceden de las supernovas, de la masa original del Universo y del emanado de las capas externas de muchas de las estrellas en ignición (polvo que es en este caso tanto más fino cuanta más vieja es la estrella en tamaños de fracciones de micras o de varias micras a lo sumo). La gravedad, y también las ondas de choque de las explosiones de supernovas, hacen que se vayan concentrando, haciéndose cada vez más densas, hasta formar las protoestrellas y posiblemente un cortejo de protoplanetas; facilitarían el necesario apelmazamiento las partículas de hielo sideral y su efecto eléctrico adherente, pues el mero hecho del acercamiento, e incluso del choque entre las partículas de polvo y gas, no produce por si solo la compactación sino al contrario puede que reboten. Los campos magnéticos juegan aquí pues un importante papel.
Las nubes de gas y polvo generan en su colapso estrellas de masas desiguales, sin proporción equitativa como se creyó durante medio siglo (desde los años 50 del Siglo XX), pudiendo surgir todo tipo de estrellas según las condiciones de la zona en que se generan.
Parte de tal materia puede proceder de la fase final de la muerte de una estrella, formando parte de un ciclo. Entre tal materia se han detectado diversos elementos y compuestos, algunos tan llamativos como la arena o cristales de silicatos (hallazgo del satélite ISO) en una abundancia notable, de hasta el 20%, posiblemente originados por los altos niveles térmicos del entorno; o también curiosamente de un azúcar, el aldehído glicólico, hallado cerca del centro de la Vía Láctea; o el etilén glicol (HOCH2CH2OH), un anticongelante doméstico de la automoción, localizado en una nube en Sagitario B2, cerca del centro de nuestra galaxia; o el ácido fluorhídrico, muy corrosivo con agua, también identificado en otra nube por el ISO en dirección a Sagitario, a unos 20.000 años-luz de nosotros. Pero principalmente el elemento abundante es el hidrógeno; menos distinguidamente aparecen compuestos como el monóxido de carbono y otros. El principal elemento del Universo es por supuesto el hidrógeno, tras el cual se señala el helio. Luego hay otros en decreciente cantidad, oxígeno, nitrógeno, carbono, y compuestos como el citado CO, agua congelada, amoníaco, metano, etc. Fuera de nuestro Sistema Solar, el quinto elemento más abundante es el nitrógeno molecular (datos del satélite FUSE dados a conocer en 2004).
Son identificadas solo bajo la
influencia de
radiación o un ente cercano que las afecte (fenómenos de reflexión
de luz, etc.); las nubes de polvo que recogen y reflejan la radiación de las estrellas cercanas se llaman precisamente nebulosas de reflexión. Aunque cuando se interponen impiden la observación en
bandas visibles de cuerpos brillantes, las nubes de polvo ayudan a
comprender la formación de estrellas y otros fenómenos con la
observación de otras bandas del espectro. Al absorber energía
llegada de las estrellas vecinas, las nubes pueden calentarse y
emitir tenue radiación térmica, y se llaman entonces nebulosas de emisión. Por eso, hay distintos niveles de calor
en las nubes, sean de polvo o gas, desde las frías de hidrógeno
molecular (principalmente) hasta las más complejas, y de todos los
niveles de densidad y temperaturas hasta llegar a formar plasma en alto
nivel térmico. En cualquier caso, las nubes de
polvo hacen que el Universo aparezca la mitad de brillante de lo que
sería sin ellas. Un tercer tipo son las nebulosas oscuras o de absorción
y las cuales apenas se dejan ver al no emitir luz ni parecen estar
afectadas por radiación de estrellas cercanas por lo que solo se pueden
observar por matices en contrastes con su entorno. Estas últimas son
poco densas, mayormente de hidrógeno molecular y polvo muy fino, como
humo y hollín; pero también tienen diversos compuestos aunque en muy
baja cantidad, siendo detectadas en tales nubes más de un ciento de
diferentes compuestos.
Las nubes de gas, general y mayoritariamente de hidrógeno, son frías, con temperaturas de pocos grados sobre el cero absoluto y pueden ser los objetos más grandes de una galaxia, con más de 300 años-luz, pero naturalmente con densidades muy bajas, del orden de 200 moléculas por cm^3 como promedio. No obstante, el total de materia de una de estas nubes podría generar millones de estrellas, si bien el número de las luego formadas no sea tan grande.
Pero en torno a las galaxias, las nubes de gas y polvo a veces si se calientan se pueden generar deflagraciones gigantescas. Este hecho fue confirmado en 1992 en la galaxia NGC-891, a 30.000.000 años-luz.
En las nubes existentes entre las estrellas se detectó en 1996 la molécula de hidrógeno H3+ (formada por 3 protones y 2 electrones, y por tanto de carga positiva) que se cree clave como iniciadora del proceso por el cual se forman las estrellas. Tal molécula, que es estable, se cree que reacciona químicamente bien con otras para formar nuevas de otro tipo. El origen de la importante molécula se cree que está en el bombardeo de los rayos cósmicos sobre el abundante hidrógeno molecular simple.
En
1992 se informaba del hallazgo a unos 450 años-luz de nosotros
varias nubes, en la Vía Láctea (principalmente en Tauro y Auriga),
de 8 jóvenes estrellas (entre ellas Beta Pictoris a 63,4 años-luz de
nosotros) en las que aparecían
discos de polvo en sus entornos con huecos que hacen presagiar la
existencia de protoplanetas o planetas.
En
noviembre de 2014 se dio a conocer la primera fotografía de una nube
discoidal protoplanetaria, obtenida por el observatorio ALMA. Se trata
del sistema de la estrella HL Tauri, situada a 450 años-luz de nosotros
y el que se cree que tiene solo 1 millón de años de antigüedad. En la
imagen se aprecian los huecos que dejan en el disco de polvo y gas los
planetas en formación. Hay al menos 2 de tales huecos a 28 y 69 UA. En
2024 se da a conocer que el cálculo (astrónomos de las universidades
italianas de Milán y Bolonia) sobre el agua que puede haber en el disco
interno de tal formación protoplanetaria apunta a una cantidad
equivalente a 3 veces la existente en los océanos de la Tierra.
Una de las principales y primeras zonas estudiadas en el cielo donde se han hallado abundancia de discos de materia originaria de protoplanetas es en la Nebulosa de Orión. La nube principal de Orión se extiende por espacio de 240 años-luz; se halla a 1.450 años-luz de nosotros. Estudiada por el telescopio espacial Hubble en diciembre de 1993, a mediados de 1994 se dieron a conocer espectaculares imágenes sobre una zona de 110 jóvenes estrellas, a 1.500 años-luz de nosotros, de las que 56 tienen discos de materia de gas y polvo de la que se supone que se forman los planetas y configuran así incipientes sistemas solares. Además, en tal lugar del Universo se han identificado moléculas orgánicas; en una región particular hay un nivel de luz polarizada circular alto, lo cual han asimilado los astrónomos a la existencia de las moléculas citadas. El satélite ISO identificó aquí enormes nubes de vapor de agua e hidrógeno que fueron en su momento estimadas en una producción diaria, en reacciones producidas por la radiación que permiten recombinar elementos, en 60 veces el agua de todos los océanos de nuestro planeta (repito: diariamente).
La nube de gas hidrógeno (principalmente) más grande detectada, de la que se informó a principios de 1995 por parte de la Universidad de Arizona que la descubriera con ayuda del telescopio espacial Hubble, es sorprendentemente 10 veces mayor que toda nuestra galaxia, extendiéndose 1.044.160 de años-luz.
En 2006, en base a datos del satélite Spitzer, se estimaba que en torno al 65% de las estrellas jóvenes de la nube de Orión tenían discos protoplanetarios, y se habían identificado ya unos 2.300.Son nubes o masas de gases y polvo o materia, restos de estrellas gigantes rojas (sus capas externas) convertidas luego en enanas blancas que se extienden entre 1/3 de año-luz y los 100 años-luz; se creyó lo contrario durante mucho tiempo, que en su seno se podían formar estrellas y por lo tanto contenerlas asimismo en grupos más o menos compactos. Su nombre le fue dado por Antoine Darguier en 1779 al asimilar el parecido por telescopio con un planeta gigantesco, pero en realidad nada tienen que ver con los planetas. En su centro están los restos de la estrella que las origina e ilumina y que son tipo medio, muy calientes (azules), de entre 30.000 y 100.000ºC, pero que acabarán al final su vida, como se dice, como enanas blancas. La mayor parte de las veces, la masa de la estrella original se ha cifrado entre 0,6 y 0,3 veces la masa del Sol, existiendo también otras de mayor entidad.
El destino último de las nebulosas planetarias es la disolución en el espacio sideral hasta que la materia dispersa vuelva a ser retomada por la gravedad de otro cuerpo, distinto o en formación de uno nuevo. Una velocidad típica de expansión de estos entes, según cálculos de los años 80, es de 30 Km/seg y la vida o tiempo de existencia apreciable o notable para su detección, se estimaba entonces en un promedio de unos 20.000 años; esto no significa su desaparición o disolución total, sino el tiempo en el cual la estrella fuente que ilumina las nubes deja de hacerlas notar. Estimaciones más modernas señalan un tiempo para la desaparición de estas nebulosas de solo 10.000 años.
Pueden estar formando parte de una galaxia o solas dando lugar a los dos tipos: galácticas y extragalácticas. También pueden ser clasificadas como difusas o amorfas, y globulares o planetarias; e igualmente en luminosas y oscuras, según tengan o no estrellas. En la clasificación morfológica destacan las nebulosas simétricas respecto algún eje y algunos resultan de gran belleza no solo por su forma sino por su colorido, derivado de la incidencia de la radiación en elementos como el oxígeno (color verde), etc.; las formas suelen ser dadas por los vientos estelares. Las difusas contienen gas, principalmente hidrógeno, y materia, principalmente polvo. Las nebulosas contienen en general átomos de hidrógeno, helio, cloro, argón y nitrógeno, así como el carbono. Las globulares suelen tener forma elíptica de menos de 1 año-luz de diámetro con una estrella caliente por centro lo que significa que su origen será una explosión de tal estrella que formó en su entorno un anillo de restos. Los anillos, concéntricos, formaciones casi habituales (los tienen más de la mitad de estos entes) al final de la vida de la estrella, pueden ser de gran belleza y a veces resultan espectaculares.
Las formas podrían estar influenciadas por posibles planetas que giren a gran distancia de la estrella que origina la nebulosa. La órbita lejana del planeta permitiría arrastrar las nubes de gas y polvo estelar, trazar formas toroidales e incluso impedir que se extendieran en cierto grado tales nubes.
Algunas
son oscuras, como la del Cisne, pero otras son brillantes por
contener estrellas. Son ejemplo de las últimas Orión y Trífida
(Sagitario). Los gases iluminados por la propia estrella que los
expulsó los puede hacer brillar con luz parecida a la fluorescente. En
la Vía Láctea hay al menos casi 3.000 nebulosas planetarias. En
promedio, anualmente aparecen unas 3 nuevas.
Fueron estudiadas, entre otros, por el satélite IRAS. El primer catálogo de nebulosas planetarias fue publicado en 1918 por H. Curtis, en los Estados Unidos.
La nebulosa más grande conocida en 1997 era la RXJ2117, localizada en la Constelación del Cisne, a 4.600 millones de años-luz, que se prolonga por un espacio que alcanza los 17 años-luz.
La K3-35 fue en 2001 la primera nebulosa planetaria que se vio directamente formar en su principio tras la explosión de una supernova. Está a 16.000 años-luz de nosotros. La fase durará en realidad quizá cerca de 100.000 años, pero se observó el inicio de la transformación. Entre la materia dispersa se hallaron moléculas de agua e hidroxilo (OH).
En
2009, el descubrimiento de un objeto celeste, que emite en la
longitud de onda de radio con mucha potencia, sobre los restos de una
estrella de gran masa, 2,6 mayor que la solar, dio lugar a confirmar
la teoría de la existencia de lo fue entonces clasificado como una
"supernebulosa
planetaria". En realidad, la única sorpresa fue que se detectó
este tipo de objeto en las bandas de radio.
El objeto RCW
120, situado a 4.300 años-luz de nosotros, forma una enorme burbuja de
polvo y gas que tiene en su interior el embrión de una estrella que
está acumulando tal materia y que ya tiene unas 8 masas solares. Tal
burbuja está inducida por la presión de tal incipiente estrella y está
formada por unas 2.000 masas solares de gas y polvo, de las que a su
vez se sigue alimentando, aunque también se formarán con el mismo otras
estrellas. Fue estudiado por el observatorio espacial Herschel.
Es también
llamativa la nebulosa G352.7-0.1, situada a unos 24.000 años-luz de
nosotros en la constelación de Escorpio, y la que tiene diámetros de 54
por 40 años-luz. Remanente de una supernova que explotó hace 2.200
años, ha venido barriendo con su expansión materia con una masa total
de 45 veces la del Sol, avanzando a una velocidad expansiva de
30.000.000 Km/hora. Ha sido observada por los ingenios espaciales
europeo y americano XMM-Newton y Chandra.
La nebulosa
planetaria Henize 2-428 es también muy interesante porque tiene dos
enanas blancas muy cercanas entre ellas, de modo que giran una sobre
otra con una órbita de un período de solo algo más de 4 h. Están para
fusionarse en el plazo de unos 700 millones de años, sumando una masa
de 1,8 veces la solar, y darán lugar a una supernova de tipo Ia.
Actualmente se puede
observar la directa transformación de una estrella en nebulosa
planetaria en la llamada IRAS 15103-5754, que es de una masa similar a
nuestro Sol, lo que le da un interés añadido, pues su evolución es un
adelanto de lo que le espera a nuestra estrella.
Una de las más raras es la
PK 329-02.2, o Menzel 2, un sistema binario que se halla dentro de la
Vía Láctea, en la constelación de Norma, y que tiene dos brazos
espirales, como ocurre con un tipo de galaxias. Tales brazos surgen de
una de las estrellas.
También es llamativa
la llamada nebulosa del Bumerán, situada a 5.000 años-luz de nosotros
en la constelación del Centauro, por su baja temperatura. Tiene en su
centro una gigante roja. Se está calentando de modo paulatino, pero
tiene de momento uno de los entornos más fríos conocido. Se cree que el
material que envuelve la estrella puede proceder de una estrella
cercana de la que emana un chorro frío de gas y polvo a gran velocidad,
de 164 Km/seg, por el efecto de la gravedad entre ambas estrellas. Tal
chorro se extiende por espacio de 21.000 UA.
Las 5 nebulosas planetarias
más brillantes del firmamento son la NGC-7293 o de la Hélice, la M27 o
Dumbbell, NGC-3918 o Azul, NGC-7009 o Saturno, y NGC-3132 o Anillo del
Sur. La Nebulosa de la Hélice, a unos 450 (o 690, según otra fuente) años-luz de nosotros, es la más cercana que tenemos.
Las
protoestrellas son objetos estelares en el proceso de formación,
cuerpos nebulosos de gas y polvo con zonas brillantes en un estado
muy temprano de apelmazamiento gravitatorio en el que juegan
inicialmente su papel las turbulencias y los campos magnéticos, así
como las partículas de hielo. En las acumulaciones de materia,
previas a la constitución de la estrella, se denominan glóbulos de
Bok a las formaciones de densidades mil veces superiores a las de las
nebulosas. La concentración primaria a base de gas, principalmente
hidrógeno, y polvo recibe el nombre de nódulo,
si bien una zona mayor de concentración de miles de masas solares y
extensiones de varias decenas de años-luz es denominada como un objeto
de Barnard, y podrá contener varios glóbulos de Bok. Las agrupaciones
grumosas cada vez mayores de la materia pueden recibir el nombre de
planetesimales. El nombre de Bok se debe al astrónomo holandés Bart Bok.
El disco de gas y polvo inicial que gira y permite la acumulación central de materia se denomina disco de acreción. La materia apretujada en un núcleo por la gravedad comienza a calentarse cada vez más, de –250ºC iniciales, hasta guardar un equilibrio de contrapuesta tendencia. No está aun muy claro el proceso, puesto que la acumulación o caída de materia sobre el núcleo, para mantener el momento angular, debe hacer al cuerpo girar más rápido y por tanto engendrará una fuerza centrífuga que contrarrestaría a la gravedad; por lo tanto tiene que haber algún mecanismo de equilibrio que haga posible la subsistencia de la protoestrella. Los estudios y observaciones apuntan a que solo 1/5 parte de la materia apelmazada forma al final parte de la futura estrella.
Las estrellas en formación, antes de encender el horno nuclear con temperaturas de unos 10.000.000ºC en la zona central, expelen chorros de protones, polvo y gas molecular en los polos que interrumpen la acumulación de materia del entorno, la que queda en un anillo del que se formarán luego planetas. Esta eyección en los dos polos de parte de la masa es común a todas las estrellas en esta etapa de su vida y son de gran energía y salen a gran velocidad, e hasta 800.000 Km/h; la temperatura generada en el choque con tal energía con materia circundante puede llegar a ser de más de 90.000ºC. Son entonces denominados objetos HH, Herbig-Haro.Son observadas en longitudes de las bandas de radio ya que al ser oscuras no se dejan ver en otras. También se pueden observar en las bandas del IR al comenzar a calentarse. En realidad, las nubes de gas que formarán la estrella tienen solo temperaturas de solo 10º sobre el cero absoluto.
En las mismas, compuestas general y principalmente por hidrógeno molecular, se buscan y estudian compuestos como el cesio, el ácido clorhídrico, o los monóxidos y sulfuros de carbono. También se han encontrado moléculas orgánicas en los discos protoplanetarios que se forman en paralelo a la estrella, así como olivina; el hallazgo de 8 de las mismas se anunció en 1997 en dos de tales discos, de 120.000 y 27.000 millones de Km de diámetro, a unos 450 años-luz de nosotros en Tauro, y se trató de ácido cianhídrico, monóxido de carbono, formaldehído, monosulfuro de carbono y ácido isocianhídrico, entre otros.
Cuando las nubes de hidrógeno del entorno de la estrella recién formada se ionizan y calientan pasan a ser denominadas nebulosas de emisión térmica (llamadas regiones H II) y forman estructuras de peculiares características.
La contribución del telescopio espacial Hubble en este tipo de objetos ha sido muy importante. En 1995 se dieron a conocer imágenes de ellos en Tauro, a 450 años-luz de nosotros (HH-30), en Orión y en la constelación de la Vela. En otro captado, el HH-47, o HH-46/47, a 1.400 años-luz en la constelación de la Vela, dos chorros de gas que emanan muestran oscilaciones o irregularidades de origen inicialmente indeterminado; la velocidad de los chorros es de 1.000.000 Km/h y uno de ellos apunta hacia nuestra posición.
En la formación
de los primeros
núcleos protoestelares, la cercanía entre ellos permite la acreción
de las nubes de gas y polvo intermedio cuando los objetos alcanzan
una masa mínima. Tal masa determina luego el tiempo de duración entre
el inicio de la contracción de la futura estrella y el encendido de
proceso nuclear, siendo en general de unos 10.000 años tan solo para
una estrella de gran masa, de unos 100 millones de masas solares. Pero
para una estrella como nuestro Sol el tiempo de encendido es de unas
decenas de millones de años y para una de menos masa, de una décima
parte por ejemplo, puede llegar a ser de 100 millones de años.
En las estrellas jóvenes, su propio campo
magnético redirige en el fenómeno de acreción la materia de gas y polvo
que la rodea, generalmente en forma toroidal, y facilita su
acumulación.
En cuanto al
material sobrante de ese
disco de gas y polvo del que se forma la estrella, se aglutinará en
otra estrella y/o en planetas en muchos casos, pero no en todos. En
algunos de tales discos protoplanetarios, además de formar una
estrella o un par de ellas, denominado entonces sistema binario, por
la potente acción evaporadora, especialmente de la radiación UV de
tales astros recién formados cuando son gigantes, se disipa el resto
de gas y polvo; es decir, queda destruido tal disco o también puede
quedar deformado. Pueden formarse no obstante pequeños cuerpos, tipo
asteroides muy pequeños, que con el tiempo pueden llegar a
constituirse en planetas sólidos, no gaseosos. Algunos estudios
señalan que las estrellas formadas de tipo B y O, gigantes, en solo
unos 100.000 años barren de gas y polvo incluso los discos de
estrellas menores cercanas. El citado telescopio Hubble y
observatorios terrestres han aportado datos al respecto con estudios
sobre la zona de Orión en la que se han identificado fenómenos de
este tipo. Los protoplanetas pueden formarse con relativa rapidez,
entre los 10 y los 100 millones de años; y otros cuerpos menores
aparecen en solo unos 2 millones de años.
A principios de 2006 se llevaban descubiertas más de un centenar de estrellas con emisiones IR que se identifican con la tenencia de discos de polvo en el entorno de las mismas. Para entonces se tenía conocimiento de al menos 8 sistemas solares, además del Solar, que contienen discos con formaciones asteroidales y cometarias, o similares a nuestro cinturón de Kuiper. Estos discos muestran bandas delimitadas que parecen apuntar a la existencia de planetas que los barren.
Por otra parte, las estrellas jóvenes
giran sobre sí a gran velocidad que puede ir haciéndose más lenta
a medida que pasa el tiempo, sobre todo cuando en su entorno hay
anillos de polvo y gas que interactúan con el campo magnético de la
estrella, frenándola (estudio basado en datos del satélite Spitzer).
Un caso particular de protoestrella es la V1647 que
entre 2004 y 2006 resplandeció sobre la nebulosa llamada de McNail, a
unos 1.300 años-luz de nosotros en Orión, y que curiosamente en 2008 se
reactivó brillando de nuevo al parecer por la absorción de materia del
disco de gas que la circunda. Estudiada por los ingenios espaciales
Chandra, Newton y Suzaku, se ha establecido que gira sobre sí con un
período de 1 día y su antigüedad se cifra en un millón de años o menos.
Su tamaño es unas 5 veces el del Sol, pero con una notable menor densidad.
Es también llamativo el caso de la protoestrella
L1527 IRS, situada a 450 años-luz de nosotros en la constelación de
Taurus, que es el sistema solar más joven hallado hasta entonces (2012)
con solo unos 300.000 años de antigüedad a lo sumo. La joven estrella
tiene una masa de solo un 20% de la de nuestro Sol, pero se irá
incrementando con el polvo y gas del disco que la rodea. De este disco,
y de más materia que podría aglutinar del entorno, también podrían
formarse planetas en el futuro. El disco de polvo y gas que la circunda
y que es absorbido por tal astro, para sorpresa de los astrónomos, ha
experimentada un brusco cambio químico, señal de la complejidad de los
procesos de los elementos sometidos a presión gravitatoria y por ende
al calor. Tal cambio en la composición química del gas se manifiesta en
tal lugar especialmente en moléculas de carbono, y también en el
monóxido de azufre. Y por si fuera poco, no hay un solo disco protoplanetario sino dos, siendo el más externo inusualmente
inclinado respecto al otro. En uno de los discos se ha detectado hielo
de agua semipesada, o de agua con deuterio en niveles superiores a la
media.
Un lugar de concentración de varios de
estos objetos es la nebulosa llamada W40 (o Westerhout 40), también conocida como
Sharpless 2-64, en la constelación del Águila, a unos 1.400 años-luz de
nosotros. Se extiende por 25 años-luz, se compone principalmente de
hidrógeno, y tiene más de 600 estrellas que se están formando, de las
que unas 150 están ya en su última etapa de formación estelar. Fue
estudiada tal nebulosa por el ingenio espacial europeoHerschel.
Otra protoestrella significativa es la
IRAS 20324+4057, situada en la Constelación del Cisne a unos 4.500
años-luz de nosotros, que es muy joven y que tiene como particularidad
que está iluminada por 65 estrellas cercanas muy calientes. Está rodeada
de polvo y gas.
En la protoestrella CARMA-7,
descubierta por el radiotelescopio ALMA a 1.400 años-luz de nosotros en
el sur del cúmulo estelar de Serpens, se manifiesta una incipiente
actividad en la que se emiten chorros de partículas en los polos con
intermitencia en ciclos -se cree- de 100 años. En las emisiones se
identificó al monóxido de carbono y las eyecciones pueden ser captadas
hasta una distancia de 2.460.000 millones de Km.
Resulta igualmente llamativo L1448
IRS3B, un sistema de una estrella que tiene una nube de polvo en su
entorno, la cual se está fragmentando y en la que se están generando 3
protoestrellas de menos de 20.000 años. Está situado en la constelación
de Perseo a unos 750 años-luz de nosotros. Tiene una antigüedad de solo
unos 150.000 años y es muy inestable como corresponde a tan joven
proceso. La separación de una de las protoestrellas con las otras dos
es de 61 y 184 UA. El disco de materia que las rodea tiene forma
espiral, en razón a la inestabilidad.
En la llamada OMC-1, nube molecular de
Orión situada a unos 1.500 años-luz de nosotros, se están formando
protoestrellas desde hace unos 100.000 años. Desde el Observatorio ALMA
se ha detectado cómo dos de ellas han interactuado gravitatoriamente
hasta acercarse y generar una explosión. El resultando del choque o
roce ha sido el lanzamiento de materia en todas las direcciones a 150
Km/seg con una energía comparable a la emitida por el Sol en 10
millones de años; entre tal materia lanzada hay monóxido de carbono.
Otra de Orión es la HH 212, a unos 1.300 años-luz de
nosotros, que tiene tan solo unos 40.000 años de antigüedad. Su masa es
1/5 parte de la solar aproximadamente. Se alimenta de un disco de gas y
polvo que la envuelve hasta unas 60 UA de distancia.
Predichas desde 1963, son estrellas que se forman a partir de nubes de gas y polvo como el resto pero no llegan a encender la reacción nuclear por falta de masa (menos del 7,5 u 8% de la solar o bien al menos 12 o 13 veces la de Júpiter, si bien se han considerado ocasionalmente también las cifras de 15 veces y excepcionalmente de 10 -o algo menos- veces). Por ello no tienen brillo y se les ha asimilado como posibles integrantes de la llamada materia oscura del Universo. La mayor conocida (2002) es de una masa 75 veces la de Júpiter y en tal cifra se estableció el límite superior para su consideración como enanas marrones; también hay autores que fijan tal límite superior en 70 masas. Otra fuente cifra como límites de masa inferior y superior para considerarse enana marrón 17 y 80 veces la joviana. Desde luego, a partir de esa masa la estrella se encendería.
Tienen realmente un estado entre una estrella y un gran planeta y al no llegar a encenderse también se las llama estrellas fallidas y MACHO, según siglas en inglés de objetos de halo masivos compactos. El hecho de ser un puente entre las estrellas y los planetas gigantes es algo confirmado por los astrofísicos en 2004 tras estudios de entes de este tipo con masas entre 54 y 66 veces la de Júpiter de equipos internacionales en el IAC (Canarias), el ESO (sudamericano), el satélite Hubble y otros observatorios. Su temperatura, la de la mayoría, está en torno a unos 1.273ºK, pudiendo oscilar entre los 800 y 2.300ºK, y también han sido llamadas estrellas abortadas y hay quien les niega la categoría de estrellas, si bien tampoco les reconocen como planetas como es natural. Irradian más energía en el IR que en bandas visibles. En su detección espectroscópica (sobres los 670,8 nanómetros) se fijan los niveles de existencia del elemento litio. Las más frías y antiguas se supone que son mayoría, 90 veces más que las más jóvenes y calientes.
Dadas
sus características de baja temperatura y pequeño tamaño, y
teniendo en cuenta la existencia de planetas gigantes en las
estrellas, el límite de definición con estos últimos es difícil
de establecer en muchos casos y las confusiones clasificatorias de
los astrónomos entre planeta extrasolar y enana marrón son frecuentes.
De hecho, se les achaca algún atributo propio de planetas, como las
auroras polares.
Por
otra parte, según la clasificación espectral, las enanas marrones
pueden ser de dos tipos, L y T, con temperaturas entre 800 y 1.200ºC
las L y entre 500 y 800ºC las T, siendo las más comunes las L.
Posteriormente se ha añadido un tercer tipo, el Y, para las marrones
más frías. La temperatura de la más fría ha sido estimada entre 125 y 175ºC.
Otro aspecto que se considera (2023) para determinar
si en origen es estrella o planeta es su inclinación orbital en
relación al ecuador de la estrella del sistema en que se encuentre.
Aunque luego se haya movido a otra posición, la coincidencia con tal
plano sería signo de haber nacido como planeta y de no ser así podría
haberse generado como incipiente estrella. Cuando la inclinación es muy
pronunciada, fuera del plano del disco protoplanetario, se habría
formado como estrella aparte.
El término de enana marrón se debe a la astrónoma
americana Jill Tarter y data de 1975. En realidad, tal color no es el
real de estos objetos, sino el rojo oscuro, casi negro.
La primera enana marrón, descubierta a finales de los años 80, fue la G29-38B, que está acompañada de una enana blanca; su temperatura resultó de 1.200ºC y su diámetro de unos 200.000 Km. Por cierto, que sobre la enana blanca G29-38, comenzada a apagarse hace unos 500 millones de años, el telescopio espacial Spitzer hallaría un anillo de polvo de tipo cometario.
Algunas descubiertas en las Pléyades, a partir de 1995, forman sistemas binarios y su tamaño oscila entre 40 y 70 veces el del planeta Júpiter. Una de ellas, denominada Teide 1, o Teide Pléyades 1, es de una masa 55 veces la de Júpiter y fue identificada por el Instituto Astrofísico de Canarias a una distancia de 400 años-luz. Otra, también en Las Pléyades e igualmente descubierta por tal Instituto, sería llamada Calar 1. Hasta 1998, en tal zona celeste, se habían encontrado 23 enanas marrones.
Otra, la GL229B, de un diámetro de menos de 50 veces el de Júpiter, tiene una rotación muy baja y su temperatura se estimó en 926ºC, brillando 250.000 veces menos que el Sol, respecto al cual tiene una masa del 8%; está 6.500 millones de Km de la estrella Gliese 229 en la constelación de Lepus, a 19 años-luz, y en la misma se detectó metano.
La estrella marrón RG-0058.8-2807 es la más débil de cualquier tipo que se conoce, menos de la millonésima parte que el Sol.
La LP 944-20, estudiada por el satélite Chandra en 1999 en la banda de los rayos equis, se encuentra a 16 años-luz de nosotros en la constelación de Fornax, y tiene unos 500.000.000 años de antigüedad. Su diámetro es de 60 veces el joviano o una décima parte del solar, pero su pasa es solo un 6% la del Sol. Su período de rotación es inferior a las 5 h.
También en 1999 se identificó la denominada como NTTDF J1205-0744 en la constelación de Virgo, a unos 300 años-luz de nuestro Sistema. Es de una masa en torno a las 35 veces la de Júpiter (±10 veces). Tiene una antigüedad de menos de 1.000 millones de años.
Otra enana marrón, la 2MASS 0415-0935, situada a 19 años-luz, fue en su momento catalogada como la estrella más fría, con solo unos cuantos cientos de ºC.
Más lejana, a 50 años-luz, en la constelación de la Osa Mayor, hay una de 25 veces la masa de Júpiter y gira sobre la estrella G196-3.
Una de las más pequeñas conocidas es TWA-5B, de una masa menos de 40 veces la de Júpiter, situada a 180 años-luz, en Hydra, de tan solo 12.000.000 de años de edad; gira en una órbita sobre una estrella a unos 16.500 millones de Km de distancia, casi el triple de distancia entre el Sol y Plutón. Según el satélite Chandra emite rayos equis.
Otra enana marrón llamativa es SDSS J1254-0122, bastante fría, en la que, bajo estudios IR, se han creído ver nubes o manchas al modo de las de Júpiter que podrían contener silicatos.
La denominada Epsilon Indi B, a su descubrimiento en 2002, resultó ser la más cercana. Forma parte de un sistema binario, con otra estrella de la que está separada 1.500 UA, que se encuentra a 11,8 años-luz de nosotros. Su masa está en torno a un 5% la solar.
Solo en la Vía Láctea, entre enanas marrones y planetas solitarios, -se piensa a principios del Siglo XXI- podría haber más de 100.000 millones; es decir, casi tantos como estrellas.
A mediados de enero de 2005 se dio a conocer el hallazgo de una curiosa enana marrón llamada ABDor C, localizada en la constelación de El Dorado, a 48 años-luz de nosotros. Su masa es 93 veces la de Júpiter y su brillo 100 veces menor que la estrella ABDor A de cuyo sistema forma parte y en torno a la que orbita a 2,4 UA de distancia; tal estrella tiene una edad de solo 50.000.000 años.
Semanas más tarde se informó de otra enana marrón, la OTS 44, situada en la constelación del Camaleón, a unos 500 años-luz de nosotros, que tiene solo unas 15 veces la masa de Júpiter, lo cual es en tal momento un récord de poca masa para este tipo de estrellas. Descubierta en 2004, tiene girando sobre ella un planeta.
Según se apuntaba en 2005 en base a las observaciones del satélite astronómico americano Spitzer, las enanas marrones son buenas candidatas a tener planetas visto que tienen abundancia de nubes de polvo y su aglutinamiento en el entorno (discos protoplanetarios).
En la primavera de 2006 se informaba del hallazgo de la enana marrón SCR 1845-6357B a solo 12,7 años-luz de nosotros, en la Constelación del Pavo, formando parte de un sistema en el que otra estrella es de una masa de un 10% la del Sol y sobre la que orbita a 4,5 UA de distancia. Su temperatura es de solo 750ºC.
En mayo de 2007 se informaba del descubrimiento de que las enanas marrones emiten en las bandas de radio de modo significativo, emitiendo así en pulsos regulares y de potencia acusada, aunque inferiores, como es natural, a la de los púlsares de giro mucho más rápido. Tales emisiones, de ciclos de 2 o 3 h, se originan en los polos magnéticos de la estrella y son amplificadas de forma natural en los entornos generados.
En el verano del mismo 2007 existía discrepancia sobre si el objeto XO-3b es una enana marrón o bien un planeta gigante. De una masa 13 veces la joviana, el XO-3b gira sobre su estrella en una órbita elíptica de 4 días de período. El problema es que en tal momento no está definido el límite entre los dos tipos de objeto, límite que da su masa.
En 2009 se dio a conocer que el telescopio espacial Spitzer había hallado que las enanas marrones SSTB213 J041757, gemelas en un sistema doble en la nube Barnard 213, resultaban ser las más jóvenes, y frías, conocidas hasta entonces. Están a 450 años-luz de nosotros.
En marzo de 2011 se informaba sobre el hallazgo del sistema binario
CFBDSIR 1458+10, formado por dos enanas marrones, situado a 75 años-luz
de nosotros. Las dos enanas resultaron ser además las dos más frías
halladas hasta entonces con solo unos 100ºC, lo que es menos de lo
delimitado para este tipo de estrellas fallidas.
En el otoño de
2011 trascendió que la enana marrón denominada como 2MASS
J21392676+0220226 registraba en sus capas superficiales o atmósfera una
gran actividad al modo de la atmosférica de nuestros grandes planetas.
Se habló entonces de la mayor tempestad nunca observada al modo de tales planetas.
La enana marrón considerada (2012) como más fría es
la llamada J1047+21, situada a 33,6 años-luz de nosotros, en la
Constelación de Leo, y cuya detección se realizó en las bandas de radio
desde el radiotelescopio de Arecibo. Es solo 5 veces más caliente que
nuestro planeta Júpiter.
Pero en 2014 la más fría encontrada pasó a ser WISE
J085510.83-071442.5, situada a 7,2 años-luz de nosotros, que tiene
temperaturas aun menores, de entre -13º y -48ºC. Su masa está en torno
a unas 6 o 7 veces la joviana, rayando su catalogación con la de
planeta. En la misma, también llamada W0855, se han hallado las
primeras evidencias de nubes con hielo de agua fuera del Sistema Solar.
En 2013 se pone de relieve el descubrimiento gracias
al ingenio espacial WISE de que las 2 enanas marrones que forman el
sistema llamado WISE J104915.57-531906 están a 6,5 años-luz de
nosotros, en la constelación de la Vela, y son el tercer sistema solar
más cercano al nuestro. También son llamadas Luhman 16A y B. La más
débil
muestra una superficie cambiante según las variaciones de su brillo, de
modo que se ha confeccionado un mapa al respecto, el primero de tal
tipo. Luhman 16A es tiene una masa de 34 veces la joviana, y Luhman 16B
unas 28 masas jovianas; esta última es 815ºC mas caliente que la otra.
WISE J0304-2705 es una enana marrón de una
masa unas 25 veces la de Júpiter que se cree de las estrellas más
antiguas de la Vía Láctea. Actualmente se muestra muy fría con
temperaturas de 150ºC o menos.
En la enana marrón de tipo L denominada
W1906+40 se descubrió en 2015 una enorme tormenta o nube oscura del
tamaño de la Gran Mancha Roja de Júpiter, cosa no muy propia de una
estrella, aunque el tamaño de la misma también es similar al joviano.
La citada tormenta se cree que persiste desde hace al menos 2 años y
gira sobre la estrella con un período de 9 h. La temperatura de la
estrella es elevada para este tipo de objeto, de unos 1.900ºC, pero muy
fría en relación a otras estrellas. Fue estudiada por los ingenios
espaciales Spitzer y Kepler.
En 2017 la enana marrón más masiva conocida es SDSS
J0104+1535, que está a unos 750 años-luz de nosotros. Muy antigua, se
cree formada hace unos 10.000 millones de años, está constituida en un
99,99% de H y He, y tiene una masa de un 90% la joviana.
En 2018 se observó que dos enanas marrones,
denominadas Epsilon Indi B y Epsilon Indi C, resultaron tener 70 y 75
masas jovianas, pero no han llegado a encenderse como estrellas. Van
acompañadas de la estrella Epsilon Indi A.
Una llamativa es EPIC 212036875b, que rota con un
período de 5,17 días a solo 0,06 UA, casi 9 millones de Km de la
estrella que tiene por compañera, cosa poco habitual; tal estrella
principal es de tipo espectral F7V y es un 41% mayor que el Sol, un 15%
de mayor masa que el mismo, una antigüedad un poco mayor, con unos
5.100 millones de años, y una temperatura de casi los 6.000ºC. Aunque
tiene unas 51 masas la de Júpiter, es un 17% de menor tamaño que el
mismo. Su temperatura se ha estimado en menos de 1.200ºC.
En noviembre de 2019 se publica el mayor catálogo de
enanas marrones, con más de 10.000 registros, por acumulación de datos
de los observatorios DES, VHS y WISE.
La llamada 2MASS J10475385+2124234 se halla a unos
34 años-luz de nosotros y es del mismo tamaño que Júpiter, pero 40
veces más masiva que el mismo. Su estudio ha permitido calcular que la
rotación de su atmósfera estelar es muy elevada, de 2.293 Km/hora.
BDR J1750+3809. Enana
marrón primera identificada con un radiotelescopio (LOFAR europeo) en
vez de con detectores IR. Posteriormente se confirmaron sus
características con otros telescopios. Fue apodada “Elegast” por sus
descubridores. Está a unos 200 años-luz de nosotros.
En enero de 2021 se da a conocer la confección de un
nuevo mapa 3D (programa Backyard Worlds: Planet 9 de la NASA con
colaboración ciudadana) del entorno solar, hasta 65 años-luz de
nosotros, que localiza un total de 525 enanas marrones de los tipos L,
T e Y.
WISE 1534-1043. Enana
marrón descubierta el 3 de noviembre de 2018 a unos 50 años-luz de
nosotros y que avanza a la elevada velocidad de 200 Km/seg, por encima
de la media de otros cuerpos celestes. Ha sido apodada “el accidente”.
Se ha clasificado como la primera subenana de tipo Y hallada.
WISE J062309.94−045624.6.
Enana marrón que se encuentra a unos 37 años-luz de nosotros.
Descubierta en 2011 por el Caltech, es considerada en 2023 la más fría
de las que emiten ondas de radio. Su temperatura es de 425ºC y su
tamaño es menos que el de Júpiter, aunque de mayor masa que el mismo,
al menos 4 veces.
= ROJAS, AMARILLAS, BLANCAS Y AZULES
No es posible en la diminuta escala humana del tiempo ver toda la evolución de una estrella, desde su apelmazamiento de materia y encendido del horno nuclear hasta sus violentas fases finales. Pero tenemos millones de muestras de todos los estados evolutivos e intermedios posibles. Hasta aquí hemos visto características generales de las estrellas y los principios de sus vidas. Toda la escala de estados posibles de las estrellas en su estado estable o apacible se denomina, como ya se indicó, secuencia principal.
Los estados adultos de una estrella se caracterizan como se ha indicado por su masa y ello determina su temperatura y por tanto su color. En general, el color, del rojo hacia el azul, señala en el mismo orden espectral la mayor temperatura; es decir, una estrella roja tiene menor temperatura que una blanca, y ésta a su vez es más fría que una azul.
En general, las estrellas enanas rojas, amarillas, blancas y azules, marcan el estado adulto de una estrella. Las fases finales las hace convertirse en gigantes rojas y de otros colores hasta acabar por ser una enana blanca, pasando por novas o supernovas, etc.
Aunque han sido referidas anteriormente, ampliamos en este apartado algunas características de las estrellas adultas.
Dejamos pues atrás en primer lugar a las más frías, las citadas marrones y nos encontramos con otras también frías, con temperaturas que van de los 1.200 a los 2.600ºK y cuyo color oscila entre tonos rojizos, rojo vivo, anaranjado, etc. Domina en ellas el contenido en hidrógeno y carbono.
Las enanas rojas tienen temperaturas del orden los 2.800ºC y su masa es más del 7% de la de nuestro Sol, que es la mínima para encender el horno nuclear de una estrella. Este tipo finalizan su vida como enanas blancas si bien no llegan a tal estado por igual proceso de las demás. También pueden proceder del colapso de gigantes rojas. Este tipo de estrellas es quizá el más abundante del Universo. En nuestra galaxia se ha estimado que lo ¾ partes son enanas rojas. Suelen ser estables y tener larga vida. Por todo ello se ha estimado que la zona de habitabilidad para sus planetas es más cercana a la estrella comparativamente a nuestro Sistema Solar; también es posible que su día esté sincronizado con su año, lo que significa que ofrecerán muchos de los planetas su misma cara a la estrella y la faz contraria estará en permanente oscuridad, lo que implicará una interesante dinámica convectiva de sus atmósferas y lo mismo ocurrirá con las corrientes marinas, si hay océanos.Las del tipo K son de color amarillento-anaranjado, con temperaturas que oscilan entre los 4.000 y 5.000ºK. Son también de masa gigante y tienen un contenido dominante en hidrógeno, calcio, hierro e hidrocarburos. Son ejemplos las estrellas Arturo y Aldebarán.
Las del tipo G son amarillas cuya temperatura oscila entre los 5.000 y 6.000ºK. Tienen una masa media y un contenido dominante en hidrógeno y calcio. Viven más de los 10.000 millones de años y tienen una vida tranquila al contrario que otras. Son estrellas ejemplo de este tipo Capella y nuestro Sol, que se clasifica así como G2v.
Las del tipo F son blanco-amarillentas y su temperatura va de los 6.000 a los 8.000ºK. Tienen un contenido dominante en hidrógeno, calcio y metales. Es ejemplo de este tipo la estrella Canopus.
Las estrellas del tipo A son blancas con temperaturas que oscilan entre los 8.000 y los 12.000ºK. Son de gran masa y domina en ellas el contenido en hidrógeno; también tienen un poco de calcio ionizado. Son ejemplos de las mismas las estrellas Sirio (A1) y Vega.
También las del tipo B pueden ser blanquecinas, pero ya azulado, y tienen temperaturas oscilantes entre los 12.000 y 30.000ºK. Son de gran masa, generalmente entre 2,5 y 20 veces la solar, y su contenido dominante es el helio; también hay silicio, magnesio, nitrógeno y oxígeno. La atmósfera de este tipo de estrellas forma una verdadera envuelta que se nutre de las emisiones de la propia estrella y que tiende a perder materia hacia el espacio en un ciclo de actividad con la consiguiente variabilidad. Son ejemplos de estas estrellas Trapecio y Rigel.
Las estrellas azules, tipo O, tienen elevadas temperaturas, entre los 30.000 y los 40.000ºK. Su masa es grande y contienen helio, oxígeno y nitrógeno ionizados. Se corresponden a la fase final de las novas. Según un estudio del ESO (2012, sobre 6 grupos de la Vía Láctea), ¾ partes de este tipo de estrellas están en sistemas binarios e interactúan en casi la mitad de los casos succionando materia de la estrella compañera.
Por último, las estrellas de Wolf-Rayet, del tipo W, son de color blanco verdoso y su temperatura es muy elevada, de hasta 100.000ºC. Contienen helio ionizado, carbono y nitrógeno, principalmente (también, en menor medida, oxígeno, neón, magnesio y silicio, y un núcleo de hierro), y su vida es muy corta al crearse con gran masa y evolucionar pronto hacia la fase de gigante roja. Pierden grandes cantidades de materia, principalmente helio y nitrógeno o de carbono aparecido en el ciclo de Bethe. Son poco comunes. Deben su nombre a los astrónomos franceses Charles Wolf y Georges Rayet que las identificaron en 1867.
Cuando una estrella consume su combustible hidrógeno incrementa su tamaño y brillo, luciendo el color rojo y así se convierte en una gigante roja. Son pues estrellas viejas y poco abundantes, a razón de 1 por millón de estrellas. Brillan con una intensidad equivalente entre 10.000 y un millón de veces la del Sol debido a su gran tamaño, pero en realidad son relativamente frías con unos 3.900ºK. Pierden masa con mucha rapidez y su espectro delata la casi exclusiva existencia en las mismas de elementos, muy poco comunes en otras estrellas, como el vanadio, el cobalto y el zirconio. Su tamaño y su mecánica nuclear que las hace expandirse y contraerse las hace ser variables, inestables o fluctuantes, con períodos o ciclos que pueden ir de días a años. Según se sedujo en 2006, aproximadamente un tercio de tales estrellas son asimétricas debido tales irregularidades, y son como se prevé que vaya a ser nuestro Sol cuando esta fase de su vida final.
Pueden ser simplemente gigantes o supergigantes, según la masa que tengan. Las supergigantes rojas son hasta 1.000 veces del diámetro del Sol. Son ejemplos de estas estrellas las conocidas Antares y Betelgeuse; Antares, la alfa de Escorpión, es una doble supergigante roja tipo M0 de primera magnitud que tiene 700 veces el diámetro solar y está a 250 años-luz (620 años-luz según otra fuente); sobre la misma se hace en 2017 (VLTI del ESO) el primer mapa de la superficie y dinámica de la atmósfera en una estrella distinta al Sol. Otra, la llamada Mu Cephei, es tan grande que ocupa un volumen tal como la enormidad de 10.000 millones de veces el Sol, medida que no es fácil de imaginar.
En el proceso de vida de las gigantes rojas que las lleva a su desaparición como tal se sucede, tras una enorme dilatación de la superficie, la fusión nuclear de helio a carbono durante 1 millón de años, y luego a otros elementos hasta llegar al hierro en su caso, en el que acaba la evolución energética y se produce el colapso. La producción de carbono y oxígeno lleva a estos más pesados elementos hacia el centro de la estrella mientras el hidrógeno que hay aun sigue su proceso en las capas exteriores, seguido del helio. La contracción del núcleo de carbono y oxígeno, inertes ya y cada vez más densos, se produce a la vez que se expanden las capas más externas, característica propia ya de la nueva estrella, la gigante roja.
En las últimas fases, durante unos 1.000 años aumenta la temperatura y se producen elementos neón, sodio, magnesio, silicio, azufre y más helio, así como finalmente el hierro citado. El núcleo en una supergigante roja ordena los principales elementos de dentro hacia fuera, sucesivamente, así: hierro, sulfuro y silicio, magnesio, oxígeno y neón, carbono y oxígeno, helio y finalmente hidrógeno.
Cuando se acaba el combustible, la temperatura es de 170 millones de ºC y el núcleo se contrae. Al aumentar la densidad, los protones se unen a los electrones y se produce una estrella de neutrones que emite neutrinos para, tras palpitar en contracciones, inmediatamente explotar. Es entonces cuando pasa a ser una supernova. También puede ocurrir antes que el consumo de energía sea tan grande que antes de la explosión se convierta temporalmente en una supergigante azul. Otra posibilidad es que tal estallido no se llegue a producir al perder casi toda la masa antes porque otra estrella muy cercana se la extraiga.
Por
supuesto, en tal expansión de estas estrellas (o cualesquiera otra),
los posibles planetas que tengan en su entorno son tragados
literalmente, evaporados y quemados, como es natural, salvo que su
órbita sea muy distante. Como ejemplo probado de tal extremo por el
ingenio espacial Kepler tenemos el caso de la estrella KIC05807616, hoy
una enana de tipo B, que quemó en su expansión a dos de sus planetas
cercanos; éstos habrían sido gaseosos y hoy, por ello, son rocosos con
temperaturas de 9.000ºC.
En 2007 se dedujo que las estrellas gigantes rojas que tienen en su respectivo sistema planetas tenían un mayor contenido de hierro, y metales en general, que se creen procedentes, por contaminación, de sus propios planetas. Las gigantes rojas sin planetas tienen la mitad de hierro.
En 2010 se dio a conocer la existencia de una curiosa gigante roja, CW Leonis, o IRC+10216, situada a 424 años-luz de nosotros en la constelación de Leo, y que es rica en carbono y tiene la particularidad de estar envuelta en vapor de agua. Ello es significativo por la posibilidad de combinaciones de agua y el carbono, y así se identificaron sorprendentemente en el entorno de la estrella más de 30 moléculas de este tipo. La estrella es 10.000 veces menos luminosa que el Sol.
= NOVAS
Proceden
de las estrellas gigantes rojas que de repente multiplican su brillo
entre 10.000 y 1.000.000 veces, con magnitud en más de 14, para
volver a quedar aproximadamente como antes en cuestión de unos días,
semanas, meses a lo sumo; según este factor se clasifican en lentas
(con período entre 81 y 150 días), rápidas (entre 10 y 81 días) y
muy rápidas (de menos de 10 días). Ese aumento de brillo es debido
a la explosión de sus capas más externas una vez que consume su
combustible helio y en tales momentos explosivos liberan materia,
pero solo en una cuantía de 1 cienmilésima parte de toda la tenida
por la estrella. La velocidad expansiva de las capas externas puede
llegar a ser de miles de Km/seg, velocidad que se reduce a la mitad en
un período de entre 50 y 100 años. Ese repentino brillo la hace
–aparentemente-
surgir como “nueva” en el cielo y de ahí su nombre de nova;
se aplica también novae
en plural); la aplicación del término data de 1848 y se debe al
francés Édouard Roche, aunque hay quien lo remite a Tycho Brahe en 1572. Son pues un tipo de estrella variable.
Las novas son también el resultado de la actividad
de una enana blanca con una estrella compañera en un sistema binario;
tal actividad es la extracción de materia de la misma.
Brillan mucho menos que las supernovas (como máximo 1.000 veces menos) y al contrario que éstas puede volver a brillar tardando tanto como más energía tenga con un período de hasta 10.000 años, pero que también puede ser mucho menor, de hasta 10 años. Así que el tipo de novas que pueden repetir el proceso en el plazo de unos años se llaman novas recurrentes, u ordinarias; su temperatura máxima puede ser más de los 100.000.000ºK. La explosión de una nova puede ocurrir también cuando una enana blanca se nutre de una nube discoidal de gas procedente de una estrella compañera y llega a un límite de masa; en tal caso la temperatura es de unos 100.000ºK.
Otro tipo son las novas enanas cuya temperatura puede llegar a ser de 10.000ºK. En cualquier caso, en las mismas tienen lugar los ciclos de fusión nuclear del carbono, nitrógeno y oxígeno, mientras que en otras hay abundancia de oxígeno, magnesio y neón (llegando por ello incluso a llamarse novas de neón). En realidad, al contrario que algunos otros tipos de estrellas, no hay dos novas iguales.
También se citan las llamadas novas primordiales, las primeras que aparecieron en la historia del Universo, a tan solo unos 200 millones de su existencia, y cuyas explosiones, más energéticas que las de las novas normales (pero menos que las de las supernovas), se supone que generarían diferentes elementos químicos por encima del calcio y hasta en zinc.
Se cree que existe relación entre las novas y las estrellas variables. Se producen en nuestra galaxia anualmente un promedio de 35 novas, si bien solo resulta observable un 15%. Es en la parte central de la Vía Láctea donde más se ven, así como en las galaxias cercanas a la nuestra.
Su estudio en diversas líneas espectrales, como la UV, aporta datos, entre otras cosas, sobre la distancia de galaxias lejanas, sobre emisiones de rayos equis blandos, etc. Se cree (2016) que también podrían contribuir a la creación y dispersión de algunos elementos químicos (estudio de la Nova Delphini de 2013 en la que se hallaron altos niveles de los elementos oxígeno, nitrógeno, carbono, neón, silicio, magnesio y aluminio).
El fenómenos de las novae ha sido registrado a lo largo de la historia, destacando la vista por Tycho Brahe en 1572 sobre Casiopea, o la de Galileo de 1604 en la constelación Serpens. En época más moderna resalta la nova de junio de 1918 en el Águila.
En 1998, la nova V2487 Oph, sistema constituido por una enana blanca y otra compañera de la que se nutre, fue observada con el satélite europeo XMM y se vio cómo se recuperaba tras una fase explosiva. A los 2,7 años la nova volvió a repetir el fenómeno, en menos tiempo del hasta entonces creído.
Con ayuda del telescopio espacial Hubble, en febrero de 1992 se observó en la constelación del Cisne una nova con un detalle como nunca hasta entonces se había logrado. Situada a 10.430 años-luz, tal nova mostró con claridad el anillo de gas expulsado, que extiende hasta 60.000 millones de Km, y en el mismo se apreciaron algunas protuberancias y el rastro lineal debido a una estrella compañera con la que formaría un sistema binario o bien por algún chorro de gas de la propia nova.
En enero de 2002, una particular nova, la V8 Monocerotis, situada a 20.000 años-luz de nosotros, se expandió de forma destacada e incrementó repentinamente y solo durante breve tiempo su luminosidad hasta ser el mayor de nuestra galaxia a vista nuestra en tales momentos, a la vez se enfrió su superficie. Observada con el Hubble, dejó entonces una cáscara de polvo y gas que refleja vistosamente la luz de la estrella; es una nova extraña al no expulsar curiosamente las capas externas de la misma.
En
2007, gracias a su particular cronología en las emisiones en la
banda de los rayos equis captadas por el satélite Newton, se
determinó la existencia de una nueva clase de novas. Se cree que
ello tiene que ver con la evolución de la estrella y su masa.
En 2013 se da a conocer que la nova del sistema
binario T Pyxidis, situado a 15.600 años-luz de nosotros, libera en
explosiones de ciclos entre los 12 y 50 años, que la hacen incrementar
su brillo unas 10.000 veces en un solo día, materia que está
formando un disco de polvo y gas en su alrededor.
Otra señalada es la Delphini 2013, o V339, detectada
el 14 de agosto de tal año por el japonés Koichi Itagaki, y que se ha
dejado a simple vista con una magnitud de 4,3. La misma ha servido para
el estudio sobre el origen del elemento litio al detectarse por vez
primera en una nova. Se ha identificado el berilio radiactivo 7Be,
originado por la fusión de 3He y 4He, y el que al cabo de 53 días de
vida media se transmuta en litio 7Li, como se preveía en los modelos
teóricos.
El 22 de marzo de 2015 llega a su máximo brillo en
la constelación de Sagitario la Nova Sagittarii 2015-Nº 2. Se fue
atenuando en los cuatro días siguientes para luego volver a incrementar
su luz.
El 12 de junio de 2021 se manifestó la V1674 Hércules con
tanta repentina luz que fue visible a simple vista, pero un solo día
más tarde decayó notablemente con lo que se observa como la más breve
conocida hasta entonces. Registra entonces un bamboleo con emisiones de
luz y rayos equis de un período de 8 min 21 seg.
Al final de la vida de una estrella el resultado es una supernova o, quedándose atrás en el proceso, una gigante roja. En ambos casos, la estrella expulsa sus capas más externas, de He puro, con alguna capa a veces aun más externa de H, que pasan a ser una nebulosa planetaria, y deja en el centro una enana blanca. La mayoría de las estrellas (el 97%) finaliza su vida como una enana blanca pero también se puede llegar a colapsar para ser una estrella de neutrones. La masa oscila entre la ½ y el 1,1 la del Sol, siendo la mayoría de algo más de tal mitad (un 0,6 la solar). La masa de la capa externa de helio suele ser de una centésima parte de la solar y si tiene la de hidrógeno, ésta es de una masa de una diezmilésima parte de la del Sol.
En el caso pues de las gigantes rojas, las estrellas cuya masa crítica es menor de 1,44 veces la del Sol, al final de su vida activa, se colapsan y se quedan en enanas blancas, dispersando el resto de materia por el espacio (nebulosas planetarias). Tal límite se denomina límite de Chandrasekhar y viene a señalar que una estrella de una masa superior a tal índice antes de llegar a ser enana blanca pasará por otras fases, como de la ser una supernova. En general, terminan como enanas blancas todas las estrellas de masas menores de en torno a las 5 veces la solar; de no ser así, serán estrellas de neutrones, púlsares o agujeros negros, según su masa. El diámetro, o límite en la contracción, está delimitado en aproximadamente el mismo que tiene nuestro planeta, o bien en unos 10.000 Km (entre los 6 y los 14 mil Km), para una estrella de una masa como el Sol. Visto de otro modo, el material expulsado respecto al que queda formando la enana blanca, aunque depende de la masa inicial, puede ser (es un ejemplo) de 6/7 partes; es decir, la estrella se queda con 1/7 de su masa. Su volumen tiene un promedio de unos 10¹² Km³ y su gravedad típica será de unos 10⁶ m/s². En datos de 2023, las estrellas como el Sol pierden al convertirse en enanas blancas cerca de la mitad de su masa. Las estrellas de mayor masa pierden más; las de 8 veces mayores que el Sol pierden en torno al 80%. Una estrella analizada de un 85% de masa solar permitió decir que a lo largo de su vida había perdido un 70% de su masa, de modo que originalmente tenía 2,8 masas solares.
Son pues las enanas blancas los núcleos de las nebulosas planetarias, la mayoría con un núcleo de carbono y oxígeno, pero llevados a un estado de destrucción atómica en el que solo hay iones en el centro y los electrones degeneran hacia un estado cuántico. Este estado supone que el apretujamiento de los electrones hace que se repelan y por ello se aceleren cada vez más cuanto más cerca unos de otros, incrementando así la energía cinética y la presión. Esto lleva a la estrella a un límite de equilibrio con la gravedad, o lo que es lo mismo, en dependencia de su masa. Por encima, la composición estelar también es principalmente el helio, y de oxígeno, neón y magnesio (éste en menor cantidad). La capa última o exterior, casi atmosférica, es de hidrógeno en aproximadamente 2 de cada 3 de estas estrellas (o un 80%) o de helio en el tercio restante (o un 16%) salvo una minoría de 2% de ambos o metales. Las distintas capas, la acción gravitatoria y la presión contraria, determinan que el estudio de los diferentes espectros que muestran estas estrellas resulte laborioso.
Son difíciles de ver
por su tamaño, típico de unos 300.000 Km como máximo y
generalmente menos, pero su temperatura en la superficie es de al
menos 30.000ºC o 40.000ºC como resultado del fenómeno de la
contracción, y sin generar ya energía. La presión es enorme, con
densidades de 3 Tm por cm^3; es decir, son como la Tierra de tamaño
pero pesan hasta ½ millón de veces más. Su densidad es tal que son
verdaderamente objetos sólidos.
Pueden rotar a un ritmo de
un vuelta diaria (como nuestro planeta) cuando están solas. Pero
formando parte de sistemas binarios el período se reduce y puede llegar
a ser de segundos.
Con el tiempo, en
varios miles de millones de años, se convierten en enanas negras,
al
quedarse frías y por tanto no ser visibles, aunque también podrían ser
llamadas estrellas de cristal pues se cristalizarán al final debido a
su enfriamiento y solidificación, al menos en su corteza; su
enfriamiento es lento
por difusión de la energía interna a través de las capas externas
y dura miles de años. Esta circunstancia ha hecho pensar que una
gran abundancia de enanas negras podría ser la explicación, al
menos parcial, de la materia oscura del Universo, de la materia cuyo
efecto gravitatorio es notable pero que no se ha detectado aun. El
hallazgo de 38 enanas blancas, anunciado en marzo de 2001, en una
zona a 450 años-luz de nosotros en la propia Vía Láctea vino a dar
cierto auge solo a tal posibilidad sin solventar el problema. Además,
también se cree que en realidad por el tiempo de existencia del
Universo mismo, aun no ha pasado tiempo suficiente para que una enana
blanca se convierta en negra. Lo que si parece más seguro es que se
conviertan al final en esferas de cristal.
Pero algunas enanas blancas, según su composición,
se cree que pueden permanecer casi inalterables térmicamente durante
muchos miles de millones de años debido a que el enfriamiento se
compensa con la energía gravitatoria que genera la dinámica convectiva
de sus masas interiores; la distinta densidad hace que desciendan las
más pesadas en el interior de la estrella generando energía
gravitatoria.
Cuando una enana blanca gira cerca de una gigante roja, la gravedad de la primera, predominante, puede succionar en espiral la materia de la segunda haciendo que ésta pierda a favor de la enana blanca parte de su masa. También puede darse este fenómeno de acreción en un entorno de nubes de polvo y gas que pueda encontrar la estrella en su deambular sideral. En tal caso podría llegar a sobrepasar en masa un punto crítico del límite señalado y explotar dispersando gas y polvo entre el que van elementos pesados. Estas nubes de materia dispersa pueden con el tiempo, al compactarse gravitatoriamente, formar parte de nuevos sistemas solares.
Se han clasificado en diversos tipos según su espectrometría, o su
composición predominante en las capas más externas: A) contenido mayor
en hidrógeno, y son las más abundantes. B) helio. C) sin elementos
predominantes de modo importante. O) helio ionizado, siendo más
calientes que las del tipo B. Q) carbono. X) de espectro
inclasificable. Z) calcio, hierro y magnesio. También se citan los
tipos: H) estrella magnetizada sin polarización. P) magnetizada por
polarización detectada. V) variable.
Hay además un particular grupo de estas estrellas V que son variables
pulsantes,
con cambios de luminosidad, y que fue descubierto hacia mediados de
los años 60. Las citadas letras también pueden citarse poniendo delante
una D, de “dwarf” (enana), de modo que aparecen a veces como DA,
DB, etc.
Las enanas blancas también tienen campo magnético intenso pero
variable, como muestran en su rotación. Las zonas más oscuras de la
estrella, que corresponden a las más frías, tienen el campo magnético
más intenso porque el mismo bloquea la dinámica convectiva e impide la
rápida llegada de nuevo material más caliente a la zona. Además, tales
zonas, similares a las manchas solares, se muestran estables,
contrariamente a las solares. En general, de este modo se cree que la
estrella parece más fría de lo que es y tiene incidencia pues en tal
factor su campo magnético.
El campo magnético de las enanas blancas evoluciona
en su superficie desde el principio de la existencia de la estrella,
entonces con poca o nula intensidad, hacia una mayor de hasta varios
cientos de millones de Gauss a medida que se enfría y envejece.
La primera enana blanca observada lo fue en la binaria Sirio, como Sirio B, el 31 de enero de 1862 por parte del astrónomo Alvan Graham Clark.
La
enana blanca denominada BPM37093, que se encuentra a 54 años-luz
en la constelación de Centauro, se cree que tiene un núcleo de
carbono puro cristalizado (diamante). Su diámetro es de unos 4.000
Km. Se trataría tal parte interior de la estrella del mayor diamante
del que se sabe (en 2004) con una equivalencia a unos 10.000
quintillones de quilates. Sería renombrada como Lucy.
Otra, la RE J0317-853, resultó en su momento la más masiva y caliente, con 1,35 veces la masa del Sol y 50.000ºC. Estudiada por el satélite ROSAT, gira a gran velocidad sobre sí y tiene un período de oscilación en su brillo de 12 min debido a ello.
El descubrimiento de un sistema binario de dos enanas blancas fue dado a conocer en 2002. Se trata de RXJ0806.3+1527, objeto emisor de rayos equis que tiene helio con una densidad altísima. Las dos estrellas giran sobre sí con un período de tan solo 5 min 21 seg. Sobre las mismas, dadas sus peculiaridades, se dijo que podrían ser la mayor fuente de ondas gravitatorias conocidas en el Universo.
Es extraña la enana blanca GD-362, situada a 82 años-luz de nosotros. Su masa fue en su día de 7 veces la de nuestro Sol y tiene ahora, que se está apagando desde hace unos 3.500 millones de años, un disco de polvo en su entorno. La atmósfera de la estrella contiene una inusual abundancia de metales (hierro, magnesio y calcio). Tal formación anular resulta extraña porque se supone que debía haber sido atraída por la estrella.
En el otoño de 2007 se informaba por parte de astrónomos americanos de un nuevo tipo de enana blanca que se caracteriza por una inesperada atmósfera de carbono en vez de helio o hidrógeno. Tal carácter quizá se deba a una masa superior a las otras, e inferior a la de una supernova. La temperatura de estas particulares enanas es entre los 18.000 y los 23.000ºC y se cree entonces que este factor térmico y la atmósfera de carbono están relacionados. Para entonces se llevaban catalogadas 8 estrellas de este tipo nuevo entre mil y dos mil años-luz de nosotros en nuestra Vía Láctea.
En enero de 2009 se dio a conocer la existencia de la asombrosamente elevada temperatura de la enana blanca KPD 0005+5106 que resultó ser de unos 200.000ºC, una de las altas conocidas de una estrella; el análisis apunta emisiones en el UV (satélite FUSE) generadas por calcio muy ionizado. La misma está a unos 1.300 años-luz de nosotros. Tiene a solo unos 750.000 Km un objeto al que está quemando completamente y destruyendo.
Una enana blanca que se cree que ha de explotar como supernova en pocos millones de años es la HD 49798. Tiene una masa de 1,3 la solar, al límite, y un diámetro de la mitad del de nuestro planeta. Gira sobre sí dando una vuelta cada 13 seg, velocidad muy elevada para este tipo de objetos. Fue estudiada por el satélite XMM Newton y se piensa que incrementa su masa succionando materia de otro objeto cercano, pues forma parte de un sistema binario.
En 2011 se informa de un caso curioso de dos enanas
blancas situadas en la constelación de Cetus, a unos 7.800 años-luz de
nosotros. Tienen masas del 43 y el 17 por ciento de la solar, y giran
muy cerca, con tan solo 39 min de período y a solo 225.000 Km de
distancia. Su principal composición se cree que es el helio. Esta
cercanía, según algunos astrónomos, llevará a que en unos 37.000.000
años ambas estrellas se fusionen generando una nueva con el comienzo de
un ciclo propio de una estrella joven sobre la fusión del helio. De
haber tenido mayor masa no se fusionarían y explotarían como una
supernova.
Aun más cerca, según
se dice en 2012, giran J0651A y J0651B, situadas a unos 3.000 años-luz
de nosotros, que rotan una sobre otra en tan solo 12,75 min,
distanciadas solo unos 120.000 Km, y se están aproximando. Se cree que
su gravedad pueden producir determinados e interesantes fenómenos
luminosos, explosiones incluidas.
En octubre de 2015 se
dio a conocer el caso de la enana blanca WD 1145+017, que se está
tragando un pequeño planeta rocoso que está desmenuzando, y cuyos
restos que giran aun sobre la estrella con períodos entre las 4,5 y las
4,9 h; como resultado de tal proceso se ha generado un disco de polvo
sobre la estrella. Este es un escenario que se podrá dar en nuestro
Sistema Solar en la fase final de la vida del Sol tras pasar por la
fase de gigante roja.
Otra curiosa es la
enana blanca SDSS J1228+1040, que se halla a 450 años-luz de nosotros,
y que muestra girando en su entorno un anillo de restos de un
asteroide, cuyos trozos van cayendo sobre la estrella poco a poco, desde
que fuera descubierta en 2006. Los astrónomos han establecido un
paralelismo con lo que podría ocurrirle a nuestro Sistema Solar cuando
nuestro Sol alcance una fase similar al final de su vida.
También resulta peculiar la enana blanca
SDSS J124043.01+671034.68 que tiene una atmósfera de oxígeno, la
primera hallada en tal característica; también tiene algo de magnesio y
neón en su envoltura gaseosa. Tal estrella viaja a una velocidad de
900.000 Km/h como resultado de la explosión de una supernova.
La enana blanca del
sistema binario AR Scorpii, situado a 380 años-luz de nosotros, en la
constelación de Escorpio, estudiada en 2015, también llama la atención
por emitir en amplias bandas del espectro ETM radiación con ráfagas
sobre la enana roja compañera. De tal modo, el sistema pulsa con un
período de 1,97 min en bandas que van desde las de la radio hasta el
UV. Tal enana blanca tiene un tamaño similar al de nuestro planeta pero
con una masa 200.000 veces mayor. La enana roja tiene una masa de una
tercera parte de la solar. Ambas giran con un período de 3,6 h y son
objetos excepcionales y por tanto muy interesantes.
En 2018 tiene lugar el hallazgo del primer sistema
triple de enanas blancas. Denominado J1953-1019, se encuentra a unos
420 años-luz de nosotros. Sus estrellas tienen entre un 60 y un 63% de
la masa solar cada una, pero originalmente tendrían entre 1,6 y 2,6
masas solares.
ZTF J190132.9+145808.7.
Abreviado el nombre como ZTF J1901+1458, es una enana blanca situada a
134 años-luz de nosotros en la constelación del Águila. Su período de
rotación es tan solo de 6,94 min. Su masa está en un límite entre 1,327
y 1,365 masas solares. Pero su principal y llamativa característica es
que tiene un tamaño solo un poco mayor que el de nuestra Luna con tan
solo 4.280 Km de diámetro, lo que indica su alta densidad. Por sus
características de densidad podría acabar en su cristalización en
menos de 100 millones de años.
En 2022 se determinó un nuevo tipo de fenómeno relacionado con las
enanas blancas, en sistemas dobles. Se trata de explosiones menores que
las novas, pero más rápidas y de una duración de unas horas, que tienen
lugar en algunas de las enanas blancas que poseen fuertes campos
magnéticos, factor que hace que dirijan el material eyectado hacia los
polos magnéticos. Son llamados micronovas y se originan al succionar
hidrógeno principalmente a la estrella compañera y mezclarlo con el
helio en la reacción termonuclear estelar, lo que se manifiesta en
prolongados destellos.
=
SUPERNOVAS
Son las estrellas continuación del proceso de
las gigantes rojas. La otra alternativa a las enanas blancas en el
final de la vida de una estrella son las supernovas, si bien aquí se
generan después también tales enanas. Son estrellas de un tamaño
de más de 2 o 3 veces el del Sol que al final de su vida, bajo la
presión de su mayor materia, incrementan la rapidez del proceso
nuclear. Luego, la absorción de energía y la densificación del
núcleo es tanta que los neutrinos generados son también absorbidos,
y así tal núcleo, colapsado en cuestión de segundos, explota con
desmesurada violencia esparciendo gran parte de su masa, sus capas
externas, por el espacio y quedándose solo en un núcleo emisor muy
potente de radiofrecuencias, de unos 20 Km de diámetro por ejemplo;
quedará así pues una estrella de neutrones, e incluso a veces un
púlsar o un agujero negro. La energía gravitatoria liberada en su
explosión se
emite en forma de neutrinos en un 99%. Para una supernova de, por
ejemplo, 25 masas solares, el remanente que deja es de solo un 5% de su
masa original, lo que da idea de cuánta materia expulsa al medio
interestelar y a gran velocidad.
Es el fenómeno más violento,
la explosión más potente, que se repite en el Universo, excepto el
del propio Big Bang. Los mismos son emitidos justo unos instantes
antes de la explosión, en el último momento. En la explosión, la
velocidad de la materia expulsada, de las capas más externas, puede
alcanzar velocidades cercanas a la de la luz o, en todo caso, muy
elevadas. La energía de la explosión de una supernova equivale a la
de 10.000 millones de soles, lo cual puede dar idea aproximada de la
violencia de este fenómeno.
En el proceso nuclear de la estrella, agotado el
hidrógeno, el helio se recombina para producir a mayor temperatura y
presión, carbono, que a su vez se quema nuclearmente para dar lugar a
níquel, cobalto radioactivo, y finalmente, derivado de este último, el
hierro con temperaturas de hasta 3.500 millones de ºC. También se crean
otros elementos, como el neón, magnesio, cloro, azufre, calcio,
nitrógeno, oxígeno, silicio, titanio y cromo; la estructura geométrica,
desde el centro, donde se acumula el hierro, hasta las capas más
externas, donde domina el hidrógeno, los principales elementos que se
encuentran en estratos son el azufre, silicio, oxígeno, neón, carbono y
helio. El proceso va generando cada vez menos energía; en el paso del
cobalto radiactivo al hierro se generan abundantes rayos gamma por lo
que los estallidos de este tipo de radiación se asimilan a las
supernovas. El hidrógeno que queda se encuentra en las capas más
externas encima del helio, quedando el pesado hierro en el núcleo.
Eleva entonces su temperatura a 50.000 millones de ºC y se colapsa aun
más en el núcleo de hierro; este elemento no sirve ya para la fusión
nuclear, y acabado el combustible el núcleo se vuelve inestable,
consume energía en vez de producirla, y en cuestión de minutos se
derrumba sobre sí a la vez que estalla y las envueltas externas salen
disparadas. La gigantesca explosión libera un buen número de elementos
de todo tipo formados en el proceso de fusión que en forma de nubes de
gas y polvo serán los elementos básicos para la futura formación de
planetas (todos excepto el H y el He, y con numerosos isótopos). En la
detonación los neutrones generados se suman a los núcleos atómicos y
aparecen a partir del hierro los elementos más pesados, hasta el
uranio; así por ejemplo, en la explosión de la SN-1987A se liberó
materia pesada como para surtir de masa a 5 millones de planetas como
el nuestro. Realmente el ser humano y los minerales que conocemos
estamos compuestos de elementos generados en una supernova. Por ello,
las supernovas son auténtica y verdaderamente la madre y origen de los
planetas y la vida en el Universo. En líneas generales, una supernova
genera materia como para formar miles de planetas como el nuestro.
Sobre el proceso en el momento mismo de la explosión al alcanzar una masa
crítica, hacia 2006 se estima que se forma en el centro una esfera
muy uniforme en tanto que las partes envolventes o más externas de
la estrella se expanden a alta velocidad sin guardar simetría, o
sea, formando aglutinaciones.
En 2022 se determina que las supergigantes rojas
masivas estudiadas, generalmente de entre 8 y 20 masas solares, en los
últimos meses parecen apagarse, quedando unas 100 veces menos
luminosas, debido a la rápida acumulación de la materia en su entorno.
Tal materia es la creada por la propia estrella. En la inmediata
explosión posterior la estrella se expandirá barriendo tal
materia.
A principios de 2010 se informaba que, tras simulaciones informáticas, se pensaba que algunas supernovas pueden aparecer tras la fusión de dos enanas blancas.
Las
supernovas, a las que se achaca la formación de los penetrantes
rayos cósmicos y emiten rayos equis y otras radiaciones además de
los neutrinos, pueden ser de dos tipos: I), para masas de entre 3 y 8
veces la del Sol, deriva al final de su vida hacia una enana blanca
de carbono y oxígeno; y II) para masas de al menos 10, y hasta 25
veces, la del Sol, el proceso nuclear hacia el hierro las derrumba y,
tras explotar las capas externas, se convierten en estrellas de
neutrones, o si la masa es muy grande en agujeros negros o púlsares.
Las del tipo I puede tener una estrella compañera de la que es fácil
que llegue a succionar materia y su explosión genera la luz de mil
millones de estrellas, mientras que las del tipo II es 10 veces
menor. Las de tipo I se identifican por su carencia espectrográfica
en las líneas del hidrógeno al contrario de su abundancia en las de
tipo II; a su vez se establecen 3 subdivisiones (a, b y c) para el
Tipo I, según los matices de sus líneas espectrales de emisión de
varios elementos: a) línea de silicio, b) y c) línea de helio. Se
encuentran las de Tipo Ia
en cualquier clase de galaxia, pero las de otros tipos (Ib,
Ic
y Tipo II)
en las galaxias espirales y en las irregulares y con preferencia en
sus brazos y especialmente las de Tipo II en las zonas de abundancia
del hidrógeno de cierta ionización.
A las del tipo Ia se les ha añadido recientemente otro tipo más, el Iax,
para recoger el tipo de supernova más débil, o menor, que resulta de la
explosión de una enana blanca, sin destrucción de la misma. Se cree que
surgen en estrellas jóvenes de un sistema binario que tienen una enana
blanca y otra estrella en la que predomina el helio tras perder las
capas externas de hidrógeno. Se cree (2014) que el tipo Ia es generado por la explosión de una enana blanca y una compañera gemela.
Por otra parte, la supernovas del tipo Ia tienen mucha
importancia para los astrónomos porque las tienen como referencia por
su brillo, regular, para mediciones precisas de distancias. Las Ia, las más frecuentes en galaxias donde hay todos los tipos, se las clasifica también como termonucleares, en tanto que las Ib, Ic, y las de Tipo II son de colapso gravitatorio, y son más masivas que las otras.
Si la masa de la supernova es tan elevada que sobrepasa las 100 masas solares entonces es denominada hipernova.
Se supone que genera directamente en el colapso un agujero negro.
Su luminosidad es 10 veces o más superior a una supernova típica.
En enero de 2007 se informaba de la detección de los satélites Chandra y Newton de un tipo Ia de supernova nuevo, cuyas características primordiales son que evoluciona de forma muy rápida antes de explotar como el resto. Los astrónomos se basaron para ello en el estudio de los restos de supernovas denominados DEM L238 y DEM L249 en los que aparece una elevada concentración de hierro, alta densidad y fuerte emisión de rayos equis.
Los distintos tipos y sus subclasificaciones marcan diferencias en las explosiones de las supernovas con la producción de más o menos cantidad de determinados elementos como el hierro y el oxígeno. El principal elemento estudiado para determinar el entorno formado sobre el núcleo estelar, como una cáscara, es el titanio 44, isótopo, sobre el que se averigua la edad y la distancia al objeto.
Según algunos astrónomos (2007, Universidad de Toronto), las supernovas actuales son menos brillantes y poderosas en sus estallidos que lo fueron en el pasado hace unos 9.000 millones de años-luz. Se cree que estas últimas eran un 12% más radiantes, y ello se achaca a que en tal juventud del Universo, la disponibilidad de una materia prima “más joven”.
La máxima luminosidad de una supernova equivale generalmente entre 100 y 10.000 millones de estrellas como la nuestra en un tipo de ellas, y menos en el otro tipo. Liberan en un minuto tanta energía como el Sol en 9.000 millones de años, es decir, en casi toda su vida.
Se cree que todas las fuentes de este tipo en la Vía Láctea tienen su origen en supernovas, produciéndose una nueva cada 30 años (o cada 50 años, en datos de 2005); o sea, que aparecen unas 2 o 3 cada 100 años en nuestra galaxia. Antiguas supernovas de las que se tiene noticia fueron anotadas por los chinos en 1.006 en la constelación del Lupus y en 1.054 en la constelación de Tauro (M1), como también la de 1.181 en Casiopea, en 1.572 en Casiopea por Tycho Brahe y en 1.604 en Ofiuco por J. Kepler. Desde tal época ha habido muchas supernovas, pero ninguna en la Vía Láctea. La más antigua documentada de la que se tenga conocimiento es la SN 185, observada por los chinos en tal año 185 y fue visible durante unos 8 meses.
La detectada en el año 1.006, 1 de mayo, se podía ver de día, según el
testimonio de la época y es la más brillante de la que se tiene
noticia; su brillo perduró 2 años y se observó en la constelación de
Lupus, cerca de la de Centaurus, a unos 7.200 años-luz de nosotros,
dejando testimonio de ella, además de los chinos, los árabes.
La supernova vista, entre otros
por los chinos, el 4 de julio de 1.054 fue lo que se conoce como la
Nebulosa del Cangrejo, que dejó en su núcleo un púlsar. La de
1572, vista brillar el 6 de noviembre de tal año como si fuera el
planeta Venus en Casiopea es también una de las más brillantes
conocida; está a 7.500 años-luz de nosotros y sigue emitiendo rayos gamma. La de 1604 fue vista
en Ophiuchus. Otra, en 1885, fue vista en la nebulosa de Andrómeda.
El
23 de febrero de 1987 apareció la supernova de la Gran Nube de
Magallanes, a 169.000 años-luz; fue descubierta por el canadiense
Ian Shelton desde el observatorio chileno de Las Campanas. Tal
supernova fue la más luminosa desde 1.604, la primera desde entonces
visible a simple vista, pero mucho menos de lo previsto. La antigua
estrella era una supergigante azul B3 Sanduleak (SK)-69-202 y ahora
emitía el equivalente a 100.000 de veces el brillo Solar y de una
masa de 20 soles; hasta entonces las supernovas conocidas procedían
de supergigantes rojas. La explosión dio un resplandor de 250
millones de veces el Sol, pero unos 4 meses más tarde empezó a
apagarse. En el momento de llegar a la Tierra el estallido, en un
detector en Japón se captaron procedentes de la estrella 11
neutrinos en 10 seg. La velocidad de propagación en la expansión en
este caso fue de entre 16.000 y 20.000 Km/seg inicialmente. Al
producirse su detección en época moderna, la SN1987A pudo ser
estudiada en detalle tanto desde tierra como con satélites; los
observatorios astronómicos de todo el mundo se movilizaron en los
siguientes días de un modo nunca realizado hasta entonces. Se
observó que su color fue cambiando del azul al rojo, lo que indica
la lógica disminución de su temperatura en su expansión. Por el
contenido hallado de elementos se dijo que era del Tipo II, pero su
baja luminosidad no se corresponde. Se detectó entre otros el
isótopo cobalto 56, producido por la desintegración del níquel 56,
en cantidad equivalente a 100 veces la masa del planeta Júpiter. A
tal cobalto se achaca la mayor parte del fulgurante brillo de la
supernova y su pronto apagado coincide con la cadencia de la
desintegración del mismo (produciendo hierro); el proceso es que los
electrones liberados del cobalto calientan los gases y el polvo de la
nebulosa formada, o residual, que envuelve la estrella, pero al
expandirse ésta y agotarse aquél el brillo decae rápidamente.
También apareció como elemento energético dominante el cobalto 57,
y en cantidad 3 veces superior a la esperada, y posteriormente
titanio 44 cuya vida media es de 54 años. La estrella fue observada
años más tarde por el telescopio espacial Hubble y entonces mostró
una imagen de la misma en la que se aprecian 3 anillos de gas en su
entorno, dos de ellos tenues o finos y simétricos para sorpresa de
los astrónomos. En noviembre de 2003 el mismo telescopio espacial
captó en tal supernova un collar de puntos de luz en un entorno de
gas fruto de choque de la onda en expansión tras la explosión 17
años atrás; tal choque con materia, a una velocidad que se calcula
en cerca de los 2.000.000 Km/h. En 2005, en nivel de emisiones de
rayos equis del choque comenzó, según el ingenio Chandra, a
aumentar notablemente al encontrar la onda mayor densidad en el gas
del anillo; la temperatura es en algunos de tales puntos de millones
de grados. En 2017 se informa que la citada estrella había sido
observada por el telescopio ALMA en 3D en alta resolución para realizar
un mapa detallado del polvo y gas generados y su distribución, hallando
entre otros moléculas del monóxido de silicio (SiO), el monóxido de
carbono (CO), monóxido de azufre (SO) y el catión formilo (HCO+). El
primero, SiO, se encuentra en cantidades 100 veces mayores a las
calculadas antes por los astrónomos. En 2019 se pudo al fin identificar
la ubicación de la estrella de neutrones, resto de la supernova, oculta
tras una espesa nube de polvo.
El 28 de marzo de 1993 el aficionado español Francisco García Díez descubrió en la galaxia M81 una supernova, la SN1993J, que fue la más brillante de los últimos 50 años en el hemisferio norte celeste y que generó una excepcional emisión de rayos equis, intrigando a los astrónomos por sus peculiaridades de mezcla de los tipos I y II, con bajo contenido en hidrógeno quizá porque una estrella muy cercana de gran masa lo absorbió.
En noviembre de 2002 se captó la SN-2002ic en un peculiar y denso sistema de un disco plano de gas y polvo procedente de otra estrella cercana, situadas ambas a algo menos de 1.000 millones de años-luz, en Piscis. La misma es del denominado tipo Ia pero con notas de otro tipo, con emisión de hidrógeno en gran proporción lo que hizo pensar en un sistema binario con una enana blanca que superaba para explotar el límite de masa crítica que tomaba de la compañera, o bien dos enanas marrones que se fusionan.
El 31 de julio de 2004, el aficionado japonés Koichi Itagaki captó la que sería la supernova más brillante de los últimos 10 años, la SN 2004dj, de tipo II, equivalente en brillo a 200.000.000 veces el de nuestro Sol; se estimó que tendría 15 veces la masa del mismo. Está situada en una galaxia a 11.000.000 años-luz de nosotros en una zona de numerosas estrellas gigantes azules, pero jóvenes, de solo 14.000.000 años de edad; tal zona es denominada Sandage 96. Fue estudiado por el Hubble.
Fuera de la Vía Láctea o su entorno inmediato, anualmente se descubren distinta cantidad de supernovas, pero en total hasta finales de 2002 se habían hallado unas 2.500; ejemplos: en 1980, 17; en 1990, 38; en 2000, 145; en 2002, 293.
En la galaxia M101 se identificaron nebulosas tan gigantescas de restos de explosiones de supernovas que estas últimas fueron calificadas de hipernovas. Una de tales nebulosas tiene nada menos que más de 860 años-luz de diámetro.
En 2006 se observó la SN 2006gy como la más luminosa, pero en 2007 se identificó otra que la supera en el doble, la SN 2005ap, equivaliendo su brillo a 100.000 millones de veces el del Sol en su pico máximo. Esta última está a 4.700 millones de años-luz en una galaxia de la constelación de Coma Berenices.
En 2007, la SN 2007bi tuvo una luminosidad estimada entre 50 y 100 veces superior a cualquier SN normal, y fue visible más tiempo del habitual, casi dos años. La estrella original se cree que fue la más masiva conocida, más de 200 veces la solar, la mitad ya solo en el núcleo. Se cree que en su núcleo las temperaturas extremas generaron rayos gamma que produjeron primero un colapso a través de una cascada de pares electrón-positrón, dando lugar luego a un estallido nuclear y níquel radiactivo que se desintegró e incrementó el tiempo de duración de la expulsión de gas en el fenómeno del estallido de la supernova.
En 2010 se creyó identificar un tercer tipo de explosión de supernova tras la observación y estudio espectral de la SN 2005E que se distingue por sus elevados niveles en los elementos calcio y titanio, resultado de un ciclo de fusión particular en el que interviene el helio. Se cree que el proceso está originado por la interacción con otra enana blanca que alimenta a la principal con el citado helio.
Y en 2011, a partir de la observación de la SN 2005ap y
otras 3 similares, se dice haber identificado otra clase de supernova
por un nuevo tipo de explosión de las mismas. Tal SN 2005ap fue en su
momento la más luminosa vista en el cielo, con un equivalente a 100.000
millones de veces el brillo del Sol. En su espectro no se detectó
hidrógeno, cosa excepcional, y de ahí que se piense en un nuevo tipo de
supernova cuya masa estaría en principio entre 90 y 130 veces la solar.
También se cree que podría dejar como residuo un magnetar, objeto que
se cita en el apartado siguiente.
El 24 de agosto de 2011 aparece una supernova que se llamó PTF 11kly en
la galaxia del Molinete, M101, en la constelación de la Osa Mayor, a unos 20
millones de años-luz de nosotros. La particularidad de esta supernova
es que pudo ser observada justo cuando comenzó a manifestarse, a tal
solo unas horas de comenzar a aumentar el brillo en su explosión. Es
decir, es la más joven conocida y además está relativamente cerca de
nosotros.
A finales de 2012 se informa de la identificación de las dos supernovas
más antiguas conocidas, de las primeras del Universo, las SN 2213 y
SN 1000+2016. Son en tal momento las más lejanas detectadas y
excepcionalmente luminosas.
En abril de 2013 se pone de relieve que la más
lejana y antigua conocida es la llamada Supernova Wilson, o SN UDS10Wil, que supera en
un 4% a la SN SCP-0401 (a 8.750 millones), también récord en su
momento. Data de hace 10.000 millones de años y fue estudiada por el
telescopio espacial Hubble en la constelación de Cetus.
Una estimación realizada en 2013 indica que en todo
el Universo observable se producen unas 30 supernovas cada segundo.
La supernova más brillante, o de mayor intensidad de
todas las conocidas hasta 2015, es la ASASSN-15lh, situada a unos
3.800 millones de años-luz de nosotros. Su pico máximo de brillo llegó
a 570.000 millones de veces el del Sol (o el equivalente a la radiación
solar de 90.000 millones de años), unas 20 veces más que el de nuestra
galaxia, y 200 veces más que las supernovas habituales. Todo un récord
para este objeto calificado de supernova superluminosa.
Posteriormente, en 2016, se precisó que probablemente no se trata de
una supernova sino de un agujero negro supermasivo (de unas 100
millones de masas solares) girando muy rápido y succionando una
estrella cercana parecida al Sol.
Otra similar, superluminosa, es la DES14X3taz,
descubierta el 21 de diciembre de 2014, a unos 6.400 millones de
años-luz de nosotros. La estrella que genera la supernova es de una
masa de unas 200 veces la solar. Se cree que la misma se ha manifestado
así creando un magnetar. Además, su característica es la emisión doble
de luminosidad, como si explotara dos veces, pero siendo el segundo
pico luminoso solo el resultado del calentamiento de la materia
expulsada en la (primera) explosión.
Muy particular y única resulta la denominada iPTF14hls, que tras
explotar en 1954 según se cree, volvió a hacerlo de nuevo en septiembre
de 2014, más de medio siglo después en vez de -lo más habitual- un
ciento de días, lo que ha resultado asombroso para los astrónomos.
Meses más tarde, tal estrella, de unas 50 masas solares, volvió a
incrementar su brillo. Se piensa que en sus condiciones de masa y muy
alta temperaturas podría generar en su núcleo antimateria.
En agosto de 2016 fue identificada la supernova más
antigua hasta entonces conocida, con 10.500 millones de años, llamada
DES16C2nm. Fue hallada por el DES internacional, aunque principalmente
la Universidad de Southampton, resultando ser superluminosa.
La SN 2020fqv fue descubierta en abril de 2020 desde
el Observatorio Palomar, San Diego, en la constelación de Virgo a unos
60 millones de años-luz de distancia de nosotros. Estudiada con los
ingenios espaciales Hubble y TESS, además de observatorios terrestres,
fue calificada como una de las supernovas clave en el estudio de estas
estrellas por su detallada observación antes y después de la explosión,
verificando datos importantes sobre el terreno por así decir.
Insinuadas
por los astrónomos Baade y Zwicky entre los años 1934 y 1939, son
uno de los restos posibles de las supernovas. Las estrellas enanas
blancas de una masa crítica, al final de su vida, superior a 1,4
veces (y hasta 3 veces) la del Sol (límite de Chandrasekhar) se
convierten en estrellas de neutrones, es decir, que emiten gran
cantidad de neutrones, y pueden luego ser púlsares y agujeros negros
(con masas de 1,5 la del Sol –equivalentes a una masa de 15 a 18
veces la solar toda la estrella antes de convertirse en este tipo de
objeto) si se siguen comprimiendo. También pueden ser, en un estadio
intermedio, estrellas de quarks (también llamadas estrellas
extrañas), en las que las partículas elementales, como los protones
y neutrones, bajo la tremenda compresión se disgregan en sus
componentes. De hecho, en 2020, tras estudios de ondas gravitatorias de
estos objetos, se acepta que los núcleos de las mayores de estas
estrellas son de “materia exótica de quarks”.
En resumen, a partir de las 1,4 y 3 masas solares
puede ser estrella de neutrones, aunque hay quien eleva el límite
mínimo a las 7 masas. Por encima de las 25 masas solares es seguro que
es un agujero negro. Los resultados o clasificaciones posibles de estas
estrellas, además de las propiamente llamadas de neutrones, son los
púlsares, tanto de rayos equis como emisores de radio, y los
magnetares. Estos últimos parece que pueden generar emisiones de radio
en estallidos de muy alta energía llamados FRB, el primero captado en
2001; los FRB duran solo unos milisegundos, no suelen repetirse con
regularidad predecible (salvo algunos casos), y podrían estar generados
por alteraciones o fenómenos en el campo magnético de tales estrellas
con la ayuda de su campo de gravedad.
La FRB más brillante de todos los tiempos se detectó
el 16 de marzo de 2025 en la galaxia NGC-4141, a unos 130 millones de
años-luz de nosotros, en la constelación de la Osa Mayor, y duró solo
1/5 de segundo. Se llamó FRB 20250316A y y fue apodada como RBFLOAT,
siglas en inglés de “el destello más brillante de radio de todos los
tiempos".
El proceso por el que llegan a ser de neutrones
mayormente es que los electrones y protones, bajo la enorme presión de
la gravedad, se funden liberando neutrinos y dejando sin carga
eléctrica a tan elevada densa masa. Pero en su conjunto la estrella
mantiene sus capas más externas con elementos como el hierro y otros,
lo que le permitirá tener campo magnético al final.
Su
densidad es enorme y son la forma más densa de materia conocida; por
ejemplo: 1 cm^3 pesaría 500 millones de Tm en promedio. Su diámetro es
muy
pequeño, de entre 8 y 20 Km tan solo, si bien se han creído
identificar algunas hasta de unos 30 o 32 Km. En 2017 la medida
"normal" última calculada es de 12,4 Km, y en 2020 de entre 10,4 y 11,9 Km. Con todo, son esferas
perfectas de superficie metálica. En su interior, su núcleo es
sólido con densidades del orden de 1.300 millones de Tm por cm^3 y
constituido por quarks, neutrones y otras partículas concentradas en
un diámetro de 1 Km aproximadamente. Encima, en una docena de Km
habrá neutrones menos densos (se especula que podrían ser
líquidos), sobre lo que existirá una corteza con una parte interna
de pocos Km de sólido cristal en el que hay, además de neutrones,
electrones y densidades de hasta 400 millones de Tm/cm^3. La parte
externa de la corteza será menor, de 1 Km, también de cristal
sólido de electrones y nucleones sobre el que una fotosfera muy
delgada, de una decena de centímetros, tendrá temperaturas del
orden de los 10 millones de ºC; su densidad será de menos de ½ millón
de Tm/cm³. Estos espesores de las distintas
capas variarán conforme al diámetro total de la estrella. La última
capa podría ser de hierro y sobre la misma puede haber una especie de
fina atmósfera de carbono.
También pueden excepcionalmente formar parte de estrellas supergigantes
rojas aunque aparenten ser las últimas solo. Tal tipo de objeto,
supergigante roja con estrella de neutrones en su interior, fue
propuesto en 1975 por Kip Thorne y Anna Zytkow, de modo que son
llamados objetos de Thorne-Zytkow. El primer objeto de este tipo fue
dado a conocer en 2014 con el hallazgo de la estrella HV 2112.
Cuando forman parte de algún sistema binario, las estrellas de neutrones permiten al conjunto una emisión de rayos equis, siendo el mismo denominado entonces binaria X, o XRB. Fueron descubiertas en 1962 (Sco X-1) y tal emisión es el producto de la enorme acción gravitatoria de la de neutrones sobre su compañera, de la que succiona materia.
Con ayuda del satélite XMM Newton se encontró que al menos en la estrella de este tipo catalogada como 1E1207.4-5209 existía un campo magnético 30 veces menor de lo calculado hasta entonces. Pero en 1998 se halló otro caso, el de la SGR 1806-20, situada a 40.000 años-luz (otra fuente señala 50.000) de nosotros, de unos 20 Km de diámetro, y que gira sobre si a razón de una vuelta por cada 7,5 seg, cuyo campo magnético resultó ser equivalente a mil billones de veces el de nuestro propio planeta, cifra récord para el caso; tal campo, el mayor conocido pues en el Universo, se cifró en 10^15 Gauss. Por ello fue denominada una estrella magnética, o bien púlsar anómalo AXP. El tipo AXP fue descubierto en 1982, si bien desde 1979 se sabía que algunas de estas estrellas tenían elevados campos magnéticos al contrario que el resto de las de neutrones; la consecuencia es que las AXP emiten fuertes estallidos de rayos gamma o equis. De la citada SGR 1806-20 nos llegó a la Tierra el 27 de diciembre de 2004 un estallido de rayos gamma que fue calificado como el mayor nunca detectado y 100 veces superior a cualquier otro captado; afectó incluso la alta atmósfera de nuestro planeta y su energía se calculó en una igual a la emitida por el Sol en 250.000 años, solo que la estrella lejana la emitió en 2 décimas de segundo.
Las
estrellas masivas, de más de 30 masas solares, con campos magnéticos muy fuertes, de miles de
millones de veces el de la Tierra, fueron descubiertas así en 1998 y
serían denominadas magnetars;
traducido por estrellas magnéticas. Su aparición conlleva la existencia
paralela de una estrella compañera más masiva de la que se nutre cuando
se queda sin el combustible nuclear. De tal modo, el incipiente
magnetar comienza a rotar cada vez más rápido al succionar las capas
externas de su compañera, generando así el campo magnético muy fuerte.
Una
variedad teórica de la estrella de neutrones, como resultado de la
enorme compresión de la materia, sin llegar a ser como un agujero
negro, podría ser la denominada estrella de quarks. Aquí, la
presión rompería las partículas atómicas hasta dejarlas en sus
últimos componentes conocidos, los quarks, en forma libre. Se supone
que en este tipo de estrellas se liberará gran cantidad de energía
que podría ser detectada en forma de fuertes emisiones de radiación
gamma. Su diámetro sería menor que el de la típica estrella de
neutrones, aproximadamente la mitad. Se ha calculado que podrían ser
de tal tipo un 1% de las estrellas de neutrones.
En las
estrellas de neutrones, en sus condiciones naturales de densidad y
temperatura, se cree que se puede dar el fenómeno de
superconductividad.
En algunas de estas estrellas también se
producen erupciones que expulsan de pronto material del interior
alterando el período de rotación de la estrella causando una repentina
desaceleración; este fenómeno eruptivo causa a la vez alteraciones en
el campo magnético y también en las emisiones de radio del astro.
Solo en la Vía Láctea se calcula que hay unas 100.000 estrellas de neutrones.
En 1997, gracias a los datos aportados por un satélite, se calculó por vez primera la masa de una estrella de este tipo con relativa exactitud. En igual época fue obtenida también por vez primera una fotografía en banda visible de una de estas estrellas por parte del telescopio espacial Hubble; la misma, localizada a unos 400 años-luz de nosotros, resultó ser de 28 Km de diámetro (estimación) y es muy caliente.
En 2000 se identificó la RX J1856.5-3754, estrella de neutrones aislada de 20 Km de diámetro que tiene una temperatura de 700.000ºC, lo que llamó la atención por lo poco habitual para este tipo de objetos, aunque luego se observó que interactuaba con una diminuta nebulosa cercana que lo justificaba. Situada a unos 400 años-luz de nosotros, con la misma se han hecho observaciones sobre electrodinámica cuántica, viendo que el fuerte campo magnético de este objeto afecta la polarización de la luz que pasa por el mismo, por el efecto llamado birrefringencia de vacío; tal polarización lineal se evalúa en un 16%.
En 2003 se descubrió que la fusión de dos estrellas de neutrones podía generar ondas gravitatorias (no descubiertas o evidenciadas directamente con claridad aun por entonces, aunque supuestas desde 1805 por Pierre Simon de Laplace y más tarde, en 1916, por Einstein) en proporción 6 veces superior a la pensada hasta tal momento. Tal emisión de este tipo de ondas es una de las formas en que los dos cuerpos masivos perderían energía en su acercamiento. El cuerpo resultante de la fusión es un agujero negro.
A principios de 2004 se informó del hallazgo por astrónomos holandeses de una estrella de neutrones, la Circinus X-1 que está acompañada de una estrella de masa 4 veces la del Sol en un sistema binario, y que emite desde el disco de acreción chorros de partículas atómicas y rayos equis, además de ondas de radio, a velocidades cercanas a la de la luz (al 99,80%) como si de un agujero negro se tratara. La estrella de neutrones se nutre de la materia del otro citado sol. Está situada a 20.000 años-luz de nosotros.
Igualmente por entonces se supo de la observación por el satélite Rossi
(XTE) de la explosión de la estrella de neutrones 4U 1820-30, situada
en nuestra Vía Láctea a 25.000 años-luz, en la constelación de
Sagitario. La energía desprendida en 3 h por tal fenómeno se estimó en
la emitida por nuestro Sol en un siglo. Gira sobre sí a la velocidad
récord de 716 vueltas por segundo. Tiene unos 12 Km de diámetro y y una
masa de 1,4 veces la solar. Binaria, rota sobre ella una enana blanca
con un período de solo 11 min.
A mediados de 2006 se informó de otra estrella de neutrones llamativa. Se trata de la existente en el sistema binario 4U 0614+091 que se localiza en la constelación de Orión, a 10.000 años-luz de nosotros. La de neutrones tiene una masa 14 veces la de su estrella compañera, de la que extrae materia formando con ella anillos sobre sí. Observada por el satélite Spitzer, muestra una emisión de chorros compactos de energía (principalmente rayos equis) y materia a elevada velocidad de un modo que por vez primera se comprueba que se asemeja a las emisiones producidas en agujeros negros.
En 2007 se informaba acerca una peculiar estrella de neutrones solitaria (la octava encontrada sola) bautizada como Calvera por los astrónomos y que en tal momento fue catalogada como una de las más cercanas a nuestro Sistema Solar, entre 250 y 1.000 años-luz. Está en dirección a la Osa Menor y emite en la banda de los rayos equis. Fue estudiada con ayuda del ingenio espacial Swift en 2006, también con el Chandra, y anteriormente con el ROSAT, además de con un observatorio terrestre de Hawai.
También
por entonces se informó de la estrella de neutrones RX J0822-4300,
situada a 6.500 años-luz de nosotros y remanente de la supernova Puppis A de hace 3.700 años, que tiene la
particularidad de alejarse de nuestra galaxia a una velocidad récord
de 4.827.000 Km/h. Fue
estudiada por el satélite Chandra.
En 2010 se halló una de estas estrellas, en realidad un púlsar,
denominada PSR J1614-2230, que resultó tener una masa superior a la
delimitada para este tipo de objetos. Tiene el doble de la masa solar y
es entonces la más masiva de la que se tenga conocimiento, obligando a
revisar los modelos teóricos al respecto.
También resulta interesante la IGR J11014-6103, que
tiene una masa de 10 veces la solar y que se desplaza a una velocidad
de más de 2.700 Km/seg, récord que alcanza por efecto de la explosión
de una supernova hace unos 15.000 años. Deja tras de sí una cola, a
modo de cometa, de unos 30 años-luz. Se cree que puede proceder de la
supernova cuyo remanente, MSH-11-16A, está a unos 30.000 años-luz de
nosotros en la constelación de Carina, y que se está actualmente ya a
unos 200 años-luz de tal estrella. Descubierta por el satélite INTEGRAL de la ESA, fue estudiada por los ingenios
Chandra y Newton.
De los magnetares, el más viejo y supuestamente débil conocido ha sido
hasta 2013 el SGR 0418+5729, con una antigüedad estimada en 550.000
años; se sitúa a unos 6.500 años-luz de nosotros, en la misma Vía
Láctea, y fue estudiado por los ingenios siderales Chandra, Swift,
Newton, XTE y otros. Esta estrella registra una actividad anómala en su
campo magnético que ha llevado a su detenido estudio dando por
resultado en el mismo 2013 a ser considerada como una de las estrellas
de neutrones de más intenso campo magnético conocido, todo lo contrario
a lo que se pensaba antes.
Otro, el 1E 2259+586, que se localiza a 10.000
años-luz de nosotros en la constelación de Casiopea, y el que fue
observado por el ingenio espacial Swift en la segunda mitad de 2011 y
los primeros cuatro meses de 2012, muestra alteraciones en la velocidad
de rotación. Se le observó una deceleración brusca entonces que se
asocia, según se cree, a muy breves estallidos de rayos equis. Pero
posteriormente aumentó tal velocidad...
En el cúmulo estelar Westerlund 1, en nuestra misma
galaxia, en la constelación de Ara y a unos 16.000 años-luz de
nosotros, está otro magnetar, CXOU J164710.2-455216, originado por el
colapso de una estrella de una masa 40 veces la solar, lo que sorprende
porque se piensa que debió haberse generado un agujero negro.
Otro magnetar, el SGR J1550-5418, situado a unos
15.000 años-luz de nosotros y estudiado por el ingenio espacial Fermi,
tiene la particularidad de haber emitido el 22 de enero de 2009 una
fuerte ráfaga de estallidos gamma de alta energía, al parecer generados
por enormes ondas sísmicas (terremotos) en la estrella. En tal
magnetar, comenzó un período de actividad que se desarrolló entre
octubre de 2008 y abril de 2009, emitiendo a veces durante unos 20 min
estallidos con una energía equivalente a la que el Sol libera en 20
años. Tal magnetar gira sobre sí con un período récord de solo 2,07 seg.
El magnetar Swift J1834.9-0846 fue descubierto en la
banda equis por el satélite Swift el 7 de agosto de 2011 en la
constelación del Escudo, a unos 13.000 años-luz de nosotros. Se cree
que es el remanente de la supernova W41 y en torno al mismo hay una
gran nube de partículas de alta energía.
PSR J0740+6620. Estrella de neutrones localizada a
3.600 años-luz de nosotros en la constelación de Camelopardalis que
tiene una masa de 2,17 veces la solar y unos 30 Km de diámetro a lo
sumo. Rota sobre sí a razón de 346 vueltas por segundo Se declaró en su
momento (2019) como la más masiva hallada hasta entonces. Ha sido
estudiada por el telescopio NICER de la ISS.
Los púlsares, o radiopúlsares, fueron
descubiertos casualmente en 1967 por Anthony Hewish y Jocelyn
Bell Burnell, de la Universidad de Cambridge, cuando observaron
variaciones de intensidad de ondas de radio de lejanas galaxias; el
primero descubierto fue denominado PSRB1919+21. La nomenclatura de
púlsar (PSR) numérica indica la ascensión recta en horas y minutos y la
declinación en grados en su situación o coordenadas en la bóveda
celeste. Aparecían con un
ritmo de 1,3 centésimas de seg y duraban 3 centésimas. En un primer
momento algún astrónomo llegó a creer que eran señales de vida
inteligente (hasta llegaron a llamarlas señales LGM, “hombrecillos
verdes”), pero solo son estrellas de neutrones que
giran muy rápidamente emitiendo señal regular y precisa, de solo
unas billonésimas de segundo a unos pocos segundos, como un faro y
por los polos norte y sur.
Las emisiones pulsantes pueden ser en las
distintas bandas del espectro ETM, detectando mayormente las bandas
de radio, pero también radiación equis e incluso en las bandas
ópticas; en 2008 se identificó también la radiación gamma. La
velocidad de rotación es determinada por los astrónomos según el
período que haya entre el pulso de las ondas de radio emitidas.
El mecanismo por el que se generan las emisiones en
las bandas de radio, según estudio en simulación dado a conocer en
junio de 2020, comienza en los fuertes campos eléctricos que genera
este tipo de objeto al acelerar los electrones de la superficie estelar
con enorme energía, de modo que así se emite radiación gamma de alta
energía que llega al fuerte campo magnético del púlsar. En este último
acto se generan más electrones y también positrones, partículas que
atenúan los campos eléctricos y los hacen oscilar. Estas oscilaciones
dentro de tales campos tan potentes a su vez emiten las ondas hacia el
exterior que caracterizan a los púlsares.
La velocidad de rotación observada es de hasta más de 1.000 vueltas en un segundo, pero teóricamente se cree que podrían llegar a las 3.000 revoluciones por segundo, estando el límite real por debajo debido a la propia gravedad. El límite en la velocidad de giro lo establece pues la propia gravedad, emitiendo ondas gravitatorias. Este giro, en tanto que la estrella emite radiación y pierde así energía, tiende a frenar y por lo tanto a rotar cada vez más despacio. A la vez, en el mismo fenómeno, se producen convulsiones sísmicas. Pero tal disminución de la rotación es lenta, del orden de milmillonésimas de seg al día; la relación para uno de estos objetos que gire a razón de 30 vueltas por seg es que pasará a girar a 29 vueltas en más de 30.000 años aproximadamente. Por ello, se cree que la velocidad de rotación es inversamente proporcional a la edad del púlsar, sin perder de vista que en tal cuestión de edad en estos objetos hay poca coherencia.
Pero también puede ocurrir que el púlsar se vea acelerado por la influencia de alguna estrella cercana, a la que puede succionar masa e incrementar así la velocidad de giro.
Su giro genera un fuerte campo magnético como un millón de millones de veces el terrestre y un también muy intenso campo eléctrico. Pero existe en los púlsares una relación inversa entre la intensidad del campo magnético y su velocidad de rotación al momento de su nacimiento.
Son de hasta 10 veces la masa solar pero apelmazada en solo unos pocos Km de diámetro, en torno a los 10 o 20 Km. Así la gravedad sobre estos objetos es del orden de 10.000 millones de veces la terrestre. Por ello, la luz al pasar junto a tales cuerpos se llega a curvar en más de 90º y permite así observaciones excepcionales.
El rápido giro, además de achatarlos, procede de la inercia adquirida en el derrumbe o implosión del núcleo original de la estrella madre, una supernova. Las emisiones de impulsos son de período muy corto, desde fracciones de segundo como se indica, y tiene su origen en la citada rotación. También emiten luz pero poca debido a que la fuerte gravedad recorta tal cualidad.
Las bruscas alteraciones en el período de giro de un púlsar se denominan glitch y se achacan a la dinámica de equilibrio de la masa del objeto que se reajusta.
En 1974 se halló el primer púlsar binario en la constelación del Águila; el período de giro sobre el otro es de solo 8 h.
Hasta 1988 se habían descubierto unos 450 púlsares y, 10 años más tarde, en 1998 se llevaban identificados unos 1.000, y el triple hacia 2020. En tal 1998 se cree que podría haber en la Vía Láctea solo unos 300.000.
En 2006, gracias a datos aportados por el satélite astronómico XMM Newton, se puso en evidencia que las emisiones en la banda de los rayos equis de los púlsares pueden proceder de 3 zonas: la superficie caliente; el campo magnético; y de las zonas polares en el caso de los púlsares más jóvenes, no así en los más viejos.
El récord de velocidad de giro del púlsar Ter5ad conocido en 2005 era el de 1.100 Km/seg. Pero a principios de 2006 se informaba de la existencia de uno que se encuentra a 28.000 años-luz en el cúmulo Terzan que tiene casi 16 Km de diámetro y gira en un sistema binario rotando sobre sí 716 veces en 1 seg, velocidad considerada la más rápida hallada hasta entonces para estos objetos. Un año más tarde trascendía nuevo récord de giro con 1.122 vueltas por seg que daba el púlsar J1739-285, de 10 Km de diámetro; este objeto fue hallado el 19 de octubre de 1999 por el satélite americano XTE y observado más tarde por el europeo INTEGRAL.
En 2009 se informaba de una investigación con simulaciones informáticas cuya conclusión es que la extraordinariamente densa corteza de los púlsares resulta 10 millones de veces más resistente o fuerte que el acero o cualquiera de las aleaciones conocidas por el ser humano.
En 2011,
tras el aporte de datos del ingenio espacial Fermi, se llevaban
contabilizados ya más de un centenar de los raros púlsares emisores en
la banda gamma. Los mismos también pueden ir acompañados de emisión en
bandas de radio, pero no todos.
El hallazgo en
abril de 2013 de que la estrella de neutrones IGR J18245‐2452
registraba un comportamiento propio de un púlsar de rayos equis puso de
relieve la posibilidad de que algunos de estos cuerpos tengan
puntualmente características evolutivas. Tal objeto celeste IGR
J18245‐2452 se halla a 18.000 años-luz de nosotros, en la constelación
de Sagitario, y gira sobre sí a una velocidad de 254 vueltas por
segundo. En tal fecha de 2013 la observación del objeto apuntó a
que se trataba de un púlsar de rayos equis, cuando ya estaba calificado
antes como radiopúlsar, pero medio mes más tarde volvió a mostrar esta
misma característica emisora.
ALGUNOS PÚLSARES:
El púlsar VELA se halla en el centro de la supernova de igual nombre, a unos 11.000 años-luz de nosotros. Gira sobre sí a razón de 1 vuelta cada 11 seg. En 1995 se determinó que estaba perdiendo en su rotación más energía de la esperada. Emite desde su eje polar un chorro de rayos equis que se prolonga hasta 7 pársecs que quizá explique aquella pérdida de energía.
El primer púlsar binario hallado fue el PSR B1913+16 (en realidad un púlsar y una estrella de neutrones), detectado con ayuda del radiotelescopio de Arecibo en 1974 a 15.000 años-luz de nosotros en la constelación del Águila por los americanos Russell A. Hulse y Joseph Taylor, que recibirían en 1993 el Premio Nóbel de Física por sus estudios con estos objetos. Los mismos giran a 300 Km/seg cada vez más rápido uno sobre otro y están estrechando su órbita de unas 7,75 h de período y a una distancia de solo unos 700.000 Km a razón de una disminución 75 millonésimas de seg por año y, según se supone en consecuencia, emitiendo ondas gravitatorias (deducida de la pérdida de energía); esto último se estimó como una prueba indirecta de las ondas gravitatorias propuestas por Einstein. El período de emisión del púlsar es de 59 milisegundos y las masas son respectivamente de 1,439 y 1,389 veces el Sol.
El púlsar de la nebulosa del Cangrejo (M1), en la constelación de Tauro, en la constelación de Tauro, procede la explosión de una supernova habida en 1054 y que brilló durante 3 meses. Gira cada 30 milésimas de segundo y se expande hoy a 1.500 Km/seg de velocidad, es decir, a razón de 129.600.000 Km diarios. Muy conocido, fue fotografiado por los telescopios espaciales, el Hubble en 1996 y luego por el Chandra.
Uno de los púlsares más jóvenes hallados es el Crab, de solo 1.000 años. Pero en 2000 astrónomos de la Universidad de Columbia hallaron el púlsar PSR J1846-0258 a 60.000 años luz de nuestro Sistema, en un extremo de la Vía Láctea, de tan solo 700 años de antigüedad. Su tamaño es de varios Km y son los restos de la supernova Kes 75. Gira 10 veces más lento que el púlsar Crab pero su campo magnético es 10 veces superior.
El púlsar PSR 1937+214 fue descubierto el 7 de noviembre de 1982 desde Arecibo y se localiza en la constelación de la Vulpecula. De 20 Km de diámetro, se consideró entonces el más rápido conocido, dando 642 vueltas por seg (período de 1,6 milisegundos) con una precisión inigualable. Su masa es equivalente a la de nuestra estrella. Se cree que se girara 3 veces más rápido se rompería. Su velocidad es un misterio porque se supone que no puede ser un objeto tan joven.
Unos más tarde que el anterior, en febrero de 1983 fue hallado otro que, en cambio, gira a solo 7 vueltas por seg.
El mas lento del que en 1997 se sabía era el J1951+1123 que gira cada 1 h 24 min 54 seg.
El púlsar N157B, localizado en la Gran Nube de Magallanes, gira a 60 vueltas por segundo y posiblemente a su aparición hace 4.000 años girara a cerca de las 150 revoluciones.
En
1998 se dio a conocer la SAXJ1808.4-3658, estrella que está en la
frontera entre la de neutrones y un púlsar; gira a razón de 400
vueltas por seg. Su masa es de 0,15 veces la del Sol. Emite rayos
equis y está adquiriendo materia de una estrella compañera e
incrementando la velocidad de rotación. Está a 11.000 millones de años-luz, en la constelación de Sagitario.
El
PSR 1957+20 está situado a 3.000 años-luz y coexiste en compañía de una
enana marrón a la que está absorbiendo; tiene 1,4 masas solares.
Giran con un período de 9,2 h. Su velocidad es muy elevada, de más de
1.600 Km/seg.
El PSR 1829-10, descubierto en 1985 a 32.600 años-luz, se creyó en 1991 que tenía un planeta (o quizá otra estrella que perdiera las capas externas en la explosión de la supernova originaria del púlsar) pero luego se admitió que era un error.
El púlsar Hércules X-1 gira cada 1,24 seg y emite rayos cósmicos, entre otros.
Una particular estrella púlsar, hallada en 1973, que inicialmente se identifica como un doble púlsar y una de neutrones, y la que fue llamada GEMINGA (que en italiano quiere decir “no hay nada”, aunque es resultado de la contracción de Géminis gamma), se halló en la constelación de Géminis (195,1º de longitud y 4,2º de latitud celeste) a 552 años-luz de distancia actual, y se cree nacida del colapso de una estrella supernova hace 300.000 años a 300 años-luz de distancia; del tal punto de origen se alejaría en la explosión a una velocidad actual de 250 Km/seg (o 120 según otra información). Este misterioso ente emite rayos gamma con una potencia como solo hay otro ente en el Universo y rayos equis en pulsos de 27 milisegundos que fueron localizados con precisión por los satélites HIPPARCOS y Hubble. No emite radiación en las bandas de radio, ni en IR, UV o banda visible, y gira a razón de 4 veces por seg. Mide unos 20 Km de diámetro. Con el satélite Newton XMM, se identificó en 2004 una mancha, al estilo de las manchas solares, de unos 100 m de diámetro, pero producido aquí en las emisiones de radiación de alta energía (rayos equis y gamma). La temperatura en la misma es de unos 2.000.000ºC, pero en la citada mancha alcanza los 2.500.000ºC.
El púlsar PSR 2224+65, de 10 Km de diámetro, fue captado a principios de los años 90 a 6.000 años-luz de nosotros, desplazándose a gran velocidad, a 3.500.000 Km/h (lo que es un récord para este tipo de objetos), y dejando tras de sí una cola de gases con forma de guitarra de 300 años-luz, posiblemente debido a nubes de gas hidrógeno atravesadas. Tal es el impulso que lleva que se cree posible que pueda abandonar la Vía Láctea en 20.000.000 años.
El PSR B1818-11, estudiado por el radiotelescopio Lovell, en el Jodrell Bank, gira sobre sí 2,5 veces en un seg y tiene un movimiento de precesión de 1.000 días de período. Su diámetro es de unos 20 Km aproximadamente.
El PSR J2144-3933 gira sobre sí con un período de 8 seg, lo cual lo califica más bien de lento para este tipo de objetos.
En el caso del PSR 0540-69 se duda sobre su calificación entre púlsar y estrella de neutrones. Gira sobre sí 50 veces en 1 seg. Emite, además de ondas de radio, rayos equis con una cadencia de 50 por seg.
Con el púlsar J0437-4715, que tiene por compañera a una enana blanca, se hizo una comprobación de la distorsión einsteniana del espacio-tiempo. El mismo está a 450 años-luz (510 según otra fuente) de nosotros y su ritmo emisor es de 174 pulsos/seg. Mide 22,8 Km de diámetro y su masa es de 1,4 masas solares.
El radiopúlsar PSR J0205+6449 es el más joven conocido, hallado en 2001 por el Green Bank Telescope, y tiene 820 años de antigüedad. Gira a razón de 15 vueltas por seg y es la estrella residual de una supernova vista en 1.181, que se localiza en Casiopea, a unos 10.000 años-luz de nosotros.
El púlsar B1951+32, inesperadamente joven para los astrofísicos, convive con el remanente de la supernova CTB 80, y está situado a 8.000 años-luz de nosotros. Pero ambos objetos se están distanciando y el púlsar se mueve a 800.000 Km/h de velocidad.
El PSR B1257+12 se cree que tiene planetas y gira sobre a razón de 10.000 vueltas por minuto. Está a unos 1.600 (o 2.300) años-luz de nuestro Sistema Solar, en la constelación de Virgo.
El XTE J0929-314, descubierto en mayo de 2002 con ayuda de un satélite, pertenece a un sistema binario cuya compañera está siendo tragada lentamente por el púlsar. A tal estrella le queda en la actualidad una masa como 10 veces la del planeta Júpiter cuando se cree que en su día sería una estrella de la mitad de masa que el Sol. El púlsar gira sobre sí dando 185 vueltas por segundo y sobre la compañera cada 43 min.
El PSR J1740-5340 se localiza en el cúmulo globular NGC-6397, forma parte de un sistema binario que rota cada 1,35 días. Gira sobre sí a razón de 274 veces por seg y succiona materia de la compañera, una gigante roja que está deformada por ello con un aspecto ligeramente ovalado.
En el púlsar J0537-6910, que tiene unos 5.000 años y está en la Gran Nube de Magallanes, se ha observado que tiene frecuentemente irregularidades en su estabilidad de rotación (una vuelta cada 16 milisegundos), evidenciando cambios de frecuencia en sus emisiones, según se puso de manifiesto en 2002 con datos del satélite Rossi que lo observó durante más de 2,5 años. Tal característica, con 6 alteraciones en tal tiempo, se atribuyó a los flujos de neutrones de la estrella.
El PSR J0737-3039 se constituyó, a su descubrimiento en 2003 a 2.000 años-luz de nosotros, en el primer sistema de pulsar binario o doble. Uno, el A, era conocido como una estrella de neutrones que giraba cada 23 milisegundos. El otro gira sobre el anterior en una órbita de 2,4 h a 1.000.000 Km, y tiene una rotación propia (día) de 2,8 seg; la indicada distancia entre ambos disminuye a diario en 7 mm. Su futuro probable es la fusión de ambos hasta constituir un agujero negro, lo que constituirá para los astrónomos venideros un objeto de especial estudio. Se cree que su dinámica evidencia una pérdida de energía que se emite en forma de tenues ondas gravitatorias. Con la dinámica de los mismos se hicieron cálculos de comprobación de la Teoría General de la Relatividad de Einstein con el menor margen de error hasta entonces, del 0,05% (2006).
El IGR J00291+5934 fue descubierto por el satélite INTEGRAL en diciembre de 2004 formando un sistema binario. El púlsar, del tipo de los de rayos equis, que tiene una rotación de solo 1,67 milisegundos, está absorbiendo la estrella vecina que es de una masa 40 veces la joviana y gira en una órbita de 2,5 h de período. Como resultado del proceso la velocidad rotatoria del púlsar va en aumento y es la primera vez que se observa el fenómeno directamente.
El púlsar 4U0142+61, situado en la constelación de Casiopea, a unos 13.000 años-luz de nosotros, se cree que explotó en supernova hace unos 100.000 años y que anteriormente tendría una masa en torno a 15 veces la solares; su vida habría sido solo de unos 10 millones de años.
El RX J0720.4-3125 es un púlsar observado en la banda de los rayos equis por el XMM Newton que se muestra oscilante debido a un giro inestable que lo caracteriza, siendo así un objeto raro.
El
17 de marzo de 2006 se identificó el magnetar XTE-J1810-197 (si
bien descubierto en 2003 como fuente de rayos equis), situado a 8.100 años-luz de nosotros en dirección a la constelación de
Sagitario. Rota a razón de una vuelta cada 5,54 seg y se
caracteriza por emitir una excepcional y potentísima señal de
radiopúlsar que es sin embargo variable. A partir de finales de 2018 cambió notablemente sus emisiones.
El 7 de junio de 2007 el satélite SWIFT descubrió una fuente de rayos equis y gamma en un púlsar denominado SWIFT J1756.9-2508, en el centro de la galaxia. Tiene 7 veces la masa de Júpiter y gira sobre una estrella de neutrones a 368.000 Km tan solo en 54,7 min. Fue luego estudiado por el satélite RXTE e identificó un giro del mismo de 187,07 veces por seg. Se trata posiblemente de los restos de una antigua gigante roja.
El J1903+0327, según se dio a conocer en el verano de 2008, es un púlsar situado a 20.000 años-luz de nosotros que gira a 465 vueltas por segundo, el quinto más rápido en giro de la Vía Láctea conocido hasta entonces. Fue identificado por el radiotelescopio de Arecibo y su particularidad es que tiene una órbita elíptica y muy excéntrica y una masa 1,74 veces la solar; su órbita se explica por haber pertenecido quizá a un sistema triple originalmente, o bien que sufrió una aceleración por otro cuerpo ahora ausente.
También hacia 2008 el satélite Fermi, o GLAST, identificó un púlsar en los restos de la supernova CTA 1, a unos 4.600 años-luz de nosotros. Su edad se cifró en 10.000 años y su particularidad es que los pulsos los emite en la banda de la radiación gamma con un período de 317 milisegundos. Es el primer pulsar conocido que emite el pulso en tal banda gamma.
El PSR J0108-1431 es un púlsar captado en 2009 por el satélite Chandra de la NASA a unos 770 años-luz de nosotros, distancia relativamente cercana. Tal púlsar resultó tener unos 200 millones de años de antigüedad, lo cual es récord en tal momento.
P1509. Púlsar de 20 Km de diámetro que rota sobre sí cada 7 veces por segundo y tiene un campo magnético estimado en 15.000.000 millones de veces más fuerte que el de nuestro planeta.
PSR
J1023+0038. Púlsar de un sistema binario que se encuentra a 4.400
años-luz de nosotros en la constelación del Sextante y que fue
observado en 2007, si bien había sido detectado inicialmente en 1998.
Rota sobre sí a razón de 592 vueltas por segundo, y acelerando por la
inyección de masa que le proporciona la estrella compañera. La estrella
compañera es de una masa de la quinta parte de la solar y gira sobre
ella cada 4 h 45 min. En junio de 2013 el observatorio espacial Fermi
observó que el púlsar dejó de emitir pero el sistema multiplicaba por 5
las emisiones de rayos gamma, debido ello al flujo de materia
succionado de su compañera por el púlsar y las alteraciones en el campo
magnético y en las emisiones propias. Sus pulsaciones en la banda X
están curiosamente sincronizados con los que tiene en las bandas del
visible, lo cual es la primera vez que se capta.
Los agujeros negros fueron preconizados por J.
Robert Oppenheimer en 1939. Antes, a principios de siglo, hacia 1916,
este tipo de objeto compacto había sido matemáticamente
pronosticado por el alemán Karl Schwarzschild e incluso se cree que
había pensado en tal tipo de objeto Laplace a finales del Siglo
XVIII. Más tarde, en 1965, Roger Penrose probaba con demostración
la cierta posibilidad de que determinadas estrellas pudieran
convertirse en agujeros negros. Y a partir de 1973 Stephen Hawking
estableció matemáticamente sus propiedades; las mismas, dada la
invisibilidad de los objetos, se basa en el comportamiento o los
fenómenos producidos en los objetos inmediatos (masas, velocidad,
etc.). El término agujero negro (black hole) fue utilizado
primeramente por el físico John Archibald Wheeler en el otoño de 1967.
La primera evidencia sólida de su existencia se
buscó en el objeto Cygnus X-1, que gira sobre la estrella azul gigante
HDE 226868 situada a 6.070 de años-luz, y de 14,8 masas solares, emite
rayos equis. Cygnus X-1 fue descubierta en 1971 por el satélite
Uhuru.
Confirmada finalmente
su existencia por el HST, son objetos de un diámetro de unos Km pero
de una masa equivalente entre millones o miles de millones de veces
la del Sol (y a partir de solo 3,2 veces teóricamente, pero
generalmente más de 15 masas solares), de una densidad total de
propiedades solo imaginadas, colapsados sobre si mismos en una medida
que se escapa a la matemática conocida porque su volumen tiende a
cero; o de otro modo, su densidad tiende en el centro al infinito, lo
que a su descubrimiento generó la sorpresa por las contradicciones
con las leyes de la gravitación.
Su principal cualidad, además de la
densidad-masa-gravedad, es que son invisibles de modo directo pues ni
la luz escapa de ellos. Por ello, solo pueden ser estudiados por el
comportamiento de otros cuerpos de su entorno, incluidas las nubes de
gas y polvo. Actualmente, en ocasiones se pueden detectar también por
las ondas gravitatorias que emiten cuando se fusionan entre ellos o con
otros objetos relativamente similares, como las estrellas de neutrones.
Además de la masa, sus otras características analizables posibles son
su giro o rotación y el campo magnético.
El cálculo de la masa (M) del agujero negro es posible
tomando como referencia la velocidad (V) y la distancia (R) de un
objeto que gire sobre el mismo, sea cual sea su masa. La fórmula, en la
que (g) es la constante gravitatoria, es
|
M=RV² g |
Pueden ser clasificados en 3 tipos básicos según su masa: ligeros, con masas en torno a 10 veces la solar; de masa media; y supermasivos,
con masas de más de 10 millones de veces la solar; los últimos en ser
descubiertos, en 1999, fueron precisamente los de tipo intermedio, o
IMBH, y su masa se estima en la mayoría de los casos entre 10.000 y
100.000 veces la solar. De estos últimos, el satélite Chandra captó un
tipo con
temperaturas menores a las calculadas para los mismos, de solo 1 a 4
millones de ºC en vez de más del doble; térmica generada en su entorno
por la propia dinámica, por fricción, del polvo y gas que el agujero
induce a moverse a gran velocidad. Los supermasivos se asocian
a los núcleos de las galaxias, tanto más masivos cuanto mayor
materia concentrada tengan estas últimas. Especialmente se agrupan
en las galaxias de tipo elíptico según datos aportados por el
telescopio espacial Chandra. Se piensa que los agujeros supermasivos
son resultado de la fusión de varios agujeros menores y que están en
relación con la masa de la galaxia en la que se hallen. Pero también
los supermasivos se pueden fusionar entre ellos, como en el caso de
la NGC-6240, que ya se citó. En este caso se generan notables ondas
gravitatorias, según se supone, y son por ello objeto de especial
atención por parte de los astrónomos. Por otra parte, en 2011 se
informa que los agujeros negros supermasivos rotan cada vez más deprisa
cuando son resultado de la fusión de otros agujeros menores.
En 2024 se cree que más de un tercio de los agujeros
negros supermasivos permanecen ocultos entre espesas nubes de gas y
polvo que los envuelven, las cuales no dejan pasar mucha de la
radiación generada en el entorno.
La rotación de los agujeros proviene del giro mismo
de las estrellas que los originan y tal efecto puede hacer que su forma
y estructura se distorsione o deforme, arrastrando con ello su entorno.
Como ocurre con las estrellas, los polos pueden quedar achatados o ser
mayor el ecuador según el sentido del giro.
Un cálculo bastante exacto de la masa de estos
objetos se puede lograr mediante el estudio de las características del
gas circundante, del que se nutre y sobre el que actúa el agujero. Por
tanto el análisis espectroscópico del gas y su dinámica y distancia
respecto al agujero, son datos que apuntan a la masa de éste.
También se piensa que la masa de los supermasivos
puede estar en proporción a la masa de la galaxia que lo aloja,
teniendo como cifra típica de tal correlación la del 1%.
De los de masa media, en 2009 se anunció el primer hallazgo de un agujero negro de tal tipo al descubrir al HLX-1, de unas 500 veces la masa solar (o de 20.000 a 90.000 veces, según otra fuente); tal objeto está a 290 millones de años-luz de nosotros en la galaxia ESO 243-49 y emite 260.000.000 veces más radiación equis que el Sol.
Los cúmulos globulares suelen poseer agujeros de tipo medio. Pero, en general, hay agujeros negros por todo el Universo y su masa, la mayor parte de las veces, está en consonancia con la masa del entorno.
Por su gravedad, de tendencia al infinito, no dejan pasar ni escapar la luz. La luz que pase a cierta distancia lejana es desviada notablemente por su enorme campo de gravedad. Es decir, son estrellas residuales compactadas, dada su gran masa, más allá de las neutrónicas, con una densidad y gravedad máximas en un mínimo volumen. Se cree que rotan sobre sí y, además de la masa, tal spin y su carga eléctrica son las 3 propiedades que definen a estos objetos. Su temperatura se estima inversa en proporción a su radio; de otro modo, cuanto mayor sería su masa tanto menor será su temperatura. La temperatura en el agujero crece pues a medida que el mismo pierde masa. Para un agujero de 1 masa solar se calcula que su temperatura es de solo una diezmillonésima de grado sobre el cero absoluto; y no es detectable dado la radiación del fondo cósmico es superior. Si el agujero tiene solo 1.000 millones de Tm de masa, siendo su tamaño así el de un protón o neutrón, tendrá una temperatura de 120.000 millones de ºK; eso equivalente a una energía de 10 millones de eV.
Su
origen está en el colapso pues de la gravedad de estrellas de mucha
masa, como resto de supernovas de varias veces la masa del Sol, o
partir de la etapa final de estrella
de neutrones,
que llegan a comprimirse tanto y absorber toda la materia y radiación
que incide o pasa cerca de ellos. Así, tal carácter, hace que los
agujeros se traguen succionando en un inimaginable remolino los
cuerpos de su entorno, estrellas y masas de gas y polvo, y hasta
galaxias enteras, en una saciedad ilimitada. Pero si por un lado se
tragan la materia del entorno, también pueden compactarla al presionar
con sus chorros o flujos en sus límites, y favorecer así la creación
estelar. Al crecer e incrementar su masa con todo cuanto se tragan
también incrementan su poder al respecto para asimilar a su vez más
masa de su entorno. Tal crecimiento, según se cree, se produce más aprisa en galaxias más masivas que en las que no lo son.
Las emisiones de chorros tiene lugar en la misma
dirección que marca el eje de rotación del disco de acreción del
agujero. Y dado que tales partículas de los chorros está cargadas, por
efecto del potente campo magnético del objeto, describen trayectorias
helicoidales al ir girando con el citado disco. Además, su velocidad es
tan grande y cercana a la de la luz que son llamados chorros relativistas.
Los citados chorros muestran cambios de dirección, una dinámica de
precesión, que apunta al movimiento de rotación de los agujeros.
Lo normal captado son no obstante estrellas de las que forma parte en un sistema binario el agujero negro. En el cálculo de las velocidades de esta materia circundante se basan gran parte de las características estos entes.
El
límite de su campo, la frontera desde donde la luz ya no vuelve se
denomina horizonte
de sucesos,
también llamado radio de Schwarzschild. Su borde exterior se llama ergosfera o ergoesfera
y limita con el citado horizonte. La existencia de esta frontera del
agujero fue comprobada directamente por la astronomía en 1996 sobre
el objeto binario V404 de Cygnus, identificado en 1992 (o 1989), y
situado a 7.800 años-luz de nosotros, al ver como absorbe 100
veces
más energía de la que irradia; este agujero, de unos 20 millones de Km
de diámetro, actualmente parece tener
un ciclo de actividad que está en torno a los 25 años, tragando y
expulsando materia de la estrella compañera. El límite de succión sin
retorno en su inmediato entorno por encima es para los agujeros
pequeños, y según su masa, entre los 3 y los 150 Km, pero en el caso de
los supermasivos tal frontera es muchísimo mayor. Si el agujero tiene
unas 10 masas solares el radio de Shwarzschild está en torno a unos 30
Km.
El citado radio de Schwarzschild (rs)
para un agujero netro estático se ha definido matemáticamente como
igual a 2 veces la gravedad (g) por la masa del objeto (M) dividido por
el cuadrado de la velocidad de la luz: rs
=2gM/c²; otra fórmula: la circunferencia del horizonte se obtiene
multiplicando la masa del agujero por 18,5 Km (obtenidos multiplicando
12,56637 -o sea, 4π- por una masa solar por la constante de Newton y
dividido por el cuadrado de la velocidad de la luz). Hay pues dos tipos
de agujeros negros, unos estáticos y otros
que giran sobre sí, del tipo que puede ser llamado agujero negro de
Kerr. En este último caso, el del agujero negro en rotación, tendría
pues un momento angular, otra característica que se añade, siendo la primera la masa. Quizá una tercera propiedad de los agujeros pudiera ser la carga eléctrica (agujeros de Reissner-Nordtröm).
El área del horizonte citado en el
agujero negro no se encoge si se incrementa su masa, según se pudo
comprobar tras el evento GW150914, ondas gravitatorias captadas en 2015
por la fusión de dos agujeros en uno. En la misma no disminuyó tal
parámetro, según se pudo comprobar con mediciones antes y después del
evento.
Según datos aportados por satélites otros tienen movimiento de rotación propio, más rápido en los supermasivos en la actualidad que en el pasado. Las variaciones de la curvatura del espacio en el colapso hacia el agujero negro crea fuentes de partículas que perviven luego de la estabilización del mismo. El tiempo se dilata en el horizonte de modo que la emisión de tales partículas se ralentiza. La materia que gira en su entorno lo hará a velocidades de vértigo, más cercanas a la de la luz cuanto más cerca; si un observador alejado pudiera ver un objeto acercarse a tal límite notaría que el mismo parecería detenerse eternamente en tal borde al hacerse muy lento el tiempo en tal punto, pero no olvidemos que estaría en un viaje sin retorno y con catastrófico final. También con ayuda de ingenios espaciales se han podido detectar proyecciones de gas en espiral yendo a 100.000 Km/seg hacia el agujero negro.
La materia que rodea al agujero, de la que se alimenta, sobre el horizonte de sucesos, es llamada disco de acreción y en el mismo se generan entre otras radiaciones equis. Las masas de gas en tal cercanía se aceleran por tan enorme gravedad, chocan y se calientan produciendo partículas con efecto en diversos fenómenos; en un punto más lejano se producirán pues rayos IR, luego luz visible y finalmente, más cerca del agujero, radiación más energética, tal como los rayos gamma y especialmente los rayos equis. La forma de esa estructura que rodea los agujeros es toroidal, de muy denso gas que gira; la primera de tales estructuras que se confirmó es en 2018 sobre el agujero central de la galaxia M77 y tiene un radio de 20 años-luz.La radiación emitida por el horizonte de sucesos es tanto mayor cuanto menor es la masa del agujero. Pero el proceso en sí de alimentación del agujero sigue las mismas pautas, es igual, tanto en agujeros negros de mucha masa como de poca. En su entorno hay fluctuaciones gravitatorias del vacío, diminutas fluctuaciones en la curvatura del espacio-tiempo que producen diversos fenómenos.
Los
pares de partículas atómicas virtuales (partícula y antipartícula)
que están en el borde del agujero, según S. Hawking, pueden perder
una de ellas hacia el agujero, liberando pues la otra; se denominan
virtuales por la imposibilidad de su observación directa. La detección
de la liberada fuera puede considerarse que actúa debido a una
emisión de radiación del agujero negro; la energía perdida se define
como fotones de muy baja energía de casi nula temperatura y se explica
como un robo de energía a la gravedad del agujero. Significa
que al final los
agujeros negros no son eternos y que acaban perdiendo energía,
evaporándose y, llegados a un punto de mínima masa, explotando al
final según el citado británico. Tal explosión la han calculado
como equivalente a la de millones de bombas de hidrógeno. La
pérdida de masa se acelerará con el tiempo, incrementando la
temperatura, y sobrepasando los 1.000 millones de ºC, se supone que
se creará materia y antimateria antes de la explosión. Para un agujero
de unas 10 masas solares o menos, la vida por evaporación podría
terminar al cabo de 10⁷⁰ años como mucho, siendo el tiempo superior
cuanto más masa tenga.
La
radiación procedente del horizonte de sucesos es denominada
radiación de Hawking y han llamado superradiación al proceso de pérdida
de masa del agujero. Este efecto se vincula a las fluctuaciones
cuánticas del vacío junto al citado horizonte. Y además de la irradiar,
los agujeros
negros liberan energía mecánica (cinética) en grado más importante del
que se pensaba antes de 2014.
El aumento de masa de
un agujero por la absorción de la materia que se traga supone un
incremento del área del horizonte de sucesos. También aumenta su
entropía.
La
disminución de su masa por emisión le produce inestabilidad,
contracción, aumento de temperatura, más emisiones, en un ciclo que
tiene su masa crítica en 10^6 Kg, momento en el que estalla con la
energía de una bomba de 1 millón de megatones. La vida de un
agujero negro está en función de su masa, de modo que su
evaporación es proporcional al equivalente al cubo de la masa
inicial. Un agujero de la masa del Sol (casi 2x10^30 Kg) la
evaporación durará 10^64 años, para una masa de 10^12 Kg serán
10^10 años y para menos masa menos años. Para los masivos llegará
a los 10^106 años. Recordemos que la vida actual del Universo solo es
de 1,3x10¹⁰ años; es decir, que los agujeros negros van a tardar
muchísimo en desaparecer.
El citado británico, según la prensa mediado 2004, replanteaba su posición sobre la emisión de radiaciones en los agujeros negros. Dijo entonces que emitían una radiación que evidenciaba el interior de los mismos y su pérdida de masa, y que el horizonte o límite del agujero respecto al exterior no es una frontera bien definida. En cualquier caso, ya con anterioridad, se admite que la evaporación, por así decir, o irradiación del agujero negro lo llevará con el tiempo a su desaparición, lo que significa que no son absoluta o completamente “negros”.
Del disco de acreción también podrían salir disparados hacia el espacio elementos pesados como el hierro, el carbono y el oxígeno, y a velocidades del orden del 40% la de la luz según estudios de los satélites Chandra y XMM.
En
su entorno, debido a la enorme gravedad, el espacio-tiempo sufre una
apreciable distorsión, según se cree y de lo que se tienen indicios razonables.
Actualmente se cree que los
agujeros negros centrales y supermasivos de las galaxias tuvieron un
papel fundamental en la formación de las mismas. Pero a la vez, la
dinámica que genera en la materia de su entorno puede sin embargo parar
o impedir la formación de estrellas. A la vez, se estima que agujeros
negros más pequeños ralentizan tal formación de estrellas en la galaxia.
El colapso de un agujero negro se denomina singularidad desnuda. En la misma, los conceptos de la física conocida, incluida la mecánica cuántica, y su matemática, quedan rotos y los factores espacio y tiempo serán infinitos, según se cree. Se piensa que tal singularidad podría ser visible, siendo liberada del agujero negro. Se cita como ejemplo que el propio Big Bang de nuestro Universo es una singularidad desnuda y así se establece entre ambos fenómenos, agujero negro y Big Bang cierta relación porque las leyes físicas en ambos dejan de tener el valor conocido.
Bajo esta perspectiva, de la existencia de un universo a partir de un agujero negro, se admitiría la existencia de infinidad de universos y que el nuestro es uno nacido de otro en el que un agujero negro lo produjo. Al renacimiento último de la materia del agujero negro en otra dimensión, como fenómeno hipotéticamente contrario, se le ha denominado agujero blanco, y sería un Big Bang en “otra parte”.
La
localización de los agujeros negros es frecuente en las zonas
centrales de gran parte de las galaxias y se cree que cada galaxia
tiene al menos uno. De hecho, una estadística de finales del Siglo
XX sobre 30 galaxias apuntó que solo había una sin agujero negro.
Se cree que en la propia Vía Láctea hay entre 1.000 y 3.000
agujeros negros, con masas de entre 4 y 15 veces la del Sol; Hawking
dijo en 1991 que podría haber hasta 1.000 millones de tales agujeros
en nuestra galaxia... Pero confirmados en 2002 se conocían solo 12.
En tal momento estaba comprobado que los agujeros de masas entre 3,5
y 15 veces la del Sol tienen su origen definitivo en los fenómenos
de colapso tras la explosión de las supernovas. En 2016 la cifra
posible que se cita de agujeros negros remanentes de supernovas en la
Vía Láctea es de 100 millones, aunque no se espera que se puedan
detectar más de un 0,01% (solo los que se hallen en sistemas binarios,
en los que se evidencia su existencia por su actividad).
Se
han clasificado por una parte en dos tipos, adimensionales
(Swarzschikd) y unidimensionales (Einstein-Rosen), y por otra según
su masa en 3 tipos, siendo los de tipo medio de una masa de 500 veces
la del Sol. También se llaman agujeros negros cosmológicos a los
que forman un sistema con una estrella cercana.
Además, en 2017 se puso de relieve la existencia de
un tipo especial de agujero negro, formado bajo el colapso directo de
una estrella masiva sin pasar por la fase de supernova; fue el caso de
la N6946-BH1, de 25 masas solares, situada en la galaxia
NGC-6946, que literalmente desapareció en 2015 de la vista de los
astrónomos sin explosión alguna, aunque si evidenció un aumento de
brillo como su última manifestación observable.
Hawking también pensó que en la creación de Universo (en los 10^(-20) seg del Big Bang) se formarían gran número de miniagujeros negros, de entre menos de un centímetro y el diámetro de un neutrón tan solo. Pero los mismos no tendrían la cualidad gravitatoria de absorber materia en el espacio e irradiarían energía. Se destruirían explotando como millones de bombas de hidrógeno, emitiendo radiación gamma. Tales agujeros ya habrían desaparecido en la actualidad. Serían cuanto más diminutos, más calientes y emitirían mayor energía. Algunos datos derivados del fondo cósmico de microondas parece que avalan tal hipótesis (2005).
También ha sido considerada por los astrónomos la posibilidad de la existencia de los llamados agujeros grises. Serían un estadio intermedio de densidades y presiones entre las estrellas de neutrones y los agujeros negros. Su masa mínima sería 3 veces la del Sol y en su entorno existiría una capa o envoltura de fotones que rotarían en órbita sobre la superficie compactada; de los agujeros grises más débiles parte de estos fotones podrían escapar y dejar ver muy tenuemente al objeto.
La
detección de los agujeros negros se ha realizado astronómicamente
por medios indirectos puesto que no existe posibilidad de observación
directa
por las razones citadas. Son sobre todo por ello considerados los
fenómenos de su alrededor, en concreto la absorción de la materia,
especialmente polvo y gas, que fluye hacia los mismos. Pero a partir de
2015 con la captación del LIGO de las ondas gravitatorias, también es
posible detectarlos en determinados fenómenos como los choques y
fusiones entre ellos que originan tales ondas.
Si una nave espacial se aventurara a entrar en un agujero negro sería succionada irreversiblemente y comprimida en una destrucción total y absoluta. Las elucubraciones que a veces se vierten acerca de la posibilidad de utilizar agujeros negros como vías para acortar caminos en cruzar el Universo o ir a otras dimensiones no tiene en realidad más apoyo que el de la fantasía. Cualquier materia sumergida en un agujero negro se comprimiría (y calentaría) tanto que desaparecería y se sumaría a la sopa de partículas de que constan estos entes bajo una inimaginable contracción; más exactamente, al cruzar el horizonte de sucesos se dice que el objeto se alargaría como un fideo y se quemaría, y para un observador exterior aquél vería el tiempo del objeto detenerse aunque el mismo esto no lo notaría. Otra cuestión sería utilizar el entorno cercano al agujero como potente asistencia gravitatoria en una trayectoria de sobrevuelo a una determinada y bien calculada pero prudente distancia. Al entrar en un agujero negro a la velocidad próxima a la de la luz se dice que el tiempo tiende a detenerse.
En 2005, tras simulaciones informatizadas, se pensaba que los agujeros negros gigantes habían jugado un papel de regulación en la formación y evolución de las galaxias, estableciendo una relación entre la masa del agujero y la de las estrellas de la galaxia en que se encontrara.
Tres
años más tarde se aportaron datos sobre los que cabe pensar en la
posibilidad de que los agujeros negros se hubieran podido formar
antes que las primeras galaxias que los contienen al completo. El
estudio apunta que la masa de los agujeros negros está en relación
a la de su galaxia y es de casi una milésima de la misma.
Se pensaba que los agujeros negros, al menos los
supermasivos, impiden la formación de estrellas en su entorno al
influir en la dinámica del polvo y gas de modo gravitatorio
principalmente. Pero en 2017, el estudio de la zona del agujero de
nuestra Vía Láctea, el Sagitario A*, se pudo observar que a una
distancia del agujero tan corta como poco más de 3 años-luz se estaban
formando estrellas, lo que resultó sorprendente. En cambio, en las muy
abundantes galaxias enanas los supermasivos sí parece claro que impiden
la formación estelar.
En 2011, tras observaciones con el ingenio espacial Chandra, se afirma
que en la primera época del Universo (unos 1.000 millones de años) los
agujeros negros supermasivos succionaron en el centro de las galaxias
primigenias materia a una velocidad muy superior a la creída hasta
entonces, formándose a la par con ellas. En todo caso, en ese mismo
período de tiempo, los primeros agujeros negros formados en la historia
del Universo parece ser que tuvieron un crecimiento muy rápido.
Como resultado de estudios realizados sobre la base
de datos de los satélites Fermi y Swift, a principios de 2013 se dice
que los chorros de radiación acelerados hasta altas velocidades
cercanas a la de la luz por los agujeros negros tienen unos parámetros
similares y que no están en dependencia de la masa o la antigüedad de
los mismos.
Finalmente hay que citar la teoría que nace en 2003 (Bromm y Loeb) de
algunos posibles agujeros negros que nacieron sin ser previamente
estrellas y que -de existir- datarían de los primeros tiempos del
Universo. Supermasivos, habrían nacido en aquella época de particulares
características por el colapso directo de masas del gas H y He; habría
ayudado a ello la tampoco demostrada (2016) materia oscura y la intensa
radiación UV del momento. Explicarían, si se demuestran, los agujeros
que se suponen para los quásares del inicio del Universo.
Esta posibilidad de colapso directo de enormes masas
de gas, principalmente H, en el principio del Universo (con menos de
800 millones de años) dando lugar a agujeros negros en extremo masivos,
de hasta varios millones de masas solares, no habrían podido formarse
por la vía habitual de los procesos estelares por falta de tiempo. Este
modelo ha sido denominado como de “agujero negro por colapso directo”.
Un estudio internacional dado a conocer en febrero
de 2021 sobre los agujeros negros supermasivos y su mapeado apunta a la
existencia de al menos 25.000 en solo el 4% del hemisferio norte
celeste. En los inicios de 2022 la estimación del total de agujeros negros en todo el Universo apunta la cifra de 40 trillones.
ALGUNOS
AGUJEROS NEGROS:
En la galaxia M87, a unos 50 millones de años-luz de nosotros, se halló el primer agujero negro confirmado, con una masa equivalente a 2.400 o 3.000 millones de veces el Sol (también hay quien cita hasta el doble de masa). Fue catalogado en 1994 como el primer agujero negro confirmado con ayuda del telescopio espacial Hubble y está en el centro de la citada M87 en un área de gases de forma espiral de 500 años-luz de diámetro que rota sobre sí a razón de 1.900.000 Km/h por efecto del agujero y al que nutre. De tal región emana un chorro de partículas subatómicas a una velocidad próxima a la de la luz con una apertura de 6º inicial que se abre hasta los 60º en pocos años-luz. El horizonte de sucesos de tal agujero se ha estimado que tiene un diámetro de 1,4 días-luz (más de 36.000 millones de Km; unas 240 UA). Del mismo se obtuvo la primera imagen histórica lograda de un agujero negro (por el telescopio EHT) y fue dada a conocer el 10 de abril de 2019.
El agujero negro del centro de nuestra galaxia (en exactitud, a 6 años-luz del centro geométrico y a unos 26.000 años-luz de nosotros), Sagitario A* o Sgr A*, tiene unos 4,1 millones de veces (3,7 o 2,6 según otras fuentes) la masa del Sol según datos del satélite Chandra y crece continuamente; su borde u horizonte de sucesos tiene un diámetro de 22,4 millones de Km según datos de 2004. La más moderna medición, 2023, dice que tiene 4,3 millones de masas solares y un diámetro menor a la órbita de Venus. La velocidad de la materia y objetos de su entorno es muy alta, de hasta 1.400 Km/seg, lo que apuntala la prueba de la existencia del objeto masivo. La estrella que más cerca gira sobre el mismo lo hace en una órbita de 120 UA de distancia con un período de más de 15 años y llega a ir a 5.000 Km/seg. Su antigüedad es la de la misma galaxia y se cifra en unos 10.000 millones de años. El gas que absorbe es relativamente frío, con algo más de 1.000.000ºC. Supuesta su existencia desde 1974, fue fotografiado (su entorno) por vez primera en 1982 pero el análisis de las imágenes tardó casi un año en verse; aun así, no se aceptó su existencia hasta más tarde. Aunque ya para entonces se sabían detalles del mismo, la prueba definitiva se obtuvo en 2000 con el telescopio espacial Chandra. Se cree (en 2005, a partir de datos del satélite INTEGRAL observando una nube molecular cercana) que hace 350 años fue durante al menos 10 años más activo que en la actualidad, con una emisión de energía 1 millón de veces superior entonces en la banda de los rayos gamma. De nuestra galaxia, el agujero negro V-404 fue el primero confirmado (1991). En el verano de 2019 se hizo de repente (su entorno) 75 veces más brillante en las bandas del IR cercano durante más de 2 h, algo muy poco habitual.
En
Casiopea A se presume la existencia de un agujero negro. El lugar es el
resultado de la explosión de una supernova hace 320 millones de años.
La materia expulsada salió a 15.000.000 Km/h chocando con la materia de
alrededor y creando una burbuja de gas caliente que emite rayos equis;
hoy día ocupa unos 10 años-luz de diámetro. Está a unos 11.000 años-luz
de nosotros. Se ha estimado que entre el material expulsado hay 1
millón de masas terrestres de oxígeno, 70.000 masas terrestres de
hierro, 20.000 masas de silicio, 10.000 de azufre, etc.
Cygnus X-1. La gigante azul va acompañada de un agujero negro que tiene 14,8 veces la masa del Sol y está a 6.070 años-luz de nosotros. El agujero se nutre del gas de la estrella y, midiendo la polarización de los rayos gamma, el satélite INTEGRAL pudo observar la desaparición de la materia en la frontera o límite del agujero hasta 1 milisegundo antes de producirse. Se determinó que su horizonte de sucesos gira a una velocidad de unas 800 vueltas por segundo. La formación de este agujero se fecha en hace unos 6 millones de años tan solo. Según datos publicados en 2021 su masa es superior a la considerada antes y está en torno a las 20 masas solares.
En la galaxia NGC-4261, a 100.000.000 años-luz, en Virgo, hay en su centro un agujero negro de 300 años-luz de diámetro, dentro de un disco de materia, polvo y gas, de 800 años-luz de diámetro, que gira a razón de 1.600.000 Km/h. El agujero tiene una masa de 1.200 millones de veces la del Sol y fue el tercero histórico confirmado (1995); más tarde se rebajó la cifra de su masa a los 400 millones de soles.
El SS433 es un agujero negro de nuestra galaxia, a unos 15.000 años-luz de nosotros, en la constelación del Aquila, emisor de rayos equis, con espectaculares chorros de gas que salen a una velocidad de 1/3 la de la luz y se extienden por ¼ de año-luz a ambos lados. Los chorros de sus emisiones, también en rayos gamma, tienen una precesión de 162 días de período. La temperatura que genera allí asciende a unos 50.000.000ºC. Su masa es de 10 a 20 veces la solar y se está alimentando de materia que succiona de una estrella gigante azul, de unas 30 masas solares, con la que forma un sistema binario que tiene un período orbital de 13 días. El sistema fue descubierto en 1979 y ha sido calificado como el primer microcuásar (denominado entonces Fermi J1913+0515) que emite tal materia a tan elevada velocidad.
En 1987 se descubrió en la galaxia M84, a 50 millones de años-luz, un agujero negro gigantesco, de una masa equivalente a 300 millones de veces la del Sol. Fue estudiado por el instrumental STIS del HST.
En 1992 se dieron a conocer las primeras imágenes, obtenidas por el Hubble de M51, de los efectos en su entorno de un agujero negro. Tiene un agujero negro de una masa de un millón de veces la del Sol y está rodeado de una nube de gas de 100 años-luz de diámetro que gira a una velocidad de 830 Km/seg.
RXTE J1650-500. Agujero negro de la Vía Láctea descubierto por medio del satélite RXTE en septiembre de 2001. Se encuentra formando parte de un sistema binario con una estrella normal a 8.000 años-luz de nosotros, en la constelación austral del Altar (Ara), en nuestra propia galaxia, y tiene una masa de solo 3,8 veces la solar (inicialmente se señaló 10 veces); así, en 2008 ser el más pequeño de los hallados hasta entonces. Se cree que su diámetro es de unos 24 Km.
MCG 6-30-15. Galaxia espiral situada a 10.000.000 años-luz de nosotros que contiene en su centro un agujero negro que emite energía en forma de rayos equis justo en el borde del horizonte de sucesos, caso poco habitual en estos entes; tal radiación tiene origen en átomos de hierro y sale a una velocidad de casi ½ la de la luz, teniendo origen el fenómeno en una acción dinamo-eléctrica. El agujero tiene una masa de unas 100.000.000 veces la del Sol.
En 1996 se confirmaba la existencia del mayor agujero negro conocido y que había sido dado a conocer en 1992. Está en el centro de la galaxia NGC-3115, en Sextans, a 27 millones de años-luz, y su masa es de mil o dos mil (según fuentes) millones de veces la del Sol y 100 veces mayor que cualquier otro conocido. Las estrellas de su entorno se mueve a la vertiginosa velocidad de 1.000 Km/seg.
Sobre el disco de fricción del agujero negro del sistema XTE J1550-564, situado a 17.000 años-luz de nosotros, según se informó en 2002 y gracias a datos de los satélites Chandra y Rossi (tomados respectivamente en 2000 y 1998), se demostró por vez primera la velocidad emisora de rayos equis, que resultó ser de la mitad de la de la luz, observando que la misma disminuía con la distancia, al alejarse. En el mismo también se ha podido observar cómo la luz incidente de la estrella cercana puede llegar a tener un efecto rebote, o reflejo, y salir del entorno del agujero negro, alejándose del mismo, efecto producido por la rápida rotación de tal objeto masivo.
En septiembre de 2003 se informó de la detección por el telescopio espacial Chandra de un agujero negro a 250 millones de años-luz, en el grupo de galaxias de Perseo, que se catalogó como el primero encontrado que emite ondas sonoras generadas en burbujas de gas. El sonido es la nota Si bemol de 57 octavas, pero está fuera del espectro audible humano.
En febrero de 2004 trascendió el hallazgo de un enorme agujero negro a 700 millones de años-luz de nosotros, en la galaxia RXJ1242-11, que está rompiendo gravitoriamente una estrella similar a nuestro Sol y succionando un trozo de la misma. Este fenómeno fue observado en la banda de los rayos equis por los satélites Rosat, XMM Newton y el Chandra. La masa estimada del agujero negro es de 100 millones la de nuestro Sol.
IRS13E. Agujero negro descubierto por el Instituto de Astrofísica de París, informando en noviembre de 2004, cerca del centro de nuestra galaxia. Su masa se estimó en unas 1.300 veces la solar. El mismo está influyendo gravitatoriamente en una serie de estrellas del entorno.
HE0450-2958. Agujero negro solitario localizado a unos 5.000 millones de años-luz. Su peculiaridad es que no está en ninguna galaxia (o al menos no es detectable, bien por ser muy pequeña, tenue u otra razón), lo cual resulta un tanto misterioso. También se cataloga como cuásar.
Como consecuencia de la detección del estallido GRB 050904 (en septiembre de 2005), que duró unos 3 min 20 seg en su máxima intensidad, por parte del satélite SWIFT, se identificó un agujero negro a cerca de los 13.000 millones de años-luz de nosotros, lo que lo califica como el más viejo de los detectados hasta entonces.
En 2007 se informaba de la existencia del mayor agujero negro descubierto muy cerca de una estrella, el M33 X-7. Con una masa de 15,7 veces la solar, se encuentra formando un sistema binario masivo en la galaxia espiral M33. Gira en su entorno una estrella de 70 veces la masa solar cada 3,5 días.
Al poco del anterior, en 2007 se confirmó otro, el IC 10 X-1, con una masa superior, alrededor de las 28 masas solares. Está en la galaxia enana IC 10, en la constelación de Casiopea.
También en 2007 se informaba de un agujero negro de una galaxia que forma parte con otra menor del objeto 3C321. Está situado a 1.400 millones de años-luz de nosotros, y su fuerte emanación de partículas, especialmente gamma y equis, está arrasando las dos galaxias con una violencia desconocida hasta entonces. Se supone que afectará a los planetas que existan allí y sus atmósferas.
A principios de 2008 se dijo haber descubierto a 3.500 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Cáncer, en el cuásar OJ287, dos agujeros negros que rotan en relación gravitatoria con un período de 9,5 años. La masa del principal agujero negro es de 18.000 millones de masas solares y la del otro es de 100 millones. Tienen estallidos dobles regulares que son visibles cada 12 años, aunque la predicha para octubre de 2022 no se produjo...
CFHQSJ2329-0301.
Estudiado en 2009 por el telescopio terrestre nipón Subaru, es un
agujero negro supermasivo que se halla a 12.800 años-luz de
nosotros en el centro de una galaxia de un tamaño como la nuestra.
Es pues uno de los más lejanos y antiguos conocidos (o de los
primeros dentro de la historia del Universo). También es catalogado como quásar y su masa es de 500 millones de masas solares.
Identificados en febrero de 1963 por Maarten Schmidt, los cuásares son en general los objetos más distantes y brillantes conocidos que emiten más energía que cualquier galaxia, como más de 200 o 1.000 de ellas, de las grandes, como nuestra Vía Láctea. Radiofuentes, algunos son de tal potencia que equivalen a 10 billones de estrellas. Su nombre, quásar o cuásar, proviene de la contracción de las palabras objetos (radiofuentes) casi estelares (quasi stellar radio source, en inglés; el término, de 1964, es debido al chino-americano Hong Yee Chiu). Anteriormente habían sido captados estos objetos por radiotelescopios como radio fuentes de apariencia estelar.
Muy luminosos, lo más del Universo, emiten radiación ETM especialmente en rayos equis y gamma, y también en bandas de luz visible, en radiofrecuencias y abundante energía UV, pero de modo variable o muy variable y de comportamiento imprevisible. En 2021 se cree que son la fuente casi única de las emisiones de neutrinos de alta energía, de más de los 200.000 GeV, principalmente emitidos desde cerca de los agujeros negros.
El
hecho de su lejanía también indica, su antigüedad, es decir, que
se produjeron en los primeros tiempos del Universo y hoy seguramente
no son más que objetos apagados. Por ende, la velocidad de
alejamiento es muy grande, con un fuerte o acusado corrimiento hacia
el rojo, superior al de las galaxias. Algunos van a una velocidad
superior a la mitad de la de la luz, e incluso cerca de la misma. Su
desplazamiento aparente en el cielo es sin embargo muy bajo, hasta el
punto que hasta 2019 se creía que estaban totalmente fijos en su
posición celeste; pero se trataba en realidad de un efecto debido a su
lejanía y lo que oscila es su radiación.
Las especulaciones llevaron a considerar inicialmente el origen de estos objetos en las siguientes posibilidades: explosiones en cadena de supernovas en los núcleos galácticos; millones de estrellas cayendo en un agujero negro; concentraciones de púlsares; objetos nacidos de la colisión de dos galaxias; núcleos de antiguas galaxias; objetos de galaxias muy activas; choques de estrellas en el núcleo galáctico; grupos de galaxias tan alejadas que parecen una fuente única; y púlsares enormes. Se pensó también que eran objetos como mínimo del tamaño del sistema Solar, pero con emisiones de 10.000 veces más energía que toda la Vía Láctea, siendo su centro un agujero negro supermasivo. Al principio se dijo que su diámetro sería de entre 10 y 50 años-luz. El diámetro de alguno se estimó en nada menos que 5 veces la Vía Láctea, o sea, unos 500.000 millones de años luz.
En realidad, se trata de núcleos de galaxias activas o muy brillantes, antiguas y lejanas, que no dejan ver otras estrellas de las mismas en sus bordes y que tienen en su centro un gran agujero negro, de millones de veces la masa del Sol (tanto como 1.000 millones, salvo los microcuásares cuya masa en su objeto central se estima en unas 10 masas solares). Su activación tiene su origen en los flujos de gas que circulan hacia tal agujero que desencadenan una cantidad muy elevada de energía. Por otra parte, también emiten un par de chorros de gas, opuestos en dirección, a una velocidad cercana a la de la luz. Los rayos cósmicos más energéticos se vinculan también a estos núcleos galácticos activos.
Los cuásares serían pues generados en fase violenta de galaxias jóvenes, hace más de 10.000 millones de años, cuando el Universo tenía menos de 5.000 millones de años. Más concretamente se piensa que se formarían a partir de los primeros 1.000 millones de años, tiempo en el que aparecerían las protogalaxias con los primeros agujeros negros. Empezarían pues a abundar los cuásares a partir de tales primeros 1.000 o 1.500 millones de años de existencia del Universo, siendo hasta los 5.000 millones de años la época de su auge.
Generan pues un núcleo que es un agujero negro gigante sobre el que gira un gran disco con gran cantidad de materia gaseosa con velocidad muy rápida y a altas temperaturas generadas en la fricción (100.000 grados los cuásares y 10 millones de grados los microcuásares), origen de la potente emisión de energía y luz, y en general todo tipo de radiación que justifica las enormes emisiones que se detectan en estos cuerpos. Las variaciones de su luminosidad de los quásares (hasta de un 15% anual, salvo excepciones) se vinculan precisamente a la masa de ese agujero negro, y en función de la eficacia con que se genera tal luz, menor cuanta más masa tiene el agujero.
Se supone que habrán agotado rápidamente su energía por lo que los más antiguos están ya apagados y serán en nuestro tiempo objetos oscuros. Algunos se hallan desprovistos de un entorno de estrellas, ni tampoco hay gas y polvo en sus cercanías, y también puede tratarse de objetos aislados no galácticos. La velocidad de giro en el interior de estos entes se ha estimado en torno a los 15.000 Km/seg, con márgenes de ±5.000 Km/seg.
Pero, así las cosas, en 1996 por parte de los astrónomos se informaba que también existen cuásares en galaxias jóvenes no lejanas, y tanto en las gigantescas como en las pequeñas, lo cual venía a romper creencias sostenidas en las 3 décadas anteriores. Los cuásares podrían tener pues diversos y variopintos orígenes. En 1997 el origen de tales núcleos se cree que es debido a la colisión de al menos dos galaxias que se fusionan.
Para David Sanders, astrofísico de la Universidad de Hawai, su origen está en los choques de nubes en las que abundan estrellas y gases, y en colisiones de galaxias (elípticas pero no espirales) que generan un vórtice masivo y denso en un centro del nuevo ente que se forma, donde aparecerá un agujero negro muy masivo. No explica, sin embargo, la teoría la formación de los cuásares en galaxias jóvenes o en aquellas en las que no se ha captado choque alguno.
Hay,
además, quien mantiene (como Halton Arp) que se trata solo de
objetos muy jóvenes de galaxias muy activas, o galaxias en formación
que nacen de otras; igualmente hay quien sostiene que son objetos
generadores de galaxias. La nota de juventud se la daría el hecho de
que emitir mucha energía no podría ser mantenido mucho tiempo. Pero
su creación requiere la creación de materia al margen del Big Bang
y eso no es aceptado por la mayoría de los cosmólogos.
En 2023 se cree tener la solución al encendido
de un cuásar: al chocar dos galaxias, las grandes masas de gas de las
mismas son arrastradas hacia sendos agujeros negros supermasivos
centrales y al ser engullidas por los mismos generan una enorme
cantidad de energía o radiación que es lo que supone iniciar el
cuásar.
Un
tipo de objeto, muy brillante, el blázar,
así identificado desde 1976, es una galaxia que se vincula a los
cuásares, o se piensa que es uno de estos objetos visto en
determinada posición (justo en el frente de los chorros de emisión), y
a los núcleos galácticos con un agujero
negro. Modifican sus emisiones de energía en cuestión de días, es
decir muy rápidamente a escala cósmica, siendo tal alteración de
emisión de una envergadura que puede equivaler a la luz de 10.000
galaxias como la nuestra. Han sido estudiados por varios telescopios
espaciales. El Fermi halló (2017) el más lejano emisor de rayos gamma a
unos 12.400 millones de años-luz de nosotros. Los blázares
generan neutrinos.
Gran número de astrónomos creen que una fase en la evolución de los quásares son las llamadas galaxias de Seyfert, que se distinguen por tener, pese a su gran volumen, un núcleo pequeño con masas de gas con rápido movimiento que emite en diversas bandas del espectro ETM, especialmente en el IR. Las Seyfert se clasifican en los tipos Sy1 y Sy2, y producen efectos similares a los cuásares pero a menor escala. Las del tipo 1 se distinguen por sus emisiones de rayos equis y UV, en tanto que las del tipo 2 lo hacen en el IR y en líneas menos anchas que las otras, pero más intensas. Estos dos tipos de galaxia suponen en el contexto global un 10% aproximadamente de todas.
Otro tipo son los llamados microcuásares, que son objetos situados, no lejanamente, sino en nuestra propia Vía Láctea. Son estrellas binarias, una un agujero negro en realidad o estrella de neutrones, pequeños en ambos casos (matiz que los distingue de los cuásares), y que emiten radiación equis principalmente, aunque también bandas de radio, en un proceso gravitatorio en el que el objeto masivo capta energía del objeto acompañante.
En cualquier caso, el origen de los cuásares es uno de los asuntos más discutidos de la astrofísica.
Hacia 1983 se llevaban catalogados unos 1.500 cuásares, pero en 1986 la cifra era ya de 3.500.
En su estudio espacial, el telescopio espacial Hubble aportó datos sobre quásares aislados. Como sea que hasta entonces se los creía que los quásares solo estaban en los núcleos de las galaxias, se abre una incógnita sobre ellos.
A principios de 2000, astrofísicos americanos hallaron el quásar más lejano conocido hasta entonces, a 13.000 millones de años luz (corrimiento hacia el rojo de 5,5), es decir, existente cuando el Universo era menos del 10 % de su actual edad. Es el cuásar denominado como RD J030117+002025.
En
el verano de 2010 se informó que el equipo SDSS había confeccionado
un catálogo de quásares con 105.783 objetos sobre una cuarta parte
de la bóveda celeste, y de los que el 96% habían sido descubiertos
durante el programa desarrollado por el citado equipo SDSS.
En septiembre de 2016 se dice que la cantidad de
quásares que hay es de cerca del doble de lo que se creía.
En marzo de 2024 se publica (Universidad de Nueva
York) unos de los mayores catálogos conocido hasta entonces de estos
objetos por su volumen, un mapa tridimensional de 1,3 millones de
cuásares obtenido sobre los datos del ingenio espacial Gaia.
ALGUNOS
CUÁSARES:
3C-273.
Cuásar más cercano conocido, y también el primero en ser hallado
(identificado en 1963), si bien ya desde 1960 se cita también al
3C-48. Está a 2.400 millones de años-luz, en Virgo, y se aleja a
47.000 Km/seg; su corrimiento al rojo se apuntó en 0,158. Brilla
tanto como 200 galaxias y en sus emisiones se ha detectado una temperatura de nada menos que 10 billones de grados. En el mismo se detectaron 2 puntos emisores,
uno el propio cuásar y otro algo así como un fragmento desprendido
que en 4 años, entre 1977 y 1981, se alejó a 36 años-luz, lo que
sorprendió porque significa una velocidad de 9 veces la de luz, ¡lo
cual es imposible! La explicación que se dio se encuentra en una
interpretación errónea de la posición o perspectiva desde nuestra
situación y un efecto relativista debido a la velocidad, eso sí,
cercana a la de la luz.
CTA-102. Cuásar situado a unos 10.000 millones de años-luz, muy famoso en su día, a mediados de los años 60, porque al principio sus emisiones de regular intensidad variable llegaron a ser interpretadas como señal de vida inteligente. Fue descubierto en 1960 por los americanos
PC-1247+3406. Cuásar descubierto en 1973, entonces como el más lejano a 11.000.000 años-luz, con un desplazamiento hacia el rojo de 3,53.
PK 2000-330. Fue identificado el 15 de septiembre de 1983, en realidad descubierto años atrás, y resultó ser entonces el más distante, alejándose a una velocidad de 276.000 Km/seg, y situado así a una distancia de unos 12.000.000 años-luz (corrimiento al rojo del 3,78) en la constelación de Sagitario.
3C-287. Cuásar situado a cerca de 1.000.000 años luz de la Tierra, que es uno de los más cercanos.
3C-191. Cuásar situado a más de 10.000 millones de años luz, que viaja, según el corrimiento hacia el rojo, a 240.000 Km/seg, y es uno de los más alejados.
QSO 0957+561. Cuásar gemelo de gran luminosidad de una galaxia espiral rica en gas molecular cuya actividad parece ser debida a una colisión de dos galaxias. Tiene un agujero negro de una masa en torno a los 3.500 millones de veces la solar. Está a más de 9.000 millones de años-luz de nosotros, en la Constelación de la Osa Mayor. Fue estudiado en 1998 y posteriormente.
QSO 0413-11. Cuásar situado a 12.000 millones de años-luz (corrimiento al rojo del 3,85), por lo que es uno de los más lejanos y antiguos, en el cúmulo galáctico de Abell 483.
PC 1158+4653. Cuásar que se aleja a 280.000 Km/seg (corrimiento al rojo del 4,73) y que es de una antigüedad de cuando el Universo tenía solo 1.000 millones de años, con lo que es uno de los objetos celestes más antiguos (y distantes) del que se tenga conocimiento.
PC 1643+4631A. Cuásar situado en Hércules que tiene en sus cercanías (relativamente) dos objetos no estelares de color rojo. Tiene un corrimiento al rojo de 3,79.
1928+738. Cuásar situado en Draco en cuyo núcleo se cree que puede haber dos agujeros negros (un agujero negro binario) que giran con un período de 2,9 años y cuya masa sería equivalente a la de 100.000.000 veces la del Sol.
PKS 0405-385. Cuásar que tenía variaciones de brillo de un 50% en cuestión de 1 h, lo que sorprendió a los astrofísicos, pero luego cesó en tal parpadeo. Su tamaño se estimó inicialmente en 10 UA y se cree que al dejar de fluctuar en su brillo incrementó el volumen.
HS 1700+6416. Cuásar situado a 10.000 millones de años-luz de nosotros que fue estudiado a mediados de los años 90 por la nave Endeavour en la banda UV, gracias a lo cual se determinó la existencia de helio primigenio, el originado en los 2 min primeros de existencia del Universo. De tal manera los astrónomos confirmaban una vez más el Big Bang.
GRS 1915+105. Microcuásar situado a 36.000 años-luz de nosotros, en la constelación del Águila, en la propia Vía Láctea, descubierto en 1992 por el satélite ruso Granat. Contiene un agujero negro, según se estimó, cuyo entorno emite rayos equis y es de una masa 12 o 14 veces la solar, si bien su diámetro es de solo unos 40 Km. Observado con radiotelescopios en el otoño de 1997, mostró una cadena de explosiones durante un par de semanas con proyecciones de gas muy caliente en chorros a una velocidad aparentemente superior a la de la luz pero de velocidad real de más del 90% de la misma. En 2006 se determinó que la velocidad de giro de su agujero negro era de nada menos que 950 vueltas por seg, por lo que los astrónomos creen que está cerca del límite máximo teórico.
APM 08279+5255. Cuásar extraordinariamente luminoso descubierto en 1998 y localizado a unos 12.100 millones de años-luz. Se constituye en una joven galaxia que tiene un agujero negro en el centro y materia y gas equivalente a la masa de 20.000 millones de veces la masa solar. El cuásar emite una energía equivalente a 1.000.000.000 millones de veces la del Sol. En su entorno se descubrió una masa de agua, en forma de vapor y junto a otros compuestos gasificados, estimada en 2011 en nada menos que 140.000.000 de millones de veces la masa de la suma de todos los océanos de la Tierra; la temperatura de tal agua es de 53ºC y, por supuesto, en muy baja densidad.
LS 5039. Microcuásar localizado a 10.000 años-luz de nosotros que forma parte de un sistema binario, con una estrella de la que se nutre. De su entorno salen emisiones de rayos equis y gamma.
PKS 1127-145. Cuásar estudiado por el satélite Chandra que está a 10.000 millones de años-luz y que proyecta una larga y potente columna de emisión de rayos equis hasta 1.000.000 de años-luz. Posee en su centro un agujero negro supermasivo.
PKS 0637-752. Cuásar que se utilizó para calibrar al satélite Chandra. Emisor de rayos equis, tiene 200.000 años-luz de diámetro.
GRO J1655-40. Microcuásar de la Vía Láctea situado a 40.000 años-luz (también se citan los 10.000 años-luz) en Escorpio y descubierto por el satélite GRO en julio de 1994. También es llamado Nova Scorpii 1994 y fue catalogado igualmente como un agujero negro que está absorbiendo a una estrella vecina y gira sobre sí mismo a razón de la increíble velocidad de 27.000 vueltas/min a juzgar por sus emisiones de rayos equis con oscilaciones de 450 Hz.
CYGNUS X-3. Microcuásar de nuestra galaxia descubierto en 1966 y situado a 30.000 años-luz de nosotros. En 1972 aumentó sus emisiones más de 1.000 veces en unos días, lo que despertó el interés de los astrofísicos. Posee una estrella Wolf Rayet de la que succiona unos 63 trillones de Tm por seg de materia un agujero negro del sistema binario en ambos forman y el que tiene un período de 4,8 h. Los chorros de plasma emitidos por este ente son acelerados a una velocidad de casi la mitad de la de la luz.
TEX 1726+344. Cuásar en cuyo núcleo hay un agujero negro gigantesco que está tragando a una estrella. El resultado de la acción es que un chorro sale del sitio a 6.000 Km/seg de velocidad; la otra parte de la materia de la estrella es la succionada por el agujero.
J1148+5251. Cuásar que a su descubrimiento en 2003 se consideró el más lejano hallado hasta entonces, localizado a 12.800 millones de años, de cuando el Universo tenía 870 millones de años de existencia tan solo. Tiene un agujero negro de una masa de 1.000 millones de veces la solar.
En 1991, desde el Observatorio de San Roque de los Muchachos, se descubrió a 12.000 millones de años-luz un cuásar 100.000 billones de veces más luminoso que nuestro Sol, lo que hizo que fuera definido como el objeto más brillante del Universo nunca hallado hasta entonces.
En 2003 la NASA informaba del hallazgo del satélite Chandra de un cuásar situado a 12.000 millones de años que emite el más lejano chorro de rayos equis.
En el centro del cúmulo galáctico SDSS J1004+4112, a unos 7.000 millones de años-luz de nosotros, existe un cuásar que pudo ser observado por el Hubble con la peculiaridad de estar la imagen que ofrece sometida al efecto de lente gravitatoria.
PG2112+059. Cuásar distante 8.000 millones de años-luz de nuestro Sistema Solar. Se distingue por haber detectado en él diversos materiales compuestos, tales como arena, cristal, piedras marmóreas, e incluso preciosas como zafiros y rubíes.
MG J0414+0534. Cuásar situado a 1.100 millones de años-luz de nosotros en el que, según información de 2009, se halló vapor de agua, lo que significa que tal elemento ya existía en los principios del Universo.
ULAS J1120+0641.Quásar
que resultó ser el más lejano, y brillante en el IR, a su
descubrimiento el 29 de junio de 2011. Está a 12.900 millones de
años-luz de nosotros,
con un desplazamiento al rojo de 7,085. En su centro hay un agujero
negro de una masa de 2.000 millones de veces la solar. Tiene nubes de
gas y polvo mediante las que se ha puesto de manifiesto una mayor
abundancia del carbono de la esperada en tan temprana edad del
Universo.
SDSS J1106+1939.
Quásar en el que se ha detectado la mayor explosión producida por un
agujero negro hasta 2012; es 5 veces superior a la mayor emisión de
energía que se hubiera identificado hasta entonces, y 100 veces
superior a la de toda la Vía Láctea.
QQQ J1519+0627.
Quásar triple situado a unos 9.300 años-luz de nosotros. Tiene pues
este extraño sistema 3 núcleos de otras tantas antiguas galaxias e
interactúan entre ellos.
PKS 1424+240.
Blázar considerado en 2013 como el más distante emisor de radiación
gamma de muy alta energía. Se halla a más de 7.400 millones de años-luz
de nosotros.
3C-279. Quásar que se
localiza en la constelación de Virgo, a unos 5.000 millones de años-luz
de nosotros. Descubierto en 1971, tiene en el centro un agujero negro
supermasivo de 1.000 millones de veces la masa solar. Emite energía de
oscilaciones muy rápidas. Fue estudiado por el satélite americano
COMPTON. También llamado 4C–05.55, NRAO 413, y PKS 1253–05.
M81 ULS-1.
Microcuásar de la galaxia M81, compuesto binario de un objeto compacto
(quizá un agujero negro no muy masivo) y una estrella masiva del que
emanan dos chorros opuestos de materia a una velocidad de 1/3 la de la
luz.
Q2237+0305.
Quásar también llamado “La Cruz de Einstein”, situado a cerca de los
10.000 millones de años-luz de nosotros. Tiene un agujero negro
supermasivo y sobre el mismo gira un disco de materia (de acreción) que
ha sido medido y que tiene un diámetro de 6 días-luz; su temperatura
aumenta hacia el centro. Sobre este disco hay otro mayor de polvo en
forma toroidal de más de 400 días-luz de diámetro que emite en el IR
medio.
TXS 0506+056.
Blázar de la constelación de Orión que está a unos 4.500 millones de
años-luz de nosotros, y en el que se detectó la emisión del primer
neutrino llegado fuera de nuestra galaxia. Fue captado el 22 de
septiembre de 2017 con una elevada energía que fue evaluada en torno a
los 290 billones de electrovoltios. Tal objeto tiene un agujero negro
supermasivo y también emite rayos gamma.
Markarian 231.
También llamado Mrk 231, se halla a unos 581 millones de años-luz de
nosotros y es considerado en 2020 el cuásar más cercano que tenemos. En
el mismo ha sido detectado oxígeno molecular cuya fuente se ha
localizado a 32.600 años-luz de su centro.
J1007+2115.
Cuásar del Universo primitivo, de hace 13.020 millones de años (y
distancia en años-luz que nos separa del mismo), que tiene un enorme
agujero negro de una masa equivalente a 1.500 millones de veces la
solar. Ha sido bautizado como Poniua'ena, que en hawaiano ha sido
traducido como "fuente giratoria invisible de creación rodeada de luz".
J0313-1806.
Cuásar situado también muy lejos, a 13.030 millones de años-luz de
nosotros, considerado así a su hallazgo como el más antiguo conocido
(2021). Tiene un agujero negro supermasivo de 1.600 millones de
masas solares.
SMSS J114447.77-430859.3.
Cuásar situado a 9.600 millones de años-luz de nosotros. Fue calificado
en 2023 como el más brillantes en los últimos 9.000 millones de años en
la banda X, emitiendo en tal aspecto más de 100 billones de veces que
el Sol, aun estando éste tan cerca. Se atribuye tal efecto a gas del
entorno precipitándose en un agujero negro supermasivo. La temperatura
generada es del orden de los 350 millones de ºC.
J0529-4351.
Cuásar situado a 12.000 millones de años-luz de nosotros. Su disco de
acreción tiene un diámetro de unos 7 años-luz. Tiene 17.000 millones de
masas solares y consume a diario el equivalente a la masa del Sol. Es
unas 500 billones de veces más brillante que nuestra estrella.
Aunque ya antes se los suponía a través de diversos indicios, a partir de 1995 se produjo el descubrimiento de planetas fuera de nuestro Sistema Solar, es decir, en las estrellas; son llamados exoplanetas o planetas extrasolares. El hecho llegó causando cierta sensación aunque era esperado y en realidad solo se trató de la confirmación del mismo. Los avances tecnológicos hicieron posible la detección de tales cuerpos que, al no tener el brillo de una estrella, se hacían de difícil localización y aun encontrados se ha de aclarar que se trata, al menos los primeros, de cuerpos grandes mayores que los de nuestros planetas exteriores, y posiblemente de carácter igualmente gaseoso. De ser así, siendo su tamaño superior a Júpiter, alguno de los casos podría tratarse de una enana marrón, o más raramente de una estrella a punto de encenderse y convertir aquel sistema en binario. Por su parte, las estrellas binarias también pueden tener sus planetas.
Existen también planetas no ligados a estrellas, planetas solitarios o libres, formados probablemente como estrellas no encendidas por causas posibles distintas (falta de materia en el momento preciso o pérdida de la misma por influencia de algún objeto cercano), o bien como planetas desprendidos de sistemas solares (igualmente por influencias exteriores o por cuerpos mayores, gigantescos, del propio sistema que los acelera al cruzarse en sus órbitas y los lanza fuera del mismo), y que son del tamaño de entre 3 y 15 veces el de Júpiter. Son cuerpos fríos (relativamente), de color rojo y atmósfera con mucho vapor de agua y nubes con polvo. Este tipo de objetos han sido detectados a partir de 1995, especialmente en Orión. Incluso aquí, se descubrieron en 2000 unos 18 objetos catalogados como planetas que no estaban en sistema estelar alguno; es decir, son planetas por libre, algo excepcional por lo inexplicable entonces de su origen (quizá debido a la fragmentación de alguna nube estelar gigante). Al principio se estimó que no se formarían planetas con masas de gases y materia menores que 10 o 13 veces la de Júpiter fuera de un sistema solar. Pero en 1998 se observaron objetos menores en una nube de gas en Camaleón 1. Pueden ser estudiados en las bandas del IR cercano. Mediado 2006 se anunciaba el descubrimiento desde el ESO chileno de 2 de tales planetas solitarios, los primeros hallados en pareja gravitatoria (aunque débil porque están separados por la respetable distancia de 240 UA); se localizan a 400 años-luz de nosotros en la Constelación de Ofiuco y su origen es desconocido, estimándose que se trata de una excepción más que otra cosa.
Sobre
la formación de los planetas extrasolares, se supone en principio
que tienen su origen en la misma mecánica que formó los del Sistema
Solar, asunto ya tratado al referir a éste. Es decir, se formarían
a partir de nubes de gas y polvo en anillos en torno a una estrella,
a su vez procedentes en gran medida de restos de supernovas. Sin
embargo, en abril de 2006 trascendió una consideración más en base
a datos aportados por el telescopio espacial Spitzer: la posibilidad
de que tales restos sean de estrellas más viejas, tal como púlsares;
en este caso, la formación planetaria podría ser posible, pero
tales cuerpos serán estériles en tanto que la estrella de cuya
materia proceden así lo propicia. Por otra parte, un estudio sobre
27 de los exoplanetas, dado a conocer en 2010, apuntó que los mismos
también se forman en distintos planos, y no en uno solo, como se
creía en base a la formación del Sistema Solar, y además con
órbitas retrógradas; diversas perturbaciones gravitatorias harían
además que los planetas se acerquen a su estrella. También se estima
que los sistemas estelares binarios no son propicios para tener
planetas en condiciones de habitabilidad por las frecuentes
perturbaciones que el tipo de sistema crea si el planeta gira sobre las
dos estrellas, pero podría en su caso tener estabilidad si gira solo
sobre una de ellas.
En la joven estrella NGC-2547-ID8, similar al Sol
pero de solo unos 35 millones de años, el telescopio sideral Spitzer
capta en 2014 una especie de erupción de polvo que se supone provocado
por el choque de dos grandes asteroides o pequeños planetas que podrían
estar formando uno mayor, dando confirmación a que la mecánica que tuvo
el Sistema Solar se le supone también para otros sistemas solares. Tal
estrella está a unos 1.200 años-luz de nosotros y es un claro ejemplo
de sistema solar en formación.
En general, las características de gran
parte de los sistemas estelares hallados son muy similares a las de
nuestro Sistema Solar. Sobre su formación, añadamos que se han podido
hallar sistemas en distintas fases, observándose envueltas o discos de
gas y polvo, e incluso la dinámica previa de los mismos en los
preliminares de la constitución de los planetas. Este hecho se confirma
a principios de 2013 al darse a conocer que se había observado por vez
primera de forma directa tal dinámica en la estrella HD 142527, que se
encuentra a unos 450 años-luz de nosotros. En el disco que rodea tal
estrella existen corrientes de gas y polvo, y está dividido por un
espacio vacío que se supone resultado de la formación de un gran
planeta gaseoso muy reciente.
En otro sistema, el HD 95086, situado a 295 años-luz
de nosotros, los ingenios espaciales Herschel y Spitzer (ESA y NASA)
han detectado también dos cinturones de polvo, uno interior y más
caliente y otro más alejado y frío (en una posición como nuestro
cinturón de Kuipers) que contiene al menos un planeta gigante.
Pero volviendo a los localizados en definidos sistemas estelares, los perfeccionamientos en los instrumentos y técnicas empleadas podrán ir dando a conocer planetas sucesivamente cada vez más pequeños hasta quizá identificar planetas como el nuestro.
Las técnicas utilizadas para el descubrimiento de los primeros planetas extrasolares han sido inicial y básicamente 3: el tránsito del planeta por delante de la estrella, haciendo disminuir un poco su luz (y espectro); las alteraciones de la posición de la estrella debido a la influencia de la gravedad del planeta gigante evidenciado espectralmente en el desplazamiento al rojo o al azul, sistema también llamado de velocidad radial; y finalmente, un modo variante del anterior, mediante la astrometría de la estrella, también por influencia de la gravedad de sus planetas, en su trayectoria que la hará ir haciendo eses en vez de una línea recta. Entre otros modos posibles de ayuda en estos descubrimientos, está el uso de lentes gravitatorias (microlentes), un efecto de lupa causada por otro cuerpo, planeta o estrella, que se interponga en alineación con nosotros. Otro modo evidente para descubrir un exoplaneta es captar directamente la luz que refleja o emite en caso de ser caliente, si bien tal alternativa se ofrece mucho más difícil por la debilidad de la imagen en las distancias de que tratamos frente a la luminosidad de su estrella.
Hacia 2005, en estas detecciones de exoplanetas se perfeccionaba una técnica espectroscópica con interferometría, resultando un mayor aprovechamiento en la captación de la luz y de una superior precisión de los datos sobre las alteraciones en la velocidad de la dinámica de la estrella estudiada.
Posteriormente, en 2012, queda lista una perfeccionada técnica
denominada de “peinado en frecuencias láser” para el análisis de la
dinámica estelar con precisión de hasta 10 cm/seg, lo que hace esperar
poder detectar planetas similares a la Tierra. Tal sistema es capaz de
analizar frecuencias determinadas con un espectrómetro pudiendo
identificar así el movimiento de la fuente del mismo modo que se venía
haciendo pero ahora con una precisión 4 veces mayor al separar y
discernir mejor las frecuencias. En las pruebas de tal técnica,
realizadas desde el HARPS de la Silla, en Chile, se estudió la ya
conocida estrella HD75289.
También en 2012 se pone de relieve una técnica para
el estudio de la atmósfera de los exoplanetas basada en el IR, cerca de
las 2,3 micras de longitud de onda, cuando hasta entonces se ha venido
esperando el paso del planeta delante de su estrella.
En 2013 se perfeccionó la técnica de observación del
planeta al pasar delante de la estrella (desde nuestra posición),
estableciendo un nuevo método que permite determinar la masa del
planeta, además naturalmente de facilitar las propiedades de su
atmósfera. Se observa el espectro de la luz de la estrella que absorbe
tal atmósfera y se deduce el volumen o tamaño del planeta, la presión
de la gravedad sobre tal envoltura gaseosa (la presión
atmosférica según densidad y temperatura), y por tanto la masa
planetaria.
En 2015 se da un paso más y utilizando el ingenio
espacial Kepler se hizo el análisis de las alteraciones meteorológicas
en el período día y noche de 6 exoplanetas gigantes en órbitas muy
cercanas a sus respectivas estrellas y por tanto con elevadas
temperaturas, de más de 1.600ºC.
Hay que señalar en la cuestión de la temperatura de
la atmósfera de algunos planetas que al ser tan elevada, y en tantos
casos con gran masa y tamaño, resulta difícil distinguirlos de algunos
tipos de estrella como las enanas marrones. A veces, incluso hay
estrellas de temperatura inferior.
Las características de las atmósferas de los
exoplanetas son muy diferentes según las propiedades, composición,
órbita del planeta, tamaño del mismo, su rotación, densidad, etc. Un
planeta muy cercano a la estrella tendrá una atmósfera muy caliente
(que llaman, si es un planeta gigante, “Júpiter caliente”) y su
dinámica estará en función de la temperatura, pero también de la
rotación del planeta. Si, como ocurre con nuestra Luna, ofrece siempre
una misma cara a la estrella, la cara iluminada tendrá muy elevadas
temperaturas, su cara oscura muy fría, y por tanto establecerá vientos
muy veloces. La composición y la temperatura marcarán también una
dinámica peculiar junto a las corrientes convectivas, pudiendo
producirse lluvias de diversos elementos y compuestos abundantes en la
masa atmosférica. La variedad de casos será muy grande. Puede ser
frecuente, por ejemplo, que los planetas grandes con atmósfera la
tengan más caliente a mayor altitud cuando tienen elementos metálicos
que absorben mucha energía.
La
posibilidad de ver directamente al planeta podrá ser posible
mediante un coronógrafo de alta precisión que elimine la luz
principal de la estrella y alta sensibilidad que deje ver la débil
luz reflejada del planeta. Además, a partir de 2003 se construía
por ejemplo en la Isla de la Palma para diversas universidades
europeas un sistema detector más potente denominado UASP dotado de
al menos 3 cámaras CCD. No obstante, el 19 de julio de 2004 fue
obtenida la que fue entonces calificada como la primera fotografía
de un posible planeta, el 2MASSWJ1207334-393254, o simplemente
2M1207b, junto a su estrella, la TW Hydrae, situada a 225 o 230
años-luz de nosotros; y se señala “posible” porque su masa está
al borde de la una enana marrón, emitiendo luz unas 100 veces menor
que uno de estos cuerpos, estimando su temperatura en 1.000ºC
(también se apuntaron 1.300ºC) lo que lo convierte más bien en un
planeta gigante, de 5 veces la masa de Júpiter, aun en fase de
formación. Gira en órbita sobre tal estrella a 8.250 millones de Km
y es de un suave color rojizo. La duda acerca de la calificación o
no de planeta llevó a anunciar en abril de 2005 como la primera
imagen verdadera de un planeta (aunque también con dudas por la
masa) al observado girando sobre la estrella GQ Lupi A, astro de
menos de 2.000.000 años de antigüedad (se citan también 8
millones...) tan solo y situado a unos 450 años-luz de nosotros. En
este caso, el posible planeta gira en una órbita situada a 100 UA de
la estrella y su masa está en el límite de la consideración de
planeta, teniendo además una temperatura de unos 1.300ºC. Pero a
finales del mismo mes de abril se confirmó como primera imagen la
antes señalada del objeto observado en Hidra. Su período de rotación propia, su día, es de unas 10 h.
Por cierto, que este objeto 2M1207b, según se
informó en 2008, podría ser el resultado de una reciente colisión de
dos protoplanetas dada su órbita, elevada temperatura, pero baja
luminosidad, y juventud. Entonces se estimó que los protoplanetas
podrían haber sido de masas equivalentes a 72 y 8 veces la de nuestro
planeta.
En cuanto a la detección de satélites de tales planetas es posible mediante la observación de las oscilaciones de la velocidad de tales cuerpos dado que los satélites desequilibran gravitatoriamente al planeta, salvo que la masa del satélite sea inapreciable respecto a la de aquél. Otra opción, estudiada en 2014, podría estar en el estudio de emisiones de radio puesto que, como ocurre con Júpiter e Io, la interacción del campo magnético planetario y la ionosfera del satélite las puede producir.
En general, en la primera docena de años de este tipo de actividad astronómica se detectaron un centenar de objetos planetarios. La mayoría es de una masa de 0,4 a 12 veces la de nuestro planeta Júpiter, tienen órbitas excéntricas y giran muy cerca de su estrella.
La
distancia orbital de los mismos, en curvas bastante excéntricas,
también es variable, hallándose muchos a menos de los 40.000.000
Km, lo cual sorprende, puesto que es la cuarta parte de la distancia
Sol-Tierra. Esta cercanía es para un planeta gigante gaseoso
bastante llamativa e inexplicable porque los gases se calentarían y
evaporarían por la cercanía a la estrella y la formación
planetaria sería teóricamente difícil. Su acercamiento a la
estrella es probablemente el resultado de una larga trayectoria
espiral de caída y no de la formación in situ. Esto implica el
arrastre gravitatorio de otros cuerpos en órbitas bajas o cercanas,
un fenómeno de resonancia gravitatoria, de diversas consecuencias
imaginables para un sistema. Pero asimismo podría implicar casos en
los que algunos planetas gaseosos podrían quedar despojados en gran
parte de su atmósfera y dejar con el tiempo al descubierto
superficies sólidas. Por otra parte, la característica de que la
mayoría de tales planetas tengan órbitas excéntricas tiene su
origen en las perturbaciones gravitatorias que alteran y condicionan
tales lejanos sistemas de grandes planetas.
También se ha observado (datos de la sonda Kepler
dados a conocer en 2018) que los planetas en estrellas con mayor
contenido en hierro tienen un periodo orbital más corto; es decir, su
órbita está más cerca de la estrella. Por contra, otras estrellas con
menos cantidad de hierro tienen planetas más alejados.
En general se ha observado que la mayoría de estos
planetas giran o muy alejados o muy cerca de la estrella
correspondiente, pero normalmente no más allá de las 20 UA de su
estrella (estadística de 2007) para los mayores en tamaño. Son de gran
volumen, mayores que Júpiter, y en muchos de ellos sus atmósferas
curiosamente, según datos dados a conocer a principios de 2007, no
muestras variabilidad térmica significativa cuando se esperaba que la
hubiera entre la cara expuesta al calor de la estrella y la opuesta, de
sombra. Parece que el motivo de la homogeneidad se puede explicar por
la existencia de vientos o corrientes atmosféricas rapidísimas (de
hasta 14.000 Km/h) que mezclan de continuo las masas de atmosféricas de
las dos caras.
Por otra parte, los primeros cientos de planetas
hallados fuera de nuestro Sistema no son propicios para la vida, bien
por ser gigantes gaseosos, bien por estar demasiado cerca de la
estrella la mayoría, o excesivamente lejos. Los que están en órbitas de
zona templada, como está nuestra Tierra, son gigantescos. No significa
que no existan planetas adecuados para la vida, pero se supone que al
ser de menor tamaño son de más difícil localización. Por otro lado,
podría haber también planetas con calor propio o interno que podrían
tener vida microscópica gracias a ello.
Los modelos de sistema solar en las estrellas se caracterizarán por
diversas combinaciones en la distribución planetaria, con cuerpos
sólidos o gaseosos gigantes en posiciones más o menos cercanas o
alejadas de la estrella, o en posiciones alternas. En cualquier caso
la principal característica parece ser la existencia generalizada de
sistemas con dos estrellas, por lo que los presuntos seres vivos, que
pudieran existir en alguno de los planetas sólidos, verían cómo
son iluminados por dos soles en un baile orbital peculiar donde parte
del tiempo tendrían... dos sombras. Las peculiaridades de estos
sistemas podrían dar lugar a una enormidad de posibilidades de todo
tipo en una naturaleza parecida a la nuestra (días sin noches,
mareas combinadas, ciclos diversos e irregulares en los seres vivos,
etc., etc.). Pero, en realidad, en todos estos planetas no se cree
que pueda existir vida de tipo alguno, bien por su tamaño y calidad
gaseosa, bien por su distancia inadecuada a la estrella, sin entrar
en más consideraciones.
Sin
embargo, el porcentaje de estrellas con planetas se estimaba en 2003
en solo un 5%, si bien en las estrellas con alto grado de elementos
pesados, como el hierro, la cifra se elevaba al 20%.
También en el entorno
de las supergigantes, según se puso de manifiesto gracias al ingenio
espacial Spitzer tras el estudio de las R126 y R66, dos estrellas
supergigantes en la Gran Nube de Magallanes, hay discos de polvo en
los que se pueden también formar planetas pese a las adversas
condiciones del medio que suponen estas estrellas de corta vida.
Un particular sistema de localización planetaria pero solo en estrellas enanas blancas se dijo haber perfilado a fines de 2003 por astrónomos de la Universidad de Texas, Austin. Según sus estudios, en el caso de las enanas blancas con masas entre 1 y 4 veces la solar la detección de un sistema parecido al nuestro resulta más fácil debido al ritmo muy regular del brillo pulsante de las mismas; las alteraciones den tal ritmo permitirían la identificación planetaria en su entorno en distancias entre las 2 y 20 UA. Una de las mayores dificultades de observación por este método es la tardanza de los planetas, sobre todo cuanto más alejados, en recorrer su órbita.
En la formación de planetas, las estrellas jóvenes, según estudios dados a conocer en 2004, tienen delimitado un período de tiempo de entre 1 y 3 millones de años. En cambio, a los 10 millones de años, las estrellas ya no muestran tal disco de protoplanetas; el mismo ha desaparecido ya. En tales sistemas formados también aparecen cometas, como se ha deducido de las catalogadas como HD 85905 y HR 10, que se localizan a 450 años-luz de nosotros. En 2004, tras un aporte de datos del ingenio espacial Spitzer, se creía no obstante que la norma para la existencia de discos protoplanetarios en relación a la edad estelar no era algo fijo tras hallar en estrellas jóvenes ausencia de tales formaciones y sin embargo observarlas en algunas estrellas viejas.
En
el nacimiento de sistemas planetarios, las desordenadas y convulsas
dinámicas de los discos protoplanetarios producen primero cuerpos
menores, más o menos grandes, y continuos choques de los mismos para
la final formación con su apelmazamiento de cada planeta.
En las formas de los discos de gas y polvo en torno
a una estrella en los sistemas solares nacientes se pueden encontrar y
deducir los planetas que se están formando según los anillos que vacían
esos discos en los distintos niveles o distancias. Los sistemas
planetarios nacientes han recibido el nombre de proplidos.
Por otra parte, hacia 2007, gracias a las observaciones de ingenio espacial de la NASA denominado Spitzer, los astrónomos estimaban estadísticamente que para la existencia de sistemas planetarios, la estrella tiene que estar al menos a 1,6 años-luz de otra caliente o muy caliente. De lo contrario, el viento solar, o la actividad, de esta última barre, calienta, evapora, o arrastra, la materia de polvo y gas e impide que luego se puedan formar los protoplanetas.
El primer planeta extrasolar fue un protoplaneta y se identificó en realidad ya en noviembre de 1981 por B. Smith y E. Terrile en la estrella Beta Pictoris (constelación del Pintor, en el hemisferio Sur), a 63,4 años-luz, observada en ocultación, pero entonces no se sabía de que se trataba; se pensaba que la estrella se ocultaba por un anillo de polvo, que también existe y tiene 321.000 millones de Km. El planeta resultaría 20 veces menor que Júpiter.
En julio de 1988 astrónomos americanos del observatorio Oak Ridge aseguraban haber captado un planeta (el primero extrasolar) en la estrella del tipo F9V, de una masa un 82% la solar, denominada HD114762, a 90 millones de años-luz de nosotros (130 millones dice otra fuente), y que su período era de 84,03 (u 83,896 según otra fuente) días tan solo; la excentricidad es de 0,34. Pero su tamaño de 3.000 veces la Tierra y 11,03 veces la masa de Júpiter, así como su elevada temperatura en su superficie más bien hacían pensar en una enana marrón.
A mediados de 1991 se anunciaba haber hallado un planeta a 30.000 años-luz de nosotros girando sobre un púlsar, el PSR-1829-10. Posteriormente los propios astrónomos descubridores dijeron que había sido un error de cálculo y desmintieron el hallazgo.
También en 1991, en torno a los restos de otra supernova, también se dijo haber hallado en febrero de 1990 un púlsar (PSR-B1257+12), situado a 1.600 años-luz de nosotros en Virgo, y en el que se identificaron luego lo que parecían ser 3 planetas, aparentando ser el primer sistema solar hallado fuera del nuestro. El púlsar gira sobre sí a 162 vueltas por segundo. Pero se dudó del hallazgo puesto que un púlsar habría nacido de la supernova cuya explosión se supone que habría barrido tales planetas. Igualmente se pensó en que quizá los planetas se formaron como condensación del gas y la materia posteriores nacidos con la gran explosión de la supernova. Aun así, en tal caso, sería muy extraño que tal gas y materia estuvieran tan cerca de la moribunda estrella puesto que la explosión se supone que los suele alejar y dispersar bastante.
Es aceptado que la astronomía de los planetas extrasolares parte con descubrimientos en 1995 en que se identificaron los 3 primeros planetas de tal tipo sin dudas mayores. Fueron los localizados en 51 Pegaso b, 70 Virgo b y 47 Osa Mayor b, de los que se hace referencia luego junto a otros.
En 1996 el número de planetas extrasolares descubiertos era ya de 7. A últimos de 1999 se llevaban descubiertos 28 planetas fuera de nuestro Sistema Solar. En general, resultaban todos del tamaño de Júpiter y están entre 65 y 192 años-luz de la Tierra.
Por entonces también se había identificado (satélite Hubble) lo que se denominó un planeta fallido, restos constituidos por una banda de polvo, a unos 150 años-luz de nosotros en una estrella del sistema binario HD 98800B, de tan solo 5.000.000 de años de antigüedad. Tal par de estrellas son enanas tipo K y la banda de polvo señalada está a 4,5 UA de una de ellas.
El 8 de mayo de 2000 astrónomos del Observatorio de Ginebra comunicaban el hallazgo de 6 nuevos planetas en sistemas solares similares al nuestro; otros dos posibles también admitían poder ser enanas marrones. Los planetas son de tamaños entre el de Saturno y 15 veces el de Júpiter. Uno de ellos está a 140 años-luz de la Tierra y su masa es un 80 % la de Saturno. Otro está a 141 años-luz, es de una masa un 35 % la de Júpiter y rota a una distancia de su estrella de solo 5,7 millones de Km. El total de planetas extrasolares asciende por entonces a 40. A finales de 2000 eran ya medio centenar.
En 2001 el total de planetas extrasolares era ya de 80. El 17 de septiembre de 2002 se anunciaba el hallazgo del 100 planeta de este tipo. Lo hacía la Universidad de John Moores de Liverpool gracias a datos del telescopio anglo-americano. Al final de tal 2002 se llevaban contabilizados 101 planetas en 87 sistemas extrasolares. A principios de 2003 la cifra era de 105 planetas, a finales de agosto de 2004 de 133, a principios de 2006 de más de 160 y en octubre del mismo año los 200. En tal tiempo, el astrónomo más destacado entre los descubridores de los exoplanetas es el americano Paul Butler.
Construido a partir de mayo de 2003, el 16 de marzo de 2004 se inauguraba el telescopio terrestre SuperWASP de 8 cámaras en San Roque de los Muchachos, en la Palma (Canarias), dispuesto con gran capacidad ex profeso para la detección de planetas extrasolares por varias universidades británicas y el IAC.
En 2005 se lanzó la teoría de que los planetas extrasolares de tipo de masa media (menores que Neptuno y mayores que la Tierra) son más abundantes en el entorno de las estrellas enanas rojas. Se cree entonces que las envolturas gaseosas de los planetas señalados son arrancadas por la abundante radiación UV de este tipo de estrella.
Un estudio dado a conocer en 2006 y realizado con ayuda del Hubble indica que en la Vía Láctea podría haber 6.000 millones de planetas del tipo joviano, y un número impreciso (posiblemente más) de menor tamaño.
En 2007 se daba a conocer un primer catálogo de modelos de planeta extrasolares en la Vía Láctea sobre la base de los ya conocidos hasta entonces y otros calculados. En total, se fijaron 14 tipos distintos según su masa, diámetro y composición. En un primer grupo se incluyeron los de masa igual a la de la Tierra, con diversos volúmenes, y hasta 5 masas terrestres. A partir de estas 5 masas se establece un segundo grupo cuya composición comprende los de predominio del hierro, silicatos, carbono, agua, monóxido de carbono e hidrógeno.
En 2008, de los 300 primeros exoplanetas, solo un 10%, o sea unos 30, estarían en una órbita distante de su estrella que podrían ser una distancia razonable para la vida, pero se trata en todo caso de planetas gigantes gaseosos tipo joviano incapaces de tener vida, aunque sí tal vez sus posibles satélites... También por entonces se estimó que exoplanetas gigantes pero rocosos como la Tierra podrían tener vida en océanos si su órbita no está muy alejada de su estrella, ni tampoco excesivamente cerca.
Además, a partir de 2008 se perfecciona la detección de atmósferas en los exoplanetas y con ello se perfilan mejor los planetas candidatos a albergar vida.
En 2009 se informaba que los sistemas en los que se ponía de relieve un menor índice del elemento litio, con estrellas similares a nuestro Sol, tienen en promedio una decena de posibilidades más de tener planetas. Por entonces la estimación es que de todas las estrellas similares al Sol, solo un 1% de las mismas posee planetas.
En 2010, a la vez que
se hallaba el planeta más parecido a nuestra Tierra por tamaño
(doble o triple), trascendían las posibilidades a corto plazo de
detectar en los planetas extrasolares erupciones volcánicas muy
grandes, de más de 10 veces la del Pinatubo de 1991, o como la de
Tambora en 1815. Tal expectativa se basa en el ingenio espacial James
Webb, sucesor del Hubble. Tal investigación se basaría en la
detección del dióxido de azufre en la atmósfera del planeta en una
cantidad importante.
También en 2010, tras
haberse demostrado las posibilidades de obtención de fotografías de
muchos de los planetas extrasolares, astrónomos de la Universidad de
Arizona en el Observatorio Steward, perfeccionaron un sistema óptico
por el cual es posible captar a planetas cercanos a su estrella, pese a
la intensidad de la luz de la misma. El nuevo dispositivo tiene la
virtud de anular la luz estelar de modo selectivo, dejando así ver su
entorno más inmediato.
A finales de 2011 se llevan
descubiertos más de 700 planetas extrasolares, muchos de ellos por la
sonda espacial Kepler. La mayoría de ellos son gigantes gaseosos y muy
pocos (en torno a un 6%) están en una órbita considerada habitable y
son a la vez de un tamaño relativamente aceptable. Por entonces se ha
establecido una clasificación de todos ellos basándose en tal par de
premisas: situación orbital y tamaño. De tal modo se trata de señalar
los más aptos potencialmente para la vida por similitud con la Tierra.
Por situación orbital se les ha clasificado en tres zonas: caliente,
templada y fría. Y por tamaño comparativo en planetas del tipo:
mercurial, subterrestre, terrestre, superterrestre, neptunianos y
jovianos, siendo los dos últimos de tipo gaseoso y los otros cuatro de
superficie de tipo terrestre. Ello convierte en habitables en potencia
solo a los de órbita templada y de tipo terrestre en cuanto a tamaño.
En enero de 2012, astrónomos
franceses (Instituto de Astrofísica de París) concluyen tras un estudio
estadístico al respecto durante 6 años (programas PLANET y OGLE) que la
existencia de planetas en las estrellas es habitual y no una excepción.
Se calculó que cada 6 estrellas 1 tiene al menos un planeta como
Júpiter, 3 uno al menos como Neptuno, y 4 al menos una supertierra.
En febrero de 2012 trasciende un método de examen
de los exoplanetas que se basa en captar la luz polarizada que su sol
refleja en los mismos; hay que recordar que la luz de la estrella se
sobrepone sobre la tenue reflejada en el planeta. Sin embargo, de este
modo sería posible descubrir la posible vida en el planeta. Se trata
pues de captar la polaridad de su luz para distinguirla de la mucho más
potente luz de la estrella y analizar su espectro en busca de
compuestos que se asimilan a la vida, como determinados gases y
elementos, los llamados biomarcadores; tal técnica ha sido denominada
espectropolarimetría.
Semanas más tarde se da a conocer un
estudio del ESO europeo (espectrógrafo HARPS) sobre planetas en enanas
rojas de nuestra galaxia. Del mismo se saca la estimación de la
existencia de miles de millones de planetas rocosos de hasta 10 veces
el tamaño de la Tierra en zonas habitables de las estrellas citadas;
tal tipo de estrellas es el más abundante de la Vía Láctea. Tal
valoración apunta a que estadísticamente, hasta una distancia de 30
años-luz de nosotros, puede haber un ciento de tales planetas
relativamente cercanos. En las citadas enanas rojas, mientras que
parecen tener planeta rocosos cerca del 40% de las mismas, en cambio
planetas gigantes aparecen menos del 12%.
A principios de 2013 trascienden los cálculos de la
NASA sobre el número de planetas en nuestra galaxia similares en tamaño
a la Tierra y la estimación da la cifra de nada menos que 17.000
millones; sobre datos de la sonda Kepler, se dice que podría
haber un planeta similar al nuestro en una de cada 6 estrellas.
Naturalmente, eso no significa que todos tengan vida.
Un estudio dado a conocer casi al mismo tiempo por
astrónomos del CALTECH de Pasadena cita la cifra 100.000 millones de
planetas en la Vía Láctea, con un promedio pues de un planeta por
estrella.
Al mismo tiempo, el número actualizado de posibles
exoplanetas descubiertos hasta entonces asciende a 2.740, de ellos 461
por el ingenio espacial Kepler. Un estudio sobre los datos de tal
ingenio espacial estima que hay un promedio de un planeta parecido a la
Tierra en 1 de cada 6 estrellas (un 17%) en órbitas muy cercanas a la
estrella (como Mercurio, o menos).
Con datos del ingenio espacial Kepler, en febrero de
2013 se apunta que las estrellas enanas rojas podrían tener
estadísticamente en la zona habitable de su entorno planetas parecidos
a la Tierra, de menos del doble del tamaño, en un porcentaje de un 6%
de ellas. Tal tipo de estrella tienen sin embargo un inconveniente para
sostener la habitabilidad de su entorno: el que son inestables y emiten
radiación y llamaradas de vez en cuando que alcanzan catastróficamente
a los planetas cercanos. Por otra parte, a la vez, se cree que muchos
de los planetas cercanos a estas o cualesquiera estrellas ofrecen la
misma cara a las mismas, como la Luna a la Tierra, lo que hará que la
habitabilidad planetaria se vez muy reducida; solo los límites
día-noche y noche-día tendrán una temperatura ni muy caliente ni muy
fría, pero estarán barridos por fuertes corrientes de los gases
atmosféricos (y eso cuando los tengan y no hayan sido eliminados por el
viento estelar) en virtud de las corrientes que se establecerán con tal
diferencia térmica.
Un estudio dado a conocer en otoño de 2013 sobre los datos aportados
por el ingenio espacial Kepler y el observatorio terrestre Keck de
Hawai apunta estadísticamente que un 22% de las estrellas similares al
Sol de la Vía Láctea tienen un planeta en la zona habitable de su
estrella, con temperaturas parecidas a las terrestres, recibiendo hasta
un máximo de cuatro veces la radiación de su sol respecto a la Tierra,
y una masa de hasta el doble de nuestro planeta. Ello no significa
implícitamente que tengan vida, pero si altas probabilidades. La
evaluación eleva a 11.000 millones el número de soles en tal
circunstancial.
En febrero de 2014 se anuncia que el ingenio espacial Kepler había
detectado 715 nuevos planetas extrasolares en 305 estrellas, de los que
solo un 5% son mayores que Neptuno y del resto hay 4 que son menos de
2,5 veces el tamaño de nuestro planeta y están en la zona habitable.
Por entonces el total de exoplanetas asciende a cerca de 1.700.
El 11 de mayo de 2016 se da a conocer que, gracias
al ingenio espacial Kepler, se había comprobado la existencia de 1.284
nuevos exoplanetas, con lo que casi viene a duplicar el catálogo de los
mismos, que para entonces asciende a cerca de 5.000. De tal total,
2.325 fueron hallados por el referido ingenio Kepler desde 2009. De
esos más de mil planetas entonces encontrados, solo 9 aparentemente
podrían reunir condiciones para tener vida por su tamaño y distancia a
su estrella. El total de este tipo planetario, en principio
potencialmente habitable, suma en tal momento 21, solo un 0,4% de total
de los exoplanetas descubiertos.
Del total de exoplanetas, por entonces, ¾ partes son
del tipo de Júpiter, siendo la mitad del resto menores como Neptuno y
la otra mitad notablemente mayores que la Tierra. Solo un 1% se
aproxima al tamaño de nuestro planeta. De otro modo, en la Vía Láctea
predominan pues dos tipos de planetas, unos gaseosos en torno a 2 o 3
veces más grandes que la Tierra y otros rocosos hasta 1,75 veces el
tamaño de nuestro planeta.
Los resultados de una simulación informática
(Universidad de Berna) dados a conocer en otoño de 2016 parece que
apuntan a que los exoplanetas parecidos a la Tierra, en tamaño y
órbita, e inherentemente con agua en igual abundancia o mayor, son
habituales en las estrellas que más abundan. Ello indica que las
posibilidades de hallar planetas con vida se incrementarían
estadísticamente en apariencia de forma significativa.
En febrero de 2017 el censo se cifra en 2.577
sistemas solares con un total de 3.453 planetas. De estos últimos, 781
son supertierras y 352 los más parecidos al nuestro; el resto son
principalmente gigantes o gaseosos.
Los llamados supertierras son planetas de superficie
sólida varias veces mayores que nuestra Tierra. El origen de algunos
podría ser el del tipo neptuniano luego desprovisto de su atmósfera o
limpio de su envuelta de gas. Esta última puede ser barrida por algún
fenómeno propio de la estrella en la que orbita, e incluso por la
acción de otras cercanas (a menos de 70 años-luz), como se piensa que
puede hacer un agujero negro supermasivo con sus estallidos de energía.
Hasta 2017 todos los planetas descubiertos se
encuentran dentro de nuestra galaxia. Pero a principios de 2018 se da a
conocer el primer hallazgo fuera de la Vía Láctea. Se trata de planetas
hallados por astrónomos de la Universidad de Oklahoma con ayuda del
ingenio espacial Chandra a 3.800 millones de años-luz. Tal
descubrimiento fue posible con ayuda de una lente gravitatoria (RXJ 1131-1231).
A
principios de agosto de 2018 se confirma la existencia de 44 nuevos
exoplanetas, cifra significativamente alta para una sola investigación
en la que, además de telescopios terrestres, intervienen datos de los
ingenios espaciales Kepler (NASA) y Gaia (ESA). De tal total, en tamaño
uno resulta parecido a Venus y 16 a la Tierra.
En una reunión de septiembre de 2018, los astrónomos
toman la decisión de clasificar a los mismos en 4 grupos o subgrupos
tomando a su radio o diámetro como punto de referencia para ello. Por
entonces, el total reconocido de exoplanetas asciende a 4.268. El
primer tipo es el de los más pequeños comprende los exoplanetas de
hasta 2 radios terrestres, con otro subgrupo de hasta 4 radios
terrestres, ambos con poco gas atmosférico. El tipo siguiente son los
exoplanetas de entre 4 y 10 radios de la Tierra, que proponen llamar
"exoplanetas de transición" (entre los pequeños y los gigantes). El
tercer tipo propuesto son los gigantes gaseosos o jovianos, con más de
10 radios terrestres, y notable atmósfera de hidrógeno y helio.
Dentro del primer grupo se establece en 1,4 veces el
radio de la Tierra para demarcar el tamaño de planetas “gemelos”
terrestres que puedan tener una composición similar y suponen que por
encima hay una mayor proporción de silicatos. Por encima de 1,6 radios
se cree que abunda el H, el He, o agua, pero los que superen los 2,6
radios se cree que ya no tendrá agua.
El 19 de julio del 2021 el número de exoplanetas
confirmados asciende a 4.786. El 21 de marzo de 2022 supera la cifra de
los 5.000.
Hay
que advertir que para algunos astrónomos algunos de los siguientes
objetos no son planetas, sino estrellas muy pequeñas del tipo de las
enanas marrones. La mayoría de los detectados en esta primera época
son realmente cuerpos gigantes gaseosos, algunos de los cuales rayan
el límite de las estrellas no encendidas y su clasificación puede
ser, en efecto, discutible. La designación del planeta es el mismo
de la estrella con una B, C, etc., añadidas, en orden correlativo
que considera como objeto A a la propia estrella.
51
PEGASO b.
Descubierto en 1995, anunciando el hecho el 6 de octubre de tal año. Se
halla a 50,9 años-luz, en la constelación de Pegaso, en un sistema de
una estrella tipo G2IV (51 Pegaso, Pegasi o Peg 51), de una masa
similar al Sol (1,06 veces), aunque de 1,2 veces su radio y de 8.000
millones de años de antigüedad. Su descubrimiento fue anunciado en
septiembre por el astrónomo suizo Michel Mayor y su compañero Didier
Queloz, y era el primer planeta sabido fuera del Sistema Solar. De un
tamaño al menos la mitad de Júpiter (con una masa entre el 46 y el
60%), por las variaciones de la gravedad de la estrella 51 Pegaso se
calculó que el planeta giraba en una órbita de solo 4,23 días a menos de
8.000.000 Km de la estrella, una distancia 20 veces menor que la Tierra
del Sol. En su superficie se calcula una temperatura de 982ºC, dada la
cercanía a la estrella. Además rota una vuelta sobre sí cada 37 días.
Su posible atmósfera se ha especulado que podría ser de CO y vapor de
agua. En 1997 trascendió que otros astrónomos creían que las
oscilaciones de la estrella por las cuales se había identificado al
planeta podrían ser procedentes de la atmósfera de la misma y no por
efecto perturbador de gravedad de ningún planeta; pero por otra parte
la citada oscilación estelar no pertenecía a ningún modelo astrofísico
conocido... Otra opinión fue que se trataba de una pequeña estrella y
no de un planeta. La IAU lo bautizó provisionalmente como Belerofonte y finalmente como Dimidium o Dimidio, mientras que la estrella pasa a llamarse Helvetios o Helvetia. En 2015, con el mismo, se realiza el primer estudio espectrométrico en
la banda visible de un planeta (HARPS del ESO en Chile).
70
VIRGO b.
Descubierto en 1995. Se encuentra a 59 millones de años luz, en la
constelación de Virgo en una estrella del tipo G4V de una masa 1,1
veces la solar. El planeta tiene una masa de 7,42 veces (6,6 y 7,46
según otras fuentes) la de Júpiter. Gira sobre la estrella 70 Virgo
(o Virginis) en órbita de 116,686 días de período. Su temperatura
en la superficie se calcula en 85ºC. Dado el tamaño no es de
esperar que sea de superficie sólida y su gravedad ha de ser muy
elevada. Se dijo también que podría ser una enana marrón.
47
OSA MAYOR b.
Descubierto en 1995 y escrito también 47 Ursae Majoris. La estrella,
del tipo G0V, tiene 1,03 masas solares. Localizada a 46 años-luz de
nosotros (a 51 años-luz según otra fuente) en la constelación de
la Osa Mayor, el planeta se cree que su masa es superior en 2,35
veces (2,41, 2,54 y 2,63 según otras fuentes) a la de Júpiter y
está a unos 300 millones de Km de la estrella sobre la que gira en
órbita casi circular con un período de 1.093 días (1.089 según
otra fuente) y una excentricidad de 0,03. Su temperatura en la
superficie se calculó en 80ºC.
Posteriormente,
en 2001, se halló en el mismo sistema, cuya estrella es similar a
nuestro Sol, un segundo planeta gaseoso, también parecido a Júpiter
en tamaño (un 76%) que gira en una órbita casi circular a una
distancia menor que la de nuestro planeta gigante respecto a nuestra
estrella, no lejos de la del otro planeta, pero por encima del mismo,
con un período de 2.594 días.
En
55
Cancri,
a 41 años-luz de la Tierra en la constelación de Cáncer, hay
varios planetas, uno de masa 4 veces la joviana. Tal estrella, del
tipo G8V, es de una antigüedad parecida a la del Sol, unos 5.000
millones de años, y su masa 0,85 la solar (1,03 según otra fuente);
está envuelta en un disco o anillo de polvo. El 55
Cancri b
tiene una masa de 0,84 la de Júpiter y gira a solo 0,115 UA de la
estrella con un período de solo 14,653 días; es muy caliente. El 55
Cancri c,
descubierto en 1998, tiene una masa de 0,21 veces la joviana y fue el
segundo planeta hallado en una misma estrella; el mismo gira a solo
0,241 UA de la estrella y con un período de 44,275 días. El 55
Cancri d
fue descubierto en 2002 y su masa resultó ser de 3,835 veces la
joviana, siendo el tercer planeta hallado en la misma estrella; el
mismo gira
a 5,9 UA de distancia y tiene un período de 5.360 días.
Además, en base a simulaciones informáticas hechas en la
Universidad de Washington, se cree en 2006 que la estrella 55 Cancri
tiene muchas posibilidades de poseer gran cantidad de agua en los
objetos (si es que los tiene) que puedan orbitar en la franja o zona
llamada “habitable” (según la distancia a la estrella). En 2007 se
informó de la existencia de un quinto planeta en este sistema, el "e",
el
primero conocido con tal cantidad de agua aparte del Sistema Solar
(luego se
dirá que no lo tenía), si bien se
había ya detectado en 2004; es un gigante de 8,26 veces la masa
de la Tierra y orbita también cerca de la estrella, a 0,0183 UA en
apoastro y 0,0129 UA en periastro, con período de 17,6769 h, teniendo
una temperatura en su superficie de 1.760ºC (o 2.148ºC, según datos de
2012; o 2.700ºC, en 2016). Este planeta consiguió ser fotografiado por
el telescopio
sideral Spitzer en el IR. De un tamaño doble al de la Tierra, primero
se lo creyó gaseoso y en 2012 se dice que tiene una superficie de
carbono (grafito y diamante), hierro, carburo de silicio y quizá
silicatos. Con ayuda del telescopio espacial Hubble, en febrero de 2016
se anuncia que la atmósfera del 55 Cancri “e” tenía H y He, así como
indicios del venenoso cianuro de hidrógeno, pero no vapor de agua,
siendo ésta la primera investigación espectrométrica efectiva de la
atmósfera de un exoplaneta. El estudio térmico de este último planeta
también apunta a que su superficie está llena de lava. El “e” también
ha sido llamado Janssen (dedicado a Zacharias Janssen).
El
16
Cygni B,
descubierto en 1996 (el octavo), el planeta tiene una masa de 1,68 la
de Júpiter y su órbita es sorprendentemente parecida a la de
nuestro planeta en distancia media, pero muy excéntrica, de 1,66 UA
de distancia media, y por ello con un período de 802,8 días
(también 804, 798,45 y 796,7 según otras fuentes); tal órbita hará
que el planeta tenga fuertes cambios en sus estaciones. También su
estrella, situada a 85 años-luz de nosotros, es similar al Sol de
masa (1,015 veces), tipo G5V.
En
la estrella enana roja, tipo M2V, Lalande
21185,
a 8,15 años-luz, en la Osa Mayor, se halló el sexto planeta
extrasolar en mayo de 1996 por parte del americano George Gatewood de
la Universidad de Pittsburg. Es similar a Júpiter (1,1 veces su
masa), tiene un período de entre 30 y 35 años y gira a 11 UA de la
estrella. También se hallaría otro planeta en torno a la misma
estrella, girando a 2,2 UA con un período de 5,8 años y una masa
estimada en 0,9 veces la de Júpiter.
En
1998 se halló el objeto TMR-1C,
en la constelación de Tauro, a 450 años-luz de nosotros, un planeta
de 2,5 veces la masa de Júpiter que girará a unas 150 UA de una
estrella en un sistema binario. Fue fotografiado por el HST el 4 de
agosto de 1997 y entonces se dijo que era el primero extrasolar del
que se lograría una imagen. Pero se advirtió que también podría
tratarse de una enana marrón y a mediados de 1999 se dudaba
firmemente que fuera un planeta.
También
en el mismo 1998 se halló otro planeta en 14
Hércules,
o 14 Herculis, en la constelación de igual nombre, a 67 años-luz de
la Tierra. Su masa es estimó en 4,9 veces la de Júpiter y gira en
una órbita de 1730,46 días de período. Su temperatura que está al
rededor de solo los 3ºC bajo cero y su órbita es muy elíptica. El
sistema tiene también al menos otro planeta que gira en órbita
inclinada con 40º aproximadamente respecto al plano de la del otro
planeta.
En HD 187123, estrella tipo G5 de masa 1,06 la solar situada a 154 años-luz de nosotros, en la Constelación del Cisne, hay un planeta de una masa de 0,52 la de Júpiter girando a solo 0,04 UA con un período de 3,097 días. Fue hallado en 1998 desde el telescopio Keck.
En HD 210277 se halló en 1998, desde el telescopio Keck, un planeta girando a una distancia de 1,15 UA, con un período de 437 días (434,186 según otra fuente), y su masa es parecida a la de Júpiter (1,26 veces, o 1,3 según otra fuente). Tal sistema está a 68 años-luz de nosotros, en la Constelación de Acuario. La estrella, del tipo G0, tiene una masa de un 99% la solar.
E
igualmente en 1998 se encontró en la enana roja tipo M4V Gliese
876,
de 1/3 de masa solar, a solo 15 años-luz de nosotros, en Acuario, un
planeta de 2,18 veces (1,89 según otra fuente) la masa de Júpiter
que gira en una órbita de 60,9 días (61,02 según otra fuente) de
período, a una distancia de la estrella de casi ½ UA (0,43 UA). La
temperatura en su superficie es de unos 75ºC. Es entonces el más
cercano a nosotros que se encuentra fuera del Sistema Solar.
Aparecería en el mismo sistema luego otro planeta más, el Gliese
876c, de una masa de 0,56 veces la joviana y un período de 30,12
días.
En
junio de 2005 se hizo también público el descubrimiento de otro
planeta extrasolar en la misma Gliese 876, pero con la particularidad
de que el mismo es de una masa solo 7,5 veces la de nuestra Tierra
(aunque de un volumen solo el doble), y muy caliente, de más de
205ºC. Gira muy cerca de la estrella, a solo 3.200.000 Km de la
misma, teniendo un período de 1,9 días. Su órbita descarta pues la
existencia de vida en el tal planeta, que resulta en tal momento el
más parecido al nuestro de todos los hallados hasta entonces. Este
sistema solar está a 15 años-luz de nosotros.
En
Gliese
777A,
del tipo G6IV y de una masa un 90% la solar, situada a 15,9 pársecs
de nosotros, hay igualmente un planeta de 1,15 veces la masa de
Júpiter que está en una órbita equivalente a 10 UA, con un período
de 2.613 días.
En las estrellas HD 12661, HD 92788 y Ypsilon de la constelación de Andrómeda también se cree que tienen respectivamente más de un planeta. En el último caso hay 3 descubiertos a partir de 1996, respectivamente de una masa de 0,73, 1,9 y 4,4 veces la de Júpiter (o según otra fuente de 0,69, 1,89 y 3,75), y a distancias orbitales de 0,25, 0,9 y 2,75 UA con respectivos periodos de 4,6171, 241,5 y 1.284 días; están a 44 años-luz de nosotros. Tal estrella es del tipo F8V, es de una masa de 1,3 veces la solar y está a 13,47 pársecs de nosotros. Estudiado con el telescopio espacial Spitzer el primero de estos 3 planetas, parece ser que el mismo tiene su día igual a su año y por tanto una cara siempre está expuesta a su sol, estando quemado por temperaturas muy altas en tanto que la zona oscura está helada; hay diferencias térmicas entre ambas caras de 1.400ºC y se deduce que tiene una atmósfera influenciada por la correspondiente dinámica térmica.
En
cuanto a la HD
12661,
tiene dos planetas de masas 2,3 y 1,56 veces la joviana, y
respectivamente con período orbital de 263,6 y 1.444,5 días
terrestres, siendo la distancia orbital de 0,82 UA y 2,56 UA; tal
estrella es de una masa 1,07 veces la solar, está a 37,16 pársecs y
es del tipo G6V.
HD 38529. Estrella tipo G4IV, de 1,39 masas solares, situada a 42,4 pársecs de nosotros, que tiene dos planetas, uno de masa 0,78 veces (0,76 según otra fuente) la joviana y de 14,31 días de período, y otro de masa 12,7 veces (11,3 según otra fuente) y 2174,3 días de período (2189,53 o 2.207,4 según otras fuentes). Según simulaciones informáticas (Universidad de Washington) se apunta en 2006 que esta estrella tiene grandes posibilidades de tener más planetas menores, del tamaño de Marte como mucho, y un cinturón de asteroides.
En HD 82943, localizada en la Constelación de Hidra a 90 años-luz de nosotros, se cree que sobre la misma se precipitó un gran planeta, según estudios basados en la emisión del isótopo litio 6, que no hay normalmente en tal tipo de estrella y sí en planetas gigantes. El planeta sería de una masa 2,2 veces la de Júpiter y el choque sería producto de una trayectoria de impacto, desconociéndose su origen. La estrella, del tipo G0, que es muy parecida al Sol (solo tiene un 5% más de masa, unos 1.500 millones de años más y brillo idéntico) posee también otros dos planetas gigantes gaseosos, uno de una masa 0,88 veces la joviana girando cerca de la misma en una órbita de un período de 221,6 días, y otro de 1,63 masas jovianas y un período de 444,6 días en su órbita.
HD 52265. Estrella de la constelación de Monoceros, tipo G0, cuya masa es de 1,13 veces la solar. Se cree que tiene un planeta de una masa igual a la joviana y un período de 118,967 días.
HD 8574. Estrella tipo F8 situada a 44,15 pársecs. Tiene un planeta de una masa de 2,23 veces la de Júpiter y gira en una órbita de 228,8 días de período.
HD 89744. Estrella tipo F7V, de una masa un 40% superior a la solar, que tiene un planeta de una masa equivalente a 7,74 veces la joviana y gira en una órbita de 256,734 días de período. El sistema se encuentra a 38,99 pársecs de nosotros.
HD 150706. Estrella tipo G0, situada a 27,2 pársecs de nosotros, que cuenta con un planeta de una masa igual a la de Júpiter y gira en una órbita de 264,9 días.
HD 20367. Estrella situada a unos 27 pársecs de nosotros, que es del tipo G0. Posee un planeta de una masa 1,07 la de Júpiter y gira en una órbita de unos 500 días.
HD 114783. Estrella situada a unos 20,44 pársecs de nosotros, que es del tipo K0 (K2V según otra fuente); tiene una masa 0,92 veces la del Sol. Posee un planeta de una masa 0,9 (o 1,01 según otra fuente) la de Júpiter y gira en una órbita de 502,143 días.
HD 75458. Estrella del tipo K2III, de una masa 1,05 la solar, situada a 31,5 pársecs de nosotros, que tiene un planeta de una masa 8,64 la de Júpiter y gira en una órbita de 550,651 días.
HD 147513. Estrella que tiene un planeta de una masa igual a la de Júpiter y gira en una órbita de 540,4 días. La estrella está a 12,9 pársecs de nosotros, tiene una masa de un 92% la solar y es del tipo G5V.
HD 190228. Estrella que cuenta con un planeta de una masa 4,99 la de Júpiter y gira en una órbita de 1.127 días. Tal estrella es del tipo G5IV, tiene una masa de 1,3 veces la solar y está a 66,11 pársecs de nosotros.
HD 19994. Estrella del tipo F8V, de una masa 1,35 la solar, situada a 22,38 pársecs de nosotros, que tiene un planeta de una masa 2 veces la de Júpiter y gira en una órbita de 454 días.
HD 114729. Estrella tipo G0V, de una masa de un 93% la solar, situada a unos 35 pársecs de nosotros, que posee un planeta de una masa 0,86 la de Júpiter y gira en una órbita de 1.134,509 días.
HD 2039. Estrella situada a unos 89,8 pársecs de nosotros, que es del tipo G3; tiene una masa prácticamente igual a la del Sol (un 98%). Posee un planeta de una masa 5,1 (u 4,84 según otra fuente) la de Júpiter y gira en una órbita de 1.190 días (o 1.183,878 según otra fuente).
HD 136118. Estrella que está a 52,3 pársecs de nosotros, es del tipo espectral F9V y tiene una masa de 1,24 veces la solar. Cuenta con un planeta de una masa 11,9 (12,1 según otra fuente) la de Júpiter y gira en una órbita de 1.209,6 días (1.200,498 según otra fuente).
HD 216435. Estrella situada a unos 33,3 pársecs de nosotros, que es del tipo G0V; tiene una masa un 25% mayor que la del Sol. Posee un planeta de una masa 1,23 la de Júpiter y gira en una órbita de 1.326 días.
HD 216437. Estrella del tipo G2, de una masa 1,07 la solar, situada a 26,5 pársecs de nosotros, que tiene un planeta de una masa 2,09 la de Júpiter y gira en una órbita de 1.294 días.
HD 50554. Estrella situada a unos 31,03 pársecs de nosotros, que es del tipo F8; tiene una masa 1,65 veces la del Sol. Posee un planeta de una masa 4,9 (3,92 según otra fuente) la de Júpiter y gira en una órbita de 1.249 días.
HD 106252. Estrella situada a unos 33,44 pársecs de nosotros, que es del tipo G0V; tiene una masa 1,05 veces (según otra fuente 0,96 veces) la del Sol. Posee un planeta de una masa 6,81 la de Júpiter y gira en una órbita de 1.504,47 días.
HD 30177. Estrella situada a unos 54,7 pársecs de nosotros, que es del tipo G8V; tiene una masa 0,95 veces la del Sol. Posee un planeta de una masa 7,69 (7,95 según otra fuente) la de Júpiter y gira en una órbita de 1.619,867 días de período.
HD 196050. Estrella que tiene un planeta de una masa 3 veces (2,81 según otra fuente) la de Júpiter y gira en una órbita de 1.289 días (1.300 según otra fuente) de período. La estrella, que es del tipo G3V, está a 46,9 pársecs de nosotros y es de una masa 1,1 veces la solar.
HD 39091. Estrella situada a unos 20,55 pársecs de nosotros, que es del tipo G1IV; tiene una masa 1,1 veces la del Sol. Posee un planeta de una masa 10,36 la de Júpiter y gira en una órbita de 2083 días (2115,2 o 2068,24 según otras fuentes) de período.
HD 72659. Estrella que cuenta con un planeta de una masa 2,54 la de Júpiter y gira en una órbita de 2.182,931 días. La estrella se halla a 51,4 pársecs, es del tipo GG0V y su masa equivale a un 95% la solar.
HD 33636. Estrella situada a 28,7 pársecs de nosotros, del tipo G0V y una masa de un 99% la solar, que tiene un planeta de una masa 7,71 (7,82 según otra fuente) la de Júpiter y gira en una órbita de 1.620,54 días (1.553 días según otra fuente).
HD 23596. Estrella situada a unos 52 pársecs de nosotros, que es del tipo F8. Tiene un planeta de una masa 7,19 la de Júpiter y gira en una órbita de 1.558 días.
HD 169830. Estrella de la constelación de Sagitario, que es del tipo F8V, y tiene una masa de 1,4 veces la solar; está a 36,32 pársecs. Posee un planeta de 2,96 masas jovianas y un período orbital de 230,4 días. El telescopio espacial Spitzer descubrió en tal sistema un cinturón de asteroides, más denso de objetos y en una órbita algo más cercana a la estrella que el nuestro.
En HD 141569, a 320 años-luz en Libra, hay un sistema estelar triple de solo unos 5.000.000 años de antigüedad. La estrella principal tiene dos discos de polvo a 3.000 millones de Km y un hueco en medio de 4.800 millones de Km. En tales discos de polvo se supone que hay o puede haber planetas en formación.
En HD 28185, a 128 años-luz, se localizó un planeta gaseoso de una masa 5,65 veces la de Júpiter. Gira en una órbita a 150,6 millones de Km de la estrella (como la de la Tierra) con un período de 385 días. La estrella es del tipo G5 y tiene una masa 0,99 veces la del Sol.
En HD 3346 también hay un planeta que gira en una órbita similar a la terrestre, de una UA.
En HD 29139, Aldebarán, o Alfa de Taurus, estrella del tipo K5III, hay un planeta de 11 veces la masa joviana que gira en una órbita de un período de 653,8 días.
En HD 219542B, sistema situado a 580 años-luz de nosotros, hay un planeta de una masa similar a la de nuestro planeta Saturno, o bien un 25 % de la de Júpiter. Gira en una órbita de ½ UA tan solo con un período de 111 días. La estrella es del tipo G7 y tiene una masa de 1,06 veces la solar.
En HD 222404, la estrella gamma de Cefeo, que es del tipo K2V y está a 11,8 pársec, hay un planeta de una masa 1,76 veces la joviana que gira con un período de unos 903 días.
En HD 10697, estrella tipo G5 de una masa 1,1 veces la solar, situada a 106 años-luz de nosotros en la constelación de Piscis, el planeta que tiene gira a casi 2 UA con un período orbital de 1.083 días (1.067,746 según otra fuente) y su masa es de unas 6,05 veces la de Júpiter.
En HD 13445, también llamada Gliese 86, estrella de una masa de un 79% la solar, del tipo K1V, que está a 11 pársec, hay un planeta de una masa 3,6 veces (4,02 según otra fuente) la de Júpiter que gira cerca de tal astro con solo 15,765 días de período.
En el sistema binario HR 4796, localizado a 220.000.000 años-luz de nosotros, en la Constelación de Centauro, una de cuyas estrellas es 20 veces más luminosa que la nuestra, se está formando un sistema planetario 3 veces superior en diámetro al nuestro; la estrella principal HR 4796A tiene unos 8.000.000 de años de antigüedad, el doble de masa que el Sol e igualmente el doble de caliente. Se aprecia (1991) en el sistema un disco de materia concentrada con espacio libre que se supone debido a la gravedad de uno o más planetas. En tal disco se detectaron más tarde espectralmente moléculas orgánicas.
En HD 49674, situada en Auriga a 40,7 pársecs de nosotros, hay en una órbita de solo 0,055 UA, un planeta de una masa 0,12 veces la de Júpiter, con lo cual es el planeta más pequeño hallado hasta entonces. El mismo gira en una órbita de un período de 4,948 días. La estrella es de tipo G5V y su masa es igual aproximadamente a la solar.
HD 75289, es una estrella situada a 28,94 pársecs, similar al Sol, de una masa 1,05 la solar y tipo G0V, con un planeta de 0,425 veces la masa joviana girando muy cerca de la misma, con un período de solo 3,509 días. Fue descubierto por Michel Mayor y Didier Queloz.
HD
195019.
Estrella del tipo G3V, de una masa 1,02 veces la solar y situada a
unos 20 pársecs (o 37,36 según otra fuente). Tiene un planeta que
gira a solo unas 0,4 UA, con un período de 18,203 días, y es de una
masa de 3,57 (3,43 según otra fuente) la de Júpiter.
HD
73526.
Cuenta con un planeta de una masa 2,88 veces la de Júpiter y con un
período orbital de 190,5 días (189,863 según otra fuente). La
estrella tiene una masa de 1,02 la solar, es del tipo G7 y se halla a
94,6 pársecs de nosotros.
HD
13507.
Estrella del tipo G0 situada a unos 26,2 pársecs de nosotros.
Primero se dijo que tenía un planeta que gira con un período de
1.318 días, y es de una masa de 3,45 la de Júpiter, y luego se dijo
que no era un planeta.
HD
80606.
Estrella del tipo G5, de una masa 0,9 veces la solar y situada a unos
190 años-luz de nosotros. Tiene un planeta, HD 80606b,
descubierto en 2001,
que gira en una órbita muy elíptica, de tan solo 0,03 UA de
perihelio y menos de 1 UA de afelio, con un período de 111,78 días,
y es de una masa de 3,41 la de Júpiter; su día es de 34 h. En 2009
se informó que su órbita le hacía pasar en tan solo 6 h de
temperaturas de los 500 a los 1.200ºC, y en 2010 que su atmósfera
tenía potasio.
HD
168443.
Estrella tipo G5IV de masa similar a la del Sol (1,05 o 1,01 veces
según distinta fuente) de la constelación de la Serpiente, situada
a 123 años-luz de nosotros, que tiene un planeta de una masa de 7,73
veces la de Júpiter que gira a 0,5 UA de la estrella con un período
de 58,116 días. Posee además otro cuerpo que gira con un período
de 1.739,5 días (o 1.770 días según otra fuente), a 2,87 UA de
distancia de la estrella, pero que por su masa, 16,9 veces (17,2
según otra fuente) la joviana, fue considerado una enana marrón.
HD
168746.
Posee un planeta que es de una masa el 80% de la de Saturno, o bien
23% de la de Júpiter, y gira sobre la estrella con un período de
6,403 días tan solo. La estrella es de tipo G5, de una masa un 92%
la solar y se halla a 140 años-luz en la constelación del Scutum.
HD
3651.
Estrella del tipo K0V de una masa 0,79 veces la solar que se
encuentra a unos 11,2 pársecs de nosotros (unos 36 años-luz). Posee
un planeta de 0,2 veces la masa solar y el cual gira en una órbita
de 62,23 días. En 2006 se informaba del hallazgo en torno a esta
estrella de una enana marrón (denominada así HD 3651b),
obteniéndose la primera fotografía directa de una estrella de tal
tipo en un sistema solar planetario; tal enana, de una masa estimada
inicialmente entre 30 y 50 veces la joviana, gira a 459 UA de la
estrella principal y tiene una temperatura superficial de unos 550ºC
aproximadamente.
HD
130322.
Estrella que posee un planeta que fue descubierto en 1999 por el
observatorio austral europeo (ESO) en la constelación de Virgo, a
100 años-luz de nosotros. Es una estrella más pequeña que el Sol
(un 79%), del tipo K0V, y la masa del planeta captado es de 1,08
veces la de Júpiter. Gira en una órbita sobre aquélla de 10,724
días de período y 0,088 UA de distancia.
HD
121504.
Estrella que tiene un planeta de una masa un 89% la joviana y el que
gira en una órbita sobre la misma con un período de 64,6 días
terrestres. La estrella es del tipo G2V, de la misma masa que el Sol
y está situada a 44,37 pársecs de nosotros.
HD
178911B.
Estrella del tipo G5 situada a 46,73 pársecs de nosotros; es de una
masa un 87% la solar. Tiene un planeta de una masa un 6,292 la
joviana y el que gira en una órbita sobre la misma con un período
de 71,487 días terrestres.
HD
17051.
También llamada HR 810. Estrella situada a unos 15,5 pársecs de
nosotros, que es del tipo G0V. Posee un planeta de una masa 2,25
(2,02 según otra fuente) la de Júpiter y gira en una órbita de
320,1 días (313,96 según otra fuente).
HD
40979.
Estrella situada a unos 33,3 pársecs de nosotros, que es del tipo
F8V; tiene una masa 1,08 veces la del Sol. Posee un planeta de una
masa 3,16 (3,32 según otra fuente) la de Júpiter y gira en una
órbita de 263,1 días (267,2 según otra fuente).
HR
7875.
Estrella del tipo F8V situada a 25 pársecs de nosotros. Tiene un
planeta de una masa 0,69 veces la joviana y gira en una órbita de
42,5 días de período.
BD
10 3166.
Estrella tipo G4V de una masa 1,1 veces la solar que tiene un planeta
de un 48% la masa de Júpiter que gira en una órbita de 3.487 días
de período.
HD
209458.
En 1999 se halló un planeta gaseoso en esta estrella, también
similar al Sol (masa superior solo en un 5 o un 6%), y tipo F8 y
situada a 153 años-luz en la constelación de Pegaso. La
comprobación de su existencia se hizo el 7 de noviembre del mismo
año, tras cálculos de su órbita, al ver su interposición delante
de la estrella, haciéndola disminuir en 1,7% su luminosidad; es el
primero captado por tal método. El
planeta está una órbita de solo 7.000.000 Km (6.400.000 según otra
fuente) de la estrella y tiene un período de 3,5247 días. Con un
diámetro de 1,34 veces el joviano, pero de 0,69 veces (o 0,66 o
0,673, según otras fuentes) su masa, fue estudiado por el Hubble que
evidenció que su atmósfera, dada la cercanía a la estrella, esta
evaporándose a razón de 10.000.000 Kg/seg bajo un calentamiento de
1.100ºC. Tal atmósfera del HD 209458b (también llamado Osiris) es
principalmente de hidrógeno, si bien también tiene sodio;
posteriormente se detectaría también oxígeno y carbono, y aun más tarde
cianuro de hidrógeno, metano, amoniaco, acetileno, monóxido de carbono
y algo de vapor de agua. Tal
evaporación hace que el planeta deje tras de sí una cola tipo
cometa de 200.000 Km de larga. Es de la parte alta de tal atmósfera
de donde sale así una estela de hidrógeno caliente que, pasa
bruscamente desde los 1.000ºK hasta alcanzar los 15.000ºK. Según
se informó a principios de 2007, tras el estudio espectroscópico
por parte del ingenio espacial Spitzer, el planeta tiene en su
atmósfera silicatos en suspensión. También se le identificó vapor
de agua en abril del mismo 2007, y CO2 y metano en 2009. En 2010,
mediante la medición Doppler de la velocidad del monóxido de
carbono, se observó en su atmósfera una gran tormenta, de vientos
con velocidades de nada menos que entre 5.000 y 10.000 Km/hora. En
2021, tras el estudio de su química atmosférica, se piensa que el
planeta HD 209458b parece haberse formado lejos de la estrella, como
nuestros planetas exteriores, y no en la actual posición.
HD 222582. Estrella de una masa igual a la solar; es de tipo G5. Tiene un planeta, descubierto en 1999 a 137 años-luz de nosotros en la constelación de Acuario, que gira en una excepcional órbita, muy excéntrica, de 575,718 días de período, con un perihelio de 0,39 UA y un afelio de 2,31 UA. Su masa es de unas 5,18 la de Júpiter.
HD 192263. Tiene un posible planeta que gira a 0,25 UA de la estrella, con un período de 23,87 días, y es de 0,76 veces la masa de Júpiter. Luego se dijo que no era un planeta. La estrella es del tipo K2V y tiene una masa de un 79% la solar. Está a 65 años-luz de nosotros en la constelación del Aquila.
HD 209548. En esta estrella se evidenció un planeta en noviembre de 1999 cuando el mismo pasó delante de aquélla, que vio así disminuir su brillo. El planeta gira a solo unos 7.000.000 Km de la estrella. Fue el primero en observación directa y también la primera vez que se detecta en una atmósfera de estos objetos oxígeno y carbono. Tiene igualmente agua que se evapora junto a materia de otra índole, dada la cercanía a la estrella, a razón de unas 10.000 Tm/seg.
HD 37124. Estrella de la constelación de Taurus, a unos 108 años-luz de nosotros, del tipo G4V, que posee una masa del 91% de la del Sol. Tiene dos planetas al menos, uno que gira a 0,65 UA de la estrella, con un período de 152,4 días, y es de una masa de un 86% (75% según otra fuente) la de Júpiter. El otro tiene una masa algo mayor, de 1,01 (1,2 según otra fuente) veces la joviana, y gira con 1.945 días de período.
HD 134987. Estrella que está en la constelación de Libra a 83 años-luz de nosotros y es del tipo G5; tiene una masa de 1,05 veces la solar. Tiene un planeta que gira a 0,75 UA de la estrella con un período de 257,455 días terrestres, y es de 1,58 veces la masa de Júpiter.
HD 177830. Tiene un planeta que gira a casi 1 UA de la estrella, que está en la constelación de Vulpecula, y es de 1,28 veces (1,48 según otra fuente) la masa de Júpiter y gira en una órbita de 391 días (409,027 según otra fuente) de período. La estrella está a 192 años-luz de nosotros, es del tipo K0 y posee una masa de 1,17 veces la solar.
HD 108874. Estrella tipo G5V, de una masa igual a la solar, situada a 68,5 pársecs de nosotros, que tiene un planeta de una masa 1,65 (1,71 según otra fuente) la de Júpiter y gira en una órbita de 401 días (397,649 según otra fuente).
HD 4203. Estrella situada a unos 77,8 pársecs de nosotros, que es del tipo G5V; tiene una masa 1,06 veces la del Sol. Posee un planeta de una masa 1,64 la de Júpiter y gira en una órbita de 406 días (403 según otra fuente).
HD 128311. Estrella del tipo K0V, de una masa de un 80% la solar, situada a 16,6 pársecs, que tiene un planeta de una masa 2,63 (2,58 según otra fuente) la de Júpiter y gira en una órbita de 414 días (420,514 según otra fuente).
HD 23079. Estrella situada a unos 34,8 pársecs de nosotros, que es del tipo F8; tiene una masa 1,1 veces la del Sol. Tiene un planeta de una masa 2,54 la de Júpiter y gira en una órbita de 627,3 días (629,211 según otra fuente).
HD 27442. Estrella situada a 18,2 pársecs de nosotros, del tipo K2IV, y de una masa un 20% superior a la solar, que cuenta con un planeta de una masa 1,43 (1,25 según otra fuente) la de Júpiter y gira en una órbita de 420,475 días.
HD 223084. Estrella situada a unos 38,6 pársecs de nosotros, que es del tipo G0; tiene una masa 1,05 veces la del Sol. Tiene un planeta de una masa 1,21 la de Júpiter y gira en una órbita de 104,09 días.
HD
141937.
Estrella situada a unos 33,46 pársecs de nosotros, que es del tipo
G2; tiene una masa igual a la del Sol. Posee un planeta de una masa
9,7 la de Júpiter y gira en una órbita de 653,22 días.
HD 46375. Informado el descubrimiento en 2000, posee esta estrella de tipo K11V un planeta de una masa 0,8 la de Saturno, o 0,249 la de Júpiter. Se encuentra a 109 años-luz de nosotros en la constelación de Monoceros y la masa estelar es igual a la solar. La temperatura estimada en la superficie planetaria es de 1.130ºC. Gira muy cerca de la estrella con un período de solo 3,024 días.
HD 179949. Estrella situada a 27 pársecs de nosotros, que es del tipo F8V y tiene una masa de 1,24 veces la del Sol. Posee un planeta de una masa 0,84 veces (0,98 según otra fuente) la de Júpiter y gira muy cerca de la misma con un período de solo 3,093 días.
Mu Ara. Gira sobre esta estrella un planeta de una masa 1,86 veces la de Júpiter y está en una órbita de 743 días, equivalente en nuestro Sistema Solar ligeramente a una por encima de la del planeta Marte.
Epsilon Reticulum. Tiene un planeta de una masa 1,6 veces la de Júpiter que gira en una órbita de un período de 426 días.
HD 16141. Tiene esta estrella, también conocida por 79 Ceti, tipo G5IV, de masa igual a la solar, situada a 117 años-luz de nosotros en la constelación de la Ballena, un planeta de 0,7 veces la masa de Saturno (o 0,215 veces la de Júpiter), rotando a una media de solo 52.000.000 Km de la misma con un período de 75,82 días. La temperatura estimada en su superficie es de 830ºC. También fue desvelado en 2000.
En Tau Grus, en la constelación de la Grulla, a 100 años-luz de nosotros, con el telescopio anglo-australiano en 2002 se localizó el 100 planeta extrasolar. El mismo tiene una masa de 1,2 veces la de Júpiter. Gira en órbita a 375.000.000 Km de la estrella.
Asimismo existen planetas en torno a Tau Bootes, CM Draconis, y al púlsar PSR B1257+12, a 1.600 años-luz de nosotros, en Virgo, donde se cree que hay al menos 3 planetas casi en un mismo plano orbital, guardando relativamente distancias proporcionales a los 3 primeros planetas de nuestro Sistema Solar (Mercurio, Venus y la Tierra) con 25,34, 66,54 y 98,22 días; estimadas inicialmente en 0,015, 3,4 y 2,8 veces la masa de nuestro planeta, en 2003 se calculó la masa de tales planetas extrasolares en función de las variaciones de su período orbital. En 2005 se anunciaba el hallazgo del 4º planeta en el mismo sistema. En los planetas del citado púlsar no se espera que pueda haber vida considerando que al convertirse en estrella de neutrones púlsar habría emitido intensa radiación y expulsado al estallar gran cantidad de gas que barrería todo a su paso.
El de Tau Bootes giraría muy cerca de su estrella, con período de solo 3,3128 días, y tendrá una masa de 3,64 (o 3,87, 4,09, 4,4 o 4,14 según otras fuentes) la de Júpiter. Esta estrella, también catalogada como HD120136 y HR5185, está a 50 años-luz de nosotros, tiene una masa de 1,3 veces el Sol, es del tipo F7V y tiene una antigüedad de solo 1.000 millones de años; rota sobre sí con distinta rapidez (en su ecuador un 18% más que en el polos) cada 15 días más o menos. Más tarde se descubrió que el planeta giraba dentro del campo magnético de la estrella, hecho que es el primero en ser identificado; la distancia de la órbita es de solo 0,049 UA, marcando así particulares características con la estrella.
En la estrella GJ 3021, también catalogada como HD 1237, hay también un planeta de 3,21 veces (3,32 según otra fuente) la masa de Júpiter y el que gira en una órbita de un período de 133,82 días. La estrella, del tipo G6V, está a 17,62 pársecs de nosotros y tiene una masa de un 90% la solar.
HD 217107. Estrella de una masa 0,98 veces la solar, tipo G8IV, situada a unos 19,72 pársecs. Tiene un planeta que gira con período de solo 7,127 días, muy cerca de la estrella, y cuya masa es de 1,28 veces (1,23 y 1,29 según otras fuentes) la de Júpiter.
Iota Draconis. Posee un planeta que tiene su año en 1,5 años terrestres y una masa de 8,7 veces la joviana. Esta estrella, situada a 100 años-luz, en la constelación de Draco, es la primera vieja y gigante roja en la que se halla un planeta. Fue encontrado por la Universidad de California en San Diego, informando de ello a principios de 2002.
Rho Corona Borealis. Estrella tipo G2V, de una masa un 95% la solar, localizada a unos 17 pársecs de nosotros, que tiene un planeta de una masa 1,07 (1,1 según otra fuente) la de Júpiter girando en una órbita de 0,23 UA y con un período de 39,845 días (39,645 según otra fuente). La excentricidad es de 0,028.
Gamma Cephei. Sistema binario situado a 45 años-luz de nosotros en Cefeo, en el que la mayor de las estrellas, con 1,59 veces la masa solar, tiene al menos un planeta según se determinó en 2002. Las dos estrellas están separadas en torno a las 28 UA. Tal planeta es de una masa 1,76 veces la joviana y gira en una órbita de 2 UA de distancia a dicha estrella mayor con 903 días de período.
HD 114762. Situada a 90 millones de años-luz, esta estrella tiene un cuerpo en su entorno del que se discute si es planeta o una enana marrón. Ya ha sido referido.
HD 76700. Estrella de masa similar al Sol y tipo G6V situada a 59,7 pársec. Posee un planeta de una masa 0,197 veces la joviana y gira en una órbita de 3,971 días de período.
HD 6434. Estrella tipo G3IV, de una masa igual a la solar, situada a 40,32 pársecs de nosotros, que tiene un planeta de una masa 0,48 veces la de Júpiter y que gira en una órbita de 22,09 días de período.
HD 92788. Estrella que tiene un planeta de una masa 3,59 la de Júpiter y gira en una órbita de 340 días (323,643 según otra fuente). La estrella es del tipo G5, tiene una masa un 6% superior a la del Sol y está a 32,32 pársecs de nosotros.
HD 145675. Estrella del tipo K0V de una masa como la del Sol que se encuentra a 18,1 pársecs de nosotros. Tiene un planeta de una masa 4,9 veces la joviana que gira en una órbita de 2,83 UA con un período de 1730,461 días.
HD 142. Estrella situada a unos 20,6 pársecs de nosotros, que es del tipo G1IV; tiene una masa 1,1 veces la del Sol. Tiene un planeta de una masa igual a la de Júpiter (o de 1,14 según otra fuente) y gira en una órbita de 337,112 días (o de 331,790 según otra fuente).
HD 74156. Estrella tipo G0 situada a 64,56 pársecs de nosotros que tiene una masa 1,05 veces la solar. Tiene dos planetas de masas 1,56 y más de 7,5 veces la joviana, y respectivamente en órbita de 51,61 y 2300 días. Es decir, están muy alejados entre ellos. Luego se descubrió un tercer planeta entre ambos, predicho por los astrónomos.
HD
68988.
Estrella de masa 1,2 veces la solar, tipo G0 (G2V según otra
fuente), y que está a 58,8 pársec de nosotros. Posee un planeta de
una masa 1,9 veces la de Júpiter y que gira en una órbita de 6,276
días.
HD
4208.
Estrella situada a unos 33,9 pársecs (32,7 según otra fuente) de
nosotros, que es del tipo G5V; tiene una masa 0,93 veces la del Sol.
Posee un planeta de una masa 0,81 la de Júpiter y gira en una órbita
de 827,82 días.
HD
162020.
Estrella de una masa 0,7 veces la solar, tipo K2V, que se encuentra a
unos 31,26 pársecs de nosotros. Posee un planeta de una masa 13,75
veces la joviana y gira en una órbita de 8,4242 días de período.
HD
114386.
Estrella que tiene un planeta de una masa casi igual a la de Júpiter
(un 99%) y gira en una órbita de 872 días. La estrella es del tipo
K3V y está a 28 pársecs de nosotros.
HD
213240.
Estrella situada a unos 40,75 pársecs de nosotros, que es del tipo
G4IV; tiene una masa 1,22 veces la del Sol. Posee un planeta de una
masa 4,5 la de Júpiter y gira en una órbita de 951 días.
14 Hércules. Tiene un planeta de 3,3 veces la masa de Júpiter girando en una órbita de aproximadamente 2.000 días de período y a una distancia de 2,5 UA.
Epsilon Eridani. También conocida como HD 22049, tiene una masa de un 80% la solar y está a 3,2 pársecs (o 10,3 años-luz); es del tipo K2V y su antigüedad se estima en solo 800 millones de años. Posee un planeta de 0,86 veces la masa de Júpiter girando en una órbita de 2.502,1 días de período y a una distancia de cerca de 3,5 UA; fue descubierto en 2000. Se cree que tiene al menos un segundo planeta de una masa que inicialmente se establece en solo un 10% de la joviana y que girará en una órbita de 280 años de período. En 2006 se detectó otro de 1,5 veces la masa de Júpiter, que gira en órbita de 6,9 años de período junto a un disco de gas y polvo que tiene tal estrella. En total, se cree que tiene además 2 cinturones de asteroides y el citado halo de polvo y gas.
HD 83443. En el sistema de esta estrella, que es un poco más pequeña que el Sol (de un 79% de su masa), tipo K0V, y está situada a 141 años-luz en la Constelación de la Vela, hay un planeta similar en tamaño a Saturno. Su masa es de 0,35 veces (0,41 según otra fuente) la de Júpiter y gira con un período de solo 2,986 días, lo que la sitúa a solo 0,038UA de distancia de la estrella. Se cree que el sistema tiene también otro planeta, de menor masa que el citado.
HD 108147. Estrella del tipo F8 situada a 38,57 pársecs en la constelación de la Crux de una masa 1,27 la solar; se cree que es joven, de unos 2.000 millones de años de antigüedad. Tiene un planeta de una masa 0,41 veces la joviana y un período de 10,9 días.
Iota Horologii. Esta estrella similar al Sol, situada a 56 años-luz de nosotros en la constelación de Horologium, tiene un planeta descubierto en 1999 que gira con un período de 320 días (muy parecido al de nuestro planeta) y una masa de 2,26 veces la de Júpiter. La estrella es de una masa 1,25 veces la solar, una edad de 625 millones de años y su temperatura en superficie es de 6.150ºK; por su contenido en metales se cree que procede del cúmulo de Híades del que se aleja estando ahora a 130 años-luz del mismo.
Vega. La conocida estrella Vega, a 27 años-luz de nosotros, cuenta al menos con un planeta de 2 veces la masa joviana y gira a la lejana distancia del mismo de nada menos que 53 UA y 300 años de período, más allá que Plutón de nuestro Sol, siguiendo un camino de alejamiento desde hace más de 56.000.000 años. Es uno de los sistemas extrasolares más parecidos al nuestro del primer centenar hallado, dado que en los demás aparecen los planetas gigantes rotando cerca de la estrella. Además tiene un disco de polvo con acumulaciones, si bien las temperaturas denotadas son del orden de los 180ºC bajo cero. También se cree (2013) que tiene un gran cinturón de asteroides.
Beta
Pictoris.
Tiene un planeta de una masa 7 veces la joviana que gira en
órbita muy distante, de 69 UA; gira sobre sí con un período de 8 h
aproximadamente. Esta estrella, situada a unos 63,4
años-luz de nosotros, mostró al ingenio
espacial FUSE que tenía en el anillo de polvo que la rodea gran
abundancia de carbono. La estrella es de una masa de 1,75 veces la
solar y tiene como máximo unos 23.000.000 años de antigüedad. Tal
anillo podrá, quizá, en el futuro dar lugar a un sistema
planetario. Tras tomar fotografías en 2009 y 2003 (desde el VLT del
ESO), se constató directamente el giro orbital del planeta. En los
inicios de 2014 el telescopio Gemini Sur de Chile captó también una
singular imagen del citado planeta Beta Pictoris b. También se han
observado en este sistema con el radiotelescopio ALMA restos de choques
de cometas con acumulación de monóxido de carbono resultado de los
impactos a 13.000 millones de Km de la estrella (unas 86,6 UA). También
en 2014 se determinó que el citado planeta giraba con un día propio de
8 h, a casi 100.000 Km/h de velocidad. En el mismo año igualmente se
dio a conocer que en el sistema se habían observado (entre 2003 y 2011)
493 cometas y que los mismos son de 2 familias distintas, una más
antigua con influencia del planeta referido y la otra, más joven y
activa, quizá generada por la rotura de uno o más objetos de gran
tamaño; ambas familias de cometas también siguen órbitas diferenciadas,
siendo las de los cometas jóvenes muy parecidas.
En 2019 se supo que este sistema tiene además al
menos otro planeta, también gigante, de unas 8 masas jovianas, en una
órbita de unos 28 años de período. Pictoris c fue confirmado en 2020
por la técnica de la velocidad radial.
HD 47536. Esta estrella, que está a punto de convertirse en una gigante roja, tiene un planeta que gira a 2 UA del mismo en una órbita de 712,13 días de período. Está a 400 años-luz de nosotros y el diámetro de la estrella es 23,5 veces el del Sol; se espera que se expanda en tal fase de gigante roja en el plazo de unas decenas de millones de años, momento en el que arrasará al planeta. Este último tiene una masa en torno a unas 7 u 8 veces la joviana.
La OGLE-TR-3 es una estrella de masa parecida al Sol, de tipo G, que tiene un planeta más grande que Júpiter, de 1,4 veces, pero de una masa de la mitad y un período de solo 28,5 horas (1,1899 días), a tan solo 3.500.000 Km de la estrella. Esta cercanía hará que el planeta pierda por evaporación gran parte de su masa gaseosa, soportando temperaturas de unos 2.000ºC.
La OGLE-TR-56, es una estrella del tipo G parecida a nuestro Sol (tiene 1,04 masas solares) situada a 5.000 años-luz de nosotros en dirección a la constelación de Sagitario en la que se descubrió en 2002 un planeta por el método OGLE (de paso del mismo delante de la estrella respecto a nuestra posición). Tiene el planeta una masa de 0,9 veces la de Júpiter, pero un diámetro de 1,3 veces respecto al mismo, y gira en una órbita de solo 29 h (1,2119 días) de período, o sea, muy cerca de la estrella. Su temperatura es considerable, de 2.400ºC.
En la estrella HD 70642, parecida al Sol, situada a 90 años-luz en la constelación de Puppis, en julio de 2003 se supo que astrónomos de la Universidad John Moore de Liverpool, con ayuda americana y australiana, habían descubierto desde un observatorio anglo-australiano otro planeta similar a nuestro Júpiter, pero del doble de masa. Su órbita es de un período de 6 años, equivalente a una órbita en el Sistema Solar aproximadamente a la del cinturón de asteroides. Se estimó así que el sistema tenía cierto parecido al nuestro.
En
un sistema de una enana blanca (WD B1620-26) y el púlsar PSR
B1620-26
situados a 5.600 años-luz, en el cúmulo globular M4, Escorpión, en
julio de 2003, hallado el púlsar en 1998, trascendió la detección
de un planeta del tamaño del doble (o 2,5) de Júpiter (pero con una
masa de 6,7 veces tal planeta) que tendría, según se calculó, una
edad de 12.713 millones de años, lo cual sorprendió enormemente
porque, no solamente se trataría del planeta más antiguo conocido
del Universo, sino que está cerca de la propia creación del mismo.
Observado por el Hubble, se trataría pues de un planeta de
primerísima generación que gira en una órbita de 3.200.000.000 Km
y 100 años de período. La enana blanca y el púlsar giran en una
órbita de 6 meses, y el último rota sobre sí 100 veces por
segundo. El planeta ha sido bautizado por la IAU como Matusalén.
En la estrella CoKu Tau 4, situada en la constelación de Tauro a 420 años-luz de nosotros fue descubierto por el ingenio espacial Spitzer lo que entonces, en mayo de 2004, fue calificado como el más joven planeta encontrado hasta entonces, con solo 1.000.000 de años de antigüedad.
En 2004, con ayuda del IAC tinerfeño, el Observatorio Lowell de Arizona y el de Monte Palomar californiano, se descubrió un planeta que fue bautizado TrES-1, del tamaño de 1,08 veces el de Júpiter, pero de 0,75 veces su masa, en torno a una estrella a 500 años-luz de nosotros. El planeta gira sobre la misma con un período de solo 3 días. Se utilizó para el hallazgo el Trans-Atlantic exoplanet survey por vez primera, sistema de 3 telescopios destinados a esta labor de búsqueda de planetas extrasolares por el modo de observación del tránsito del planeta delante de la estrella que produce en la misma una disminución de su brillo.
En agosto de 2004 se informaba de la detección en 2000 desde el ESO en Mu Arae (también HD 160691), una estrella del hemisferio sur similar al Sol (es del tipo G3IV y su masa es de 1,08 veces la solar, pero un 32% mayor y 1,7 veces más luminosa) a 49,8 años-luz de nosotros, en la constelación de Ara, de un planeta de una masa 14 veces la terrestre. Sin embargo, tiene una órbita muy cercana a la estrella, incluso más que Mercurio respecto al Sol, con un período de 9,5 días y una distancia media de 15.000.000 Km tan solo. Por ello, la temperatura en el planeta será de unos 650ºC. En 2015, tal estrella recibe de la IAU, a propuesta española y tras votación popular, el nombre de Cervantes, y tal planeta y otros más hallados en su sistema, los nombres de Rocinante, Quijote, Sancho y Dulcinea. Uno es de una masa 1,74 la de Júpiter y que gira en una órbita de 637,3 días, y otro de masa similar a la de Júpiter que gira con aproximadamente 1.300 días de período orbital.A finales del mismo mes se informaba del hallazgo de 2 planetas nuevos, esta vez del tamaño de Neptuno, o unas 18 veces mayores que la Tierra. Uno de ellos es el cuarto encontrado en el sistema 55 Cancri, una estrella bastante parecida al Sol y de la que ya se ha hecho referencia, en tanto que el otro está en la enana roja Gliese 436, que se localiza a 30 años-luz de nosotros en la constelación de Leo. El segundo tiene un período de 2,6 días a una distancia de la estrella de 4.100.000 Km tan solo; su masa es de 23 veces la terrestre. El nuevo planeta de 55 Cancri gira en órbita de solo 3 días de período y 5.600.000 Km de distancia de la estrella.
También en 2004 se hallaría al planeta OGLE235-MOA53b a 17.000 años-luz de nosotros. Tiene 2,6 masas jovianas y es el primero captado por el método de lente gravitatoria.
A principios de febrero de 2005 se mencionaba la existencia de un pequeño planeta, ya referido anteriormente, en un sistema de un pulsar localizado en la constelación de Virgo a 1.600 años-luz de nosotros y denominada PSR B1257+12, ya citado. Está rodeado de una nube de gas ionizado. Algunos astrónomos hicieron por entonces la observación de que en tal sistema, los planetas podrían tener un recubrimiento diamantino en razón a la abundancia allí de carbono producido por la moribunda estrella.
En marzo de 2005 fue dada a conocer la primera imagen directa de un planeta extrasolar obtenida en octubre de 2004 por el telescopio espacial Spitzer en la banda del IR. Se trató de uno similar en masa a Júpiter pero más caliente, con 720ºC, girando muy cerca de la estrella HD 209458, a 153 años-luz de nosotros, en la constelación de Pegaso, ya mencionada. A la vez se dijo que en diciembre de 2004 se había observado el segundo, de igual forma caliente (857ºC), en la estrella TrES-1, a 489 años-luz de nosotros en la constelación de la Lira. Ambos giran tan cerca de su estrella que solo tardan algo más de 3 días en dar una vuelta sobre la misma.
En mayo de 2005 se informó del hallazgo del planeta OB-05-071, que se localiza a 25.000 años-luz de nosotros, en dirección al centro de nuestra galaxia, y es 1.000 veces mayor que la Tierra.
En julio siguiente se hizo lo propio dando a conocer el hallazgo, realizado desde el Observatorio Keck 1, un planeta algo más grande que Júpiter situado en HD 188753, un sistema de 3 estrellas (una roja, otra amarilla y la más grande anaranjada), que se localiza a 149 años-luz de nosotros en la constelación del Cisne. El planeta gira sobre uno de los soles, el amarillo, en una órbita de solo 3,35 días de período. Las otras dos estrellas tienen un período sobre la misma de 25,7 años.
A
fines de 2005 se informó de que desde el Observatorio ESO de La
Silla, en Chile, se había captado en agosto del mismo 2005 un
planeta de una masa 16 veces la de la Tierra en órbita sobre la
enana roja tipo M GI
581,
que se localiza a 20,5 años-luz de nosotros en la constelación de
Libra. Tal estrella es de una masa 1/3 la solar. El planeta, que gira
sobre la misma en tan solo 5,4 días y a solo 6.000.000 Km de ella,
es uno de los más pequeños hallados hasta entonces.
En enero de 2006 se informaba del hallazgo de un planeta llamado OGLE-2005-BGL-390Lb a unos 20 o 25 mil años-luz de nosotros en dirección a la parte central de nuestra galaxia, en la constelación de Sagitario. Es de una masa 5 veces la de la Tierra y su atmósfera se dijo que resultaba similar a la nuestra, pero el planeta es muy frío, con temperaturas en su superficie de unos 220ºC bajo cero; de tener agua, estará congelada, claro está. La estrella sobre la que gira una vuelta cada 10 años en una órbita de 3 UA de distancia, es una enana roja unas 5 veces menor que el Sol. Es el planeta exoplaneta más pequeño hallado hasta entonces.
HD 69830. Estrella de la constelación de Puppis situada a 41 años-luz de nosotros que tiene un sistema solar de al menos 3 planetas y un cinturón de asteroides. Los citados 3 cuerpos tienen masas de 10,2, 11,8 y 18,1 veces la de nuestro planeta y giran respectivamente en órbitas de 8,67, 31,6 y 197 días, lo que significa que están más cerca de la estrella que nuestro planeta del Sol, respectivamente a 0,07 UA, 0,18 UA y 0,63UA; el cinturón de asteroides está a 0,42UA. La masa de la estrella es un poco menor que la solar y es de tipo espectral K.
HD 142527. Tiene un disco protoplanetario con un vacío en el que se cree que puede estar formándose un planeta. También posee una distorsión del citado disco en un lado que muestra alguna influencia gravitatoria de algún objeto cercano. La parte interna del disco se extendería en nuestro Sistema Solar hasta la órbita de Saturno y está inclinado 70º respecto a la parte externa. La estrella, de una masa del doble de la de nuestro Sol, se halla a 450 años-luz de nosotros en la constelación de Lupus y tiene una compañera de una masa de tercio de la solar a una distancia de unos 1.600 millones de Km. Un estudio pionero sobre este sistema que se da a conocer a principios de 2017 indica que, según se determina por la polarización de las partículas de polvo, las mismas son a lo sumo de un tamaño de 150 micrómetros, una décima parte del tamaño pensado previamente. En 2025 se da conocer que allí se hizo la primera observación de un campo magnético en una estrella formando planetas; ello fue posible al observar los granos de polvo alinearse con las líneas del citado campo magnético.
2MASS1207-3932B. Planeta descubierto en 2004 y situado en la constelación del Centauro, a unos 170 años-luz de nosotros, girando sobre una enana marrón a más de 30 UA de distancia de la misma; la estrella tiene una masa de 24 veces la joviana, una antigüedad de 8 millones de años tan solo (que sería la del planeta también) y su superficie tiene unos 2.600ºC. En el sistema hay un disco de polvo. La estrella emite sorprendentemente (para este tipo de estrellas) chorros de materia. El planeta tiene una masa de unas 80 veces la de la Tierra, un volumen 8 veces el de Saturno, y una temperatura de unos 1.300ºC, que se cree originada por un impacto planetario hace unos 100.000 años.
Oph 162225-240515. En 2006 se informaba de la existencia de un sistema binario sin estrella, formado por dos planetas, uno de 7 veces la masa joviana y otro del doble, separados por la considerable distancia de unas 230 UA, lo que hace que la influencia mutua gravitatoria sea muy débil. Son 2 cuerpos de solo 1 millón de años y están a 400 años-luz de nosotros en la constelación de Ofiuco. Es el primer caso hallado de este tipo y por tanto sorprendente y raro, siendo una incógnita su formación, aunque se supone que pueden ser objetos escapados o perdidos por algún sistema complejo.
TrES-2b. Planeta del que se supo paladinamente en septiembre de 2006 y que está en órbita sobre una estrella (GSC 03549-02811) situada a 750 años-luz de nosotros, en la constelación de Draco. Tiene una masa semejante a Júpiter, gira a solo 4.800.000 Km de su estrella y su temperatura superficial es muy elevada, de casi los 1.000ºC. En agosto de 2011, tras su estudio por el ingenio espacial Kepler y otros telescopios, se dieron a conocer más detalles del mismo, y se dijo que era el planeta más oscuro de todos los conocidos pues solo refleja menos del 1% de la luz que recibe de su estrella. Se cree que tiene en su atmósfera sodio, y potasio y óxido de titanio gaseosos, que absorben la luz en alto grado.
WASP-1b. También llamado Garafia 1, fue descubierto por el telescopio del mismo nombre (WASP). Está situado a 1.000 años-luz de nosotros, girando en torno a una estrella ligeramente mayor que el Sol y más caliente que el mismo.
WASP-2b. Descubierto por el telescopio del mismo nombre (WASP), está situado a 500 años-luz de nosotros. Gira en torno a una estrella más pequeña que el Sol, y de menor temperatura y brillo.
HAT-P-1. Exoplaneta situado en el sistema estelar binario ADS 16402 que se localiza a 450 años-luz de nosotros; tal par de estrellas están separadas por 1.500 UA y tienen una antigüedad de unos 3.600 millones de años, siendo por lo demás similares a nuestro Sol. Aunque de gran volumen, con un diámetro 1,38 veces del joviano, el planeta tiene una densidad muy baja (1/4 parte la del agua) con una masa la mitad de la de Júpiter, y gira con un período de solo 4,5 días; tales caracteres sorprendieron a los astrónomos al salirse de los cánones creídos para los exoplanetas hasta entonces conocidos.
HD-189733b. Planeta localizado en 2005 en una estrella de la constelación de Vulpecula a 63,4 años-luz de nosotros; tal estrella tiene una masa de un 80% la solar. Es otro gigante gaseoso ligeramente mayor que Júpiter, con un 13% más de masa que éste, que gira sobre su estrella cada 2,2 días tan solo, a solo 0,03 UA. Su térmica fue estudiada por el telescopio espacial Spitzer, evidenciando que ha de poseer vientos muy veloces, de hasta 9.000 Km/h, pues las temperaturas son similares en las dos caras (iluminada y de sombra) del planeta, con un solo punto 17ºC más caliente que su entorno que tiene una media de 726ºC. Tiene vapor de agua, pero muy caliente como se deduce. No se detectó en su atmósfera sodio ni potasio de lo que se dedujo que tiene nieblas o brumas a gran altitud (de hasta 3.260 Km). En marzo de 2008 se informaba que se había detectado en el planeta (con el telescopio espacial Hubble) metano, las primeras moléculas orgánicas en un planeta extrasolar, y a finales del mismo año se dijo que también tenía CO y CO2. Se cree que la cercanía a la estrella y el calor generado acabarán disolviendo la atmósfera del planeta. Estudiado por el ingenio espacial Hubble, en 2013 se ha determinado que el planeta se muestra de color azul cobalto, similar a nuestra Tierra. En el mismo tiempo, con ayuda de los ingenios espaciales Newton y Chandra se observó el tránsito del planeta delante de su estrella en la banda de rayos equis por vez primera. Una nueva evaluación en 2015 apunta a que la temperatura es muy superior a la citada, del orden de los 3.000ºC, de modo que se cree que pierde una masa de 600.000 Tm por segundo, y la velocidad máxima de los vientos se estima ahora en cerca de los 20.000 Km/h.
COROT-Exo-1b. Primer planeta descubierto por el satélite francés/ESA de igual nombre, COROT, en 2007. Gira en torno a una amarilla enana, a 1.500 años-luz de nosotros, en la constelación de Monoceros. Tiene un diámetro 1,78 veces el joviano, una masa 1,3 veces la de Júpiter y gira sobre la estrella muy cerca, en tan solo 1,5 días.
COROT-Exo-2b. Descubierto por el satélite COROT en 2007. Se encuentra a 800 años-luz orbitando sobre una estrella de un poco de mayor masa que el Sol, aunque un poco más fría. Tiene una masa de 3,5 veces la joviana y 1,4 veces su volumen, y un período de unos 2 días, girando pues cerca de la estrella.
HD-149026b. Planeta descubierto en 2005 a 247 años-luz de nosotros que tiene un tamaño menor que el de Saturno, pero de masa superior, lo que indica una mayor densidad; gira en una órbita cercana a su estrella de solo unos 4 millones de Km en tan solo 2,9 días. Es particularmente caliente, el que más de los hallados hasta entonces con cerca de los 1.420ºC en su superficie, en la cara orientada siempre a la estrella, de un tono rojizo, y fue calificado como de características muy raras. Tiene una atmósfera muy abundante en elementos carbono y oxígeno. La misma parece que también tiene vapor de agua. Como sea que una cara es muy caliente y otra muy fría al coincidir sus períodos de año y día, su atmósfera tiene fuertes corrientes que en este caso van del lado nocturno al diurno contrariamente a otros casos similares; ello puede ser debido a varias causas, siendo algunas de las probables la excentricidad orbital o los niveles de las capas atmosféricas. Han sido bautizado como Smertrios, nombre del dios gaélico de la guerra.
HD-155358. Según se informó en el verano de 2007, en esta estrella, que es un poco más caliente que nuestro Sol pero de un poco menos de masa, se encuentran dos planetas gigantes. La estrella, de unos 10.000 millones de años de antigüedad, tiene un bajo contenido en elementos más pesados que el He y el H, lo que sorprendió puesto que tal carácter no se asociaba a la tenencia de planetas. Uno de los planetas tiene una masa de 0,9 veces la de Júpiter y gira en órbita de 195 días de período, a 0,6 UA de distancia media. El otro es de una masa de unas 0,5 veces la de Júpiter y gira en órbita de 530 días de período, a 1,2 UA de distancia media. Dada la masa de los dos planetas y sus órbitas cercanas, rotan en un complejo ciclo de unos 3.000 años, interrelacionados gravitatoriamente. Son así, con su estrella, un interesante sistema.
TrES-4. Planeta de un tamaño 1,67 veces el joviano, si bien es de menor masa (un 84%) y por tanto de baja densidad con solo 0,222 gramos/cm^3, lo que sorprendió a los astrónomos por el enigma que supone su formación. Situado a 1.435 años-luz de nosotros en la estrella GSC02620-00648 de la constelación de Hércules, es uno de los mayores hallados hasta entonces (2007). Tal estrella, sobre la que gira en solo 3,55 días de período a unos 7.000.000 Km, es de una edad similar a nuestro Sol pero de mucha mayor masa. Dada tal cercanía a su estrella se supone que la temperatura en este planeta podría ser de unos 1.300ºC y es posible que su atmósfera forme una cola tras el planeta al modo de un cometa. Descubierto por el equipo del mismo nombre en cuarto lugar en su particular lista de hallazgos de exoplanetas.
V391 Pegasi b. Planeta gigante 3 veces de mayor masa que Júpiter. Se informó paladinamente de su existencia en el otoño de 2007, siendo localizado a 4.500 años-luz de nosotros, girando en torno a una estrella de la constelación de Pegaso a una distancia de 1,7 UA de la misma. Tal estrella está a final del ciclo de vida antes de convertirse en una gigante roja con lo que se puede hacer una idea de lo que le ocurrirá a nuestra Tierra en un lejano futuro.
Upsilon
Andrómeda b.
Descubierto en 2006, tiene su período orbital igual al de rotación
propia por lo que siempre ofrece su misma cara a su estrella (como la
Luna a la Tierra). De ello se deduce que su temperatura es de 1.650ºC
en la cara iluminada y de 230ºC bajo cero en el lado de sombra.
WASP-3b. Descubierto por un equipo WASP a 720 años-luz de nosotros en dirección a la constelación de la Lira, es otro gigante gaseoso más, de una masa doble a la joviana. Gira en una órbita cercana a su estrella en tan solo 2 días; tal estrella es un 25% mayor que nuestro Sol. Con 1.700ºC, a su descubrimiento fue considerado como uno de los planetas más calientes.
WASP-3c. Planeta compañero del anterior, detectado por las variaciones gravitatorias de la órbita de aquél. Tiene una masa estimada en unas 15 veces la terrestre y su período es de 3,75 días.
En enero de 2008 se informó que en torno a una de las 3 enanas rojas del sistema Gliese 22 se había descubierto un planeta gigante gaseoso aproximadamente 16 veces mayor que el joviano.
TYCHO 4144 329 2. Estrella de un sistema binario localizada en la Constelación de la Osa Mayor, a 200 años-luz de nosotros, en la que se cree que ha tenido lugar una segunda generación de planetas, o bien asteroides. A pesar de que los discos de polvo y gas son propios de una estrella joven, se trata de una estrella vieja.
BP
Piscium.
Estrella que se encuentra en la Constelación de Piscis y en la que,
como en el caso anterior, también se cree que ha tenido lugar una
segunda generación de planetas. Emite chorros de gas.
GJ
436c.
Planeta descubierto en 2007 y situado a 33 años-luz de nosotros en
dirección a la constelación de Leo en un sistema de una estrella enana roja. De superficie sólida, es de
una masa 5 veces la terrestre y gira en una órbita de un período de
5,2 días. Tiene una masa de 22 veces la de la Tierra. Gira sobre sí
(su día propio) cada 22 días terrestres.
GJ
436b.
Planeta descubierto en 2004 en el mismo Sistema que el anterior. Es
del tamaño de Neptuno y gira en órbita de 2,64 días de período.
Su temperatura superficial es de 800ºK. Tras análisis con el
telescopio espacial Spitzer, mostró su carencia en metano, cosa poco
habitual en este tipo de planetas.
En
cambio hay abundancia poco corriente de monóxido de carbono. Arrastra
tras de sí como si fuera un cometa una espectacular cola de hidrógeno,
que desprende de su atmósfera por efecto del calor que la evapora,
según se informó en 2015.
HL
Tau.
Estrella muy joven de un sistema situado a 520 años-luz de nosotros,
en la constelación de Tauro, en el que se descubrió el planeta, o
protoplaneta, más joven hallado hasta entonces con menos de 100.000
años (aunque se citó también 2.000 años). En un lejano futuro
será un planeta gaseoso 14 veces mayor que Júpiter. Su órbita es
lejana, de unas 60 UA.
UScoCTIO108B.
Planeta gaseoso joven de una masa 14 veces la joviana que gira a 700
UA sobre una enana marrón, siendo así su período de unos 65.000
años. La temperatura de su superficie se estimó en unos 2.000ºC
aproximadamente, siendo la de la estrella de 2.400ºC. Se encuentra
en la constelación del Escorpión, a 470 años-luz de nosotros. Su
particularidad, dada su distancia a la estrella y la baja densidad de
la región, es que se cree difícil que se haya formado en el disco
protoplanetario.
OGLE-2006-BGL-109L.
Estrella que tiene un sistema con ciertos parecidos al nuestro. Se
encuentra a 5.000 años-luz y distancia orbital a Júpiter y Saturno.
SWEEPS
10.
Descubierto en 2007, gira a solo 1.200.000 Km de su estrella cada 10
h con lo que es en tal momento el planeta extrapolar que rota más
cerca de una estrella.
MOA-2007-BLG-192Lb.
Planeta situado en la estrella MOA-2007-BLG-192L, de solo una masa
solo un 5,6% de la solar, localizada a 3.000 años-luz de nosotros
y tiene al menos 2 planetas similares por su masa;
podría tratarse la estrella de una enana marrón. El planeta es de
una masa 3 veces la terrestre tan solo, la menor hallada hasta
entonces entre los extrasolares.
COROT-Exo-3b. Descubierto por el satélite COROT. Se encuentra a 2.200 años-luz en la constelación del Águila, orbitando sobre una estrella de un poco mayor que el Sol con un período de unos 4 días. Tiene una masa de 20 veces la joviana. Se discute sobre si es un planeta o una estrella enana marrón.
COROT-Exo-4b.
Planeta localizado por el satélite COROT en una estrella de una masa
un poco mayor que la del Sol. El planeta es de un tamaño similar a
Júpiter y gira sobre la estrella cada 9,2 días, teniendo además un
período de rotación propia de igual tiempo.
HD-40307.
Estrella de menor masa que el Sol, situada a 42 años-luz de nosotros en
la constelación del Pictor. Se le encontraron inicialmente 3 planetas
de 4,3, 9,6 y 20,4 días de período orbital y respectivas masas de 4,2,
6,7 y 9,4 veces la de la Tierra. Fueron descubiertos por el
observatorio ESO. Pero en 2012 se llevaban descubiertos allí 6 planetas
en total. El HD-40307g, resultó tener 7 veces el tamaño de nuestra
Tierra y estar en una órbita de la zona templada de la estrella, lo que
ha hecho considerarlo como potencialmente apto para la vida.
WASP-12b. Descubierto en 2008 en el programa SuperWASP a unos 600 de años-luz de nosotros en la Constelación de Auriga, tiene una masa 1,45 veces la joviana, y es un 80% mayor que el mismo. Gira a una velocidad récord en torno a una estrella similar al Sol a razón de 1 vuelta cada 26 h, estando pues muy cerca, a 3,2 millones de Km solo. Es el más caliente de los planetas extrasolares descubiertos hasta entonces con 2.250ºC en su superficie. Su cercanía a su estrella hace además que ésta lo esté deformando y destruyendo, acabando con él en el plazo de solo unos 10.000.000 años; le arranca diariamente medio millón de millones de Tm de gas. También fue estudiado por el satélite Hubble y en el mismo se identificó la existencia de los elementos aluminio, manganeso y estaño. En 2010 trascendió que era además rico en carbono en su atmósfera, el primero de tal característica, aunque también hay hidrógeno atómico y helio. Este factor y la elevada temperatura hacen que tenga muy bajo albedo, como mucho de 0,064, lo que hace creer que es un planeta de un tono rojizo oscuro.
HR-8799.
Estrella joven, también llamada Gamma Doradus, de 1,5 masas la solar,
situada a 133,3 años-luz de
nosotros, en la Constelación de Pegaso, que tiene un sistema solar que
fue el primero en ser fotografiado desde la Tierra (desde Hawai,
telescopios Keck y Gemini). Aparecen junto a la estrella en la imagen 3
planetas (como puntos de luz) que son entre 7 y 10 mayores que Júpiter,
y tienen una edad estimada inicialmente en unos 60.000.000 años
aproximadamente. Orbitan a 25, 40 y 70 UA de tal estrella. Son aun muy
jóvenes y calientes, emitiendo luz propia por ello. Se sitúa tal
descubrimiento entre octubre de 2007 y el verano de 2008. En 2013 se
dice que uno de los planetas, el HR-8799c, tiene una atmósfera y vapor
de agua y monóxido de carbono en ella; su temperatura es muy elevada,
de más de 1.000ºC. Este sistema tiene además dos cinturones de
escombros y cometas, así como un halo de polvo fino aun más exterior.
Están a 150 y 420 UA de la estrella. Llama la atención que el plano de
estos cinturones no está en el mismo que el de las órbitas de los
planetas, lo que ha llevado a especular sobre la posible existencia de
otro planeta más, que sería pequeño. Pero más tarde se localiza un
cuarto planeta también de gran masa, obteniendo igualmente imágenes del
mismo, y se especula entonces con un quinto posible.
Su planeta HR-8799e resultó más masivo que Júpiter,
muy joven con solo unos 30 millones de años, y parece que tiene una
atmósfera muy dinámica con elevado contenido en monóxido de carbono;
también tiene hierro y silicatos (en polvo). Su temperatura es de unos
1000°C.
En 2021 se dieron a conocer más datos de estos
planetas. Sus velocidades de rotación propia son: el “c” a 14 Km/seg;
el “d” a 10,1 Km/seg; el “e” a 15 Km/seg. Con el “b” no se aclaró su
velocidad. Las inclinaciones de los planetas en tales rotación no han
sido aun determinadas en tal momento.
Fomalhaut
b.
Planeta que orbita sobre la estrella de tal nombre a unos 25 años-luz
de nosotros; la misma tiene también un disco de polvo entre los 22.000
y los 32.000 millones de Km de distancia. La órbita del planeta tiene
7.400 millones de Km de periapsis y 43.000 millones de apoapsis por lo
que cruza el citado disco o cinturón de polvo y escombros. Fue
fotografiado en 2004 y es el primer planeta del que el satélite Hubble
obtiene una imagen directa de luz. Su masa es unas 3 veces la joviana y
gira a unas 100 UA de la estrella siendo así su período orbital de 872
años. La antigüedad de este joven sistema es de solo unos 440 millones
de años.
Las observaciones de este objeto por parte del
telescopio espacial Hubble en 2014 llevaron a la conclusión que el
mismo se había ido desvaneciendo, hasta llegar a desaparecer. Se cree
probable que sufrió una gran colisión, o evento similar, antes de su
primera observación y que había generado una gran nube de polvo y
escombros que se expande.
COROT-Exo-7b.
Planeta localizado en febrero de 2009 por el satélite COROT en una
estrella enana naranja situada a 480 años-luz de nosotros, en la
constelación de Monoceros; tal estrella tiene unos 1.500 millones de
años de antigüedad. La temperatura en la superficie que mira a la
estrella es de hasta 2.300ºC al girar en órbita muy cercana a su
estrella, a solo 2.600.000 Km, con un período de solo 20,4 h; la
otra cara, que nunca ve la estrella (como nuestra Luna) registrará
temperaturas de 220ºC bajo cero. Es de un tamaño 1,8 veces la
Tierra, pero con 4,8 veces su masa, siendo así el exoplaneta más
pequeño descubierto hasta entonces. Es de superficie dura y no
gaseosa y se supone que puede tener una atmósfera de gas emanado de
las evaporaciones generadas por las altas temperaturas:
principalmente potasio, oxígeno, silicio y monóxido de silicio.
Existirán en su alta atmósfera nubes de estos elementos. Se cree que es
en realidad un antiguo gigantesco planeta gaseoso al que la estrella le
arrancó el gas que lo envolvía.
OGLE-2009-BLG-151 MOA-2009-232b. Planeta situado a 1.270 años-luz de nosotros. Fue descubierto en 2009.
HAT-P-11b.
Planeta del sistema de la estrella HAT-P-11 situada a 124 años-luz de
nosotros, en la constelación del Cisne, y a la que orbita con un
período de solo 4,88 días con lo que, dada tal cercanía, la temperatura
en el planeta es de 600ºC. Su tamaño es 4,7 veces el de la Tierra (algo
mayor que Neptuno) pero su masa es 25 veces la terrestre. Tiene una
inclinación orbital acusada. Tiene vapor de agua en su atmósfera y
mucho helio que está perdiendo expulsado por la radiación de la
estrella; el helio es barrido desde el lado diurno hacia el nocturno
con una velocidad de 10.000 Km/h o más. Tras ser estudiado por el
telescopio espacial Hubble, en 2021 se determinó que tiene un campo
magnético, el primero identificado en un exoplaneta.
VB
10b.
Planeta del sistema de la estrella VB 10, enana del tipo M situada a
unos 20 años-luz en la constelación del Águila. Su masa es unas 6
veces la joviana y su órbita es cercana a la estrella. Anunciado en
2009 como identificado por medios astrométricos, posteriormente se negó
su existencia...
XO-3b.
Planeta de una masa 13 veces la joviana. Tiene una órbita de un
período de solo 3,5 días y unos 37º de inclinación respecto al
plano ecuatorial de la estrella, lo cual es una rareza, considerando
que la formación planetaria tiene generalmente un plano coincidente
con el ecuador de la estrella por razones gravitatorias. Tal órbita
ha hecho pensar que el planeta no está en su órbita original, sino
que tuvo alguna perturbación en la original.
HAT-P-7b.
Detectado por la sonda espacial Kepler en 2008, este planeta es del
tamaño de Júpiter, gira cada 2,2 días (muy cerca pues de la misma)
sobre una estrella parecida al Sol, situada a unos 1.044 años-luz de
nosotros en la constelación del Cisne. Su órbita tiene una anómala
inclinación de 86º en relación al ecuador de su estrella. Siempre
ofrece una misma cara a su estrella dada su sincronía orbital, por lo
cual en su cara iluminada hay temperaturas de casi 2.600ºC. Es un
gigante gaseoso, 16 veces mayor que nuestro planeta, en cuya atmósfera
se han captado rápidas corrientes o vientos que parecen cargadas de
corindón (mineral de rubíes y zafiros).
HD-172555.
Estrella situada a unos 95 años-luz de nosotros en la constelación del
Pavo, de tan solo 23 millones de años de antigüedad, y sobre la que el
telescopio espacial Spitzer detectó los restos de la colisión a 36.000
Km/h de velocidad de dos planetas en su primer estadio de evolución,
hace varios miles de años. Los tamaños de los mismos se estimaron en
los equivalentes al de Mercurio y nuestra Luna. El violento choque
destrozó al cuerpo menor, vaporizando rocas y extendiendo por el
espacio largas tiras de lava. A principios de 2017, tras ser observado
el sistema con el ingenio espacial Hubble, se dice que sobre la
estrella están cayendo cometas desviados por la gravedad de un gran
planeta de tipo joviano que en tal momento aun no está detectado de
otro modo.
WASP-17b. Descubierto por el telescopio del mismo nombre (WASP), se encuentra en la constelación del Escorpión, a unos 1.000 años-luz de nosotros. Gira en órbita retrógrada y de 87,8º de inclinación respecto al plano del sistema con 3,73544 días de período. Su tamaño es el doble del de Júpiter, pero su masa es la mitad aproximadamente. Es posible que su órbita sea debida a la influencia gravitatoria al aproximarse a otro gran cuerpo de su entorno. Según observaciones con el ingenio Hubble se cree que tiene agua. Pero su temperatura es muy elevada, de unos 1.500ºC. En las nubes altas de su atmósfera se han detectado (JWST) en la banda de los 8,6 micrones nanocristales de cuarzo, SiO2.
GJ 1214b. Planeta descubierto en 2009 en una enana roja en la Constelación de Ofiuco, 5 veces menor que el Sol y 300 veces menos brillante, situada a 42 años-luz de nosotros. Es de un diámetro 2,7 el terrestre, y una masa 6,5 veces la de la Tierra. Está dotado de superficie sólida y densa atmósfera de unos 200 Km de altura. Se cree que tiene hielo en su interior, así como hierro y silicio, pero en su superficie hay unos 200ºC. Gira en su estrella en órbita de 38 h y a unos 2.000.000 Km de distancia. Fue descubierto por el Proyecto MEarth que utiliza 8 telescopios de 40 cm de diámetro. Tras su estudio, a principios de 2012 se da a conocer que el planeta tiene la mayor parte de su superficie cubierta de agua, y su densa atmósfera es de vapor de agua; aunque dado que debería tener hidrógeno liberado en las capas más altas, al no ser así, también se piensa que tiene elementos de alta metalicidad. En 2017 se hace sobre el mismo la primera observación de un exoplaneta con un telescopio aerotransportado, el SOFIA, por parte de la Universidad suiza de Berna.
BD+201790b. Planeta muy joven, de solo 35 millones de años, que tiene una masa equivalente a 6 veces la joviana y rota en órbita muy cercana a su estrella.
COROT-Exo-9b.
Planeta descubierto el 16 de mayo de 2008 por el satélite COROT y
estudiado a principios de 2010 por el Observatorio Austral Europeo,
ESO, en una estrella situada a 1.500 años-luz de nosotros, en la
constelación de la Serpiente. Es similar a Júpiter con solo un 5%
más de diámetro y un 68% de su masa, siendo así el más parecido
hallado hasta entonces. Tiene temperaturas de entre los -23ºC y los
157ºC. Pero su órbita es circular y está cercana a su estrella con
un período de rotación de solo 95,274 días.
WASP-8b.
Hallado por el telescopio del mismo nombre (WASP), tiene una órbita
retrógrada, hecho que contradice la teoría de la formación de los
planetas que hasta entonces se aceptaba generalmente.
Upsilon
Andromedae.
Estrella blanco-amarillenta situada a 44 años-luz de nosotros; tiene
más masa y brillo que el Sol, y es más joven. Su sistema posee al
menos tres planetas con la particularidad que dos de ellos, Upsilon
Andromedae c y Upsilon Andromedae d,
están en planos orbitales con ángulo acusado respecto al plano
principal, de unos 30º. También tiene una compañera enana roja.
Kepler
9.
Sistema solar de nuestra galaxia descubierto en 2009 por la sonda
espacial Kepler, cuya estrella es similar al Sol. Tiene al menos 2
planetas del tamaño de Saturno, de períodos de 19,2 y 38,9 días, y
quizá otro más de una masa varias veces la de la Tierra, pero con
tan solo 1,6 días de período.
HD-10180.
Estrella que tiene un sistema solar identificado a 127 años-luz de
nosotros, en la constelación de Hidra. Posee al menos un planeta del
tamaño de Saturno, 4 de masa similar a la de Neptuno y uno de 1,4 la
terrestre. De estos últimos 5, el más alejado gira sin embargo a poco
menos de 1,4 UA de la estrella y todos en órbitas casi circulares de
períodos entre 6 y 600 días; el de menor masa gira con solo 1,18 días
de período. El de masa como Saturno está en órbita de 2.200 días de
período. Luego, en 2010, se dijo que tenía otro más, y posteriormente,
en 2012, se anuncia que quizá tenga 9 en total, de los que 7 estarán en
órbita de menos de 1 UA; solo habrá 1 en zona habitable, pero del
tamaño de Neptuno. De tipo terrestre habrá 2, uno del doble del tamaño
de nuestra Tierra.
HIP 13044 b. Planeta
identificado en 2010 a 2.000 años-luz de nosotros en la constelación de
Fornax, en órbita sobre una gigante roja procedente de una galaxia
enana vecina que absorbió la Vía Láctea hace entre 6.000 y 9.000
millones de años. Es el primero hallado de tales características. Tiene
una masa de 1,25 veces la joviana y su órbita es de un período de solo
16,2 días, estando pues cerca de la estrella que está en período de
contracción tras haberse previamente expandido en las fases finales de
su vida.
Kepler 10b.
Planeta localizado por la sonda Kepler, el primero de la misma de tipo
rocoso. Tiene 4,6 veces la masa de la Tierra y es 1,4 veces mayor. Gira
en una órbita muy cercana a su estrella, unas 20 veces más que nuestro
Mercurio del Sol, por lo que tarda solo 0,84 días en dar una vuelta
completa. El sistema solar en que está es de una antigüedad de unos
11.000 millones de años y está situado a 560 años-luz de nosotros en la
constalación de Draco.
Otro planeta del mismo sistema es el Kepler 10c,
que tiene un tamaño 2,3 veces el de la Tierra con un diámetro de casi
29.000 Km. Es rocoso y su masa es unas 17 veces la terrestre. Su órbita
tiene un período de 45 días. Se ha dicho que es un planeta “imposible”
pues dada la antigüedad del sistema en el que está no debería ser un
planeta rocoso pues los elementos pesados para formarse no eran
abundantes en un primer momento; aunque también pudo haber sido
capturado más tarde...
Kepler 11. Sistema solar con una estrella parecida a nuestro Sol y que tiene al menos 6 planetas de masas entre 2,3 y 13,5 veces la masa de nuestra Tierra. Giran en órbita con período entre 10 y 47 días 5 de ellos, lo que significa que están muy cerca de la estrella; el restante tiene un período de 118 días. Fue descubierto en la Constelación de Cygnus a unos 2.000 años-luz de nosotros por la sonda espacial Kepler y del mismo se informó a principios de 2011.
HD-15082. También
llamada WASP-33, es una estrella pulsante de la constelación de
Andrómeda, localizada a unos 378 años-luz de nosotros, que tiene un
planeta descubierto en 2006. El planeta tiene una masa 4 veces la
joviana y gira en órbita retrógrada a solo 3 millones de Km de la
estrella, con un período de 1,22 días. La cara iluminada del planeta se
cree que puede tener una temperatura de cerca de los 3.000ºK. En 2018
se determinó que tal planeta WASP-33b parece tener en su atmósfera
óxido de aluminio. Además, se encontró en la misma el radical hidroxilo
(OH) por vez primera en una atmósfera planetaria (2021); el mismo se
cree generado en la disociación del vapor de agua, dada la citada
elevada temperatura.
Kepler 16b. Planeta descubierto por el ingenio espacial Kepler que gira en un sistema binario de dos pequeñas estrellas a 245 años-luz de nosotros y que es el primero hallado en tal circunstancia (posteriormente aparecerían los Kepler 34b y Kepler 35b); las estrellas son de un tamaño 1/5 y 3/5 partes del de nuestro Sol. Gira en una órbita de 228,776 días en el mismo plano que sus estrellas; las estrellas giran distanciadas entre ellas 34 millones de Km. Su tamaño es similar al de Saturno.
Kepler 18.
Estrella que tiene 3 planetas que orbitan más cerca de la misma que
Mercurio del Sol. El sistema fue descubierto por el ingenio espacial
Kepler. Dos de los planetas son de una masa similar a Urano y Neptuno,
y el tercero, el Kepler 18b, es el doble mayor que la Tierra, aunque
con 6,9 veces su masa; este último es el más cercano a la estrella con
período de 3,5 días. Kepler 18c gira en órbita de período de 7,6 días y
tiene una masa 17 veces la terrestre con un tamaño de 5,5 veces el de
nuestro planeta. Kepler 18d gira en órbita de 14,9 días, su tamaño es 7
veces el de la Tierra y su masa 16 veces la terrestre.
Kepler
19b.
Planeta que se localiza a 650 años-luz de nosotros en la
constelación de la Lira. Gira sobre su estrella a unos 14.000.000 Km
en órbita de 9 días 07 h de período. A tal cercanía, su
temperatura alcanza unos 500ºC. Tiene un diámetro de unos 30.000
Km. Por las alteraciones de su órbita se deduce que existe otro
planeta en órbita cercana que lo afecta.
Kepler 22b.
Planeta que gira sobre una estrella similar a nuestro Sol en una órbita
de 290 días considerada como zona habitable y que podría tener agua líquida en su
superficie, siendo además de un tamaño solo 2,4 veces el terrestre. Es
el más parecido a nuestro planeta de todos los descubiertos hasta
entonces (2011). Está a unos 600 años-luz de nosotros y la estrella es un poco menor que el Sol y algo más fría.
WD 0806-661b.
Planeta gaseoso situado en un sistema solar de una enana blanca que
está a 63 años-luz de nosotros. Gira en una órbita de 375.000 millones
de Km, más de 83 veces la distancia media del Sol a Neptuno. Es de un
tamaño de 6 a 9 veces el de Júpiter pero tiene una temperatura entre
los 27 y los 71ºC, calor que obtiene de su interior dado que la
estrella está demasiado lejos.
Kepler 20.
Estrella situada a 1.000 años-luz de nosotros que tiene 2 planetas de un tamaño similar al de la Tierra,
pero no en la zona orbital considerada habitable; uno es un 87% del
tamaño de nuestro planeta y otro un poco mayor que ella, el 103%. Anunciados el
20 de diciembre de 2011, fueron denominados Kepler 20e y Kepler 20f, y
giran demasiado cerca de la estrella por lo que son muy calientes,
haciéndolo el primero en órbita de 6,1 días de período y el segundo en
órbita de 19,6 días. Se les supone rocosos. Pero además, la estrella
tiene otros 3 planetas de un tamaño menor que Neptuno, el Kepler 20b,
que gira en órbita aun más interna que los dos citados con un período
de 3,7 días, el Kepler 20c, con período de 10,9 días y el Kepler 20d
con período de 77,6 días.
KOI-961.
Enana roja, del tamaño de un sexto el del Sol, que está a 130 años-luz
de nosotros en la constelación de Cygnus. Tiene girando en órbitas muy
cercanas a ella tres planetas rocosos que fueron descubiertos por el
ingenio espacial Kepler y que tendrán por tanto altas temperaturas en
su superficie. El menor de los planetas es de tamaño similar a Marte.
Kepler 34b/ Kepler 35b.
Planetas gaseosos que giran en respectivos sistemas binarios a 4.900 y 5.400 años-luz de nosotros, siendo el
segundo y tercer planetas descubiertos en tal circunstancia. El primero
es de una masa del 22% de la de Júpiter y el 76% de su tamaño; su año
tiene una duración de 289 de nuestros días. El segundo es un 13% de la
masa de Júpiter, el 73% de su tamaño, y su año tiene una duración de
131 de nuestros días. Las órbitas de los planetas en relación a sus
pares de estrellas determinan fuertes variaciones en sus respectivas
iluminaciones. Este tipo de sistema solar, con estos descubrimientos,
comienza a mostrar su abundancia.
Gliese 667C.
Estrella situada a 23,62 años-luz de nosotros en la constelación de
Escorpión; forma parte de un sistema triple, es una enana roja de una
masa un tercio la solar, y solo 1% de su luminosidad. Tiene al menos 6
planetas de los que 3 giran a una distancia considerada de
habitabilidad y tienen una masa mayor que nuestra Tierra, sin ser
gigantesca, de modo que inicialmente se podrían considerar aptos para
la vida. Los planetas tienen una tendencia que los llevará a girar a
razón de 3 vueltas sobre sí cada 2 vueltas sobre la estrella (es decir,
tienen 3 de sus días cada 2 de sus años). El GJ 667Cf tiene una masa de
2,7 veces la terrestre y un diámetro un 40% mayor que nuestro planeta;
su temperatura media puede estar en torno a los -50ºC.
GL 667Cc.
Planeta hallado en el sistema de tres soles antes citado situados a
23,62 años-luz de
nosotros en la constelación del Escorpión; son una enana roja tipo M, y
dos enanas naranjas tipo K. Tiene un diámetro de 1,5 veces el de la
Tierra y una masa de 4,5 veces la terrestre, lo que le calificó como
una “supertierra”. Gira en torno a una de las estrellas, que es una
enana roja de una masa 1/3 la solar, con un período de solo 28,15 días,
a 0,12 UA, de tal modo que recibe aproximadamente un 90% de la luz que
nuestra Tierra, lo que hace pensar que podría ser habitable si además
tuviera agua. Su cercanía a la estrella podría alcanzarla cuando la
misma genere llamaradas. El sistema tienen además otro planeta, el GL
667Cb, que
gira con período de solo 7,2 días.
Kepler 36.
Sistema descubierto por el ingenio espacial Kepler en 2012 a 1.200 años-luz de nosotros que tiene al
menos dos planetas que giran sobre su estrella a corta distancia. Uno
de ellos, el Kepler 36c, es del tamaño de 3,7 veces la Tierra, pero de
8 veces su masa, girando en órbita de 19.000.000 Km de la estrella con
período de 16,2 días; y el Kepler 36b, más cercano a la estrella, es del
tamaño 1,5 veces el de la Tierra, aunque de 4,5 veces su masa; este
último gira en órbita de unos 18.000.000 Km de distancia a la estrella
y su período (año) es de 13,8 días. Ambos giran muy cerca uno de otro,
unos 1.900.000 Km de media, la menor distancia nunca observada entre
los planetas conocidos hasta entonces, coincidiendo cada 97 días en una
máxima aproximación.
KELT-1b.
Planeta descubierto en 2012 por el telescopio KELT North de Arizona en
la constelación de Andrómeda. Es un planeta gigante de 27 veces la masa
de Júpiter aunque no mucho mayor en tamaño (casi una enana marrón), y
gira muy cerca de su estrella, con un período de solo 30 horas. Al
estar tan cerca de la estrella, su temperatura es de unos 2.200ºC.
UCF-1.01.
Posible planeta hallado por ingenio espacial Spitzer y situado en el
sistema de la enana roja GJ 436, a unos 33 años-luz de nosotros. Se
cree que es de un tamaño 2/3 el de la Tierra (tendría unos 8.400 Km de
diámetro) y gira muy cerca de su estrella, a menos de 3.000.000 Km de
la misma , lo que hace que sea muy caliente, con cerca de los 600ºC.
Kepler 47.
Sistema hallado por la sonda Kepler que tiene dos soles y al menos 2
planetas; es el primero descubierto de tales características. Anunciado
el 29 de agosto de 2012, se halla a unos 3.340 años-luz de nosotros en
la constelación del Cisne. Las dos estrellas giran una sobre otra con
un período de 7,45 días, siendo una similar al Sol y la otra 3 veces
más pequeña y 175 veces de menor luminosidad absoluta. De los 2
planetas, el más pequeño, de 3,1 veces el tamaño de la Tierra, gira con
un período de 49 días, y el otro, mayor que Urano o del tamaño de 4,7
veces la Tierra, gira con 303 días de período. En 2019 se confirma por
el método de tránsito un tercer planeta, Kepler 47d, que es del tamaño
de 7 veces la Tierra, deambula en una órbita entre los otros dos con un
período de 87 días.
Kepler 30. Sistema de un sol similar al nuestro y al menos 3 planetas hallado por el ingenio espacial Kepler a unos 10.000 años-luz de nosotros. Los citados planetas giran en un mismo plano y alineados, del modo que lo hacen los de nuestro Sistema Solar, pero no la mayoría de los exoplanetas hallados hasta entonces.
Alpha Centauri B.
Una de las estrellas más cercanas a nosotros, a solo 4,37 años-luz de
nuestro sistema, podría tener un planeta de un tamaño parecido al del
nuestro, con masa de un 113% la terrestre, y el cual giraría sobre ella
con un período de 3,236 días y a solo una distancia de unos 6.000.000
Km. Si existe, habría sido descubierto por el Observatorio chileno de
la Silla, HARPS, en 2012. Su denominación es Alpha Centauri Bb. Pero en
2015, tras un nuevo análisis de datos, se dijo que los mismos no
justifican la existencia de este planeta. Es decir, no se confirma su
existencia.
En la cercana Alpha Centauri A también hay al menos 1 planeta. Tiene una masa similar a la de Saturno y gira en órbita de entre 1 y 2 UA.
Próxima Centauri.
Muy cerca de la anterior, pero en otra estrella, enana roja, también
hay al menos un planeta, Próxima Centauri b, que gira también a unos
7,5 millones de Km y 11 días de período, en zona presumiblemente de
habitabilidad de su
estrella; la luminosidad estelar es aquí una milésima de la solar y su
temperatura es de unos 2.727ºC, menos de la mitad que el Sol. La
temperatura en el planeta se estima en -39ºC. Descubierto en 2016, su
período de rotación (año) es de 11,2 días, su masa es 1,27 veces la
terrestre, su diámetro es solo un 10% mayor que el de la Tierra, y es
el exoplaneta más cercano a nuestro Sistema Solar. En 2018 se pone de
manifiesto la imposibilidad de ser habitable el planeta “b” tras
haberse detectado decenas de llamaradas de su estrella que lo estarán
asolando. En 2019 también parece haber otro más, el “c”, cuya masa
sería de 6 veces la terrestre y que gira en una órbita de 1,44 UA con
período de 5,3 años; en su
superficie podría tener temperaturas del orden de los 234ºC bajo cero.
En 2022 se informa del hallazgo de un tercer planeta, el Próxima d,
orbitando a unos 4 millones de Km de la estrella, con un período así de
solo 5 días.
PH1.
Planeta unas 6,2 veces mayor que la Tierra, pero de unas 170 veces su
masa, que se localiza a unos 5.000 años-luz de nosotros, girando con un
período de 138 días en un peculiar sistema de cuatro estrellas, dos de
ellas formando un sistema binario y las otras dos girando sobre éstas a
una distancia de unas 1.000 UA; a este tipo de sistema le dieron el
nombre de circumbinario.
Fue
descubierto sobre datos aportados por el ingenio espacial Kepler por
astrónomos aficionados y la Universidad de Yale. Las dos
estrellas sobre las que está el planeta giran entre ellas con un
período de 20 días, siendo de masa 1,5 y 0,41 la solar.
Tau Ceti. Estrella de la constelación de Cetus, situada a unos 11,9 años-luz de nosotros, que es un poco más pequeña que nuestro Sol y algo menos luminosa, y que tiene al menos 5 planetas. Uno de ellos, de una masa 4,3 veces la terrestre, deambula en una zona templada en una órbita de 168 días de período y se cree que podría ser habitable. Los otros cuatro planetas tienen masas que van de 2 a 6,6 veces la masa de la Tierra.
Kappa And b.
Planeta de la estrella Kappa Andromedae cuya masa es 2,5 veces la solar
y unos 30 millones de años de antigüedad. El planeta tiene 12,8 veces
la masa de Júpiter pero gira en una órbita más alejada, poco más que la
de Neptuno. Fue fotografiado directamente desde el Observatorio Subaru
en 2012. Está a unos 170 años-luz de nosotros.
Kepler 37.
Estrella con un sistema descubierto por el telescopio sideral Kepler
que es parecida a la nuestra y está situada en la constelación de la
Lyra a unos 210 años-luz de nosotros. Tiene (2013) al menos tres
planetas. El 37b es de un tamaño como el de nuestra Luna. El 37c es un
poco menor que Venus. Y el 37d es del doble del tamaño de nuestra
Tierra. Pero los tres giran sobre la estrella en una órbita muy
cercana, más cerca que la de Mercurio en el Sol, por lo que se estima
que la temperatura en el 37b puede ser de unos 400ºC. Así, el período
del 37b es de solo 13 días, y de 21 días el 37c y 40 días el 37d.
HD-100546.
Estrella que se localiza a 320 años-luz de nosotros en la constelación
de la Musca y se cree que tiene un planeta en formación de
características similares a Júpiter, lo que resulta de especial interés
para analizar su evolución. Este posible planeta gira a una distancia
de la estrella de unas 70 UA. En 2016 trasciende el hallazgo en su
disco protoplanetario de hielo de agua; su antigüedad se cifra entonces
en solo unos 10.000.000 años. En el citado disco se ha detectado también metanol por vez primera en una formación de tal tipo.
Kepler 62.
Sistema solar que tiene una estrella más pequeña que el Sol, situada en
la constelación de la Lira, a unos 1.200 (o 990, según otra
información) años-luz de nosotros. Tiene 5
planetas, de los que 2 son solo un poco mayores que el nuestro, un 41%
y un 61% más. Son los Kepler 62e y 62f y giran a una distancia de la
estrella que se considera de habitabilidad (a 0,72 UA), el segundo con
un período de 267 días y el otro con menos (a 0,43 UA). El Kepler 62e
tiene un diámetro de 1,61 veces el terrestre y el Kepler 62f otro de
1,4
veces con 2,8 masas terrestres, por lo que se les considera
supertierras; el 62e tiene una temperatura estimada en -12ºC. Otro
menor, del tamaño
de Marte, gira muy cerca de la estrella. El descubrimiento del Sistema
fue anunciado en 2013. Parece que Kepler 62f tiene mil veces más
dióxido de carbono que nuestro planeta por lo que sería muy adecuado
para la vida.
Kepler 69.
Sistema solar de la constelación del Cisne a unos 2.700 años-luz de
nosotros con al menos dos planetas, uno de los cuales, el Kepler 69c,
es un 70% mayor que la Tierra y gira a una distancia considerada de
habitabilidad con un período de 242 días. La estrella es un 80% más luminosa que el Sol.
Kepler 70.
Estrella situada en la constelación del Cisne a unos 3.849 años-luz de
nosotros que tiene al menos 2 planetas que giran muy cerca, con
períodos de 5,76 y 8,23 h. El Kepler 70b fue descubierto el 22 de
diciembre de 2011 y registra una temperatura superior a la de la
superficie del Sol, como más de 6.000ºC, récord a su hallazgo para este
tipo de objetos.
Kepler 76b.
Planeta que se halla en un sistema de una estrella de la constelación
del Cisne, a unos 2.000 años-luz de nosotros; tal estrella es más
caliente y masiva que el Sol. El planeta tiene un diámetro de un 125%
el de Júpiter, pero con el doble de masa, y gira muy cerca de la
estrella con un período de solo 1,5 días, siendo así que su temperatura
llega a los 2.000ºC en la faz expuesta a la estrella. En su detección
se utilizó por vez primera una técnica de observación de parámetros que
tienen en cuenta la teoría de la relatividad de Einstein.
TW Hydrae.
Estrella enana roja situada a 173 años-luz de nosotros en la
constelación de Hydra; tiene una masa de un 55% la solar. Tiene un
disco de gas y polvo en el que hay al menos un planeta en formación a
la extraordinaria distancia de unas 80 UA, el doble de lejanía de la
órbita de Plutón. Hay otro, el TW Hydrae b,
del que se supo a finales de 2007 como el planeta extrasolar más joven
hallado hasta entonces con solo unos 10 millones de años (la edad de su
estrella, TW Hydrae). De una masa 10 veces la joviana, deambula aun en
el disco de polvo y gas planetario de su estrella, demostrando por vez
primera la existencia del proceso general de formación planetaria que
hasta entonces era comúnmente aceptado. Rota en una órbita de
solo 3,56 días de período y a solo unos 6.000.000 Km de la estrella. En
su disco protoplanetario se pone de relieve en junio de 2016 que hay
alcohol metílico, lo que indica que tal compuesto se ha formado entre
los granos de hielo antes de evaporarse, proceso de gran interés para
los exobiólogos.
KELT-6b. Planeta descubierto en 2013 por el equipo de Karen Collins con el telescopio KELT a unos 700 años-luz de nosotros en la constelación de Coma Berenices. Es un planeta gigante de una masa similar a la de Saturno que gira cerca de su estrella con un período de solo 7,8 días y tiene así elevadas temperaturas.
GJ 504b.
Planeta gigante de un sistema en la constelación de Virgo a unos 57
años-luz de nosotros. Tiene 4 veces la masa joviana pero es de un
tamaño parecido, y gira en una órbita 9 veces más lejos de su estrella
que Júpiter de nuestro Sol. Ha sido observado en el IR con el
telescopio Subaru hawaiano en 2013, mostrando un color magenta. Su
temperatura es de 237ºC.
Kepler 78b.
Planeta hallado por el MIT y situado a unos 430 años-luz de nosotros en la constelación del Cisne.
Gira muy cerca de su estrella en una órbita de un período de solo 8,5
h. Por ello, se estima que la temperatura en su superficie es de al
menos unos 2.700ºC, de modo que tiene luz propia, a la vez que no tiene vida. De superficie firme,
tiene un tamaño 1,16 veces el de la Tierrade y su masa es 1,86 veces la
terrestre, lo que significa que es más denso que nuestro planeta. Su estrella es de un tamaño un 70% el del Sol, pero por lo
demás de similares características. Se piensa que acabará cayendo en su
órbita sobre su estrella en un plazo de unos 3.000 millones de años.
PSO J318.5-22.
Planeta situado a unos 75 años-luz de nosotros en la constelación de
Capricornio. De tipo gaseoso, tiene 6 u 8 masas jovianas y una
antigüedad de menos de 20 millones de años. El mismo no orbita sobre la
estrella más cercana, pero por lo demás sus caracteres son los de un
planeta. Gira sobre sí con un período de 5 días. Aunque también ha sido
calificado como estrella marrón, tiene nubes de polvo muy caliente, de
más de 800ºC, que contienen hasta pequeñas gotas de hierro fundido.
Kepler 91b.
Planeta de la estrella gigante roja KOI-2133 (también KIC 8219268),
situada a unos 3.500 años-luz de nosotros. Gira muy cerca de ésta, la
cual está en expansión y se acabará tragando al planeta en menos de 55
millones de años. El planeta tiene un período de 6,24 días y su tamaño
es 1,38 veces el de Júpiter, pero solo posee un 88% de su masa.
KOI-314.
Estrella enana roja situada a 200 años-luz de nosotros y que tiene al
menos dos planetas, de los que uno, el KOI-314c, gira muy cerca con un
período de solo 23 días y tiene una masa similar a la de la Tierra, si
bien su diámetro es un 60% superior. La atmósfera de este planeta, de H
y He, es mucho más densa y profunda que la terrestre y por la cercanía
a la estrella se supone muy caliente, de más de 100ºC; es pues un
planeta casi gaseoso. El otro planeta, KOI-314b, tiene una órbita aun
más cercana a la estrella con solo 13 días de período y su tamaño es
similar, pero más denso y de una masa 4 veces la terrestre.
Kepler 413b. Planeta descubierto en un sistema binario a 2.300 años-luz de nosotros en la constelación del Cisne por el ingenio espacial Kepler que tiene la peculiaridad de tambalearse con una inclinación de 30º respecto a su eje de rotación con un período de unos 11 años, como lo hace la Tierra pero con un período cortísimo en relación a ella. Además, su órbita, de 66 días de período, también también oscila con 2,5º respecto al plano de los dos soles sobre los que rota. Su masa es 65 veces la terrestre y es gaseoso.
Kepler 186.
Estrella enana roja tipo M de un tamaño la mitad del Sol, situada a
unos 492,3
años-luz de nosotros en la constelación de Cygnus, que tiene al menos 5
planetas, de los que uno, el Kepler 186f gira en una órbita de 129,9
días
de período a una distancia considerada habitable para tal Sistema (0,43 UA), y
que es además de un tamaño solo un 11% mayor que el nuestro por lo que
a su descubrimiento en 2014 por el telescopio Kepler se convierte en el
planeta de más posibilidades para la vida de todos los descubiertos
hasta entonces. Gira más cerca de la estrella que nosotros del Sol,
pero la misma emite un tercio de la energía que éste, de modo que en
dependencia del tipo de atmósfera que pueda tener habrá más o menos
posibilidades para la vida en tal planeta. Tiene un volumen de 1,37
veces el de la Tierra y su temperatura media se estima en -46ºC, lo que
significa que podría tener zonas más templadas y más aptas para la
vida. Los otros planetas giran en
órbitas muy cercanas a la estrella con períodos de 4, 7, 13 y 22 días.
GU Psc b.
Planeta de un sistema que se halla en la constelación de Piscis, a unos
155 años-luz de nosotros. La estrella, que es muy joven, tiene una masa
un tercio de la solar y el planeta gira a gran distancia, a unas 2.000
UA de tal sol en una órbita de un período de unos 80.000 años. Se han
podido detectar el planeta en imágenes tomadas al respecto.
Kapteyn.
Estrella muy vieja, de unos 11.500 millones de años, situada a solo 13
años-luz de nosotros, en nuestra propia Vía Láctea, pero se piensa que
procede de otra galaxia, una enana que colisionó con la nuestra. Tiene
al menos dos planetas: el Kapteyn b y c. El primero es de una masa 5
veces la terrestre, y un período de rotación de 48,6 días, pero que se
encuentra en la zona orbital habitable de tal estrella. El segundo (c)
tiene una masa de unas 7 veces la terrestre y su período es de 121
días.
OGLE-2013-BLG-0341LBb.
Planeta descubierto a 3.000 años-luz de nosotros que tiene una masa del
doble de la terrestre, girando sobre una de las estrellas de un sistema
doble en una órbita que dista casi lo mismo que la nuestra de la Tierra
del Sol. Pero tal distancia no supone lo mismo que para nosotros puesto
que la estrella es más débil que el Sol y hace por tanto que el planeta
sea muy frío.
Gliese 832.
Enana roja también conocida como GJ 832, situada a 16 años-luz de
nosotros. Tiene al menos 2 planetas, y uno, Gliese 832c, de una masa 5
veces la terrestre que gira en una órbita de 36 días en zona
considerada de habitabilidad. El planeta tiene sin embargo una
atmósfera muy densa y quizá de alta temperatura (como Venus). El GJ
832b, hallado en 2009, es gaseosos y en su tamaño es de tipo joviano;
tiene un período orbital (su año) de 10 años (terrestres), girando a
3,56 UA de la estrella. Pero la estrella podría además tener otro
planeta girando entre los dos anteriores y estar en zona habitable.
Kepler 56.
Estrella que está empezando a convertirse en una gigante roja, proceso
que alcanzará mayor expansión en un plazo entre 130 y 155 millones de
años. Su evolución en esta fase final de su vida interesa para observar
lo que le ocurrirá a nuestro Sol dentro de unos 5.000 o 6.000 millones
de años. Tiene al menos tres planetas, Kepler 56b, Kepler 56c y Kepler
56d, de los que los dos primeros serán envueltos por la estrella cuando
llegue tal momento de su mayor dilatación. El primero de estos planetas
gira en órbita de solo 10,5 días y el segundo en 21,4 días, ambos muy
cerca de la estrella. El tercero gira más lejos, con un período de 3,3
años.
WASP-43b.
Planeta descubierto en 2011 a 280 años-luz de nosotros en un sistema
cuya estrella es una enana naranja. Es un planeta gigante como Júpiter
pero con el doble de densidad que gira en una órbita cercana a la
estrella con un período de solo 19,5 h y que ofrece a la misma siempre
la misma cara (como la Luna a la Tierra). En el mismo, con ayuda del
satélite Hubble, se han realizado las primeras mediciones de la
temperatura de la atmósfera y del contenido en vapor de agua de un
exoplaneta. En su cara iluminada se han detectado temperaturas de
1.250ºC, que bajan a los 538ºC en la cara nocturna. También se han
identificado vientos a 9.000 Km/h de velocidad en la cara iluminada. Su
principal componente es el hidrógeno.
Kepler 90.
Estrella que se encuentra a 2.545 años-luz de nosotros en la
constelación de Draco. Tiene al menos 8 planetas. En 2017, el sistema
fue estudiado con ayuda de la denominada inteligencia artificial
de Google (sistema de redes neuronales llamado “machine learning” que
tuvo en esta ocasión un 96% de aciertos). Los planetas aparecen
distribuidos en distancias orbitales muy cercanas a la estrella. Su
tercer planeta (el 8º hallado y con tal medio de estudio antes citado)
es Kepler 90i que tiene un período (año) de 14,4 días, cercanía que
hace que tenga temperaturas tan altas como 426ºC, siendo su tamaño casi
⅓ mayor que el de la Tierra.
Kepler 438b.
Planeta situado a 470 años-luz de nosotros y que gira en torno a una
enana roja con un período de 35,23 días, pero en zona considerada
habitable en tal tipo de estrella; recibe no obstante un 40% más de luz
estelar que nuestro planeta del Sol. Tiene un diámetro un 12% mayor que
el de la Tierra. Se anunció a principios de 2015 como uno de los
planetas más parecidos al nuestro de los hallados hasta entonces, bajo la
creencia, a un 70% de posibilidades, de ser un planeta rocoso.
Kepler 442b.
Planeta situado a 1.115 años-luz de nosotros en la constelación de la
Lira y que gira en torno a una enana roja con un período de 112,3 días y
0,41 UA, en zona considerada habitable en tal tipo de estrella, si bien
recibe la de luz de su estrella en proporción de 2/3 de la que nuestro
planeta del Sol. Tiene un tamaño 1/3 mayor que el de la Tierra. Se
anunció a principios de 2015 como uno de los planetas más parecidos al
nuestro de los hallados hasta entonces. Se cree a un 60% de
posibilidades que pueda ser un planeta rocoso.
HIP 116454b.
Planeta descubierto por el telescopio espacial Kepler en 2014 y que se
halla a unos 180 años-luz de nosotros en la constelación de Piscis.
Gira sobre su estrella, que es una enana naranja, con un período de 9,1
días y a una distancia de 8.400.000 Km. Tiene un diámetro de unas dos
veces el terrestre, pero una masa casi 12 veces superior.
EPIC 201367065.
Enana roja del tipo espectral M que es de la mitad del tamaño y masa
que nuestro Sol y que está a unos 150 años-luz de nosotros. Tiene al
menos tres planetas en su sistema de 2,1, 1,7 y 1,5 veces el tamaño de
nuestro planeta; este último es el más exterior de los tres y está en
una órbita dentro de la zona considerada habitable.
Kepler 444.
Estrella situada a 117 años-luz de nosotros que es una cuarta parte
menor que el Sol y más fría. Su formación se inició, según se estima,
hace 11.200 millones de años, siendo su sistema a su descubrimiento por
el telescopio sideral Kepler el más antiguo con planetas de nuestra
galaxia. Tiene al menos 5 planetas que son de un tamaño entre el de
Mercurio y el de Venus, y su órbita es muy cercana a la estrella con
períodos de solo unos 10 días por lo que serán muy calientes e
inhabitables.
J1407b.
Primer planeta de anillos descubierto fuera de nuestro Sistema. Está en
el sistema de la estrella 1SWASP J140747.93-394542.6, que tiene una
masa un 90% la solar u está a 460 años-luz de nosotros en la
constelación del Centauro. También podría tratarse por su tamaño de una
estrella enana marrón. Hallado el planeta en 2012, tiene más y
mayores anillos (al menos unos 37) que Saturno, siendo además mayor que
éste, unas 26 (±14) veces mayor que Júpiter. Entre los anillos hay
huecos lo que hace suponer la existencia de satélites. El sistema de
anillos es unas 200 veces mayor (también se citan 640) que el de Saturno, con un diámetro
cercano a los 120 millones de Km. Su período se estima en unos 10 años.
Sin embargo, en 2018, tras un examen de imágenes de la estrella desde
1890 hasta 2007, no se observa la existencia de los eclipses que
evidencian los anillos por lo que se pone de relieve la necesidad de
estudiar más a fondo este sistema estelar.
Kepler 432b.
Planeta descubierto en 2014 que rota sobre una estrella gigante roja
4,15 veces mayor que nuestro Sol, pero de 1,36 masas solares, situada a
2.851 años-luz de nosotros. Es del tamaño de Júpiter, pero de 6 veces
su masa, y gira en una órbita elíptica con un período de solo 52,5
días. Alcanza en su órbita temperaturas extremas de entre 500 y 1000ºC.
Se calcula que dentro de menos de 200 años habrá sido tragado por la
estrella que está en fase terminal y por tanto en expansión.
KIC 1255b.
También denominado Kepler 1520b y KIC 12557548b. Planeta de un sistema que se localiza a 1.500 años-luz de nosotros. Es
de tipo rocoso, de un tamaño similar a Mercurio, y gira en una órbita
muy cercana a su estrella, de modo que su año es de solo unas 16 h, lo
cual está produciendo su evaporación con temperaturas de unos 1.800ºC.
Por ello, el planeta arrastra tras de sí en su órbita una cola como un
cometa.
30 Arietis.
Sistema descubierto en 2009 situado a 136 años-luz de nosotros en la
constelación de Aries que tiene un planeta gigante gaseoso de unas 10
masas la de Júpiter. Pero su peculiaridad principal es que tiene 4
estrellas, una muy brillante y otra menor y más tenue que las otras
dos. El planeta gira en una órbita de 335 días sobre la estrella mayor.
Kepler 7b.
Planeta gigante gaseoso, descubierto en 2010 en la constelación de la
Lira y cuyo año es de solo 4,88 días por lo que gira muy cerca de su
estrella. Es de tipo joviano y su atmósfera tiene temperaturas
superiores a los 1.400ºC. Sobre los bordes del mismo se ha hecho un
estudio de tal atmósfera al momento de cruzar delante de la estrella
desde nuestra posición, averiguándose que tiene mineral enstatita
vaporizado, un silicato piroxeno que en el ambiente normal de nuestro
planeta es sólido.
HD-7924.
Estrella situada a 54 años-luz de nosotros. Tiene al menos 3 planetas
que giran muy cerca de la misma, con períodos de 24, 15 y 5 días tan
solo. Sus masas oscilan entre 7 y 8 veces la terrestre.
HATS-6.
Estrella situada a 500 años-luz de nosotros. Pequeña y fría, es del
tipo espectral M y emite solo un 0,05 % de luz que el Sol. Tiene un
planeta de una masa parecida a la de Saturno y tamaño como Júpiter, que
los astrónomos consideran demasiado grande para esta estrella, según
las teorías al respecto, estimando que el planeta pudo formarse lejos y
luego acercarse a la estrella.
VHS 1256b.
Exoplaneta que gira sobre una enana roja situada a unos 40 años-luz de
nosotros en una órbita de 100 UA y período orbital de unos 10.000 años.
Su período de rotación propia es de unas 22 h. Este sistema solar es
muy joven con unos 150 millones de años. Tiene una masa de 11 veces la
joviana
pero un tamaño similar. Su atmósfera alcanza temperaturas de 830ºC y en
la misma se han hallado nubes de silicatos, agua, metano, monóxido de
carbono y dióxido de carbono.
Ha sido fotografiado y se ha analizado su espectro.
HD-115600.
Estrella situada a 360 años-luz de nosotros. Es parecida al Sol, aunque
un poco mayor y muy joven con menos de 20 millones de años, y tiene un
disco o anillo de materia que gira sobre ella, a una distancia similar
a nuestro Cinturón de Kuiper. Se cree que tiene al menos un planeta
grande.
Kepler 138.
Sistema planetario que tiene al menos tres planetas (2015) y está a
unos 218 años-luz de nosotros en la constelación de la Lira. La
estrella es de un tamaño como la mitad de nuestro Sol y un 30% más
fría. Uno de ellos, el Kepler 138b, que gira más cerca de la estrella,
es un planeta de tamaño similar al de la Tierra o menor; su masa es una
décima parte de la del nuestro y es el primero tan pequeño en ser
identificado fuera del Sistema Solar. Los planetas “c” y “d”
tienen un tamaño 3 veces el terrestre y una masa el doble de la de
nuestro planeta, pero una densidad menor. Dos de los 3 planetas han
sido calificados como "mundos de agua", que podría significar océanos o
atmósfera muy vaporosa y densa. También se ha encontrado un cuarto
planeta, “e”, de menor tamaño y orbitando a mayor distancia con un
período de 38 días.
HIP 11915. Estrella muy parecida en masa y composición a la nuestra. Tiene al menos un planeta idéntico en masa a Júpiter y casi a la misma distancia que está éste del Sol. Se estudia este sistema solar en busca de más planetas y hacer una interesante comparativa con nuestro propio Sistema.
Kepler 452b. Planeta
descubierto en 2015 por el telescopio espacial Kepler en un sistema situado a
1.402 años-luz de nosotros, en la constelación del Cisne, y cuya
estrella es parecida en masa y temperatura al Sol, tipo G2V; su
antigüedad es un poco más que la de nuestra estrella, con unos 6.000
millones de años, lo que hace también suponer que el planeta sea un
poco más viejo que nuestra Tierra. Orbita su estrella en la zona
considerada habitable, a 1,05 UA, con un período de 384,4 días y su
tamaño es un 60% mayor que el de la Tierra. Dado que la estrella tiene
1.500 millones de años más que el Sol, emite más energía que éste y el
planeta recibirá un 10% más de la misma que la Tierra del Sol. Su
temperatura oscilará entre los -13 y los 15ºC de media. Por todo
ello se convierte en un firme candidato a tener vida.
HD-219134b.
Planeta de tipo rocoso que es 2015, a su descubrimiento, el más cercano
a la Tierra con 21 años-luz de distancia. Está en un sistema solar de
la constelación de Casiopea que tiene una estrella un poco más fría y
pequeña que el Sol, de tipo K. Gira muy cerca de la misma con un
período de solo 3 días, lo que hace suponer que tiene muy altas
temperaturas en su superficie, y su masa es 4,5 veces la terrestre,
pero su radio es 1,6 el de la Tierra con lo que su densidad se ha
calculado en unos 6 gramos/cm³, valor similar al terrestre. Se cree en
2018 que tiene en vez de núcleo de hierro una elevada cantidad de
calcio, aluminio y óxidos de aluminio, y podría tener así mucho zafiro
y rubí. El sistema
tiene otros 3 planetas de masas 2,7, 9 y 62 veces la terrestre, con
períodos respectivos de 6,8 días, 47 días y 3 años.
Kepler 453b.
Planeta descubierto por el telescopio espacial Kepler en un sistema
binario cuyo período de rotación entre las dos estrellas es de 27 días;
la mayor tiene un tamaño de un 94% el solar y la menor solo un 20%.
Está a 1.400 años-luz de nosotros en la constelación de la Lyra. El
planeta orbita en su año con un período de 240 días en la zona
considerada habitable de tal sistema de dos estrellas, siendo el décimo
hallado en tan poco común circunstancia. Pero es un planeta gigante
gaseoso que tiene un diámetro de 6,2 veces el terrestre y 16 veces
menos masa que la nuestra, por lo que las posibilidades de vida se
reducen drásticamente, aunque si tiene lunas podría tenerla en alguna
de ellas.
51 Eridani b.
Planeta descubierto en 2015 en tal constelación de Eridanus a 96
años-luz de nosotros, que rota sobre una estrella de una antigüedad de
unos 20 millones de años. Gira sobre la misma a una distancia de 13 UA.
Tiene una masa del doble de la Júpiter y se considera que tiene una
atmósfera similar a la que tuvo este planeta de nuestro Sistema Solar
en su formación, con predominio del metano. Su temperatura se estima en
430ºC.
HD 110014c. Planeta descubierto por la astrónoma estudiante chilena Maritza Soto en agosto de 2015 sobre datos obtenidos entre 2004 y 2011 por el ESO. Se encuentra en un sistema regido por la gigante roja Ji Virginis, situada a 293 años-luz de nosotros en la constelación de Virgo. Tiene una masa de 3 veces la joviana. El sistema tiene además otro planeta, el HD 110014b.
GJ 1132b.
Planeta de la relativamente cercana estrella enana del tipo M Gliese
1132, situada a 39 años-luz de nosotros en la constelación de Vela. Fue
descubierto a finales de 2015. Es rocoso, de densidad similar a la
terrestre, y del tamaño de 1,2 veces la Tierra, pero muy caliente, de
unos 230ºC o más (recibe 19 veces más radiación estelar que nuestro
planeta), por lo que no es posible que tenga vida. A pesar de todo se
cree que tiene atmósfera de metano y/o vapor de agua. Tras nuevas
observaciones se piensa que su atmósfera puede que sea derivada del
vulcanismo actual, pues la original de hidrógeno y helio se cree que la
habría perdido. En la composición actual de tal atmósfera se encuentra,
además del metano, hidrógeno molecular, cianuro de hidrógeno y una
neblina de hidrocarburos.
LkCa 15b.
Primer planeta en formación del que se ha obtenido una fotografía. La
estrella madre del sistema, la LkCa 15, está a 450 años-luz de nosotros
en la constelación de Tauro y se viene estudiando desde 2009. La misma,
tiene un disco toroidal de polvo y gas en su entorno con huecos que son
signo de barrido de cuerpos planetarios entre los que se ha hallado al
citado exoplaneta en formación. La temperatura del gas referido está en
torno a los 9.700ºC. El planeta tiene una antigüedad estimada de unos 2
millones de años tan solo.
Wolf 1061.
Estrella enana roja con un sistema que tiene al menos 3 planetas. Se
encuentra a 13,8 años-luz de nosotros, en la constelación de Ofiuco. Uno
de los planetas, Wolf 1061c, se halla en zona considerada habitable.
Los otros dos planetas se cree que son también rocosos. Los períodos
orbitales de los tres planetas son de 4,9, 17,9 y 67,2 días, siendo sus
respectivas masas de 1,4, 4,3 y 5,2 veces la terrestre. Wolf 1061c
tiene un diámetro de 1,6 veces el terrestre y rota a 0,08 UA.
2MASS J2126-8140. Planeta descubierto en 2008. Es de una masa de unas 11,6 a 14 veces la terrestre. Su órbita tiene un excepcional período de unos 900.000 años, a unas 6.900 UA de la su estrella, lo que configura a su sistema solar como el mayor conocido hasta principios de 2016. La antigüedad del sistema sería de menos de 45 millones de años y su estrella es una enana roja bautizada como TYC9486-927-1 que se encuentra a unos 104 años-luz de nosotros.
Sz91.
Estrella joven de solo unos 5 millones de años, de masa la mitad que el
Sol, situada a 650 años-luz de nosotros en la constelación de Lupus.
Tiene un disco de gas y polvo protoplanetarios que se extiende hasta
una distancia de unas 90 UA de la estrella. Aunque no se han observado,
se cree que tal disco puede tener ya protoplanetas. Tal anillo tiene
además un par de acumulaciones de tal material que darán quizá lugar en
el futuro a nuevos planetas.
HD 20782b.
Planeta situado a unos 117 años-luz de nosotros en la constelación de
Fornax; fue descubierto en 2006. Es del tamaño de Júpiter y tiene la particularidad de estar en
una órbita muy excéntrica, de 0,96, la mayor conocida para un planeta
hasta 2016, con un apoapsis de 2,5 UA y un periapsis de solo 0,06 UA,
menos de 10 millones de Km (es decir, que pasa mucho más cerca de su
estrella que Mercurio de nuestro Sol). Se ha logrado captar luz
reflejada en el planeta.
2MASS J23062928-0502285.
También conocida como TRAPPIST-1, es una estrella roja enana, del
tamaño de Júpiter (tiene un 11% del diámetro del Sol y un 8% de su
masa; su edad se cifra entre 5.400 y 9.800 millones de años), muy fría, situada a 39 años-luz de nosotros en la constelación
de Acuario que tiene 3 planetas en órbitas de la zona calificada como
habitable en aquel sistema, con períodos de 1,5 y 2,4 días dos de
ellos, y mayor el tercero (entre 4,5 y 73 días). El tamaño de estos 3
planetas es similar al terrestre. Los mismos han sido calificados como
potenciales candidatos a albergar vida pues, a pesar de su cercanía a
la débil estrella, la radiación que reciben los dos planetas interiores
de la misma es de 2 y 4 veces menos que la que tiene la Tierra. Si
alguno de estos planeta tuviera vida, la coloración de sus seres
vegetales sería distinta, con tonos muy rojizos u oscuros. Sin embargo,
las posibilidades reales de que tengan vida son muy bajas pues al estar
tan cerca de la estrella puede que no tengan una magnetosfera
protectora como la terrestre pues puede que estén bajo la directa
influencia de campo magnético de la misma estrella por lo que no
estarán protegidos contra la radiación como ocurre en nuestra Tierra.
En febrero de 2017 la NASA anuncia que el total de
planetas de este sistema solar asciende en realidad a 7 (ahora llamados
b, c, d, e, f, g y h), y que en todos las temperaturas oscilan entre
los 0º y 100ºC, con 3 de ellos (e, f y g) en la zona considerada
habitable, lo que aumenta la posibilidad de hallar alguno apto para la
vida; para ver sus posibilidades al respecto, entonces se fija como
objetivo el estudio de las atmósferas de tales cuerpos. De los 7, los
mayores son el “b” y el “g”, con un 10% más que la Tierra, y los más
pequeños el “d” y el “h”, que son una cuarta parte menores. Sus
períodos respectivos son de 1,51, 2,42, 4,04, 6,06, 9,1 y 12,35
días. De los 7, se cree que son rocosos al menos 6. Los c, d y e tienen
respectivamente una masa de 1,16, 0,4 y 0,6 veces la terrestre, un
diámetro de 1,1, 0,8 y 0,9 el terrestre y una temperatura media de
69ºC, -10ºC y -44ºC. Posteriormente,
trascendiendo a finales de agosto del mismo 2017, se hallan indicios de
la existencia de agua en los tres planetas que recorren la zona
habitable. En 2018 se informa que el planeta “e” parece que tiene un
núcleo de hierro lo que significaría tener una magnetosfera y ello
incrementa notablemente la posibilidad de tener ida.
En enero de 2021 se publica que la densidad de tales
7 planetas es muy parecida y, en general, un 8% inferior a la
terrestre, lo que ha hecho suponer que su composición es similar, quizá
con un poco menos de hierro, o bien más óxido de hierro que la Tierra,
o mayor proporción de agua.
En 2025, tras su estudio con el telescopio espacial
Webb, se dice que el planeta “d”, que gira en órbita en la zona
habitable de la estrella, no tiene atmósfera destacable y por lo tanto
se cree que no tiene agua líquida.
HD 181327.
Estrella joven localizada en la constelación de Pictor a unos 165
años-luz de nosotros que tiene solo unos 23 millones de años de
antigüedad y una masa un 30% superior a la solar. Posee un cinturón de
escombros formado por cometas. En el mismo se ha hallado entre otras
cosas monóxido de carbono y hielo de agua.
CI Tau-b.
Planeta gigante, de 8 masas jovianas, situado un sistema que está a
unos 450 años-luz de nosotros en la constelación de Tauro. Gira sobre
su estrella con un período de 9 días. La estrella de tal sistema tiene
también un disco de gas y polvo y es muy joven, de tan solo unos 2
millones de años, lo que contrasta con el planeta ya formado, al que se
le supone que necesitaría unos 10 millones de años para ello, lo que
resulta sorprendente por contradictorio. Más tarde, en este sistema, se hallaron otros 3 planetas gigantes.
Kepler 1647.
Sistema solar con dos estrellas y al menos un planeta gigante gaseoso,
de masa y diámetro casi igual a la joviana, Kepler 1647b, que gira con
ellas; una de las estrellas es un poco mayor que el Sol y la otra un
poco menor. Se halla a 3.700 años-luz de nosotros en la constelación de
Cygnus y tiene una antigüedad parecida a la de la Tierra, unos 4.400
millones de años. El planeta circumbinario gira en la zona habitable
pero por su tamaño no ha de tener vida; su período es de 1.107 días
terrestres.
CVSO 30.
Estrella T-Tauri situada a 1.200 años-luz de nosotros al noroeste del
cinturón de Orión; es muy joven, con unos 2.500.000 años. Tiene un
planeta, CVSO 30b, descubierto en 2012, que gira cerca de la estrella
con un período de 11 h. Se cree que puede tener otro planeta, CVSO 30c,
en una órbita de 660 UA cuyo período sería de unos 27.000 años.
KMT-2015-1b.
Planeta descubierto en 2015 a cerca de 27.700 años-luz de nosotros por
el método de lente gravitatoria. Es uno de los más lejanos hallados
hasta entonces.
XZ Tau B.
Estrella de solo 5 millones de años de antigüedad que tiene un pequeño
disco de gas y polvo a 3 UA de distancia en el cual hay un hueco
central que podrían haber sido barridos por protoplanetas. Tiene además
el sistema otras dos estrellas que seguramente influyen en tal disco.
Por todo ello y para ver su evolución, resulta un sistema de gran
interés para los astrónomos.
HD 131399.
Sistema solar con tres estrellas situado a 320 años-luz de nosotros en
la constelación de Centauro. Tiene un planeta denominado HD 131399Ab de
una masa de 4 veces la joviana y que tiene una temperatura de unos
580ºC. Es muy joven, con solo unos 16 millones de años de antigüedad,
es gaseoso y tiene agua y metano. Con un período orbital de 550 años,
gira a una distancia de unas 80 UA sobre una de las estrellas, la HD
131399A, que es la más brillante del trío y de un 80% más masa que el
Sol. Se han obtenido imágenes directas del sistema. En cuanto a las
otras dos estrellas (B y C) giran una sobre otra separadas por una
distancia de unas 10 UA, y ambas giran sobre la principal (A) a 300 UA.
Los astrónomos consideran que es un sistema de mucho interés, sobre
todo para observar la estabilidad y las perturbaciones gravitatorias de
sus objetos.
K2-72.
Estrella enana situada a 181 años-luz de nosotros en la constelación de
Acuario; su tamaño es como la mitad del Sol. En tal sistema estelar el
ingenio espacial Kepler ha hallado nada menos que 104 planetas, 4 de
ellos quizá de tipo rocoso. Tienen un tamaño todos entre un 20 y un 50%
mayor que la Tierra y giran en órbitas muy cercanas a la estrella, más
que Mercurio del Sol.
CSVO-30.
Estrella de un 40% de masa respecto al Sol, y la mitad de joven, que se
encuentra a 1.200 años-luz de nosotros. Tiene al menos dos planetas,
uno, CVSO-30b, en órbita muy cercana de solo 1.200.000 Km de distancia,
con un período de solo 11 días, y una masa de unas 5 veces la joviana,
o algo más; con tal aproximación a la estrella, su temperatura es de
unos 3.000ºC. El otro, CVSO-30c, en órbita muy lejana de 660 UA, con
período de unos 27.250 años, tiene una masa similar y parece más joven,
con menos de los 10 millones de años; dada su lejanía de la estrella,
su temperatura es de más de 250ºC bajo cero.
OGLE-2007-BLG-349.
Sistema de dos enanas rojas situado a 8.000 años-luz de nosotros en
dirección al centro de la Vía Láctea; las dos estrellas están separadas
por solo 11 millones de Km. Tiene al menos un planeta de una masa
similar al de Saturno que gira en una órbita a unos 500 millones de Km
de las dos estrellas con un período de unos 7 años. El sistema,
descubierto en 2007, ha sido estudiado con el sistema de microlente
gravitatoria por el telescopio espacial Hubble.
Kepler 296e.
Planeta de una estrella de tipo M situada a 737 años-luz de nosotros en
la constelación del Dragón. Gira en una órbita a 0,17 UA y tiene un
diámetro de 1,5 veces el terrestre. Se considera que podría ser
habitable. Tiene un planeta compañero, Kepler 296f, que gira a 0,26 UA
y tiene 1,8 veces el diámetro de la Tierra.
Kepler 1638b.
Planeta de una estrella situada a 2.866 años-luz de nosotros en la
constelación del Cisne. Gira en una órbita a 0,79 UA y tiene un
diámetro de 1,9 veces el terrestre. Se considera una supertierra.
Kepler 1229b.
Planeta de una estrella de tipo M situada a 769 años-luz de nosotros en
la constelación del Cisne. Gira en una órbita a 0,29 UA y tiene un
diámetro de 1,4 veces el terrestre. Se considera una supertierra con una masa de 2,7 veces la terrestre.
Kepler 283c.
Planeta de una estrella situada a 1.741 años-luz de nosotros en la
constelación del Cisne. Gira en una órbita a 0,34 UA y tiene un
diámetro de 1,8 veces el terrestre. Se considera una supertierra.
Kepler 1544b.
Planeta de una estrella situada a 1.138 años-luz de nosotros en la
constelación del Cisne. Gira en una órbita a 0,56 UA y tiene un
diámetro de 1,8 veces el terrestre. Se considera una supertierra.
GJ 536b.
Planeta de superficie rocosa de 5,4 masas terrestres que orbita con un
período de 8,7 días una enana roja situada a 32,7 años-luz de nosotros
y la que tiene la mitad de masa que el Sol.
HIP 68468.
Estrella similar al Sol que tiene al menos dos planetas girando a unas
distancias de la misma de 0,03 UA uno y de 0,66 UA el otro. Tienen unas
masas de unas 26 veces la terrestre uno y de 3 veces el otro. También
se cree que sobre tal estrella, por sus componentes químicos, en el
pasado cayó un planeta de unas 6 veces la masa terrestre.
K2-3d.
Planeta situado a unos 150 años-luz de nosotros que rota con un período
de 45 días sobre una estrella de un tamaño la mitad que el Sol y que
tiene menor temperatura que éste. Parecido a nuestra Tierra, con un
tamaño de 1,5 veces la misma pero de 11,1 veces su masa, es posible que
tenga agua líquida y que reúna las condiciones para tener vida. Su
temperatura media puede estar en torno a los 9ºC.
El sistema tiene además, al menos, otro planeta, el
K2-3c, de una masa 2,1 veces la terrestre, un diámetro de 1,85 veces el
terrestre y una temperatura media de unos 71ºC.
L2 Puppis.
Estrella situada a 208 años-luz de nosotros en la constelación que se
indica en el nombre. Tiene un planeta girando sobre ella a unas 2 UA.
Pero el mayor interés de este sistema es que su antigüedad es de unos
10.000 millones de años, el doble de nuestro Sistema Solar, que cuando
tenga tal edad el Sol se convertirá en una gigante roja y se expandirá,
con lo que afectará a los planetas, destruyendo al menos a Mercurio y
Venus, y desde luego aniquilando de un modo u otro la vida en la
Tierra. Por ello, la observación de L2, que fue similar al Sol, y su
planeta permite a los astrónomos vislumbrar posibles detalles del
futuro de éste antes de convertirse en una enana blanca.
HD 163296.
Estrella joven, de solo unos 4 o 5 millones de años, que está a unos
330 años-luz de nosotros en la constelación de Sagitario. Su masa es de
unas dos veces la solar. Tiene girando en su entorno un disco con 3
anillos de materia, polvo (1%) y gas (99%), en los que se cree que se
están formando al menos dos planetas gigantes del tamaño de Saturno. El
anillo más externo está a una distancia de la estrella de unas 237 UA,
el siguiente interno a 140 UA y el restante a 87 UA; inicialmente se
dijo que estaban respectivamente a 160, 100 y 60 UA. Más tarde, un
tercer planeta, también gigante, se localiza a 260 UA de la estrella.
En los anillos se descubrirá luego una forma isotópica de monóxido de
carbono ¹³C¹⁷O.
SDSS 1557.
Sistema binario de una enana blanca y otra marrón de una masa un 160%
la joviana que se halla a unos 1.000 años-luz de nosotros y que fue
llamado informalmente Tatooine por su relativo parecido al sistema de
tal nombre que aparece en el film “La guerra de las galaxias”; ambas
estrellas entre ellas con un período de algo más de 2 h. En tal sistema
se obtiene, según se informa en febrero de 2017, la primera evidencia
de la formación de un planeta de tipo rocoso con restos de asteroides o
quizá fragmentos de algún planeta que lo envuelven. Entre tales restos
se ha detectado alto contenido en metales, y se destaca la existencia
de silicio y magnesio.
Kepler 1649b.
Planeta localizado a 219 años-luz de nosotros por el ingenio espacial
Kepler girando sobre una enana roja de un tamaño un 20% el del Sol. Es
un poco mayor que la Tierra y gira en una órbita de 19,5 días de período.
Al estar cerca de la estrella recibe una radiación 2,3 veces más que la
Tierra del Sol. Por ello se ha comparado con Venus. Posteriormente se
halló un planeta compañero en el sistema, el Kepler 1649c, del tamaño
solo un 6% mayor que nuestra Tierra, que gira en la zona habitable de
la estrella con un período de 19,5 días; recibe un 75% de luz de la que la Tierra recibe del Sol.
LHS 1140b.
Planeta que rota sobre una enana roja situada a 41 años-luz de
nosotros, en la constelación de Cetus, y la que tiene un 15% de la masa
solar, siendo de un 20% su tamaño respecto a nuestro Sol. Se considera
una supertierra con un diámetro de cerca de los 18.000 Km (un 40% más
que la Tierra, aunque con 6,6 veces su masa, y mayor densidad) y en la
misma hay una remota posibilidad de vida ya que su órbita está dentro
de la banda de habitabilidad de aquella estrella, a solo 0,1 UA con
24,7 días de período; no obstante, la temperatura allí se estima por
debajo de 0ºC salvo que tenga una atmósfera que retenga el calor
(efecto invernadero). Su antigüedad se estima en unos 5.000 millones de
años, casi la misma que la Tierra. Podría tener un gran océano de agua
líquida. Tiene su sistema estelar otro planeta el LHS 1140c, que tiene
1,8 veces la masa terrestre, un 30% más de tamaño que nuestro planeta y
un período orbital de solo 3,8 días. En 2020 se cree que podría haber
otros dos planetas en el sistema.
OGLE-2016-BLG-1195Lb.
Planeta de una masa parecida a la de la Tierra y que gira sobre su
estrella en una órbita similar a la de ésta respecto al Sol. Está a
13.000 años-luz de nosotros. Fue hallado en 2017 mediante la
técnica de la microlente gravitatoria y se le supone muy frío para
tener vida puesto que su estrella es mucho más débil que el Sol, con
una masa de solo un 7,8% la solar, dudándose en el momento del
descubrimiento si se trata de una enana marrón.
HAT-P-26b.
Planeta que está a 437 años-luz de nosotros, en la constelación de
Virgo, girando sobre una estrella ligeramente menor que el Sol, pero el
doble de vieja. Es de un tamaño similar a Neptuno. Tiene una atmósfera
primitiva, principalmente de H y He pero también algo de agua, que es
más caliente que la del citado Neptuno.
GJ 625.
También llamada Gliese 625, es una estrella enana roja situada a 21,5
años-luz de nosotros en la constelación de Draco, de una masa un 35% la
solar. Tiene un planeta, GJ625b, que es de un tamaño el doble o triple
que la Tierra, siendo considerado así una supertierra. Gira en un
órbita de solo 14 días de período, pero al estar cerca de una estrella
un tanto fría está dentro de la zona considerada de habitabilidad.
KELT-9.
Estrella situada a 670 años-luz de nosotros en la constelación del
Cisne que es de un tamaño el doble del solar y de una temperatura
también doble a la del Sol con unos 10.000ºC. Tiene un planeta gigante
gaseoso, el KELT-9b, de 2,8 veces la masa de Júpiter y casi un diámetro
del doble, que rota con un período de 1,5 días. El mismo registra
temperaturas que llegan a los 4.326ºC, más que muchas estrellas y no
lejos de la solar; es en 2017 la mayor temperatura vista en un
exoplaneta. Tal planeta, que es la mitad de denso que Júpiter, deja en
su órbita, tras de sí, una cola enorme y brillante resultado del
cercano evaporador calor estelar. La estrella se transformará en una
gigante roja en el plazo de unos 1.000 millones de años y entonces se
expandirá y tragará por completo al cercano planeta. La atmósfera del
planeta alcanza una altura que equivale a la cuarta parte del diámetro
del mismo. Se ha calculado que está perdiendo más de 100.000 Tm/seg de
tal gas H envolvente. En tal atmósfera hay entre otros los elementos
hierro y titanio; también hay trazas de sodio, magnesio, cromo,
escandio e itrio. Más tarde también se detectó oxígeno y aun
posteriormente el metal terbio, propio de tierras raras y lantadoide.
EPIC 228735255b.
Planeta gigante que se localiza en órbita sobre una estrella parecida a
nuestro Sol de la constelación de Virgo, descubierto por la misión de
la sonda espacial Kepler en julio de 2016. Rota con un período de solo
6,57 días, tiene una masa como la joviana, pero un diámetro de 1,019
veces el del gran planeta de nuestro Sistema, siendo su temperatura de
1.114 Kº, por lo que es llamado un Júpiter caliente (el 9º
descubierto).
HIP 65426b.
Planeta descubierto en 2017 por el equipo SPHERE del ESO a 385 años-luz
de nosotros. Gigante, de unas 9 veces la masa joviana, pero 1,5 veces
su diámetro, registra temperaturas de unos 1.000-1.200ºC.
KELT-20b.
Planeta descubierto por el telescopio KELT North de Arizona en el
sistema estelar de KELT-20, o HD 185603, a unos 400 años-luz de nosotros. Es un planeta caliente (con
temperaturas de casi 2.000 Cº) de un diámetro 1,73 veces el joviano,
pero de 3,5 veces su masa, que rota a 7,5 millones de Km de la estrella
con un período de solo 3,47 días. Del estudio de su atmósfera se ha
deducido que tiene hidrógeno α y β, hierro y calcio ionizados, magnesio
y sodio.
EPIC 228813918b.
Planeta de un sistema estelar situado a 310 años-luz de nosotros que
fue descubierto con ayuda del ingenio espacial Kepler en 2016. Su
estrella es una enana de tipo M, de una masa y tamaño la mitad del Sol.
Rota sobre ella con un período de solo 4,3 h y su tamaño es un 89% del
terrestre aunque su masa es un 70% la joviana, lo que significa que es
muy denso, teniendo un alto índice de hierro.
Kepler 1625.
Sistema estelar descubierto a 3.955 años-luz de nosotros por el ingenio
espacial Kepler. El mismo tiene un planeta (Kepler 1625b) de tipo
joviano, del doble de masa que Júpiter, en el que en 2017 se cree haber
hallado el primer exosatélite al observar un repetido oscurecimiento de
la luz llegada del planeta. Se supone que es un satélite muy grande y
tiene un período de 19 h; su denominación será Kepler 1625b-i. En 2019
se estima que tal satélite tiene 10 masas terrestre y que gira sobre el
planeta a una distancia media de unos 3 millones de Km. Dado su tamaño,
se discute sobre si el mismo es en realidad otro planeta capturado por
el Kepler 1625b. En 2023, tras nuevos estudios, la existencia de tal luna es cuestionada.
WASP-121b.
Planeta gigante gaseoso de un sistema que se halla a 880 años-luz de
nosotros en la constelación de Puppis. Estudiado con el ingenio
espacial Hubble, se detecta vapor de agua en su caliente estratosfera.
En la alta atmósfera la temperatura se cree que eleva a unos 2.230ºC.
Su período orbital (año) es de solo 1,27 días. Tras ser estudiada tal
envoltura gaseosa con el telescopio espacial Hubble, se determinó que
tal calor vaporiza al hierro y al magnesio, permitiéndoles escapar de
la gravedad del planeta; para entonces la temperatura de tal atmósfera
se valoró en 2.537ºC, que baja a 1.500ºC en el lado nocturno. En su atmósfera se descubrieron, además del
hierro y el magnesio, otros metales, vanadio, cromo, calcio, sodio y
níquel. También se hallaría bario. Fue bautizado como Tylos, nombre de Baréin en el griego de siglos a.C..
HD 208897.
Estrella gigante del tipo K0, casi 5 veces mayor que el Sol pero de
1,25 masas solares, y se localiza a 210 años-luz de nosotros. Tiene un
planeta también gigante de tipo joviano, de 1,4 masas la de Júpiter, y
rota sobre la estrella a 1,05 UA (casi como la Tierra), con un período
de 353 días.
WASP-19b. Planeta hallado en 2009 en un sistema situado a unos 1.000 años-luz de nosotros en la constelación de Vela, que tiene una estrella de una masa de un 90% la solar y temperaturas ligeramente menores que el Sol; la misma gira con una velocidad 3 veces superior a la del Sol. Gigante gaseoso, de 1,15 masas jovianas, su temperatura es de más de 1.700ºC, teniendo una órbita muy cercana a su estrella con un período de solo 19 h. En la atmósfera del mismo se encontró, además de agua y sodio, óxido de titanio, siendo el primer hallazgo de un óxido metálico más allá de nuestro Sistema Solar.
GJ 9827.
Sistema que tiene al menos 3 planetas de los llamados supertierras.
Fueron descubiertos por el ingenio espacial Kepler. Está a 97
años-luz de nosotros en la constelación de Piscis, tiene una
estrella de tipo K6V, de un 63% el tamaño del Sol, pero un 15% de menos
masa que el mismo. Los planetas, GJ 9827 “b”, “c” y “d”, giran sobre la
misma a distancias medias de solo 0,02 UA, 0,04 UA y 0,06 UA, con
respectivos períodos de 1,20896, 3,6480 y 6,2014 días. En el “b” el
radio es de 1,64 el terrestre y su temperatura es de 850ºC
aproximadamente. El “c” tiene un radio de 1,29 veces el terrestre,
siendo su masa de 2,5 veces la de la Tierra aproximadamente, y la
temperatura se calcula en unos 500ºC. El “d” tiene un radio de 2,08
veces el terrestre y su masa puede ser de más de 5 veces la de la
Tierra; su temperatura es de unos 370ºC y su año es de 6,2 días. Este
último parece que tiene vapor de agua en su atmósfera.
K2-nnnAb.
Planeta descubierto por el ingenio espacial Kepler dentro de su
programa extendido K2 en un sistema binario del cúmulo abierto de
Hyades, el primero hallado en tales objetos; es dado a conocer en
octubre de 2017. Las estrellas son dos enanas del tipo espectral K y M,
separadas entre ellas por 40 UA y situadas a 180 años-luz de nosotros.
El planeta es de un tamaño unas 3 veces el terrestre. Su período o año
es de 17,3 días.
Kepler 13. Sistema estelar múltiple que se encuentra a 1.730 años-luz de nosotros. Tiene un planeta, el Kepler 13Ab, que tiene una masa 6 veces la joviana y atmósfera rica en óxido de titanio. Su órbita, de 1,7637 días de período, está sincronizada con su estrella y ofrece siempre la misma cara a la misma, alcanzando allí unos 2.700ºC, siendo nocturna perpetua y fría la otra. De este modo, el flujo atmosférico (el viento) lleva citado óxido hacia el lado nocturno donde se precipita en forma de nieve o lluvia de hielo, según estudio realizado con el telescopio espacial Hubble.
NGTS-1b.
Planeta gaseoso gigante que gira en torno a su estrella a solo unos
4.500.000 Km con un período de 2,674 días. Su masa es de un 81,2% la
joviana pero su diámetro es un 33% mayor. Su temperatura es de unos 500ºC. Su estrella, una enana roja
de tipo M, tiene un tamaño la mitad del de nuestro Sol y está a unos
600 años-luz de nosotros.
OGLE-2016-BLG-1190Lb.
Planeta descubierto en junio de 2016 en un sistema situado en el
llamado bulbo de la Vía Láctea, a 22.000 años-luz de nosotros. La
estrella es una enana de tipo G de 0,89 masas solares. Gira en orbita
sobre su estrella con un período de unos 3 años a una distancia de unas
2 UA. Su masa es de unas 13,4 veces la joviana por lo que se duda si
puede ser una enana marrón en vez de un planeta.
Ross 128. Estrella enana roja tipo M5 situada a 10,95 años-luz de nosotros, también llamada GJ 447; tiene una masa de 1/3 la solar. Aunque es una estrella relativamente “tranquila”, en mayo de 2017 se recibieron de esta estrella unas extrañas emisiones cuyo origen no está claro. En noviembre trasciende que el observatorio ESO en Chile con el instrumental HARPS había captado en órbita sobre la estrella un planeta, Ross 128b, que tiene un tamaño 1,2 el de la Tierra, pero 1,4 veces su masa. El mismo gira con un período de 9,9 días, pero recibe un 38% más de radiación que la Tierra del Sol, de modo que su temperatura podría ser parecida a la terrestre, estimándose aquella entre los 20ºC y los -60ºC (aun no está del todo claro). Se estima que su núcleo puede ser mayor que el de la Tierra. La trayectoria de este sistema lo trae hacia el nuestro, de modo que se cree que en 79.000 años será el más cercano, superando a Próxima Centauri.
K2-106b.
Planeta de la estrella EPIC 220674823 situada a 825 años-luz de
nosotros, sobre la que gira con un período de solo 14 horas. Es un
planeta raro, un 50% mayor que la Tierra, pero de 8 veces su masa, y
así pues una alta densidad de 13 gr/cm³ por lo que se supone que tiene
mucho hierro, quizá un 80%, u otros metales. Dada su proximidad a la
estrella, tendrá altas temperaturas.
C12-3474b.
También llamado EPIC 246393474b, es un planeta descubierto por el
ingenio espacial Kepler en el sistema de la estrella de un tamaño y
masa ⅔ el solar; la antigüedad de la estrella K7 V es de solo 740
millones de años y está a 192,4 años-luz de nosotros. Gira sobre su
estrella con un período de solo 6,7 horas (unas 0,007 UA), lo que hace
que sea a su hallazgo el planeta de menor año. Su temperatura se estima
en casi 1.800ºC. Su tamaño es un 53% superior a de la Tierra, pero su
masa es de 5,3 veces la terrestre, con una densidad media de 8 gr/cm³.
Se cree que tiene un contenido alto en hierro, de menos del 70%, siendo
el resto roca.
WASP-18b.
Planeta situado a 325 años-luz de nosotros. Es un gigante gaseoso de
unas 10 masas jovianas que gira muy cerca de su estrella con un período
de solo 23 h. Tiene una atmósfera predominante de monóxido de carbono y
muy poco vapor de agua. El citado CO está más caliente en las zonas
altas de su atmósfera que en las más bajas.
K2-18.
Estrella enana roja de tipo M situada a 111 años-luz (también se citan
124) de nosotros en la constelación de Leo que tiene al menos 2
planetas del tipo supertierra. Uno de ellos, el K2-18b (también llamado
EPIC 201912552b) está en la zona orbital considerada habitable; su
período parece ser de 33 días, su tamaño de 2,6 veces el de la Tierra y
una masa de 8,6 veces la terrestre. En septiembre de 2019 se informa
(Universidad de Montreal con datos de varios telescopios espaciales)
que tal planeta tiene además agua en su atmósfera; se detecta en forma
de vapor pero se supone que también la tendrá líquida. Asimismo en tal
atmósfera se detectó metano, dióxido de carbono y sulfuro de dimetilo;
este último en la Tierra lo emite el fitoplancton de los océanos lo que
llevó a principios de 2024 a especular con la posibilidad de vida en
tal planeta. Tras su estudio con el telescopio espacial Webb, en 2025
se insiste en la mencionada posibilidad y que las concentraciones del
sulfuro de dimetilo son allí incluso superiores a las que hay en la
Tierra en miles de veces; también se detecta en tal atmósfera el
disulfuro de dimetilo. Se supone que es un planeta oceánico, cubierto
en todo o en casi todo por agua, y tales sulfuros podrían ser
producidos por la vida microbiana del fitoplancton marino. A todo ello
hay que añadir que temperatura observada ronda los cero grados, lo que
significa que por debajo de la superficie marina podría ser un poco más
elevada y estable, e ideal para la vida; pero es una especulación.
HD 147379b.
Planeta que rota sobre una enana de una masa la mitad de la solar con
un período de 86 días; la estrella también es denominada GJ 617A. Este planeta se un poco mayor en masa que
Neptuno y la zona en la que está es considerada como de habitabilidad
aunque siendo gigante gaseoso no es habitable. Es el primer exoplaneta
hallado en el programa CARMENES desde Calar Alto (Almería) y también el
primero desde la península Ibérica.
HATS-50.
Estrella enana de tipo G situada a unos 2.300 años-luz de nosotros que
tiene al menos un planeta que es un 13% mayor que Júpiter pero de una
masa menor y que gira con un período de solo 3,83 días. Esta pues muy
cerca de la estrella y tiene una elevada temperatura, de más de
1.000ºC.
HATS-51. Estrella
enana de tipo G situada a unos 1.560 años-luz de nosotros que tiene al
menos un planeta que es un 41% mayor que Júpiter pero de una masa un
23% menor que éste, y que gira con un período de solo 3,35 días. Esta
pues muy cerca de la estrella y tiene una elevada temperatura, de casi
1.300ºC.
HATS-52. Estrella
enana de tipo G situada a unos 2.060 años-luz de nosotros que tiene al
menos un planeta que es un 38% mayor que Júpiter pero de una masa 2,24
la del mismo, y que gira con un período de solo 1,37 días. Esta pues
muy cerca de la estrella y tiene una elevada temperatura, de más de
1.500ºC.
HATS-53. Estrella
enana de tipo G situada a unos 2.000 años-luz de nosotros que tiene al
menos un planeta que es un 34% mayor que Júpiter pero de una masa un
40% menos que el mismo, y que gira con un período de solo 3,85 días.
Esta pues muy cerca de la estrella y tiene una elevada temperatura, de
más de 1.000ºC.
LP415-17. Enana tipo espectral K de un diámetro un 58% el solar, una masa ⅓ menos que el Sol y una temperatura de unos 4.000ºC. Está situada a 267 años-luz de nosotros y en su sistema el ingenio espacial Kepler halló en 2017 tres planetas del tipo supertierra. Uno de ellos, el “b”, tiene una masa de 4,7 veces la terrestre, un diámetro de 1,8 veces el terrestre, un período orbital de 6,34 días y una temperatura media de unos 435ºC. El LP415-17d tiene 5 masas terrestres, 1,9 veces el diámetro de la Tierra, un período de 40,7 días y una temperatura media de unos 100ºC. El restante, LP415-17c, tiene 6,5 masas terrestres, un diámetro de 2,6 veces el de la Tierra, un período 13,85 días y una temperatura media de unos 300ºC.
EPIC 229426032.
Estrella estudiada por el ingenio espacial Kepler. La misma es de tipo
espectral F6V y está a 1.500 años-luz de nosotros; su antigüedad es de
2.550 millones de años y es casi el doble de grande que el Sol y casi ⅓
más masiva que éste. Tiene un planeta, el EPIC 229426032b, de 1,36
masas jovianas, aunque un 63% mayor que tal planeta nuestro. Su
densidad es pues de solo 0,38 gramos/cm³. Gira sobre la estrella a solo
0,036 UA de distancia con un período de 2,18 días y tiene una
temperatura de unos 1.642ºC.
EPIC 246067459.
Estrella estudiada por el ingenio espacial Kepler. La misma es de tipo
espectral G2V y está a 1.480 años-luz de nosotros; su antigüedad es de
5.600 millones de años y es más del doble de grande que el Sol y un 20%
más masiva que éste. Tiene un planeta, el EPIC 246067459b, de una masa
0,36 la de Júpiter, aunque es un 30% mayor que el mismo. Su densidad es
pues de solo 0,56 gramos/cm³. Gira sobre la estrella a solo 0,046 UA de
distancia con un período de 3,2 días y tiene una temperatura de unos
1.313ºC.
WASP-39b.
Planeta de un sistema situado a 700 años-luz de nosotros en la
constelación de Virgo; la estrella es similar al Sol. El planeta tiene
un tamaño 1,3 veces el joviano, pero su masa es como la de Saturno.
Gira sobre la misma con un período de 4 días a menos de 8 UA de
distancia. Ofrece siempre una misma cara a la estrella en la que la
temperatura es de unos 777ºC, lo que le produce gran dilatación de su
tamaño en relación a su masa. Tiene una atmósfera con mucho vapor de
agua según los ingenios espaciales Hubble y Spitzer. También, según el
JWST, tal atmósfera tiene dióxido de carbono. También se halla en tal
atmósfera monóxido de carbono, sodio, potasio, y dióxido de azufre,
resultado éste de la actividad fotoquímica.
K2-155.
Enana roja situada a unos 200 años-luz de nosotros. Tiene al menos 3
planetas de los llamados supertierras, del que el K2-155d tiene un
diámetro un 60% mayor que el terrestre y está en la zona de
habitabilidad de aquel sistema. Fueron hallados con ayuda del
telescopio espacial Kepler.
K2-229.
Sistema situado a unos 340 años-luz de nosotros que tiene una estrella parecida al Sol y al menos 3 planetas.
Uno de ellos, el K2-229b, se anuncia como un planeta con una
composición parecida a la de Mercurio y orbita también muy cerca de la
estrella con un período de solo 14 h. El tamaño de los 3 planetas es
mayor que el de la Tierra, oscilando entre un 16 y un 265%, y el
K2-229b tiene una masa de 2,59 veces la terrestre. La temperatura de
los planetas más cercanos a la estrella, el K2-229b y el K2-229c, se
calcula entre 700ºC y 2.000ºC.
OGLE-2017-BLG-0482L.
Estrella enana M de una masa de solo un 20% la solar. Tiene un planeta,
el OGLE-2017-BLG-0482Lb, del tipo supertierra, que tiene una masa
de 9 veces la terrestre y rota sobre la estrella a unas 1,8 UA, casi el
doble que la Tierra del Sol.
WASP-104b. Planeta gigante gaseoso situado a 1.076 años-luz de nosotros. Gira en una órbita cercana a su estrella, una enana amarilla, con tan solo 1,75 días y su rotación propia (día) es igual por lo que siempre ofrece la misma cara a la misma. A pesar de ello su atmósfera absorbe la luz que recibe en un 98% aproximadamente, lo que hace el planeta sea negro. Los astrónomos estiman que su envoltura gaseosa es muy densa y posiblemente compuesta de átomos potasio y sodio atómico.
WASP-107b.
Planeta de un sistema situado a unos 212 años-luz de nosotros en la
constelación de Virgo. Gira en una órbita de solo 6 días y tiene una
temperatura de 476ºC. Aunque es del mismo tamaño que Júpiter solo tiene
un 12% de su masa, lo que significa que es muy poco denso; posiblemente
tenga una envoltura gaseosa que suponga el 88% restante de masa. En su
atmósfera se ha identificado por vez primera en un exoplaneta el
elemento helio en cantidades notables, según investigación realizada
con el ingenio espacial Hubble; y según el JWST también tiene vapor de
agua, dióxido de azufre y silicato en nubes de arena. Tal atmósfera,
muy extendida, se está perdiendo hacia el espacio en un porcentaje en
torno al 2% de promedio cada 1.000 millones de años. Gira sobre sí con
el mismo período de su órbita por lo que ofrece a su estrella siempre
la misma cara. En 2024, tras ser observado por el telescopio espacial
Webb, se pone de relieve en su espectro que los bordes de sus
hemisferios tienen en su atmósfera distintas características.
WASP-96b.
Planeta situado a 980 años-luz (o 1.150 según fuente posterior) de
nosotros en la constelación de Phoenix. Es un gigante gaseoso 1/5 parte
mayor que Júpiter pero de una masa similar a la de Saturno. Tiene una
temperatura de más de 1.000ºC (o 500ºC según fuente posterior). Se le
aprecia un alto contenido en sodio lo que parece apuntar a que su
atmósfera carecerá de nubes, el primero hallado de tales
características. También se le ha detectado agua atmosférica.
KPS-1b. Planeta gigante gaseoso hallado en 2018 en la constelación de la Osa Mayor. Gira sobre su estrella con un período de 40 h, muy cerca pues de la misma, y por tanto tiene en su atmósfera una elevada temperatura de más de 1.000ºC. Es el primer exoplaneta hallado por un astrónomo aficionado (con ayuda de un programa informático de la Ural Federal University). También es denominado 2MASS J11004017+6457504b y GSC 4148-0138b.
K2-239.
Sistema solar de una enana roja tipo M3V situada en la constelación del
Sextante a 160 años-luz de nosotros. Fue observada por el ingenio
espacial Kepler y se hallaron 3 planetas que se cree que tienen un
tamaño parecido a nuestra Tierra, uno igual y los otros dos solo un 10%
mayores. Sus órbitas son de un período de solo 5,2, 7,8 y 10,1 días, lo
que significa que giran muy cerca de la estrella y tendrán elevadas
temperaturas en sus superficies.
PDS 70.
Sistema en formación que rota rodeado, tras un hueco, de una nube de
gas y polvo; el hueco está entre los 3.050 a 6.100 millones de Km
aproximadamente. Está a 366 años-luz de nosotros y su estrella es una
enana tipo K5 de la constelación del Centauro de solo unos 5 o 6
millones de años de antigüedad. Es de gran interés para los astrónomos
para comprender los procesos de formación de los sistemas solares.
Tiene al planeta gaseoso gigante PDS 70b descubierto
en 2018 que gira sobre tal estrella, también denominada V1032 Centauri,
a unas 21 UA, aproximadamente como Urano sobre el Sol. Muy joven, su
temperatura es aun de unos 1.000ºC, su masa de más de 4 veces la
joviana, y su aparente atmósfera es muy difusa. Es el primero recién
formado (se cree que tiene menos de los 5 o 6 millones antes referidos)
que puede ser fotografiado, aunque solo como un punto brillante; se
logra con el instrumental SPHERE del VLT del ESO en Chile. En 2023 se
cree identificar lo que parece otro planeta en la misma órbita,
separado a modo de troyano o coorbital, quizá solo un planeta en
formación o masa concentrada de escombros o planetesimales.
Posteriormente se descubre en el sistema otro
planeta gigante, el PDS 70c, a mayor distancia de su estrella, a unos
5.310 millones de Km (unas 35,4 UA). Tiene menos masa que el PDS 70b,
respecto al que tiene una órbita en resonancia, dando una órbita por 2
el planeta interior antes mencionado. Sobre este planeta se descubrió
en el primer disco circumplanetario de gas y polvo sobre el que se
pueden formar una o más lunas, siendo ello verificado en 2021.
El tercer planeta en formación es identificado en 2023 en órbita a 37 UA de la estrella.
COROT-20. Estrella tipo espectral G2V, parecida a nuestro Sol, situada a 4.000 años-luz de nosotros. Tiene un exoplaneta gigante de 4 masas jovianas que rota a solo 0,09 UA con un período de 9,24 días en una órbita excéntrica notable. También tiene una enana marrón de 17 masas jovianas en órbita de 2,9 UA de período y 4,59 años; su excentricidad es de 0,6.
HD 26965.
Estrella también llamada 40 Eridani A (en el sistema hay otras dos
estrellas), parecida al Sol, aunque de menor masa, situada a 16,2
años-luz de nosotros que fue estudiada por el DEFT desde Arizona
hallando un planeta de los llamados supertierra, del doble de tamaño de
la Tierra, que gira con un período de 42 días. El mismo fue llamado
“Vulcano” como el planeta de Spock de la serie TV “Star Trek”. En 2024
se discute si en realidad tal planeta existe o no porque los cálculos
se habrían basado en oscilaciones, pulsos y vibraciones, de la
estrella, similares a los generados por planetas.
Barnard b.
En el sistema estelar de la estrella de Barnard, situada a solo 5,97
años-luz de nosotros en la constelación de Ofiuco, se encuentra en 2018
lo que parece que es una supertierra cuya masa se ha estimado en más de
3,2 veces la terrestre. La temperatura en su superficie podría ser de
unos 170ºC bajo cero y su período o año es de 233 días por lo que
parece que está lejos de poder tener vida; además, la estrella emite
llamaradas que dañarían puntualmente la hipotética posible atmósfera.
La estrella, enana roja, es
muy antigua, de unos 8 o 9.000 millones de años de antigüedad. Este
sistema se mueve hacia nosotros con rapidez y se cree que dentro de
unos 8.000 años se nos habrá aproximado a 4 años-luz.
En 2024 se anuncia con la misma nomenclatura,
Barnard b, el hallazgo de un planeta en la
misma estrella, rotando sobre la misma con un período de solo 3,15
días. Su temperatura se estima en 125°C; la estrella tiene una
temperatura la mitad de la solar. Su masa es la mitad que la que tiene
Venus. Luego se hallarán más planetas en la misma estrella hasta
totalizar 4 (2025).
GJ 3470b.
Planeta de un sistema de una enana roja tipo M que está a 97 años-luz
de nosotros y de una antigüedad de unos 2.000 millones de años. Es un
gigante tipo Neptuno caliente, de unas 12,6 masas terrestres, que gira a solo 3,7 millones de Km de su
estrella. Tiene una atmósfera superior de hidrógeno neutro que se está
evaporando con rapidez debido a la cercanía a la estrella. Todo ese
material evaporado forma una nube sobre el planeta que se extiende en
unos 9 diámetros del mismo por delante en su recorrido orbital y casi
14 diámetros por detrás.
HD 21749b.
Exoplaneta descubierto por el satélite TESS de la NASA en un sistema de
una estrella enana situada a unos 53 años-luz de nosotros en la
constelación Reticulum. Tiene un tamaño de unas 2,7 veces la Tierra pero
de una masa 23 veces mayor. Su órbita tiene un período de 36 días. La
temperatura media en su superficie se estima en un primer momento en
148ºC.
K2-288Bb.
Exoplaneta descubierto por el telescopio espacial Kepler de la NASA en un
sistema doble que está a 226 años-luz de nosotros en la
constelación de Tauro; las dos estrellas son frías de tipo M y tenues,
y están separadas por unas 54,6 UA, siendo la mayor la mitad del Sol en
masa y tamaño, y la menor un tercio. Gira en la zona habitable de la
estrella K2-288B con un período de 31,3 días. Su tamaño es el doble del
de nuestra Tierra.
K2-286b.
Exoplaneta del sistema de una estrella enana roja de tipo M ubicada a
244 años-luz de nosotros en la constelación de Libra; tal estrella es
de un tamaño un 62% el del Sol y su temperatura es de 3.650ºC. El
planeta tiene 2,1 veces el tamaño de la Tierra y rota en una órbita en
la zona considerada habitable de tal estrella con un período de 27,36
días. La temperatura media en la superficie del mismo se estima
inicialmente en unos 60ºC.
HD 106906.
Estrella situada a unos 336 años luz de nosotros en la constelación de
Crux. Muy joven, con solo unos 15 millones de años, tiene un planeta de
unas 11 masas jovianas que la orbita a gran distancia, a unas 738 UA, y
en un plano muy inclinado de 21º respecto al plano del resto del
material del sistema, lo que no es muy corriente; su período orbital o año será de unos 15.000 años. También hay un
cinturón de cometas con su plano inclinado. Estas inclinaciones se
achacan al efecto gravitatorio de cuerpos de mayor masa, un gran
planeta u otra estrella a la que se acercó el sistema en el pasado, en
concreto a uno binario hace unos 3 millones de años, e incluso con
impacto.
KIC 10544976.
Sistema binario muy peculiar situado en la constelación del Cisne. Una
de las estrellas es una enana roja y otra una enana blanca que tienen
un período orbital de 17 años. La enana roja tiene un ciclo de
actividad magnética de unos 600 días. El sistema tiene un planeta
gigante de una masa 13 veces la joviana.
Qatar-8b. Planeta gigante gaseoso descubierto en marzo de 2019 por el Qatar Exoplanet Survey a 900 años-luz de nosotros. Su masa es un tercio de la joviana. Gira en órbita con un período de algo menos de 4 días. Su temperatura es de más de unos 800ºC.
Qatar-9b. Planeta gigante gaseoso descubierto en marzo de 2019 por el Qatar Exoplanet Survey a 688 años-luz de nosotros. Su masa es de 1,2 veces de la joviana. Gira en órbita con un período de 1,5 días. Su temperatura es de más de unos 800ºC.
Qatar-10b. Planeta gigante gaseoso descubierto en marzo de 2019 por el Qatar Exoplanet Survey a 1.700 años-luz de nosotros. Su masa es de un 75% la joviana. Gira en órbita con un período de 1,6 días. Su temperatura es de más de unos 800ºC.
NGTS-4b.
Planeta descubierto en 2018 en un sistema de una estrella de tipo G
situada en la constelación de la Paloma, a 921,7 años-luz de nosotros.
Tiene un tamaño de 3 veces el terrestre, pero 20 veces su masa, y gira
sobre la estrella con un período de solo 1,34 días, lo que significa
que está muy cerca y así su temperatura se estima en unos 1.000ºC. Sin
embargo, aun conserva una envoltura gaseosa que se supone en proceso de
evaporación.
Teegarden. Pequeña enana roja tipo M de unos 175.000 Km de diámetro y un 8% de masa solar situada a unos 12,59 años-luz de nosotros en la constelación de Aries; su temperatura es de unos 2.600ºC, la mitad de la del Sol, y 1.500 veces más débil. Su antigüedad es de unos 9.000 millones de años, casi el doble de la del Sol. Tiene al menos 2 planetas. Uno, el Teegarden b, es de una masa parecida a la de nuestro planeta, con una órbita a solo 3.750.000 Km de distancia de la estrella y 4,9 días de período. El Teegarden c es también de masa similar a la de la Tierra, y gira a solo 6.750.000 Km de distancia de la estrella con 11,4 días de período. Dado que la estrella es débil, su zona de habitabilidad es muy cercana e incluye las órbitas de los dos planetas citados.
L 98-59.
Sistema presidido por una enana fría de tipo M, de una masa ⅓ la solar,
situada a 34,5 años-luz de nosotros en la constelación del Pez Volador.
Tiene al menos 3 planetas conocidos en 2019. El L 98-59b tiene un
tamaño del 84% del de la Tierra, pero la mitad de su masa, y gira en
una órbita de 2,25 días de
período. El L 98-59c tiene un tamaño un 40% mayor que la Tierra y está
en una órbita de 3,7 días de período. El L 98-59d es un 60% mayor que
la Tierra y gira en órbita de 7,5 días de período. En 2025 se confirmó
la existencia de un quinto planeta en el sistema, el L 98-59f que
deambula en la zona habitable de la estrella; es una supertierra.
DS Tuc Ab.
Exoplaneta situado a unos 150 años-luz de nosotros que gira sobre una
estrella muy joven, de solo unos 45 millones de años de antigüedad; el
sistema tiene además otra estrella pero no es la principal. Tiene un
tamaño de unas 6 veces la Tierra y se cree que es un gigante gaseoso.
Su período, o año, es de 8 días. Dada su juventud está sufriendo
rápidos cambios, como la pérdida parcial de su atmósfera, afectada por
la radiación de la estrella, y de ahí el gran interés por ver su
evolución.
TOI-270.
Sistema estelar situado a 73 años-luz de nosotros en la constelación
del Pictor, descubierto por el MIT con datos del satélite TESS y con
participación de otros. Tiene una estrella enana del tipo M, de un
tamaño un 40% menor que el Sol, y al menos 3 planetas. El TOI-270b es
un planeta rocoso que tiene un tamaño con un 20% más que la Tierra,
pero una masa de un 90% más, y rota en una órbita de solo 0,03 UA y 3,4
días de período; su temperatura es elevada, de unos 255ºC. El
TOI-270c es un gigante gaseoso de un tamaño 2,4 veces la Tierra,
pero de 7 veces su masa, que gira en órbita de 0,05 UA y 5,7 días de
período; su temperatura se estima en unos 150ºC. El TOI-270d es
otro gigante gaseoso de un tamaño 2,1 veces la Tierra, pero de 5 veces
su masa, que gira en órbita de 0,07 UA y 11,4 días de período; su
temperatura se estima en 537ºC, y en el mismo se han detectado agua, dióxido de carbono y metano.
GJ 357. Estrella enana roja tipo M de un tamaño similar al Sol, pero de ⅓ de su masa, situada a 31 años-luz de nosotros en la constelación de Hydra. Tiene al menos 3 planetas. Uno de ellos, GJ 357b, es un 22% mayor que nuestra Tierra y su órbita es muy cercana a la estrella por lo que tiene una temperatura de 252ºC en su superficie. Otro, GJ 357c, tiene 3,4 masas terrestres y rota sobre su estrella con un período de 9,1 días, con lo que su temperatura será de unos 127ºC. El tercero, GJ 357d, es un planeta de una masa 6,1 veces la terrestre, aunque con un tamaño del doble de la Tierra, y su órbita tiene un período de 55,7 días, equivalente a una distancia de unos 30 millones de Km; su temperatura media se ha estimado en unos 18ºC bajo cero por lo que cabe la posibilidad de tener en alguna parte agua líquida.
HD 97048.
Estrella joven situada a 603 años-luz de nosotros en la constelación de
Camaleón. Tiene al menos un planeta en una órbita de 130 UA de
distancia de la misma que es de un tamaño doble al de Júpiter. La
estrella también tiene un disco de polvo y gas.
WASP-178b.
Exoplaneta joviano ultracaliente por orbitar muy cerca de su estrella
con tan solo 3,34 días de período. Forma parte de un sistema que está a
1.360 años-luz de nosotros. Su temperatura sobrepasa los 1.900ºC. Su
tamaño es un 84% superior al de Júpiter y su masa un 66% mayor.
LHS 3844b.
Planeta de un sistema situado a 48,6 años-luz de nosotros y que está
regido por una estrella enana de tipo M, pequeña y fría. Fue
descubierto en 2018 por el ingenio espacial TESS. Su tamaño es un 30%
mayor que el de la Tierra y gira sobre la estrella con un período de 11
horas; quizá ofrezca, como la Luna a nosotros, solo una cara a la
misma. Se supone que tiene una superficie sólida de tipo lunar, y que
no tiene atmósfera, con temperaturas de más de 700ºC en la cara
iluminada.
LTT 1445Ab.
Planeta que gira sobre una estrella, la que a su vez rota sobre otras
dos, todas enanas rojas tipo M. Es decir, está en un sistema triple
estelar y
el mismo está a solo 22,5 años-luz de nosotros; la estrella sobre la
que gira el planeta, la mayor, es de un tamaño de un cuarto el solar.
El planeta tiene un
tamaño de 1,38 veces el de la Tierra y rota muy cerca de la estrella
con
un período de solo 5 días, por lo que se supone que sea muy caliente,
de unos 160ºC.
GJ 1061.
Sistema estelar de una enana roja, tipo M, que se encuentra a 12
años-luz de nosotros (o 17,5, según otros). Tiene al menos 3 planetas
de tamaños entre el de la Tierra y Neptuno. Uno de ellos, el “d”,
circula en la llamada zona de habitabilidad de la estrella con un
período de 12,43 días; quizá sea rocoso y tiene un 70% más de masa que
nuestro planeta. Los otros dos orbitan más cerca de la estrella.
GJ 3512.
Sistema de una enana roja GJ 3512, parecida a Próxima Centauri y
Trappist-1, de una masa solo un 12% la solar, y sobre la que gira al
menos un planeta gigante gaseoso, el GJ3512b, de una masa al menos la
mitad de la joviana. Está a 30 años-luz de nosotros y el planeta está
en una órbita muy elíptica de 204 días de período. Tal esquema no se
ajusta a lo que piensan hasta entonces los astrónomos sobre la relación
general de masas en la formación de los sistemas solares.
NGTS-10b.
Planeta del tamaño de Júpiter de un sistema solar localizado a 1.060
años-luz de nosotros, cuya estrella es una enana naranja tipo K5V. De 2
masas jovianas, rota sobre su estrella a muy poca distancia, con un
período de solo 18 h, uno de los más pequeños conocidos, lo que hará
que poco a poco se acerque hasta que se acabe despedazando por la
fuerza gravitatoria.
GJ 15A.
Enana roja situada a 11 años-luz de nosotros. Tiene al menos dos
planetas. El “b”, descubierto en 2014, tiene 3 masas terrestres, rota
sobre la estrella con un período de 11 días y su temperatura se estima
en 276ºC. El GJ 15Ac tiene una masa de 36 veces la terrestre, es un
gigante gaseoso en una órbita de 20 años de período.
WDJ0914+1914.
Estrella enana blanca situada a 1.500 años-luz de nosotros en la
constelación de Cáncer; su temperatura es de 28.000ºC. Tiene un
exoplaneta gigante gaseoso, el primero detectado en una enana blanca,
que gira en una órbita de solo 10 días, a unos 10 millones de Km; su
tamaño es el doble del de la estrella. Al estar tan cerca de la misma,
está perdiendo su atmósfera a razón de 3.000 Tm/seg que van en parte a
parar a la enana.
HD 213885.
Estrella de tipo G situada a 156 años-luz de nosotros. Tiene un
planeta, HD 213885b, que es un 70% mayor que la Tierra y tiene casi 9
veces su masa. Su período es de un poco más de un día, lo que señala su
cercanía a la estrella e indicativo de una alta temperatura que ha sido
calculada en 1.854ºC. Un segundo planeta, el HD 213885c, está un poco
más alejado, con período de 5 días, y es similar a Neptuno.
TOI-700.
Estrella enana M situada a algo más de 100 años-luz de nosotros en la
constelación del Dorado; tiene una masa de un 40% la solar y su
temperatura es de unos 3.000ºC. Tiene varios planetas, uno de ellos, el
“d”, de tamaño un 20% mayor que la Tierra y rotando con 37 días de
período orbital en la zona de habitabilidad de la estrella; la energía
que recibe de su estrella es equivalente al 86% de la que la Tierra
recibe del Sol. El “b” es el planeta más interno, en órbita de solo 10
días de período, y su tamaño es casi el de la Tierra. El “c” gira en
órbita de 16 días de período y su tamaño es 2,6 veces el terrestre;
quizá sea gaseoso. Se piensa que todos ellos tienen sincronizado su día
con su año, por lo que, como la Luna en nuestro caso, ofrecen siempre
la misma cara a la estrella. A principio de 2023 se informa del
hallazgo de un nuevo planeta en el sistema, el TOI-700e, que tiene un
95% del tamaño de la Tierra y circula también en la zona de
habitabilidad con un período de 28 días; se cree que puede ser rocoso.
TOI-1338b.
Planeta de un sistema binario eclipsante situado a 1.300 años-luz de
nosotros en la constelación del Pictor; una de las estrellas tiene una
masa un 10% mayor que el Sol y la otra una masa de un tercio del mismo.
Tiene una masa 6,9 veces la terrestre y fue descubierto por el ingenio
espacial TESS.
En 2023 se halló otro planeta en el mismo sistema,
TOI-1338 o BEBOP-1, y fue denominado BEBOP-1c. El mismo tiene una masa
de 65 veces la terrestre y un período orbital, o año, de 215 días.
WASP-49b.
Exoplaneta gigante y caliente de un sistema situado a unos 635 años-luz
de nosotros en la constelación de Lepus; rota sobre su estrella con un
período de 3 días. Parece, según estudio sobre gas sodio neutro y
potasio, que tiene un satélite con un vulcanismo extremo o una
superficie de magma fundido.
DMPP-1.
Estrella del tipo F, un poco mayor y más caliente que el Sol, situada a
unos 200 años-luz de nosotros. Tiene al menos 3 planetas del tipo
supertierra y otro más como Neptuno, pero todos calientes.
KIC-7340288b.
Planeta situado en un sistema estelar a unos 1.000 años-luz de
nosotros. El mismo es solo un 50% mayor que la Tierra y gira en una
órbita dentro de la zona habitable de su estrella con un período de 142
días a 0,444 UA de distancia media, pero recibiendo solo una tercera
parte de la luz y energía que recibe la Tierra del Sol.
KELT-4. Sistema de 3 estrellas situado a 760 años-luz de nosotros, en la constelación de Leo. Sobre la estrella principal “A” rotan las otras dos con un período de unos 4.000 años; la “B” y “C” giran entre ellas con un período de unos 30 años. La estrella KELT-4A tiene al menos un planeta, KELT-4Ab, hallado en 2015 por el telescopio de tal nombre; de tipo joviano, gira sobre su estrella con un período de solo 3 días, lo que hace que su temperatura superficial sea tan elevada como de unos 1.800ºC.
WASP-76b.
Planeta de un sistema con una estrella de tipo F situada en la
constelación de Piscis, y a 637 años-luz de nosotros. Su masa es un 90%
la joviana, pero el doble del tamaño de Júpiter. Su período orbital, su
año, es de solo 1,8 días. Gira sobre sí con un período igual a su año,
lo que significa que en la práctica siempre ofrece la misma cara a su
estrella; como la Luna a la Tierra. Esto significa que, estando tan
cerca de la estrella, su cara iluminada está muy caliente, a 2.400ºC, y
su cara oscura mil grados más fría, estableciendo así una dinámica
atmosférica de vientos muy rápidos. A tal temperatura se funden gran
número de elementos, entre ellos el hierro, cuyo vapor será arrastrado
hacia la zona nocturna donde se enfriará y precipitará. También se
hallaría bario en su atmósfera. En el mismo se detectó una formación de
anillos concéntricos de luz, como los de un arco iris, por vez primera
en un exoplaneta.
KOI 1843.03.
Planeta de un sistema estelar de una enana roja situada a unos 395
años-luz de nosotros que tiene una masa la mitad de la solar. El
planeta tiene un tamaño un 60% del terrestre, una masa del 44% de la
terrestre, y rota en una órbita sobre tal estrella de tan solo 4,245 h
de duración. Tiene un alto contenido en hierro, de ⅔ de su masa. Se
cree que el planeta no guarda esfericidad y es un tanto ovalado.
HD 158259.
Sistema estelar situado en la constelación de Draco, a unos 27 parsecs
(88 años-luz) de nosotros; la estrella es de un tamaño solo un 8% mayor
que el Sol. Tiene 6 planetas, uno de ellos una supertierra y el resto
minineptunos, de masas entre 2 y 6 veces la de la Tierra estos últimos.
Giran todos en órbitas muy cercanas a la estrella, más que nuestro
Mercurio del Sol.
Kepler 88.
Sistema estelar situado a 1.242 años-luz de nosotros. Tiene al menos 3
planetas. El Kepler 88b gira con un período de 11 días y es del
tamaño de Neptuno. El Kepler 88c gira con período de 22 días y su masa
es similar a la joviana. El Kepler 88d tiene una masa de 3 veces la de
Júpiter y gira en una órbita elíptica de un período de 4 años.
WASP-79b. Planeta de un sistema situado a 780 años-luz de nosotros en la constelación de Eridanus, cuya estrella es más brillante y caliente que el Sol. Del tamaño de nuestro Júpiter, pero del doble de masa, es muy caliente, con una órbita de un período de menos de 3 días, y en su atmósfera hay unos extraños procesos en los que se generan nubes dispersas y lluvias de hierro. Sus cielos posiblemente amarillos son también húmedos.
Kepler 160.
Estrella situada a 3.000 años-luz de nosotros en la constelación de la
Lira; muy parecida al Sol, tiene solo un 10% más de tamaño y una
temperatura en su superficie de 5.200ºC. Tiene al menos 4 planetas. Dos
de ellos, el Kepler 160b y el 160d, son mayores que la Tierra. Otro,
Kepler 160d, también llamado KOI-456.04, es de un tamaño un 90% mayor
que la Tierra y está en una órbita de un período de 378 días por lo que
está en una zona habitable.
AU Mic b.
Planeta de un sistema estelar situado a 31,9 años-luz de nosotros en la
constelación del Microscopium. La estrella es una enana tipo M de unos
25 millones de años de antigüedad. El planeta gira en una órbita muy
cercana a la estrella con tan solo 8,5 días de período y su tamaño es
similar al de Neptuno, un 8% mayor, y su masa 58 veces la terrestre.
GJ887.
También llamado Gliese 887. Sistema estelar regido por una enana roja
tipo M situada a 10,7 (o 11,8) años-luz de nosotros, en la constelación
de Piscis Austrinus, que tiene la mitad de la masa que el Sol, una
temperatura de 3.400ºC y un 1% de la luminosidad solar. Tiene al menos
2 supertierras, GJ887b y GJ887c, de 4 y 7 masas terrestres
respectivamente, y órbitas de 9,3 y 21,8 días de período; por tanto
están muy cerca de la estrella y su temperatura superará los 100ºC.
TOI-849b.
Planeta de un sistema situado a 730 años-luz de nosotros regido por una
estrella parecida al Sol. Tiene una masa de 41 veces la terrestre, un
tamaño de 3,5 veces el de la Tierra, y es de una densidad de 5,5
gramos/cm³, similar a la terrestre. Es así el núcleo residual de un
antiguo planeta gaseoso que ya ha perdido toda su envoltura gaseosa, o
bien nunca la tuvo. Rota en una órbita muy cercana a la estrella con
tan solo 18,4 h de período. Su temperatura es muy elevada, de unos
1800ºK.
GJ 273.
También llamada Lyuten, es una estrella enana roja situada en la
constelación del Can Menor, a unos 12,37 años-luz de nosotros. Tiene
una masa de un 26% la solar y un tamaño de solo un 11% del Sol. Cuenta
con más de un planeta (GJ 273b o Lyuten b, GJ 273c o Lyuten c, y quizá
otros), uno de ellos (el b) girando en la zona habitable. Los dos
primeros hallados (b y c) son del tipo supertierra.
TYC 8998-760-1.
Estrella situada a 300 años-luz de nosotros en la constelación de la
Musca; tiene una antigüedad de solo unos 17 millones de años. Tiene al
menos dos planetas gigantes que rotan en órbitas distantes 160 y 320
UA, respectivamente de masas 14 y 6 veces la joviana. De la estrella y
los dos exoplanetas obtiene desde Atacama una imagen el VLT del ESO que
es la primera en su tipo.
K2-25.
Estrella enana de tipo M del cúmulo de las Híades, en la constelación
de Tauro, a unos 150 años-luz de nosotros, que tiene unos 600 millones
de años de antigüedad. Tiene un planeta de una masa 25 veces la
terrestre. El período del K2-25b es de solo 3,5 días. Muy denso, se le
supone un núcleo muy grande y una pequeña envoltura gaseosa, relación
inusual en estos casos de un planeta de tal masa.
TVLM 513-46546.
Estrella enana fría de una masa un 10% la solar situada a 35 años-luz
de nosotros. Tiene un planeta del tamaño de Saturno que gira en una
órbita de 221 días de período. Es el primero en ser descubierto con el
uso de un radiotelescopio (VLBA) con una técnica astrométrica y a lo
largo de varias sesiones.
TOI-1266.
Estrella enana roja que está a unos 120 años-luz de nosotros. Tiene al
menos 2 planetas que giran muy cerca de ella, con períodos de solo 11 y
19 días, y tamaños respectivos de 2,5 y 1,5 veces el terrestre.
Kepler-1514b.
Exoplaneta también llamado GOT' EM-1b, que fue descubierto por el
telescopio espacial Kepler en 2016 a casi 1.300 años-luz de nosotros en
la constelación de Cygnus. Tiene 217,83 días de período orbital y es
del tamaño de Júpiter aproximadamente.
WASP-62b. Planeta gigante gaseoso descubierto en 2012 a 576 años-luz de nosotros en la constelación del Dorado. De la mitad de masa que Júpiter, tiene un período de solo 4,5 días y es muy caliente debido a su proximidad orbital a la estrella. Su atmósfera contiene al menos los elementos sodio y potasio, y no parece que tenga nubes ni neblinas.
K2-290.
Sistema de tres estrellas situado a 897 años-luz de nosotros. Uno de
los soles tiene dos planetas descubiertos en 2019 que están en órbita
retrógrada respecto al sentido de rotación de la propia estrella. El
ángulo del plano de giro es de 124º.
Nu2 Lupi.
Estrella que rige un sistema solar situado a 48 años-luz de nosotros en
la constelación de Lupus. Tiene al menos 3 planetas, "b", "c" y "d".
Sus masas están en equivalencia entre las de la Tierra y Neptuno. Sus
órbitas tienen períodos de 11,6, 27,6 y 107,6 días. El diámetro del “d”
es 2,5 veces el terrestre y su masa es de 8,8 veces la de la Tierra.
COCONUTS-2b.
Exoplaneta situado a 35 años-luz de nosotros en un sistema de una enana
roja de ⅓ de masa solar a la que orbita a 6.000 UA; la estrella es 10
veces más joven que el Sol. Es un gigante gaseoso hallado en 2011; en
2021 es el más cercano a la Tierra fotografiado directamente
(Universidad de Hawai). Su temperatura superficial es de unos 160ºC,
gracias a lo cual pudo ser fotografiado en el IR.
GW Orionis.
Sistema de 3 estrellas situado a 1.300 años-luz de nosotros en la
constelación de Orión. Las GW Ori A y GW Ori B están separadas por solo
1 UA, y la GW Ori C está a 8 UA de las primeras; todas ellas rotan
sobre puntos comunes gravitatorios en un baile peculiar. Las 3 tienen
anillos de polvo, en el que se forman planetas, y los cuales están a
unas 46, 188 y 338 UA del centro del sistema; sus respectivas masas se
han estimado en 74, 168 y 245 veces la terrestre. Hay al menos un
planeta de tipo joviano, el primero conocido en un sistema triple.
HD 3167.
Estrella que preside un sistema de la constelación de Piscis y está
situada a 154,4 años-luz de nosotros. Tiene al menos 3 planetas, dos de
los cuales no giran en el plano en que lo hace la estrella y el
tercero, el HD 3167b, con casi 90º de inclinación. Este tiene un año de
solo 23 días. Los otros, HD 3167c y HD 3167d giran con períodos de 8,5
y 29,8 días, y son dos minineptunos.
M51-ULS-1b.
Primer planeta descubierto fuera de nuestra galaxia. Su primera
observación data del 20 de septiembre de 2020 al eclipsar una fuente de
rayos equis. Situado en un sistema binario de la galaxia espiral M51, o
NGC-5194, situada en la constelación de los Canes Venatici; una de las
dos estrellas es de neutrones o un agujero negro. Está a unos 23 o 25
millones de años-luz de nosotros. Es un poco más pequeño que Saturno y
gira en una órbita de 10 UA con un período de unos 75 años.
Ross 508.
Sistema estelar situado a 37 años-luz de nosotros en la constelación
Serpens, el cual está regido por una enana roja. Tiene al menos un
planeta de tipo supertierra que gira en una órbita elíptica que tiene
su año de solo 11 días, pero cruza la zona habitable de la estrella.
TOI-1452b.
Planeta situado en un sistema binario de 2 enanas rojas de la
constelación de Draco a unos 100 años-luz de nosotros; tales estrellas
está separadas entre sí por cerca de 100 UA. El planeta tiene un poco
más de masa que la Tierra y su tamaño también es un poco mayor. Gira en
una órbita adecuada para tener agua líquida en su superficie y se cree
que está cubierto por un océano de gran profundidad. Se ha calculado
que podría tener agua en un 30% de toda su masa planetaria.
TOI-3757b.
Planeta situado descubierto por el TESS de Tucson, Arizona, a 580
años-luz de nosotros en la constelación de Auriga, orbitando una enana
roja con un período de 3,5 días. Tiene unos 150.000 Km de diámetro.
Llamó la atención su baja densidad, de solo 0,27 gramos por cm³, casi ¼
de la densidad del agua, por lo que fue apodado como Marshmallow
(malvavisco).
GJ 1002. Sistema de una enana roja situada a 15,3 años-luz de nosotros en la constelación de Cetus. Tiene dos planetas de tipo rocoso orbitando en la zona habitable del sistema con períodos de 10,3 y 21,2 días.
Kepler 1658b.
Planeta localizado a 2.629 años-luz de nosotros. Es un gigante gaseoso,
de 5,88 masas jovianas, y gira en una órbita muy cercana a su estrella,
que es del tipo F, a solo 0,054 UA. Rota así con un período de solo 3,8
días que está disminuyendo constante y anualmente en 131 milisegundos.
Tras su estudio en 2019, se indica que el mismo está condenado a caer
sobre su estrella.
Wolf 1069.
Sistema estelar situado a 31 años-luz de nosotros cuya estrella es una
enana anaranjada-rojiza. Tiene un planeta del tamaño de la Tierra
deambulando en una órbita de habitabilidad con un período de 15,6 días.
La distancia de la órbita es de unas 0,1 UA aproximadamente y puede
que, como la Luna con nosotros, tenga siempre la misma cara orientada a
su estrella (por tanto, la otra cara será siempre nocturna). Se cree
que tiene atmósfera y posiblemente agua líquida en su superficie. La
radiación que el planeta recibe de su estrella es de un 65% de la que
recibe la Tierra del Sol, pero la temperatura media de la cara
iluminada será de unos 23ºC. Si además tiene campo magnético, parece
pues un mundo propicio para la vida.
Kepler 385.
Sistema situado a 4.676 años-luz de nosotros en la constelación del
Cisne. Tiene una estrella parecida al Sol que es un 10% mayor, pero
solo un 5% más caliente. Tiene al menos 7 planetas, récord tal a su
descubrimiento, todos más pequeños que Neptuno y mayores que la Tierra,
2 de ellos con una tenue atmósfera. El resto tienen un tamaño el doble
de la Tierra y atmósferas posiblemente densas.
HD 110067.
Estrella parecida al Sol (un 20% menor y más fría), situada a unos 100
años-luz de nosotros en la constelación de Coma Berenices, que tiene un
sistema con al menos 6 planetas con sus órbitas en sincronía. Los
períodos orbitales son de 9, 14, 20,5, 31, 41 y 55 días (terrestres).
Los planetas son de un tamaño menor que Neptuno y tienen atmósferas. La
antigüedad del sistema es superior a los 4.000 millones de años.
HD 63433d.
Planeta del tamaño de la Tierra de un sistema que tiene una estrella
muy parecida al Sol, de tipo G; su tamaño es un 99% del mismo. Está
situado a 73 años-luz de nosotros en la constelación de la Osa Mayor.
Su diámetro es un 7,3% mayor y es el tercero hallado en el sistema.
Pero la coincidencia acaba ahí porque su período orbital, su año, es de
solo 4,2 días, estando muy cerca de la estrella por lo que su
temperatura llega a los 1.260ºC. No es pues apto para la vida.
Gliese 12b.
Planeta situado en un sistema a 40 años-luz de nosotros en la
constelación de Piscis, regido por una estrella enana roja de un tamaño
¼ el solar y una temperatura de un 60% la del Sol. Es un poco menor que
la Tierra, similar en tamaño a Venus, gira en una órbita dentro de la
zona de habitabilidad con un período de 12,8 días y su temperatura
media se ha estimado en 42ºC por lo que podría tener agua líquida. Es
candidato a ser habitable (2024).
HD 20794d. Planeta de tipo súper-Tierra de un sistema regido por una estrella tipo G, similar al Sol, situada a 19,7 años-luz de nosotros. Su masa es de unas 6 veces la terrestre. Rota en una órbita elíptica de 647 días de período, 0,75 UA de perihelio y 2 UA de afelio. Su órbita excéntrica hace que el planeta recorra parcialmente la misma en la zona habitable del sistema.
GJ 3998. Estrella enana roja situada a 59 años-luz de nosotros. Tiene al menos 3 planetas. Uno, el denominado GJ 3998d, gira en su órbita en la zona habitable de la estrella con un período (año) de 41,8 días. Es una supertierra rocosa de una masa 6 veces la terrestre.
2M1510-ABb.
Planeta de un sistema de dos estrellas enanas marrones, un sistema
binario eclipsante, a las que orbita en perpendicular en torno a un
punto entre ambas, equivalente a una especie de órbita polar. Está en
la constelación de Libra a unos 120 años-luz de nosotros. Es la primera
vez que se halla (Observatorio Europeo Austral, Chile) un escenario de
tales características. Hay una tercera estrella en el sistema, pero muy
alejada del resto.
WD 1856b.
Planeta de un sistema situado a unos 82 años-luz de nosotros en la
constelación de Draco. Tiene un tamaño de 5,2 masas jovianas y gira en
una órbita de solo 34 h, muy cerca de su estrella, a solo 0,02 UA. Es
muy frío, de unos 87ºC bajo cero. La estrella es la enana blanca WD
1856+534, de unos 18.000 Km de diámetro, por lo que cabe suponer que
pasó por la fase de gigante roja y curiosamente no destruyó a un
planeta tan cercano, como se suponía, así que se piensa que lo más
probable es que la órbita del planeta fuera antes otra más distante,
posiblemente 50 veces más. Resulta pues un sistema de mucho interés.
WISPIT 2b.
Planeta en formación dentro de un anillo sobre una joven estrella,
primero observado en su tipo (2025), que se encuentra a 437 años-luz de
nosotros en la constelación del Aquila. Gaseoso, tiene una masa de 5
veces la joviana y una antigüedad de solo unos 5 millones de años.
GJ 251c.
Planeta de una masa casi 4 veces la terrestre, situada a 18,2 años-luz
de nosotros en la constelación de Géminis. Rota sobre su estrella, una
enana roja de ⅓ de la masa solar, a una distancia considerada de
habitabilidad, donde el agua podrá ser líquida. En el sistema hay
además al menos otro planeta, el GJ 251b, que gira a 12,2 millones de
Km de la estrella con un período de solo 14 días.
TOI-2093c.
Exoplaneta de un sistema en el que su estrella es de tipo K5V, menos
caliente que nuestro Sol con 4.426ºK, situada a 269,45 años-luz de
nosotros; tal sistema tiene al menos otros 2 planetas que giran más
cerca de la estrella que el TOI-2093c, que gira en órbita de solo 0,257
UA, con un período de 53,8 días, y está en la zona considerada
habitable para su estrella, pudiendo tener agua en estado líquido.
Parecido a la Tierra, pero teniendo una masa de 15,8 veces la
terrestre.
Un catálogo completo y actualizado de planetas extrasolares se puede encontrar en las webs http://exoplanets.org/ y http://www.exoplanet.eu/ también en https://exoplanetarchive.ipac.caltech.edu/
ANEXO
Los datos de masa y período señalados pueden no coincidir con los ya referidos en los párrafos anteriores sin que ello presuponga mayor veracidad de unos u otros. Están el orden alfabético de estrellas y son referidos a marzo de 2003.
|
Estrella |
Masas jovianas |
Período en días |
Semieje mayorde la órbita en UA |
Excentricidad orbital |
|
16 Cyg |
1,68 |
798,4 |
1,690 |
0,68 |
|
47 UMa |
2,56 |
1090,5 |
2,090 |
0,06 |
|
47 UMa |
0,76 |
2640,0 |
3,780 |
0,00 |
|
51 Peg |
0,46 |
4,231 |
0,052 |
0,01 |
|
55 Cnc b |
0,84 |
14,65 |
0,115 |
0,02 |
|
55 Cnc c |
0,21 |
44,28 |
0,241 |
0,34 |
|
55 Cnc d |
4,05 |
5360,0 |
5,900 |
0,16 |
|
70 Vir |
7,41 |
116,7 |
0,482 |
0,40 |
|
BD-103166 |
0,48 |
3,487 |
0,046 |
0,05 |
|
Eps Eri |
0,92 |
2550,0 |
3,390 |
0,43 |
|
GJ 86 |
4,23 |
15,80 |
0,117 |
0,04 |
|
GJ777A |
1,15 |
2613,0 |
3,650 |
0,00 |
|
GJ876b |
1,89 |
61,02 |
0,207 |
0,10 |
|
GJ876c |
0,56 |
30,12 |
0,130 |
0,27 |
|
HD106252 |
6,79 |
1503,0 |
2,530 |
0,57 |
|
HD10697 |
6,08 |
1074,0 |
2,120 |
0,11 |
|
HD108147 |
0,41 |
10,90 |
0,079 |
0,20 |
|
HD108874 |
1,65 |
401,0 |
1,070 |
0,20 |
|
HD114386 |
0,99 |
872,0 |
1,620 |
0,28 |
|
HD114729 |
0,88 |
1136,0 |
2,080 |
0,33 |
|
HD114762 |
10,96 |
84,03 |
0,351 |
0,33 |
|
HD114783 |
0,99 |
501,0 |
1,200 |
0,10 |
|
HD121504 |
0,89 |
64,62 |
0,317 |
0,13 |
|
HD1237 |
3,45 |
133,8 |
0,505 |
0,51 |
|
HD12661b |
2,30 |
263,3 |
0,823 |
0,35 |
|
HD12661c |
1,56 |
1444,5 |
2,560 |
0,20 |
|
HD128311 |
2,63 |
414,0 |
1,010 |
0,21 |
|
HD130322 |
1,15 |
10,72 |
0,092 |
0,05 |
|
HD134987 |
1,63 |
265,0 |
0,821 |
0,37 |
|
HD136118 |
11,91 |
1209,0 |
2,390 |
0,37 |
|
HD141937 |
9,67 |
658,8 |
1,480 |
0,40 |
|
HD142 |
1,36 |
338,0 |
0,980 |
0,37 |
|
HD145675 |
3,90 |
1775,0 |
2,870 |
0,37 |
|
HD147513 |
1,00 |
540,4 |
1,260 |
0,52 |
|
HD150706 |
1,00 |
264,9 |
0,820 |
0,38 |
|
HD160691 |
1,74 |
637,3 |
1,480 |
0,31 |
|
HD16141 |
0,22 |
75,80 |
0,351 |
0,00 |
|
HD162020 |
13,73 |
8,420 |
0,072 |
0,28 |
|
HD168443b |
7,64 |
58,10 |
0,295 |
0,53 |
|
HD168443c |
16,96 |
1770,0 |
2,870 |
0,20 |
|
HD168746 |
0,24 |
6,400 |
0,066 |
0,00 |
|
HD169830 |
2,95 |
230,4 |
0,823 |
0,34 |
|
HD17051 |
2,12 |
312,0 |
0,909 |
0,15 |
|
HD177830 |
1,24 |
391,0 |
1,100 |
0,40 |
|
HD178911 |
6,46 |
71,50 |
0,326 |
0,14 |
|
HD179949 |
0,93 |
3,092 |
0,045 |
0,00 |
|
HD187123 |
0,54 |
3,097 |
0,042 |
0,01 |
|
HD190228 |
3,44 |
1112,0 |
1,980 |
0,52 |
|
HD195019 |
3,55 |
18,20 |
0,136 |
0,02 |
|
HD196050 |
2,81 |
1300,3 |
2,410 |
0,20 |
|
HD19994 |
1,66 |
454,0 |
1,190 |
0,20 |
|
HD202206 |
14,68 |
258,9 |
0,768 |
0,42 |
|
HD20367 |
1,12 |
500,0 |
1,280 |
0,23 |
|
HD2039 |
5,10 |
1190,0 |
2,200 |
0,69 |
|
HD209458 |
0,63 |
3,524 |
0,046 |
0,02 |
|
HD210277 |
1,29 |
436,6 |
1,120 |
0,45 |
|
HD213240 |
4,49 |
951,0 |
2,020 |
0,45 |
|
HD216435 |
1,23 |
1326,0 |
2,600 |
0,14 |
|
HD216437 |
2,09 |
1293,5 |
2,380 |
0,34 |
|
HD217107 |
1,29 |
7,130 |
0,072 |
0,14 |
|
HD222582 |
5,20 |
577,1 |
1,360 |
0,76 |
|
HD23079 |
2,76 |
628,0 |
1,480 |
0,14 |
|
HD23596 |
8,00 |
1558,0 |
2,870 |
0,31 |
|
HD27442 |
1,32 |
415,0 |
1,160 |
0,06 |
|
HD28185 |
5,70 |
383,0 |
1,030 |
0,07 |
|
HD30177 |
7,64 |
1620,0 |
2,650 |
0,21 |
|
HD33636 |
9,30 |
2440,0 |
3,500 |
0,52 |
|
HD3651 |
0,20 |
62,23 |
0,284 |
0,63 |
|
HD37124b |
0,86 |
153,0 |
0,543 |
0,20 |
|
HD37124c |
1,00 |
1550,0 |
2,500 |
0,40 |
|
HD38529b |
0,78 |
14,31 |
0,129 |
0,28 |
|
HD38529c |
12,78 |
2207,4 |
3,710 |
0,33 |
|
HD39091 |
10,39 |
2280,0 |
3,500 |
0,63 |
|
HD40979 |
3,16 |
260,0 |
0,818 |
0,26 |
|
HD4203 |
1,64 |
406,0 |
1,090 |
0,53 |
|
HD4208 |
0,81 |
829,0 |
1,690 |
0,04 |
|
HD46375 |
0,25 |
3,024 |
0,041 |
0,02 |
|
HD49674 |
0,12 |
4,948 |
0,057 |
0,00 |
|
HD50554 |
3,72 |
1254,0 |
2,320 |
0,51 |
|
HD52265 |
1,14 |
119,0 |
0,493 |
0,29 |
|
HD6434 |
0,48 |
22,09 |
0,154 |
0,30 |
|
HD68988 |
1,90 |
6,276 |
0,071 |
0,14 |
|
HD72659 |
2,54 |
2185,0 |
3,240 |
0,18 |
|
HD73526 |
3,63 |
188,0 |
0,647 |
0,52 |
|
HD74156b |
1,55 |
51,60 |
0,276 |
0,65 |
|
HD74156c |
7,46 |
2300,0 |
3,470 |
0,40 |
|
HD75289 |
0,46 |
3,508 |
0,047 |
0,01 |
|
HD76700 |
0,19 |
3,971 |
0,049 |
0,00 |
|
HD80606 |
3,43 |
111,8 |
0,438 |
0,93 |
|
HD82943b |
1,63 |
444,6 |
1,160 |
0,41 |
|
HD82943c |
0,88 |
221,6 |
0,728 |
0,54 |
|
HD83443 |
0,35 |
2,986 |
0,038 |
0,00 |
|
HD8574 |
2,08 |
228,5 |
0,770 |
0,30 |
|
HD89744 |
7,17 |
256,0 |
0,883 |
0,70 |
|
HD92788 |
3,88 |
337,0 |
0,969 |
0,28 |
|
Hip75458 |
8,68 |
550,0 |
1,340 |
0,71 |
|
Rho Crb |
0,99 |
39,81 |
0,224 |
0,07 |
|
Tau Boo |
4,14 |
3,313 |
0,047 |
0,04 |
|
Ups And b |
0,68 |
4,617 |
0,059 |
0,01 |
|
Ups And c |
1,90 |
241,3 |
0,829 |
0,28 |
|
Ups And d |
3,75 |
1284,0 |
2,520 |
0,27 |
> GALAXIAS Y CÚMULOS ESTELARES.
Las galaxias son agrupaciones de estrellas de cantidad y forma variable por efecto de la gravedad y otros factores; nosotros habitamos en una llamada la Vía Láctea. También contienen nubes de gas y polvo, que son zonas donde nacen las estrellas al ir comprimiéndose en nubes protoestelares. Las galaxias que carecen de tales nubes y de brazos espirales se consideran viejas e incapaces de tales nuevas creaciones.
En general, la estructura típica de las galaxias suele tener una parte central o bulbo, con una gran acumulación estelar, agujero negro incluido, y unos brazos más delgados formados por largas y curvas estelas de más estrellas, hasta configurar una especie de discos de distinta forma y tamaño.
Son una consecuencia de la evolución dinámica general del Universo, pero existentes casi desde un principio. En concreto, el nacimiento de las galaxias se remonta a las fluctuaciones en la densidad de la materia primigenia y sus grumosidades originadas en la inflación que hubo en el mismísimo Big Bang. La palabra galaxia procede del griego con significado lácteo.
La formación de las galaxias tiene origen pues en enormes nubes de gas hidrógeno, principalmente, que se condensan formando estrellas. Aunque se cree que se formaron todas al principio del Universo, hacia los 1.000 millones de años de su existencia, en los años 80 se halló una formación que se identificó como una protogalaxia, lo que resultó sorprendente; fue hallada en el cúmulo de Virgo a 65.000.000 años-luz y tiene una masa como 10.000 millones de veces el Sol. Las galaxias más lejanas y por tanto las más antiguas, a 10.000 millones de años-luz, la velocidad de creación estelar es más elevada que en las actuales y alcanzó entre 10 y 1.000 soles al año en tanto que en nuestra galaxia es ahora de 1 sol por año; esta estimación se hizo gracias a los datos en el IR del satélite ISO de la ESA.
Actualmente
se vincula el nacimiento de las galaxias a las zonas de concentración
de la llamada materia oscura, que jugaría así un papel importante
en la configuración del mapa galáctico, incluso de la forma
geométrica de las galaxias. La masa mínima para la formación de
una galaxia enana se estimó en 2008 en la equivalente a 10.000.000
veces la solar.
Las nubes gigantescas de gas son las que generan las
galaxias, incluso las gigantes o supergalaxias, aunque algunas de estas
pueden ser resultado de la mezcla o colisión de dos o más menores. Un
ejemplo de las primeras lo hallamos en la galaxia MRC 1138-262, también
llamada Spiderweb (telaraña), en un cúmulo galáctico que está a 10.600
millones de años-luz de nosotros; se originó pues en los principios del
Universo. Se forma a partir de una enorme nube de hidrógeno
principalmente de una masa de 100.000 millones de veces la solar y de
una extensión de unos 250.000 años-luz.
Igualmente se cree en la labor de los agujeros
negros supermasivos en la formación galáctica, y a su vez la mencionada
materia oscura se piensa que podría alimentar también a los agujeros
negros. Habría pues, de tal modo, un entrelazamiento de todos estos
entes en la formación de estos objetos celestes.
Además, también existen estrellas por libre, por así decir, aisladas y fuera de acumulaciones y galaxias; este hecho fue comprobado en 1996 no lejos de la galaxia M87, a 60.000.000 años-luz de nosotros.
Hubble
las clasificó (1926) en 3 grupos a tenor de su forma: elípticas
(E), o circulares; espirales
(S);
y de forma irregular.
A su vez se establecen subclasificaciones según formas más
concretas (las elípticas en esféricas y achatadas u ovaladas
–también denominadas lenticulares, S0-,
y entre 0 y 7 según el grado de menos a más elíptico; una E7 es
una elíptica lenticular y una E0
es una elíptica esférica). Su clasificación fue llamada Secuencia de Hubble.
Las espirales se clasifican en 3 tipos –a, b y c- según lo abierto o cerrado de sus brazos, si bien también fueron clasificadas como normales (como la Vía Láctea) o barradas (con el núcleo prolongado en forma de barra hacia un extremo). Una espiral barrada con los brazos cerrados será pues una Sa y con los brazos un tanto abiertos es SBa, siendo con los brazos muy abiertos una SBc. Todos los tipos espirales son pues: Sa, Sb, Sc, y barradas SBa, SBb, y SBc. Pero los criterios pueden resultar a veces relativos y el mismo objeto celeste puede aparecer en distintas fuentes con distinta clasificación.
Las irregulares, como se deduce, son de formas diversas de estructura indefinida, a veces mezcla de los otros tipos, generalmente con estrellas jóvenes y viejas. Hay quien opina que algunas podrían ser brazos desprendidos de grandes galaxias espirales. Su diámetro oscila entre los 1.000 y los 20.000 años-luz.
Algunas opiniones apuntaron a que las espirales evolucionaron hacia las formas elípticas, pero la vista de la dinámica observada en las mismas más bien se puede pensar en evoluciones distintas. Hoy se acepta como probable que el origen de mayor parte de las galaxias espirales es la colisión, cruce o mezcla de dos o más galaxias. En 2010 se cree que en la mitad de todas ellas su forma data de hace unos 6.000 millones de años. La más antigua conocida en 2017 se cree que data de hace 11.000 años y es la A1689B11 que tiene un disco muy frío y delgado con una pequeña turbulencia. Las galaxias espirales de más de 10.000 millones de años, las primeras, en general eran más pequeñas, azules e irregulares que las posteriores; eran más azules porque tenían más estrellas jóvenes.
Mientras las espirales tienen gas y polvo en sus brazos en cantidades de un 80%, que se evidencia su juventud (aunque no siempre) en su color azulado, las elípticas ya utilizaron tal gas y polvo en la formación de estrellas y son éstas por tanto más viejas, luciendo así un color rojizo o amarillento-rojizo. Dicho de otro modo, las espirales tienen mucho más polvo en general que las elípticas.
Tales
formas son un resultado de la velocidad de rotación de la galaxias,
preferentemente de rotación más lenta las elípticas. Pero también,
ocasionalmente, las formas se han interpretado como el resultado de
la incidencia de ondas gravitatorias, que emitirían cuerpos o masas
bajo una aceleración, tal como agujeros negros por ejemplo; las
citadas ondas sacudirían las estrellas y el gas galáctico que los
haría moverse hacia una cresta de las mismas. En cualquier caso, en
general, las formas de las galaxias, tal como hoy, ya existían hace
al menos 4.000 millones de años según observaciones del HST. Pero
más hacia atrás parece que las espirales eran más abundantes y que
los choques e interacciones entre dos o más galaxias, y también de
cúmulos gaseosos, las hicieron cambiar. En la actualidad, de las galaxias grandes, 2 de cada 3 son espirales.
La
masa visible de una galaxia espiral es proporcional a la velocidad de
rotación de sus estrellas elevado a la potencia de 4, según la llamada
ley Tully-Fisher (de los astrónomos americanos Brent Tully y Richard
Fisher) y se expresa en masas solares y la velocidad de rotación en
Km/seg. No obstante esta formulación hay quien piensa que
incompatibiliza con la hipótesis de la materia oscura que no es aquí
considerada. En general, según se ha determinado en 2018, todas las
galaxias, grandes o pequeñas, rotan con un periodo de 1.000 millones de
años aproximadamente. Pero al parecer, según se dice en 2019, la
rotación de una galaxia se ve de algún modo afectada por el giro de las
galaxias vecinas, y así parece que guardan cierta sincronía o
acompasamiento en su velocidad.
Curiosamente, la rotación galáctica se produce
en el sentido de las agujas del reloj en ⅔ de todas las observadas,
haciéndolo en sentido contrario el resto, aproximadamente ⅓, según
estudio realizado con información del telescopio espacial Webb en 2025.
Las galaxias también tienen campos
magnéticos, pero se cree (2016) que su fuerza a gran escala está en
función de la velocidad de giro de las mismas o de la dinámica de las
masas galácticas, más que a la acción de dinamo.
El tamaño de las galaxias es muy
variado, y va desde las enormemente grandes (elípticas), con diámetros de hasta 700.000 años-luz, a las llamadas
enanas, que son a lo sumo una décima parte de las consideradas
normales. Los modelos teóricos fijan que estas últimas deberían ser
muchas más de las que se han detectado. Se cree que en su formación
perdieron mucho gas y polvo, los elementos con que se forman,
posiblemente al cruzar grandes nubes de igual materia; la distinta
dinámica de las dos masas friccionando, las de la galaxia y las de la
nube, provocaría supuestamente su dispersión más que la acumulación.
Las galaxias de mayor masa crecen de modo más rápido que las pequeñas,
y lo hace hacia afuera, comenzando por las zonas centrales por lo que
éstas son más viejas. Además, en las zonas centrales de tales galaxias
masivas, el ritmo de formación estelar es también mayor, del doble
respecto al resto de la galaxia y del resto de galaxias con
independencia de su tamaño, donde es más o menos igual.
Las galaxias tienen un centro, o disco, de mayor densidad de objetos y un entorno, o halo, más difuso. Giran sobre su núcleo de una peculiar forma: la velocidad va creciendo en proporción a la distancia al centro, pero a partir de una distancia decrece. Las espirales rotan más rápido cuanto más cerca del centro (si no giraran se supone que la gravedad las colapsaría hacia el centro). En tal centro suelen tener un agujero negro, tanto más masivo como grande es la galaxia de que se trate. Generalmente, tal agujero negro del núcleo galáctico es de una masa del 0,2 % de la masa total de tal zona central, proporción que ha sido comprobada en diversos casos. Los mayores agujeros se han hallado en las galaxias elípticas (más antiguas que otras); en cambio, en algunas espirales no se ha hallado siquiera agujero negro central.
La
formación de los agujeros en el centro de las galaxias ofrece un
origen posible doble. Por un lado, la mayor masa de las zonas
centrales propiciaría el nacimiento de estos objetos masivos y por
otra parte, existe la alternativa de que sean éstos los formados
antes y con su enorme gravedad podrían arrastrar las masas de gases
y polvo que darían lugar luego a la propia galaxia. Es decir, los
agujeros negros podrían ser un motor de formación galáctica y por
tanto, según algunos estudios (Marianne Vestergaard de la
Universidad del Estado de Ohio) que confirman esta posición, son
anteriores o más antiguos que las galaxias.
En 2012 el núcleo
galáctico más grande conocido es el de la galaxia A2261-BCG, también
llamada 2MASX J17222717+3207571, que tiene 10.000 años-luz de longitud;
el diámetro de toda esta galaxia elíptica es de un millón de años-luz,
diez veces más que la Vía Láctea, y está a unos 3.000 millones de
años-luz de nosotros. Su tamaño se cree generado por la acción de
agujeros negros.
En general, las elípticas se muestran más rojas que las espirales, lo que indica que las últimas son más jóvenes, teniendo además mayor cantidad de gas. La mayoría de las galaxias (a partir de cierto tamaño), el 80%, tiene forma espiral o son discoidales, originadas estas últimas en nubes de gas giratorias. El resto son principalmente elípticas y el resto las de otros tipos. Los tipos más comunes de galaxias son las elípticas, tanto gigantes como enanas.
La
mayoría de las galaxias conocidas tienen una media de 100.000
millones de estrellas y su extensión o tamaño oscila entre los
30.000 y los 120.000 años-luz. Pero hay también un número
indeterminado de galaxias pequeñas y enanas, que no son fáciles de
ver aun por tal característica; algunas de las galaxias enanas
conocidas y lejanas, muy compactas y débiles, se asimilan a las
primeras creadas en el Universo. Algunas irregulares y compactas son
azules debido a su contenido en nebulosas de gas constituidas en
general por elementos ligeros (hidrógeno, helio y litio
principalmente) y por tanto aparentemente de la materia original en
la formación del propio Universo; se consideran pues galaxias poco
evolucionadas y en las que se están formando estrellas con material primigenio.
Las
galaxias enanas son mucho más abundantes que las demás, de 50 por
una.
En 2005, a partir de un estudio sobre 4.000 galaxias de tipo elíptico y lenticular, se determinó una relación entre el tamaño de las galaxias de tal tipo y la edad de sus estrellas. Resultó, según tal apreciación, que las mayores galaxias tienen estrellas más viejas, de más de 10 o 12.000 millones de años, estando constituidas principalmente las pequeñas por estrellas jóvenes, de menos de 4.000 millones de años. Estas conclusiones fueron en gran medida una sorpresa para los astrónomos.
En
cuanto a las galaxias más masivas, formadas por fusión entre otras
menores, en 2011 hay astrónomos que opinan que las mismas habían dejado
de crecer hace unos 7.000 millones de años. La explicación de este
fenómeno no está muy clara aunque hay quien la vincula a la expansión
del Universo que haría aumentar la distancia entre galaxias y por tanto
disminuir la atracción gravitatoria, o quizá a efectos de los agujeros
negros...
Estudios sobre las galaxias elípticas localizadas a unos 10.000
millones de años-luz de nosotros indica que son unas 10 veces más
masivas que nuestra Vía Láctea, pero menos de la mitad de su tamaño.
Ello indica una densidad de 10 a 100 veces mayor y que han tenido una
evolución expansiva hasta los parámetros actuales.
La separación media, en general, entre dos galaxias se ha estimado en unos 2,5 millones de años-luz, o sea el equivalente a 150 veces su diámetro medio.
El brillo de las galaxias, según estudios con los telescopios siderales ROSAT y XMM europeos sobre un 15% de la bóveda celeste, decae a un ritmo muy acusado en tan solo una década debido, según se piensa entonces (2006), a la absorción de materia de los agujeros negros.
El ritmo de generación de estrellas en las galaxias es distinto de unas a otras. En la Vía Láctea el promedio actual se ha estimado en unas 10 al año. En cambio, en la llamada zona Baby Boom, situada a 12.300 millones de años-luz de nosotros, según datos de los ingenios Hubble y Spitzer, se generaron anualmente nada menos que unas 4.000; en 2008 se desconocía si en tal galaxia de principios del Universo este hecho es una excepción o bien es norma en las galaxias primigenias.
Las galaxias cuyos núcleos son más activos emitiendo radiación ETM se llaman así, galaxias activas, y hay varios tipos de ellas, según su baja, media o alta actividad. La principal fuente de tanta energía suele ser consecuencia de un agujero negro supermasivo en el núcleo. Las de máxima actividad que son los ya vistos quásares, pero no considerados galaxias propiamente.
Así, otro tipo de clasificación de las galaxias se atiene, no a su forma, sino a su actividad y emisión ETM, y así pueden ser: radiogalaxias, de mayor emisión en radiofrecuencias que en otras bandas; hiperactivas, de emisión de bandas térmicas y no térmicas; tipo nuclear, o N, de núcleo compacto y brillante, y similares a las radiogalaxias; y de tipo Seyfert, que son galaxias espirales, radiofuentes débiles, o de media actividad, pero muy luminosas a pesar de tener el núcleo muy pequeño. Dada nuestra posición de observación, las señales que captamos de un mismo objeto pueden inducir a distinta clasificación pues el mismo no emite en todas direcciones iguales frecuencias del espectro ETM.
La
denominación de galaxias Starburst
define aquellas que tienen un elevado índice de formación estelar,
cosa que ocurre con más facilidad en los choques de galaxias, por
ejemplo.
Las
radiogalaxias, aun cuando emiten
poca luz, sin embargo, emiten gran cantidad de radiación en las
bandas de radio. A estas galaxias se las vincula a galaxias jóvenes
cercanas a los cuásares. Los chorros emisores de los núcleos de los
cuásares si son vistos en vertical (de lado) se convierten en
radiogalaxias. También se estima (2006) que las
radiogalaxias lejanas han dado lugar a galaxias elípticas gigantes y
que tienen en su entorno enormes nubes de gas de varios miles de
años-luz, y están acompañadas por lo general de varias galaxias,
siendo así centro de formación de cúmulos galácticos.
En cuanto a las galaxias gigantes más antiguas, su
extinción comenzó por dejar de formar estrellas en su interior,
progresando con el tiempo el cese de tal formación hacia el exterior.
Hace unos 10.000 millones de años cesaron en la creación de nuevas
estrellas, quizá por agotamiento del gas interestelar y en el centro
por la acción de algún agujero negro supermasivo. Por ello muestran
gran cantidad de estrellas rojas. Estas galaxias han sido estudiadas
por el telescopio espacial Hubble.
Las galaxias se alejan de nosotros a una velocidad proporcional a su distancia, es decir, tanto mayor cuanto más lejanas en matemática proporción; tal análisis fue realizado por Edwin Hubble en 1929. Este hecho es muy significativo en tanto que nos dice de la fuerza de la expansión del Universo como consecuencia del origen de la “gran explosión” inicial o Big Bang y que la distancia de las galaxias y sus agrupaciones se incrementa de continuo. Tal ley de alejamiento y velocidad es correcta hasta una distancia de 10.000 millones de años-luz.
El estudio de tal alejamiento galáctico se concreta en el llamado corrimiento espectral hacia el rojo, del efecto Doppler, pero en este aspecto hay entre los astrónomos diversos puntos de vista y controversias.
Para el cálculo de la masa relativa de una galaxia se tienen en cuenta, además del tamaño y la forma, y dado que muchas rotan generando una fuerza centrífuga, los estudios espectrales que revelan las velocidades y permiten determinar la gravedad. Pero en ocasiones el giro es inapreciable o no lo hay y tenemos entonces solo una apreciación basada en las dimensiones y forma de la galaxia, y también en estudios de diversas emisiones ETM, pero no en función del efecto Doppler como antes. El hecho de que fuerzas externas a la propia galaxia parecen actuar sobre sus brazos, bordes, o partes más alejadas del núcleo, complican estos estudios e implican otros factores; véase el apartado dedicado a la materia oscura. Los estudios sobre la masa galáctica son pues generalmente bastante relativos y difíciles.
La distancia en general entre las galaxias es, por término medio, de entre 10 y 100 diámetros de galaxia. Las mismas se distancian arrastradas por la expansión o dilatación del espacio, produciendo ello una atenuación de la intensidad de su luz cuando son lejanas (uno de los motivos por los que el cielo nocturno es negro; otro es que al principio las estrellas no emitieron luz y lo que vemos, cuanto más lejos, es el pasado de estos entes -es llamado el fenómeno: paradoja de Olbers). Pero la expansión general del Universo no significa que todos los cuerpos se alejen del resto. Hay influencias gravitatorias que hacen que muchas entidades galácticas se vayan acercando unas a otras.
La edad de las galaxias se determina por la edad de sus estrellas, en especial por la espectrometría; por ejemplo, viendo el contenido en determinados elementos como el isótopo berilio 9.
Las galaxias, cuanto más lejanas en la distancia y en el tiempo, aparecen más jóvenes y por tanto más activas, con formas menos regulares. Su contemplación interesa en los estudios del comportamiento de estas estructuras estelares en sus comienzos.
En el espacio
intergaláctico, como en el espacio interestelar, hay también gas y
polvo, pero también estrellas libres, no agrupadas. Su procedencia
podría estar en las galaxias, de las que se habría escapado o
distanciado por algún efecto gravitatorio. Además, según indicios
(2017), parece que en tal espacio intergaláctico la cantidad de la
materia bariónica, gran parte de la materia ordinaria, es muy grande.
Más de la mitad de la materia estimada del espacio intergaláctico se
atribuye sin embargo a gas muy caliente y difuso, materia en forma de
plasma denominado tibio-caliente, o WHIM.
Además
de formar galaxias espirales, las estrellas pueden agruparse o
acumularse mayoritariamente en las elípticas en cantidades de hasta
millones en los llamados cúmulos
estelares.
Tales pueden ser abiertos o globulares según su estructura, y su
extensión oscila entre los 10 y los 100 años-luz por lo general.
En 2018 se cree que
la distribución de las estrellas, la estructura de estas formaciones,
comienza con la acción gravitatoria tras el colapso de las nubes de
polvo y gas que originan a las estrellas que lo integran; o sea, la
configuración geométrica de los cúmulos ocurre incluso antes del
encendido de sus estrellas. En tal circunstancia, las masas de las
estrellas determinan su posición en el cúmulo, tendiendo a concentrarse
las de mayor masa en el centro del cúmulo. Los cúmulos que persisten se quedan orbitando la galaxia cercana.
Los
cúmulos
abiertos,
también llamados cúmulos
galácticos,
son agrupaciones de estrellas con cierta dispersión, de forma
indeterminada, con hasta algunos miles de ellas que son jóvenes, de
la llamada Población I. Nacen en nuestro caso en los brazos
espirales de la Vía Láctea, donde hay mayor densidad de gas,
principalmente hidrógeno. El diámetro de los cúmulos abiertos se
ha estimado en 10 años-luz como promedio, variando su número de
estrellas según la diferente densidad en cada caso. Precisamente las
características de su densidad determinan su clasificación en
varios tipos, pero básicamente 4. Otras clasificaciones van en función
de su luminosidad (3 tipos) y de su abundancia de estrellas (de hasta
50, de 50 a 100, y más de 100 estrellas). Su vida media se estima
corta, en
unos 100 millones de años, puesto que las influencias gravitatorias
de galaxias u otros entes celestes cercanos las acaban distorsionando
en su conformación hasta disolver el cúmulo como tal. La
temperatura de sus estrellas es muy elevada en su superficie. Se
cree que el Sistema Solar procede de este tipo de sistemas.
ALGUNAS GALAXIAS
La galaxia más cercana parecida a la nuestra en tamaño es la de Andrómeda. Se citó ya en el apartado dedicado al CATÁLOGO MESSIER como objeto M31.
La
galaxia más grande, así identificada en 1990, es la central del
grupo Abell 2029 con 13 veces el diámetro de la Vía Láctea.
Anteriormente, en 1987, se tenía por la mayor la llamada Markarian
348 que está situada a 299.920.000 años-luz y tiene 1.304.000
años-luz de diámetro. Pero la mayor conocida en 2010 es la IC-1011 con
un diámetro de 6.000.000 de años-luz (60 veces la Vía Láctea) en el
grupo Abell antes citado.
La más masiva
conocida hasta 2011 es la elíptica ESO 146-IG-005 del cúmulo Abell
3827, a unos 1.400 millones de años-luz de nosotros. Tiene una masa de
unas 50 veces la de nuestra galaxia.
La más densa
conocida en 2013 es la M60-UCD1, una enana situada en el Cúmulo de
Virgo, a unos 54 millones de años-luz de nuestra galaxia. Tal objeto
celeste tiene una densidad 15.000 veces superior que nuestro entorno
estelar en la Vía Láctea. La mitad de toda su masa se concentra en
unos160 años-luz. Se cree que tiene en su centro un gigantesco agujero
negro de 10 millones de masas solares. Considerada como galaxia enana
ultra-compacta, su agujero negro supone el 15% de toda la masa de la
misma.
La galaxia más lejana se creyó hallar en la 4C41.1, en 7Auriga a finales de la década de los 80 (anunciada el 8 de agosto de 1988) a 15.000 millones de años-luz, dato que se contraponía a la calculada menor edad del Universo... 13.700 millones de años! Mostraba un desplazamiento al rojo de 3,8. Pero en 1992 fue fotografiada por el telescopio espacial Hubble y para entonces ya se había rebajado la distancia a 10.000 millones de años-luz...
A 12.000 millones de años-luz en 1988 se dijo (Universidad de Hawai) haber hallado la galaxia 0902+34, la que entonces se definió como la más antigua hallada hasta entonces. Tu tamaño es 10 veces superior a nuestra galaxia.
Uno de los objetos más lejanos detectados luego, a 13.000 millones de años, fue una galaxia joven sobre el fondo del cúmulo CL1358+6261, el que está a 5.000 millones de años de nosotros, con un corrimiento hacia el rojo de 4,92.
Las primeras galaxias del Universo, las más viejas hasta entonces, fueron identificadas por 3 astrónomos (2 americanos y un español) con ayuda del telescopio espacial Hubble, hecho que fue dado a conocer en la segunda mitad de 1995. Se citó un corrimiento al rojo superior a 6... Sin embargo, tal cifra apuntaría por encima de la edad luego calculada del Universo. La estimación cifra en realidad el nacimiento de estas galaxias cuando el Universo tenía el 5% de su edad actual (solo unos 600 millones de años de existencia; o aun a menos, a solo 200 millones según datos de 2011).
A 12.300 millones de años luz, en 1998 los astrónomos identificaron una pequeña galaxia nacida en el momento de existencia del Universo de 800 años luz de vida del mismo (o sea, a 800 años luz del Big Bang), momento de gran densidad aun de la materia. Sería por tanto también la más lejana hallada hasta entonces; muestra un corrimiento al rojo de 5,64. Posteriormente, a principios de 1999, se informó de otras captadas por el Hubble en el hemisferio Sur celeste, un grupo de 14 galaxias cuyo corrimiento se anunció que estaría entre 5 y 10, y aun 4 más por encima de 10... Unos meses más tarde solo se confirmó un corrimiento del 6,68 de una galaxia como el objeto más lejano...
En febrero de 2004 se dijo que, gracias a las observaciones del Hubble y el observatorio terrestre Keck, había sido descubierta la galaxia más lejana a unos 13.000 millones de años-luz, cuando el Universo tenía solo 750 millones de años de existencia; se señaló que el corrimiento al rojo es del 6,6 o el 7. Se trata del tenue cúmulo, de unos 2.000 años-luz de diámetro, y fue visto en imágenes que se muestran bajo el efecto de una lente gravitatoria del cúmulo de galaxias Abell 2218 (que está a 2.000 millones de años-luz de nosotros), lo que facilitó su detección con amplificación de 25 veces.
Apenas unos días después de informar sobre el anterior cúmulo se dijo haber localizado por astrónomos europeos otra galaxia aun más alejada, la Abell 1835 IR1916 (localizada en el IR cercano), también con ayuda de una lente gravitatoria. La misma está a 13.230 millones de años-luz, con un corrimiento al rojo de 10, nacida cuando el Universo tendría solo en torno a los 500 millones de años. Su masa se estimó en una diezmilésima parte de la de nuestra galaxia.
Y aun otros días más tarde, ya en marzo, se presentaron las fotografías del Hubble de un grupo de unas 10.000 galaxias en la constelación de Fornax que mostraban un corrimiento al rojo de nada menos que 12, lo que volvía a ser otro récord de lejanía, también con más de 13.000 millones de años-luz. Habrían aparecido a unos 450 millones de años de existencia del Universo. Algunas tienen forma irregular.
Con igual calificación de la “galaxia más lejana” se citó en 2006 la llamada IOK-1, con casi igual cifra, a casi 13.000 millones de años-luz.
Más cercanas, a “solo” 11.000 millones de años-luz, según se informó en febrero de 2005, confirmó el satélite Spitzer americano un grupo de 31 galaxias de las más brillantes nunca observadas, tanto como 10 billones de soles. Aunque tapadas respecto a nuestra posición por nubes de polvo, pudieron ser captadas en la banda del IR. De las mismas, 17 tienen un alto grado de silicato en polvo.
Igualmente
distante, a 12.800 millones de años-luz, está la nombrada como
A1689-zD1,
descubierta (información de 2008) con ayuda de los telescopios
espaciales Hubble y del Spitzer. El cúmulo galáctico Abell 1689 permite
ver tal objeto gracias al efecto de lente gravitatoria, amplificando su
luz nueve veces. Curiosamente, a pesar de ser muy joven, pues está en
los inicios casi del Universo, contiene elementos pesados en cantidad
que no esperaban los astrofísicos.
A
lejanía parecida está SXDF-NB1006-2, a unos 12.910 millones de
años-luz, descubierta en 2012 por los japoneses. Estudiada más a fondo
en 2015, se le atribuye entonces una distancia de 13.100 millones de
años. En la misma se detectó entonces oxígeno en cierta pequeña
cantidad, lo que sorprendió, y se cree en tal momento que ese oxígeno
resulta ser el más antiguo conocido del Universo, abriendo además la
posibilidad a que pudiera existir agua en edad tan temprana.
En 2012 se
identifica otra lejana llamada MACS0647-JD. Está a 13.300 millones de
años-luz de nosotros y fue encontrada con ayuda de los ingenios
espaciales Hubble y Spitzer. Tiene un diámetro de menos de 600 años-luz.
Otra muy lejana y
antigua
identificada en 2012 gracias a los ingenios espaciales Hubble y Spitzer
es la MACS1149‐JD1 que se cree formada hace 13.280 millones de años y
que por tanto comenzó a existir con un Universo temprano de solo unos
500 millones de años. En la misma se ha detectado oxígeno lo que
significa que en tal época ya había habido una primera generación de
estrellas.
Aunque no tanto,
también es vieja la llamada z8-GND-5296 que se asimila a cuando el
Universo tenía solo 700 millones de años, hace pues unos 13.100
millones de años; tiene un desplazamiento al rojo de 7,51 y se halla
actualmente a unos 30.000 millones de años-luz de nosotros. Tiene una
masa de unos mil millones de soles y tenía alto índice de formación
estelar (unas 300 o 330 estrellas al año), 100 veces mayor que nuestra
Vía Láctea.
En mayo de
2015, otra galaxia catalogada como de las más lejanas (y antiguas) es
la EGS-zs8-1, a más de 13.050 millones también. Es uno de los objetos
más luminosos del Universo temprano, y también más masivo.
En septiembre de
2015 se califica como otra de las más lejanas y antiguas detectadas a
la EGS8p7, que se sitúa entonces a 13.200 millones de años; es muy luminosa.
En marzo de 2016 es la
galaxia GN-z11, captada por el telescopio espacial Hubble, la que se
anuncia como más lejana con 13.400 millones de años-luz de distancia, o
antigüedad; es decir, existió ya cuando el Universo tenía unos 400
millones de años. Su tamaño es 25 veces menor que la Vía Láctea, y su
masa es solo de 1% de la de ésta.
También muy distante y
antigua es la SPT0615-JD, estudiada por los ingenios espaciales Hubble
y Spitzer, que está a 13.300 millones de años-luz de distancia. Tiene
unas 3.000 millones de masas solares y unos 2.500 años-luz de
extensión. En la misma hay 5 cúmulos estelares masivos y jóvenes, que
son por tanto muy antiguos (unos 50 millones de años antes).
Otras muy lejanas y antiguas son las del
grupo EGS77, que en enero de 2020 se dice que aparecieron cuando el
Universo tenía solo 680 millones de años y se menciona como el grupo
galáctico más alejado conocido hasta entonces.
En 2024 se dice que el JWST había
hallado en la galaxia JADES-GS-z14-0, de 1.600 años-luz de diámetro, la
más distante a unos 13.500 años-luz, con un desplazamiento al rojo de
14,32. Considera pues una galaxia primordial, ha sido estudiada con el
telescopio espacial Webb y en la misma se ha hallado que en su
composición química hay oxígeno en cantidad significativa para tan
temprana época, lo que no esperaban los astrónomos. También tiene
elementos pesados en una proporción de 10 veces más de lo que se podía
esperar en tal época.
Como la galaxia
más luminosa figura en 2015 la WISE J224607.57-052635.0 (abreviado como
W2246-0526), que tiene nada
menos que unos 300 o 350 billones de estrellas, y está a unos 12.500
millones
de años-luz de nosotros. Ha sido calificada como una galaxia infrarroja
extremadamente luminosa, ELIRG, por su equivalente a 349 millones de
veces la luz del Sol. En la galaxia se cree que hay un
agujero negro gigante, quizá de cientos de millones de masas solares y
es el indirecto causante de la inmensa mayoría de la luminosidad de la
galaxia. Se piensa que en realidad puede ser un quásar oscurecido con
su agujero tapado por nubes de polvo y gas que emiten mucha radiación
IR y son 100 veces más luminosas que el resto de la galaxia. Por ello
es una galaxia inestable y acabará perdiendo el citado polvo y gas.
También en 2015 se ha
calificado como la “más luminosa” conocida en el Universo a CR7, con
13.000 millones de años de antigüedad y a tal distancia de nosotros en
años-luz. A su hallazgo se dice que es tres veces más luminosa que
cualquier otra galaxia conocida.
La
primera galaxia distinta a la nuestra en la que se detectó la
existencia de agua es la Markarian 1, situada a 200.000.000 años-luz
en la constelación de Piscis. Tal agua está en nubes en torno al
centro galáctico que giran a gran velocidad.
En cuanto
a la velocidad de toda la galaxia, hay una espiral en el cúmulo de
Norma, la ESO 137-001, que se desplaza a más de 7.000.000 Km/h y va
chocando con gas intergaláctico que está muy caliente, a unos 180
millones de ºF, de modo que en la interacción se emite radiación equis.
Tal galaxia está a unos 200 millones de años-luz de nosotros.
La mayor radiogalaxia conocida en 1997 era la 3C 236 que se extiende en 4 veces la distancia entre nuestra galaxia y la de Andrómeda.
En la galaxia activa Markarian 421 se registró el 7 de mayo de 1996 la mayor erupción conocida de rayos gamma de alta energía de todo el Universo y 50 veces superior a la que normalmente emite.
En
la galaxia Markarian 177, situada a 90 millones de años-luz de nosotros
en la constelación de la Osa Mayor, se ha registrado un objeto
denominado SDSS1133 que ha sido calificado de extraño por sus
emisiones. Tal zona emisora tiene menos de 40 años-luz de diámetro. Se
especula sobre si es el resultado de la fusión de dos agujeros negros,
uno supermasivo, y su expulsión de la galaxia (está a 2.600 años-luz
del núcleo galáctico, según datos en el IR), o bien podría tratarse de
los restos de una estrella supernova supermasiva rara. Alcanzó su
máximo brillo en 2001 luego de estar al menos desde 1950 en erupción
casi continua al desarrollar su proceso de supernova.
La galaxia Cloverleaf se encuentra a 11.000 millones de años-luz de nosotros, lo que significa que es muy antigua, cuando el Universo tenía solo 1/5 parte de la edad actual. En la misma se ha captado, mediante el estudio radioespectral del cianuro de hidrógeno, cómo se estaban formando estrellas con rapidez, a razón de un millar anualmente, a un ritmo 300 veces superior al que ocurre en nuestra galaxia y otras.
La galaxia C-153 se está desmoronando, siendo arrancados sus brazos espirales, al cruzar cerca de un cúmulo de galaxias a 7.200.000 Km/h de velocidad desde hace unos 100.000.000 años. Tal destrucción deja además tras la misma una estela de gases y polvo de 200.000 años-luz de longitud.
A principios de 2008 se daba a conocer que la galaxia GOODS 850-5, situada a 12.300 millones de años-luz de nosotros, exhibe una inusual alta tasa de formación de estrellas, a razón de unas 4.000 por año; la Vía Láctea se estima en tal momento que solo crea 10... Dada la distancia, se trata de una galaxia del Universo primigenio, a poco más de mil millones de existencia del mismo, y apunta a que inicialmente el ritmo de formación estelar fue posiblemente muy alto (?).
En
2010 se dijo haber hallado la galaxia más lejana (y antigua)
conocida, situada a 13.100 millones de años y denominada
UDFy-38135539.
Fue identificada en 2009 por el telescopio espacial Hubble y se cifró
su corrimiento al rojo en 8,56...
Y
meses más tarde apareció otra aun más antigua y lejana, la UDFj-39546284, a 13.200 millones de años-luz...
(o, según estudio posterior, a 13.320 millones).
Otra muy lejana, muy débil, que está a 13.000
millones de años-luz, dicho en mayo de 2012, es la
LAEJ095950.99+021219.1n, que había sido descubierta sin embargo un año antes.
La galaxia de tipo espiral más lejana, y antigua,
fue encontrada por el ingenio espacial Hubble, dándola a conocer en
julio de 2012. La BX442 está a unos 10.700 millones de años-luz de
nosotros, y fue conformada con la ayuda gravitatoria de una galaxia
menor cercana, pues se cree que de otro modo las espirales no ser
formaron a tan temprana edad del Universo.
A similar distancia, a unos 11.000 millones de
años-luz de nosotros, está la HXMM01, galaxia 10 veces mayor que la Vía
Láctea y formada por la colisión de dos jóvenes galaxias. Fue estudiada
por el ingenio espacial Herschel.
La galaxia espiral J1649+2635, que está
situada a cerca de 800 millones de años-luz de nosotros, emite en su
núcleo chorros de partículas atómicas a velocidades próximas a la de la
luz, fenómeno que en este tipo de objetos sorprende a los astrónomos
que lo creen más propio de galaxias elípticas, si bien es a su hallazgo
el cuarto caso conocido. Tal aceleración de partículas se cree
producida por un agujero negro.
La galaxia enana J1329+3234 se halla a unos 200
millones de años-luz de nosotros y tiene en su interior un agujero
negro masivo, un centenar de veces mayor de lo esperado para una
galaxia tan pequeña, y su masa se estima en unas 3.000 veces la solar.
La galaxia SAGE0536AGN, descubierta en 2015, tiene
una antigüedad de unos 9.000 millones de años y una masa de 25.000
millones de veces la solar. Tiene un núcleo galáctico activo con un
agujero negro de una masa poco habitual para el tamaño de la galaxia
con una equivalente a 350 millones de soles.
BG1429+1202. Galaxia situada a 11.400 millones de
años-luz de nosotros que es una de las más brillantes no activas
descubiertas hasta 2016; fue detectada gracias al efecto de lente
gravitatoria producido por una galaxia elíptica que se interpone desde
nuestra posición. Sus principales emisiones son en el UV linea de Lyman Alfa.
A2744_YD4. Galaxia vista por el telescopio
ALMA que ha sido catalogada (2017) como la más lejana y joven conocida.
Tiene una masa total de unos 2.000 millones de veces la solar. Su
elevado contenido de polvo generado por supernovas, lo es
principalmente de silicio, carbono y aluminio, en cantidad equivalente
a 6.000.000 de masas solares. Su tasa de formación estelar es muy
elevada, de 20 estrellas al año, unas veinte veces más que en nuestra
galaxia.
En noviembre de 2017 se anuncia que la segunda
galaxia más lejana hallada hasta entonces es la G09 83808, situada a
12.800 millones de años; es decir, que apareció cuando el Universo
tenía menos de 1.000 millones de años.
A370-L57. Galaxia que en 2017 es calificada
como la más joven y de menos masa hallada con unos 3 millones de masas
solares. Se detecta a solo 1.000 millones de años del nacimiento del
Universo cuando tendría solo unos 4 millones de años, y estaba
compuesta de estrellas muy jóvenes. Su diámetro es de solo unos 200
años-luz.
La radiogalaxia más distante conocida en 2018 es la
TGSS1530, que tiene un desplazamiento al rojo de 5,72. Tiene unos
11.400 años-luz de diámetro.
La galaxia enana esferoidal Bedin 1, situada a 30
millones de años-luz de nosotros, tiene una antigüedad de unos 13.000
millones de años, por lo que es una de las más viejas conocidas. Tiene
unos 3.000 años-luz de diámetro y es de luminosidad muy débil. No es
satélite de otra mayor, cosa excepcional, estando a unos 2 millones de
años-luz de la más cercana NGC-6744.
En 2022 se anuncia el hallazgo de la galaxia HD1,
situada a unos 13.500 millones de años-luz, lo que la convierte
entonces en uno de los objetos más lejanos, cuando el Universo solo
tenía unos 300 millones de años. Tal galaxia emite mucho UV y tiene un
alto indice de formación estelar de 100 estrellas al año, 10 veces más
que otras.
MoM-z14. Galaxia
localizada a unos 13.500 millones de años-luz, lo que significa que fue
cuando el Universo tenía solo 280 millones de años. Fue estudiada en
2025 por el telescopio espacial Webb y su desplazamiento al rojo es de
14,44.
La Vía Láctea es nuestra galaxia y su nombre proviene de la mitología griega en la que Hera riega el cielo con la leche de su pecho cuando se despierta mordida ante el intento de mamar del bebé Hércules (bastardo, que por eso no lo quería Hera), puesto a ello por su padre Zeus. En otras culturas su nombre era otro (río de plata celeste para los japoneses, el maná de la noche para los egipcios, la senda de las ascuas para los bosquimanos, Vía de la Seda en China, etc.).
Nuestra
galaxia
es de tipo espiral barrada tipo SBc y se creía que tenía entre 90.000 y
100.000 años-luz de diámetro, pero en 2015 se ha determinado que tiene
150.000 años-luz (y 124.000 en 2018), si bien también hay quien eleva
la cifra a los
200.000 años-luz dado que no hay unos límites muy definidos. En 2019 la
estimación actualizada es de 258.000 años-luz y a finales del mismo año se ajusta a los 256.000 años-luz. Además, se cree (2018)
que puede estar expandiéndose a razón de 500 m/seg.
Sin embargo, si se incluyen además el halo galáctico
y los cúmulos globulares, el borde más exterior de la galaxia se
extiende hasta los 520.000 años-luz del centro galáctico, que entonces
sitúan a 26.000 años-luz de nosotros aproximadamente. Estos datos son de junio de 2019,
y se basan en observaciones del telescopio Subaru. Por tanto el
diámetro global de la galaxia con sus cuerpos satélites y halo suponen
unos 1,04 millones de años-luz.
Contiene entre 100.000 y 200.000 millones de
estrellas, o incluso más, aunque no deja de haber quien eleva la cifra
a los 400.000 millones; tal disparidad, del doble, proviene de las
distintas estimaciones y fuentes, si bien la consideración de estrellas
no visibles, tal como las enanas marrones (hasta 100.000 millones
más con tales enanas se han citado en 2017), podría elevar a muchísimas
más la cifra cuando en el futuro se disponga de mejores medios para tal
evaluación. La estimación de masa galáctica se sitúa en los 160.000 y
300.000 millones de veces la del Sol, incluidas las masas de gas y
polvo, que respectivamente suponen un 7% y un 3% de la masa galáctica;
pero en 2017 otra evaluación eleva la cifra a casi 7 veces más, entre
1.200.000 y 1.900.000 millones de masas solares.
En 2018 la cifra se recalcula en los 1.040.000 millones de masas
solares y en 2019 en 1.500.000 millones, si bien a finales del mismo
año la cifra dada es de 890.000 millones. Su luminosidad equivale a
15.000 millones de veces la del Sol. En 2022, tras otra medición o
cálculo, la masa atribuida a la Vía Láctea es menor, de unas 550.000
millones masas solares. En 2023 la masa de nuestra galaxia la cifra el
Observatorio de París tomando como base los datos del ingenio espacial
Gaia en 206.000 millones de veces la solar.
Su
espesor en su parte central, en lo más destacado, es de unos
27.000 años-luz (2005; anteriormente se estimaba en 20.000), pero el
grueso medio solo ocupa unos 1.000 años-luz, siendo la zona donde decae
tal grueso central con mayor notoriedad a partir de los 40.000 años-luz
del centro; la zona donde está el
Sistema Solar es de unos 700 años-luz de gruesa. El 90 % de
su masa son estrellas y el resto gas. Es algo más grande que una
galaxia media y su forma no es perenne, sino que cambia por la
influencia gravitatoria de diversos entes que la rodean y el
desplazamiento hacia distintas direcciones de muchas de las estrellas
que contiene. Según comprobó el satélite Hipparcos, el cambio de
forma afecta a varios grupos de estrellas del disco galáctico; este
hecho es general en otras galaxias. Las estrellas más alejadas del
centro galáctico tienen un contenido de menos elementos pesados, lo que
ha hecho suponer que su evolución en el crecimiento ha sido hacia
fuera.
La zona central tiene predominantemente estrellas del tipo II, gigantes rojas. Tal zona central comprende un área de 20.000 años-luz de diámetro y 3.000 años-luz de espesor; otras cifras citadas respectivas son de 16.000 y 700 años-luz. Hasta unos 3.000 años-luz por encima del centro galáctico se identificó en 1997 con datos del satélite GRO la extensión de una nube considerable de antimateria; su procedencia, se cree entonces, que es debida a fenómenos de algún objeto masivo, agujero negro o estrellas de neutrones, o la explosión de estrellas jóvenes de gran masa.
La
extensión del núcleo central es de unos 1.500 años-luz y sus
estrellas están distribuidas en un millón de grupos de ellas, con
una densidad de un millón de veces la habida en nuestro entorno. En
total se estima en una masa, tal centro, equivalente a 10.000
millones de soles y supone un 10 % de toda la Vía Láctea. En la
parte más densa se concentrarían un millón de estrellas en tan
solo 3 años-luz. El núcleo tiene también polvo y gas molecular muy
denso que se expande procedente de una supernova explotada hace un
millón de años.
Según algunos astrónomos (2019), la forma de la
galaxia en los extremos no es plana, sino que se verá desde fuera con
una ligera forma ondulada; así ~,
o como una S. Según información de 2024, además, los límites de la
misma parece que están curvados, más cuanto más al borde, hasta casi
formar esa especie de ese en su vista de perfil y no un disco perfecto;
la causa de esa forma puede ser la interacción gravitatoria con los
cúmulos y galaxias cercanos, o la materia oscura, u otro motivo, o
todos ellos.
El cuerpo más céntrico de la galaxia, cerca de un agujero negro del que ahora haremos referencia, se sitúa exactamente a 25.800 años-luz de nosotros (2020), se extiende en un área de 45 millones de Km de diámetro (dato de 2015; anteriormente se citaban entre las las 10 UA y las 0,5 UA), pero sus caracteres o naturaleza no está bien definidos (en 2004).
En
el centro de la galaxia (localizado en 2000 con una declinación de –28º
56” y una ascensión recta de 17 h 45,6 min) hay asimismo un gran
agujero negro, localizado en Sagitario A*, que se nutre de 3 columnas
espirales de gas y materia, rodeadas a su vez por un gran anillo de
iguales entes. Se sospechó en firme de su existencia al observar
distorsiones en torno a Epsilon Auriga; esta peculiar estrella tiene un
ciclo de oscurecimiento (eclipsante) de 27,1 años debido a que la
orbita un objeto oscuro y difuso (probablemente un anillo o nube de
polvo y gas con una estrella tenue supergigante en el centro) de una
temperatura superficial de unos 200ºC y un diámetro de 10 UA. Su masa
se estima en unas 4.000.000 de veces la solar. La fecha en que se fija
el hallazgo de tal agujero negro es la del 8 de enero de 1985, si bien
se dudó del mismo. Aunque ya en 1974 se hallaron 4 fuentes de radio muy
fuertes que apuntaban también a tal centro galáctico. En 2012 se apuntó
(sobre datos del ingenio espacial Fermi) que del citado agujero negro
salieron dos chorros opuestos de rayos gamma hace un millón de años,
extendiéndose por 27.000 años-luz cada uno, casi en perpendicular al
plazo de la galaxia (en realidad con 15º de inclinación), dejando una
especie de formaciones que se han definido como burbujas de tales rayos
gamma desde 2010. En 2015 se determinó además que en el borde del
horizonte de sucesos del agujero hay campos magnéticos que fluctúan con
períodos de 15 min.
La estrella más
cercana al citado agujero de la que se tiene conocimiento en 2012 es la
S0-102, que gira en órbita sobre el mismo con un período de 11,5 años;
otra, la siguiente más cercana, S0-2, tarda 16,2 años. Más cerca del
citado agujero hay grandes objetos que han sido denominados con la
letra G (G1, G2, G3, G4 y G5) que parecen de polvo y gas aunque no se
disgregan pese a la dinámica propia; los mismos se mueven con gran
rapidez cerca del agujero negro y se comportan como estrellas que están
entregando su material más externo a aquél.
En 2019 se considera que hace unos 3,5
millones de años, la actividad de tal agujero Sgr A* generó una
extraordinaria explosión que emanó dos proyecciones de radiación hacia
los dos polos galácticos y las que perduraron quizá durante unos
300.000 años. Tal proyección, denominada llamarada de Seyfert, tendría
forma cónica, que se fue abriendo a medida que se distanciaba del
agujero, y se extendió al menos hasta la llamada Corriente de
Magallanes, a unos 200.000 años-luz de nuestra galaxia. Desde agosto de
2014 (al menos hasta marzo de 2020) el citado agujero viene aumentando
en tres veces su actividad, quizá debido al paso cercano de otros
objetos, como cuerpos asteroidales o discos de polvo y gas.
En 2017 se cree
que puede haber también otro gran agujero en la galaxia, tapado por una
nube de gas de unas 150 billones de Km de anchura y localizada a 200
años-luz del centro galáctico. Tendría unas 100.000 masas solares,
siendo entonces el segundo masivo de la Vía Láctea. También se piensa
que con el tiempo acabará siendo tragado por Sagitario A*.
Más recientemente, en 2024, se ha
encontrado otro agujero negro supermasivo a tan solo 35 días-luz de
Sagitario A*, o centro de la galaxia.
Por
otra parte, el núcleo de la galaxia tiene una intensidad en su campo
magnético muy elevada, 10 veces más que en el resto de la misma,
según datos dados a conocer a principios de 2010, cosa que no
esperaban los astrónomos.
Además, en
noviembre de 2010 se informó que el satélite Fermi había identificado
dos enormes burbujas de gas muy rarificado, emisoras de rayos gamma,
que salen del centro de nuestra galaxia, prolongándose unos 25.000
años-luz al norte y sur del mismo, y cuya energía se dijo que podría
equivaler a la explosión de 20.000 supernovas. Han sido denominadas
como “burbujas de Fermi”. Su origen, determinado en 2022, está en las
corrientes de partículas cargadas que salieron del entorno de un
agujero negro a 1.000 Km/seg, durante unos 10 millones de años,
arrastrando hacia el exterior al gas circundante que encuentran a su
paso.
A finales de 2004, gracias a los datos del satélite Chandra, se confirmó que el agujero negro del centro de la galaxia está, en efecto, rodeado de unos 10.000 más pequeños que forman así el mayor cúmulo de tales objetos en la Vía Láctea.
El primer agujero negro verdaderamente confirmado de la Vía Láctea fue el V-404 y se localizó en la constelación del Cisne en agosto de 1991 (a partir de la ayuda del satélite nipón Astro C en junio de 1989) desde el Instituto Astrofísico de Canarias y está a 5.000 años-luz de nosotros. Tiene una masa de 6,3 la del Sol y sobre el mismo gira una estrella en una órbita de 6,5 días de período (con una velocidad de 211 Km/seg) que ayudó en su descubrimiento.
En estos inicios de los años 90 se creía que en nuestra galaxia podría haber como máximo unos 20.000 agujeros negros. Pero en 2017, astrónomos americanos suben la estimación a cerca de los 100 millones de agujeros negros, o al menos varias decenas de millones.Según algunos, la Vía Láctea tiene 13.000 o 13.200 millones de años de edad y otros estiman el mismo dato en torno a los 9.000 millones de años, con mil millones de margen de error (dato deducido de la velocidad de enfriamiento de las enanas marrones). En 2004, según nuevas observaciones (ESO) basadas en el elemento berilio, se creía que la antigüedad de nuestra galaxia era incluso superior a la primera cifra, y se fijaba en unos 13.400 millones de años (±800 millones), lo que la convertiría, si es así, en una de las más antiguas del Universo. Su formación, en dato de 2000 en base a estudios de la edad de 52 cúmulos globulares, se habría producido en menos de 1.000 millones de años (entre 500 y 1.000 millones), lo cual es un período llamativamente corto. En el otro extremo, otras estimaciones fijan un período de formación galáctica de 5.000 millones de años. En 2005, la última cifra deducida por la desintegración de algunos elementos pesados (uranio 238 y torio 232), se fijaba en los 14.500 millones de años, lo que la haría ser una de las más viejas del Universo, aunque el margen de error se estimó en 2.000 millones de años. Otros siguen estimando que la edad más razonable podrían ser los 10.000 millones de años...
Muchas
de las estrellas más antiguas de la parte externa de la galaxia,
según estudio de 2010, proceden sin embargo de otras galaxias
menores y fueron gravitatoriamente capturadas por la nuestra hace
unos 5.000 millones de años.
Las estrellas azules de
nuestra galaxia que se mueven a gran velocidad, al menos unas 20
observadas en el hemisferio Norte (constelaciones de Leo y el
Sextante), se cree que proceden en realidad de la Gran Nube de
Magallanes que las expulsó tras algún fenómeno violento explosivo, como
el estallido de una estrella compañera en un sistema binario.
Según estudio de 2018, nuestra galaxia puede
ser el resultado del choque o fusión de otras hace unos 10.000 millones
de años, una de ellas la bautizada como gran galaxia Gaia-Encélado y
otra la original Vía Láctea, entonces menor. Uno de los resultados
sería la actual forma del halo galáctico que tenemos. Los estudios al
respecto se basan en datos del ingenio espacial Gaia.
En total, según se cree en 2020, nuestra
galaxia habrá tragado sucesivamente unas 20 galaxias menores desde hace
11.000 millones de años y hasta hace unos 6.000 millones de años. De
ellas unas 15 tendrían solo unos 10 millones de estrellas, y otras 5
más de 100 millones de estrellas.
La estimación (en 2022) es que la mitad del
halo de nuestra galaxia y una quinta parte del halo de materia oscura
que la rodea proceden de otra galaxia (la enana Gaia-Sausage-Enceladus)
con la que chocó o se mezcló hace en torno a 9.000 millones de años.
Contiene en sus brazos objetos como el Centaurus X-3, los Cygnus X-2 y Cygnus X-3, el SS-433, el NGC-3603, etc. La SS-433, clasificada en torno a 1977, es una estrella muy irregular que se cree bajo la influencia de un agujero negro o una estrella de neutrones, emitiendo entre otras cosas rayos equis; hay además en el lugar dos chorros de materia que van a 1/3 de la velocidad de la luz. Cygnus X-3 es una estrella binaria, siendo una un microcuásar, de la constelación del mismo nombre (Cisne), a 37.000 años-luz, que emite fuerte radiación, de 10^15 eV.
En marzo de 2005 se hicieron públicos estudios del denominado HESS, Sistema Estereoscópico de Alta Energía, sobre el centro de nuestra galaxia en la banda de los rayos gamma. De los mismos se desprende que la Vía Láctea tiene en su núcleo al menos dos “aceleradores oscuros”, zonas que se cree que aceleran tal radiación de alta energía; de tal fenómeno se llevan entonces contabilizadas en toda la galaxia 16 fuentes.
Igualmente en 2005, con datos del satélite Spitzer, se determinó que la estructura de nuestra galaxia no es el de una espiral muy común. Catalogada, como se ha indicado, como barrada tipo SBc, la principal diferencia está en la prolongada barra central que añadió entonces unos 7.000 años-luz más a la zona y se extiende en formación respecto a la línea Sol-centro de la Galaxia en unos 45º.
Geográficamente, por así decir, partiendo del núcleo, nuestra galaxia tiene diversos brazos que los astrónomos han catalogado principalmente en los siguientes, siendo los subrayados los más importantes:
Brazo 3 KiloParsec (3KPC).
Brazo de Norma.
Brazo del Escudo.
Brazo de Crux.
Brazo de Sagitario.
Brazo de Carina.
Brazo
de Orión o Local, que es donde está nuestro Sistema Solar, situado en
el extrarradio, camino de las “afueras”, pero no del todo... Según se
dice en 2021, tiene un saliente o espolón llamado de Cefeo, en
dirección al brazo de Perseo, de unos 8.000 años-luz de extensión.
Brazo de Perseo.
Brazo Exterior.
Hay
que tener presente que el orden no es absoluto puesto que los citados
brazos o largos ramilletes de estrellas que configuran la galaxia
nacen superpuestos y la lejanía la marca más bien su longitud. Los
principales por extensión son, aparte del Exterior, el de Sagitario,
Orión y Perseo. El Crux, también se llamada de Crux-Centauro y se
prolonga en el denominado brazo de Cygnus. Nuestro brazo vecino de
Perseo está a 6.400 años-luz de nosotros.
Además, entre el primer y segundo
brazos, entre el Brazo 3 KiloParsec y el de Norma, según se determinó
en 2021, existe un filamento oscilante de gas frío y denso que se
extiende de 6.000 a 13.000 años-luz; es el primero identificado en
nuestra galaxia. Traza como se indica una ondulación que conecta los
dos brazos, pero no se sabe en tal momento su origen o la causa que lo
produce.
De un modo general, en
2008, sobre las fotografías del ingenio espacial Spitzer, se dijo que
la estructura principal de la Vía Láctea tenía 2 grandes brazos tan
solo, cuando hasta entonces se venían considerando 4 principales (los
llamados Norma, Escudo, Sagitario y Perseo), pero a principios de 2014
se ha reconsiderado y se han vuelto a fijar los 4 citados y no dos.
En nuestro brazo galáctico, en el
que está nuestro Sistema Solar, hay un enjambre de 200 estrellas a 150
años-luz denominado Hyades. También está la ya citada estrella gigante
Betelgeuse, y una supernova que formó una burbuja de 700 años-luz de
diámetro a unos 400 años-luz de nosotros, la Bucle 1. Más distantes, a
unos 550 y 910 años-luz respectivamente hay en el brazo una nebulosa
oscura de una masa equivalente a 40.000 veces el Sol, denominada el
Saco de Carbón (en la constelación de la Cruz del Sur), y la
supergigante Rigel, ya citada. Más lejos aun están la Nebulosa
Dumbbell, la estrella gigante Canopus y las nebulosas de Orión y la
Cabeza del Caballo, así como la Nebulosa Vela que se formara de una
supernova. Estas últimas está a 1.600 años-luz o más. En un radio de
unos 1.000 millones de años-luz de nosotros, en comparación con otras
zonas, hay un relativo vacío de gas con muy baja densidad en forma
tubular, resultado quizá del barrido realizado hace unos 2 millones de
años por una explosión estelar o algún fenómeno de similares efectos.
La estrella más cercana a
nosotros es Próxima Centauri, a 4,249 años-luz. Del centro de la
galaxia, localizado hacia Sagitario A, distamos entre unos 23.000 y
28.000 años-luz, según distintos cálculos, dada la dificultad de
establecer el exacto punto central, oculto en densas nubes de polvo,
además del agujero negro, que por allí hay. Una de las cifras más
probables sería los 27.000 años-luz.
La velocidad de escape de la galaxia es de 550 Km/seg, es decir, 1.980.000 Km/h, según dato de 2014.
En
general, según datos de 2010, las estrellas de la Vía Láctea se
mueven no solo en rotación por el movimiento galáctico, sino que
además lo hacen hacia las partes más externas de la galaxia. Se ha
pensado que resulta del efecto perturbador gravitatorio de la barra
central y los brazos espirales. La velocidad media de tal movimiento
estelar hacia el exterior es de 10 Km/h.
Hay además otra dinámica más en la galaxia,
como ocurre con otras espirales en más de la mitad de los casos, la de
un ligero movimiento ondulatorio u oscilación que la deforma levemente.
Tal ondulación parece actualmente tener un período de 440 millones de
años.
Por otra parte, la formación del Sistema Solar se percibe dentro de un grupo de estrellas cuyos miembros restantes se cree que se encuentran en la actualidad a unos 300 años-luz de nosotros en dirección a las constelaciones del Cisne y Vela. Serían tales estrellas las hermanas perdidas del Sol…
La velocidad de rotación de la galaxia en sus extremos se calculó en 2008 en unos 965.000 Km/h (otra cifra dada: 756.000 Km/h), más de lo pensado anteriormente; las galaxias espirales más masivas rotan aun más rápido, hasta los 2.052.000 Km/h, quizá debido a la materia oscura. También por entonces se estimó que su masa es un 50% superior a la aceptada antes.
A su vez, la Vía Láctea va a 900.000 Km/hora (145.000 Km/h, según otra fuente) de velocidad (no constante) en dirección al centro del grupo de cúmulos masivos de la constelación de Virgo. Por otra parte, la Vía Láctea y Andrómeda (M31) se acercan a 144.000 Km/h (o, según una fuente, al doble, o, según otra, a 1.080.000 Km/h). Así se piensa que ambas galaxias colisionarán dentro de unos 4.000 millones de años (otra estimación cita los 4.500 millones de años). La primera galaxia importante cercana es ésta, la de Andrómeda, o M31.
Y a nuestro encuentro en la ruta
de la galaxia
hay una gran nube de hidrógeno, la denominada Nube de Smith,
descubierta en 1963, que se nos aproxima a 240 Km/seg (o a 311 según otra
fuente) con un ángulo
de unos 45º y cuyo choque se hará evidente dentro de menos de
40.000.000 años, posiblemente iniciando la formación de nuevas
estrellas. Actualmente está a 8.000 años-luz de nosotros. La masa
de tal nube equivale a 1 millón de soles y la misma se extiende en
11.000 años-luz de longitud y 2.500 años-luz de anchura (otras cifras
dadas: 9.800 por 3.300 años-luz respectivamente). En 2014 se
cree que tal Nube es una galaxia fallida que viaja envuelta en materia
oscura que le permite mantenerse cohesionada.
En octubre de 2012 se da a conocer que gracias a los
datos de los satélites Chandra, Newton y Suzaku, se había hallado en el
entorno de nuestra galaxia un gran halo de gas caliente que se prolonga
en cientos de miles de años-luz. Su masa se estimó entonces en igual a
la de toda la galaxia y su temperatura se cifró en superior al millón
de ºC. A principios de 2020 se publica que tal temperatura puede incluso llegar a los 10 millones de ºC.
En rededor de la Vía Láctea hay unas 300 (según
otras fuentes solo 150 o 200, y otras lo elevan a 2.500 en 2011)
formaciones de estrellas denominadas racimos o cúmulos globulares, cada
una con 500.000 entes estelares, por ejemplo; fueron estudiados
primeramente por el astrónomo H. Shapley desde 1918, en que identificó
las distancias de 69 de los mismos. El más notable de nuestra galaxia
es el llamado Omega de Centauro; contiene diversas acumulaciones de
metales. Su antigüedad está en torno a unos 10.000 millones de años.
En 2007 trascendió el descubrimiento del cúmulo
globular FSR 1735, de unos 7 años-luz de diámetro y una masa de 65.000
veces la de nuestro Sol, en una posición sobre el núcleo de nuestra galaxia.
Las galaxias de cierto tamaño a considerar más cercanas a la Vía Láctea son la Gran y la Pequeña Nube de Magallanes, que se pueden observar solo en el Hemisferio Sur y que son relativamente pequeñas.
Los cúmulos globulares, de unos 100 años-luz de diámetro, forman una envuelta sobre la Vía Láctea, siendo una zona más o menos esférica de un diámetro de más de 100.000 años-luz, denominada halo galáctico. Nubes de gas y polvo de tal zona son materia prima para la formación de nuevas estrellas para la galaxia, pero su origen es incierto y motivo de diversas teorías. Para algunos astrónomos el halo está lleno de enanas blancas, muchas de las más viejas del Universo. La edad promedio de las estrellas del halo es de unos 12.000 millones de años. En tal halo galáctico se descubrió el 29 de marzo de 2000 su primer agujero negro, el denominado XTE J1118+480, a 6.000 años-luz de nosotros, que es de unas 7,5 masas solares; tiene en órbita una estrella menor que el Sol (de un 20% de su masa) que gira sobre el mismo en tan solo 4,1 h a 765 Km/seg lo que parece señalar que está a punto de succionarla. Este sistema, que fue estudiado por el satélite XTE, avanza a una velocidad de 145 Km/seg respecto a nosotros.
Más
tarde se evidenció la existencia de dos corrientes en el halo que
giran en sentido opuesto. De tal modo, el doble halo tiene una
rotación interior de una velocidad de 80.000 Km/h, de igual sentido
al de giro de la galaxia, y otra corriente, más alejada o exterior,
que rota en dirección contraria, pero al doble de velocidad, 160.000
Km/h. Este halo exterior tiene además una composición química con
un tercio de elementos pesados respecto al interior.
Los datos del ingenio
espacial XMM-Newton permiten en 2016 un estudio en el que el halo es
acotado como una burbuja que se extiende desde los 20.000 años-luz
hasta más allá de los 200.000 años-luz, pero que podría llegar a los
650.000.
Cerca de núcleo de la galaxia, a unos 100 años-luz del centro, se identificaron con el satélite Hubble en 1999 dos de tales cúmulos que fueron bautizados como Arco y Quintillizos. Son respectivamente de una antigüedad de 2 y 4 millones de años.
En
2006 se informaba del hallazgo, gracias a ingenios espaciales y
observatorios terrestres, de un cúmulo estelar supermasivo en
nuestra galaxia a unos 18.000 años-luz de nosotros. Tal cúmulo
posee 14 supergigantes rojas, entre otras estrellas, cantidad inusual
de tal tipo para estos objetos.
= GRUPOS DE GALAXIAS. VISION GLOBAL DEL UNIVERSO.
En general, las
galaxias se agrupan en cúmulos de entre 100 y 1.000 galaxias, o
incluso a veces más, hasta 10.000; cúmulo galáctico se define a los
grupos de al menos 50 galaxias en un espacio de unos 13 millones de
años-luz de diámetro. Y los cúmulos a su vez forman
grupos que se llaman supercúmulos, con grandes espacios intermedios
vacíos (o voids), y los supercúmulos forman por su parte
estructuras que se denominan murallas o grandes muros (Big Wall), y también se agrupan en filamentos.
En total, se cree que existen en el Universo conocido 100.000 de
millones de galaxias, si bien a veces se dan otras cifras más
grandes (hasta 1.000 veces más) y también más moderadas. En 1997,
tal cifra se creía de 50.000 millones tomando como referencia un
cálculo proporcional sobre sectores contados con el Hubble, lo cual
contiene un margen de error de unos ±1.000 millones poco más o
menos.
Nuestra galaxia, la
Vía Láctea, está formando un grupo con otras. En general, las
galaxias del Universo están agrupadas en cúmulos que contienen cada
uno distintas cantidades de galaxias y que a su vez se agrupan en
otras formaciones mayores. Cada supercúmulo normalmente puede contener
entre 2 y 15 cúmulos, y su tamaño puede llegar a los 652 millones de
años-luz. Entre los supercúmulos la separación habitual es de unos 420
millones de años-luz.
Los cúmulos también tienen clasificación según
criterios. Uno de ellos, llamado de Bautz-Morgan, los clasifica en: I)
si tiene una gran galaxia más brillante que las demás, acumulación en
el centro de masa, así como muchas galaxias elípticas y forma de
esfera; III) si no tiene galaxia que destaque y sí muchas espirales,
sin mucha masa en el centro y forma un tanto irregular; el tipo II) es
intermedio a los dos anteriores conteniendo más de una galaxia que
destaque.
Partiendo de nuestra posición, nuestra galaxia forma parte de un grupo de más de 4 decenas llamadas el Cúmulo Local o Grupo Local cuyo diámetro es de entre 4 y 7 millones de años-luz de distancia, si bien también se citan a veces cifras hasta 25 veces mayores. Las galaxias que forman el Grupo Local y por tanto las más cercanas a nosotros son las siguientes; excepto la nuestra y Andrómeda, las demás son menores, muchas elípticas enanas, y en total hay 3 espirales, 15 elípticas y el resto son irregulares.
Vía Láctea; nuestra galaxia, ya vista.
Entre 1994 y 2003, se creía que la galaxia de Sagitario era la más cercana a la nuestra, pero el descubrimiento en este último año de astrónomos europeos y australianos de la galaxia enana de Canis Major, o Can Mayor, situó a la misma como la más próxima. Tal cercanía hará que nuestra galaxia la absorba en un futuro. Tiene solo unos 1.000 millones de estrellas y se localiza pues en tal constelación del mismo nombre, y está a solo 42.000 años-luz del centro de la Vía Láctea y a 25.000 años-luz de nosotros, y si bien se oculta tras nubes de polvo pudo ser detectada en el IR y especialmente gracias a sus estrellas del tipo M.
En 2006 se informaba del hallazgo por el SDSS en la constelación de Virgo de una pequeña galaxia a la que se llamó Sobredensidad de Virgo, de solo un millón de estrellas. Está muy cercana a la Vía Láctea, a solo 30.000 años-luz, y en proceso de fusión con la misma.
El
cuerpo más cercano a la Vía Láctea se creía que eran las Nubes
de Magallanes hasta que en 1976 trascendió que había una galaxia
enana y de forma esférica más cerca, denominada Enana de
Sagitario,
si bien su núcleo no fue identificado hasta 1994. Se halla entre
Géminis y Auriga, a 55.000 años-luz de distancia del centro de la Vía
Láctea y a 81.000 años-luz de nosotros. Su masa es solo 1/200 de la de
la Vía Láctea y su tamaño 10 veces menor a la misma. La nuestra, al ser
mucho mayor, la está afectando gravitatoriamente de modo que la está
absorbiendo y dividiendo con lo que en un futuro desaparecerá por
dispersión, probablemente dentro de unos 4.000 millones de años.
Estimaciones dadas a conocer en 2011 dicen que ya se ha cruzado dos
veces con nuestra galaxia hace unos 2.000 millones de años y que
volverá a hacerlo dentro de 10 millones de años. 4. Tiene al cúmulo
globular Terzan 7 de una antigüedad de nada más que unos 8.000 millones
de años. Un estudio sobre esta galaxia dado a conocer en julio de 2017 indica que en la misma parece que hay déficit de hierro.
La Gran Nube de Magallanes, espiral irregular situada a 163.000 años-luz de nosotros y que tiene menos del 7% de masa que la Vía Láctea. Contiene unos 10.000 millones de estrellas y tiene 26.000 años-luz de diámetro (y 6º de diámetro angular), aunque también se cita la cifra de 35.000 años-luz. Su luminosidad equivale a 2.000 millones de soles. Se localiza en la constelación del Dorado. Gira sobre nuestra galaxia a 378 (según datos de 2007) Km/seg de velocidad en una órbita elíptica de 2.500 millones de años de período y está afectada gravitatoriamente por la misma de modo que le está desviando, o atrayendo, estrellas y masas de gas y polvo. Se creía que podría ser absorbida por la Vía Láctea en el plazo de 20.000 millones de años, pero más tarde, en 2020, se llega a la conclusión que nuestra galaxia va rumbo a un punto en el que, cuando llegue, la Nube ya no estará allí; en realidad, se aleja de nosotros a una velocidad de 370 Km/s (unos 1,3 millones de Km/h), aunque aun está ejerciendo su influencia gravitatoria (su materia oscura, se supone) sobre el disco de nuestra galaxia con fuerza en dirección a la constelación de Pegaso con un efecto de 32 Km/s. Contiene la denominada nebulosa Henize 206, estudiada por el satélite Spitzer, donde hay estrellas tanto en el final como en formación. También tiene una burbuja de 25 años-luz de diámetro y unos 30.000 años de antigüedad tan solo, que fue estudiada por el telescopio espacial Hubble, y que se cree originada por la radiación de estrellas nuevas, siendo la central de tal zona la denominada N83B de una masa de 30 veces la solar, pero 200.000 veces mayor en brillo. También está allí una enorme formación de gas y polvo denominada N44F en forma de geoda de 35 años-luz de diámetro y en cuyo centro una estrella vomita cada segundo a una velocidad de 7.000.000 Km/h una masa de 100.000.000 de veces más que todo el viento solar de nuestra estrella. En el núcleo la misma se detectó en 2016 por vez primera fuera de nuestra galaxia moléculas de dióxido de azufre, óxido nítrico, formaldehído y metanol.
La
Pequeña
Nube de Magallanes,
irregular situada a 190.000 años-luz de nosotros y a 75.000 años-luz de
la anterior, y que tiene solo poco más del 1% de la masa de nuestra
Galaxia. Tiene un diámetro de 16.000 años-luz (2º de diámetro angular).
Su luminosidad equivale a 500 millones de soles. Se localiza en la
constelación del Tucán. Tiene una supernova (SNR-0103-72.6) que está
rodeada de una anillo de gas de 150 años-luz de diámetro. El anillo,
fruto de la explosión, tiene elementos pesados y una temperatura de
millones de grados; los elementos más abundantes en el mismo son el
oxígeno y el neón. Se mueve a una velocidad de 302 Km/seg. En la misma
también se ha hallado la primera estrella de neutrones fuera de nuestra
galaxia, la denominada 1E 0102.2-7219. En 2023, tras observaciones
astronómicas, se pone de relieve que en realidad la Nube está formada
por dos pequeñas galaxias.
Sistema de la Osa Menor, galaxia elíptica tipo E5 o E6 situada a 228.200 años-luz (244.000 según otra fuente). Tiene 3.260 años-luz de diámetro y una luminosidad equivalente a 100.000 veces la de nuestra estrella, el Sol.
Sistema del Sculptor, galaxia elíptica tipo E3 situada a 270.600 años-luz. Tiene un diámetro de más de 7.000 años-luz y su luminosidad equivale a 1 millón de veces la de nuestro Sol. No se le observa un núcleo definido.
Sistema del Draco, galaxia elíptica tipo E3 situada a 326.000 años-luz (261.000 según otra fuente). Tiene un diámetro de unos 4.560 años-luz. Su diámetro es de unos 3.000 años-luz y su luminosidad equivale a 0,1 millones de soles.
Galaxia enana de la Carena. Elíptica tipo E0, se encuentra a 550.000 años-luz de nosotros y tiene un diámetro de unos 4.000 años-luz.
Sistema del Fornax, galaxia elíptica enana tipo E3 situada a 619.400 años-luz (424.000 según otra fuente). Su diámetro es de 21.500 años-luz aproximadamente. No se le observa un núcleo definido.
Galaxia enana de Los Lebreles, situada a unos 640.000 años-luz de nosotros, cercana a la siguiente.
Galaxia enana de Boyero, situada a unos 640.000 años-luz de nosotros, cercana a la anterior. Fue bautizada por su descubridor como Boo y se cree que su forma es resultado de la deformación gravitatoria por influencia de la Vía Láctea.
Sistema de Leo 2, galaxia elíptica tipo E0 situada 749.800 años-luz de nosotros. Tiene un diámetro de más de 5.000 años-luz.
Sistema
de Leo
1,
galaxia elíptica tipo E3 situada 912.800 años-luz de nosotros
(según otra fuente, está a igual distancia que la anterior). Tiene
un diámetro de 4.890 años-luz. A pesar de ser una galaxia enana tiene un agujero negro masivo, casi como el de nuestra galaxia.
Galaxia de Barnard, o NGC-6822, galaxia irregular situada a una distancia de 1.499.600 años-luz (1.696.000 y 1.630.000, según otras fuentes). Tiene un diámetro de 8.800 años-luz y unos 10 millones de estrellas.
Andrómeda, o M31. Galaxia espiral tipo Sb a 2.200.000 años-luz, que tiene el doble de masa que nuestra galaxia, con unas 200.000 millones de estrellas, y un diámetro de 140.000 años-luz; su luminosidad equivale a 40.000 millones de soles. Según imágenes del Hubble tiene dos núcleos separados por 2 pársecs. Se acerca hacia nuestra galaxia a la velocidad de 266 Km/seg y llegará a colisionar con ella dentro de unos 4.000 o 4.500 millones de años (o entre 8.000 y 10.000 millones, según estudio más reciente), fusionándose ambas en los siguientes 2.000 millones de años; de hecho se cree que los halos de ambas galaxias ya se están fusionando o chocando en sus capas más externas. En su parte central posee un agujero negro de una masa 30.000.000 veces la del Sol y de una temperatura en la materia de su entorno de solo 1.000.000ºC, un 10% tan solo de la hallada en otros casos. En un brazo de la galaxia se han detectado densas nubes de moléculas de monóxido de carbono (CO). En 2004 se determinó que Andrómeda está distorsionando o arrancando parte de la cercana y pequeña galaxia NGC-205 o M110. Otro tanto se cree que ocurre con la también cercana y pequeña M32. Como ocurre con nuestra galaxia, Andrómeda está envuelta en un halo cuyas estrellas son más jóvenes que las de nuestro halo, de en torno a los 7.000 millones de años; ello quizá se justifique con la posibilidad de que la galaxia se hubiera fusionado con otra menor.
Junto a la gran galaxia anterior hay además otras varias elípticas menores (Andrómeda I, II, etc.) y se halló en 2003 la denominada Andrómeda VIII, que se mueve diferente y que resulta tan débil y extendida que fue calificada como “transparente”. La distancia a que se estiman que están es de un promedio de 2.382.000 años-luz de nosotros. Las Andrómeda I y II son del tipo E0 y la III del tipo E2.
NGC-147. Galaxia elíptica tipo E4 o E5 situada a 2.200.000 años-luz (a 2.382.000 según otra fuente) de nosotros y que tiene menos del 1% de masa que nuestra galaxia. Su diámetro es de casi 10.000 años-luz.
NGC-185. Galaxia elíptica tipo E3 situada a 2.200.000 años-luz (a 2.382.000 según otra fuente) de nosotros y que tiene menos del 1% de masa que nuestra galaxia. Su diámetro es de casi 7.500 años-luz.
NGC-205, o M110. Galaxia elíptica tipo E5 o E6 situada a 2.216.000 años-luz (a 2.382.000 según otra fuente) de nosotros y que tiene menos del 7% de masa que nuestra galaxia. Su diámetro es aproximadamente de 16.300 años-luz.
NGC-221 o M32. Galaxia elíptica tipo E2 situada a 2.300.000 años-luz (a 2.382.000 según otra fuente) de nosotros y que tiene el 2% de masa que nuestra galaxia. Su diámetro es aproximadamente de 7.800 años-luz. Está siendo distorsionada por su vecina la gran M31.
IC-1613, galaxia enana irregular situada a 2.300.000 años-luz (a 2.414.000 según otra fuente) en Cetus y cuyo diámetro es aproximadamente 16.000 años-luz. Tiene más de 50 millones de estrellas.
NGC-598, o M33, galaxia del Triángulo. Galaxia espiral tipo Sc a 2.347.200 años-luz (a 2.937.000 según otra fuente), que tiene menos del 7% de masa que la Vía Láctea. Su diámetro es de 55.000 años-luz y su luminosidad equivale a la de 5.000 millones de veces la del Sol. Tiene más hidrógeno neutro que la mayor galaxia de Andrómeda. Posee cúmulos abiertos azules.
Galaxia enana Maffei 1. Descubierta en 1967 debe su nombre al astrónomo italiano Paolo Maffei. Está a 3.000.000 años-luz aproximadamente en Casiopea. Tiene unos 50.000 años-luz de diámetro. Se está alejando del Grupo Local a gran velocidad.
Galaxia enana Maffei 2. Descubierta en 1971 debe su nombre al astrónomo italiano Paolo Maffei. Está a 3.000.000 años-luz aproximadamente. Tiene unos 100.000 años-luz de diámetro.
Galaxia enana de Antlia. Fue descubierta en abril de 1997 por astrónomos británicos a 3.000.000 años-luz en la periferia del Grupo Local. Contiene estrellas jóvenes y un halo de estrellas más viejas. Comprende un 1.000.000 de estrellas y su diámetro es de unos 5.000 años-luz. Es enana, de unos 5.000 años-luz de diámetro, y es de débil luminosidad.
Galaxia de Sagitario. Es de tipo irregular y se localiza a unos 3.589.000 años-luz de nosotros.
Galaxia de Pegasus. Es de tipo irregular y se localiza a unos 4.242.000 años-luz de nosotros.
IC-10. Galaxia enana relativamente cercana a la de Andrómeda que la influencia gravitatoriamente. Es de tipo irregular y se localiza en la Constelación de Casiopea, aproximadamente a unos 4.242.000 años-luz de nuestra posición (también se citan los 2.600.000 años-luz). También recibe como denominaciones: UGC 192 y PGC 1305.
Galaxia de Acuario. Es de tipo irregular y se localiza a unos 4.894.000 años-luz de nosotros.
IC-5152. Es de tipo irregular y se localiza aproximadamente a unos 4.894.000 años-luz de nuestra posición.
Leo A, o Leo 3. Es de tipo irregular y se localiza aproximadamente a unos 7.505.000 años-luz de nuestra posición.
Galaxia espiral Dwingeloo 1; el nombre es el de la antena holandesa con que fue hallada en agosto de 1994. Se encuentra a 10.000.000 años-luz, perteneciendo también al Grupo Local. Su diámetro es de unos 60.000 años-luz y es de tipo SBcd. Su masa equivale a 500 millones de soles.
Galaxia enana Argo. Fue descubierta en 1997 y se localiza en la constelación de Carina.
De las más débiles se habían descubierto 9 galaxias esferoidales enanas hasta 1990, una en Sextante, otra en Tucán, otra en Piscis, etc., que también se asimilan al Grupo Local.
Hay astrónomos que excluyen del Grupo a las últimas de la lista, desde la Maffei 1. Y es que, al igual que ocurre con los diferentes datos, en los que no hay a veces acuerdo, tampoco hay unanimidad de criterios para aplicar en estas bastas fronteras de este diminuto trozo de Universo.
En
2004 se informó del descubrimiento de 40 nuevas galaxias enanas y
muy compactas próximas a nosotros, a unos 60.000.000 años-luz, en
la constelación de Fornax, donde ya en 2000 se había hallado las 6
primeras de este tipo denominado enanas ultracompactas;
posteriormente se hallaron otras 8 en la constelación de Virgo y
todas ellas tienen masas equivalentes a las galaxias enanas pero con
una extensión menor, de unos 120 años-luz.
En 2006 ya se habían hallado 14 galaxias enanas
cercanas, las dos últimas, cercanas entre ellas, a 640.000 años-luz de
nosotros junto a las constelaciones de Boyero y Los Lebreles.
En 2015 se dan a conocer 9 galaxias enanas más que
giran sobre la nuestra entre los 97.000 y los 1.200.000 años-luz de
distancia. Brillan mil millones de veces menos que la Vía Láctea y su
masa es un millón de veces menor. A su hallazgo, los astrónomos
discuten sobre si 6 de ellas son galaxias o cúmulos globulares.
En 2016 se descubre otra galaxia enana, satélite de
la nuestra, que es llamada Virgo I, y que se localiza en la
constelación de tal nombre. Es de brillo muy tenue y tiene un diámetro
de 248 años-luz. Para entonces, suman medio centenar las galaxias
satélites de la nuestra, de las que unas 40 son muy débiles de brillo.
El Grupo Local está formando parte,
junto a otros grupos (1/2 centenar) de más galaxias, del llamado
Cúmulo de Virgo, también a veces denominado supercúmulo
local, centro de la formación que tiene entre 7 y 100 millones
de años-luz (según fuentes) de extensión y contiene unas 2.500
galaxias. Otros cúmulos tienen el doble de galaxias. El resto de tal
cúmulo de Virgo está a 36.000.000 años-luz del Sistema Solar, si
bien también se citan otras cifras (45, 50, 60 o 70 millones de
años-luz, siendo la más probable la de 50 o 60), y según se tome como
referencia borde o centro. Otro grupo, el de Boyero, tiene solo 150
galaxias y está a 1.200 millones de años-luz.
El supercúmulo global al que pertenece nuestra galaxia y su grupo local ha sido denominado Laniakea,
que en hawaiano quiere decir “cielo inmenso”; otros cúmulos de esta
gran estructura, además del citado de Virgo, son los de Hydra, Ofiuco y
Centauro. En 2014 se ha determinado
que tiene un diámetro de 500 millones de años-luz y consta de unas
100.000 galaxias con un total de 100.000 billones de masas solares. El
total de supercúmulos que (como el nuestro) se cree que puede haber en
todo el Universo se ha cifrado en unos 6.000.000.
Otros grupos son los del Polo Sur, el
de los Canes Venatici, Sculptor, varios grupos Virgo, otros numerosos
grupos del NGC, etc. En los años 80, en función de su distancia,
tras el de Virgo, los cúmulos principales clasificados eran los de:
Piscis, Perseo, Centauro, Pegaso 1 (todos éstos a unos 200.000.000
años-luz de nosotros), Cáncer, Coma, Osa Mayor 3, Hércules, Pegaso
2, Osa Mayor 1, Leo, Géminis, Corona Boreal, Bootes, Osa Mayor 2 e
Hydra, oscilando las distancias desde los 260 millones de años-luz
de Cáncer a los 3.300 millones del último. No obstante, el mayor de
todos, con diferencia, es el de Virgo con más de 2.500 galaxias.
Un particular cúmulo de galaxias conocido como Abell 2218 es uno de los más masivos conocidos, hasta el punto que la luz que pasa por allí es desviada por tanta gravedad y de forma que las imágenes tomadas del mismo (por el Hubble) son ligeramente irreales.
El
mayor cúmulo de galaxias conocido en 1997 era el Abell 665, en la
Osa Mayor, con más de 3.000 galaxias y uno de los más alejados
(dato de 1998), el MS1054-0321, se sitúa a 8.000 millones de
años-luz.
En 2010 se dio a conocer que el cúmulo más masivo hallado
era el SPT-CL J0546-5345, situado a 7.000 millones de años-luz en la
constelación del Pictor y contiene cientos de galaxias y unos
800.000.000 millones de estrellas.
El cúmulo de galaxias más grande y brillante
conocido en 2012 es el SPT-CLJ2344-4243, o cúmulo Phoenix, que está en
la constelación de tal nombre. Tiene unos 10 millones de años-luz de
diámetro. En el mismo, también uno de los de más masa, se generan
además anualmente unas 740 estrellas nuevas.
Otro cúmulo digno de reseñar es Abell 2744, o Cúmulo
de Pandora, que es el resultado de la colisión de al menos 4 cúmulos y
que tiene por ello una particular configuración de gas, con alta
temperatura y frío, y materia oscura. Abell 2744 se halla a 3.500 o 4.000 millones
años-luz de nosotros, lo que también significa que es muy antiguo, y consta de más de 400 galaxias. Se
estima que ¾ partes de este objeto son de materia oscura. Gracias a
observaciones del ingenio espacial XMM en diciembre de 2014, en 2015 se
determinó la existencia de tres grandes filamentos de gas caliente en
el cúmulo; tal gas está a temperaturas en torno a los 15 millones de
ºC, mientras que el gas del centro del cúmulo está aun a más, cerca de
los 100 millones de ºC.
También resulta interesante Abell 520,
localizado a 2.400 millones de años-luz de nosotros, en la Constelación
de Orión. Este cúmulo es el resultado de la colisión de dos o más
cúmulos galácticos y en su parte central tiene una gran cantidad de
materia oscura, lo que lo convierte en un lugar celeste de estudio
especial. Hay una concentración allí de tal materia oscura, tras un
estudio con el Hubble, que supera lo esperado y llama la atención de
los astrónomos porque no se ajusta a sus cálculos (2012).
Otro cúmulo importante es el ACT-CL
J0102-4915, el mayor de galaxias jóvenes descubierto hasta 2012. Está a
unos 9.700 millones de años-luz de nosotros, en la constelación del
Fénix. Apodado “El Gordo”, tal cúmulo galáctico es el mayor no solo en
masa (2.000 o más billones de veces la solar), sino también en
temperatura (2.000.000ºK) y en emisión de rayos equis. Su existencia
suscita controversia al entender que es resultado de una colisión tan
enorme de dos grandes cúmulos a gran velocidad en un tiempo (hace unos
7.000 millones de años) en el que no se habrían dado aun las
condiciones de distancia y energía para adquirir los parámetros
necesarios.
En 1998 se descubrió la galaxia llamada
HDF850.1 y tras su estudio, cuatro años más tarde se concluye que está
a 12.500 millones de años-luz de nosotros, y que cada año genera nada
menos que estrellas con una equivalencia a mil masas solares, mil veces
más que una galaxia normal. Entonces se determinó que forma parte de un
cúmulo galáctico, de los primeros del Universo, que está a tal
distancia, siendo así llamado protocúmulo galáctico y es uno de los primeros conocidos.
Todo
el Grupo Local se mueve hacia la constelación de Lepus, a razón de
521 o 550 Km/seg (dato, el último, de 1993); hay fuentes que citan
otras cifras de entre 300 y 600 Km/seg. El grupo avanza a tal
velocidad, dentro de un conjunto con 400 galaxias más, movido por la
gravedad de un supercúmulo. Según datos de 2016, este último se
localiza a unos 800 millones de años-luz en la constelación de la Vela
y el que contiene al menos unas 4.500 galaxias. El movimiento hacia tal
supercúmulo de nuestro Grupo es de unos 50 Km/seg pero se cree que se
tardará en colisionar unos 5.000.000 millones de años.
A
su vez, tal cúmulo de Virgo rodea, junto a otros cúmulos más
(Géminis, las dos Osas, Hércules, Pegaso, Centauro, Piscis y
otras), al Supercúmulo
de Hidra Centauro
a 2.000 millones de años-luz de distancia (o a 1.500 según otra
fuente). Este supercúmulo, y otros en general, albergan cúmulos que
reúnen en suma en torno a las 10.000 galaxias y mide más de 1.000
millones de años-luz de largo. Hacia tal supercúmulo se desplaza el
Cúmulo de Virgo a unos 600 Km/seg.
Otro
supercúmulo es el de Perseo y Pegaso, que es el mayor de todos los
sabidos (hasta 2000) con más de 1.000 millones de años-luz de
longitud. El cúmulo de galaxias de Perseo, situado a 240 millones de
años-luz de nosotros, tiene además el mayor número conocido de
estrellas libres, 1,5 millones de millones, que no están en ninguna
galaxia.
El
cúmulo donde nos hallamos nosotros, dentro del gran supercúmulo global, se mueve en dirección al llamado
Gran
Atractor,
a razón de 600 Km/seg.
El Gran Atractor es un ente compuesto por un desmesurado supercúmulo
de galaxias con un total de 20.000 billones de estrellas (quizá la
cifra sea menor) en más de 30.000 galaxias (otra fuente señalada
solo unas 2.000 galaxias), un tanto desconocido y misterioso, que
atrae con inusitado poder gravitatorio; ocupa una décima parte del
Universo que somos capaces de captar y se localiza en el hemisferio
sur celeste. Este ente fue propuesto en 1987 e identificado en 1989 y
confirmado en 2003, y se dice que podrían ser decenas de miles de
galaxias, con diámetro de entre 300 y 700 millones de años-luz,
entre 200 y 260 millones de años-luz de anchura y entre 12 y 15
millones de años-luz de gruesa o espesor (aunque también se cita la
cifra de 32), y situadas a 326 (otras fuentes señalan 300, 220, y entre
140 a 165) millones de años-luz de nuestro Sistema Solar. Su núcleo
principal (a solo 9º del centro) es el objeto Abell 3627, o Cúmulo de Norma, compuesto
por 5 trillones de soles (cifra que supera las estimaciones antes
citadas ¿?).
Curiosamente, a su vez, parece ser que nuestra
galaxia, como integrante del Grupo Local, sufre la repulsión de un gran
espacio vacío, de muy baja densidad de materia.
También
han sido identificadas otras estructuras similares a este Gran
Atractor, como la Cabellera de Berenice, a 450.000.000 años-luz de
nosotros, y una en Acuario de 100.000 galaxias que se extienden en
una longitud de unos 1.000 millones de años-luz.
Más allá del Gran Atractor está, a otros 600 millones de años-luz más, el supercúmulo de galaxias de Shapley,
o Concentración de Shapley, que consta de un par de docenas de grandes
cúmulos galácticos. Podría tener una masa como 10.000 veces la de la
Vía Láctea.
La
estructura masiva más lejana conocida en 2005 es el cúmulo
galáctico denominado XMMU
J2235.3-2557 que se encuentra a 9.000 millones de años-luz de
nosotros. Luego se descubrió (por el ingenio espacial XMM) el grupo
XMMXCS
J2215.9-1738 a 9.200 millones de años-luz.
Pero en 2009 se averiguó, con ayuda de los ingenios espaciales
Chandra y Spitzer, que el cúmulo de galaxias JKCS041
está a
10.200 millones de años-luz; aunque se conocía desde 2006, no se
supieron sus detalles hasta 2009. En 2011 el cúmulo galáctico más
antiguo es el CL J1449+0856, que se cree aparecido hace 10.700
millones de años; fue estudiado por el ingenio espacial europeo XMM
Newton.
En estas gigantescas estructuras, inmensos espacios vacíos las separan. Carece casi de sentido tratar de describir las dimensiones o establecer comparaciones porque es difícil de imaginar la escala. Entre los espacios vacíos conocidos destaca uno enorme hallado en 2007 por astrónomos de la Universidad de Minnesota en la constelación de Eridano; se extiende por casi 1.000 millones de años-luz y comienza a unos 6.000 millones de años-luz de nosotros. Otro es el de Bootes, descubierto en 2002, de un tercio de tamaño del anterior, o quizá algo menos.
El aspecto general de las agrupaciones de supercúmulos, lleva a una estructura como una esponja o un grupo de burbujas, con grandes espacios vacíos, tan grandes como las propias superestructuras de materia (los supercúmulos) o incluso más, muchos de los cuales parecen interconectarse. Nosotros estaríamos en la formación denominada de Piscis-Cetus y tendría 150 millones de años-luz de anchura y 1.000 millones de años-luz de longitud.
Esta
forma anómala en la distribución de las galaxias parece
contraponerse con la uniformidad de la radiación de fondo, con la
teoría del Big Bang, y es por ello punto de reflexión cosmológica.
Por otra parte, la dinámica de los grandes
cúmulos de galaxias que parece apuntar a una zona entre las
constelaciones de Centauro y Vela, han dado pie a suponer que podría
haber algo que las atrae, incluido otro universo tangencial. La
velocidad de tales cúmulos es distinta a lo calculado del efecto de
expansión del Universo, y ello ha hecho suponer que las distintas
velocidades podrían ser debidas a fluctuaciones del espacio-tiempo
originadas en el mismo Big Bang, pero también da lugar a un concepto
nuevo que ha sido llamado flujo oscuro.
Además, en los cúmulos también hay a veces objetos o formaciones raras o excepcionales, bien por su tamaño o cualidades. Una particular formación de rayos equis de nada menos que 36.000 años-luz de anchura y 110.000 años-luz de longitud, fue dada a conocer a principios de 2006 en el cúmulo de galaxias Abell 2597, a 1.000 millones de años-luz de nosotros. Fue denominado como un “túnel de rayos equis del tamaño de la Vía Láctea”. Fue descubierta gracias al ingenio espacial Chandra por las emisiones procedentes de gas a millones de ºC de temperatura en el citado lugar, que se creen procedentes del núcleo de la galaxia gigante del centro del cúmulo, de unos 200 millones de años de antigüedad; en tal núcleo se cree que hay un agujero negro supermasivo que sería el motor de tal fenómeno.
¿Tiene el Universo algún punto central, o un Norte-Sur, o un lugar de referencia? Según los astrofísicos estadounidenses John Ralston, de la Universidad de Kansas, y Borge Nodland, de la de Rochester, la luz parece moverse en el Universo bajo dos velocidades y en espiral, girando sobre un eje, y ello les llevó a especular sobre la existencia de una especie de eje norte-sur o línea central en el Universo que va de la Constelación del Sextante a la del Águila; sus hipótesis se basan el estudio de 160 radio-galaxias muy alejadas y la polarización de las radioondas galácticas. Conlleva tal teoría la existencia de una falta de simetría en el Big Bang y que el cosmos no es homogéneo en todas sus direcciones. A pesar que la estupidez del ser humano en el pasado lo hizo creerse el centro del Universo, aun hoy da tal impresión puesto que en general todas las galaxias parecen alejarse de nosotros. Pero la realidad es que es solo una apariencia puesto que la expansión del Universo da esa impresión y todas se alejan de todas como los puntos de un globo que se infla y se distancian simultáneamente unos de otros. Todo ello aun considerando los movimientos de grandes masas de galaxias hacia el llamado Gran Atractor.
¿Cuál es la forma del Universo? Los posibles tipos de Universo son dos, abierto o cerrado; también se puede considerar otro más, el plano, si bien así solo es una forma peculiar del abierto. El cerrado nos da un Universo esférico en tanto que el modelo abierto daría formas infinitas, aunque se suele representar gráficamente como una silla de montar. El Universo cerrado, el esférico, se habría expandido como la superficie de un globo que se fuera inflado y por eso no tiene un centro. En cualquier caso, en principio parece que lo lógico a raíz del Big Bang habría sido un Universo esférico, o lo más aproximado a lo esférico, y sin embargo según muchos astrónomos no es así, lo que constituye un misterio.
Según estudios sobre la radiación cósmica de fondo (proyecto BOOMERANG), la forma del Universo es relativamente plana a gran escala y no curva como se especuló durante mucho tiempo; es decir no es esférico ni toroidal ni cosa parecida. Se cree que la forma plana es resultado del efecto del período de inflación, en la época temprana del Universo, cuando el mismo tenía unos 380.000 años.
Según
la distribución de las galaxias, la forma del Universo podría ser
parecida a un ramillete de flores abiertas y tallos juntos (en forma
de uve o más exactamente en forma ligeramente cónica). Si se
pudiera observar el Universo completo a gran distancia se ofrecería,
según se cree, como una desordenada red o entramado que ha sido
comparado a una red bronquial. Hay zonas de concentración de materia
y otras vacías.
En 1999 trascendió que científicos
de la Universidad de Granada estimaban que en una visión global el
Universo está formado por supercúmulos de galaxias que tienen una
geometría octaédrica y que están algo así como entrelazados en
tramos de unos 300 millones de años luz. Cada forma octaédrica a su
vez está integrada por octaedros menores, también enlazados. Tal
estructura estaría en relación con la formación de la materia en
los primeros momentos del Universo.
En 2002, según astrónomos franceses,
la forma del Universo es, visto a gran escala, plana.
En 2003, según la NASA en base a datos del satélite WMAP (por estudio detallado de las fluctuaciones de la radiación de fondo), la forma del Universo podría ser dodecaédrica, o más exactamente de secciones en forma de dodecaedro (anteriormente, en 1999, se decía que octaedros), y finita, cosa, esta última, ya supuesta anteriormente. En cualquier caso se habla de imitación de estructuras fractales. El significado de un Universo finito nos dice implícitamente que es un Universo cerrado, aunque sin límites debido a la curvatura del espacio.
En
2006 se informó de observaciones que suponen la obtención por vez
primera de pruebas sobre la orientación de las galaxias, en una
alineación característica a gran escala y que es debida a la
materia oscura que las envuelve. Se cree que en un principio la
distribución era homogénea.
La estructura global del
Universo, considerado que los grandes cúmulos y supercúmulos galácticos
se constituyen en filamentos que pueden tener unos 300 millones de años-luz de longitud, es algo que recuerda a una esponja muy
porosa, pero también curiosamente se parece a una red neuronal de un
cerebro.
En resumen, a vista de los distintos estudios, no sabemos con certeza la verdadera forma global del Universo si lo pudiéramos contemplar a gran distancia, fuera hipotéticamente del mismo, pero según parece es plano.
El color dominante en el Universo, a vista del ojo humano si pudiera ser observado desde una distancia lejana y suficiente, sería el beige (primero dijeron por error –informático- que turquesa claro, o verdoso), según estimaron astrónomos americanos de la Universidad John Hopkins en 2001 a vista de los espectros de los cuerpos brillantes celestes, en un estudio sobre 200.000 galaxias; otros señalan que el color actual es ligeramente amarillento. Pero con el devenir de los miles de milenios de años la tendencia en el color será hacia el rojo. Y hacia atrás, cuando el Universo tenía 2.500 millones de años era de color azulado (determinado en estudios europeos sobre más de 300 galaxias, que sin embargo aseguran que el color actual predominante está entre el castaño claro y el marrón tirando a rojo). Cuestión de matices.
Tratar de tener una noción sobre las dimensiones del Universo es algo más que difícil. Ni aun con una reducción a escala es concebible su extensión. Si todo el Sistema Solar (hasta la órbita media de Plutón, que son cerca de los 6.000 millones de Km) tuviera 1 cm de diámetro, la estrella más cercana, Próxima Centauri, estaría a 67 metros y el diámetro de la Vía Láctea tendría nada menos que 1.576 Km. La galaxia importante más cercana, Andrómeda, estaría a más de 31.500 Km. El Grupo Local tendría más de 125.000 Km (recordemos que todo el Sistema Solar es solo 1 cm). Tratar de otras formaciones superiores hace que se nos escape la concepción de la distancia. Y después de todo solo estamos aun con un diminuto trozo del Universo...
Según Einstein y Hawking, el Universo es ilimitado pero finito. Es decir, se acaba en alguna parte pero no se encuentra el límite. El concepto no es tan contradictorio como pueda parecer a primer golpe. Es, por así decir, como si alguien llegara a una frontera pero pudiera seguir caminando sin cruzarla. Es como caminar sobre la esférica superficie terrestre: no hay límite y sin embargo no es infinita. Es como la superficie de una esfera (pero en 4 dimensiones), no tiene principio ni fin en el espacio, no tiene pues límites, pero es finita, se acaba en alguna parte. El límite del Universo observable es el de su propia antigüedad: los 13.700 millones de años.
¿Cuál
sería el diámetro
máximo
actual del Universo? Pues si tiene casi los 14.000 millones de años
cabe pensar que podría tener casi los 28.000 millones de años-luz,
suponiendo que la expansión haya sido como máximo a la velocidad de
la luz (hay objetos que se alejan a casi tal velocidad, a 270.000
Km/seg, aunque no tienen la antigüedad del Universo), y en todas
direcciones o al menos en dos opuestas. Un año-luz son unos
9.457.000 millones de Km y por 28.000 millones el diámetro en Km
serían 264.796 trillones de Km como máximo. Aunque no hay que
imaginarse una esfera, sino más bien una forma curva de su
superficie, de límites sin definir, que se expande en todas
direcciones.
Pero
a tal cálculo hay que añadir la consideración de la Teoría de la
Relatividad y entonces la cifra puede subir a los 93.000 millones de
años-luz. Tomado en cuenta el momento de la inflación al principio de
la existencia del Universo (380.000 años), la expansión misma del
Universo sobre todo (la energía oscura) y otros factores, la cifra
más aceptada en 2014 son los 84.000 millones de años-luz (un radio de
42.000 millones), que es el de la llamada burbuja de Hubble. El Universo observable desde nuestra posición limita, según otros, en los 46.500 millones de años-luz.
Otras consideraciones, como las derivadas de estudios de
desplazamiento al rojo, fijan la cifra en los 46 o 50.000 millones de
años-luz (e incluso hasta 78.000), y otras lo dejan en los 2.800
millones de años-luz. Otras cifras que se citan son las de una
extensión de 150.000 millones de años-luz, de 137.000 millones...
Como no parece haber unanimidad, puede el lector preparar su metro y empezar a medir…
En
cuanto a número
de objetos
es muy difícil el cálculo, ni aun aproximado. Pero sí se podría
aventurar en cuanto a estrellas tomando como base una especie de
muestreo. De tal forma, se estima que cada galaxia tiene un promedio
de unos 100.000 millones de estrellas, y el total de galaxias podría
ser de otras tantas, unos 100.000 millones (las cifras alternativas
comienzan en las 50.000 millones de galaxias -estimación de mediados
de los años 90 considerada “sensata”- y llegan hasta los 100
millones de millones, o sea, hasta mil veces más, y, en el sentido
opuesto, a la mitad o incluso menos), por lo que podría haber en
total en el Universo 10.000 millones de billones, o sea, unos 10.000
trillones de estrellas (planetas u otros objetos aparte). En 2003
algunos astrónomos australianos subieron esa cifra en 7 veces más
(70.000 trillones) mediante estudios de promedios; se ha dicho que
tal cifra es mayor que todos granos de arena de los mares y desiertos
de nuestro planeta. También hay quien piensa que tal cifra podría
ser en realidad infinita o que la cifra más sensata se ha de basar en
unas 200.000 millones de galaxias (con un total pues de unos 20.000
trillones de estrellas).
A finales de 2010, tras observaciones realizadas desde Hawai, se dijo
que el número de estrellas del Universo era el triple de la cifra hasta
entonces considerada, sobre todo porque el número de enanas rojas (más
tenues y más difíciles de ver) resultaba mucho mayor del creído. En
2016 el número de galaxias se dice que podría ser de 2 billones (lo que
supone unos 200.000 trillones de estrellas)
La masa equivalente de tanto sol, tomando como promedio redondeado el del nuestro, sería de unos 2x10^52 Kg; otra fuente señala 10^55 Kg. Pero teniendo en cuenta que los estudios sobre gravedad parecen apuntar a que la materia oscura que falta en el Universo supone el 90% de la masa del mismo, tal cifra sería pues solo el 10% del total. De tal masa, el 90 % es hidrógeno, el 9 % helio y lo demás el resto de elementos, principalmente oxígeno, nitrógeno, carbono, silicio, hierro, azufre, neón y argón.
Algunos
astrónomos estiman que el Universo está formado por un 5 % de
materia y energía, un 30 % de materia oscura y un 65 % (o más) de
“energía oscura”, la fuerza repulsiva que hace expandirse al
mismo (y además de modo cada vez más acelerado), contraria a la
gravedad, y que sería así el principal componente del mismo; el
Universo en su origen, según datos espaciales de 2003 (sonda WMAP),
tendría un 4,6% de materia conocida u ordinaria, un 23,3% de materia
oscura y un 72,1% de la energía oscura. El total de energía que la
materia contiene en el Universo es solo de un 30 % respecto al total
existente. Hay otras estimaciones que no difieren mucho: 27% de
materia oscura, 5% de materia visible, y el resto, un 68% energía
oscura, si bien de esta última, a falta de su comprobación (en
2009), hay astrónomos que dudan. La implicación que estos datos
tienen para la concepción y comprensión del Universo es
fundamental.
= EL ESPACIO INTERGALÁCTICO. LA MATERIA OSCURA.
El
espacio entre galaxias está cubierto por zonas vacías, gas, polvo y
materia más o menos rarificados; el polvo intergaláctico fue
confirmado por vez primera por el satélite europeo ISO en 1997. Hay
especialmente H y He ionizados, pero igualmente existe un poco de
deuterio y nubes de hidrógeno puro, sin otros elementos que las
acompañen, y que se identificaron como residuales del mismísimo Big
Bang principios de los años 80.
Los cálculos sobre la dinámica, la masa y la
gravedad de las estrellas en las galaxias, y también en los grupos de
galaxias, indican que en los espacios vacíos tiene que haber algo que
las frena pues de otro modo las velocidades de giro expulsarían tales
cuerpos por la fuerza centrífuga. Visto de otro modo, la rotación de
las galaxias, como ocurre con los sistemas planetarios, debería hacer
que las estrellas más lejanas se desplazaran más lentamente que las del
interior de la galaxia, pero resulta que van a la misma velocidad todas
ellas porque hay algo que incide con su gravedad y no se sabe qué es
(que no emite radiación ETM alguna).
El efecto se comprueba a partir de la típica fórmula de Newton v²=GM/r,
siendo v la velocidad del objeto que gira sobre la masa M con un radio
orbital “r”, y G la constante universal; también igual la velocidad a
raíz cuadrada de GM/r.
Tal espacio contiene así presumiblemente la llamada materia oscura, o también materia perdida del Universo (inicialmente fue llamada “desaparecida”), compuesta, alternativamente o en suma, bien por hidrógeno muy diluido, partículas atómicas sueltas (como las hipotéticas monopolos –partículas de un solo polo magnético- que se formarían en el Big Bang, y otras de las que no hay pruebas), quizá por neutrinos, por partículas masivas de débil interacción, por objetos compactos masivos como agujeros negros o enanas marrones, por estrellas enanas blancas apagadas, por grandes planetas y cuerpos de potenciales estrellas nunca llegadas a encender por falta de masa. También hay quien se inclina por creer que la materia oscura no es más que una inmensa pléyade de pequeños asteroides rocosos que no podemos detectar repartidos por todos los sistemas solares, formados a la par que éstos. Pero casi todas esas posibilidades han ido siendo eliminadas una a una por la física, excepto la de los agujeros negros que vuelve a ponerse de relieve en 2016. En este último caso, significa que las galaxias estarían rodeadas de un buen número de agujeros negros de masas en torno a 30 veces la solar; pero esto no está aun verificado. Estos agujeros negros podrían ser también los primordiales originados en una primera etapa del Universo. Un estudio sobre lentes gravitatorias en la galaxia de Andrómeda, dado a conocer en abril de 2019, no refrenda esta teoría más allá de un 0,1%.
En
cualquier caso, se resalta que su existencia se nota por los efectos
gravitatorios pero no parece que emita luz o radiación importante (ni la
absorba). La detección de la materia oscura por otros medios se
puede hacer efectiva con la observación de muy débiles destellos
luminosos resultantes del choque de tal materia con la materia
ordinaria, y solo cuando muy raramente esto ocurre, lo cual puede dar
idea de lo difícil que es identificarla.
Sobre la distribución
porcentual de la materia oscura en las distintas galaxias y lugares de
su detección, la misma no es regular, existiendo distintas proporciones
en relación a la materia próxima, pero es típica la proporción de 9 a
1, siendo pues la materia conocida solo un 10% respecto a la oscura.
En cuanto a la naturaleza de esta materia oscura, de no tratarse de la materia conocida citada, también se puede argumentar que se trata de partículas desconocidas que no interactúan con el espectro ETM pero sí con la gravedad, sea ésta a su vez de naturaleza que sea. Con ello se podría abrir un abanico de especulaciones y misterios. Los estudios de sus características lleva a considerar que la materia oscura no es materia ordinaria y no se forma pues por partículas de la misma, no interacciona más que muy débilmente con la materia conocida, es fría, y finalmente es muy estable.
Por otra parte, se cree también que las zonas densas de materia oscura configuran el nacimiento y la evolución de las galaxias.
El hecho de que tal materia no sea visible, quizá por su estado inerte y poco denso, es por cuanto se denomina materia oscura, al no ser detectado directamente. Muchos astrónomos creen que en realidad la materia oscura es solo hidrógeno molecular frío; en 2007 se apuntó su existencia en mucho mayor grado del esperado en torno a algunas galaxias enanas estudiadas. En las galaxias espirales se han detectado grandes cantidades de hidrógeno en nubes diluidas, con cantidades de hidrógeno molecular en proporción de 10 veces más que el hidrógeno atómico. El telescopio espacial Hubble apuntó que en el espacio entre las galaxias hay desde luego nubes de hidrógeno que son gigantescos halos o aureolas de las galaxias. Por otra parte, algunos estudios (datos de 2003) parecen apuntar a que las galaxias se forman en el centro de áreas envueltas en concentraciones de materia oscura.
La
creencia en la existencia de tal materia oscura deriva de los
cálculos de los astrofísicos que justifican de tal modo las
propiedades gravitatorias en el Universo, especialmente por su
evidente expansión, que estiman que debería tener mucho más de
materia que la conocida, incluidas todas las galaxias y cuerpos
celestes de los que se sabe. Así se calculó que tal materia que no
había sido detectada sería
al menos el 90 % de la materia del Universo
y constituiría tal llamada materia oscura (no confundir con la energía
oscura). La abundancia de la materia oscura no se explica. Se supone
que rodeando
las galaxias hay materia que justifica los movimientos giratorios de
las mismas con masas en cantidad superior formando halos de 4 veces
el radio de la galaxia. La velocidad de giro del conjunto de las
estrellas de una galaxia cabe pensar que sería más lenta a mayor
distancia del centro galáctico, pero resulta que la realidad es que
la velocidad se mantiene constante, lo que hace pensar en una fuerza
externa influyente; esto fue determinado por la americana Vera Rubin.
Dicho de otro modo, si una galaxia rotara sin tener tal materia oscura
cerca de la misma lo haría más lentamente. Tal acción de la materia
oscura sobre el entorno de cada galaxia se
prolonga hasta los 100.000 pársecs, lo cual significa que 2 galaxias
a menos de 200.000 pársecs interactúan gravitatoriamente y se
acercan hasta colisionar en unos 100 millones de años, si bien hay
extraños casos de sistemas binarios galácticos no explicados.
Además de los efectos gravitatorios más directos
sobre las galaxias, la materia oscura también se pone en evidencia al
aumentar más allá de lo que lo haría la masa de galaxias en los casos
de las lentes gravitatorias, curvando la luz de objetos más lejanos que
pasan por el borde de las mismas.
De todo ello nace la deducción de la existencia de una masa de materia
que no se ve, de materia oscura, pues de otro modo solo queda como
alternativa replantear la ley de la gravedad, cosa a la que no parecen
muy dispuestos la mayoría de los astrónomos, aunque es una de las
posibilidades que en principio pueden parecer más razonables a estas
alturas; es decir, no se trataría de materia indetectable sino de un
desconocido efecto de la gravedad a determinada escala o bajo
determinada condición. También se apoya la idea en que la velocidad de
giro del gas de hidrógeno neutro es muy rápida sobre el núcleo de las
galaxias. No todos los astrofísicos están de acuerdo en explicar el
fenómeno a través de la materia oscura y algunos lo achacan a fenómenos
de otra índole. En las agrupaciones en cúmulos de las galaxias también
se evidencia el fenómeno pero no parece ser así en el caso de los
grupos de tales cúmulos (supercúmulos).
Otro punto que podría justificar en parte la masa
que calculan los astrofísicos que falta en el Universo es la existencia
de neutrinos con masa suficiente. Se advierte que toda la masa de los
neutrinos del Universo equivale a la masa sumada de todas las estrellas
visibles, de modo que los mismos no pueden suponer el total de materia
oscura que falta por hallar en el Universo para que cuadren las cuentas
de los astrofísicos. El cálculo llega a apuntar la posibilidad de que
los neutrinos supongan solo hasta el 10 % de toda la masa del Universo.
También las llamadas partículas masivas de interacción débil, WIMP,
podrían sumar su masa, pero solo se trata de partículas exóticas o
entes hipotéticos no comprobados; tal tipo de partícula podría tener
una masa entre 10 y 1.000 veces la del protón. Otro de estos entes
llegó a recibir el nombre de neutralino en 2000 sobre el que físicos
italianos dijeron que supondría el 80% de la masa del Universo y que no
emitiría radiación ni sería interactuante, siendo su masa 50 veces la
del protón. Pero el resto de la comunidad científica se mostró
escéptica sobre esto. Otra partícula hipotética, contrariamente menor,
de una billonésima parte del electrón, es el axión, igualmente sin
carga, y sin spin; su interacción con un intenso campo magnético se
cree que podría transmutarlo en un fotón. Pero como en el caso anterior
está sin demostrar. Respecto a los axiones, según se publica en marzo
de 2019, en el rango de masas entre los 0,31 a 8,3 nanoelectronvoltios,
no se halló nada en las observaciones astronómicas al respecto.
Otras partículas que podrían ser indicadoras de la
materia oscura fueron las SIMPs propuestas en 2014 por el físico
Hitoshi Murayama, de la Universidad de California, Berkeley; se ha
dicho que las mismas son partículas masivas de fuerte interacción, un
nuevo tipo de quark.
Un estudio sobre el exceso la radiación gamma en el
centro de la Vía Láctea respecto a sus fuentes conocidas también
justifica la existencia de la materia oscura al entender que tales
emisiones resultarían de la aniquilación mutua de la citada materia.
El cálculo sobre la masa de estrellas apagadas,
oscuras y frías, tampoco concuerda porque los estudios al respecto
arrojan una falta de masa de elementos densos o pesados en el Universo.
Existen asimismo opiniones de que en realidad tal
materia oscura es una interpretación de entes de una dimensión no
visible, de una cuarta dimensión o quinta si se toma por cuarta al
tiempo. Es decir, los efectos gravitatorios achacados a la materia
oscura serían producidos por objetos u entes no tangibles en este
Universo. Es decir, podrían ser los efectos ocasionados por la materia
o energía de otro universo paralelo solapado o, como dice S. Hawking,
universo “sombra”.
E igualmente, los efectos gravitatorios achacados a
la materia oscura podrían ser en realidad explicados en el concepto de
la teoría llamada de la “gravedad modificada”.
Por otra parte también se especula sobre las
cualidades de la materia oscura para consigo misma. Es decir, ¿qué pasa
cuando se encuentran dos masas de materia oscura?, ¿cómo
interrelacionan? Hay quien piensa que se agrupan y hay quien cree que
ni siquiera interactúan, siguiendo cada masa su camino... o ambas
cosas, según el grado de acercamiento... En marzo de 2015, tras
observar choques de cúmulos galácticos (Abell 3827) y las dinámicas
generadas, se dio a conocer un paso más que apunta a que la materia
oscura interactúa entre ella menos de lo creído hasta entonces.
En 2003, la cifra precisa estimada de materia y
energías oscura en el Universo se fijó en el 96%, pensando entonces que
de la misma, el 73% (o 76%, así valorado en 2006) podría ser energía
oscura, actuante bajo leyes diferentes a las de la energía conocida, y
a la cual se achaca la aceleración en la expansión del Universo; es
decir, que la materia oscura en realidad sería un 20%.
En marzo de 2013, tras analizar la investigación del
ingenio espacial Planck, la ESA estima la edad del Universo en 13.820
millones de años y que la composición del mismo es de un 26,8% de
materia oscura y de un 68,3% de energía oscura; el resto, un 4,9% es de
materia atómica u ordinaria.
En 2020 se afirma que toda la materia del Universo,
incluida la oscura, supone el 31,5% de todo la materia y energía
existente en el Universo, con un margen de error del ±1,3%. De esa
cifra se supone que el 80% (un 25,2% del total) es la materia oscura.
El resto, un 68,5%, es la energía oscura, la causante de la expansión
acelerada del Universo.
En 2022, según el estudio Pantheon+, la energía
oscura supone el 66,2%, y la materia oscura y materia ordinaria del
Universo el 33,8% en suma no desglosada.
Tal aceleración también ha sido achacada a unas
presuntas ondas cósmicas producidas en el período de inflación de la
creación del Universo. La energía oscura la dedujeron en 1998 los
astrofísicos teniendo presente la lejanía anómalamente mayor de algunas
galaxias, por las variaciones térmicas de la radiación cósmica de fondo
y por datos aportados con ayuda de lentes gravitatorias sobre el tamaño
menor de algunas galaxias. Pero tales deducciones no aportan de por sí
conclusión alguna al respecto sino que solo han servido para plantear
hipótesis porque en realidad tal energía oscura no se sabe bien lo que
es. Un importante estudio con ayuda del telescopio espacial Hubble,
dado a conocer en la primavera de 2010, sobre 4460.000 galaxias (más
observaciones terrestres sobre distancias a 194.000 galaxias) confirma
la repetida aceleración de la expansión del Universo.
Sobre las lentes gravitatorias y la materia oscura
cabe decir que las primeras son utilizadas para el análisis y cálculos
de la segunda.
A principios de 2005 se informó del hallazgo por el
satélite Chandra de dos nubes de gas caliente de un tamaño enorme en el
espacio intergaláctico que se asimilaron a la repetida materia oscura.
Semanas más tarde se dio a conocer otro hallazgo
relacionado con la materia oscura, el de un objeto no visible, llamado
VirgoHI21, situado en el cúmulo de Virgo a unos 50 años-luz de
nosotros. Fue llamado la galaxia oscura o la galaxia invisible y,
detectada por radioastronomía, tal objeto no es de estrellas pero emite
radiación ETM y ejerce su influencia gravitatoria en una cercana nube
de hidrógeno.
Nuestra galaxia se cree que está envuelta en una
cantidad de materia oscura que supone ser 20 veces toda la masa
galáctica y produce en ella una distorsión gravitatoria. Esta creencia
se reforzó en 2008 con simulaciones informáticas y además se piensa que
filamentos de tal materia oscura penetran en el halo de la galaxia.
Pero otro estudio actualizado dado a conocer en 2014 calcula que tal
materia oscura que rodea nuestra Vía Láctea tiene una masa equivalente
a 800.000 millones de masas solares, menos de la mitad de lo creído
anteriormente. Más tarde (2016), las estimaciones de la materia oscura
en la Vía Láctea la llevan a considerar que envuelve a la misma hasta
cientos de miles de años-luz con una masa hasta los 260.000 años-luz de
unas 4.500.000 de millones de masas solares.
El estudio de la galaxia enana, y satélite de la Vía
Láctea, llamada Segue 1, muy tenue en su luminosidad (1.000 millones de
veces inferior a nuestra citada galaxia), llegó a determinar que está
compuesta de materia oscura porque al contrario gravitatoriamente
ejerce gran influencia. Con unas 1.000 pequeñas estrellas parece tener
gravitatoriamente 3.400 veces más masa, y su dinámica muestra
velocidades de entre 194 y 224 Km/seg, acción que se achaca a la
materia oscura pues no se ven los cientos de miles de estrellas
necesarios para ello.
En el verano de 2006 astrónomos americanos de la
Universidad de Arizona aseguraron haber hallado la primera prueba
directa que vienen a confirmar la definitiva existencia de la materia
oscura. Tal prueba se basa en estudios de la gravedad y las masas
estelares y de las nubes de gas.
El primer mapa tridimensional detallado de la
distribución de la materia oscura en una zona del Universo fue dado a
conocer a finales de 2006. Se hizo con los estudios de 70 astrónomos y
gracias al satélite Hubble que observó medio millón de galaxias lejanas
bajo el efecto de lente gravitatoria. Y a principios de 2008 se
presentó un primer mapa detallado de la materia oscura; se confeccionó
en base a los datos obtenidos por el Hubble, especialmente sobre el
supercúmulo Abell 901/902, situado a 2.600 millones de años-luz de
nosotros, y el que se extiende 17 millones de años-luz.
En 2007, tras un estudio sobre su masa, se estimaba
que las galaxias enanas tienen proporcionalmente una mayor cantidad de
materia oscura, más del doble que las demás galaxias.
En mayo de 2007 se informaba del hallazgo de un
anillo de materia oscura de 2.600.000 años-luz de diámetro, que se
calificó como la primera evidencia firme de su existencia, gracias las
observaciones del Hubble sobre un grupo de galaxias situado a 5.000
millones de años-luz de nosotros, identificado como Zw 0024+1652, o
también Cl 0024+17. Tal formación anular se mostró a los observadores
en efectos ondulares y su influencia gravitatoria en la luz, que la
distorsiona en el llamado efecto de lente gravitatoria.
Pero, también en 2007, sobre la base de datos
aportados por el antes citado ingenio espacial Chandra, los
investigadores del Centro Marshall de la NASA, para complicar más las
cosas, dijeron no hallar rastros de la materia oscura donde esperaban,
cerca de un grupo de galaxias, y sí en zonas vacías de galaxias del
Universo.
Poco después se informó que sobre la base de los
datos del ingenio espacial europeo Newton se habían observado entre los
grupos galácticos Abell 222 y 223, a unos 2.300 millones de años-luz de
nosotros, filamentos de gas caliente que podrían formar parte de una
inmensa telaraña de gas que justificaría gran parte (una mitad) de la
materia (oscura) que les falta a los astrónomos en sus cálculos.
A principios de 2011, tras estudios al respecto con
ayuda del telescopio espacial Herschel de la ESA, se dijo que la
cantidad de materia oscura necesaria para formar una galaxia como la
nuestra en los comienzos del Universo era de unos 300.000 millones de
veces la masa de nuestro Sol.
En octubre de 2012, tras el análisis tridimensional
del cúmulo galáctico masivo MACS J0717.5+3745, situado a 5.400 millones
de años-luz de nosotros, que tiene un enorme
filamento de materia oscura de 60 millones de años-luz de largo, se
cree que el mismo está integrado en una especie de red que se extiende
por el Universo y que es resultado o remanente de los inicios o la
creación del mismo. Se usaron, entre otros, observaciones del
telescopio espacial Chandra y los estudios los realizan astrónomos
franceses y americanos y de la ESA. Una de las conclusiones es que,
tomando por medida tales observaciones, la citada red de filamentos
podría contener al menos la mitad de toda la masa del Universo. Entre
las galaxias, el gas forma a la par una enorme red de filamentos en las
enlaza y alimenta, y que es de por sí la mayor estructura conocida del
Universo. Su estudio implica la evolución de las galaxias y grupos o
cúmulos de ellas. Para su observación resultan muy tenues.
A principios de 2015 trasciende que el satélite
XMM-Newton ha permitido observar a más de 200 años-luz de nosotros, en
el cúmulo galáctico de Perseo, y también en la galaxia de Andrómeda,
una débil emisión calificada de “atípica” de “fotones de rayos equis”
que podrían ser la prueba de la existencia de partículas que forman la
materia oscura.
En 2016 se informa que la galaxia Dragonfly 44,
localizada en la constelación de Coma, está formada en un 99,99% de
materia oscura. Apenas tiene estrellas (un 0,01% de las que tiene la
Vía Láctea) pero las mismas se mueven a gran velocidad, como si tuviera
mucha más masa que no se observa (y que parece ser como la de nuestra
galaxia), lo cual parecía un misterio. Pero en 2020 se aclaró que el
número total de cúmulos globulares alrededor de la galaxia no era de 80
sino de 20, lo que hizo cambiar las cifras acerca de la masa,
haciéndolas encajar mejor con la normalidad.
En 2017 se informa de un estudio (Universidad de
Waterloo, Canadá) que pone de relieve cómo dos galaxias están
conectadas entre sí por una especie de puente de materia oscura.
Apuntala ello la teoría de la existencia de una red de materia oscura
que enlaza en el Universo a las galaxias en el aspecto gravitatorio.
En marzo de 2018 trasciende el descubrimiento de la
primera galaxia en la que no se ha detectado la presencia de materia
oscura; aunque también podría ser que tuviera tanta materia ordinaria
como materia oscura... Se trata de la NGC-1052-DF2, a unos 63 millones
de años-luz de nosotros, que gira menos rápida que otras para la masa
que se observa. También se plantea que la formación de las galaxias
puede no precisar la intervención de la materia oscura. Pero a
principio de junio de 2019, tras nuevo e intenso estudio, se estipula
que la distancia verdadera de la galaxia es de 42 millones de años-luz
y se reduce el número de estrellas que tiene a una cuarta parte, y su
masa total a la mitad, con lo que se vuelve a necesitar de la materia
oscura para explicar su dinámica.
En abril de 2018 se da a conocer que la detección de
rayos equis en 2014 en la frecuencia de los 3,5 KeV, sin poderse
identificar la fuente (en la Vía Láctea), podría ser producida por
“materia oscura en descomposición”. Las observaciones son
realizadas con ayuda de los ingenios espaciales NuSTAR, XMM-Newton,
Chandra y Suzaku.
En 2018 se propone utilizar la detección de ondas
gravitatorias en la investigación de la materia oscura. Simulaciones
informáticas (Universidad de Zúrich) tratan de establecer relaciones
para aprovechar los datos de las primeras en esta búsqueda.
En junio de 2025, conocido un estudio sobre 60 FRB,
ráfagas rápidas de radio, del Harvard&Smithsonian y Caltech,
asegura localizar un 76% de la materia oscura y dice estar oculta en el
gas tenue entre las galaxias, es decir, en el espacio intergaláctico.
El resto suponen que está en los halos de las galaxias y una mínima
fracción en las estrellas y entre el gas galáctico frío.
Otra posibilidad propuesta es que la materia oscura sean en realidad agujeros blancos
microscópicos, entes teóricos sobre los que se ha especulado pero de
los que no hay evidencia alguna. Se propone que tales agujeros blancos
produzcan el efecto contrario al de los agujeros negros y repelan la
materia, lo que sería el efecto de la materia oscura. Se ha dicho que
podrían ser nacidos de los agujeros negros al final de su existencia,
pero, según cálculos de otros, no parece posible que por el tiempo
transcurrido en la vida del Universo mismo haya podido llegar el final
(la disipación) de un solo agujero negro, salvo en el caso de los
agujeros negros primordiales que se creen posibles y microscópicos;
también podrían ser incluso agujeros negros pero de otro universo que
ejercen su influencia en el nuestro, lo que también tiene sus puntos
oscuros que no encajan.
La cuestión de la materia oscura tiene nombre propio
con la astrónoma americana Vera Rubin; también se cita a otro miembro
de su equipo, Kent Ford. Pero la propuesta de su existencia se remonta
a 1933 a partir de los estudios sobre masa y dinámicas galácticas del
suizo Fritz Zwicky y que fue el que creó el término “materia oscura”.
Sin embargo, como se ha indicado, alternativamente a la materia oscura,
como justificación de los efectos gravitatorios apreciados en las
galaxias y sus estrellas, se ha propuesto también una redefinición y
evaluación distinta del valor del factor gravedad concebido hasta
entonces, incluido el modelo de Einstein. De tal modo, los efectos
achacados a esa materia invisible serían en realidad debido a un valor
de la gravedad que sería distinto del pensado. Esta alternativa fue
aportada en 1983 por M. Milgrom y apoyada en 2004 por Jacob Bekenstein.
También el astrofísico Pavel Kroupa (Universidad de
Bonn) cree algo parecido, basándose en que la materia oscura, además de
influir en la galaxia que rodea también tendría que influir en las
galaxias enanas cercanas que envuelven la principal y parece que no se
corresponden los datos. Por otra parte, opina que el efecto achacado a
la materia oscura es debida a masas de gas y polvo. Así que opina que
la materia oscura en realidad no existe y que hay que redefinir la
gravedad, lo que supone nada menos que cambiar modelo cosmológico del
momento (2022), pero eso supone también reconsiderar la energía oscura,
de modo que el cambio podría ser traumático en la astrofísica.
Una característica llamativa de la materia oscura
que es influye sobre las galaxias, grandes o pequeñas, pero no parece
que esté presente en los cúmulos globulares. De ello se pueden hacer
deducciones y especulaciones varias (que no se comentan aquí a la
espera de ver trabajos al respecto).
Otra posibilidad citada, que la materia oscura sea una manifestación
gravitatoria de un universo paralelo, solamente tangible con el nuestro
en este aspecto, elude cercanas comprobaciones en el tiempo.
En 2020 trasciende una posibilidad más, que la
materia oscura no sea un remanente del Big Bang y exista desde el
período de inflación del mismo (antes del segundo uno de la creación).
Plantea tal nueva teoría Tommi Tenkanen, de la Universidad Johns
Hopkins.
= CHOQUES
DE GALAXIAS
Un choque de galaxias es la interacción de una o
varias con otra u otras debido a la mutua atracción gravitatoria o
al rumbo de colisión. Un proceso de choque de galaxias puede durar
un período típico de unos 100 millones de años a partir del primer
contacto y provoca la formación de estrellas nuevas y nuevas
formaciones galácticas, además de alterar el aspecto del conjunto
hacia diversas formas. Pero el proceso hasta una estabilidad final
–digamos así- puede durar mucho más, hasta más de 1.500 millones
de años. El período o frecuencia de un choque dentro de un cúmulo
de galaxias se estimó en un promedio de 1 cada 75.000.000 de años.
Existe la creencia de que las grandes galaxias elípticas son el resultado de una colisión de dos espirales. Tales choques no son en realidad verdaderamente impactos de estrella contra estrella, cosa que prácticamente no ocurre nunca, aunque tal riesgo a escala muy limitada existe, porque la separación entre objetos es enorme, pero no lo suficiente para dejar de sentir la influencia de la gravedad. Las interacciones son pues gravitatorias entre las estrellas, y de ahí que se alteren las trayectorias de las mismas dando lugar a un cambio de forma de los entes galácticos y sus brazos y grupos visto de forma global. Masas de polvo y gas interestelar, más abundantes, en cambio, sí pueden interactuar.
Las formas de la galaxia resultante de los choques posibles son diversas. Por ejemplo, una galaxia anular puede ser el resultado del choque de una galaxia densa sobre otra mayor. Cuando el resultado parcial de la interacción entre galaxias es una enana, de una masa aproximadamente del 1 por mil de la que tiene la Vía Láctea, se denomina enana de marea (refiriendo a la “marea” causada por la gravedad). Pero también hay enanas que fueron creadas originalmente y se distinguen de las otras en que sus bordes son menos activos. Las enanas de marea evidencian tener materia orgánica, hidrocarburos, y estrellas en formación.
La
identificación astronómica de los choques de galaxias, además de
basarse en la forma del objeto estudiado que suele tener más de un
núcleo y efectos gravitatorios notables, se puede lograr captando
galaxias elípticas muy azules; en estas últimas se evidencia que la
fusión es ya antigua. La observación de galaxias muy cercanas o en
rumbo de colisión aporta los datos complementarios a las colisiones
ya efectivas.
Unos de las posibles consecuencias de la fusión de
dos galaxias es el cambio de dirección y de giro o rotación de la
principal, aunque lo mismo ocurrirá en mayor medida en la menor.
Influye en tal dinámica la presencia cercana de filamentos, cuya
gravedad determinará los parámetros de la misma.
Hasta 1999 se había clasificado 24 choques de galaxias, con una distancia media a nosotros de 1.000 años luz, pero estando algunos a 12.000 millones de años luz, o sea, en el principio mismo del Universo. Pero en noviembre de 1999, gracias a datos aportados por el telescopio espacial Hubble, se determinó la existencia de 5 galaxias en colisión muy cerca –relativamente- de nosotros.
En los procesos de fusión de dos galaxias, se cree que los agujeros negros que puedan contener en sus núcleos acabarán chocando y fusionándose hasta constituirse en uno solo.
Cuando una galaxia grande choca y engulle a otra muy pequeña se le puede denominar galaxia caníbal.
En los choques, las nubes de gas encontradas incrementan notablemente la posibilidad de formación de nuevas estrellas y planetas, de nuevos sistemas solares en definitiva. Esto fue corroborado por el satélite de rayos equis Chandra, según información de enero de 2004, tras su observación de las galaxias denominadas Las Antenas, situadas a 60 millones de años-luz, en las que se hallaron grandes nubes de gas caliente conteniendo magnesio, silicio, neón, y elementos pesados diversos; se supone que aquí hubo en su momento 30 veces más supernovas que en nuestra galaxia a tenor de la abundancia de los citados elementos.
Sin embargo, en las colisiones de grandes galaxias a alta velocidad también ocurre el efecto contrario en la formación estelar, y resulta que las mayores perturbaciones generadas impiden la formación de estrellas nuevas.
En el choque de galaxias espirales con galaxias enanas, o más bien la absorción de éstas últimas por aquéllas, da lugar no solo al crecimiento de las primeras y destrucción de las segundas. El resultado añade además a las galaxias espirales unos caracterizados brazos o filamentos estelares.
También
existen choques de cúmulos galácticos, como el que se observa en
Abell 2142, estudiado por el satélite Chandra, y el que tiene
6.000.000 años-luz de longitud. Tal fenómeno produce en los frentes
de choque de las nubes de gas temperaturas que llegan a los 100.000.000ºC.
Otro choque o fusión de cúmulos o grupos de galaxias
es el DLSCL J0916.2+2951, también llamado Cúmulo de Perry, situado a
unos 5.000 millones de años-luz de nosotros. Tiene en su entorno un 86%
de materia oscura, además de un 12% de gas muy caliente, siendo resto
las estrellas. Fue observado por el ingenio espacial Chandra, además de
varios observatorios terrestres.
ALGUNOS
CHOQUES DE GALAXIAS.
La galaxia A0035, la Rueda del Carro, situada en la constelación del Escultor (hemisferio Sur) a 500.000.000 años-luz, es un ejemplo del resultado de un choque de galaxias.
El cúmulo Abell 576 se constituye por el choque de, a su vez, dos cúmulos, según datos de los ingenios espaciales Chandra y Newton. La velocidad de uno de ellos se ha estimado en 3.300 Km/seg en relación al otro, lo que da idea de fenómeno. En su momento se dijo que era una de las mayores colisiones conocidas en el Universo.
La Markarian 463, situada en Boyero, son en realidad dos galaxias colisionadas, y la Markarian 315, localizada en Pegaso, tiene un doble núcleo que hace suponer que uno de ellos procede de una pequeña galaxia tomada por otra.
Otras que están colisionando son las NGC-4038 y la NGC-4039, y dos en la constelación de Corbus, a 63.000.000 años-luz.
También la NGC-4438, a 65 millones de años-luz colisionó con la NGC-4435 hace más de 100 años, según demostró en 1988 el Observatorio de París.
En 1999 se mostró, con datos del telescopio espacial Hubble, el choque de una docena de galaxias que se encuentran a 8.000 millones de años-luz de nosotros (grupo MS1054-03). El estudio de 81 galaxias mostraba que había 13 que eran restos de colisiones. Es el primer caso conocido de un grupo de galaxias en fusión y a tan gran distancia.
El cúmulo Shakhbazian 1, que se encuentra a 2.300 millones de años-luz, contiene 24 galaxias de unos 30.000 millones de estrellas cada una, que se agrupan en tan solo un espacio equivalente a 6 veces el diámetro de la Vía Láctea. Equivale su masa a más de 7 veces la de nuestra galaxia.
La galaxia elíptica Centauro A, situada a unos 14.000.000 años-luz de nosotros, se cree que absorbió hace en torno a los 300.000.000 de años una galaxia algo más pequeña. Hoy luce un arco azulado de cúmulos de estrellas jóvenes resultado de tal choque según observaciones del año 2000.
En septiembre de 2004 se informaba del hallazgo de la ESA con su satélite XMM de un choque de galaxias a 800 años-luz de nosotros que produjo en el espacio intergaláctico ondas de choque de gas con temperaturas del orden de los 100.000.000ºC. Ocurre ello desde unos 300 millones de años en un área que ocupa 3.000.000 años-luz y tan formidable colisión o mezcla es de dos grupos de galaxias, uno de unas 1.000 y otro de unas 300. Se trata del objeto Abell 754, ya conocido de antes, pero identificado ahora al detalle gracias al satélite citado.
A principios de marzo de 2006 se informaba del hallazgo por parte del ingenio espacial Spitzer y el observatorio terrestre hispano-alemán de Calar Alto, Almería, del choque de 5 galaxias, llamadas Quinteto de Stephan, en la constelación de Pegaso, a unos 280 millones de años-luz de nosotros. Tal grupo está integrado por los siguientes objetos: NGC-7317, NGC-7318A, NGC-7318B, NGC-7319 y NGC-7320. Pero, en realidad, la última no pertenece al grupo al hallarse 35 millones de años-luz más cerca de nosotros.
En agosto de 2006 se informó del estudio en la banda de los rayos equis del ingenio espacial Chandra (y también del Hubble y observatorios terrestres) del cúmulo galáctico 1E0657-56, también llamado Cúmulo Bala, a 3.700 millones de años-luz de nosotros, en el que se identificó un choque de cúmulos galácticos y la primera prueba directa de la existencia de la materia oscura. En tal colisión se habrá desencadenado una energía tan enorme que se considera la segunda concentrada del Universo tras el Big Bang.
Justo un año después, en 2007, se informaba del hallazgo con ayuda del telescopio espacial Spitzer del cúmulo CL0958+4702, a cerca de 5.000 millones de años-luz de nosotros, constituido por la formidable colisión de 4 galaxias elípticas, siendo así uno de los mayores choques de galaxias observados. Tal objeto tiene una masa de unas 10 veces la de nuestra Vía Láctea, siendo 3 de tales galaxias originales de una masa similar a élla, pero no la cuarta que es 3 veces superior.
En el mismo año se dio a conocer que el Hubble había captado a 300 millones de años-luz de nosotros, en la constelación de Leo, un incipiente choque de 2 galaxias denominadas Arp 87 conjuntamente, ya conocidas desde los años 70 el Siglo XX.
A finales de 2007 se informaba de la colisión de tres galaxias, una espiral, otra barrada y otra irregular, cuyo resultado fue denominado “El pájaro” y técnicamente IRAS 19155-2124. Se encuentra a 650 millones de años-luz de nosotros y se ha calculado que el primer choque, de dos de las galaxias, comenzó hace unos 200 millones de años, y el de la tercera se produce en nuestro tiempo.
Otras que están también en proceso de fusión son las galaxias elípticas NGC-7173 y NG-7176 y la espiral NGC-7174, en la constelación del Pez Austral, a unos 100 millones de años-luz de nosotros.
Especialmente llamativo y espectacular es el conglomerado MACSJ0717 formado por un choque de nada menos que cuatro grupos de galaxias a unos 5.400 millones de años-luz de nosotros, extendiéndose por un espacio de 13 millones de años-luz. Esta formación, posiblemente debido a las colisiones de gas, tiene una temperatura más alta de lo normal.
En 2009 se informaba del choque de dos galaxias espirales en el objeto NGC-2623, o Arp 243, a 250.000.000 años-luz de nosotros, formando una galaxia gigante.
En 2010 se daba a conocer el objeto SDSS J1254+0846, sistema binario de dos cuásares, primero en su tipo hallado, resultado del proceso de fusión de dos galaxias.
Dos galaxias más próximas a fusionarse son las NGC-5216 y NGC-5218,
localizadas en la constelación de la Osa Mayor a 17.000.000 años-luz de
nosotros, y denominadas en conjunto “sistema de Keenan” y Arp 104. Ya
están unidas por una columna de gas y estrellas de 22.000 años-luz de
extensión.
Es llamativo por su estética el resultado de la interacción
distorsionadora de las galaxias NGC-2936 y NGC-2937, llamadas también
en conjunto Arp 142, y el Pingüino y el Huevo; están a 326 millones de
años-luz de nosotros. Pertenecientes a la constelación de Hydra, son la
primera espiral y la segunda elíptica, aunque actualmente la distorsión
las ha desfigurado, especialmente la espiral.
El objeto Arp 299 está formado por la colisión de las galaxias NGC-3690
y IC-0694, las dos con su núcleo activo y su agujero negro; estos
últimos ya están interactuando. Tal choque comenzó hace 750 millones de
años y está dando lugar a la formación de nuevas estrellas de forma
significativa. En la zona central de una de las galaxias, la Arp 299A,
una supernova ha generado un enorme chorro de gas de más de 10 masas
solares anuales que sale a una velocidad de entre los 890 y los 370
Km/seg proyectándose hasta unos 9.000 años-luz.
La fusión de galaxias más antigua conocida en 2019 es la del objeto
B14-65666, situado en la constelación de Sextans a unos 13.000 millones
de años-luz de nosotros. En el mismo se ha detectado además de polvo,
al menos oxígeno y carbono. Su masa es menor al 10% de la de nuestra
galaxia, pero en cambio genera estrellas con una actividad 100 veces
superior a ella.
El mayor choque de galaxias conocido en 2019 también es muy antiguo, de
hace unos 12.800 millones de años. Son dos galaxias hiperluminosas
conocidas como ADFS-27 y están separadas en unos 30.000 años-luz. Su
tamaño unitario es de más de una docena de veces el de nuestra galaxia.
Tienen tal cantidad de gas, al menos 50 veces más que la Vía Láctea,
que se forman estrellas mil veces con mayor rapidez que en ésta.
> COSMOGONIA.
ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL UNIVERSO. EL BIG BANG.
La
cosmogonía se define como la ciencia que trata del origen y la
evolución del Universo; la cosmología, con la que se confunde
fácilmente, es la filosofía del entendimiento de las leyes que
rigen en el Universo y la filosofía de las leyes de las que trata la
cosmogonía.
El primer indicio sobre un Universo no estático, como se había venido creído siempre, se tuvo a principios del Siglo XX con el hallazgo del alejamiento de las galaxias, que generó unas consecuencias deductivas transcendentales. Evidenciaba que había una fuerza enorme que no se veía por un lado y dio lugar a la idea del Universo en expansión; la velocidad actual de tal expansión se cifraba en 1997 en unos 68 Km/seg. Por otro lado, tal expansión significa una pérdida de energía, un enfriamiento, por lo que se deducen las enormes temperaturas iniciales, a tenor de los principios de la termodinámica. Para explicar tal fuerza desmedida acababa de nacer la teoría de la Gran Explosión... del Big Bang.
Confirmado también por el HST, la expansión del Universo es resultado de la llamada gran explosión, o Big Bang, y tiene su exponente en el citado distanciamiento de las galaxias. También hay que señalar que el término no es muy aceptado por algunos cosmólogos por entender que no se trató de ninguna explosión ni nada que fuera grande; en un concurso de la revista de astronomía Sky&Telescope al respecto aparecieron propuestas las palabras alternativas como creación, cosmogénesis, génesis, la gran expansión, entre cientos. Pero lo cierto es que prevalece el término Big Bang y desde luego, en exactitud, no fue una explosión tal como la concebimos, pero sí la expansión.
La referida expansión fue descubierta en 1929 por Edwin Hubble, marcando el origen de tal teoría del Big Bang, término que se populariza a partir de los años siguientes (1948) gracias a George Gamow; en realidad, había teóricos que pensaban en tal expansión de igual modo, como es el caso del ruso Alexandr Friedmann en 1922 o del belga A. Georges Lemaître en 1927 (también se cita 1931), sin olvidar a Ralph Alpher un poco más tarde y al que muchos consideran verdadero precursor de la idea de la Gran Explosión. La teoría es concretada y diseñada a partir de 1950 en cierto grado por Fred Hoyle, que también la hizo popular pese a oponerse a la opción de un Universo nacido en el Big Bang, sobre los conceptos iniciales de los austriacos Hermann Bond y Thomas Gold de 1948, sin olvidar desde luego al citado Gamow. Pero Hoyle sostenía que tal expansión lo era dentro de un Universo fijo, no nacido de la gran explosión, y creía en la creación continua de la materia (de hidrógeno solo), nacida entre los espacios vacíos dejados por el distanciamiento galáctico con lo que se mantenía tal estado; también aparece en esta teoría “no Big Bang” una creación de la materia en los sitios de elevada densidad (G. Burbidge), como los centros de las galaxias.
La expansión en principio se realiza en todas las direcciones, lo cual significa que existiría un centro, pero según algunos físicos (Nodland y Ralston) se inclinan por creer que quizá se extienda en una sola dirección en base al estudio de la distinta polarización de ondas de 160 galaxias. Actualmente, según observaciones de las galaxias, se admite que la expansión, además, se está acelerando. En exactitud, aunque se ha popularizado el término “expansión”, quizá fuera más propio hablar de dilatación del espacio o de su estiramiento. En 2019, tomando como base datos del ingenio espacial Hubble, se determina que tal expansión es un 9% aproximadamente más rápida de lo antes calculado (de casi 68 Km/seg por megaparsec); otra medición en el mismo año arroja 67,5 Km/seg por megaparsec.
De nuevo fue evidenciada tal gran explosión por Arno Penzias y Robert W. Wilson en 1965 cuando se descubrió por casualidad al tratar de eliminar en señales de satélite el ruido de fondo de radio que procedía en realidad de todo el Universo. Pero la uniformidad detectada no presentaba fluctuaciones que precisaban para justificar la expansión del Universo y hubo que esperar a que los aparatos detectores afinaran más y eso solo fue posible fuera de la atmósfera, desde el espacio.
En 1992 el satélite COBE confirmó así las teorías de Friedman y Lemaître (de los años 20) de que el Universo nació hace unos 15.000 millones de años, fruto de una gran explosión al encontrar que el 99,7% de la energía del Universo aparecería en solo un año con tal estallido; la posibilidad de varias explosiones, simultáneas o sucesivas, se eliminaba. La confirmación del COBE fue de las diminutas fluctuaciones de la radiación de fondo de microondas, o radiación fósil (desplazamiento de la banda de la luz visible original hacia el rojo hasta llegar actualmente a las microondas), en torno a los 3ºK (en realidad, 2,726ºK) generada en tales comienzos cuando el Universo era muy pequeño y tenía una temperatura de 3.000ºK y alta densidad; por eso, la distribución de la radiación de fondo de microondas es regular (en todas direcciones, aunque no exactamente uniforme, sino arrugada en cuanto a intensidad y tamaño; se dice entonces de las anisotropías) por todo el Universo como resultado de la inflación del mismo. Es pues la observación de una especie de resplandor fósil de cuando el Universo tenía solo 300.000 años o algo más, cuando se comenzó a formar el hidrógeno, y que además tiene pequeñas oscilaciones térmicas debido a la posterior expansión; significa también el origen de las galaxias a partir de tales zonas de fluctuación irregular. Es también la confirmación de un miniuniverso muy caliente y muy denso, o si se quiere, en definitiva, de la teoría del Big Bang.
No obstante, la citada radiación de fondo, según se puso de relieve en 2008, parece ser que se atenúa en intensidad al surcar los gigantescos supercúmulos galácticos. Esta alteración se achaca al plasma atravesado, con temperaturas de hasta 1.000.000ºC, y es notable al observar aquellas zonas.
La teoría del Big Bang es la generalmente aceptada como la mejor conocida, aunque algunos científicos mantienen al respecto una prudente reserva y no dejan de existir otras teorías creativas. Se piensa que al producirse la aparición de la materia en ese punto se creó también igual cantidad de antimateria, aunque no se ha detectado en cantidad que lo justifique; tal dudosa antimateria, de existir, estaría formando parte en algún lugar del Universo de antiestrellas y antigalaxias cuya masa sería igual que las galaxias conocidas, pero con partículas de signo contrario eléctricamente a como conocemos las nuestras, si bien se cree como más probable que habría desaparecido en los primeros tiempos tras el inicio del Big Bang. En una variante de la teoría, como hipótesis más aceptada, se habría creado un poco más materia que antimateria, como resultado de algún desequilibrio, y la actual materia sería la sobrante de la aniquilación entre ambas en los inicios del Universo, acción en la que la energía generada produjo lo que se conoce como radiación cósmica de fondo (actualmente de 2,7ºK).
En
cuanto a la teoría de la inflación, que se cita en diversos momentos,
la misma aparece en los inicios de la década de 1980 de la mano de
Andreas Albrecht, Alan Guth, Andrei Linde y Paul Steinhardt, como una
variación de la teoría del Big Bang. El 17 de marzo de 2014 se anunció
la detección por vez primera de ondas gravitatorias residuales del
período de inflación generadas en el Big Bang, lo que confirmaría la
teoría que postula tal fenómeno; se realiza el pretendido hallazgo con
la ayuda del telescopio BICEP2 sito en la Antártida, que lo busca desde
2006, y se basa la investigación en una polarización de la luz
observada “en modo B”. No obstante, hay dudas sobre este estudio y
meses más tarde se discute sobre si el polvo galáctico con su
polarización, por ejemplo, puede hacer confundir las conclusiones, como
así parece que fue al final. Definitivamente, a principios de febrero
de 2015 se dio a saber que los datos al respecto del ingenio espacial
Planck hacen reconocer que tal información del BICEP2 no era una prueba
concluyente.
En el análisis de las ondas gravitatorias, como
ocurre con las ordinarias, hay que considerar la polarización detectada
u orientación en sentido vertical o transversal. Este parámetro las
define y da información sobre su origen al analizarlas en los distintos
observatorios de interferometría que atraviesan, también necesarios
porque la detección en uno solo no permite orientación para tratar de
buscar luego el origen.
La prueba directa de la existencia de las ondas
gravitatorias fue finalmente encontrada el 14 de septiembre de 2015, y
dada a conocer el 11 de febrero de 2016; el fenómeno fue denominado
como GW150914, siglas y números que significan “ondas gravitatorias
captadas el 14 de septiembre de 2015”. Las mismas se definen como
diminutas ondulaciones del espacio-tiempo, distorsiones o pliegues de
medidas de una diezmilésima parte del diámetro de un protón, lo que
exige una enorme precisión en su detección; esto supone que el espacio
se estira y contrae en esa proporción al ser atravesado por la onda de
gravedad, y con ello modifica brevemente las dimensiones del objeto que
esté en ese espacio en ese momento. Las citadas ondas captadas se
originaron a 1.300 millones de años-luz de nosotros por dos agujeros
negros de 36 y 29 masas solares que se fusionaron formando otro de 62
masas solares; las 3 masas solares restantes se disiparon en forma de
ondas gravitatorias. Las mismas fueron captadas por el sistema
interferométrico láser LIGO americano, con detectores separados por
3.002 Km, uno en Livingston (Louisiana), y otro en Hanford (Estado de
Washington), y dotados de 2 brazos-antenas perpendiculares de 4
Km de largos cada uno, y juegos de espejos para reflejar el láser,
haciendo así más largo el trayecto para la precisión necesaria; en el
estudio también colaboran otras entidades científicas de otros varios
países, entre ellas la Universidad de las Islas Baleares en España.
Primero se captó la onda en Livingston y 7 milisegundos más tarde en
Hanford, cuando la distancia ordinaria es de 10 milisegundos a la
velocidad de la luz; ocurrió a las 09 h 50 m 45 seg GMT y la señal duró
0,2 seg. Esta detección de ondas gravitatorias abre una nueva ventana
de observación celeste y es una forma nueva añadida en el estudio de
objetos masivos y violentos como los agujeros negros.
La segunda detección de las citadas ondas se anunció
en junio de 2016 y habría sido hecha el 26 de diciembre de 2015
(GW151226) también por el mencionado sistema LIGO. Procedieron de la
fusión de otro par de agujeros negros, esta vez de 14 y 8 masas solares
situados a menos de 1.400 millones de años-luz de nosotros, que dieron
lugar a un agujero de 21 masas solares y disipó el equivalente a una
masa del Sol en energía en forma de ondas gravitatorias. Tal fusión tuvo
lugar en su fase final a una velocidad de la mitad de la de luz; los
astrónomos pudieron además observar las últimas 27 órbitas últimas de
los agujeros antes del choque.
La tercera detección de las referidas ondas se
anunció justo un año después, en junio de 2017, y habría sido realizada
el 04 de enero de 2017 (GW170104) también por el mencionado sistema
LIGO. Procedieron de otro sistema binario de agujeros negros, a unos
3.000 millones de años-luz de nosotros, que se fusionaron.
El
agujero formado es de unas 49 masas solares y los dos agujeros que lo originaron tenían masas de 31 y 19 veces la solar.
El 14 de agosto de 2017, a las 10 h 30 m 43 s GMT,
se captan de forma simultánea tales ondas desde tres detectores por vez
primera. Dos de ellos son los del LIGO mencionado, y el otro es el
llamado Virgo, en Cascina, cerca de Pisa, Italia. Denominada GW170814, tal detección lo
es del resultado de la fusión de dos agujeros negros de 31 y 25 masas
solares, ubicados a 1.800 millones de años-luz de nosotros, que
generaron un solo agujero de 53 masas solares; las 3 masas restantes se
transformaron en energía generadora de las ondas gravitatorias.
Tan solo 3 días después se hizo la 5ª detección
GW170817 (LIGO y Virgo), a las 12 h 41 m 04 s, GMT, si bien no es dada
a conocer hasta el 16 de octubre inmediato siguiente. Se trata de una
onda producida esta vez por dos estrellas de neutrones (la primera de
este tipo de estrella) y acompañada de su visibilidad electromagnética,
simultaneidad en la detección que es la primera vez que ocurre. La
segunda detección citada se realiza en la banda de los rayos gamma
(GRB) por los ingenios espaciales Fermi (NASA) e INTEGRAL (ESA) 2 seg
más tarde de captar la onda de gravedad; la misma duró 100 seg. Tras ubicar la procedencia a
unos 130 millones de años-luz de nosotros en la constelación de Hydra,
cerca de la galaxia lenticular NGC-4993, telescopios terrestres
lograron ver en la banda visible un punto de luz generado por el
fenómeno. La explosión producida por la fusión de dos estrellas de
neutrones es denominada kilonova,
o kilonovae, y su resultado es un objeto de casi 3 masas solares, bien
otra estrella de neutrones o un pequeño agujero negro. Las dos
estrellas de neutrones eran de 1,6 y 1,1 masas solares. El posterior
estudio de datos de esta fusión estelar indicó la creación de elementos
pesados como el estroncio. El fenómeno produjo además rayos equis cuya
emisión al cabo de mil días aun persistía y que son resultados de la
onda de choque generada por el desplazamiento de la estrella. Su mayor
pico de emisiones en general lo marca en torno a los 160 días tras
generar la onda de gravedad, pero la radiación equis siguió.
A mediados de noviembre de 2017 se informó que el
LIGO había detectado antes, en junio, otro de tales fenómenos. Se trata
del GW170608 identificado procedente de 1.000 millones de años-luz y
causado por dos pequeños agujeros negros de 12 y 7 masas solares que se
fusionaron en uno solo de 18 masas solares, liberando la 1 masa
restante en tales ondas.
Más detecciones de ondas gravitatorias (del 30 de
noviembre de 2016 a 25 de agosto de 2017) son las GW170729, GW170809,
GW170818 y GW170823. Las fechas se deducen de su número de registro.
Todas son resultado de fusiones de agujeros negros o estrellas de
neutrones. La GW170729 resultó ser la más lejana y masiva captada hasta
entonces, procedente de 5.000 millones de años-luz de nosotros y con
energía de 5 masas solares.
El 25 de abril de 2019 los mencionados observatorios
captaron una nueva señal de ondas gravitatorias (GW190425) que se cree
que podrían
ser las primeras recibidas de la fusión de una estrella de neutrones en
un agujero negro, si bien posteriormente se dice que fueron dos
estrellas de neutrones. Habría ocurrido a 500 millones de años-luz de
nosotros. Para entonces, la estadística de hallazgos es de 13 fusiones
de agujeros negros, 2 de estrellas de neutrones, y esta última de
posible fusión de los dos tipos de objeto, agujero y estrella de
neutrones.
El GW190521, del 21 de mayo de 2019, tiene lugar hace unos 7.000
millones de años otro caso ocasionado por dos agujeros negros de 85 y
66 masas solares aproximadamente. El agujero negro resultante de la
fusión se ha estimado que tiene unas 142 masas solares y que la fusión
disipó una energía en ondas gravitatorias equivalente a 8 masas solares.
El 14 de agosto de 2019 se capta otro evento de tal
tipo, el GW190814. El mismo resultó de la absorción de una estrella de
neutrones (o quizá un pequeño agujero negro) por un agujero negro
ocurrida a 780 millones de años-luz de nosotros. Sus masas serían de 23
veces la solar el agujero y 2,6 la estrella, en una proporción (de 8,85
a 1) hasta entonces no vista en este tipo de eventos. El nuevo agujero
negro tiene así casi 26 masas solares.
En octubre de 2019 se llevan realizadas 50
detecciones de ondas gravitatorias generadas por distintas
combinaciones de agujeros negros y estrellas de neutrones, objetos
todos entre 1 y 90 masas solares (las más bajas de las estrellas de
neutrones, claro), excepto en rangos entre 2,5 y 5 masas solares que
separan las masas entre ambos tipos de objeto.
El 5 de enero de 2020 se captó el GW200105, evento
en el que un agujero negro de 8,9 masas solares se tragó una estrella
de neutrones de 1,9 masas solares y el doble del tamaño del Sol; está a
900 millones de años-luz de nosotros. Diez días más tarde se registra
otro, el GW200115, producido a 1.000 millones de años-luz, con la
fusión de otro agujero y otra estrella de neutrones, respectivamente de
5,7 y 1,5 masas solares.
Un balance de detecciones de este tipo en 2021
señala 90 en total hasta 2020, siendo en el período entre noviembre de
2019 y marzo de 2020 captadas un total de 35 ondas gravitatorias, lo
que supone un mayor índice de frecuencia.
Tras las instalaciones LIGO estadounidenses y la
Virgo de Italia se construyó otra, la KAGRA en Japón, en el
Observatorio Kamioka, en Hida, Gifu, que se estrenó en febrero de 2020.
En abril de 2023 se anuncia la construcción de otro más en la India,
cerca de Aundha, Maharashtra.
El 23 de noviembre de 2023 el sistema LVK
(LIGO-Virgo-KAGRA) captó otra señal, la GW231123, producida por la
fusión de 2 agujeros negros de unas 103 y 137 masas solares que dejó
otro de una masa de unas 225 veces la solar. La masa diferencial se
habrá disipado en forma de ondas gravitatorias. Se encuentra a más de 2.300 millones de años-luz de la Vía Láctea.
El 14 de enero de 2025 el mismo sistema
LIGO-Virgo-KAGRA captó la GW250114, cuyo estudio indicó que fue
resultado de la fusión de 2 agujeros negros de varias decenas de masas
solares. El agujero nuevo resultante tiene una superficie u horizonte
de sucesos de cerca de 400.000 Km², mientras que la suma de los
agujeros que lo generaron solo alcanzaba unos 240.000 Km², aparente
paradoja que ya fue predicha por S. Hawking en 1971. Su diámetro final
será de menos de 360 Km.
Una simulación informática sobres tales ondas realizada en 2016 puso de relieve que las mismas se emiten a partir del momento en que los repetidos objetos se han acercado a menos de 9.450 millones de Km antes del choque. En tal simulación se supuso la fusión de dos galaxias, cada una con un agujero negro de 100 millones de masas solares, y la misma resultó producirse 100 veces más rápido de lo supuesto anteriormente, a solo 10 millones de años tras la colisión galáctica.
Para Hawking, considerado por algunos como un digno sucesor de Einstein, el Universo nació de un punto suspendido en el vacío que inició una desmesurada inflación. Una de las dudas o misterios que acompañan a la concepción de tal fenómeno está contenida en la pregunta de ¿por qué tal concentración de materia en tan reducido espacio se expandió cuando, por su similitud, en un agujero negro no ocurre nada? ¿Por qué la enorme gravedad que supone tal concentración de materia no impidió tal inflación? El impulso, la energía, que acompaña la creación del Universo es pues inimaginable. Una de las posibilidades que habría permitido el fenómeno son los llamados campos escalares que habrían impulsado la expansión al multiplicar el tamaño del diminuto Universo inicial en una fracción de segundo, disipándose a la vez de inmediato.
El momento, en el que no hay acuerdo unánime, oscila entre hace 10.000 y 15.000 millones de años, según modelos, siendo lo más probable la de los 13.700 como la última cronológicamente deducida (2003, según datos del satélite WMAP) con un margen de error de solo un 1 %. Hasta los años 90 se pensaba que el Universo era más viejo. El HST mostró primero un Universo más joven de lo creído anteriormente y en 2000, en base a sus datos (cefeidas y supernovas tipo Ia), se dijo que sería de 14.500 millones de años, aunque este punto sería siempre objeto de controversia, y se daba un margen de error de mil millones de años. Nos quedamos pues (a vista de 2003) como la más probable la cifra de los 13.700 millones de años, suponiendo una constante de Hubble algo superior a 70.
Sobre tal inicio hay quienes sostienen que el Universo nació simple y espontáneamente de la nada. Califican la hipótesis como la más razonable, y aunque dicen cómo nació no explican por qué nació. Es decir, al Universo le falta el motivo de su inicio, el desequilibrio, equilibrio, o voluntad que lo provocó... aunque haya aparecido de la nada, porque de otro modo, si de la nada sale espontáneamente algo, ¿por qué iba a ser un fenómeno único? Así que también hay quien sostiene que la creación de la materia es continua y se vincularía a los quásares.
También cabe la posibilidad que en el primer instante del Big Bang no hubiera materia, sino que la misma sería creada en lo que se denomina el desdoblamiento de un vacío excitado y daría lugar a materia por un lado y antimateria por otro. Creada así la gravedad y la antigravedad, la segunda explotó y provocó el verdadero Big Bang a la materia que se oponía con su característica contractora. Es decir, tal teoría supone la dilación de una antigravedad contra la contracción de la gravedad. Pero ¿qué es un vacío excitado? Se supone que podría ser una estructura viva que se desintegró en la dicotomía creadora.
En la secuencia de nacimiento del Universo, antes del momento cero se supone que no había nada, ni materia, ni energía, ni espacio, ni tiempo. Nada de nada. Esta es aun la frontera con la religión, con la admisión de un Creador, puesto que aun no hay mejor hipótesis. Sin embargo, existe también la posibilidad de que tal nacimiento fuera en realidad un agujero blanco, el fruto de una especie de agujero negro de otro Universo mayor (supuestamente) y paralelo; la idea original de esta opción fue expuesta por físicos y publicada por la Universidad de Washington en San Luis, Missouri, en 1991. Cálculos matemáticos refrendan tal posibilidad.
Antes de seguir hay que volver a releer un poco el primer capítulo dedicado al mundo del átomo para retomar las ideas de las partículas elementales y el entorno íntimo del átomo.
A continuación se cita una secuencia del Big Bang según los datos generalmente aceptados en los modelos teóricos más conocidos; gran parte de los datos fueron estimados sobre el cálculo de la velocidad de fuga de las galaxias. Los estudiosos del tema han logrado razonablemente un retroceso en el tiempo cercano a la sorprendente cifra de la billonésima de segundo del inicio del Big Bang. Más atrás no son capaces de resolver la incógnita. El momento cero sigue siendo un misterio. Y hay que decir finalmente que el proceso, de haber sido, por ejemplo, en su velocidad expansiva, mayor o menor, no habría dado lugar al actual equilibrio en el Universo.
NOTA: Los siguientes tiempos y datos citados varían según distintas fuentes por lo que los mismos pueden ser interpretados como una razonable aproximación y no con una exactitud matemática. Tampoco hay que olvidar que estas cifras han sido calculadas bajo comparaciones y suposiciones en un comportamiento de las energías a un nivel de laboratorio, muy bajo en relación al del nacimiento del Universo en cuyos instantes nadie sabe a ciencia cierta que pasó, razón por la que no faltan críticos.
SECUENCIA DEL NACIMIENTO Y EVOLUCIÓN DEL UNIVERSO. El Big Bang.
|
Tiempo |
Temperatura en ºK |
Acontecimientos |
|
|
En un primer instante el tamaño sería de 1.000 billones de veces menor que el átomo de hidrógeno. En las primeras milmillonésimas fracciones de segundo las 4 fuerzas de la naturaleza permanecían unificadas. Se cree que la densidad inicial de la materia en el Big Bang fue de 10^93 gr/cm^3. Un núcleo atómico tiene 10^15 gr/cm^3 de densidad, lo cual puede dar idea de cómo era tal materia inicial. |
|||
|
10^-43 s |
10^32 |
Al principio todo lo existente ocuparía solo el espacio de menos del núcleo de un átomo de hidrógeno. La densidad es desmesurada e inconcebible. Energía y materia están unificadas. Antes de este tiempo (también se citan como límite 10^-44 y 10^-36) ya no es posible determinar o saber nada más. Es el instante conocido como tiempo de Planck. |
|
|
10^-35 s |
10^27 |
El tamaño del Universo es el de un protón. Comienza el proceso de rápida inflación (el contrario a la gravitación) que aminoraría notablemente el ritmo en unas fracciones de segundo. Tal inflación del Universo, por unos instantes es tan rápida que superaría la velocidad de la luz. Las fuerzas elementales están unificadas en una sola. Desde este instante hasta el momento 1 seg la inflación del Universo sería extraordinariamente rápida, de 10^100, pero luego se ralentizaría. Lo
más remoto que se supone es una densísima sopa o plasma de quarks y
gluones con una temperatura superior a 1 billón de ºC durante unas
millonésimas de segundo. El enfriamiento llevaría a la formación de las
partículas, como los protones y neutrones. |
|
|
10^-33 s |
|
La gravedad se separa del resto de fuerzas, unificadas aun en una sola. |
|
|
10^-32 s |
|
La inflación hace que el Universo sea del tamaño de un balón. Se sucederán rápidamente, en poco más de 10 seg, las eras electrodébil, quark, hadrónica y leptónica. |
|
|
10^-26 s |
|
Se
separa la fuerza nuclear fuerte (también se dice que pudo ocurrir a los
10^-35 s). La separación de las fuerzas nucleares fuerte de la
electrodébil, según especulan algunos, podría haber sido la causa del
fenómeno único del período de inflación. |
|
|
10^-15 s |
|
Se separa la fuerza ETM y la nuclear débil (también se dice que pudo ocurrir a los 10^-12 s). |
|
|
10^-11 s |
10^15 |
Ya existen las 4 fuerzas fundamentales del Universo. El tamaño del Universo tiene ya un radio de una 1 UA. |
|
|
10^-10 s |
10^14 |
Surgen las partículas Z y otras. |
|
|
10^ -8 s |
10^13 |
Comienzan a tratar de agruparse algunos quarks. |
|
|
10^ -6 s |
|
Finaliza la era hadrónica y comienza la leptónica. El tamaño del Universo es como el del Sistema Solar. |
|
|
10^ -5 s |
10^12 |
La temperatura sigue bajando. La materia formada (protones y neutrones) aniquila la antimateria. Se cree que solo 1 quark entre 1.000 millones sobrevive.... y desaparecen todos los antiquarks. Había pues hasta aquí mayor cantidad de quark que de su antipartícula, pero no sabemos porqué. |
|
|
10^ -2 s |
10^11 |
En realidad, por debajo de este tiempo –hasta aquí- los eventos son supuestos; solo son teorías. |
|
|
10^ -1 s |
3x10^10 |
Estamos a una décima del primer seg de existencia del Universo. El diámetro que alcanza es de más de 1.000 millones de Km. La densidad es de 100 millones Tm/cm^3. |
|
|
1 s |
10^10 |
El Universo es más grande que el Sistema Solar. El calor rompe aun la fuerza nuclear fuerte. Solo hay quarks libres que no logran formar protones ni neutrones estables por tal calor. Es pues un plasma nuclear con quarks libres. Los neutrinos se liberan del plasma (son pues anteriores a la materia ordinaria). |
|
|
2 s |
10^10 |
Finaliza la llamada época de los leptones y comienza la de los fotones. |
|
|
10 s |
10^9 |
Aparecen protones, electrones, neutrinos, neutrones y fotones. Es la era fotónica. |
|
|
60 s |
|
La materia forma un plasma. Hay más materia que antimateria. La antimateria generada fue desapareciendo por aniquilación en el rápido proceso de expansión-enfriamiento. |
|
|
100 s |
|
Se crea la ¼ parte de toda la materia atómica. Comienza a formarse los átomos de H, He y Litio. |
|
|
3 min |
9x10^8 |
Sigue la formación de núcleos de átomos y aparece la luz debido al enfriamiento. Hay un protón por cada 7 protones; hay 3 veces más de H que de He. |
|
|
8 min |
|
Comienza a aparecer el deuterio y el tritio. |
|
|
30 min |
3x10^8 |
Para entonces ya se creó hidrógeno, su isótopo deuterio, helio y litio. La densidad es 1/10 la del agua. |
|
|
60 min |
2,5x10^8 |
Sigue el proceso inflacionario. La materia se ha constituido mayoritariamente en un 75 % de H y más de un 24 % de He; el resto son principalmente deuterio, helio 3 y litio. |
|
|
24 horas |
4x10^7 |
El enfriamiento en la expansión baja la temperatura a “solo” unos 40 millones de ºC. |
|
|
100.000 años |
6.000 |
Sigue la expansión y el enfriamiento. El Universo comienza a ser transparente. |
|
|
300.000 años |
4.000 |
Comienza a propagarse la llamada radiación cósmica de fondo. Tal radiación no podría existir por todo el Universo de no haber tenido aquí su origen, después de este momento en la expansión. La materia comienza a formar grupos y se constituyen los primeros átomos estables. Antes de este tiempo no es posible que se obtenga imagen alguna del Universo en la banda óptica por muy potente que sea el mejor de los telescopios posibles. |
|
|
380.000 años |
3.000 |
El
Universo comienza a ser transparente y de tal momento se tienen las
imágenes logradas con ingenios espaciales de la llamada radiación de
fondo de microondas. Es la época de la recombinación. Comienzan a
formarse los átomos neutros, los fotones se desacoplan y viajan libres.
Según datos del ingenio Planck se forman las primeras estrellas. |
|
|
500.000 años |
|
Quedan formados los átomos eléctricamente neutros. |
|
|
10^6 años |
2.500 |
Al cabo del primer millón de años se forman las primeras nubes de gas y se perfilan las primeras protogalaxias. |
|
|
2x10^8 años |
|
Según
la sonda WMAP, en datos de 2003, las primeras estrellas se formarían a
los 200 millones de años, cuando anteriormente se creía que no lo
habrían hecho antes del doble de tiempo como mínimo. Según el ingenio
Planck la fecha se sitúa en los 380.000 años. Y según otros en los 180
millones de años. En 2021, tras nuevos cálculos, se ubica la etapa
entre los 250 y 350 millones de años. |
|
|
2,5x10^8 años |
100 |
Se forman las protogalaxias al agruparse los gases en esferas. |
|
|
9x10^8 años |
|
Grandes masas de hidrógeno se vuelven a ionizar, entre otras cosas como consecuencia del nacimiento de estrellas que emiten radiación UV. En 2022 se da la fecha del fin de la reionización del hidrógeno en los 1.100 millones de años (11x10⁸). |
|
|
10^9 años |
18 |
Aparecen
las primeras estructuras de las futuras galaxias. Las primeras masas
significativas de estrellas poco a poco van iluminando los cielos. Los
elementos químicos necesarios para la formación de planetas
susceptibles de tener vida ya se hallan distribuidos por todo el
Universo. |
|
|
2x10^9 años |
|
Aparece ya en abundancia el oxígeno, que se cree surgido entre los 500 y 700 millones de años. |
|
|
2,8x10^9 años |
|
Época de la reionización del helio. | |
|
3x10^9 años |
|
Las
primeras estrellas brillan con fuerza. Es la época de los quásares. La
formación de estrellas comienza a ralentizarse tras alcanzar entonces el auge su tasa. La mitad de las
estrellas están formando galaxias elípticas masivas (esferoides). |
|
|
6x10^9 años |
|
Comienzan
a agruparse las galaxias. Más tarde surgirán los cúmulos.
Comienza
la aceleración en el Universo que es achacada a la energía
oscura. También hay quien la adelanta a hace solo 5.000 millones (8 o 9 x10⁹ años). |
|
|
13,7x10^9 años (actualidad) |
3 |
La baja longitud de onda generada por el gas inicial caliente, las ondas radioeléctricas producidas en tales inicios, persisten hoy en el Universo en todas sus direcciones. Es la llamada radiación de fondo residual de la gran explosión o radiación de fondo de 3 grados (en realidad son 2,73º, o sea casi 3º sobre el cero absoluto, -273ºC). |
|
En realidad, todo este proceso se puede simplificar en tres o cuatro partes. En la primera el Universo es un punto comprimido de extraordinaria densidad y elevadísima temperatura en la que todas las fuerzas y materia constituyen una sola cosa. Luego, con la brutal expansión inicial (y si no hubiera sido así se habría vuelto a colapsar…), y el correspondiente enfriamiento, las fuerzas se separan y comienzan a formarse las partículas elementales. A continuación, las mismas se combinan y forman los átomos de materia, principalmente los más ligeros, el hidrógeno y el helio, sobre todo el primero. Más tarde, sigue el enfriamiento por la expansión y las nubes de gas se agrupan, forman las primeras estrellas y grupos de estrellas (galaxias). Lo extraordinario del proceso es la desconocida fuerza que provoca la expansión, la gran explosión por así decir, pues el resto de fenómenos son consecuencia de la misma. El enfriamiento es a su vez una consecuencia de ello, y la separación de fuerzas elementales y la aparición de la materia se derivan del enfriamiento, y así sucesivamente. El misterio radica en realidad solo en el inicio, si bien para los teóricos hay diversos problemas más. Por ejemplo, la fracción se segundo en que el Universo se hincha desmesuradamente, en 10^100 veces, seguramente fue acompañada de fluctuaciones que a la vez que explican fenómenos diversos en este proceso crean otras preguntas ante otros; así, en tal complejidad, abundan diversas teorías.
Hay
quien piensa (Universidad Macquarie, Sydney, 2002, en base a la luz
de un cuásar) que en el principio de la formación del Universo la
velocidad de la luz era infinita y que la misma fue perdiendo
velocidad con el tiempo. Si así fuera, la velocidad de expansión
del Universo sería otra. Además, la no constancia de la velocidad
de la luz contraviene la teoría de la relatividad einsteniana.
Por otra parte, también en los primeros momentos,
según algunos astrónomos, se habrían generado intensos campos
magnéticos que justificarían la actual detección de gas interestelar e
intergaláctico magnetizado.
La
formación de las primeras estrellas, según simulaciones
informáticas de 1999 (Universidad de Illinois), sería entre los 50
y 100 millones de años de existencia del Universo en cúmulos de una
masa entre 1.000 y 10.000 veces la solar, con estrellas muy masivas,
como de 100 veces la masa del Sol, que se quemaron rápidamente y
explotaron. Tal primera generación produciría los primeros
elementos más pesados que el H y el He.
La formación de objetos muy masivos en esos primeros
momentos del Universo se achacan (2023) a las fluctuaciones cuánticas,
que, a grandes rasgos, formarían grumos de materia en las alteraciones
de energía de la inflación cósmica.
Otra simulación de 2008 apuntaba la existencia inicial de protoestrellas de menor masa, de un 1% la solar, dentro de un marco gravitatorio actuante quizá ligeramente distinto. La pronta formación sin embargo de elementos pesados se produjo igualmente en cualquier caso. De hecho, en abril 2012 se informó (MIT) del hallazgo de cristales de telurio, elemento número 52 de la Tabla Periódica, en 3 estrellas muy antiguas del halo de nuestra galaxia, y de lo que se dedujo que se habría formado hace cerca de los 12.000 millones de años-luz. La formación de este telurio se supone que pudo ser en alguna estrella que evolucionó en el proceso nuclear, por su masa, para convertirse en supernova de modo muy rápido.
Según observaciones dadas a conocer en la primavera de 2009, cuando el Universo tenía solo unos 800 millones de años tuvo un gigantesco objeto de 55.000 años-luz de extensión (como media Vía Láctea) denominado Himiko (en honor a una legendaria extraña reina del Japón). Tan lejano objeto, en forma de más o menos esférica u ovoide, es de gas y se piensa que podría ser precursor de una galaxia. Este objeto quizá esté ionizado por algún gran agujero negro, o sea un gigantesco disco protogaláctico, o el resultado del choque de dos galaxias en sus inicios, u otro objeto.
A principios de 2008 se informaba de las especulaciones de los astrónomos en base a un estudio de la Universidad de UTA sobre las características de tales primeras estrellas, estimándolas entre 400 y 200.000 veces mayores que el Sol y las que podrían haber interactuado con la hipotética materia oscura. Incluso se piensa que quizá alguna de tales descomunales estrellas puedan existir aun hoy, pero sin emitir luz visible aunque es posible que emitan rayos gamma, antiprotones, positrones y neutrinos.
La máxima actividad de formación de estrellas en las galaxias se produciría a partir de los 4.500 millones de años (hace poco más de 9.000 millones de años) de existencia del Universo. Estudios realizados entre 2002 y 2005, con un muestreo con 8.000 galaxias, sobre la población de las mismas en el principio, entre los 1.500 y 4.500 primeros millones de años, resultó ser entre 2 y 6 veces mayor de lo esperado, alterando la visión que se tenía sobre la evolución de la formación de estos entes.
Observaciones dadas a conocer en 2009 pusieron de relieve además que las primeras galaxias formadas fueron hasta 1.000 veces más compactas que la nuestra actualmente. Se observan tales galaxias a unos 11.000 millones de años-luz de nosotros. Las galaxias más antiguas del Universo, las primeras, eran pequeñas, irregulares y muy activas.
También
por entonces se estima que el enorme calor (más de 20.000ºC) y
radiación de las primeras estrellas y la influencia de los primeros
agujeros negros pudieron haber impedido el desarrollo de muchas de
las galaxias en aquel tiempo, sobre todo de las más pequeñas.
Según determinan de modo matemático físicos alemanes
y canadienses, el Big Bang no pudo ser iniciado despacio sino con la
gran explosión pues del primer modo se hubieran generado fluctuaciones
cuánticas que hubieran impedido que el Universo fuera como es porque el
universo resultante se habría colapsado de inmediato. Por tanto, a
pesar que hay quienes sostienen otra cosa, la teoría de la Gran
Explosión sigue siendo en 2017 la que se cree más certera y las otras
se ven entonces menos posibles.
Del mismo modo, tampoco por entonces hay alternativa
a la teoría sobre el período de inflación en el principio del Universo.
En tal rápida expansión no se cree que la misma fuera debida a una
hipotética partícula, hoy desconocida, que bautizan con el nombre de
inflatón; sin embargo, este capítulo aun no se da por cerrado (2017).
Una expansión más lenta o más acelerada hubiera dado lugar a un
Universo colapsado, como se dice, o estéril para formar galaxias y
estrellas en caso contrario.
En todo caso, la gran explosión y la posterior
expansión y su velocidad, se llevan a cabo con una precisión y
equilibrio tan sorprendentes como de profundas implicaciones
filosóficas sobre la causa que las produce, que muchos cosmólogos,
físicos, astrónomos, apelan ya a Dios sin ambigüedad.
Desde
el Big Bang el Universo se está expandiendo y enfriando en un
proceso que se va acelerando. Significa ello que el Universo era
antes mucho más caliente y que, en virtud de las leyes de la
termodinámica, la expansión hace que la temperatura absoluta
descienda. El proceso de dilatación va en aumento y hay quien cree
que continuará infinitamente y que no se va a detener, por lo que no
se piensa que llegará a un punto estable, de equilibrio o de
retorno, hacia el Big Crunch o contracción en un proceso inverso,
porque no tiene la suficiente materia para ello. Sin embargo, existe
también la teoría de que el propio Big Bang es en realidad el
producto de un proceso previo similar al Big Crunch, que han llamado
Big Bounce, o Gran Rebote. En tal tesitura el Universo se podría
contraer hasta el punto en que se fija el período de inicio de la
inflación en la teoría del Big Bang, desde donde rebotaría en una nueva
expansión.
Los
defensores de la opción de implosión dicen que podría ocurrir
dentro de unos 15 o 20 mil millones de años (casi el mismo tiempo
que hoy tiene de existencia el Universo), si bien hay quien la eleva
a 60.000 millones de años antes que el colapso comience a ser
notablemente acelerado casi al modo inverso del Big Bang. En
cualquier caso la expansión proseguirá seguro según Hawking en los
próximos 10.000 millones de años y el mismo cosmólogo también
cree que posiblemente se expandirá hasta el infinito eternamente.
En 2022, sobre esta posibilidad del Big
Crunch, se lanza un nuevo modelo de Universo (Paul J. Steinhardt y
otro, Universidad de Princeton) en el que se cree posible que en el
brevísimo plazo (a escala astronómica) de solo 65 millones de años,
podría comenzar a cesar la expansión acelerada (debida a la energía
oscura) y comenzar la contracción del Universo. Tal contracción llevará
miles de millones de años, tal cual a la inversa de la expansión que
ahora se observa, y el tamaño del Universo comenzaría a reducirse. El
final sería el mismo, bien el retorno a un punto, el Big Crunch, o bien
al mismo seguido de un gran rebote, el Big Bounce, posiblemente en un
proceso eterno de expansión-contracción. No obstante, el Big Crunch ha
sido refutado ya en 1998 y en 2003 apareció el Teorema de
Borde-Guth-Vilenkin que establece la singularidad inicial y no un
tiempo eterno a juzgar por la citada expansión.
También hay interpretaciones sobre que la expansión puede ser de tres tipos: acelerada, sostenida y decelerada. Es decir, podría estar aumentando, siendo continuamente la misma o bien que pudiera estar decreciendo. Según los cálculos de distintos astrónomos y los datos en que se basan hay para todos los gustos. Pero en cualquiera de los casos el Universo de momento sigue dilatándose. Las influencias sobre estas posibilidades del Universo hay que buscarlas en la llamada materia oscura, en la densidad de la materia en el Universo, y en la velocidad expansiva, que actualmente se cree que se está acelerando.
Para
ajustar el modelo de Universo a uno estático, en su día Einstein
pensó en su llamada constante
cosmológica
(cuando no se sabía aun que estaba en expansión), y de la renegó
luego como un error suyo, pero que con el tiempo fue recuperada por
algunos cosmólogos como una necesidad para entender algunas procesos
como la inflación en el Big Bang o la formación de las galaxias.
Tal constante afecta la velocidad de expansión del Universo y tiene
un interés específico en las observaciones de objetos muy
distantes. Se cree que la constante no se ha alterado o modificado
desde hace cerca de los 7.000 millones de años (aproximadamente la
mitad de la
edad del Universo). Es esta constante en realidad la energía oscura y
ha sido figurada en las fórmulas como la letra lambda (Λ). También se menciona a veces como la energía del vacío.
Esto
significa que en los primeros 6.000 millones de años (otros estudios citan los 4.000 millones de años), aproximadamente,
la expansión del Universo no fue acelerada, supuestamente porque la
masa del mismo estaba aun demasiado concentrada de modo que la gravedad
vencía un poco a la energía oscura. Pero cuando se distanció lo
suficiente fue cuando comenzó la aceleración.
En 2014, tras un estudio actualizado, se
estima que tal expansión hace 10.800 millones de años fue del 1% cada
44 millones de años. En la actualidad y según datos de 2016, tal
expansión está sufriendo una aceleración que se estima entre un 5 y un
9 % más rápida de la antes calculada.
Acerca de la energía oscura,
astrónomos británicos y alemanes no parecen tener mucha duda (2012) y
cifran las probabilidades de su existencia en un 99,996 por ciento,
pero siguen sin saber qué es o qué la origina. Ni se sabe si en el
futuro va a seguir igual o disminuir hasta desaparecer. En 2017 se cree
además que tal aceleración de la expansión no es regular sino que
cambia con el tiempo.
El estudio más detallado de la
energía oscura se inicia el 31 de agosto de 2013 con el proyecto Dark
Energy Survey que pretende en cinco años mapear con gran precisión la
bóveda celeste del hemisferio Sur. Participan seis naciones y utilizan
el Observatorio Interamericano de Cerro Tololo, y el estudio resultante
ha de servir para observar los efectos de tan enigmática energía en los
cúmulos galácticos, la distorsión de la luz, etc.
También hay quien se inclina por creer
que en realidad la energía oscura es un efecto de movimiento del vacío
cuántico, una energía con fluctuaciones que originan una especie de
espejismo en las observaciones.
Otra especulación (2014) es que tal energía
podría estar alimentándose de la materia oscura, interactuando con ella
de modo que la última iría a la pardesapareciendo.
En 2018, el británico Jamie Farnes, de la
Universidad de Oxford, da a conocer otra posibilidad. Su teoría tiene
un interesante atractivo porque relaciona la energía oscura con la
materia oscura y junta tales entes en uno solo, un fluido de masa
negativa. Es decir, materia que reacciona de modo repelente ante la
materia positiva y en vez de atraerla la aleja. Sostiene en su teoría
la existencia de lo que denomina un “tensor de creación” que genera de
modo continuo tal masa negativa productora de tal gravedad negativa.
Una hipótesis bastante razonable sobre la causa de
la energía oscura aparece en los medios en 2023 y es emitida por 17
investigadores de 9 naciones (con dirección de la Universidad de
Hawai). Se dice que hay evidencias de un posible origen de tal energía
en los agujeros negros supermasivos cuando adquieren masa y con el
tiempo suman y contienen energía del vacío.
Otra propuesta explicativa de la energía oscura,
bastante más apartada de las demás, pero tan digna de ser considerada,
es la de que se trata en realidad de una “aceleración aparente” y la
expansión del Universo que se cree debido a ella es una percepción del
efecto del espacio en expansión que distorsiona la luz en las
observaciones. El estudio que sostiene tal hipótesis se basa en uno
sobre geometría analítica en el movimiento de las supernovas.
En 2024 se vuelve sobre el tema (profesor
David Wiltshire) y el postulado es ahora que los efectos achacados a la
energía oscura son quizá solo debidos a las desigualdades del tiempo
entre el paso del mismo en las galaxias y en los grandes espacios
vacíos. El tiempo pasaría de modo distinto en los espacios vacíos. Tal
desigualdad respecto a las galaxias (grandes masas), dicen, puede ser
hasta de un tercio. En resumen, la expansión del Universo, debida a la
hipotética energía oscura, sería irregular y tal energía no existiría
en realidad.
De continuar la expansión llevará dentro de 150.000 millones de años a un alejamiento de las galaxias tan grande que será suficiente para que la Vía Láctea pierda de vista a todas las demás. Quedaremos pues solos... si no ocurre una interrupción del actual proceso. En cualquier caso, soledad o implosión, parece haber un oscuro destino para nuestro Universo. Tan solo la posibilidad de llegar a un dudoso equilibrio en la expansión dejaría las cosas parecido a como están ahora, aunque tampoco eternamente.
Hay una opinión de que la expansión del Universo es resultado de una alteración en frenado de la rotación inicial del mismo, presuntamente ocurrida hace unos 11.000 millones de años. Es decir, el Universo primitivo giraría sobre sí mismo.
También hay quien piensa, como el ruso Andrei Linde, que existen varios Big Bang y que hay una creación contínua de universos. Es decir, nuestro Universo podría haber nacido del colapso de todo o parte de otro universo que habría existido antes. Alan Guth piensa no solo eso, sino que hay infinitos Big Bang e infinitos universos.
Otros, menos, piensan que no hubo Big Bang y que la materia se crea continuamente en el Universo y que las galaxias se generan o nacen unas de otras; por ejemplo, la Vía Láctea habría nacido de la M31 (sin embargo, la M31 y nuestra galaxia están ahora acercándose ¿?).
Otra alternativa es la de un Universo eternamente pulsante, que se expande y contrae regularmente sin llegar necesariamente al último punto de concentración del Big Bang. La densidad alcanzada en la concentración previa al nuevo Big Bang sería de nada menos que 5x10^93 Tm/m^3. Esto encajaría un poco con la teoría del Gran Rebote, o Big Bounce.
Y otra opción más es la de un Universo con pequeñas regiones en inflación continua y sucesiva, en un proceso eterno.
Una
variante de este modelo de Universo pulsante dice que una vez
alcanzada la máxima expansión, con una dispersión de la materia,
acontecería el llamado aislamiento
con el que el Universo se fragmentaría a continuación en islotes
que comenzarían un proceso individual de contracción para llegar a
un punto de concentración desde el que se iniciaría un nuevo Big
Bang, o proceso similar. De tal modo, tales islotes del antiguo
Universo producirían otros numerosos, quizá infinitos, nuevos
universos individuales.
También existe otra alternativa, ya discutida desde
hace tiempo, sobre el Big Bang, y es que se podría estar dando el caso
de la llamada Luz Cansada.
Se trata de que los fotones, la luz captada e identificada en las
mediciones del corrimiento al rojo en la expansión del Universo pudiera
degradarse, perdiendo energía con la gran distancia recorrida, y por
tanto no habría en realidad tal rapidez y distanciamiento de las
galaxias como aparentan. Dicho de otro modo, parece que el corrimiento
al rojo al observar las galaxias cambia con la distancia. El telescopio
espacial James Webb parece que aporta información que viene a refrendar
esta otra teoría. Pero falta que sea corroborada por los
astrónomos.
En cualquier caso, toda la materia y energía contenida en el Universo está en perpetuo movimiento u oscilación, y sometido a la dirección pasadofuturo del tiempo. Y esto confiere a todos sus entes sus características de indeterminación en el espacio y en el tiempo.
Finalmente, algún día podremos saber más detalles de cómo nació el Universo y cómo funciona, e incluso cómo acabará, pero dudosamente averiguará nunca el ser humano por vía de la física por qué y para qué existe.
El Universo, según los datos del satélite HIPPARCOS en relación a las estrellas más viejas, tendría unos 11 o 12.000 millones de años, en vez de los paradójicamente 14.600 millones que hasta entonces se creía (en 1997). A veces se ha evaluado la edad de algún objeto galáctico en más que la del propio Universo, lo cual se antoja imposible.
La edad del Universo, generalmente aceptada y redondeada en los 15.000 millones de años, fue precisada por el ingenio espacial WMAP según se dio a conocer en febrero de 2003 ajustándola en 13.700 millones de años con un margen de error del 1% (o bien ±200 millones de años como máximo; un reajuste posterior en 2008 precisó la cifra aun más, dejándola en 13.730 millones de años con un margen de ±120 millones, y en 2010 en 13.750 millones). En marzo de 2013 con los datos del ingenio espacial Planck la nueva cifra es de 13.820 millones de años. Allan Sandage no andaba pues tan descaminado. En 2020 se discute entre cifras de 12.900 millones de años (±500 millones) y los 14.200 millones; respectivamente entre las cifras de 73,9 (±3) y 67,4 de la constante de Hubble. A principios de 2021, según un profesor de la Universidad de Cornell con datos de un telescopio de Atacama, la edad del Universo es de 13.770 millones de años (±40 millones), que es un poco menos de la cifra referente anterior. En 2023 se vuelve a otros postulados que toman como base el estado y la evolución de galaxias tempranas (Rajendra Gupta, Universidad de Ottawa) y se especula con que la edad repetida podría ser de 26.700 millones de años, casi el doble de la aceptada.
Anteriormente (1967) se cifraba entre 15.000 y 21.000 millones, y aun más atrás, en 1958, en 13.000 millones, y en 1929 entre 1.200 y 1.800 millones; en 1999, por datos del telescopio espacial Hubble, se estimaba el repetido tiempo en 12.000 millones de años, pero al mismo tiempo otros cálculos ya apuntaban los 13.400 millones de años.
Tal edad puede decirse que determina a la vez el tamaño. Una expansión de tal edad supondrá como máximo un diámetro del doble porque se supone lógicamente que la inflación del Universo se produjo en todas direcciones. Por lo tanto el diámetro máximo del Universo será de unos 27.400 millones de años, pero esto es solo un cálculo simple que podría ser erróneo si las cosas no evolucionaron como presuponemos. Baste pensar que la expansión no haya sido siempre uniforme, o que se considere el efecto relativista.
Pero en la cuestión de la edad del Universo no hay unanimidad entre los cosmólogos. Hay quien, como Edward Harrison, estima tal edad en 35.000 millones de años y que su expansión se detendrá dentro de 22.000 millones de años, iniciando un proceso de contracción que concluirá en otros 57.000 millones de años (en igual tiempo; 35.000 más 22.000 millones de años) con el Big Crunch.
Otros, como los alemanes de la Universidad de Bonn, en 1991 pensaban que la edad del Universo era, podría ser, de 34.000 millones de años, explicando que la expansión tuvo un parón de 10.000 millones de años a los 5.000 millones de años de su nacimiento. La cuestión es verdaderamente si la expansión ha sido o no continua o constante desde el principio. Esta es la clave.
El
desplazamiento o corrimiento espectral hacia el rojo de la luz
llegada de los objetos celestes determina por el efecto Doppler si se
está acercando o, cual es el caso del rojo (de menor frecuencia y
mayor longitud de onda), alejando. Las líneas espectrales que
aparecen, como la del calcio, se ven así desplazadas entre los
distintos tonos o colores y definen con precisión el corrimiento.
También se han usado en tales determinaciones mediciones con
cefeidas, datos de las supernovas al explotar, y la velocidad de
rotación de una galaxia.
Esta particularidad de alejamiento de las galaxias fue descubierta por el astrónomo americano Hubble, como ya fue indicado, en 1929. De modo que tal corrimiento, según sea mayor o menor determina la mayor o menor distancia del objeto emisor de la luz. A la vez, tal distancia también puede significar la edad del objeto y del Universo.
Cuanto mayor es la distancia de los objetos, mayor es la velocidad del alejamiento de los mismos. Son ejemplos de estas velocidades miles de Km/seg, algunas de 100.000 Km/seg y aun más a partir de distancias más allá de los 3.500 millones de años-luz. En los años 60 se estimó que por cada 5 millones de años-luz de alejamiento, la velocidad de un objeto se incrementaba en 150 Km/seg. Pero tal cálculo llevó a pensar que a partir de los 6.500 millones de años-luz de distancia la velocidad de alejamiento era la de la luz y aun más allá de los 10.000 millones de años-luz no sería posible ver nada, lo que obligó a revisar los cálculos y valores considerados.
La fórmula matemática de la Ley o Constante de Hubble, que define al desplazamiento al rojo, es:
|
V=DxH
|
significando V la velocidad de alejamiento del cuerpo emisor de la luz, D la distancia al mismo y H la constante de proporcionalidad llamada de Hubble. Tal constante es un punto de debate entre los astrofísicos toda vez que no ha sido fiablemente determinada con precisión. Aunque aquí utilizamos otras representaciones, el corrimiento al rojo suele ser simbolizado por la letra zeta. Por lo tanto, la Constante de Hubble, H -o Z- es igual a V/D.
La citada constante H está entre 50 y 100 Km/seg por 3,26 millones de años-luz (un megapársec), lo que indica que cuando una galaxia se aleja de nosotros por cada tramo de esa distancia incrementa su alejamiento a esa velocidad (H). En esa escala, se deduce que cuando menor sea la constante más viejo será el Universo. Se han calculado, a modo de ejemplo, que con una cifra de constante de Hubble de 80 la edad sería de 12.000 millones de años, con 65 de 15.000 millones de años y con 40 de 24.000 millones de años; todo ello en cifras aproximadas.
Con el tiempo H, la constante de proporcionalidad, fue cambiando de unos imposibles 526 inicialmente, 550 en 1930 (lo que daba una edad del Universo de solo 1.800 millones de años), 200 en 1956, 55 en 1974, 43 en 1978, 100 en 1979, 65 en 1984, 75 en 1986. Las divergentes alternativas daban pues en los años 70 una edad del Universo (en millones de años) tan pronto de 16.000 como de 22.700, o 10.300. En 1993 un gran número de astrónomos parecían estar de acuerdo en que tales fronteras se podían delimitar entre los 69 y 86 Km/seg (o sea, casi 75 por promedio), pero siguió sin ser cifra definitiva. Generalmente, la cifra aplicada en 2003 es la de 71 Km/seg por megapársec y se corresponde a una antigüedad del Universo de 13.700 millones de años. En 2009 la citada cifra se reajustó a 74,2 (±3,6 Km/seg) por megapársec, y en 2011 a 73,8 Km/s. En 2012 la nueva cifra reajustada es de 74,3 Km/s (±2,1 Km/seg) por megapársec y en 2013, con los datos del ingenio espacial Planck, se baja a 67,15 Km/s. A principios de 2019 la cifra está acotada entre los 67 y 73 Km/seg y a finales en torno a los 67,5. En 2020 la cifra que se cita es de 73,9. En 2022 es de 73,04 (±1,04) Km/seg.
El desacuerdo de los astrónomos al respecto deriva de que algunas estrellas o formaciones, como cúmulos globulares, tienen edades que fueron estimadas en torno a los 16 o 17.000 millones de años, lo cual da paradójicamente una edad superior a la del propio Universo; algo así como que el hijo es más viejo que el padre... Y es que en la cosmogonía, dada la disparidad de teorías y como sea que solo una como máximo es verdadera, se enuncian gran número de disparates.
En resumen, según sus distintas mediciones, los astrónomos nunca han estado en verdad de acuerdo en determinar la edad del Universo.
A veces hay que mencionar que el corrimiento hacia el rojo no es solo el derivado del efecto espectral Doppler, sino que hay que considerar efectos relativistas para entender las discordancias de datos. Así, los objetos de gran masa emiten luz cuyas ondas aumentan su longitud en el desplazamiento con lo que el receptor que analiza tal luz observa un corrimiento al rojo añadido o distinto al Doppler.
También existe el corrimiento al rojo cosmológico, en realidad también relativista, y que se produce en la dilatación del espacio-tiempo en objetos muy lejanos. Este último (Cc) es definido como la relación entre la escala del actual Universo (U1) y la escala del Universo (U0) al momento de emitir la luz recibida ahora:
|
Cc = ( U1 / U0 ) - 1
|
Estos últimos no son de por sí desplazamientos al rojo sino que han de tenerse en cuenta para corregir al original Doppler. Así pues, como se puede ver, los cálculos de las velocidades de alejamiento de las galaxias no son una tarea tal fácil como se podría pensar en un principio.
= MODELOS
POSIBLES DE UNIVERSOS IMPROBABLES.
Ahora
entremos en un terreno fascinante, pero de supuestos, de
especulaciones, de abundantes teorías, pero de muy difícil
comprobación en muchos casos, donde la imaginación de los
cosmólogos se ha entremezclado con fórmulas matemáticas de difícil
explicación prosaica; y más aún para quien es un profano.
Conviene antes de seguir retomar ideas sobre la creación del Universo y las fuerzas que lo mueven para poder especular sobre su significado y sobre todo sobre su destino o evolución. Las fuerzas conocidas del Universo son cuatro: la gravedad; la electromagnética; la fuerza nuclear débil; y la fuerza nuclear fuerte. La intensidad de cada una es desigual y tomando como unidad la última citada, la nuclear débil es 1/1000.000 veces menor (una millonésima parte), la electromagnética 1/100 (una centésima), y la gravedad tan solo 10^(-40), resultado así pues la menos intensa y no actúa por ello como las otras 3 en el campo de las interacciones de las partículas elementales.
La fuerza nuclear fuerte es la que une las partes que forman la materia, une a protones y neutrones en el núcleo, y tiene cierta simetría con la débil. La fuerza nuclear débil es la que separa la materia en la desintegración radiactiva. A la fuerza nuclear débil son sensibles los neutrinos y aparece como radiación beta. Su límite de actuación está en el mismo nivel atómico como ocurre con la nuclear fuerte. Conviene también recordar que las partículas atómicas de los núcleos están a su vez formadas por los quarks en tríos. La fuerza electromagnética, que es bien conocida y ejerce su acción entre partículas cargadas eléctricamente, y la gravedad actúan y tienen su campo en grandes distancias. Pero la gravedad es algo de lo que solo se sabe el efecto porque establece la tendencia a la unión de las masas pero que se trata de identificar con el llamado gravitón o con ondas gravitatorias; el gravitón sería a la gravedad como el gluón a la fuerza nuclear fuerte. Tales ondas se generarían en importantes fenómenos gravitatorios, como el colapso de una estrella, y se extenderían en todas direcciones sin perturbación posible en el camino. La velocidad de propagación de la gravedad se la supone equivalente a la de la luz, y según se dio a conocer en 2007, algunos experimentos y observaciones científicas refuerzan tal creencia. Es decir, el campo de gravedad no es más rápido que la luz.
¿Pero que es realmente la gravedad? Antes de nada, como principio de simplicidad, la gravedad es el ente matemático que establece la consistencia del Universo. En uno de los modelos propuestos el espacio es una especie de invisible y ínfimamente estrecha red (forma imaginativa) que se curva ante la presencia de la materia. Esta imaginaria red estaría compuesta de finísimas líneas o hilos sin más dimensión que una longitud de 10-³³ cm, de naturaleza vibratoria, y que conforman la llamada teoría de las cuerdas, o cuerdas cósmicas; la misma data de de fines de los años 60 del Siglo XX (Grabiele Veneziano), aunque no fue hasta 1984 cuando se extendió un firme interés por ella con las formulaciones de John H. Schwarz y Michael Green, y se ha dicho que es la que buscaba y no encontró Einstein para explicar con una fórmula el encaje de todas las fuerzas del Universo, la teoría del todo. A su vez, cada cuerda estaría integrada por segmentos, o bien unirse a otras, y podría estar en línea o enrollada (es decir, tendida o anudada, por así decir). Su tamaño sería miles de millones de veces más pequeño que un protón (unas 10-¹⁴ veces el núcleo atómico más elemental; o bien 1/10³² mm) y en una de sus dos posiciones no tendría extremos por lo que estaría formando enlaces o lazos. La vibración (a casi la velocidad de la luz) y el enlace de tales cuerdas definiría la materia, que se integraría pues en las mismas, y son también denominadas hilos y filamentos. Dicho de otro modo, la cuerda formaría un fotón y una u otra partícula, un quark, a tenor de su distinta vibración.
De esta teoría, que apunta la existencia de 10 dimensiones de espacio más 1 de tiempo (también se citó al principio la cifra de 26 dimensiones, pero el modelo resulta inestable entre otras cosas; y hay quien sostiene que las 10 dimensiones incluyen ya al tiempo), es partidario el británico S. Hawking. De tales dimensiones, 7 no las conocemos y estarían ocultas o indetectables; los físicos dicen que están “enrolladas” sobre sí. Se dice también que la tridimensionalidad que conocemos se “desenrolló” al principio de la creación del Universo. Para entender esto hay que imaginar que la materia estaría formada por una cuerda de todas esas dimensiones de las que solo nos podemos apercibir en nuestro Universo, en nuestro plano existencial de 3, quedando el resto ocultas a nuestra posible percepción. Se cita la imposibilidad de que nuestro Universo, tal como es, pueda existir en planos de menos o más dimensiones; en el primer caso (2 dimensiones) por cuestiones evidentes, y en el segundo porque se ha calculado que la gravedad disminuiría con la distancia con mayor rapidez y haría perder a la materia la estabilidad necesaria en la dinámica que conocemos, tanto a nivel atómico como planetario.
Existe también la teoría de que es de otro modo. Seria entonces la misma red compuesta, no de hilos, sino de bucles, burbujas enlazadas o espuma (también en forma imaginativa) que actúan sobre la materia bajo la presencia de un gravitón. Este último sería una fuerza, una partícula supuesta pero aun no demostrada. Este bucle cuántico sería pues el componente del espacio y un ente tan diminuto y hoy aun indetectable.
También se especula sobre la existencia de una
quinta fuerza (e incluso una posible sexta fuerza), que
contrarrestaría la de la gravedad. Pero el nivel de repulsión de la
gravedad de tal fuerza sería sin embargo muy débil. Algunos
experimentos sobre gravedad parecen tener pequeñas distorsiones que
podrían quizá ser evidencias de tal fuerza. La gravitación se
explica y concreta en fórmulas matemáticas que funcionan si bien a
nivel atómico no se ha encajado aun. La mecánica cuántica tiene
sus leyes matemáticas que también explican el microuniverso
atómico. Pero la una no explica, no sirve para la otra. Además,
existe algún caso, como procesos en el caso de los agujeros negros
que se escapan a la comprensión matemática. El esquema, fórmula o
leyes físicas que expliquen todo bajo una matemática única que
enlace gravitación, electromagnetismo y las fuerzas nucleares, la
mecánica cuántica, es el punto principal que ha de abrir la
frontera cosmológica; sería la fórmula que enlazaría la mecánica
cuántica con la relatividad. Es el eslabón no hallado entre la
gravedad y el resto de fuerzas, la famosa fórmula o teoría que
buscaba Einstein a su muerte, la teoría del campo unificado o teoría
del todo, y el santo grial de la cosmogonía que trae o trajo en
jaque a los teóricos más famosos. También se plantea como el
enlace de la mecánica cuántica con la teoría general de la relatividad.
A este último respecto, en mayo de 2016 se menciona
la teoría de la holonomía cuántica, o QHT, que tiene por protagonistas
al físico Jesper Møller Grimstrup y al matemático Johannes Aastrup,
daneses que plantean un nuevo enfoque matemático a tal unificación de
relatividad, mecánica cuántica y gravedad. Tal nueva teoría prescinde
de la teoría de las cuerdas, de la supersimetría, de las teorías de las
dimensiones múltiples y la existencia de multitud de universos. A falta
de conocer un poco los detalles de tal teoría y lo que piensan otros
científicos sobre ella, no es posible comentar más de momento.
Pero antes de seguir, habría que hacer una reflexión: ¿que es la materia? Para Einstein es energía “congelada”. Esto nos sugiere que, por así decir en un supuesto imaginativo de un rayo de luz que es energía y no es tangible, si un trozo del mismo se cerrara en una curva, se capturara por una fuerza en un lugar, ¿se convertiría en más o menos tangible, es decir, en materia? En realidad, el enorme vació que hay entre electrones y el núcleo del átomo puede hacer imaginar que los seres materiales somos un volumen bastante “vacío”. Cada partícula y sus componentes de las que estamos formados son ¿una energía capturada?, ¿una energía en la que hubo una acción “congelante”? Que la energía se puede convertir en materia es conocido, pero lo que no se sabe es cuándo; se cree pues que la materia es una forma de compresión de la onda de energía.
Finalmente ya podemos pensar en si... ¿podrían haber sido las cosas de otra manera? Para algunos, si la velocidad inicial de expansión del Universo llega a ser otra, mayor o menor, la creación no sería la misma. A mayor velocidad se habría enrarecido el gas primordial de modo que no habrían aparecido luego las estrellas y a una velocidad menor la existencia misma del Universo se habría acortado en el tiempo sin posibilidad de llegar a generar vida.
Si las características básicas de nuestro Universo, las fuerzas y las partículas, fueran ligeramente distintas a como son, nada sería igual y no habría sino un universo estéril en casi todos los sentidos. La primera conclusión sobre la casual e idónea característica de todas fuerzas y partículas para la existencia del Universo tal cual lo conocemos, es una fuente inevitable que alimenta en la cosmología la sensación de una existencia planificada del Universo; de otro modo: parece apuntar a un ente Creador.
Los parámetros de las fuerzas fundamentales del Universo han resultado tan precisos y exactos que si, por ejemplo, la fuerza nuclear hubiera sido un poco más o menos fuerte nada sería como es. Eso nos lleva a pensar que, igual que ocurre luego con las posibilidades de existencia de diferentes tipos de galaxias, estrellas, planetas, donde unos son adecuados para crear materia (elementos más pesados que el H y el He), o para la vida y otros no, podrían existir una infinidad de universos paralelos donde las fuerzas fundamentales y las características de las partículas elementales fueran distintas. Hasta sería posible determinar matemáticamente las características de muchos de estos universos, que estarían aquí mismo, donde estamos, pero en paralelo, intangibles porque su tiempo sería distinto. El número de posibles universos podría en tal caso ser infinito, solo pensando en uno por cada una de las posibilidades de fortaleza, de intensidad, de variación de su entidad, de cada fuerza (nuclear, gravedad, electrodébil) o/y la de las partículas elementales. En estos universos paralelos podría también existir vida, y tan variopinta como queramos imaginar; quizá en algún futuro las matemáticas podrán determinar sus características.
Una teoría sobre la creación en el Big Bang dice algo muy parecido que antes de desarrollarse la inflación del Universo se generaron o dividió la original en varias burbujas inflacionarias dando lugar a infinitos universos completamente distintos e intangibles entre ellos. Es decir, el Big Bang podría haber creado a la vez que el nuestro, otros universos paralelos que existen aquí mismo, pero que no podemos comprobar.
También
existe otra teoría que especula sobre la continua creación de
distintos Big Bang que darían lugar a distintos universos paralelos.
Estos Big Bang serían creaciones puntuales y localizadas del vacío
cuántico, de su fluctuación, y una inflación consecuente, según
los físicos (Universidad de Chicago, 2004) pensadores de esta teoría.
Aun otra
posibilidad es la del multiverso,
en el que tras el Big Bang el
Universo se hubiera fragmentado en varias regiones, hoy desconectadas
entre ellas, y con propiedades físicas que podrían ser distintas. Un
Universo en su expansión se podría haber fragmentado y sus trozos
dejarían de dilatarse para comenzar a hacer lo contrario: contraerse
hasta llegar cada uno al ya citado Big Crunch. Luego, cada parte
concentrada volvería a estallar en un nuevo Big Bang, dando lugar a
múltiples universos. Hay varios modelos de multiverso. De los posibles
universos resultantes podría haber solo algunos, o uno solo, que
pudiera tener vida inteligente, siendo el resto de todo tipo (estériles
totalmente, parcialmente, compuestos de agujeros negros solo, una sopa
de partículas solo, un mar de átomos sin gravedad, etc., etc.).
De la existencia de universos sucesivos anteriores a
nuestro Big Bang es partidario Roger Penrose y su equipo quienes tras
estudiar la radiación de fondo dicen haber vislumbrado lo que han
llamado “puntos anómalos” que serían una especie de “huellas” de la
existencia de un Universo previo al nuestro; los mismos los han
bautizado como “puntos de Hawking”.
Por otra parte, ateniéndonos al Universo existente y excluyendo ya las posibles alternativas en su creación, el mismo podría haber nacido y estar condenado a morir en un Big Crunch en un ciclo infinito o progresivo pulsante. La posibilidad de un Universo pulsante nos daría sucesivos Big Bang con sucesiva pérdida de materia según la disipada por algunos agujeros negros en creación o hacia otros Universos paralelos. Hay quien –de cosmólogos se trata- piensa que en realidad no hubo Big Bang y que la expansión partió de un punto con el Universo en un estado de concentración muy caliente y dominado por radiación.
En la teoría de un Universo pulsante con Big Bang seguido de Gran Crujido, o Gran Implosión, y así sucesivamente, se cree que quizá el proceso no sea eterno porque el desorden inicial, se dice, crecería en cada comienzo.
Existe
también la teoría de que el Universo solo es uno entre multitud
pertenecientes a otro, posiblemente mayor, en otra dimensión. Y del
nuestro, por ejemplo de los agujeros negros, nacerían otros
universos (quizá menores) en otras dimensiones paralelas de
características distintas, si bien esta teoría ha sido declarada
errónea en 2004 por el -primero defensor de la misma- británico
Hawking; es decir, un Big Bang podría ser el resultado de la
compresión de materia a un nivel determinado, que así cambiaría el
nivel vibratorio de la mínima unidad constitutiva de la materia, y
generaría un universo paralelo y distinto (distintas fuerzas
elementales, distintas características de las mismas, etc.). Es como
si existiera un universo por cada nivel de longitud de onda o
frecuencia de la mínima entidad básica cuántica; es algo parecido
a cuanto se expuso unos párrafos atrás. Estos universos se podrían
luego destruir del mismo modo en un Big Crunch, y muchos podrían ser
completamente caóticos, sin posibilidad de generar estrellas, o
contrariamente tener una regularidad o un equilibrio superior al
nuestro. En todo caso, si los agujeros negros generaran un universo en
otra parte, en otra dimensión, cabe pensar que su masa se esfumaría o
disiparía a la vez en nuestro Universo; y nada se ha observado al
respecto de momento.
Otra
posibilidad, que podría también parcialmente encajar en la teoría
anterior, es que todo el Universo no fuera más que un ente, o un
ínfimo átomo, o una especie de célula, de algo inimaginablemente
superior. Entonces podríamos estar dentro de una sucesión de
infinitos universos contenidos en otro mayor que a su vez formaría
parte de otro superior y así sucesivamente; a diferencia del caso
del párrafo anterior, estos universos no serían paralelos sino
parejos y contenidos unos en otros. ¿Pero es posible para un ser
humano asimilar estos “tamaños”, estos entes, cuando es casi
imposible discernir el volumen de nuestro Universo?
En 2024 aparece aun otra teoría más, incomprobable
de momento: la de un Universo que se expande porque va absorbiendo a
otros muy pequeños, llamados “universos bebé” o recién nacidos. Pero
esto no tiene mucha lógica porque si estos otros universos son de la
misma materia, o están en el mismo plano existencial, ya estarían de
hecho en nuestro Universo, aun separados a gran distancia. Y si no lo
están, por tener otro tipo de materia, no serían tangenciales ni
podrían tocarse, por lo cual no podrían fundirse con el nuestro. Así
que el problema lo resuelven una vez más sacando de la chistera la
creación expresa para el momento de toda una colección de
miniuniversos. No se crean con un Big-Bang como el nuestro, porque su
expansión sería notoria; por eso lo reducen a un tipo de miniuniverso.
Como sea que actualmente la expansión achacada a la energía oscura se
está acelerando, ese proceso creativo de miniuniversos debería estar
aumentando notablemente y ser cada vez más evidente. Pero los
astrónomos no han detectado nada, y eso que, ¿no crearían ondas
gravitatorias que se deberían haber captado ya?
También, para entender las inexplicables fuerzas gravitatorias que se observan, para explicar las macroestructuras del Universo, se ha apelado a otra teoría, la ya mencionada de las cuerdas, entes invisibles pero de efectos notables. La distribución de estrellas y galaxias en el Universo no es uniforme y requiere así una explicación intervencionista de alguna fuerza. De aquí la suposición de las cuerdas.
Sin embargo, las cuerdas no son más que teorías pues nada se ha demostrado al respecto. Ello ha llevado a que no falte quien la califique como un “colosal fracaso”.
La teoría de las supercuerdas, que es cuántica (y es la misma de las cuerdas con el concepto de la supersimetría), con origen en los años 70 (1971) y extendida en los 80, tiene que ver en este campo al tocar al cuántico para tratar de explicar la configuración última de las partículas, y es interesante además al tratar sobre las dimensiones y otros posibles universos, y sobre todo hace posible la gravedad, que en las teorías cuánticas no logra encajar. La teoría de las supercuerdas cita la existencia de una sola partícula elemental o cuerda de 9 y hasta 10 (u 11) dimensiones; distintos niveles de vibración de una cuerda darían lugar a distintas partículas. Se piensa pues que tales cuerdas podrían ser en un particular estado el ente que forma un electrón, un fotón, etc. Para justificar las restantes dimensiones se iría a las propiedades de las cuerdas y de distintas configuraciones de las mismas surgirían las distintas partículas elementales, tanto leptones como quarks. O sea, que los quarks tendrían una composición vibratoria o estarían formados a su vez por partículas de carácter meramente vibratorio. Se expresa del mismo modo como que las partículas más elementales de la materia y energía son tales cuerdas enrolladas o bajo un estado determinado de vibración, una fluctuación de energía fractal que –se dice- se originaria en el vacío. Aunque puede que tal vacío en tal caso ya no lo sea tanto, puesto que en el vacío absoluto es la nada y la nada es inexistencia así que, ¿cómo puede fluctuar lo inexistente? ¿No habría que cambiar la palabra vacío por espacio? que, aunque aparentemente vacío, contenga la gravedad.
Las cuerdas habrían sido creadas en el principio, con el Big Bang, y serían de distintas longitudes y estarían más o menos dobladas, enroscadas, enlazadas, estiradas, aunque con la expansión del Universo se cree que tenderán a enderezarse. Su distribución sería dispersa. Aventurando su tamaño se ha dicho que tendría un diámetro 100.000 billones (o 100 trillones, según otra fuente) de veces menor que el protón, pero el efecto masivo de unos Km de cuerda sería tan pesado como todo nuestro planeta; o bien, 1.000 billones de Tm por cm de cuerda. Su efecto gravitatorio se propagaría a la velocidad de la luz. La teoría de las cuerdas busca justificar con las mismas la formación de las primeras galaxias y explicar que la forma curvada (en circunferencias de 100 años-luz) de las cuerdas haría acumularse la materia para iniciar tales galaxias, y grupos de ellas. Al liberar su energía gravitatoria, las cuerdas de tales comienzos irían desapareciendo. Pero recordemos que, de momento, solo son conjeturas...
Otro
tipo de entes teóricos, en las hipotéticas propiedades del
Universo, son los agujeros
de gusano (worm
holes)
que
fueron enunciados para poder explicar el factor de la constante
cosmológica,
creada a su vez en relación a la expansión del Universo para
explicar o medir la repulsión en el cosmos vacío de una energía.
El primer teórico que aventuró sobre ellos fue en 1916 el físico
austriaco Ludwig Flamm (1885-1964) tras estudiar las fórmulas de
Einstein. Son también llamados puentes de Einstein-Rosen. Los agujeros
de gusano serían una perturbación del espacio-tiempo
causada por cuerpos de grandes masas (como un agujero negro y un
hipotético gusano blanco), una especie de pasadizos en enlazarían
de modo instantáneo zonas distantes del Universo, o de dos
universos; algo así como la puerta del film Stargate,... pero a
nivel cuántico. Es muy difícil pensar que a otro nivel tal fenómeno
pudiera trasladar materia (una nave espacial, por ejemplo)
instantáneamente de un lugar a otro en el Universo. Lo que no impide
que el fenómeno tuviera el mismo efecto de algo más probable como
serían pliegues del espacio-tiempo, pero esto es otra cuestión,
aunque también difícil. Es decir, suponen algunos que la inimaginable
concentración de materia de un agujero negro podría distorsionar tanto
el campo del espacio-tiempo que comprimiría el mismo en un pliegue tan
grande que la materia tragada y ultraconcentrada por el agujero negro
podría aparecer como un pequeño Big-Bang en otro lado del Universo cuyo
otro extremo de tal enlace podría ser llamado agujero blanco.
Cualquiera podría pensar que con la cantidad de agujeros negros que han
sido detectados, más los que se supone que estadísticamente hay, el
Universo estaría lleno de agujeros de gusano, o agujeros blancos, cosa
que, a decir de los astrofísicos, es de dificilísima detección pues
suponen que los mismos duran unos segundos solo (lo que ya no los hace
parecerse tanto a ningún mini-Big Bang. Su manifestación suponen que se
produce en emisiones repentinas y breves de rayos gamma (como podría
ser el GRB 060614, ocurrido en 2006 durante 1 min 42 seg a 1.600
millones de años-luz de nosotros en la constelación del Indio, sin que
se haya observado en el sitio un objeto emisor, como una supernova;
pero no han hallado forma de comprobarlo).
Pero los agujeros de gusano no son reales fuera de
la cuántica, y los agujeros negros, distintos, claro, sí lo son a
escala material. En resumen, un agujero de gusano podría ser algo muy
pequeño, a nivel cuántico, que aparece y desaparece estrangulado de
repente. En cambio, el agujero negro es una concentración de materia
que no deja pasar nada a ninguna parte que no sea a él mismo y tardará
en evaporarse muchas veces la vida actual del Universo. Que en ambos
casos haya pliegues del espacio-tiempo es otra cosa diferenciada.
También cabe considerar otra teoría más, la llamada
Teoría M, con la que partiendo de las antes citadas teorías de las
supercuerdas, algunos físicos teóricos tratan de avanzar en cosmología
y las fuerzas de la naturaleza, y da lugar a considerar un nuevo tipo
de ente, las branas. Tal teoría tiene en Edward Witten uno de sus
principales postuladores y data de finales del Siglo XX.
Las branas son una especie de membranas -por decirlo
de alguna manera- de carácter infinito que se manifestarían como
distintos universos paralelos o de distintas dimensiones, entre los que
estaría la nuestra. Su efecto más palpable sería el de explicar el
gravitatorio observado en la materia oscura y también se ha especulado
con la posibilidad de que el propio Big Bang hubiera nacido de un
choque o contacto de branas. A las branas, al estar presentes en varias
dimensiones a la vez, manifestadas en su longitud, se les aplica la
denominación de p-branas, siendo p el número de dimensiones en las que
están (n=3 por ejemplo significa que están en tres dimensiones), aunque
se cree que todas son iguales. Según estos postulados podría haber una
infinidad de universos, paralelos y de distintas características, pero
todos bajo el efecto de la gravedad, cuyo valor decaería al
traspasarlos (hasta la 11 dimensión); no así la materia y la energía
que permanecerían. Pero la materia podría afectar por la gravedad al
espacio-tiempo del universo paralelo. Se han propuesto que las branas
pueden ser de dos tipos (P y D), según su dimensionalidad e incluyen
por ejemplo un primer tipo que sería una cuerda (1-brana). La brana “D”
sería uno de los tipos concretos de la “P”. La teoría de las branas es
una propuesta del físico americano Joseph Polchinski.
En base a esta teoría, para algunos cosmólogos,
nuestro Universo, una membrana casi esférica, podría tener sus límites
en una especie de dinámicas ondulaciones. La separación entre las
branas (entre los planos paralelos) podría ser tan pequeña como tan
solo unas millonésimas de milímetro. Por extensión de sus
características, a los agujeros negros les han llamado branas negras,
interpretando que son o que evolucionan hacia un pliegue en negro de
las dimensiones del espacio-tiempo; e incluso se les ha propuesto
relación con la física del estado sólido y la mecánica de fluidos. De
tal modo, un agujero negro se ha propuesto que podría ser un simple
punto o partícula sin dimensión pero convertible en una cuerda de una
dimensión y luego con otra más en un plano-brana.
Las posibles combinaciones de todas estas teorías de
las cuerdas y demás dan lugar a cálculos de los que deducen la posible
existencia de distintos universos con diferentes leyes de la física. Y
su número potencial, asómbrese cualquiera, anda por los 10⁵⁰⁰ universos
posibles...
En dependencia de la cantidad de materia que contenga, y de su densidad, el Universo puede sufrir una expansión infinita o llegar a un límite y empezar a contraerse en un proceso inverso al Big Bang, en cuyo caso todo acabaría en una especie de enorme agujero negro; es el denominado modelo de Universo cerrado. La expansión seguirá si hay poca masa (Universo abierto) y se detendrá si hay cierta cantidad. Es solo una cuestión de gravedad y densidad, o si se quiere de velocidad de expansión y frenado de la misma o desaceleración, e inherentemente a todo ello es cuestión de la masa, sobre todo de la de la materia oscura. Los datos disponibles indican que la masa existente en todo el Universo es la conocida más la supuesta materia oscura, y si es ésta la masa final entonces no hay suficiente para detener la expansión; en tal probable caso no habrá Gran Crujido, el Big Crunch, y la entropía, con la disipación de toda energía, llevará a una muerte lenta y eterna al Universo. En cualquier caso, en los próximos miles de millones de años el Universo se irá enfriando poco a poco, y las galaxias se irán alejando unas de otras, o por grupos, hasta distanciarse tanto que se llegarán a perder de vista.
El inicio de la expansión del Universo se produjo hace menos de 14.000 millones de años y todo el proceso se puede interpretar hacia atrás hasta 1/10^35 segundos; o sea, falta una pequeña fracción de segundo, 1 dividido entre 100.000 quintillones (1/100.000. 000.000. 000.000. 000.000. 000.000. 000.000 seg), para llegar al momento cero, el instante que cumple el principio de “hágase el Universo...”.
Ahora estamos pues en el momento casi 14.000 millones de años. Poco más da, a los efectos de lo que vamos, que sean 13.000 o 15.000 millones de años. Veamos porqué.
¿Qué ocurrirá en los tiempos futuros? Si el proceso actual de expansión del Universo continua, dentro de 10^14 años las estrellas se habrán apagado para nosotros y a los 10^17 años las mismas habrán perdido sus planetas. Para entonces el Universo visible habrá desaparecido literalmente al quedar fuera de nuestro alcance.
Dentro de 10^19 años (año 10.000.000.000.000.000.000, o sea, año 10 trillones), las estrellas de las galaxias se habrán dispersado, al ir alejándose del centro de las mismas, en un 90 %. En el centro de las galaxias quedará solo un agujero negro. Es decir, las galaxias conforme las vemos hoy se habrán destruido. Las mismas estrellas se habrán extinguido, apagadas totalmente, y más tarde irán perdiendo sus planetas de modo progresivo. Un poco más y el Universo será frío, congelado, con el calor residual ya disipado. Solo sobrevivirán, además de los agujeros negros, algunas estrellas de neutrones.
Dentro de 10^32 años (año 100.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000, o sea, año 100 quintillones), la desintegración nuclear, según se cree, le llegará a las estrellas y los planetas, quedando solo fotones y neutrinos; esto hay quien lo ubica para más tarde, en el año 10^120. También subsistirán entonces los agujeros negros, pero asimismo su masa irá disminuyendo.¿Será
así? ¿Llegará el Universo a tal final eterno? Hay quien lo duda,
pues opina que aparecerán factores no conocidos aun o que no se han
presentado todavía.
Otra circunstancia es la de que el Universo llegue a un punto en que se estabilice y aparentemente deje de expandirse porque ya perderemos de vista todo, excepto nuestra galaxia y las de nuestro entorno. Esto podría ocurrir dentro de 3.000.000 de millones de años según los físicos Lawrence Krauss y Robert J. Scherrer.
En enero de 1969, astrónomos americanos de Carnegi lanzaron la teoría de un Universo pulsante, que nacía explotando y moría en una implosión para luego volver a estallar... El período calculado entre nacimiento y muerte lo cifraron en 80.000 millones de años. Las características de los sucesivos universos renovados podrían ser distintas, con leyes físicas diferentes.
En el modelo de Universo cerrado, modelo que hoy tiene muchos menos partidarios, el proceso de contracción comenzaría, tras el freno de la expansión, con una lenta reagrupación de galaxias, seguida de su colisión. Luego la secuencia de compresión se iría acelerando cada vez más, aumentando la temperatura notablemente, las estrellas se destruirían mientras los agujeros negros se irían tragando todo, incluso unos a otros hasta formar uno solo que contendría todo el Universo, masa y energía. Finalmente, a una velocidad vertiginosa, todo se contraería en un solo punto de infinita densidad... para luego quizá volver a explotar en otro Big Bang? Los cálculos para el inicio del Big Crunch simple cifran su comienzo en un mínimo de 40.000 millones de años a partir de la era actual.
En cualquier caso, la cuestión del fin del Universo se reduce a dos posibilidades: que haya tenido un principio o que haya existido siempre. Es decir, aunque haya tenido un principio en el Big Bang y pueda llegar a un período contrario hasta la contracción total, o bien expandirse eternamente y diluirse o disiparse, podría ser parte de un ciclo y ser un ente eterno.
En 2003, según físicos americanos, si la energía oscura del Universo que se supone el origen de la aceleración en la expansión del mismo es muy fuerte, tal dilatación podría producir el desmembramiento de todos los entes del Universo, incluso de los núcleos atómicos, en el plazo de 35.000 millones de años tan solo. La propia Vía Láctea se rompería unos 60.000.000 antes de tal final y por supuesto el Sistema Solar unos 3 meses antes.
Sea como fuere, podemos estar tranquilos, vamos a estar un poco lejos en el tiempo.
= ESPACIO,
TIEMPO, GRAVEDAD Y VELOCIDAD.
A partir de la conocida fórmula de Einstein E=mxc² y de sus Teorías de la Relatividad se indican muchas cosas, no solo que la energía (E) equivale a la masa (m) por cuadrado de la velocidad de la luz (c), sino: que en la fusión nuclear resulta una masa menor porque parte de ella se transforma en energía (1 solo gramo proporciona en el proceso nuclear estelar 9x10^20 ergios, o 25 millones de kW/h, de energía); que una masa a una velocidad cuanto más elevada (por debajo del 10 % de la de la luz no tiene efecto notable) aumenta de masa y disminuye de tamaño, y el tiempo se reduce para la misma respecto a otra en estado de reposo; que la masa y la energía se intercambian, y así que la energía puede transformarse en masa como se ha visto en los aceleradores de partículas, y por supuesto la masa en energía. Por otra parte, visto de otro modo, espacio, tiempo y gravedad, son el resultado a su vez de las características o propiedades a nivel cuántico de la materia.
En resumen, nos dicen que espacio y tiempo son elásticos en función de la cantidad de movimiento, y también la masa. Una masa en movimiento altera la geometría o curvatura del espacio y el tiempo; en velocidades de rotación de un ente el espacio-tiempo se vuelve elástico, y es estirado y retorcido (efecto llamado de Lense-Thirring).
También significa ello que todas esas variables pueden depender de la posición del observador. Nuestro vivir puede aparentar una notable quietud –terremotos aparte- cuando en realidad vamos a enormes velocidades por el cosmos y sabe Dios en dirección hacia dónde y con un trayecto nada rectilíneo precisamente. Vean:
La Tierra gira en el Ecuador a casi 1.700 Km/hora.
Además, va en su órbita a una velocidad media de casi 108.000 Km/hora.
A su vez, todo el Sistema Solar se desplaza a razón de unos 666.000 Km/hora girando en su brazo de la Vía Láctea.
A partir de aquí nos podemos perder porque la galaxia también se mueve pero según el punto de referencia, ya externo, será a más o menos velocidad.
El grupo local de galaxia también va hacia alguna parte; y los cúmulos y supercúmulos asimismo se mueven, y no sabemos si el Universo entero quizá esté girando y tenga además su propio movimiento de traslación ¿? En concreto, el grupo de galaxias donde está la nuestra avanza hacia el Gran Atractor a 600 Km/seg.
En suma, el vector de desplazamiento, o sea el trayecto y la velocidad, es una relativamente compleja combinación de todos esos movimientos, lo que significa la evidencia de la relatividad de la velocidad o dinámica, dirección y posición que tenemos u ocupamos en el Universo.
La gravedad, vinculada a la masa, tendrá su manifestación en las ondas gravitatorias cuando la masa es acelerada y su velocidad sería la misma que la de luz. Tal masa, por tal efecto emisor, se supone que pierde energía. Estas ondas podrían ser orientadas (o polarizadas) respecto a un plano. Pero para poder emitir ondas apreciables la masa necesita ser tan grande que solo la parecen tener las estrellas. Las ondas serán tanto más intensas cuanto más denso y acelerado sea el objeto emisor. Pero en realidad nada se ha comprobado con garantía al respecto puesto que tales ondas son en extremo débiles, tanto que es muy difícil su detección.
Del
tiempo, los físicos han establecido las llamadas flechas o
direcciones del tiempo y las dividido en 4 o 5 tipos: la flecha
cuántica, que se refiere a la irreversibilidad de la desintegración
de algunas partículas; la flecha ETM en la que los fenómenos
electromagnéticos fluyen siempre hacia el futuro; la flecha
termodinámica, por la cual la energía va siempre de los cuerpos
calientes a los fríos; la flecha cosmológica en apunta la expansión
del Universo; y la meramente psicológica (deberían llamarla mental)
del hombre por la que conocemos y recordamos el pasado y desconocemos
el futuro. Parece una perogrullada de los físicos, pero así ven el
tiempo... total para decir que el mismo solo fluye en una sola
dirección, en realidad pasado ==>
futuro, y que hay fenómenos que acompañan, como la termodinámica y
la expansión del Universo, que solo tienen un sentido en esa
dirección. ¿Acaso si el Universo comenzara a contraerse, el tiempo
iba a ir en sentido opuesto? A pesar de lo que digan importantes
personajes al respecto resulta muy difícil de creer porque los
átomos y sus partículas, ¿iban a retrotraerse a posiciones
exactamente anteriores, a recomponerse la materia y la energía en
sus procesos de alternancia, iba a haber resurrecciones de seres
vivos, vuelta al seno materno, y recordar el futuro en dirección a
un “desconocido” pasado? Esto es muy difícil de aceptar, ¿o
acaso se refieren los que creen posible la inversión de la flecha
del tiempo a un sentido del tiempo distinto, a otra cosa? Sí, en
cambio, resultaría admisible y lógicos saltos en el tiempo hacia
adelante por efecto de los hipotéticos pliegues en el espacio-tiempo,
pero sin posibilidad de retorno, aunque esto es otra cuestión.
Además, según estudios de la
Universidad de Varsovia dados a conocer en 2013, se cree que las
distintas partículas elementales pudieran no estar todas bajo las
mismas condiciones del espacio-tiempo, especialmente las partículas sin
masa. Por tanto puede que interseccionen con distintos espacios-tiempo,
puede que estén en diferentes planos de espacios-tiempo, lo cual, de
ser cierto, ha de tener una repercusión trascendental en la física. El
estudio matemático apuntó que las partículas sin masa podrían estar en
un espacio-tiempo distinto, que tuviera las mismas propiedades en
cualquier dirección.
Por otra parte, existe también un aspecto nada disparatado pero de difícil comprobación sobre el tiempo (también extensible a la materia en cuanto a la filosofía de que se trata) y es que si el mismo sufriera una alteración que en lo absoluto lo hiciera dejar de ser una constante, no tendríamos medios para detectar la variación porque nuestros puntos de referencia, nuestro tiempo, también estarían alterados en la medición. Dicho de otro modo, si el tiempo sufre fluctuaciones también las sufrirán los aparatos y sistemas de medición y por tanto serían inútiles para apreciar las alteraciones. Sin embargo, es factible la apreciación de alteraciones para un hipotético observador externo, no influido por el mismo efecto. Parece una perogrullada y encierra sin embargo un principio sobre la distinta evolución del tiempo para distintos observadores en movimiento.
La materia y la energía no pueden viajar a una velocidad superior a la de la luz (casi 300.000 Km/seg). Un objeto a una velocidad superior a los 250.000 Km/h, cada vez más cercana a la de la luz incrementa cada vez más su masa, con lo que aumentar su velocidad implica un mayor gasto de energía y el espacio se comprime mientras el tiempo se ralentiza cada vez más. A partir de los 290.000 Km/h, los parámetros citados se acentuarían. Todo ello, en cuanto a masa y energía, con tendencia al infinito, resultando la detención del tiempo al llegar a cerca de los 300.000 Km/seg. Bajo tal perspectiva hay quien considera al tiempo como la cuarta dimensión. Como en el caso de la gravedad, a la que se le supone una partícula no descubierta pero identificada teóricamente como el gravitón (de spin 2 y sin masa), el tiempo también ha sido objeto de especulación en este sentido y se ha mencionado que estaría formado por un cuanto igualmente no descubierto.
Cabe
redefinir que el tiempo es la progresión del movimiento de las
partículas o de la dinámica cuántica, y su unidad básica sería
la del mínimo ciclo vibratorio u ondulatorio del mismo. Tal unidad, que algunos llaman cronón,
es una fracción muy pequeña del segundo y podría ser la constante
del límite del tiempo de Planck que es 5,391x10^(-44)
seg; la distancia recorrida por un fotón en ese tiempo es igual a
1,62x10^(-32)
mm y es llamada longitud de Planck u hodón. Por su parte, el segundo se define como 9.192.631.770
oscilaciones de la radiación equivalente a la transición entre dos
niveles hiperfinos del estado fundamental del átomo de cesio 133.
Hasta 2004 solo se habían logrado medir 100 attosegundos, unidad
esta última que se define como la milmillonésima parte de la
milmillonésima parte de 1 seg. A su vez, la medida del espacio en
los llamados cuantos
que lo forman se define como 10⁽⁻³⁵⁾ m².
Stephen Hawking sostiene en su libro “Historia del
Tiempo. Del Big Bang a los Agujeros Negros”, en el primer párrafo de su
capítulo 10, “Agujeros de gusano y viajes en el tiempo”, que “En
el capítulo anterior discutimos por que vemos que el tiempo va hacia
adelante: por que el desorden aumenta y por que recordamos el pasado
pero no el futuro.” Sin embargo, pese a la autoridad que fue en
este campo de la física, no parece congruente que sea el tiempo el que
“va hacia adelante” porque aumente el desorden,
sino exactamente lo contrario. El desorden, la entropia, es una
consecuencia que necesita del tiempo en tanto que el mismo es resultado
de la dinámica cuántica, de la evolución dinámica de las partículas, o
si se quiere de las vibraciones de las cuerdas o de lo que sea. Por
ejemplo, un electrón evoluciona en su nivel sobre un núcleo atómico,
otra partícula vibra sobre sí en su spín, los gluones apelotonan unos
quark, etc. Así que si cada partícula evoluciona de esa manera no es
porque en su conjunto haya más desorden, sino porque está en su propia
naturaleza de partícula concreta, con sus características propias
(spín, etc.). Y como consecuencia del ejercicio de sus características,
las partículas, los átomos, etc., en su conjunto tienden en sus
combinaciones hacia el desorden según las condiciones externas (calor,
radiación). El tiempo no lo marca ningún conjunto de materia sino el
continuo de la dinámica de todas y cada una de las partículas
elementales. Y cada partícula tiene su propio tiempo. Si sometemos a un
grupo de partículas a una aceleración acusada, su dinámica, su tiempo
se enlentece, conforme al principio de la Relatividad de Einstein. No
por aumentar el desorden progresa, se acelera o enlentece, la dinámica
de las partículas, el tiempo.
Es
decir, el tiempo es el cambio sucesivo y simultáneo en el estado de
las partículas más elementales; es en definitiva la duración de
una vibración básica. Como sea que tal cambio o sucesión de
movimientos es continuo, solo una inversión o localización exacta
de toda esa evolución cuántica en todos los átomos del Universo en
la exacta posición precedente podría dar lugar a una inversión
real del tiempo. Y ello, desde luego, no parece posible por lo que la
dirección pasado-futuro es inmutable e inevitable; los viajes en el
tiempo parecen pues imposibles porque parece imposible que el estado
vibratorio de todas las partículas del Universo de un momento
determinado (y de todos los tiempos) estén detenidas en espera de
otra continuidad o de una inversión de su movimiento; tal
calificación con palabra “imposible”, tantas veces tragada por
la ciencia con nuevos descubrimientos, aquí nos la da el hecho de
que no hay datos, ni prueba alguna, ni lógica o hipótesis serias,
realistas, sensatas, sostenibles al respecto, pese a que hay quienes
sostienen que las leyes de la física o las matemáticas ¿cuáles?
no lo impiden. Además, si fuera posible, tal inversión o remonte a
un pasado, al encontrarnos en la misma posición no recordaríamos el
futuro y por tanto no sería posible identificar tal estado… (Las
partículas que forman los átomos de la mente no tendrían la
información del futuro al devolverlas a una posición anterior y por
tanto desconocerían que estaba ocurriendo el viaje; no habría
demostración).
Por
lo tanto, cuando se habla del espacio-tiempo, el mismo no es real
físicamente sino que es una forma de expresar un modo local de la
relación del tiempo en ese espacio concreto. Por eso puede haber
quien sostenga que el espacio-tiempo es una mera creencia conceptual
explicativa para entender lo que ocurre a nivel local, pero no es
real. En
definitiva, el tiempo depende del estado dinámico de las partículas
de la materia de un lugar concreto, y no de la preexistencia de un
espacio solo que sin materia no tiene tiempo.
En
una pequeña divagación cabe añadir que tal vibración básica en
la materia será una constante del tiempo para nuestro mundo, pero si
existieran otros mundos paralelos tal constante tal vez sea otra
distinta para cada uno y por tanto el tiempo sea también diferente,
y su materia no se interfiere con la nuestra, como no interfieren dos
frecuencias distintas en las telecomunicaciones y sin embargo pueden
estar en el mismo espacio. Quizá sean mundos
superpuestos e intangibles entre sí, al menos en una dirección de
la escala (en cuyo caso nuestro mundo sería el último, puesto que
aparentemente al menos, desde aquí, no vemos otro), y podría haber
alguno donde el tiempo esté detenido o casi detenido; bastaría con
que sus partículas más elementales no tuvieran apenas dinámica o
fueran de movimiento o dinámica con tendencia a cero, aunque esto
plantea aparentemente a la vez el problema de una falta de actividad
en tal mundo a menos que existan en el mismo más partículas con
otras características no imaginadas por nosotros. Si existe otro
universo paralelo con partículas que tienen otra cadencia, las mismas
no interferirán, no sintonizarán, con las de nuestro Universo, y su
tiempo será distinto al nuestro; por ejemplo, un día de su tiempo
podría ser como cien o mil años de los nuestros.
En todo caso el tiempo se
deriva de la dinámica cuántica que es tanto como decir que se produce
como consecuencia de la energía acumulada en su creación en las
partículas elementales. El tiempo (todo) se acabará cuando se acabe la
vida de las partículas clave. La vida de un protón es de 10³⁰ años en
números redondos, un quintillón de años, o unos 7x10¹⁹ veces la actual
vida del Universo; y la del electrón es similar, o los neutrinos. Hay
otras partículas en cambio cuya vida es muy corta.
Algunos especuladores, que no físicos
ni matemáticos, mezclan, por así decir, churras con merinas, en estos
asuntos, y hasta confunden conceptos distintos, como gravedad y
velocidad, o citan las posibilidades de las alteraciones en el tiempo
ignorando el factor energía, el necesario e inconmensurable para los
cambios.
Además, la secuencia del tiempo no es uniforme o simultánea en todos los entes del Universo, sino que depende del movimiento de los mismos, de forma que se produce una falta de sincronía entre ellos. Así, según la velocidad de un ente, el tiempo transcurre distinto que para el resto, tal como especifica la mecánica relativista de Einstein. El tiempo es en definitiva relativo, tanto a nivel físico como a nivel mental. Para pensar cómo podrían ser otras dimensiones paralelas en las que intervendría el tiempo de alguna manera hay que comenzar a pensar por los efectos cuánticos e imaginar, por ejemplo, que pasaría si las partículas tuvieran una energía vibratoria distinta, un comportamiento distinto, unas características diferentes. Pero éste es ya un camino demasiado complejo y largo para los propósitos de este apartado.
Por otra parte, para Einstein, la gravedad, más que una fuerza es una consideración del espacio y el tiempo, una distorsión del mismo. La gravedad ejerce su efecto de propagación con velocidad igual a la de la luz; este hecho, postulado por Einstein, fue comprobado en 2002 por radioastrónomos observado el efecto del planeta Júpiter sobre la radiación de un quasar, si bien también hubo quien advirtió luego de que la comprobación era incorrecta.
El espacio-tiempo se curva ante la presencia de la masa y la velocidad y determina así el efecto que conocemos por gravedad. Un objeto sigue pues las líneas del campo espacio-tiempo a tenor de los factores masas-velocidad; masas: la propia y la del ente principal que determina el campo. Para la luz, también es válido; se curva al pasar por cuerpos de gran masa. Esto ha dado lugar al efecto llamado de lente gravitatoria en algunas observaciones astronómicas, de modo que algunos objetos que están detrás de algún cuerpo muy masivo nos ofrecen una imagen doble (o múltiple) y simétrica; la luz, curvada, llega por los dos lados del objeto causante con su masa del engaño óptico. Además, la lente gravitatorio también amplifica la luz y por supuesto, al distorsionarla, aparentemente altera la verdadera posición del origen de la misma.La fórmula que calcula el ángulo de desviación de la luz (entre la posición aparente y la real) es dada por 4xgxM / Dxc^2, donde g es la constante universal de gravitación, M la masa de objeto causante de la desviación, D la distancia entre M y la trayectoria de la luz que se desvía, y c la velocidad de la luz. La velocidad de la luz se considera en su grado medido en el vacío, es decir 299.792,458 Km/seg, puesto que en el aire baja a 299.500 Km/seg y en el agua a 225.000 Km/seg.
Para el caso de que la falsa imagen formada sea relativamente anular, el efecto se llama anillo de Einstein; el primero detectado, denominado MG 1131+0456, fue observado en 1987 con origen en un cuásar situado a 10.000 millones de años-luz. Cuando un cuerpo de gran masa se desplaza a gran velocidad se crea una onda de gravedad; por ejemplo en una explosión de una supernova. El campo así generado se denomina de Lense-Thirring, nombre de los físicos austriacos que lo propusieron, y su característica es que mueve o desplaza también al ente espacio-tiempo circundante, si bien de forma leve.
Por
otra parte, cuando se habla de espacio, incluso del más absoluto
vacío, el mismo es potencialmente energético. El espacio y el vacío
mantienen la presencia de la gravedad y poseen pues una energía.
La gravedad es uno de los mayores
misterios, junto a la energía oscura, con la que se interrelaciona, de
la cosmología. Mientras que en un agujero negro nada escapa del mismo,
ni la luz, la gravedad que genera sí que se hace notar fuera del mismo,
sí que “escapa” e influye de manera contundente y absoluta. Por tanto
se podría pensar que la gravedad está más allá de nuestra comprensión y
del propio Universo. De hecho, si existe otro universo, o universos,
paralelos, de otra materia distinta, de otra física, pero superpuestos
al nuestro, puede que la gravedad lo influya o nos influya; es decir,
que “nuestra” gravedad esté relacionada con ese otro universo paralelo
entra dentro de lo posible. A tal respecto, en 2022 se plantea
(“Symmetry of Cosmological Observables, a Mirror World Dark Sector, and
the Hubble Constant”, de Francis-Yan Cyr-Racine, Universidad de New
Mexico, y Fei Ge y Lloyd Knox, Universidad de California, Davis) la
pregunta de si existe un “Universo espejo” de partículas que encuentra
en la gravedad su interrelación con nuestro Universo. Ello explicaría
la citada aceleración en la expansión del Universo, la energía oscura.
Esta hipótesis del universo paralelo con ciertas similitudes al nuestro
va más allá del tema de la gravedad.
Además de las tres fuerzas conocidas de la naturaleza, de las que la gravedad es una (junto a la nuclear fuerte y la electrodébil –electromagnética y nuclear débil), hay quien, como Ephraim Fischbach, postula que existe una cuarta fuerza (o quinta, según se cuente la electrodébil como una o dos) que sería una gravedad negativa o de repulsión de los cuerpos, 100 veces más débil que la de la gravedad y de respuesta selectiva según la masa afectada, o más exactamente del número bariónico (protones y neutrones). Tal fuerza podría tener vinculación con la electromagnética y sería el puente de unión final que enlazaría las fuerzas de la naturaleza; el final para lograr la fórmula de la Teoría de la Unificación que Einstein buscaba. Tal fuerza, postulada cuando aun ni siquiera se ha detectado experimentalmente al hipotético gravitón, al estar en función de la masa entra en contradicción con la gravedad.
También es cierto que no hay unanimidad en la interpretación de algunas de estas cosas. Por ejemplo, hay quien cree que es posible superar tal velocidad de la luz y que algunas conclusiones son erróneas o mal interpretadas; sí parece más probable que la velocidad de la luz fuera muy superior a la actual en los primeros tiempos de existencia del Universo (quizá infinita) o, de otro modo, que estaría en disminución desde hace unos 10.000 millones de años, lo que supone una expansión inicial del Universo mal calculada. Pero de otras hay pruebas de veracidad y experimentales que señalan como correctas las apreciaciones de Einstein; como la órbita de Mercurio o el comportamiento de las partículas muones. Otras, como las ondas gravitatorias, que la teoría de la Relatividad General predice, no han podido ser medidas hasta 2015, si bien se deducían matemáticamente como resultado de una pérdida de energía, y se esperaba captarlas procedentes de grandes cataclismos celestes en algún momento, tal como la explosión de una supernova
Cuadro resumen:
|
Acción: |
Respuesta en: |
|||
|
velocidad |
la masa |
el tamaño/espacio |
el tiempo |
la longitud |
|
A mayor velocidad |
Aumenta |
Disminuye |
Disminuye |
Se contrae |
|
Cerca de la de la luz |
Tiende al infinito |
Se comprime |
Se detiene |
Tiende a cero |
A
vista de lo anterior, imagínese una persona viajando a cerca de la
velocidad de la luz: su masa tendiendo al infinito y su longitud a
cero, y el tiempo casi detenido. Aquí surgen paradojas harto
conocidas, como la típica del astronauta que partiera
hipotéticamente a una velocidad cercana a la de la luz y al cabo de
1 año de su tiempo volviera al planeta de origen encontrando que su
hermano gemelo tendría 20, 30 o mayor número de años más; es
decir, que el tiempo habría transcurrido desigual debido al efecto
de la velocidad. También es cierto, respecto a la longitud del
cuerpo a tan gran velocidad, que hay algunos estudiosos del tema que
estiman que no hay alteración de la misma.
Con más exactitud: un viaje sideral al 87 % de la velocidad de la luz reduce a la mitad el tiempo que de otra forma transcurra en la Tierra, de modo que tal viaje espacial dura 1 año y en nuestro planeta han transcurrido 2. El incremento de tal velocidad aumenta claro está tal diferencia.
Un incremento de energía al vehículo para intentar superar la velocidad de la luz solo conseguiría que tal energía se transformara en masa nueva, pero no habría incremento de velocidad. Tales incrementos de masa lo son simplemente en las partículas atómicas ya existentes (no se trata de un aumento del número de átomos del cuerpo). A 150.000 Km/seg, un electrón aumenta su masa en un 15%, pero a casi la velocidad de la luz aumenta un 700%. A la vez, a tal gran velocidad el incremento de la misma, considerada la mayor masa, precisa de una energía superior. Por ello, acercarse a la velocidad de la luz para una hipotética nave se exige una energía que tiende al infinito, y en definitiva impide que cualquier masa supere la velocidad de la luz.
Finalmente, algunas fórmulas:
|
De la energía (E) en relación a la masa (m) y la velocidad de la luz (c). |
E= mxc² |
|
De la masa (m) en relación a la masa inerte o en reposo (m0), la velocidad (v) y la velocidad de la luz (c). |
m= ____m0 ________ √ 1- (v²/ c²) |
|
Del tiempo (t). Es igual a (t0) si la velocidad (v) es menor que la de la luz (c). |
t= _____ t0 _____ . √ 1- (v²/ c²) |
|
De la longitud (l). Un cuerpo a la ½ de la velocidad de la luz se contraería un 15%; a un 0,87 de (c) sería un 50% menos de su longitud. |
__ __________ l= l0x√1- (v²/ c²) |
- UNA
VISIÓN PECULIAR DEL ESPACIO/GRAVEDAD
Hay en todas estas cuestiones, las del anterior apartado, algunos aspectos en los que generalmente no se encuentra demasiada información en la literatura sobre el tema; son a veces difíciles de imaginar, cuando no discutibles. ¿Cómo se modifica la materia para adaptarse a las propiedades de la alta velocidad? Se dice que el tiempo se vuelve más lento y que la masa de las partículas se incrementa. Pero, ¿cómo sucede eso realmente a nivel físico?
En cuanto al primer aspecto, solo se ocurre pensar en una ralentización de la dinámica cuántica, de los movimientos de las partículas subatómicas del cuerpo en movimiento; tal lentitud sería escalonadamente proporcional a la velocidad del cuerpo, con tendencia a cero en el techo del límite de la velocidad de la luz. ¿De qué otra forma puede el tiempo transcurrir más lento? ¿Y, si es así, por qué, o de qué forma, la velocidad induce o condiciona la ralentización del mismo? ¿Qué actuación ocurre a ese nivel para que las partículas se tornen lentas? ¿Cómo interactúan con partículas que vayan a velocidades mucho menores? ¿Qué papel juega en ello el espacio y otros aspectos cuánticos? ¿Cómo se conjuga ello con la disminución de la longitud que se dice que ocurre en paralelo?
En los ciclotrones se ha comprobado cómo una partícula de una vida determinada, con la velocidad acelerada, prolonga su vida y tiene los mismos efectos relativistas que se suponen para una masa mayor.
En las circunstancias de aumento de masa y disminución de la longitud (en la dirección del avance) y del espacio ¿se ocurriría en una interacción de las partículas de la masa con las presuntas partículas componentes del espacio? ¿Significa que podrían intercambiar una energía en esa alta velocidad de forma que la masa se incrementaría a la vez que enlentece la dinámica de sus partículas, pero comprimiéndose y arrastrando al espacio, como ente físico, hacia una forma también comprimida (acortando su longitud)? ¿De este modo entraría en juego otro factor que estamos dando por hecho: la cualidad material del espacio?
En el concepto de Newton de la gravedad, dos cuerpos se atraen con una fuerza equivalente directamente a su masa y e inversamente a la distancia entre ambos, pero con independencia del medio, del espacio. En la concepción de Einstein, la gravedad es la curvatura del espacio que impone una masa. A relativa pequeña escala nos da igual porque la fórmula de Newton es válida. En la visión del espacio y la gravedad einsteniana se representa una curvatura del espacio, imaginado en una especie de imaginaria malla tridimensional, con una compresión de las líneas curvadas hacia la masa.
El concepto de gravedad, que es una de las 3 fuerzas fundamentales de la naturaleza, ha evolucionado así, pero sigue teniendo y siendo un misterio. Conocemos sus efectos, pero no ha sido posible demostrar experimentalmente la existencia del ente que la origina, de la partícula correspondiente que la causa. Mientras en la mecánica cuántica se ha desmenuzado casi todas las formas por debajo del átomo, una de las partículas que se viene escapando es el hipotético gravitón, que sería el causante de la gravedad.
¿Qué hace que un puñado de átomos se atraiga con otro puñado y confluyan hacia un punto común? Desechado el concepto newtoniano, hay que pensar en el espacio curvado para ello. La partícula gravitón causante ha sido imaginada de una intensidad muy baja pero ilimitada. Pero, ¿y si fuera de otro modo? ¿Podría serlo?
Quizá el gravitón sea una partícula tan
pequeña o fugaz que su detección exija algo más que las energías posibles
de cualquier acelerador de partículas. Quizá en realidad sea el
espacio y no la gravedad (como partícula independiente) quien esté
compuesto de una partícula tan diminuta, quizá sin masa, frente a
un quark o un electrón como el más fino hilo frente a un balón de
piedra (tal vez con mucha más diferencia; véase la cita en un
apartado anterior a la teoría de las cuerdas). El espacio vacío no
estaría en realidad vacío sino formando parte de una red de
partículas gravitatorias (indetectables al modo tradicional de las
demás partículas) y más básicas que las cuánticas conocidas.
O bien, podría ser una cualidad del propio campo
de Higgs, el que confiere la propia masa a las partículas en función
de sus energías.
Quizá exista una prueba de que el gravitón no es una
partícula que se rompa fácilmente como hacen el protón o el neutrón, o
al menos no es una al uso. En los agujeros negros, donde se supone que
todas los átomos y sus partículas se desguazan y rompen hasta el
máximo, todos perderán o podrán perder sus cualidades menos al menos
una: la que les confiere la masa, porque por propia definición el
agujero negro dejaría de ser un objeto masivo. Por tanto, el gravitón
también sobrevive en el agujero negro, lo que significa que masa y
gravedad son ajenas al resto y están vinculadas de alguna manera.
Además, quizá el espacio no se curve hacia la masa, sino que tales partículas o energías que formarían el espacio reaccionarían de tal forma para amoldarse ante las partículas de masa que serían formas de vibración alterada, quizá una sola en origen. En tal caso, la curvatura del espacio tendría el mismo efecto que el hasta ahora pensado para la gravedad, pero teniendo en cuenta que son partículas. La vinculación con el tiempo no estaría en el espacio, quizá de característica atemporal (sin tiempo), sino en la masa que con la dinámica de sus partículas lo establecería. Sería un entramado de iguales efectos que en la concepción einsteniana pero no especialmente curvado sino de partículas o energías amoldadas a una masa. La partícula del espacio no sería un gravitón sino más bien, por así decir, un espación, o quizá una especie de cuerda o hilo sin masa (quizá solo energía ondulatoria), de muy baja intensidad pero quizá ilimitada en alcance y trascendente a nuestra dimensión triple. La diferencia es pues que la partícula no estaría ligada por si misma a la masa sino al espacio (constituiría el espacio) y ya existiría o habría sido creada con la materia al principio del Big Bang, extendiéndose por el Universo a la par que ésta, o antes. De tal tipo podrían además existir al menos dos clases de partículas. La ralentización del tiempo para un objeto a gran velocidad ¿procede pues de interactuar su masa –o sea, los hilos vibratorios que forman sus quarks- con el espacio o es una alteración de energía (espacio) en el campo de Higgs (masa)?
En resumen, una de sus características es que las partículas del espacio tenderían a limitarse o relacionarse espacialmente solo con otras y la materia, creando la tensión de la curvatura, o bien una especie de tensión, por un estado especial ante la presencia de materia (del particular estado vibratorio que llamamos materia); el tiempo sería el período de vibración de las partículas de la masa y no sería una constante sino variable u oscilante potencialmente.
La partícula del espacio hasta podría ser la cuerda básica constitutiva de las partículas elementales en determinada situación de vibración, con lo que la materia estaría constituida finalmente con estas mismas cuerdas –por así decir- pero anudadas, cerradas, o en distinto nivel de vibración. E incluso podrían ser un ente más complejo y perteneciente en parte a otras dimensiones; quizá el espacio, el aparentemente vacío espacio, sea la punta del iceberg de la especie de imaginaria malla elástica, campo de partículas ínfimas, últimas y vibratorias, cuyo soporte, presente pero no físico, podrá ser supuesto pero no demostrable experimentalmente (al menos en estos tiempos) como sí ocurre con las partículas atómicas, con los propios “hijos” o “hilos retorcidos o en distinto nivel de vibración”. De otro modo, las partículas elementales puede que sean como peces en un mar de moléculas de agua que serían las partículas componentes del espacio. O quizá la punta perceptible de algo cuya parte restante no pertenece a esta dimensión.
Si así fuera, en el caso de los agujeros negros más densos, el espacio no existiría prácticamente dentro de ellos y en su entorno estarían todas cuerdas, hilos o líneas del espacio en tensión puesto que dentro todas las partículas de materia estarían tan juntas que no dejarían sitio a los hilos que configuran al espacio. De otro modo: donde estén las partículas de una masa no existirían las del espacio, pero en un átomo el espacio libre aparente (inmenso en relación al tamaño de las partículas que lo componen) estaría ocupado por las partículas o hilos que conforman el espacio.
Por otra parte, el espacio, sea energía o partícula, creado a la par que la materia y para ella, podría ser solo observable en los aspectos de manifestación de tal masa y existir o prolongarse en dimensiones que están fuera de nuestro alcance; los distintos niveles de vibración podrían proporcionar otros tantos mundos de materia paralela pero intangibles entre ellos, o al menos en una dirección. En un mismo espacio físico, el nuestro, coexisten diversas ondas y frecuencias electromagnéticas que no vemos pero que sabemos que están ahí y que se manifiestan en la radio, TV, etc. Del mismo modo, podría haber varios mundos o planos superpuestos, en el mismo lugar, no siendo observables unos por otros, o al menos desde el nuestro (aunque quizá podrían desde otros vernos a nosotros). El material básico de toda dimensión podría ser la misma cuerda o hilo común, y su distinto nivel de vibración o energía sería la materia determinante y característica de cada mundo o dimensión.
Pero además en nuestro mundo, tales cuerdas o hilos podrían tener cuerdas mayores o nudos en los que la concentración de las mismas, por alguna razón de naturaleza o bien derivada de la enorme dilatación del Universo o creación en el Big Bang, daría lugar al efecto de atracción y repulsión que quizás explicaría lo que se achaca a la materia y la energía oscuras, especialmente a la última. Es decir, estas últimas podrían quedar explicadas en su efecto por la cualidad del espacio aquí postulada. Estamos en este caso enlazando ya con la teoría de las cuerdas; el tamaño estimado de estas cuerdas es de 10^(-33) cm. La teoría de las cuerdas se dice que exige un escenario del espacio-tiempo de 10 u 11 (o 26) dimensiones, siendo invisibles para nosotros todas menos las tres o cuatro conocidas; se supone que las dimensiones no apreciadas serían por tener las cuerdas, por así decir, no desplegadas o desenrolladas.
En resumen, la
materia, la masa, por su parte podría ser un fenómeno vibratorio
particular, un estado distinto de las partículas que componen el
espacio, dilatado o curvado por el cambio, y que crea así la gravedad.
Por su parte, las
teorías acerca de la superfluidez consideran que el espacio es una
especie de tejido con un comportamiento propio del superfluído, apoyado
ello, entre otras cosas, en que la radiación fluye por el espacio a una
velocidad constante con independencia de su longitud de onda, o
frecuencia.
El tiempo sería la progresión inercial de la dinámica cuántica; es decir, el tiempo sería el resultado del movimiento de las partículas subatómicas de la materia y el mismo se altera por la velocidad. Por eso solo existe si hay masa y además precisa del espacio; sin espacio no hay ni masa ni velocidad. Y lo mismo ocurre con la gravedad. Si existen distintos niveles vibratorios en los presuntos distintos mundos de materia distinta (distinto nivel vibratorio de la misma partícula básica) el tiempo podría ser mucho más rápido o lento en los respectivos.
Matemáticamente el tiempo es un espacio por una velocidad. Pero a nivel cuántico, reducido a la mínima expresión de forma equivalente, el tiempo será la progresión en un espacio (o distancia) de un movimiento o vibración (asumida como una velocidad de desplazamiento) ocupando ese espacio. Tal vibración seria la base de los quarks, de las partículas elementales, y por tanto de la materia.
En definitiva, podría existir, existe, una vinculación de la masa con el tiempo y el espacio, y sus dinámicas, la velocidad y la gravedad, hacen que la interrelación marque los límites y características del Universo y de nosotros mismos.
¿Solo especulaciones? ¿Fantasía? ¿Ciencia
ficción –y mala? Quien sabe... Los matemáticos lo dirán.
Agrego de mayo de 2012,
que refrenda, al menos en parte, cuanto antes se expuso: Se publica la
noticia de la existencia de indicios de que la energía oscura podría
ser una energía propia del espacio.
http://noticiasdelaciencia.com/not/4201/mas_indicios_de_que_la_energia_oscura_puede_ser_la_energia_del_propio_espacio/
Agrego
de septiembre de 2012
sobre una noticia que trata acerca de la posibilidad de la existencia
de una partícula indetectable, cuerda o energía, que formaría el
espacio.
http://noticiasdelaciencia.com/not/5251/_el_espacio_esta_hecho_de_piezas_/
Agrego
de abril de 2014
sobre noticia parecida a la anterior.
http://noticiasdelaciencia.com/not/10203/-el-espacio-tiempo-es-como-un-fluido-/
El tiempo tiene otras tres, un intocable pasado, un desconocido futuro y un imparable punto de inflexión que los separa o línea del presente, que es lo único que realmente percibimos y podemos intentar dominar; el resto, las otras dos, son asociaciones de la mente que comparan sucesos de la línea existente con su almacén de datos (pasado experimentado o así creído, o bien percepciones de futuro en posibilidades imaginadas o calculadas; y por lo tanto resultan intangibles). El tiempo, al contrario que el espacio, tiene un único vector de dirección, pasado==>presente==>futuro; por eso se considera una sola dimensión en vez de las 3. No hay posibilidad de inversión, ni detención, para la materia. ¿O quizá sí? En el terreno de las partículas elementales, el tiempo no parece guardar una absoluta regularidad o simetría en cuanto a su transformación en procesos cuánticos; por ejemplo, un kaon y un antikaon, su antimateria, no se convierten unos en otros en el mismo tiempo simétrico. Existen en connotación por ello teorías sobre el viaje en el tiempo.
Si fuera posible viajar en el tiempo, también sería posible viajar por el Universo; y nos referimos a viajar en las dos direcciones presente==>futuro y presente==>pasado, porque ir solo en la primera no serviría de gran cosa (que además podría ser logrado hipotéticamente, de otro modo, con la hibernación o procesos biológicos del mismo efecto). Si fuera posible tener la tecnología para manipular el tiempo también sería posible manejar el espacio, pues ambos parecen formar parte interrelacionada de un solo ente. ¿O no es así?
Aunque parece una tontería especular sobre la física del viaje en el tiempo, hay no despreciables teóricos que consumen su tiempo en imaginar cómo habría de ser la máquina o simplemente la base física teórica. Desde los años 80 del Siglo XX, hay quienes sostienen que las leyes de la física no impiden los viajes en el tiempo. ¿Pero cuáles son las leyes que lo permiten? Parten de las fórmulas de Einstein y la relatividad del tiempo. Y es cierto que se puede viajar hacia adelante en el tiempo, ralentizándolo a mayor velocidad. Otra cosa es volver atrás. El hipotético viajero volvería joven para hallarse con sus antiguos contemporáneos envejecidos.
Hay especulaciones de todo tipo al respecto y se cita entre las vías posibles la del uso y manipulación de la luz, de su velocidad, sobrepasándola o con métodos de ralentización que a su vez alterarían el espacio, o de las hipotéticas partículas, los taquiones, que viajarían hacia atrás (de futuro a pasado) o más rápidamente que la luz. Hacer que la luz sea lenta no es ninguna teoría sino una realidad experimental demostrada, pero de ahí a modificar los parámetros del espacio-tiempo media bastante... También se habla de las distorsiones de tal ente por parte de agujeros negros, el manejo de las hipotéticas cuerdas y otros fenómenos o cualidades del Universo. Pero los agujeros negros sí que resultan poco recomendables... a menos que el viaje con semejantes agujeros sea al más allá, porque la destrucción del viajero estará asegurada... Por otra parte, alcanzar una velocidad cercana a la de la luz para una nave espacial supone aportar una energía tan elevada que tiende al infinito tanto como se acerque a tal velocidad límite; por ello, es imposible alcanzar y sobrepasar la velocidad de la luz.
Se pueden montar todas las teorías e imaginar todos los artilugios que se quieran. ¿Pero es que son posibles los viajes en el tiempo?
Para el reconocido físico Paul Davies tal viaje podría ser posible pero solo en dirección al futuro, cosa que por otra parte, con todos los respetos, ya sabíamos porque ocurre todos los días, aunque para unos con excesiva lentitud y para otros con demasiada rapidez, según cada uno y para qué. Naturalmente se refería al viaje “más acelerado” basándose en las fórmulas de Einstein y a la velocidad cercana a la de la luz. Pero las formas de realizarlo no son conocidas, claro está, si bien apelaba a los denominados “agujeros de gusano”, cuestión solo teórica por el momento. Tales agujeros serían túneles de enlace instantáneo de dos regiones distantes del espacio-tiempo.
Para saber si son o no posibles tales viajes, basta con aceptarlos como posibles e imaginar el resultado o saber de sus efectos. Si en el futuro hubiera algún descubrimiento que permitiera volver atrás, alguien ya estaría aquí diciendo: “¡Hola!, vengo del año no-se-qué-cientos”. Así que, ¿quién ha visto venir a alguien o algo del futuro?
Si es posible viajar hacia atrás también lo será hacia delante. Desde luego, hacia el futuro es teóricamente posible y factible, con solo disponer de la nave espacial apropiada que alcance una velocidad lo más cercana posible a la de la luz, pero no parece tener el viaje la misma “gracia” que hacia el pasado. Si en el futuro se descubriera tal modo de viajar hacia atrás, “¿no habrían llegado ya los turistas del futuro?”, se preguntó al respecto, escéptico, Stephen Hawking. Se supone que una intervención de un hombre del presente sobre el pasado alteraría la vivencia actual. Imagínese cualquiera que alguien viaja a la Austria de 1889 y matara a Adolf Hitler recién nacido. ¿Habría habido segunda guerra mundial? O si alguien va y mata a Einstein antes de pensar en su fórmula de la energía, ¿habría habido bomba atómica? (ni efecto fotoeléctrico, ni física moderna, y por tanto ni ordenadores, ni este texto). Pero si se altera la vivencia actual podría ocurrir que no fuera posible que el viaje hacia atrás se hubiera realizado, cuando en realidad ya está hecho. Lo cual, más que una paradoja, es puramente contradictorio, roza lo absurdo y va contra la más elemental lógica, por no decir cosas más fuertes.
¿Qué pasaría si al viajar hacia atrás en el tiempo, el viajero se mueve solo un año y se encuentra consigo mismo? Está entonces mirándose a si mismo durante una hora y luego de regresar y emprender otra vez el viaje, vuelve a tal momento un minuto después: se encontraría con el mismo otras dos veces (la original del año, la del primer viaje y la de este segundo). Y así podrían multiplicarse hasta tantos viajes como hiciera hasta cubrir el tiempo de permanencia del primer viaje. Supongamos que podríamos duplicar los cuerpos, pero ¿y las mentes, las vivencias, las almas...? ¿Y si el viajero lleva el mismo lingote de oro en cada viaje? En el último vería acumulados tantos lingotes como viajes. Si en el último viaje (pensemos que 50) los toma todos juntos y regresa (pues en los otros habría retornado con el mismo de cada viaje), los lingotes no podrían ser de golpe 50 en el último regreso y desaparecer de los viajes anteriores. Se habrían multiplicado de la nada. No puede ser. Así de sencillo. Son bucles de fantasía de la mente humana más que paradoja alguna del tiempo.
La razón humana, la cordura, se basa en la lógica, y el viaje en el tiempo no resulta lógico cuando nos acercamos a las infinitas e irresolutas paradojas y absurdos de tal planteamiento; y aun a pesar de quienes sostienen que la realidad es relativa y no absoluta, y un cambio del pasado podría generar otra realidad paralela, una bilocación del tiempo, lo cual podría, en múltiples acciones, generar infinitas posibilidades y por tanto infinidad de mundos paralelos, personas, cosas... Lo cual es una salida airosa, pero “ligeramente” fantástica... ¿o no?
Si los viajes en el tiempo fueran posibles, un hecho que ya hubiera ocurrido, y por tanto es firmemente cierto, ¿cómo podría no ser verdad? ¿Cómo podrían dejar de ser verdad cuando ya lo fue? Lo que ha existido, ha existido y es firmemente cierto e irreversible. Podremos cambiar el futuro desde el presente y hacer distintas las interpretaciones sobre el pasado, pero éste ha tenido por si solo una única realidad y es verdad porque está cumplido con independencia de las interpretaciones humanas. El efecto no puede preceder a la causa.
Propuestas fantásticas, en paralelo a una citada antes, nos dice de la existencia de infinitos mundos paralelos en los que se combinan todas las posibilidades, de modo que al viajar en el tiempo en realidad se haría a un mundo paralelo, raíz del nuestro. Este planteamiento exige un universo para cada posibilidad de cada ente, de cada partícula, lo cual sí que daría una inimaginable e infinita cifra de mundos, mayor que todas las infinitas partículas atómicas de nuestro universo real, que barrunta uno que deben de ser bastantes.
Además de lo expuesto, aun en el supuesto de que por algún medio se pudiera retrotraer el Universo a un estado pasado, al hallarse en ese momento anterior, nadie tendría conciencia ni conocimiento de haber estado antes en el futuro. El hipotético viajero podría quedarse sin la memoria de todo lo que aun en aquel instante pasado no habría ocurrido aun…
Una de las “salidas” para evitar todos estos problemas que plantearía
un supuesto viaje en el tiempo es que esos saltos (hacia el pasado)
solo podrían ser posibles a partir de la fecha de creación de la
máquina que los hiciera posible, no siendo viable retornar más atrás.
Se habla además de distorsión del tiempo en un campo limitado y de
otros conceptos de cuyas necesidades energéticas hay que dudar mucho…
Por otro lado, tal opción, como ya se ha apuntado, sería tanto como
decir que todas las posibles variantes del tiempo en el Universo
a cada segundo, que no se por qué se me hace que deben ser casi
infinitas, dependen de una máquina que va a ser construida por el ser
humano con permiso de todos los agujeros de gusano, e incluso negros el
que los quiera; lo que como mínimo hará sonreír a más de uno. Los
viajes al pasado suponen dotar al momento de tal retorno, a un momento
dado, de todas las posibles variables que tal momento pueda ofrecer y
que el Universo entero se estaría, no ya duplicando, sino multiplicado
en infinidad de combinaciones por todas las posibilidades que ofrecen
en un momento dado las posibles acciones y variantes de todos sus entes
y sus partículas. La razón básica que no pueden existir todas esas
variantes al mismo tiempo superpuestas, esperando al “viajero”, es que
estarían en infinitos universos paralelos y eso significa que no
tendrían los mismos parámetros y características sus partículas (masa,
spin, etc.), y que por tanto un Universo paralelo de distintos
caracteres para no estar en el mismo plano sus partículas no
funcionaría del mismo modo que el nuestro. ¿O es que al regresar al
pasado se iba a reconfigurar de modo instantáneo todo el Universo a un
momento dado a gusto del viajero? Se exige un poco de lógica y
congruencia más allá de jugar con los números.
Otra “salida” de los teóricos para sostener una hipotética viabilidad filosófica del asunto es que el viaje hacia el pasado solo fuera como espectadores, sin poder alterar la realidad observada. Es decir, el viaje hacia un indefinido limbo puesto que observar es ver, es recibir fotones, y por tanto es estar afectado físicamente por lo que ¿cómo se puede no “estar” en un mundo en que se “está”? En fin, que uno es muy torpe para entender las propuestas de estos “fenómenos”, precursores de la física del futuro…
No
es posible pues extenderse mucho en este tema a pesar de que podrá
haber quien diga que falta intuición o un conocimiento adecuado
sobre ello. No es necesario (y espero que no sea esto un “del cielo
no pueden caer piedras” de aquellos académicos franceses del siglo
XIX).
La
ciencia que trata sobre la vida en el Universo se denomina
exobiología (o astrobiología, aunque algunos la distinguen de la
exobiología que no incluye la vida terrestre, a pesar que esta última
no deja de ser una extensión de la vida en el Universo) y se considera
como una rama de la
biología. A estas alturas de la civilización es aceptado
generalmente que la vida en la Tierra no puede ser un fenómeno único
del Universo, aunque no se tengan aun más pruebas sobre la
existencia de vida fuera de nuestro Sistema que las que nos aportan los
datos astronómicos y nuestra propia razón y lógica.
Las hipótesis contempladas sobre el origen de la vida en la Tierra son las de un proceso químico progresivo (prebiótico) bajo peculiares condiciones del planeta, o bien que habría llegado del espacio en meteoros (la panspermia, o panespermia). Así que cabe suponer tales opciones válidas para planetas que estén en las mismas condiciones que el nuestro.
La
teoría de la panspermia, de la que fueron promotores Fred Hoyle y
Chandra
Wickramasinghe, apunta la llegada de la vida microscópica a la
Tierra en cometas y asteroides de forma continua; es decir, no solo
en el pasado sino también en la actualidad. El hallazgo en los años
70 en el polvo interestelar de abundancia de moléculas orgánicas,
tal como polímeros aromáticos y de carbono, vino a respaldar tal
posibilidad.
El contenido de elementos considerados vitales en estos procesos en
los meteoritos se cree que vino a ayudar a los mismos. Son tales
elementos el hidrógeno, el carbono, el nitrógeno, el oxígeno, el
fósforo y el azufre. El fósforo, habitualmente menos citado que el
resto, es sin embargo fundamental en la química del ADN y la
fotosíntesis, entre otras; el fósforo existente en la Tierra al momento
de la aparición de la vida se cree que procedió en gran medida de los
meteoritos que entonces bombardearon con abundancia el planeta, y el
mismo sería fundamental junto a otros elementos en la química reactiva
prebiótica. Las moléculas concretas del fósforo involucradas se cree
que son oxoácidos tales como el ácido fosfórico u ortofosfórico (H3PO4)
y el ácido difosfórico (H4P2O7).
Su origen último, el de todos esos elementos menos
el hidrógeno, está en las supernovas. Con tales 6 elementos se forma la
bioquímica molecular básica de la vida, aunque de los mismos,
especialmente el carbono se considera la base indispensable por su
capacidad de combinación con otros elementos. Por su parte, la
fotosíntesis es el proceso bioquímico, la reacción, por la que el
agua, el dióxido de carbono y la luz se transforman en oxígeno y el
combustible glucosa.
En 2008 se reforzaba la idea de la ayuda de los meteoritos en la llegada de la vida a la Tierra con la aportación en los mismos de los aminoácidos levógiros que se habrían formado en el espacio en asteroides. Además, los propios impactos de meteoritos en los mares primitivos terrestres se cree (2009) que pudieron generar los componentes básicos del ADN; en una primera una simulación con resultado positivo logra entonces generar glicina, y posteriormente otros aminoácidos.
El Sol, que tiene unos 5.000 millones de años, aparecería en la Historia del Universo en el año 8.000 millones y sería al menos de segunda generación; es decir, otras estrellas se formaron, existieron y se apagaron antes. La materia del Sistema Solar procede, salvo el H y el He, de gigantes rojas y supernovas; todos los elementos de que estamos constituidos todos los seres del planeta (desde el mineral a cualquier humano, pasando por todos los animales y vegetales), carbono, oxígeno, potasio, etc., excepto el hidrógeno y el helio, son el subproducto de una o varias estrellas que explotaron hace más de 5.000 o 6.000 millones de años. Somos real y físicamente hijos de las estrellas apagadas, y no del Sol que sin embargo propició y mantiene luego la vida como un padre adoptivo. Es así de sencillo y fácil. Los elementos necesarios para la vida se generaron en otra u otras estrellas.
Como se indica en su lugar, en el Sistema Solar, además de la Tierra, solo hay 3 lugares donde se admite que hay o hubo en algún momento posibilidad de vida, aunque fuera a nivel elemental. Los sitios son Marte, y quizá (solo un lejano quizá) los satélites jovianos Europa y Ganímedes, y en Saturno, Titán. Pero realmente vida a nuestro nivel no es posible sino en otro sistema. En realidad, solo cabe esperar vida elemental en Marte, y no solo la “importada” de la Tierra por las sondas terrestres.
La existencia de vida en general no implica la inteligente, pero si hay la primera extendida, en alguna parte de ella habrá la segunda. La primera definición de vida, referida a la elemental, es relativamente difícil. Vida es cualquier ente formado por moléculas proteínicas, integradas en la unidad básica llamada célula, que por si solo se reproduce y cambia (crece o evoluciona) para mantenerse apoyándose y aprovechando el medio en el que está, probando posibilidades y corrigiendo errores como norma básica hasta dar con soluciones de continuidad o perpetuidad, en lo que llamamos subsistencia, todo mediante procesos electroquímicos. Más sencillamente, o al menos de otro modo, se puede definir a la vida en su primer escalón como la que constituyen las moléculas que se copian a sí mismas y que dieron lugar a entes unicelulares y luego multicelulares. Algunos de estos entes se especializaron y comenzaron una lenta pero inexorable evolución.
Los cálculos matemáticos de probabilidades, dada la infinidad de estrellas, y pese a lo estéril de la inmensa mayoría de ellas, arrojan datos positivos que están por encima de los deseos de creyentes, de los que están a favor de la existencia de vida en otros sistemas solares, y de los escepticismos de los oponentes. Además, se han detectado moléculas de materia orgánica en el polvo interestelar a unas decenas de años luz de distancia. Resulta bastante absurdo pensar en nuestra soledad en el Universo porque no hemos alcanzado un nivel que nos permita conocer científicamente, por encima de algo más que los cálculos de probabilidades, la existencia otros seres vivos. Naturalmente, de ahí a la llana aceptación de todo el denominado fenómeno de los OVNIs, identificados como extraterrestres, media un largo tramo y en el que no entramos aquí.
Del
total de estrellas, hay algunas que tendrán un sistema planetario.
La estimación más favorable cita planetas habitables en un 12 % de
las estrellas, pero los cálculos oscilan demasiado para tomarlos al
detalle o entrar en las numerosas citas; los porcentajes oscilan
general o mayoritariamente entre el 5 y el 20 por ciento. Algunos de
estos sistemas podrían tener planetas que serían habitables. A su
vez, algunos de estos últimos, podrían tener vida elemental y otros
algo así como vida “poco inteligente”. La existencia del primer
escalón ya ha sido comprobada positivamente. Existen sistemas
planetarios, si bien los planetas detectados, dada la distancia, solo
son los de gran tamaño. Tales, difícilmente serán habitables
puesto que serán del tipo gaseoso, como Júpiter o Saturno. Pero nos
hace pensar que existirán otros menores, más parecidos al nuestro.
Además, dentro de la calificación de “habitable” con
una distancia adecuada (ni muy fría, ni muy caliente), un estudio de la
Universidad de Harvard dado a conocer en 2019 viene a decir que la masa
mínima de un planeta ha de estar en al menos el 2,7% de la terrestre
para poder retener agua en su superficie y una atmósfera mínima;
cuentan los autores con las condiciones térmicas adecuadas para
sostener la atmósfera citada. La cifra, que parece muy baja, puede que
limite mucho el término “habitable” respecto a lo que generalmente se
piensa de ha de tener como mínimo un planeta con tal capacidad.
En nuestra galaxia, la Vía Láctea, donde hay al menos unas 100.000 millones de estrellas podría haber según optimistas valoraciones unos 10.000 millones de estrellas con planetas habitables, lo que no significa que todas tengan civilizaciones de tipo humanoide. Una estimación menos entusiasta cita la posibilidad de “solo” 250 millones de planetas habitables; y repito: solo en nuestra galaxia. Resulta evidente que las cifras en cualquier caso apabullan y elevan las posibilidades de que los humanos no estemos solos en el Universo hasta el límite de poder casi asegurar que existen, existieron o existirán civilizaciones como la nuestra. Pero, ¿cómo comprobarlo? ¿Cómo establecer contacto? ¿Cómo entendernos? ¿Cómo visitarnos mutuamente? El problema es, al menos para nosotros, la distancia e inherentemente el tiempo.
En
2003, en nuestra galaxia, astrónomos australianos creyeron
identificar un grupo de estrellas con muchas posibilidades de ser
“zonas habitables”, llegando a estimar que tales podrían suponer
nada menos y nada más que entre el 5 y el 10% de las estrellas,
según simulaciones informáticas; la cifra resultante es, desde
luego, excesivamente optimista por supone más de 5.000 millones de
estrellas con posibilidad de tener un planeta habitable.
La zona habitable de nuestra galaxia, y en cierto
modo de otras, es relativo pero bastante fiable bajo la consideración
de ciertos criterios. En la parte central, más densa de estrellas, la
radiación y la dinámica gravitatoria de supernovas y agujero negro no
son propicios para la habitabilidad planetaria. Y los brazos más
alejados tienen pocos elementos más allá del hidrógeno y helio, lo que
no favorece en nada la posibilidad de formarse planetas de tipo
terrestre. La zona habitable en la Vía Láctea podría estar entre los
15.000 y los 38.000 años-luz de su centro.
Hay quien cree que las galaxias elípticas, con más
elementos pesados y menos supernovas, son más propicias para tener
planetas habitables que las espirales en una proporción 10.000 veces
superior. Sin embargo, nuestra Vía Láctea es espiral.
Pero, antes de seguir con números y unas probabilidades mejor calculadas, hemos de preguntarnos ¿qué es vida? Los elementos básicos de los seres vivos son los siguientes, todos ellos de gran versatilidad química para combinarse. Hay que empezar señalando que la vida se basa en combinaciones de varios elementos con el carbono, elemento a su vez que facilita la unión en largas cadenas.
El porcentaje de los principales elementos en la composición del ser humano es el siguiente en peso:
|
Oxígeno |
62,8 % |
|
Nitrógeno |
5,1 % |
|
Carbono |
19,7 % |
|
Fósforo |
0,6 % |
|
Hidrógeno |
9,3 % |
|
Azufre |
0,6 % |
Luego hay calcio, potasio, sodio, cloro, magnesio, hierro, etc. Todos los átomos que se consideran necesarios para la vida son 25: hidrógeno, carbono, nitrógeno, oxígeno, flúor, sodio, magnesio, silicio, fósforo, azufre, cloro, potasio, calcio, vanadio, cromo, manganeso, hierro, cobalto, níquel, cobre, zinc, selenio, molibdeno, estaño y yodo.
Por encima de los átomos existen las moléculas, formaciones de distintos elementos atómicos (como el básico agua, que forma parte de ¾ partes del cuerpo humano), entre las que hay los compuestos aminoácidos (amínico y carboxílico unidos por el carbono) que forman en cadenas la base de las proteínas, enzimas catalizadores que controlan las reacciones bioquímicas. Con el par de decenas de aminoácidos se forma un número infinito de combinaciones proteínicas. Cuando llegó una compleja combinación molecular que se auto-replicó tomando moléculas de su entorno, el ADN, se puede considerar que la vida se reprodujo y empezó a existir por si sola. El ADN es pues el componente básico y común de todo ser vivo, y existe en el núcleo de sus células, en los cromosomas.
Tales
tipos de aminoácidos con que se forman todas las proteínas son 22
(2004): leucina, valina, treonina, isoleucina, metionina,
fenilalanina, triptófano, lisina, glicina, serina, cistina, ácido
glutáminico, glutamina, alanina, arginina, histidina, asparagina,
ácido aspártico, tirosina y prolina; son esenciales (no
sintetizables por el organismo) los 8 primeros (hasta la lisina,
incluida). El número 21 fue identificado en 1986 y se denominó
selenocisteína; su comportamiento en el proceso químico es distinto
a los anteriores. En 2002 se anunció el descubrimiento (Universidad
de Ohio) del aminoácido número 22, que, sintetizado luego en 2004,
fue denominado L-pirrolisina. Pero existen además aminoácidos
procedentes de meteoritos u objetos extraterrestres que son
desconocidos originariamente en la Tierra, como por ejemplo uno
hallado en 1992 en Groenlandia en un meteorito conservado en la nieve
durante 4.000.000 años, si bien no fue identificado hasta diciembre
de 1993.
Además, en 2020 se afirma (Harvard) haber hallado en
un meteorito (Acfer 086, encontrado en Argelia en 1990) evidencia de la
existencia una proteína de origen extraterrestre, la denominada
hemolitina, compuesto de aminoácidos y glicina que tiene una inusual
formación en sus extremos de átomos de oxígeno, litio y hierro.
El resto de la historia de la vida es una sucesión de combinaciones de esas moléculas básicas que fueron probando suerte en su entorno, subsistiendo unas durante más tiempo y extendiéndose con mayor o menor suerte. Es lo que, al final, llamamos evolución. El hombre no es más que uno de esos seres que, según parece por el momento, ha tenido más éxito.
Para
lograrlo, los entes básicos de la vida han utilizado como clave de
su éxito las cadenas citadas de ADN, que no son sino una simple
forma de acumular información, instrucciones de supervivencia,
instrucciones de las cosas que puede hacer el ser vivo en cuestión.
Un simple virus se basa en unas 10.000 unidades de información, una
bacteria –más compleja- utiliza un millón y una ameba 40
millones. Pero el ADN de un hombre o cualquier otro ser superior ya
no es una simple célula y las instrucciones para su
“funcionamiento”, para hacer lo que hacemos, necesitan ya 5.000
millones de unidades de información en cada núcleo de cada célula.
El ser básico de la vida se considera la bacteria, si bien los virus
están en el límite, pero su necesidad de células para reproducirse
hace discutible tal cualidad.
Todos los elementos primordiales
del ADN están presentes en el espacio. En algunas regiones, como
Cassiopeia A, se han podido detectar (ingenio espacial Chandra) los
necesarios. Hay allí, además del oxígeno, azufre, hierro, calcio y
silicio, así como el carbono, hidrógeno, fósforo y nitrógeno.
Por otra parte, el
ADN se cree que puede sobrevivir en las condiciones del espacio, oculto
en el interior de meteoritos, por ejemplo. Un experimento realizado en
marzo de 2011 en un vuelo suborbital de un cohete-sonda Texus 49,
lanzado en Kiruna y que alcanzó 268 Km de altitud, permitió observar
que material biológico adherido a tornillos y paredes de tal lanzador,
tras soportar temperaturas de cerca de los 1.000ºC y estar expuesto a
la radiación espacial durante varios minutos, había un 35% del mismo
que era aun ADN funcional.
La diferencia entre los seres vivos superiores, y sobre todo en el hombre, para seguir acumulando información hay que buscarla en el cerebro. Es el sistema de extensión de la información de los genes en el ente vivo y así ha podido el hombre multiplicar miles de veces la información genética. Aun más allá, el hombre ha creado un sistema de información superior y colectivo: la escritura, la transmisión de la información, de las instrucciones, de la experiencia, creando bibliotecas, bases de datos, etc. Esto es el hecho más extraordinario de la especie humana.
Pero
regresemos al principio. En el Universo, según las mediciones de
satélites, la mayor abundancia de moléculas corresponde por este
orden al hidrógeno molecular, la monóxido de carbono, y al agua en
forma de hielo y también en forma de vapor (si bien en este caso
solo en un 1 %). El agua ha sido detectado en distintos cuerpos más
allá de nuestro Sistema Solar, incluso en cuerpos asteroidales, como el
hallado en órbita de la enana blanca GD 61, que está a 150 años-luz de nosotros, y el que tiene la elevada
cifra de un 26% de agua.
Nuestra
vida terrestre está basada en el carbono. Pero se piensa que quizá
sea posible que en otros planetas pudiera existir vida basada en el
silicio y quizá en otros elementos; de hecho, en 2007 científicos
rusos lanzaron la idea de que las primeras formas de vida quizá
pudieran haber tenido base en una química no orgánica, según
simulaciones informáticas. El silicio tiene compuestos de caracteres
o propiedades parecidas a algunos del carbono, si bien también hay
que advertir que no combina tan fácilmente como el mismo, lo cual
limita sus posibilidades al respecto, aunque tiene como contrapartida
que su comportamiento térmico permite temperaturas más elevadas en
este campo. Esto llevó a especular sobre la posibilidad de una vida
que soportara ambientes mucho más calientes que el nuestro, aunque
tal forma de vida no podría ser tan compleja como la nuestro. Las
moléculas de silicio y oxígeno pueden combinar con hidrocarburos y
flúor-carburos, y hay quien piensa que sí podrían ser una base de
partida para la vida, pero para una vida muy distinta a la que
conocemos. En nuestra historia de la vida, tras la desaparición de
los dinosaurios, existe el antecedente de la aparición de las algas
diatómeicas en las que los polímeros del silicio jugaban un papel
fundamental; quizá aquí el origen no fue evolutivo sino llegado del
espacio exterior.
Pero, en general, el problema de
la posibilidad de vida basada en el silicio respecto a la del carbono
se resume en que la primera es de diferente estabilidad en sus enlaces
químicos y
los compuestos no son tan numerosos ni de la misma versatilidad ni
características equivalentes. Por otra parte, la abundancia observada
en el Universo de compuestos asimilables a la vida del silicio es muy
inferior a la de los del carbono (de 1 de silicio por cada 10 de
carbono o más). Las combinaciones del carbono con el oxígeno, mucho más
abundante que el silicio, marcan una diferencia, y el agua,
imprescindible en la vida basada en el carbono, es negativa para la del
silicio. Así que no es muy probable que aparezca la vida basada en el
silicio.
También se ha especulado con que la necesaria presencia de agua para la vida podría tener un sustituto en el amoníaco líquido, por su configuración físico-química, en el supuesto de inexistencia de agua; en realidad, la alternativa no es muy probable por la mayor abundancia del agua en general. Aquí nos resulta difícil pensar en un tipo de ser extraterrestre, como en el agua para el caso del hombre, pudiera estar constituido por más de dos tercios de amoníaco. En este caso, estos presuntos seres podrían respirar nitrógeno y exhalar, a modo de nuestro CO2, gas cianógeno. El agua les resultaría tóxica pero podrían beber amoníaco y además soportarían ambientes de hasta varias decenas de ºC bajo cero (quizá hasta –100ºC). Un planeta con mares de amoníaco podría ser precisamente muy poco propicio para la vida puesto que en su congelación, al contrario que el hielo de agua, no flota (no se dilata) y se iría al fondo; este hecho no facilita el brote de vida pero también podría ser que el planeta fuera caliente y hubiera otros procesos que ayudaran.
Por medios espectroscópicos se han venido detectando cientos y cientos de moléculas en el espacio interestelar o galáctico y más de cien relacionadas con procesos de la vida. Aparecen hidrógeno, carbono, nitrógeno y oxígeno, sobre los que la incidencia de la radiación, como la UV, produce diversos compuestos o combinaciones como el orgánica formaldehído CH OH, hallado en 1969 en el polvo sideral, el importante ácido cianhídrico CHN, que está presente en las síntesis que se cree que originaron la vida, el CO2, el radical hidroxilo OH, el óxido de silicio, alcohol metílico CH3OH, ácido sulfhídrico SH2, ácido fórmico (1971), cianoacetileno, monosulfuros de carbono, etc.
El ácido fórmico, HCOOH, fue detectado posteriormente por radioastrónomos en densas acumulaciones importantes en tres nubes interestelares, en Orión, Sagitario B2 y W51. Tal compuesto, considerado fundamental en la llamada sopa primordial de la que se cree que surgió la vida, también ha sido identificado en un meteorito caído en 2000 en el frío lago Tagish, Canadá.
El
origen de estas moléculas está en las propias reacciones
químico-eléctricas de los distintos elementos y compuestos en
contacto del gas, polvo y materia interestelar, y por la acción
incidente en los mismos de las distintas radiaciones que
continuamente surcan tal ambiente. Es posible que en el propio espacio
el calor generado en los múltiples impactos de los cuerpos menores, tal
como cometas, meteoritos y asteroides, sea un factor favorable y
general a la producción de aminoácidos, como lo respaldan algunos estudios angloamericanos (2013), aunque también se forman con
temperaturas no tan altas; esta opinión se basa en el estudio de
meteoritos con alto contenido en carbono y en las reacciones tipo
Fischer-Tropsch (hasta 500ºC) en presencia de determinados elementos y
compuestos (como el H, CO y N).
La primera molécula orgánica detectada fuera de nuestro entorno sideral fue el radical CH (metilidina o metino) y se halló en una estrella cerca de la Nebulosa de Orión en 1937; antes se habían detectado el calcio, en 1904, y el sodio y el potasio en 1919 como elementos importantes en este campo. Luego, en 1940, se encontró en cianógeno, CN, y en los años 60 siguientes otras, como el radical hidroxilo, OH, detectado en 1963, el amoníaco en 1968, el citado formaldehído, CH OH, y el agua en 1969, el alcohol metílico en 1970, etc. Posteriormente se halló hasta un compuesto de H, O, N, C y Mg. En 1982 se detectó una compleja molécula de 13 átomos, la cianodecapentino HC11N, la molécula de más átomos identificada hasta entonces en el cosmos. En 1996 también se detectó el ácido acético, otro importante compuesto orgánico. Además, se tiene la constancia de la existencia en meteoritos en nuestro propio Sistema Solar de hasta 18 aminoácidos, sin contar con los compuestos detectados en cometas. Pero además han aparecido otras, que hacia el año 2.000 sumaban ya más de 1.000, que no estaban identificadas (en las correspondientes bandas IR y submilimétricas), si bien se creía que pertenecían a compuestos carbonados, lo que arrojaba cierto factor entusiasta a las teorías sobre la vida en el Universo; se han citado al respecto los hidrocarburos aromáticos policíclicos.
En
2004 se llevaban contabilizadas más de 130 moléculas (y 141 en
2006) relacionadas con procesos bioquímicos en nubes de gas y polvo
entre las estrellas. Las dos últimas, complejas, entonces
identificadas desde Green Bank en la zona de Sagitario B2, a unos
26.000 años-luz de nosotros, en una nube de gas y polvo, fueron el
propenal (CH2
CH
CHO) y el propanal (CH3
CH2
CHO).
Otras halladas antes, fueron en 1996 el radical C8H
en gas y polvo cerca de la gigante roja IRC+10216, a unos 424
años-luz de nosotros, el triacetileno C6H2
en
una estrella en el final de su vida, etc. En el mismo objeto también se
hallaría más tarde isocianuro de calcio. En la IRC+10216 se hallan
después también los compuestos de magnesio MgC3N y MgC4H.
A finales de 2005, tras datos aportados por el satélite Spitzer, se informó del hallazgo en el anillo de polvo que rodea la estrella IRS 46, a unos 375 años-luz de nosotros, en Ofiuco, de los compuestos cianuro de hidrógeno y acetileno, considerados unos de los de precursores del ADN al mezclarse con agua (pueden formar adenina). Tales gases orgánicos, encontrados en abundancia, era la primera vez que se detectaban fuera del Sistema Solar. También se halló CO2.
En el verano de 2007 se daba a conocer el hallazgo de más moléculas de la bioquímica, como el cloruro sódico y el nitruro de fósforo, entre otras, en una estrella gigante situada a 5.000 años-luz de nosotros.
En febrero de 2008 se informaba de 2 moléculas de aminoácidos, la metanimina y el cianuro de hidrógeno, detectadas en cantidad por el telescopio de Arecibo en la galaxia Arp 220, situada a 250 millones de años-luz. Se trata de 2 de los elementos básicos que junto al agua pueden formar el aminoácido glicina. Este mismo compuesto fundamental para la vida también fue hallado por la sonda Stardust en el cometa Wild 2.
En el mismo 2008 también se informó del hallazgo (IAC) a unos 700 años-luz de nosotros en dirección a la constelación de Perseo de moléculas de naftaleno, también vinculado a la vida.
En 2009 se dio a conocer otro estudio sobre las observaciones del ingenio espacial Spitzer, buscando de nuevo el cianuro de hidrógeno, en el que se apunta que los discos protoplanetarios de sistemas de estrellas jóvenes y más frías que nuestro Sol y de 1 a 3 millones de años de antigüedad, especialmente en las distancias consideradas adecuadas para la formación de planetas habitables, poseen algunas moléculas químicas prebióticas. El citado compuesto, cianuro de hidrógeno, apareció en un 30% de los casos de estrellas similares al Sol, pero no en las más pequeñas y frías (enanas de la clase M, ni en las enanas marrones).
En 2010 se informaba del hallazgo del complejo hidrocarburo denominado antraceno (C14H10) en una nube situada a 700 años-luz de nosotros en dirección a Perseo, en concreto a la estrella Cernis 52.
En general, cerca del 90% de todas las moléculas siderales identificadas contienen carbono. Los indicios de que los ladrillos de la vida existen repartidos por el Universo son pues firmes.
En
2011, gracias al ingenio espacial Herschell, se confirma la existencia
del oxígeno molecular (en Orión) de una nube de un sistema en formación
en la proporción de 1 parte por millón respecto al más abundante
hidrógeno.
En
agosto del mismo 2011, tras el estudio de una decena de meteoritos
condritas carbonáceas, la NASA y el Instituto Carnagie, hicieron
público el hallazgo de diversas nucleobases de ADN en los mismos, un
paso más allá tras encontrar primero aminoácidos siderales.
En 2013 se da
a conocer que algunos químicos creen posible la existencia de
reacciones químicas de los alcoholes en el espacio a muy bajas
temperaturas si se tiene en cuenta el llamado efecto de “túnel
cuántico”; el mismo intensifica la velocidad de la reacción en unas 50
veces a temperaturas de -210ºC (según experimento con metanol e
hidroxilo), cosa que en la química clásica ocurre lo contrario.
En 2014 se identificó
en una enorme nube de gas del espacio interestelar, Sagittarius B2, a
27.000 años-luz de nosotros el cianuro de isopropilo, o cianuro
isopropílico, un compuesto orgánico con una molécula compleja que puede
dar idea de la relativa facilidad con que en el espacio libre se forman
numerosos tipos de compuestos propicios para la vida.
En abril de 2015
se dio a conocer el hallazgo del observatorio ALMA en un disco
protoplanetario del cianuro de metilo, compleja molécula orgánica
encontrada en cantidades equivalentes al agua de los océanos
terrestres, lo cual resulta sorprendente. Tal disco lo tiene la joven
estrella MWC 480, que se localiza a 455 años-luz de nosotros en la
constelación de Tauro, y que tiene una masa del doble de la solar.
Antes de
seguir, se inserta un cuadro por orden alfabético con todas (o, en
exactitud, la mayoría de) estas moléculas halladas en el espacio
interestelar, nubes de gas y polvo y entornos estelares, hasta 2011;
alguna lo sería después. A la lista habría que añadir algunos
compuestos con un átomo de deuterio, como el agua, el radical formilo,
el amoníaco, cianuro de hidrógeno, formaldehído, metilacetileno y el
isocianuro de hidrógeno, así como los compuestos HCP, HCCN, HC4N, H2C4,
CH2-CH2(CH3)2O, C7H y C8H.
|
Molécula del espacio interestelar |
Fórmula |
Átomos |
| 2-metoxietanol | C3H8O2 | 13 |
| Acenaftileno |
C12H8 |
20 |
|
Acetaldehído |
CH3CHO |
7 |
|
Acetamida |
CH3CONH2 |
9 |
|
Acetileno |
C2H2 |
4 |
|
Acetona |
(CH3)2CO |
10 |
|
Ácido acético |
CH3CO2H |
8 |
| Ácido carbónico |
H2CO3 |
6 |
| Ácido cianhídrico |
CNH |
3 |
|
Ácido fórmico |
HCOOH |
5 |
|
Ácido isociánico |
HNCO |
4 |
|
Ácido isotiociánico |
HNCS |
4 |
|
Acrilonitrilo |
CH2CHCN |
7 |
|
Agua |
H2O |
3 |
|
Agua protonada |
H2O+ |
4 |
|
Alcohol etílico o etanol |
CH3CH2OH |
9 |
|
Alcohol metílico o metanol |
CH3OH |
6 |
|
Alcohol vinílico |
H2CHCOH |
7 |
|
Amoníaco |
NH3 |
4 |
|
Benceno |
H6C6 |
12 |
|
Benzonitrilo |
C6H5CN |
13 |
|
Butadinilo |
C4H |
5 |
| Carbonilo |
CH+ |
2 |
|
Carbonitruro de silicio |
SiCN |
3 |
|
Carbono diatómico |
C2 |
2 |
|
Carbono triatómico |
C3 |
3 |
|
Carburo de silicio (carborundo) |
SiC |
2 |
|
Cetenimina |
CH2CNH |
6 |
|
Ceteno |
H2C2O |
5 |
|
Cianamida |
NH2CN |
5 |
|
Cianoacetileno |
HC3N |
5 |
|
Cianoacetileno protonado |
HC3NH+ |
6 |
| Cianobutadieno |
C5HN |
7 |
|
Cianoalen |
CH2CCHCN |
8 |
|
Cianodecapentaína |
H(CC)5CN |
13 |
|
Cianodiacetileno |
HC4CN |
7 |
|
Cianoetinilo |
C3N |
4 |
|
Cianohexatriíno |
HC6CN |
9 |
|
Cianometilo |
H2CCN |
5 |
|
Cianotretraacetileno |
HC8CN |
11 |
|
Cianotriacetileno |
HC7N |
9 |
|
Cianuro de etilo |
CH3CH2CN |
9 |
|
Cianuro de hidrógeno protonado |
HCNH+ |
4 |
|
Cianuro de metilo o Acetonitrilo |
CH3CN |
6 |
|
Cianuro de sodio |
NaCN |
3 |
|
Cianuro magnésico |
MgCN |
3 |
|
Cianuro potásico |
KCN |
3 |
|
Ciclopropenilideno |
c-C3H2 |
5 |
|
Ciclopropenona |
c-H2C3O |
6 |
|
Ciclopropinlidinio |
c-C3H |
4 |
|
Cloruro de hidrógeno |
HCl |
2 |
|
Cloruro
de metilo |
CH3Cl |
5 |
|
Cloruro de potasio |
KCl |
2 |
|
Cloruro de sodio |
NaCl |
2 |
| Diacetileno |
C4H2 |
6 |
|
Diazenilio ion |
HN2+ |
3 |
|
Dicarburo de silicio |
c-SiC2 |
3 |
|
Dimetiléter |
C2H6O |
9 |
|
Dióxido de azufre |
SO2 |
3 |
|
Dióxido de carbono |
CO2 |
3 |
|
Dióxido de carbono protonado |
HCO2+ |
4 |
|
Etano |
C2H6 |
8 |
| Etanolamina |
C2H7NO |
11 |
|
Etilenglicol |
C2H6O2 |
10 |
|
Etileno |
C2H4 |
6 |
|
Etinilo |
C2H |
3 |
|
Fluorometilidinio |
CF+ |
2 |
|
Fluroruro de hidrógeno |
HF |
2 |
|
Formaldehído |
H2CO |
4 |
|
Formaldehído protonado |
H2COH+ |
5 |
|
Formamida |
NH2CHO |
6 |
|
Formiato de metilo |
HCO2CH3 |
8 |
|
Formilo |
HCO |
3 |
|
Formilo ion |
HCO+ |
3 |
| Fulereno | C70 | 70 |
|
Glicolaldehído |
CH2OHCHO |
8 |
| Glicolonitrilo |
HOCH2CN |
7 |
|
Hexapentaenilideno o hexatrina |
H2C6 |
8 |
|
Hexatriinil |
C6H |
7 |
|
Hexatriinil ion |
C6H* |
7 |
|
Hidrógeno molecular |
H2 |
2 |
|
Hidrogeno molecular deuterado |
H2D+ |
3 |
|
Hidrógeno triatómico ion |
H3+ |
3 |
|
Hidróxido de aluminio |
AlOH |
3 |
|
Hidruro de azufre |
SH |
2 |
|
Hidruro de azufre |
SH |
2 |
|
Hidruro de azufre ion |
SH+ |
2 |
|
Isocianato de aluminio |
AlNC |
3 |
|
Isocianato de metilo |
CH3NC |
6 |
|
Isocianoacetileno |
HCCNC |
5 |
|
Isocianuro de calcio |
CaNC |
3 |
|
Isocianuro de hidrógeno |
HNC |
3 |
|
Isocianuro de magnesio |
MgNC |
3 |
|
Isoformilo ion |
HOC+ |
3 |
|
Metano |
CH4 |
5 |
|
Metanol |
CH3OH |
6 |
|
Metanotiol |
CH3SH |
6 |
| Metenio |
CH3+ |
4 |
|
Metilacetileno |
CH3C2H |
7 |
|
Metilamina |
H3CNH2 |
7 |
|
Metilamina |
CH3NH2 |
7 |
|
Metilcianoacetileno |
CH3C2CN |
8 |
|
Metilcianodiacetileno |
CH3C5N |
10 |
|
Metildiacetileno |
CH3C4H |
9 |
|
Metilenimina |
CH2NH |
5 |
|
Metileno |
CH2 |
3 |
|
Metileno amidógeno |
H2CN |
4 |
|
Metil-isocianato |
C2H3NO |
7 |
|
Metiltriacetileno |
CH3C6H |
11 |
|
Monocloruro de aluminio |
AlCl |
2 |
|
Monofluoruro de aluminio |
AlF |
2 |
|
Monofosfato de dicarbono |
C2P |
3 |
|
Monofosfuro de carbono |
CP |
2 |
|
Monohidruro de nitrógeno |
NH |
2 |
|
Mononitruro de silicio |
SiN |
2 |
|
Monosulfuro de carbono |
CS |
2 |
|
Monosulfuro de silicio |
SiS |
2 |
|
Monóxido de aluminio |
AlO |
2 |
|
Monóxido de azufre |
SO |
2 |
|
Monóxido de azufre ion |
SO+ |
2 |
|
Monóxido de carbono |
CO |
2 |
|
Monóxido de carbono ion |
CO+ |
2 |
|
Monóxido de dicarbono |
C2O |
3 |
|
Monóxido de fósforo |
PO |
2 |
|
Monóxido de silicio |
SiO |
2 |
|
Monóxido de tricarbono |
C3O |
4 |
|
Naftocianuro de silicio |
SiNC |
3 |
|
Nitrógeno molecular |
N2 |
2 |
|
Nitroxilo |
HNO |
3 |
|
Nitruro de fósforo |
PN |
2 |
|
Óxido de etileno |
c-C2H4O |
7 |
|
Óxido de hierro |
FeO |
2 |
|
Óxido nítrico |
NO |
2 |
|
Oxido nitroso |
N2O |
3 |
|
Oxígeno molecular |
O2 |
2 |
|
Pentacarbono |
C5 |
5 |
|
Pentinilidina |
C5H |
6 |
|
Peróxido de hidrógeno |
H2O2 |
4 |
|
Propadienilideno |
H2C3 |
5 |
|
Propanal |
CH3CH2CHO |
10 |
|
Propanol |
C3H7OH |
12 |
| Propanonitrilo |
C2H5CN |
9 |
|
Propenal |
CH2CHCHO |
8 |
|
Propinal |
HC2CHO |
6 |
|
Propinlidinio |
C3H |
4 |
| Propino | C3H4 | 7 |
| Propionamida |
C3H7NO |
12 |
|
Radical amino |
NH2 |
3 |
|
Radical cianógeno |
CN |
2 |
|
Radical hidroxilo |
OH |
2 |
|
Radical metilo |
CH3 |
4 |
|
Radical metino |
CH |
2 |
|
Radical metino ion |
CH+ |
2 |
|
Silano |
SiH4 |
5 |
| Sulfuro de calcio |
CaS |
2 |
|
Sulfuro de carbonilo |
OCS |
3 |
| Sulfuro de dimetilo |
C2H6S |
9 |
|
Sulfuro de hidrógeno |
H2S |
3 |
|
Sulfuro de nitrógeno |
NS |
2 |
|
Tetracarburo de silicio |
SiC4 |
5 |
|
Tioformaldehído |
H2CS |
4 |
|
Tioformilo ion |
HCS+ |
3 |
|
Tioxoetilideno |
C2S |
3 |
|
Transetil metiléter |
H3COC2H5 |
12 |
|
Triacetileno |
C6H2 |
8 |
|
Tricarbonosulfide |
C3S |
4 |
|
Tricarburo de silicio |
SiC3 |
4 |
| Triptófan | C11H12N2O2 | 27 |
|
Uracilo |
C4H4N2O2 |
12 |
También ha sido identificada (2016) la denominada
molécula prebiótica PO (fósforo-oxígeno), enlace que tiene su
importancia en la formación del ADN. Se localiza en cantidades
superiores a lo pensado antes (10 veces más) entre el polvo
interestelar a 24.000 años-luz de nosotros, en la región llamada W51 y
W3.
Otra muy importante por ser
uno de los aminoácidos básicos, el triptófano, fue identificada por el
telescopio sideral Spitzer de la NASA en el cúmulo estelar IC-0348 de
la Nube de Perseo (2023).
En 2011, tras estudios con los ingenios
espaciales ISO y Spitzer, algunos astrónomos se inclinan por pensar que
muchos complejos compuestos orgánicos desparramados por todo el
Universo proceden directamente de algunas explosiones de estrellas
viejas. Tales compuestos se formarían en solo varias semanas, lo cual
no deja de ser sorprendente por su brevedad.
Ahora bien, si existe con razonable probabilidad la vida en el Universo, ¿cómo podemos estimar numéricamente los posibles planetas habitables y las civilizaciones de seres similares a nosotros? Solo por una estadística con gran parte de datos desconocidos... y la estadística es múltiple en dependencia de quien la haga... Veamos algo al respecto.
En los años 80, según los soviéticos habría solo en la Vía Láctea unos 600.000.000 planetas que tendrían condiciones favorables para la vida, de los que unos 530.000 podrían albergar vida inteligente o con civilizaciones avanzadas. Una estimación eleva la cifra final para nuestra galaxia en el millón de civilizaciones con evidente mayor optimismo. Otra estima en nuestra galaxia un número de planetas con vida de algún tipo en unos 95.000.000, de los que podrían tener vida inteligente la mitad; en la Vía Láctea cifra tal evaluación en unas 14.000 millones las estrellas parecidas al Sol.
Algo más elaboradamente se ha calculado que en nuestra galaxia el 16% de las estrellas podrían tener un sistema planetario; de las mismas, el 50% son estrellas de primera generación, por lo que no tienen más materia que H y He, con lo cual no albergan planetas sólidos y por tanto con vida posible (esto es extensible a cualquier galaxia o sistema solar). A su vez, otro 25% del porcentaje superviviente no tienen masa adecuada para la formación planetaria. Así pues se puede estimar en un 2% como máximo los soles con sistema planetario con posibilidades de ser como el nuestro. De tal porcentaje, la posibilidad de que alguno de tales sistemas tenga uno en el tamaño y distancia a su sol parecido a la Tierra es del 25%. Teniendo en cuenta que nuestra galaxia tiene entre 100.000 y 200.000 millones de estrellas habrá como mínimo unos 500 millones de planetas con posible vida. Pero también hay que tener en cuenta que la vida en la Tierra tardó unos 3.000 años en aparecer y desarrollarse por lo que la estrella ha de tener como máximo 1,5 veces la masa solar para que pueda permitir tal tiempo, dado que con más masa se consume antes.
Yendo más allá, de tal cifra, a su vez podría estimarse otro porcentaje, según la edad estelar y poniendo como referencia la historia de nuestro planeta, para la consecución de una civilización de seres superiores similar o más avanzada que la nuestra. Pero la cifra es ya más difícil de establecer, si bien la base sigue siendo tan elevada que fácilmente aparecerán suficientes decenas de miles de civilizaciones avanzadas (recordemos: solo en la Vía Láctea) para pensar que no estamos solos casi con seguridad.
Para hacer más concretos los cálculos sobre la posibilidad de vida inteligente en el Universo se han llegado a desarrollar fórmulas. Casi todas tienen en cuenta las mismas variables.
Una de ellas la estableció Arthur Clarke y dice que el número de planetas con vida extraterrestre inteligente (N) está en función del número de estrellas (n), el porcentaje de estrellas con planetas (p), el porcentaje de estrellas con planetas habitables (h), el porcentaje de estrellas con planetas habitables con vida (v), y el porcentaje de estrellas con planetas habitables con vida inteligente (i). La fórmula es así:
|
N=nxpxhxvxi
|
Otra fórmula, expuesta por Stephen Dole en su libro “Planetas habitables para el hombre” de los años 60 del Siglo XX, considera un buen número de variables: estrellas de masa adecuada (entre un 35 y un 143% la solar); estrellas con planetas; si es un sistema binario, la distancia, órbita y caracteres del segundo sol; planetas con una serie de parámetros convenientes, tal como la distancia a la estrella, rotación propia adecuada, inclinación del eje de giro, poca excentricidad orbital, una masa entre un 40 y un 220 % la terrestre, antigüedad necesaria, y finalmente una evolución geológica propicia para la vida. La fórmula conjuga en total 10 variables derivadas de todos estos factores. Una aplicación de la misma a nuestra galaxia viene a dar la cifra posible de más de 600.000 planetas habitables.
Pero, aunque más sencilla por refundir en uno varios factores, la fórmula más famosa es la de Frank Drake de 1961, de la que existen algunas variantes que sustituyen la velocidad de formación de estrellas en la variable R. Su enunciado maneja 2 variables más que la de Clarke y 4 menos que la de Dole.
|
N=RxFpxNexFlxFixFcxL
|
N es el número de civilizaciones de una galaxia.
R es el número de estrellas de la galaxia.
Fp es el número de estrellas con planetas.
Ne es el número de planetas con capacidad para albergar vida.
Fl es el número de planetas con vida; se supone solo uno por sistema solar.
Fi es el número de planetas con vida inteligente.
Fc es el número de planetas con civilizaciones tecnológicas o capaces de la comunicación.
L es el tiempo en que la civilización se hace detectable; también: tiempo de vida de la misma.
De todos estos valores, R es conocido, pero el resto son en realidad o relativos o verdaderamente desconocidos. Las variables Fp y Ne juntas tendrán el valor 1; es decir, en un sistema solar con posibilidad de tener vida solo habría un planeta en tal circunstancia. Otras estimaciones que se citan sobre civilizaciones tecnológicas en relación planetas con vida inteligente son relativas puesto que estarán en función de la antigüedad o evolución de tal vida inteligente; alguna evaluación al respecto cifra 1/1000.
Por ello, la aplicación de la fórmula es bastante subjetiva. Si tratamos de ejecutarla para nuestra Vía Láctea, puede salir algo así tan optimista como que podría haber 125.000 civilizaciones, pero el manejo de algunas variables puede dejar tal cifra en... 1: nuestra propia civilización. Para el propio Drake, en nuestra galaxia, la estimación que hizo fue de 10.000 civilizaciones.
Otra evaluación, de los años 80, señalaba que en nuestra galaxia, la Vía Láctea, habría del total de estrellas de la misma solo un 0,8% que fueran como nuestro Sol y poseedoras de planetas (8.000 millones de soles). De las mismas, se estimaba que solo un 25% tenía posibilidades de tener un planeta como el nuestro (o sea, 2.000 millones de estrellas). A tal cálculo se le añadía una necesaria antigüedad para que haya vida, que además sea inteligente y aun más desarrollada tecnológicamente. Finalmente, el cálculo dejaba la estimación en un 0,000176 %, o sea, 176.000 civilizaciones, el cual es posiblemente bastante optimista. Otras cifras resultantes de la fórmula con otras estimaciones de porcentajes pueden dar menos de 14.000 civilizaciones tecnológicas. La distancia media estimada entre tales planetas con civilización de este tipo sería cercana a los 1.800 años-luz.
Si multiplicamos un promedio razonable de nuestra galaxia por los 50.000 millones como mínimo de galaxias, y aun eliminando muchas por diversos motivos, en el Universo podría haber todavía miles de millones de civilizaciones. Muchas, quizá la mayoría, estarían tecnológicamente por delante de nosotros habida cuenta que nosotros apenas tenemos una antigüedad en este sentido de unas decenas de miles de años, muy poca cosa en realidad en la escala del Universo. ¿Se puede imaginar hoy la tecnología y la sociedad del planeta dentro de unos pocos millones de años? Es imposible puesto que nuestras propias décadas de finales del Siglo XX y principios del XXI han sido desbordantes en desarrollo tecnológico y en realidad no son absolutamente nada en el tiempo.
Hay además otras variables que se le olvidaron a Drake y a otros formulantes, y que habría que añadir: el de planetas con capacidad para albergar vida con una luna parecida a la nuestra. El factor luna es de gran ayuda para la estabilidad del planeta y por tanto para que pueda permitir el desarrollo equilibrado y continuado de la vida. Se ha calculado que la ausencia de la Luna en nuestra Tierra alteraría de tal modo la vida sobre la misma que la podría hacer muy difícil o reducible a la vida marina. El efecto de las mareas es obvio. Hay quien ha evaluado el factor de estabilidad lunar en una oscilación para la Tierra de hasta 20º, aunque en el pasado se elevó a 4 veces más. Véase el apartado dedicado a la Luna en el capítulo sobre el Sistema Solar.
También es importante
disponer de un planeta gigante,
cosa que sí parece
fácil a vista de los descubrimientos de planetas extrasolares, cuya
misión es servir de atracción ante asteroides y cometas. Hay quien cree
que también tiene el efecto contrario al fragmentar cuerpos mayores,
como sería el caso de nuestro cinturón de asteroides, y crear así
cuerpos menores que pueden caer sobre el planeta con vida. Pero quizá
el bombardeo de asteroides, ya que nos llegan con órbitas muy
elípticas, tenga más que ver con cometas y antiguos cometas ya
desgastados, más que con los asteroides. Podría ser discutible.
Otro
factor no considerado, incluso más importante que el anterior, es la
disposición del sistema solar potencialmente habitable en un
brazo galáctico adecuado, que no esté en el núcleo, ni muy
alejado, aunque por distintos motivos. En el primero, la cercanía al
centro supone una superior intensidad de radiación no compatible con
la vida y en el segundo una falta de elementos metálicos necesarios
para la bioquímica puesto que en los bordes de nuestra galaxia se ha
observado esta carencia.
Una variable más añadida por algunos más
recientemente es el de la existencia en el planeta durante al menos
unos 500 millones de años de placas tectónicas, puesto que se considera necesario en la evolución de las especies.
En resumen, podrían faltar al menos 3 o 4 factores más en la fórmula, si bien en el caso del segundo, el de la disponibilidad de un planeta gigante, la variable tendría poca influencia (un valor mínimo) y podría ser discutible porque los impactos han sido en nuestro caso, a pesar de Júpiter, abundantes.
Personalmente, la fórmula considerada más apropiada para determinar las posibles civilizaciones de una galaxia sería la que conjugara las variables siguientes: 1) el número de estrellas similares al Sol de la galaxia. 2) El número de planetas habitables de tales estrellas (tamaño, atmósfera determinada y órbita similar a las nuestras, o parámetros dentro de unos límites) con la condición de estabilidad (una luna y/o no tener influencias perturbadoras de otros planetas u otra estrella o estrellas) y su situación en la galaxia; seguramente uno como máximo por sistema. 3) El número de planetas habitables que, desarrollando con seguridad algún tipo de vida, posean seres inteligentes. 4) Antigüedad necesaria mínima para el desarrollo tecnológico.
Es de resaltar que el
principal conjunto de condiciones para la vida reside en el planeta, su
órbita, tamaño, objetos que le acompañan, su distancia a la estrella en
función de la categoría de ésta, etc., así que también cuenta la misma.
La estabilidad de la estrella es importante, pero la del planeta es
igual o más necesaria. Con favorables condiciones la vida será fácil de
hallar y, quizá, quizá, la inteligente también.
Hay además otras
consideraciones. Por ejemplo, la masa de la estrella que tenga al
planeta habitable tendría que estar entre las 2 veces la solar como
máximo y al menos las 0,6 masas solares como mínimo. Fuera de tales
límites, la estrella, o se consume antes de la aparición de la vida
(tomando la nuestra como padrón…) o podrían influir en la órbita
planetaria y sincronizarla como le ocurre a la Luna con la Tierra, de
modo que ofrecería solo una cara a la estrella; esto último daría lugar
a quemar una cara y tener congelada la otra.
Otro factor muy importante es que el planeta
tenga un campo magnético importante, que es tanto como decir un escudo
contra la radiación, tanto de la propia estrella del sistema de que se
trate como de la llegada de fuera a través del espacio. Esto implica
tener rotación y determinados materiales que permitan generar el campo.
De cualquier modo, dado el auténtico desconocimiento de los valores, tan siquiera aproximados de algunas de las variables, estas fórmulas no dejan de ser un sencillo juego matemático más que una seria consideración razonable. Es más, sin necesidad de cálculos ni fórmulas, la propia razón humana, o más bien una razonable intuición, nos indica que existirán un buen número de civilizaciones tecnológicas en el Universo y poco importa que sean mil o mil millones (relativamente). Hay quien se ha atrevido a aventurar cifras relativamente razonables y ha dejado a nuestra Vía Láctea con un número de civilizaciones avanzadas que rondaría el millón a lo sumo.
¿Desde cuando hay vida en el Universo? Teniendo en cuenta que las primeras estrellas supernovas, las productoras de elementos necesarios para la vida, ocuparían más de los primeros 5.000 millones de años de la existencia del Universo, solo a partir de entonces comenzarían los procesos que hayan podido dar lugar a los seres vivos. Por lo tanto, vida en el Universo la habrá desde la existencia de estrellas de segunda generación, y teniendo cuenta que también habrá requerido su tiempo para las adecuadas condiciones planetarias al efecto, se puede considerar que la vida existe desde hace menos de los 8.000 millones de años (alguna fuente cita los 5.000 millones). En cuanto a la primera vida inteligente, se habrán dado las condiciones precisas en unos 2 o 3 mil millones más; hace pues unos 6.000 millones de años a lo sumo (probablemente menos). Todo ello pensando en nuestros cánones, claro está. Pues no se deben descartar procesos distintos en cuanto al surgimiento de la vida y aun más en cuanto a la vida inteligente; no así, en cambio, en los procesos estelares, más conocidos.
Y
si existen civilizaciones más antiguas, cosa que parece factible,
¿por qué no nos han visitado ya? Aquí, el abanico que se abre nos
da un buen número de posibles respuestas. La principal es sin duda
la distancia tan enorme que nos separa de cualquier cosa y la corta
vida de los seres.
Con
el descubrimiento astronómico en 1995 del primer planeta fuera de
nuestro Sistema Solar se abrió un nuevo frente en este campo. Pero
al principio, como es natural, los planetas más detectables eran
gigantescos y por tanto poco propicios para que tengan vida; y mucho
menos inteligente. Sin embargo, los astrónomos van afinando poco a
poco en sus observaciones y con el tiempo delimitarán con toda
probabilidad los exoplanetas más adecuados para tener vida. De
hecho, en 2006 la astrónoma americana Margaret Turnbull aventuraba
los que a su parecer eran los 5 sistemas solares más indicados entre
los más de 100 descubiertos hasta entonces para tener vida y hasta
para tenerla inteligente. Por ello, tales sistemas eran los entonces
recomendados para su observación en programas como el SETI de
observación en las bandas de radio en busca de vida inteligente.
Tales 5 sistemas se localizan en las estrellas Beta CVn (situada a
27,2 años-luz de nosotros), HD 10307 (situada a 41,2 años-luz), HD
211415 (situada a 44,4 años-luz), 18 Sco (situada a 45,7 años-luz),
y 51 Pegasus (situada a 42 o 50,1 años-luz). La primera está a 26
años-luz de nosotros y es similar al Sol. En tal evaluación se
consideraron estrellas con al menos 3.000 millones de años de edad,
tiempo mínimo estimado para que, de tener planeta adecuado, pudiera
en el mismo desarrollarse vida inteligente. Otro parámetro
considerado en la estrella fue su contenido en hierro respecto al
Sol, fijando el mismo en al menos el 50% del solar, bajo la
estimación de que es necesaria la presencia de elementos pesados
para la formación planetaria deseada.
Estadísticamente, tras esos hallazgos de los
primeros cientos de exoplanetas, se considera solo para nuestra Vía
Láctea la posible existencia de como máximo poco más de 10.000 millones
de planetas parecidos a la Tierra girando en órbitas de zona habitable
de estrellas similares al Sol. Pero la posibilidad real de tan
voluminosa cifra podría ser reducida más allá de la estadística solo
unos 100 millones de planetas con posibilidades de vida en nuestra
galaxia, lo cual sigue siendo un número considerable. A su vez, el
número de planetas con vida que hubieran podido desarrollar una
civilización sería notablemente menor, pero aun así en modo alguno
despreciable para pensar seriamente que la vida, incluso la
desarrollada (por no decir inteligente), ha de estar lo suficientemente
extendida por toda la galaxia, y por extensión por todo el Universo.
Una estimación de 2019 cifra en al menos un planeta
como la Tierra por cada de 4 estrellas como el Sol, con órbitas entre
los 237 y 500 días (los días de su año). Al indicar “como la Tierra”,
el margen oscila en tamaños entre los ¾ y 1,5 veces el terrestre. No
significa que sean planetas con vida, pero aun así la cifra resultante
favorable para ello.
Otro estudio (Universidad de Nottingham), conocido
en junio de 2020 y autocalificado de “estimación razonable”, apunta que
podría haber solo en nuestra galaxia 36 civilizaciones extraterrestres
inteligentes, estando la más cercana a unos 17.000 años-luz de nosotros
(distancia media estimada entre todas ellas). Realizan la evaluación
tomando como supuesto que la vida inteligente necesita un período de
formación planetaria adecuada en torno a los 5.000 millones de años.
Con los exoplanetas también ha llegado una nueva
rama astronómica que es la del estudio de los rastros de vida a través
de la detección de elementos y compuestos relacionados con la vida en
tales planetas. Por medio del estudio de sus atmósferas, cuando pasa
una estrella al fondo y se oculta tras el planeta, las líneas de
absorción evidencian su composición; o bien directamente por el
espectro del planeta. Los elementos o compuestos a tener en cuenta que
pongan de relieve la existencia de vida en el planeta de que se trate,
llamados biofirmas, son o pueden ser los siguientes, por sí solos
algunos, y desde luego en conjunto:
A principios de julio de 2013, una estimación
resultado de simulaciones informáticas (universidades de Chicago y
Northwestern) cifran en nada menos que 60.000 millones el número de
planetas en la Vía Láctea solo en las órbitas de distancias
consideradas como habitables y de solo las estrellas más débiles que
nuestro Sol, como las enanas rojas. Estas cifras duplican otras
estimaciones anteriores.
Otra investigación estadística dada a conocer en
2020 cifra el número de estrellas en la Vía Láctea en 400.000 millones,
el doble o cuádruple de otras estimaciones, y estima que hay un 7% de
estrellas de tipo G, como nuestro Sol. El número de estrellas de
nuestra galaxia que podría tener zonas habitables con planetas como el
nuestro se elevaría a unos 6.000 millones, pero no significa que puedan
tener vida inteligente más que unos pocos. Como potencialmente
habitables para los planetas de tales estrellas las estimaciones
oscilan entre un 2% y el muy optimista cien por cien. Estas cifras
estadísticas no dicen pues gran cosa, salvo que en conclusión existen
muchas posibilidades de la existencia de planetas habitables y de que
alguno tenga vida, incluso inteligente.
En 2020, cuando el número de exoplanetas conocidos
supera los 4.500, se conocen entre los mismos más de una veintena de
ellos que reúnen condiciones (y sus estrellas son las adecuadas) de
habitabilidad desde nuestra perspectiva. Pero todos se hallan a más de
100 años-luz de nosotros.
Un estudio dado a conocer por esta época sobre las
posibilidades inversas, de la detección de nuestra vida terrestre desde
lejanos exoplanetas, basada en nuestra experiencia del momento, apunta
que podría ser detectada hasta por unos posibles 1.000 planetas
extrasolares situados hasta 300 años-luz de nosotros. Pero, añadamos,
las posibilidades de que tales sitios tengan vida inteligente de un
nivel suficiente para el desarrollo tecnológico adecuado al caso ya no
son tantas.
Otra evaluación de la misma época en base a datos
del telescopio espacial Kepler cita la cifra de 300 millones de
planetas habitables en nuestra galaxia. Pero nadie aventura entonces el
porcentaje de tal cifra que podrían ser planetas con vida, y menos aun
con vida inteligente.
El 14 de mayo de 2023, un científico jubilado del
JPL, Richard H. Stanton, estaba observando la estrella HD 89389 en la
constelación de la Osa Mayor a 99.742,6 años-luz de nosotros; la
estrella es de Tipo F y algo más brillante y masiva que el Sol.
Entonces captó procedente de la misma una emisión curiosa y única: 2
señales rápidas e iguales separadas por 4,4 seg. Se ignoran un par de
años después el origen de la fuente de la señal o qué la puede generar.
Información original: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0094576525002449?via%3Dihub#sec1
Antes de acabar el apartado hay que señalar que
la verdadera prueba de la existencia de vida en el Universo fuera de
la Tierra existe y tal evidencia está constatada, según parece. En
mayo de 2001 tres biólogos italianos, del Consejo Nacional de
Investigaciones y de la Universidad de Nápoles, reanimaron bacterias
llegadas en el interior de un meteorito. Otros científicos se
mostraron sorprendidos y dubitativos, pero, de ser cierto, es la
primera constatación de la vida extraterrestre. Anteriormente, ya se
habían hallado moléculas y compuestos orgánicos. Puede que la vida
elemental esté repartida por todo el Universo en lo que se llama la
panspermia, teoría que aceptan muchos científicos.
Finalmente no se debe dejar de mencionar en este apartado de La vida en el Universo el libro titulado “No estamos solos”, de Walter Sullivan, porque, aunque data de los años 60 del Siglo XX, es un hito en el tema.
= INTENTOS
HUMANOS DE COMUNICACIONES INTERESTELARES
Que
el hombre se quiere comunicar con posibles seres de las estrellas es
un hecho a nivel científico. Ahí están los mensajes incluidos por
la NASA en sus sondas espaciales Pioneer y Voyager, pero de los
mismos no hay posibilidad de esperar respuesta porque su singladura
es poco menos que eterna, infinitamente más solitaria que una
botella arrojada al mar. Así que, vía “cartero”, no tenemos
posibilidades.
Pero antes de seguir hay que considerar la opinión de algunos científicos que estiman que si existieran otras civilizaciones en el Universo, alguna sería mucha más antigua que la nuestra y se supone que tendría astronaves capaces de visitarnos. Así que, si no han llegado, es que estamos solos en el Universo y si hay vida no es a nuestro nivel según tal razonamiento. Lo cual es demasiado simple para descartar la existencia en cuestión, porque podrían, aun con toda la tecnología imaginable, no poder sortear las inmensas distancias cósmicas o sencillamente evitar el contacto con nosotros, tras un previo y discreto estudio, a vista de nuestros evidentes “antecedentes penales”.
Antes de las décadas y épocas que vamos a citar hubo un intento que hoy es mera anécdota, y suscitará la sonrisa de más de uno, pero que en su día, el 24 de octubre de 1928, fue considerado serio: técnicos británicos trataron de establecer contacto por radio con los.... marcianos, que entonces inocentemente se creían posibles.
Los intentos humanos de establecer contacto por medio de la radioastronomía con posibles civilizaciones extraterrestres datan de finales de los años 50 y siguientes. Se concibieron varios programas, como el Ozma, CETI, Cíclope y el SETI, pero también hubo a partir de 1960 otros trabajos en los que se escrutó el cielo, en parte o todo, y en diversas frecuencias (la mayoría entre los 1,4 y 1,8 GHz) durante algunos cientos de horas; salvo el caso de Francia sobre 300 estrellas en 1981 y los soviéticos de 1969/1970 y 1972 de todo el cielo, todas las demás investigaciones fueron realizadas por los americanos. También Holanda e Israel hicieron al respecto su sondeo entre 1975 y 1979 con 250 estrellas, y Alemania (Wielebinski) en 1977 auscultando 6 estrellas durante 2 h en la banda de los 1,8 cm.
El 8 de abril de 1960 se inició el proyecto Ozma, de Frank D. Drake (y también de J. Cocconi y P. Morrisson), con vistas al posible contacto humano con alguna civilización residente en otro planeta; el nombre es el del personaje gobernante de las míticas tierras de Oz en la literatura de L. Frank Baum. Consistió en la observación durante 400 h de señales por radiotelescopio procedentes de la zona donde están las estrellas, parecidas al Sol, Epsilon Eridani y Tau Ceti, en torno a los 11 años-luz de distancia. Las señales fueron las de una longitud de 21 cm, del hidrógeno, y de una radiofrecuencia 400 KHz. Pero el limitado alcance del Observatorio americano de Green Bank, en Virginia, no dio muchas posibilidades a uno de los primeros intentos científicos de observación de los posibles extraterrestres. Pero hay en ello un hecho importante, la actitud del mundo de la ciencia había cambiado radicalmente: se admitía implícitamente que podían existir otras civilizaciones en el Universo.
En la URSS, el 19 de noviembre de 1962 se emitió en morse a través de la antena de Evpatoria, en Crimea, un breve mensaje de tres palabras (paz, Lenin y URSS) en dirección a Venus, aunque evidentemente ya sabemos hoy que allí no había nadie a la escucha. En 1970, los soviéticos (Troitsky) auscultaron todo el cielo durante 700 h en la banda de los 1.800 MHz con igual finalidad. Dos años más tarde, en 1972, en la URSS también (Kardshev) se hizo algo parecido utilizando también otras frecuencias.
El proyecto Cíclope, o Cyclope, fue una idea de 1971 del americano Bernard M. Oliver para disponer nada menos que 1.026 radiotelescopios de 100 m de diámetro a la escucha de las presuntas señales extraterrestres. Se hizo una detallada planificación, pero el costo del mismo hizo que no pudiera desarrollarse dada la desmesurada envergadura de la infraestructura necesaria y su mantenimiento.
Entre 1972 y 1979, además de los casos que se citarán, se proyectaron escuchas en los Estados Unidos sobre 674 estrellas en la banda de los 1.400 MHz durante 500 h (1972 a 1976), y del propio JPL californiano en 1979 en las bandas S y X durante 400 h barriendo todo el cielo.
El CETI, de contactos con inteligencias extraterrestres, dio lugar al SETI, cambiando “contactos” o “comunicación” por la más racional “búsqueda”, pasando en 1983 brevemente por el proyecto Sentinel. El programa SETI, fundado prácticamente en 1959, primero científico para la búsqueda de la vida inteligente fuera de la Tierra, fue desarrollado en los años 60 por los soviéticos y posteriormente continuado por los americanos. Los soviéticos utilizaron el radiotelescopio del Instituto de Radiofísica de la Universidad de Gorki y llegaron a creer por un momento haber hallado señales extraterrestres que resultaron ser debidas a la alta atmósfera. El trabajo de investigación consiste en el análisis de todas las señales de radio, de todas las frecuencias, procedentes de todos los puntos posibles del firmamento; una labor nada compleja pero sí muy extensa, tanto por los millones de frecuencias como por los puntos celestes de posible origen, pese a la impagable ayuda de la informática. La búsqueda científica de vida extraterrestre fue reanudada oficialmente por la NASA en el programa SETI en los años 70 y fue financiado durante 20 años por tal organismo. El mismo se programó para búsqueda de la vida inteligente fuera de la Tierra con el radiotelescopio gigante de Arecibo, y dejó de actuar por falta de presupuesto en 1994. Fueron sus promotores Frank Drake y el astrónomo Carl Sagan. Se trata de la investigación oficial muy criticada por los investigadores libres, que la tacharon de tapadera.
Al mismo tiempo, el 16 de noviembre de 1974 Drake procedió durante 3 min al envío por radio desde Arecibo de secuencias diversas, de números primos, la estructura de átomos de hidrógeno, oxígeno y carbono, los componentes básicos de las moléculas de la vida, etc. La señal, en sistema binario de 1.679 bits (número producto de los dos números primos 23 y 73; esto es, fueron emitidas 73 líneas de 23 caracteres), se dirigió hacia el cúmulo de galaxias M13, a 22.500 años-luz en la banda de los 2.381 MHz con una potencia de 1.000 kW. La emisión se hizo durante 2 min 49 seg. Posteriormente, en 1999, se hizo algo parecido desde un radiotelescopio de Ucrania.
En 1975, desde el potente radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico, se envió en frecuencias de 1.420 y 1.610 MHz con 450 kW de potencia en dirección a la zona de estrellas M13 de Hércules una secuencia con información sobre la vida en nuestro planeta. Dentro 14.000 a 25.000 años recibirán las señales allí, si es que hay alguien a la escucha. La transmisión va en lenguaje binario (0 y 1) y se haber respuesta podría llegarnos hacia el año 50.000... Estas acciones son, no obstante, meramente simbólicas a las que no hay que esperar respuesta, desde luego. Por eso es más factible escuchar que enviar mensajes si de verdad queremos averiguar si hay alguien ahí fuera.
El
15 de agosto de 1977 los americanos captaron durante 72 seg una clara y
notable señal en la longitud del hidrógeno neutro procedente
aparentemente de la estrella cercana 47 Ypsilon Andromedae, a 220
años-luz de nosotros, que se tradujo por 6EQUJ5 y cuyo origen verdadero
nunca se pudo establecer porque no se volvió a repetir. Tal banda no
está autorizada para su uso en nuestro planeta pero no se puede excluir
una intromisión. La breve y dudosa señal no fue considerada una prueba
de conclusión de la existencia de una transmisión extraterrestre. Fue
llamada la señal “Wow!” por la anotación de asombro hecha en el margen
del listado que la identificaba. Hay quien cree que en realidad es una
señal del hidrógeno de dos cometas que se cruzaron en la línea de
observación de tal estrella. Pero en 2020, con datos del ingenio
espacial Gaia de la ESA, se pudo localizar como una probable fuente una
estrella similar al Sol llamada 2MASS 19281982-2640123, y situada a
1.800 años-luz de nosotros en la constelación de Sagitario; sin
embargo, hay varias decenas más de estrellas también posibles, aunque
consideradas entonces candidatas secundarias. La zona fue estudiada por el SETI en mayo de 2022 infructuosamente.
También
con el uso de Arecibo, el proyecto SERENDIP se inició en 1979 con
escuchas puntuales y localizadas, y utilizando las bandas entre los
424 y 536 MHz. Las posibilidades del tal repetido radiotelescopio de
Costa Rica le permiten monitorizar a la vez hasta 58.000.000 canales
de radio.
En
1981, los franceses (Birau y Tarter) hicieron barrido durante 80 h
sobre 300 estrellas en la frecuencia de los 1.700 MHz.
Desde 1985 se usaría con iguales
fines también el radiotelescopio de Harvard, de 26 m, dentro del
llamado proyecto META de la Planetary Society, con estudio celeste
entre los 60º y –30º de declinación, y el que sería sucedido
por el proyecto Beta en noviembre de 1995, con análisis de
250.000.000 frecuencias entre los 1,4 y 1,7 GHz. Un META 2 se
desarrolló en Argentina examinando 200 billones de frecuencias entre
los –80º y –10º de declinación a partir de 1990, luego de 2
años de preparativos. El análisis de resultados dio unas pocas
decenas de señales de apariencia poco común, pero sin que puedan
asimilarse a procedencia inteligente alguna porque no fue posible
volver a captarlas para su comprobación. Otro proyecto similar fue
el OSURO, de la Universidad del Estado de Ohio, que usó una antena
de 53 m de diámetro.
Según Drake, existirían cerca de 100.000 civilizaciones extraterrestres en un nivel parecido al nuestro, pero también estaba convencido de la imposibilidad de comunicarse con ellas. El problema es que en las señales captadas, entre las que se cuentan 28.000.000 frecuencias o canales para barrer, había algunas que tenían origen en la propia Tierra, procedentes a veces incluso de aparatos de tipo domésticos. Por supuesto también están las señales emitidas por satélite como eliminables en la investigación.
El Congreso americano optó por suspender la financiación del SETI en 1993 tras reanudarlo un año antes; la NASA que había venido apoyando SETI desde hacía años había pedido para el mismo 12.300.000$ y los políticos vinieron a decir algo así como “no nos interesa buscar hombrecillos verdes”. Los últimos estudios habían empleado 1.000 h con una antena de 34 m de Goldstone, en California, y 200 h con la de Arecibo, desde donde se observaron 24 sistemas estelares con estrella similar al Sol.
Pero el proyecto se volvió a reanudar más tarde, financiado por empresas como Microsoft, la Hewlett Packard e Interl Co. e incluso por particulares como el autor Arthur Clarke, pensando entonces cambiarle el nombre por el de Phoenix (o Fénix), bajo presupuesto anual de 7 millones de dólares. Así se reanudó SETI en 1995 utilizando el radiotelescopio australiano de Parkes, a 300 Km de Sidney, con un plan de escuchas de 5 meses sobre 210 estrellas del hemisferio sur celeste. Cada estrella se observaría durante unas 12 h en unas 2 millones de distintas frecuencias que se procesarían por un sistema informático para eliminar las interferencias terrestres. Otro radiotelescopio implicado sería el de Ohio entre 1992 y 1997 con escuchas en frecuencias entre los 1,4 y 1,7 GHz, si bien ya se utilizó anteriormente al respecto desde 1974. En 1998 se sumaron al proyecto los ingleses (Universidad de Manchester) con su radiotelescopio Lovell de Jodrell Bank.
En 1997 se puso en acción el proyecto SERENDIP 4 en Arecibo bajo la gestión de la Universidad de Berkeley; igualmente el mismo tuvo por objetivo la búsqueda de señales inteligentes procedentes de fuera de nuestro Sistema Solar. El presupuesto es entonces de 4.000 millones de pesetas de financiación privada, como la Sociedad Planetaria y algunas multinacionales; tal sociedad no gubernamental, con finalidad de promover la exploración planetaria y la búsqueda de vida extraterrestre, fue fundada en 1980 por Carl Sagan, Bruce Murray y Louis Friedman, y contaba en 2000 con unos 100.000 miembros de unas 140 naciones. La instalación en Arecibo del sistema citado se hizo en septiembre de 1998 y se utilizó la escucha de la frecuencia de los 1.420 MHz considerada la idónea; es la de los 21,1 cm, la del hidrógeno neutro. Pero el proyecto pretendía el rastreo de nada menos que 24.000.000 de longitudes de onda distintas.
El proyecto SETI, reiniciado en mayo de 1999, solicitó la ayuda de 100.000 voluntarios para procesar con ayuda de sus ordenadores personales a través de Internet la información recibida por las antenas. Tal labor consistía en la descarga de paquetes de 250 KB (cada uno en unos 5 min) por parte del colaborador en su equipo (además del programa correspondiente la primera vez) y el trabajo lo realizaría el ordenador con un total de 15 h seguidas para cada paquete durante tiempos muertos (como un salvapantallas, intermitentemente) o bien a la vez trabajando de tener memoria suficiente para la simultaneidad. Los resultados, enviados en otra conexión posterior, se canalizarían a través de la Universidad de Berkeley. La dirección de Internet es www.setiathome.ssl.berkeley.edu. A la referida convocatoria de voluntarios de todo el mundo concurrirían pronto, en unos meses, no cien mil sino un millón de ellos y no solo particulares, sino todo tipo de instituciones... Un año más tarde el número de voluntarios ascendía ya a dos millones y la labor de tanto ordenador supuso el equivalente a 280.000 años de trabajo informático en este campo. En marzo de 2003 el número de implicados en tal altruismo era ya de 4.287.000 cuyo trabajo equivale a 1 millón de años de computación. Pero, en tal volumen, solo estimó oportuno investigar como interesantes 150 fuentes con el radiotelescopio de Arecibo.
Entre tanto se mantuvo la escucha en todas las frecuencias posibles de emisiones que pudieran proceder del espacio lejano con radiotelescopios. El análisis de estas señales, realizando durante años, dio lugar al hallazgo de algunas de identificación dudosa, pero ninguna de evidencia. Las frecuencias habitualmente recomendadas para estar a la escucha son las de longitudes de onda entre los 3 y 30 cm, especialmente la de los 21 cm del hidrógeno neutro, pero también otras; sin embargo, el problema es grande, porque solo entre los 3 y 30 cm hay unos 9.000 millones frecuencias distintas.
En 2003 se promovió una campaña para enviar vía radiotelescopio ucraniano de Evpatoriya 90.000 mensajes de otras tantas personas. En julio de tal año, los promotores de este proyecto, denominado “Llamada cósmica”, una empresa de Houston, enviaron un mensaje de salutación dirigido hacia 5 estrellas parecidas a la nuestra. La compañía cobró por cada mensaje 24,95$ y entre tal milenaria cifra hubo mensajes de lo más curioso y anecdótico; uno pedía a los presuntos receptores extraterrestres dinero en cualquiera de sus formas (moneda “extraterrestre”, oro, etc.).
A principios de 2004 se anunció la donación de 13,5 millones de dólares por parte de Paul G. Allen, uno de los fundadores de la compañía Microsoft, para ayuda en la construcción del ATA, un conjunto o fila de 32 telescopios de 6,1 m de diámetro (cada unos con un coste de 80.0000$) destinados a la escucha de posibles señales extraterrestres cerca de San Francisco, en Hat Creek. Tales, llamados ATA 32, son los primeros de un total previsto de 350 interferométricos y sus aplicaciones son también las propias de la radioastronomía en longitudes entre los 2 y 50 cm. Para evitar en lo posible el ruido térmico se refrigerarían los detectores por un sistema distinto, mucho más barato que el habitual utilizado hasta entonces. Su puesta en funcionamiento se fijó para finales del mismo 2004 y el sistema completo (ATA 350) debería estar listo en 2007.
En el verano del mismo 2004 trascendió que el radiotelescopio de Arecibo había captado el 7 de marzo una señal de radio que resultaría repetitiva (3 veces durante 1 min con alteración de la intensidad), bautizada SHGb2+14a, que fue objeto de especial atención y tuvo cierta trascendencia en los medios de comunicación. En realidad, la señal fue captada por vez primera 6 años atrás y utiliza la frecuencia de los 1.420 MHz, una de las consideradas idóneas para el caso, y procede de un punto entre las constelaciones de Aries y Piscis. Curiosamente en el lugar de procedencia no se observa objeto celeste alguno y el más cercano está a unos 1.000 años-luz. En realidad, el origen podría ser debido a diversas causas explicables y no es una evidencia de señal extraterrestre.
En 2006 el astrónomo ruso Alexander Zaitsev proponía su propio SETI, aquí llamado METI, pero para transmitir en vez de recibir señales. Y aproximadamente en 2009 transmitió 501 mensajes hacia la posición del planeta Gliese 581c, situado a 20,5 años-luz de nosotros, con lo que los posibles receptores los podrán captar hacia 2029. Otra
posibilidad poco contemplada es que los hipotéticos extraterrestres
utilizaran para emitir en sus intentos de comunicación por el Universo
bandas del espectro que no pensamos o incluso emisiones de neutrinos,
que por su cualidad de atravesar la materia hasta ahora (2011) no se
han visto como alternativa para estos menesteres.
En realidad, no cabe pensar que una civilización avanzada, o tan
siquiera incipiente tecnológicamente como la nuestra, piense en
enviar mensajes por radio, ni en ninguna frecuencia ETM, a menos que
tales seres vivieran miles o millones de años pensando en esperar
una respuesta. Tomamos como patrón nuestras propias medidas y
creyendo en lo posible e imposible según nuestros cánones. De ahí
que muchos científicos respetables sean tan incapaces de pensar que
los posibles extraterrestres pudieran hacer otra cosa distinta a lo
que haríamos nosotros. Así que, con las enormes distancias celestes
¿quién va a enviar señales de radio, aun en todas direcciones,
pensando en recibirlas en vida? Naturalmente, no hace falta ser muy
listo para pensar que ninguna civilización se parará a hacer tal
cosa y por lo tanto tampoco estará a la escucha, salvo que allí la
vida sea infinitamente más prolongada que la nuestra...
La
comunicación radiotelescópica, o por radioondas, no obstante,
podría ser factible en distancias relativamente cortas y previa
localización de los planetas habitables. Las “conversaciones”
podrían ser aun así efectivamente eternas, aunque valdrían la
pena. En tal hipotético caso, tras la detección de una señal
inteligente, el protocolo legible para la comunicación resulta casi
una odisea. Los mensajes, con independencia del contenido, tendrían
que ser inicialmente tan sencillos como para identificar el alfabeto
y lenguaje utilizado, o las posibles secuencias a emplear, y para
ello habría que delimitar los caracteres. De tal modo, uno de los
lenguajes que se creen universales son las matemáticas y dentro de
las mismas los números binarios (el cero y el uno, positivo y
negativo, blanco y negro, señal o espacio en blanco, etc.), así que
el lenguaje básico de los ordenadores humanos podría ser un buen
principio. Las técnicas de comunicación humanas son de lo más
variado. Baste recordar los tipos de escritura, de izquierda a
derecha (árabe), de derecha a izquierda (latina), de arriba-abajo
(china), las de otros menos conocidos, y los tipos de caracteres, con
aun más variedad. Así que los sentidos que damos a las dimensiones
espaciales para delimitar los campos de la expresión serían el
primer rompecabezas para una comunicación con los alienígenas. Es
decir, en la señal recibida (por nosotros o por ellos), ¿cómo se
delimitan los fragmentos o partes de la comunicación, de los
caracteres, de las unidades de información? Incluso en una imagen,
que sería el lenguaje más explícito y evidente para la
comunicación efectiva, el extraterrestre se preguntaría donde
estaría la señal de “retorno de línea”, o el final de un
cuadro por ejemplo, para su composición; tendría o tendríamos que
ir probando distintas secuencias con un ordenador. Habría que
empezar por el estudio de las simetrías y las cuestiones más
elementales, aparentemente inocentes. Las fórmulas de física, bajo
una adecuada representación ideográfica, serían también una
“buena señal”.
En octubre de 2016 trasciende que unos astrónomos
canadienses (Universidad de Laval, Quebec) venían analizando señales de
pulsos láser estelares y había encontrado 234 fuentes que, según ellos,
podrían ser por sus características potencialmente procedentes de
“inteligencias extraterrestres”. Las mismas proceden curiosamente de
estrellas similares al Sol entre un total de más de 2,5 millones. Pero
tales emisiones también podrían tener un origen natural en la dinámica
de tales estrellas. No obstante, el SETI dice entonces que va a
proceder a su estudio para aclararlas.
En marzo de 2017 se vuelve a plantear si
algunas señales excepcionales procedentes del espacio profundo son de
origen extraterrestre. Entre 2007 y 2016 se han captado un par de
decenas de tales emisiones procedentes de miles de millones de años-luz
de distancia. Se trata de destellos de ondas de radio, ya detectadas en
2001, de período muy corto, de milisegundos, pero muy potentes, cuyo
origen no se consigue localizar en cuerpo celeste alguno, razón por la
que se admite su posible origen artificial. No obstante, para su
emisión se requiere tal fuente de energía que más bien cabe pensar que
son fuentes naturales de algún tipo de cuerpo celeste aun sin
identificar. De ser emisiones artificiales podrían tener como objetivo
transmitir energía a naves espaciales, tripuladas o no, de hipotéticos
extraterrestres. La posibilidad de impulsar así también sondas, como
nuestras teóricas a velas, no resulta muy creíble pues de tener tal
tecnología energética no navegarían con ellas, ni cosa parecida, por
existir otros medios mucho más eficaces.
En 2018, dado que para esta época la detección de
exoplanetas es tan numerosa que hace pensar que pronto se ha de hallar
algún planeta de muy similares características al nuestro, el proyecto
SETI podrá delimitar enormemente el enfoque de sus antenas a los puntos
donde estén los posibles planetas con vida. Sin embargo, no hay que
tener mucha esperanza de captar señales de actividad en las hipotéticas
civilizaciones inteligentes, pues podrían estar como los humanos hace
solo unos 100 años atrás o estar miles de años por delante y usar
medios de comunicación inimaginables. En todo caso pueden no tener o
usar los medios que usamos nosotros y con los que pensamos que les
vamos a captar. Ya saben: piensa el ladrón que todos son de su
condición. Va a ser tarea difícil, aunque igualmente habrá que probar
todo, a ver…
En el mismo año de 2018 el SETI somete a
reconsideración su llamada Escala de Rio, creada en 2001 para evaluar
entre 0 a 10 la influencia y consecuencias que tendría sobre nuestra
sociedad la detección de vida extraterrestre. La nueva escala,
denominada Escala de Rio 2.0, trata de reclasificar las valoraciones
ante hipotéticas señales de inteligencia extraterrestre tomando como
referencia nuevos parámetros, especialmente las modernas redes sociales
tan fácilmente llenas de noticias falsas.
En 2019, tras 3 años de observaciones del SETI de
1.327 estrellas cercanas a nuestro planeta, se siguen sin hallar
señales que evidencien la existencia de alguna civilización mínimamente
tecnológica extraterrestre. Se utilizan para ello los radiotelescopios
de Green Bank en Virginia y el de Parkes en Australia.
En febrero de 2020 se publica un estudio de 20
estrellas cercanas con una posición favorable (en el mismo plano de la
eclíptica) para la observación de la Tierra como nosotros hacemos con
los exoplanetas. Se examinaron sus emisiones de radio en la Banda C,
entre los 4 y los 8 MHz, pero el resultado ha sido negativo.
Por entonces, casi al mismo tiempo, se mantiene
cierta intriga acerca de otra señal celeste, FRB 180916.J10158+56, una emisión FRB que se
repite cada 16 días y que algunos pretenden examinar bajo la premisa de
un posible “origen artificial” al no tener claro su origen. Procede de
un punto celeste a 500 millones de años-luz de nosotros, y
probablemente sean causadas por un magnetar, u otro objeto celeste no
conocido entonces, dada la cantidad de energía necesaria para producir
tal emisión, muy elevada para cualquier posible civilización.
Otra, conocida como FRB 121102, descubierto por el
radiotelescopio de Arecibo el 2 de noviembre de 2012, emite ráfagas
durante 90 días y se silencia durante 67 días, siguiendo pues un ciclo
completo de 157 días. Se vincula la cadencia a la órbita de un objeto
masivo.
A partir del 31 de marzo de 2020 el programa de
colaboración ciudadana de voluntarios en la búsqueda de señales de
origen inteligente del SETI@home deja de funcionar tras 21 años de
labor. Al mismo tiempo comienza la segunda fase de otra iniciativa, la
denominada Breakthrough Listen, creada en 2015 en California
(Universidad de Berkeley), que da a conocer datos (2.000 TB) del
rastreo de emisiones de radio en nuestra galaxia, incluida la zona
central de la misma, también con objetivo en la búsqueda de señales de
vida extraterrestre. Es el denominado programa PANOSETI. Esta información se basa en la lograda
principalmente por el radiotelescopio australiano Parkes en Nueva Gales
del Sur, con ondas de radio entre 1 y 12 GHz.
En abril de 2020 se suma a las observaciones SETI el
mayor radiotelescopio del planeta, el chino FAST, recién puesto en
servicio.
En el mismo 2020 también se realiza un sondeo
detallado con el radiotelescopio MWA (Australia) de las posibles
señales de vida extraterrestre procedentes de la zona de la
constelación de la Vela, contabilizando unos 10 millones de estrellas.
El resultado es negativo.
En julio de 2021 se anuncia el Proyecto Galileo para
buscar astronómicamente las denominadas firmas tecnológicas en el
Universo, señales emitidas por hipotéticas civilizaciones
extraterrestres avanzadas. El proyecto es creado por varios astrónomos
estadounidenses con colaboración internacional y piensan utilizar
decenas de sistemas de telescopios y la inteligencia artificial.
A principios de enero de 2022 trasciende el proyecto que amplía el SETI
conocido como LaserSETI. Con el mismo se pretende observar las posibles
emisiones láser extraterrestres en forma de destellos o pulsos láser
(artificiales) originados fuera de nuestro Sistema Solar. El sistema de
observación a utilizar es a base de pares de cámaras gran angular
unidas a instrumental comercial común que captan ángulos de 75º. El
primer observatorio de este sistema será el estadounidense Observatorio
Robert Ferguson de Sonoma, California; el segundo, el Observatorio de
Haleakala en Hawái, y está entonces previsto crear otros 10
observatorios (Puerto Rico, Canarias y Chile). La financiación,
privada, se consigue desde 2017 mediante una campaña de crowdfunding.
Otro programa de 2022 del mismo tipo es el COSMIC
SETI, del SETI y el NRAO con la utilización de los 27 radiotelescopios
de 25 m VLA de Nuevo México. Se pretende observar durante 2 años unos
40 millones de sistemas estelares en busca de “firmas tecnológicas”
extraterrestres.
En 2022 la señal recibida calificada como de mayor
duración (3 seg) y de una regularidad clara es la denominada FRB
20191221A, descubierta en 2019 en una galaxia lejana, aunque en sitio
exacto inconcreto. Pero para los astrónomos está originada
probablemente en un púlsar o un magnetar.
También en 2022 se implica en el proyecto SETI bajo
la denominación de SETI Post-Detection Hub,el Center for Exoplanet
Science y el Center for Global Law and Governance de la Universidad de
St Andrews. Pretende actuar como centro coordinador internacional para
evaluar procedimientos, protocolos y respuestas en el estudio de la
posible vida inteligente extraterrestre. Algunos de tales aspecto ya
existen, pero se pretende volver a valorarlos y ampliarlos.
Mediado junio de 2022 se publica que los chinos de
la Universidad de Pekín y su gran radiotelescopio Sky Eye habían
captado unas señales de radio en banda estrecha que calificaron de
“sospechosas” porque les parecieron artificiales y que “podrían”
apuntar a “vida extraterrestre”, aunque luego borraron el mensaje
porque entendieron que había que tomar el asunto con “precaución” y
“completar el análisis”. Las anunciaron como “posibles señales de una
civilización extraterrestre” basándose en los “posibles rastros
tecnológicos”. El sondeo fue iniciado en 2019 y los datos de referencia
pertenecen al 2020. También se admite que puede tratarse de una
interferencia de radio y de ahí lo de completar el análisis.
Hacia la mitad de diciembre de 2023 trasciende que
el programa SETI había captado la señal FRB 20220912A (descubierta en
2022), ráfagas rápidas en banda de radio distintas a las demás
conocidas que se generan en las estrellas, quizá en las de neutrones
magnetars; se dice que han captado en 2 meses 35 veces la señal. La
ahora captadas se repiten con cambio de tono que una vez procesadas y
convertidas parecen un silbido que pasa de agudo a grave, de
frecuencias más altas a más bajas.
En agosto de 2024 el SETI anuncia la observación por
vez primera de galaxias más allá de la nuestra en cantidad de 2.800 en
radiofrecuencias bajas, de los 100 MHz. Pero tal estudio no hallaría
señal alguna de “tecnología extraterrestre”, o, como dicen entonces,
“tecnofirma”.
= ¿CÓMO SERÁN OTROS PLANETAS HABITADOS?
La estadística de probabilidades matemáticas e inherentemente la lógica imponen la existencia de otros mundos con vida. Como sea que no es de momento comprobable, podemos suponer cómo son con cierta libre imaginación, pero considerando leyes que se pueden creer universales.
El conjunto de premisas que a buen seguro gobierna el Universo en este aspecto, y que condicionará la vida en otros planetas habitables del mismo, será: Una estrella de un tipo determinado parecido al nuestro, la situación del planeta en una posición ni muy cercana ni muy alejada, cierta estabilidad rotatoria y con una rotación mínima (de menos de 96 h, o sea de 4 días de los nuestros), una gravedad parecida a la nuestra (de al menos un 40%, según se estima para sostener una atmósfera mínima), o no muy divergente, una estabilidad o antigüedad geológica mínima, la existencia de una atmósfera con componentes y presión adecuados, agua suficiente, algunas cosillas más y... un poco de suerte. De alguna manera, en efecto, nuestro planeta es un patrón y los futuros sistemas planetarios con vida tendrán que ser bastante parecidos, si bien la exactitud o una gran aproximación serán difíciles de hallar. En sistemas solares de zonas muy densas, con estrellas muy cercanas, donde la noche podría no existir por ello, el riesgo de radiaciones letales también será mayor y por tanto serán más difíciles de encontrar planetas habitados, o al menos habitables para nosotros.
Pero no hay que dejar de mencionar que la existencia de un sistema habitable no significa que lo sea para nosotros, sino para las especies propias vernáculas que se habrán desarrollado adaptadas al medio. Hay que tener presente que la propia Tierra al principio no tenía oxígeno en su atmósfera, hasta tanto aparecieron las plantas o quizá determinadas bacterias. Por ello, podrían hallarse sistemas con vida habitable, pero para... sus propios seres. Cabe pensar, no obstante, que el patrón evolutivo de nuestro planeta es posible que sea común en todo el Universo, si bien habrá que esperar que haya excepciones; y hasta posiblemente, quizá, monstruosas. Tal posibilidad sería generada por las evolución geológica primero y biológica después, sin olvidar los determinantes condicionamientos de la gravedad planetaria, que marca las dimensiones máximas a que pueden sostenerse los seres mayores sobre una superficie, distancia a la estrella o estrellas en un sistema binario, los bombardeos planetarios, y alguna otra circunstancia. La mayor o menor abundancia de determinados elementos en la superficie y la atmósfera, el éxito de alguna especie de sustento, tanto vegetal como animal, podría en efecto dar lugar al logro por parte de alguna especie de alguna civilización muy distinta a la de estos monos mamíferos que hoy gobiernan la Tierra.
Si los dinosaurios no se hubieran extinguido es posible que hoy la especie dominante sobre la Tierra fuera un bípedo reptiliano bastante parecido al hombre en el aspecto físico (piernas, brazos, cuerpo y cabeza), erguido, con pies y manos de 3 dedos y un cerebro grande, pequeña nariz, boca y ojos... de reptil. Hay paleontólogos que piensan que el antecesor reptiliano posible habría sido el trodón, stenonychosaurus inequalus, un dinosaurio carnívoro y cazador en grupo, ágil bípedo semierecto, de unos 2 m de altura, manos prensiles, visión estereoscópica y de una inteligencia entonces (hace 65 millones de años) superior a la de otros dinosaurios. La evolución lo habría traído al momento actual con capacidades similares a las humanas; en tal caso, es posible que la rama primate no se hubiera desarrollado tanto al impedírselo tales seres de origen reptiliano. Es admisible pues que en algún planeta del Universo exista tal especie inteligente. Su sociedad sería interesantísima de estudiar porque los comportamientos sociales de los reptiles respecto a los mamíferos resultan tan distintos que la posesión de una inteligencia a nuestro nivel daría como resultado diferencias impensables y sorprendentes. Lo mismo puede decirse del hipotético pensamiento de una sociedad semejante y ¿qué decir de sus posibles actitudes filosóficas, morales, metafísicas, religiosas?
Del mismo modo, la posible supervivencia y dominación de otras especies en otros planetas podría dar lugar a un desarrollo inteligente, pensante y consciente de sí y de su lugar en el medio, y así de una civilización adecuada con lo que nos encontraríamos con la posibilidad de seres de los más variopintos, sin llegar a pensar que las cosas son como exhibe el cine de ciencia-ficción, al estilo de “la guerra de las galaxias”. Es decir, no podemos pensar en principio que los seres inteligentes que puedan existir en el Universo sean como nosotros, ni siquiera humanoides, aunque los pueda haber también, sino variopintos, según la evolución geológica y atmosférica del planeta y sus condiciones de masa, rotación y órbita; significa esto que sus ciclos vitales seguramente son muy distintos a los nuestros.
A la vez, la consideración de que podrían haber evolucionado seres desde hace 65.000.000 de años, nos daría hoy una civilización inimaginablemente avanzada. No es cosa fácil puesto que las caídas de asteroides, más frecuentes cuanto más atrás en la historia, las podemos suponer como caso general en la creación de cualquier sistema solar. Aunque esto es algo que realmente se ignora. Pero si hubieran podido desarrollarse en tan solo un período de calma, la civilización nos sacaría una extraordinaria ventaja. Cierto es asimismo que otros factores, como la velocidad evolutiva, podrían no ser igual de rápidos que en el caso humano. Comparativamente, el hombre solo ha evolucionado de modo significativo en las últimas decenas de miles de años. Una insignificancia de lo que podría ser dentro de un solo millón de años. En un tiempo a mayor escala, a nivel de existencia estelar, la vida solo sería posible a partir de la existencia del carbono –tal como la concebimos-. De modo que, como tal elemento solo se generó a partir de estrellas de una segunda generación, y considerados otros varios miles de millones de evolución, solo es posible que haya en el Universo civilizaciones desde hace menos de los 6 mil millones de años como ya se hizo anteriormente referencia.
El tamaño de los seres estará en función de la gravedad planetaria vía configuración muscular. La gravedad determinará pues muchas de las características de las especies del planeta habitable. Pero cabe pensar que hay unos límites naturales que en realidad estarán impuestos por la propia peculiaridad de los planetas habitados y su gravedad; no es de esperar que haya vida inteligente en planetas gigantescos, que se creen mayormente gaseosos, o en los muy pequeños. Así pues, la fisiología de los seres de otros planetas estará en consonancia con los caracteres físicos del planeta. La existencia de baja gravedad (siempre respecto a la nuestra) podría dar lugar a seres con esqueletos mínimos, cartilaginosos, flácidos o sin ellos, altos. Una elevada gravedad podría hacer que los seres fueran fuertes, musculosos, pequeños, etc. Las posibilidades son inmensas según las combinaciones de posibles planetas, su estrella o estrellas (en casos binarios) y la distancia al mismo o los mismos, pero cabe esperar bastante parecido entre seres de cuerpos planetarios de características similares.
La condición planetaria de la atmósfera parece irrefutable pues es el escudo contra las radiaciones, meteoritos y además es fuente de intercambio gaseoso para cualquier nivel de vida. En cambio, la existencia de necesarias grandes cantidades de agua podría ser más discutible. Pero sin un mínimo de humedad que pueda dar lugar a los importantes ciclos de agua las posibilidades de vida se reducirían.
Por otra parte, pensando en nosotros mismos, encontrar un planeta con una atmósfera igual a la nuestra seguramente es muy difícil. Lo más probable es que se parezca mucho a la terrestre, pero es de dudar que tenga exactamente los mismos componentes y porcentajes de elementos y compuestos gaseosos.
Aquí habrá que pensar en delimitar los márgenes tolerables para el hombre en tales elementos y compuestos. Seguramente habrá planetas muy parecidos al nuestro pero quizá con posibles y diversos altos contenidos en metano, amoníaco, cloro, monóxido de carbono, diversos ácidos (sulfhídrico, clorhídrico, etc.), compuestos de azufre, compuestos del nitrógeno, etc. Quizá algunos tengan demasiado poco oxígeno o un bajo nivel de presión y exijan tecnología complementaria para vivir en ellos. Los límites críticos de los distintos elementos y compuestos gaseosos será objeto de un primer análisis y marcarán las condiciones de habitabilidad. Son de recordar los apartados dedicados a los objetos celestes del Sistema Solar que poseen atmósfera y se pueden en los mismos observar los distintos niveles de diferentes gases.
Se estima en definitiva, en cuanto a atmósfera se refiere, que para ser habitable ha de tener un mínimo de presión no inferior a un 40% la terrestre a nivel de mar, o no menos de la equivalente a una altitud en nuestro planeta de unos 5.000 m. Pero además con un contenido en oxígeno mínimo con una presión parcial de más de 60 mm de la columna de Hg.
Por supuesto, el contenido en agua de tal atmósfera y las temperaturas de la misma, sin olvidar el clima, la velocidad de los vientos, actividad sísmica, vulcanismo y radioactividad, también han de tener unos límites para tal repetida habitabilidad.
A
continuación algunas imágenes de cómo se imagina la NASA que pueden ser
algunos de los exoplanetas descubiertos hasta ahora. Imágenes
artísticas (irreales, por supuesto) obtenidas de la web https://exoplanets.nasa.gov/alien-worlds/exoplanet-travel-bureau/
![]() |
![]() |
![]() |
![]() El exoplaneta Kepler 186f imaginado sin atmósfera, a la izquierda, y con atmósfera (arriba). |
-
ENCUENTROS
EN LA ÚLTIMA FASE.
Si
algún día el hombre logra llegar a otros planetas en las estrellas
que estén habitados por algún tipo de ser que, como el humano,
tenga conciencia de sí mismo, que esté al menos por encima de cómo
estaba la humanidad en su primera civilización, no cabe duda que se
deberá establecer un protocolo de actuación. Un protocolo ético
que elaborará alguna comisión o comité humano y que seguramente
establecerá unas bases con valoraciones de premisas en función del
estado de la civilización hallada respecto a la nuestra en el
momento. La primera premisa será que no se debe alterar el curso de
la evolución de una civilización en sentido alguno; es decir, la no
injerencia, salvo extremos o excepciones. La segunda será la
precautoria tendencia a la inercia por parte de nuestras actitudes o
un lento asimilamiento de lo que nos pueda ser útil de la hipotética
civilización.
El hallazgo de una civilización bastante por debajo de nuestro nivel de conocimientos seguramente dará lugar a su estudio muy discreto, a evitar todo contacto abierto, y solo en caso de un barbarismo salvaje se podría tratar de sembrar la semilla de una evolución lógica. En este último caso, la injerencia es delicada y la ética y la moral humana del momento podrán determinar la actitud más conveniente.
En el caso de civilización muy superior a la nuestra, seguramente la posibilidad de contacto quizá fuera evitada por aquélla, aunque aquí sí que el hombre la desearía para aprender. Sin embargo, sería una situación peligrosa. Del mismo modo que en el caso anterior, siempre habrá que considerar que en los choques, encuentros, o relaciones, de civilizaciones, una de ellas, la superior, acaba tarde o temprano, de un modo u otro, con la otra. Quizá al hombre del momento no le convenga el encuentro, pues el camino que le falte no lo recibirá de regalo y tendrá que recorrerlo él mismo. Por ello, los encuentros seguramente serán inicialmente y durante mucho tiempo esporádicos.
El encuentro con civilización de nuestro nivel, o parecido, daría lugar seguramente a un cruce muy interesante y fructífero. Podría ser un encuentro abierto y de colaboración. Pero si una civilización humana es capaz de hallar otra no humana de su mismo nivel en el Universo, cabe pensar que también nos pueden encontrar ellos a nosotros antes. ¿Cuántos años duraría la observación mutua, o la de la que primero llegara, antes del abierto contacto? Imagínense los problemas, no ya conceptuales, protocolarios, religiosos, de comunicaciones, científicos, tecnológicos, sino los más mundanos biológicos como la asunción de nuevos virus y bacterias con todo el riesgo que entrañarían, si bien es probable que los microorganismos elementales serán posiblemente muy parecidos para planetas similares; otra cuestión será para una vida desarrollada en ambientes o químicas muy distintas.
Hay quien clasifica a las posibles civilizaciones extraterrestres por el volumen de su consumo de energía, siendo la de primer tipo la equivalente a la recibida del Sol por nuestro planeta. La de segundo tipo sería la que consumiría energía equivalente a toda la producida por nuestra estrella, y la de tercer tipo a la emitida por toda una galaxia, cosa que es ya una barbaridad.
Esta
temática es muy larga e interesante como para adentrarse ahora y
aquí en ella, dando el enorme abanico de posibilidades que nos
permite abrir. Un encuentro con seres de nuestro nivel o algo
superior, no humanos, puede ser, será, el último y más interesante
objetivo que algún día le quede material o terrenalmente a la Humanidad.
Los estudios estadísticos al respecto son diversos
según al tiempo a que nos remitamos y las variables a considerar. En
2020, un estudio sobre especies y civilizaciones y evolución
exponencial del equipo de David Kipping de la Universidad de Columbia,
opina que la media de la antigüedad de cualquier civilización
detectable del Universo será el doble de la nuestra, lo que nos hace
pensar que estarán mucho más adelantados evolutivamente. La cifra de
antigüedad que manejan para esas civilizaciones es de 24.000 años, el
doble de la que se nos supone a nosotros… Pero también podría haber
unas pocas civilizaciones de hasta 1.000 millones de años. Suponen
también que en realidad el 60% de las posibles civilizaciones son más
jóvenes, pero por ello serán indetectables tecnológicamente. Sin
embargo, no hay prueba o evidencia alguna de nada de ello; es puro
cálculo estadístico sujeto a consideraciones variables.
También cabe preguntarse si, del mismo modo que
nosotros buscamos vida, y especialmente vida inteligente, en el
Universo, los presuntos extraterrestres no estarán también en la misma
tesitura. Posiblemente civilizaciones mucho más avanzadas que la
nuestra nos habrán podido captar, en especial desde que emitimos de
continuo señales de radio y otras, cosa que ocurre desde 1900, hace más
de 100 años. De modo que los que nos pudieran estar ya buscando y estén
a menos de 120 años-luz (en 2020) nos podrían estar ya captando. En
2021 un estudio tenía localizados 2.034 sistemas solares en un radio
límite de 326 años-luz de distancia de nosotros que podrían identificar
al menos a nuestro planeta, y los que estén a 120 o menos años-luz
podrían captar nuestras señales emitidas, aunque débiles y sin una
dirección específica. De esos dos mil planetas, 117 están a menos de
los 100 años-luz y 75 están en posición favorable para captar las
frecuencias radioeléctricas; y otros, si están muy avanzados, también
podrían tener sondas (como nuestras Voyager o Pioneer) distantes en
lejana posición para poder sintonizarnos.
En cuanto al límite a que nos pueden captar, bien
por señales de radio o por emisiones de radar como las antiguas del
Observatorio de Arecibo, un estudio ha estimado que llega a los 12.000
años-luz de distancia.
Hay que citar finalmente que las condiciones de un
primer encuentro con un ser extraterrestre han de exigir una extrema
prudencia, no ya en el trato, sino en el contexto físico para evitar la
mutua contaminación. Hasta tanto se pueda certificar la inocuidad del
contacto, el aislamiento ha de ser, al menos por parte humana, total y
absoluto. Los más parecido actualmente sería seguir un protocolo al de
la guerra ABQ, atómica, biológica y química. El hipotético ser podría
exhalar vapores tóxicos, o llevarlos consigo en sus pertrechos y ser
inmune a ellos. Podría llevar o ser portador, y seguramente será así,
microorganismos, virus y bacterias, completamente nuevos y distintos a
los terrestres. Y finalmente, aunque sea menos probable en grado alto,
también podría tener una resistencia muy superior a la nuestra frente a
la radiación y podría traer con el instrumental o materia que la
emitiera sin riesgo para su biología. Se puede pensar que podría tener
un sistema genético de altísima regeneración vital, lo que haría que la
radiación no le afectara.
Por ello, un encuentro tal exigirá a las personas y
a los visitantes, estén donde estén, aislamiento y trajes espaciales,
multitud de detectores de los parámetros antedichos (ABQ), y una
limpieza posterior de lo más efectiva. No será tarea fácil.
- REFLEXIÓN: EL CREADOR Y LA VIDA EXTRATERRESTRE
Aunque el ser humano se ha autonombrado como “ser espiritual” –y no digo que no lo sea-, lo cierto es que las bases de tal aspecto, el amor y el altruismo, la entrega a los demás, todo excepto posiblemente la creencia en un Dios y en un más allá, es algo que no tenemos en exclusiva en nuestro propio planeta. Otras especies también muestran tales características. Es más, tampoco sabemos a ciencia cierta si creen o “intuyen” acerca de la citada excepción. Los elefantes, por ejemplo, siguen cierta conducta funeraria con los congéneres muertos. En cuanto al sacrificio gratuito por los demás, cualquier manada de especie colectivizada (abejas, hormigas, y manadas de algunos animales) se autosacrifican más que los humanos. ¿Y que decir de las muestras de afecto de algunos animales domésticos? Los perros, por ejemplo, que son capaces de mostrar un cariño mayor que el de muchos humanos, capaces de reconocer con lamento la muerte de una persona, de seguir siendo fiel a la misma al pie de su tumba, etc.
En el fondo, nuestro altruismo, amor, sacrificio por los demás, etc., no es sino la manifestación más o menos sofisticada y el refinamiento de la predisposición necesaria para los fines de la conservación de la especie. Por eso otras especies también se muestran parecidas a nosotros en este aspecto.
Decimos que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, del Creador, como si lo conociéramos bien. La realidad es que hemos creado o interpretado un concepto de Dios a imagen y semejanza del hombre, que como hemos dicho anteriormente no es de una “espiritualidad” propia y exclusiva, sino más bien parece “un tanto” universal. Así tenemos un Dios (actualmente, que no siempre ha sido así en la Historia de la Humanidad) bondadoso, comprensivo, que manda un hijo (o si quieren profetas…) a que lo sacrifiquen por nosotros, etc. Uno de los dos mandatos divinos fundamentales es pues más bien un mandato genético, del mismo modo que muchos dogmas, ritos, mandatos religiosos, tienen en verdad un origen sanitario, que es al final también un medio para la conservación de la especie. El otro mandato, creer en la existencia de Dios, es o puede ser en el peor de los casos más difuso en sus propósitos o significación, pero en nada contradictorio con lo anterior, salvo en las reacciones salvajes de los creyentes fanáticos que producen el efecto contrario.
Pues bien, pensando en una universalidad de los aspectos amorosos, altruistas, etc., pensemos por un momento cómo podrían interpretar la vida en estos aspectos especies extraterrestres.
Si la especie extraterrestre hace también su propia interpretación de la Creación –porque seguramente se preguntarán también ¿por qué existe el Universo?, etc.-, tendrá seguramente un Dios de características tan distintas como diferentes sean de nosotros.
Se puede imaginar que una especie de tipo reptiliano, quizá nada sofisticada, donde la supervivencia de la misma se resuelva por medios crueles, nada refinados, podría tener a un dios de esas mismas características.
Si algún día el ser humano llega a poder cruzar información, creencias, etc., con otras especies, el choque emocional y religioso puede que resulte también brutal.
En
mayo de 2008 el padre argentino José
Gabriel Funes,
astrónomo jefe del Vaticano, opinaba que la vida extraterrestre
inteligente es posible y que no hay contradicción en ello con la fe
cristiana. Admitió que quizá la raza humana podría ser –dentro
del Universo- una especie de “oveja perdida” en una Creación en
la que Dios habrá tenido toda la libertad creativa que incluirá
toda clase de seres… Sostuvo que “Somos hijos de un Creador, no
de un accidente, y que tiene un proyecto de amor para nosotros”. Otros
cargos o voces vaticanas también opinan lo mismo o parecido.
Por su parte, la creencia en la vida extraterrestre
según religiones es dispar estadísticamente. Los cristianos creen en la
misma aproximadamente un tercio de los mismos, en tanto que judíos e
hindúes lo hace en un poco más de porcentaje. Los musulmanes llegan a
casi la mitad, y los ateos sobrepasan la mitad creyendo en la vida
extraterrestre. Los budistas creen que hay multitud de planetas
habitados. Globalmente, con independencia de su religión, en el caso de
los estadounidenses, creen que existen los extraterrestres en un
porcentaje que ronda la cuarta parte de la población encuestada.