TRASCENDENCIA.                      Capítulo 14º    Subcap. 31


                                  <>  ECONOMIA ASTRONÁUTICA.
                        
                                            Índice de este Apartado:


<> ECONOMIA ASTRONÁUTICA.
    > EL SUELDO DE LOS ASTRONAUTAS



   <> ECONOMÍA ASTRONÁUTICA.


    Como ocurre en todos los órdenes de la vida, desde cualquier empresa a los todopoderosos estados, las actividades de los mismos vienen condicionadas por su capacidad económica, por su disponibilidad de medios. De un modo simple, si no hay dinero no hay cohetes, ni vuelo espacial. Las agencias espaciales tienen en este factor su caballo de batalla, pues si los avances científicos y tecnológicos no parecen tener fin, las limitaciones de los presupuestos liberados por los gobiernos son la verdadera frontera de toda su actividad. Por tanto, la economía astronáutica tiene su verdadero origen en las situaciones políticas. Precisamente el nacimiento de la actividad espacial es originalmente debido a la situación de tensión política, de incremento de los medios militares; de ahí que la relación inicial del espacio con el arma misilística esté tan enlazada que resulta muy difícil de separar.

    Se pretende en este apartado o capítulo citar de un modo general, a título orientativo, algunas cifras y condicionamientos económicos relativos a la astronáutica sin entrar en valoraciones de fondo o análisis detallados.

    Por supuesto que la financiación de toda actividad espacial procedió en sus comienzos de los presupuestos de los estados y solo, tras el desarrollo tecnológico necesarios, algunos sectores, como las telecomunicaciones por ejemplo, fueron a parar en gran parte a la empresa privada. En este último caso, los medios de financiación utilizados para el desarrollo de los proyectos han venido siendo los comunes para otras actividades empresariales, con mayor o menor incidencia de algunos modos tradicionales además de la disposición de fondos propios (créditos bancarios, venta de capacidades, arrendamientos, capitales a riesgo, emisión de obligaciones, aplazamientos de pagos, etc).

    En cuanto a la trascendencia económica en la sociedad de las actividades espaciales la referencia se ha llevado a los capítulos de “Aplicaciones y resultados astronáuticos” y “Empresas y publicidad”. Sobre la industria espacial, de un modo general, puede decirse que se ha especializado a grandes rasgos en 3 grupos: cohetería, satélites y varios. En estos últimos entran gran número de empresas de todo rango y todo tipo de dedicación: informática, construcciones y servicios de lanzamiento, química, electrónica, farmacéuticas, etc, etc. En los otros dos casos (cohetes y satélites) suelen ser compañías subsidiarias de grandes multinacionales del sector aeroespacial. El tímido monopolio inicial de los grandes estados en las dos primeras décadas astronáuticas dio luego paso al acaparamiento de las grandes empresas aeroespaciales en el campo de los satélites y los lanzamientos comerciales, predominando en el primer caso los americanos y en el segundo los europeos en las siguientes dos décadas. De las empresas americanas, en los años 80 la que mayor facturación tenía para con la NASA era la Rockwell International con cifras del orden de los 1.345 millones de dólares en, por ejemplo, 1985. Le seguían la Lockheed Space Operations y la Martín Marieta con cifras inferiores a la mitad de aquélla, así como por la Morton Thiokol, la General Dynamics, la McDonnell Douglas y la United Space Boosters con menores cantidades. En torno a los 100-150 millones de dólares de facturación a la NASA, en el mismo año, estaban la Allied Bendix Aerospace, Lockheed Mísiles and Space, la IBM, la Ford Aerospace and Communications, la United Technologies Co., la General Electric RCA y la TRW.

    A grandes rasgos hay que considerar que la actividad comercial de las empresas en el área espacial fue catapultada por la inversión pública de las dos primeras décadas de la historia del espacio. Sin tal prolegómeno no hubiera sido posible el desarrollo espacial, sobre todo considerando que los gastos, principalmente derivados del desarrollo de los lanzadores y su infraestructura, fueron tan elevados que difícilmente hubieran podido ser asumidos por empresa alguna. Precisamente, la consecución de la tecnología inicial necesaria por parte de los estados más pudientes fue lo que permitió a muchas de tales empresas encumbrarse y lograr un crecimiento de otro modo impensable; de cualquier forma, muchas de tales compañías siguen teniendo a los mismos estados como principales clientes, sobre todo por el sustento del sector militar. No en todos los casos se produjo evolución igual, porque el modo de operar ha variado según los distintos estados, pero de un modo general esta ha sido la tendencia.


    Por una parte, resulta muy difícil establecer referencias generales de la evolución económica astronáutica en tanto que los criterios organizativos y por tanto económicos de los americanos resultaron muy distintos a los soviéticos. Mientras existió la URSS (hasta 1990), se decía que la misma se movía fundamentalmente por objetivos en tanto que los americanos se mueven por presupuestos. Daba a entender ello que los soviéticos no escatimaban esfuerzos en poner los medios para la consecución de las metas propuestas, sin que signifique que no presupuestaran sus proyectos. Evidentemente, por lo general los límites americanos sí que están en presupuestos que recogen los proyectos fijados por los objetivos, salvo en el caso del proyecto Apollo, cuya aventura al principio no se supo bien lo que iba a costar.

NOTA: Para un mejor seguimiento por naciones se puesto un fondo de color al texto distinto para cada país o entidad correspondiente.
Color: Azul USA; magenta URSS/Rusia; verde Europa o la ESA; amarillo Japón; rojo China; sin color otros países.

    La inicial euforia presupuestaria americana se vio pronto recortada ante la presión pública por el enorme gasto. El gasto espacial se fue reduciendo sucesivamente en los tramos finales del proyecto Apollo.

    En el caso soviético es difícil determinar su evolución puesto que sobre los costes de su cosmonáutica se superponía el entramado militar y no es fácil separarlos. La política económica de la cosmonáutica soviética venía marcada en última instancia, por supuesto, por las directrices emanadas por el secretario general del Partido Comunista y también el Politburó. Hasta 1985, en que falleció, el miembro de este órgano, Dimitri Ustinov, fue responsable político tanto del sector espacial de la URSS como de la Defensa. Era pues de la cúpula política de donde fluyó toda asignación económica de la cosmonáutica. Con la muerte del citado Ustinov, se creó una agencia, la Glavkosmos con Alexandr Dunaev al frente.

    El primer presupuesto de la NASA, firmado por Eisenhower el 8 de septiembre de 1958, fue de 80 millones de dólares, de los que 50 eran para fines científicos, 25 para infraestructuras y gastos diversos, y 5 para sueldos del personal. Al año de la creación de la NASA, el 1 de octubre de 1959 la NASA contaba con una plantilla de 9.347 personas.

    Al mismo tiempo, el presupuesto americano para 1959 de la ARPA, que entonces gestionaba los proyectos de cohetería, fue de 520 millones de dólares (abril de 1958).

    En 1960 el presupuesto de la NASA subió a 523,4 millones de dólares (con picos redondeados) y en 1961 fue ya de 964 millones de dólares. Para 1962 el presupuesto inicial de la misma, de 1.110 millones de dólares, se vio incrementado al final a 1.784,3 millones de dólares para los gastos ordinarios, pero el total del gasto comprometido entonces para años sucesivos llegó a los excepcionales 16.717,5 millones de dólares debido al gran esfuerzo inversor para dotar de las instalaciones necesarias a la incipiente agencia espacial. Las monumentales construcciones, como Houston, el Centro Espacial Kennedy y otros, exigieron tan enorme inversión; solo los edificios de Cabo Kennedy valían hacia la mitad de los años 60 unos 875 millones de dólares, las instalaciones de Michoud para el Saturn 56 millones, las de pruebas de St. Louis 268 millones, las de Huntsville 332 millones, el Centro de Houston 194 millones, etc. Al siguiente ejercicio -1963- el presupuesto fue de 3.674,11 millones de dólares, pero 4 senadores querían ya reducirlo en un 5 %.

    El primer programa tripulado espacial americano, el Mercury, ejecutado entre 1959 y 1963, costó casi 400 millones de dólares y dio trabajo a 7.300 empresas y a un total de 16.000 personas de forma directa, pero llegaron a colaborar en el mismo cerca de 2 millones de personas.

    Por entonces, en 1962, el presupuesto de la URSS para ciencia era de 4.300 millones de rublos, unos 4.773 millones de dólares, con un aumento de un 12 %. El presupuesto de Defensa soviético era de 13.400 millones de rublos, unos 14.874 millones de dólares, con un incremento del 44 %. La actividad espacial estaba repartida en ambos presupuestos y dado el secretismo soviético es muy difícil establecer las cifras exactas gastadas en la actividad espacial. Para la URSS el costo del programa cósmico de vuelos tripulados entre 1958 y 1973, es decir, en los primeros 15 años de actividad en tal campo, supusieron, según estimaciones, unos 45.000 millones de dólares.

    El origen de la importante inyección económica en la astronáutica americana de los primeros años hay que buscarla en la profunda herida causada por los logros soviéticos de entonces, sobre todo con el Sputnik 1, las sondas lunares y el vuelo de Gagarin. Estos factores fueron la catapulta que multiplicó los presupuestos de la NASA y los militares a principios de los años 60; mientras que en los primeros años eran de 1.000 millones de dólares, con el desarrollo de los Apollo pasaron a más de los 4.500 millones en varios ejercicios de los años 60. Los costos previstos, en gran medida realmente desconocidos por entonces, eran una de las preocupaciones mayores de Kennedy cuando se lanzó al anuncio de llevar un americano a la Luna; fue ésta finalmente el objetivo que absorbía tales volúmenes de dinero.

    Tras el discurso de Kennedy el 25 de mayo de 1961, a la aprobación del proyecto Apollo, un estudio de los gastos proponía alternativamente que con los 30.000 millones de dólares (fueron en realidad 1/6 menos) se podía subir el sueldo el 10 % durante 10 años a todos los maestros del país, que se podía subvencionar con 10 millones de dólares a los 200 mejores colegios norteamericanos, entregar becas de 7 años a 50.000 técnicos científicos, crear 10 escuelas médicas, hacer universidades para 53 naciones de la ONU, crear 3 fundaciones Rockefeller y aun sobrarían 100 millones de dólares para la divulgación científica.

    Pero a cambio, sin contar el incalculable valor científico e histórico de la exploración lunar, el programa Apollo empleó a 420.000 personas directa o indirectamente a través principalmente de unas 20.000 empresas; en España había dedicados al mismo unas 300 y pico personas. Sirvió de revulsivo económico a la tecnología de los Estados Unidos y los proyectó en este sentido hacia cotas de desarrollo que vieron su fruto en los años posteriores, principalmente en los 80, con la llegada de los ordenadores personales y la electrónica en general, en parte resultado de la miniaturización y abaratamiento que había exigido la técnica espacial americana.

    El número de personas empleadas directa o indirectamente en los Estados Unidos en el programa espacial llegó a ascender a 600.000 en su mejor momento. En 1969 eran unas 400.000, de las que 223.000 estaban asimiladas a Cabo Cañaveral y el KSC.

    En Huntsville, donde von Braun y su equipo desarrollaron los motores del Saturn, la población, de 30.000 personas en 1950, pasó a ser en 1963 de 114.800 habitantes y en 1969 de 161.000. Los ingresos familiares medios pasaron de 6.313 $ en 1960 a 10,223 en 1969. La ciudad pasó urbanísticamente de tener unos 5 Km^2 a los 90 Km^2.

    En el condado de Brevard, cercano a Cabo Cañaveral, en 1960 había 111.435 habitantes. En mayo de 1963 eran ya 156.688. En junio de 1963 el incremento era de 42 personas de alta cada día. Los ingresos medios por familia eran entonces de 13.000 $ frente a un promedio del estado de 11.800 $. El desarrollo económico era evidente.

    En realidad, las enormes sumas de dinero invertidas en el espacio en aquellos años, al margen de resultados científicos y de prestigio, les sirvieron a los americanos para revitalizar su economía, la de las principales empresas tecnológicas, viendo como se creaban puestos de trabajo y dinamizando una incipiente e importante industria espacial y, en definitiva, la propia economía de la nación.

    El gasto del proyecto Apollo, estimado al final en 24.500 millones de dólares, no fue sin embargo algo ajustado a buen precio. Pese a la extraordinaria organización que se desplegó y a la positiva influencia que tuvo en la economía y tecnologías americanas, en el desarrollo de los trabajos de construcción de edificios y medios se produjeron anomalías. Según el Comité del Senado para investigación de las operaciones del gobierno, el comité McClellan, el proyecto se desarrolló en algunas de sus fases con retrasos, sueldos desmesurados, baja productividad, ineficacia de algunas empresas y falta de calificación profesional. Solo en interrupciones en el trabajo se estimó una pérdida total de 87.374 horas-hombre en un periodo de 4,5 años entre finales de los 50 e inicios de los años 60. Significa ello que podía haberse hecho mejor, pero también es verdad que lo novedoso de los procesos, de la nueva maquinaria que hubo de hacerse, facilitó que las cosas fueran como resultaban. En resumen, no había antecedentes ni experiencia concreta para lo que se estaba haciendo.

    El principal contratista del proyecto Apollo fue (anunciado a fines de noviembre de 1961) la entonces North American Aviatión con un montante de 6.000 millones de dólares (de los de entonces). Fue la primera empresa en ponerse las botas con el espacio. La NAA había sido elegida entre las 12 últimas candidatas seleccionadas a su vez entre más. Esta docena había presentado sus propuestas en un total de 125 Kg de papel y entre las mismas, además de la repetida NAA, estaba la Martin Marietta, la Grumman, la Douglas, la General Dynamics, la Hughes, la LTV, la Lockhedd, la McDonnell, la General Electric, etc. Estaban pues la flor y nata de la economía americana y todas al final acabaron con diversos contratos o subcontratos. En realidad, según se supo en 1967 cuando murieron quemados 3 astronautas, inicialmente se había adjudicado el contrato principal a la Martin Marietta, pero se alegó un “error de valoración” y se optó por dárselo a la NAA que ofrecía además un precio de un 25 % más barato.

    Para 1964 la NASA pidió al Congreso 6.000 millones de dólares aunque solo recibiría 3.974,98. Algunos se echaban las manos a la cabeza. Apollo y la Luna, Kennedy y su plazo de la década, eran importantes pero el bolsillo y los votos de los americanos también. Ya entonces algunos americanos empezaron a preguntarse si valía la pena ir a la Luna. Los recortes en el presupuesto apuntaron el declive del interés.

    Algunos articulistas americanos, en base a las opiniones de algunos políticos estadounidenses, empezaron por entonces a replantear el entusiasmo nacional en la carrera lunar y la matizar que el proyecto Apollo no era primordial para la defensa nacional, ni eran de esperar resultados científicos de un nivel equivalente al costo, ni tampoco el retorno económico resultado del desarrollo tecnológico (cosa que no fue cierta). Abogaban por no dejarse caer en el factor prestigio ante la comunidad internacional en la cara competición con los “comunistas rusos”. El resultado de tales actitudes sería que se empezó a plantear seriamente el recorte del presupuesto de la NASA para los siguientes ejercicios económicos.

    Así en 1965 el presupuesto de la NASA era de 4.270,69 millones de dólares. El número de empleos derivados del mismo fue entonces de 409.000.

    En 1966 el presupuesto aprobado llegó a su cenit con 4.511.644.000 $ frente a los 4.575,9 millones pedidos; del total primero, el programa Apollo absorbía 2.967,38 millones. En febrero de tal año el personal involucrado en el proyecto espacial americano asciende a las 300.000 personas, de ellos 23.000 solo en Cabo Kennedy.

    En 1967 el presupuesto de la NASA fue de 4.175,1 millones de dólares, de ellos 2.916,2 para Apollo, frente a los 4.246,6 millones pedidos.

En 1968 un nuevo rebaje dejó el presupuesto por debajo de los 4.000 millones de dólares (3.970), de los que 2.556 fueron para el programa Apollo. El total solicitado a los políticos había sido entonces de 4.324,5 millones de dólares.

    En 1969 el presupuesto de la NASA fue de 3.193,56 millones de dólares, con 2.025 para los Apollo, mientras el solicitado había sido de 3.677,2. El número de personas empleadas entonces directa o indirectamente es de 218.345.

    En 1970 el presupuesto de la NASA sigue bajando y es de 3.113,76 millones de dólares, de ellos 1.686,14 para los Apollo. El presupuesto solicitado había sido de 3.168,9 millones.

    Hasta entonces el gasto relativo acumulado de la NASA en programas tripulados sumaba 26.217,4 millones de dólares, de los 24.541,4 los absorbió directamente el programa Apollo, 1.283,4 el Gemini y 392,6 el Mercury. Del gasto militar en misiles resulta más difícil dar cifras, pero, por ejemplo, a mediados de tal año, el costo de un solo misil ICBM estadounidense era 500.000 millones de pesetas.

    En 1971 el presupuesto de la NASA se rebajó aun más y quedó en 2.555 millones de dólares, de los que 913,67 fueron a parar al programa Apollo; el presupuesto pedido había sido de 2.606,1 millones. El número de empleos también bajó a algo más de 140.000.

    Para 1972 la NASA pasó a tener un presupuesto anual aun menor, quedando en poco más de 2.507 millones de dólares, de los que 601,2 fueron para el programa Apollo; el presupuesto solicitado había sido de 2.517,7 millones. La reducción, sin embargo, afectaba todo el programa espacial civil, pero no el militar. Una de las consecuencias fue la reducción de personal. En el Centro de Houston los despidos hicieron bajar el número de empleos a 3.500, mil menos que 6 años atrás.

    En los años posteriores al programa Apollo una evaluación económica del mismo estimó que tenía una repercusión en la economía de toda la nación estadounidense equivalente al 10 por 1. Es decir, que cada 1 $ gastado en el programa revertía 10 $ en la economía de los Estados Unidos; eso es lo que se decía.

    En 1973 el presupuesto de la NASA, estabilizado subía ligeramente y era de 2.509,9 millones de dólares frente a uno solicitado de 2.600,9 millones.

    Para 1978 se pensaban gastar 6.100 millones de dólares. Finalizado el Apollo, con el breve programa Skylab, que aprovechaba los restos de aquél, y el único de 1975 con el Soyuz soviético, el principal destino presupuestario pasó a ir al desarrollo de la nave Shuttle. Entre 1976 y 1980 no hay nave tripulada americana alguna en el espacio.

    El costo de un Saturn V había venido siendo de unos 681,5 millones de dólares y como sea que su capacidad de satelización era de 130 Tm, el costo de puesta en órbita por Kg salía con este lanzador por 5.240 $. Con un Saturn 1B el costo era como mínimo de 1.000 $/Kg y con un Titán 3C salía a razón de 2.308 $/Kg.


Año

Gastos de la NASA hasta 1969

1959

58.800.000$

1960

329.200.000$

1961

693.600.000$

1962

1.225.900.000$

1963

2.516.800.000$

1964

4.131.300.000$

1965

5.035.000.000$

1966

5.857.900.000$

1967

5.336.700.000$

1968

4.595.300.000$

1969

4.078.000.000$


PROGRAMA DE VUELOS TRIPULADOS AMERICANOS

DESARROLLO AÑOS

COSTO EN DÓLARES

MERCURY

1961-1963

392.600.000

GEMINI

1965-1966

1.283.400.000

APOLLO

1968-1972

24.541.400.000

SKYLAB

1973-1974

2.568.000.000

APOLLO-SOYUZ

1975

245.000.000


    En cuanto a los europeos, luego de los tímidos intentos de los años 60, avanzada la década de los 70 inician su andadura con la creación de la ESA. Los presupuestos espaciales generales de los europeos del ESRO, antecesor de la ESA, fueron inicialmente los siguientes, en miles de dólares, según proyección de 1973:

Concepto / Año

1972

1973

1974

Satélites de investigación

50.000

48.000

39.000

Satélites de aplicaciones

24.000

62.000

79.000

Otros gastos

13.000

15.000

14.000

Total

87.000

125.000

132.000

    La financiación de la ESA, en la que Francia, Alemania e Italia, se llevarán la mayor parte, seguidos a cierta distancia del Reino Unido, y que por lo tanto acaparan también el retorno industrial en los proyectos, no supone sin embargo el proporcional derecho de voto en las decisiones de la política a seguir. El presupuesto mínimo de socio es un ECU (o Euro) por habitante, pero algunos países podían ser asociados, sin voto, pagando menos. De este modo, pequeñas naciones pueden bloquear determinaciones al tener todos el mismo derecho de voto.

    Con la llegada del programa Shuttle americano, Europa se sumó participando con su Spacelab, módulo que no fue precisamente un buen negocio: perdería al final unos 1.150 millones de ECUs. A cambio, el desarrollo del lanzador comercial Ariane daría lugar a situarse en el primer lugar en el plano mundial de este campo.

    En 1982, según se calculó, toda la actividad espacial de todos los países del mundo llevaba sumados unos costos del orden de 2.000.000 millones de dólares del momento.

    Por entonces, en 1982, un vuelo Shuttle se esperaba que costara 22.600.000 $, unas 2.553.000.000 pesetas y se pensaba que se reduciría el costo en un 40 % en 4 años, cosa que luego no se cumpliría, resultando el sistema americano mucho más caro que el pregonado al principio de su andadura. Un Orbiter podía llevar hasta 29,5 Tm de carga a una órbita baja, pero siempre en vuelo tripulado. Hacia 1995 el costo declarado de un vuelo Shuttle ascendía a 11.000 millones de pesetas según la propia NASA, pero había otras estimaciones que lo cifraban en el doble.

    Una misión Ariane costaba entonces 40 millones de dólares, unos 4.520 millones de pesetas pero las misiones no tripuladas, al entrañar menos riesgo, resultaban más fiables en el tiempo, de modo que el Ariane se iba a empezar a comer el mercado de lanzamientos de satélites comerciales. Además, los Shuttle americanos tenían cubierto el cupo de vuelos, algunos de ellos militares y prioritarios, para un lustro y miraron entonces al Ariane para no esperar y rentabilizar pronto sus inversiones. En tal momento, 1982, la cartera de pedidos Ariane importaba 3.000 millones de francos, unos 48.000 millones de pesetas, con 32 satélites (hasta 1985). Y eso que el cohete americano Atlas Centaur costaba igual o incluso menos que el Ariane; el equivalente Thor Delta, salía un poco más caro. De hecho, entre los clientes del Ariane estaban, además de varios países europeos y Brasil, Canadá y Australia, compañías americanas como la Western Union, la Southern Pacific y otras. Por supuesto, una de las formas de rentabilizar el Ariane, o cualquier otro cohete que lo pueda hacer por su potencia, es transportar a la vez un par de satélites o más. El Ariane, con sus varias versiones, cumplía tal cometido con solvencia.

    La competición por los lanzamientos comerciales entre el Shuttle y el Ariane, llevó a los americanos en 1983 a bajar precios por debajo de los del cohete europeo y así consiguieron el contrato para lanzar dos satélites INTELSAT entre 1986 y 1987. Sin embargo, el siguiente satélite de esta serie, el tercero, fue confiado al Ariane.

    En 1984 se calculaba (según el Centro de Política Espacial de Massachussets) el porcentaje dedicado a la producción de lanzadores y satélites comerciales por estas dos potencias sobre su Producto Interior Bruto era del 0,49 para los Estados Unidos y en torno a 1,5 la URSS. Para Canadá sería el 0,03 %, para Japón el 0,45 % y para Brasil el 0,0003 %. El número de empleos vinculados tal producción sería de unos 15.000 para los Estados Unidos, 250 para Canadá, unas 750 para Japón, 300 para Brasil, 1.200 para la India y unas 1.900 para Europa. Los presupuestos correspondientes para el caso serían en millones de dólares para 1985 de 20.025 en el caso de los Estados Unidos, una cifra posiblemente superior para la URSS, 1.245 para los europeos, 554 para Japón, quizá unos 500 para China, 146 para la India, 142 para Canadá y unos 60 para Brasil.

    En el caso europeo, los países con mayor inversión, empleos y empresas en el sector son por este orden Francia y Alemania, seguidas de Gran Bretaña e Italia, estando a mayor distancia ya el resto de socios de la ESA.

    Tras americanos y soviéticos, y en un plano no lejano de europeos y chinos, el país más importante con lanzadores y satélites propios, es Japón. Estación nación asiática pasó en sus presupuestos anuales astronáuticos de finales de los años 60, de los 10.000 millones de yenes a los 133.300 millones del año 1984, si bien luego sufre algunos recortes. El mayor gasto japonés lo asume la NASDA con un presupuesto en 1984 de 113.000 millones de yenes; en 1985 bajaría a 112.500 y en 1986 a 110.000. El ISAS, de la Universidad de Tokio, contaría con presupuestos del orden de los 10.000 millones de yenes anuales durante más de una década sin grandes altibajos, salvo una subida hacia el año 1975, siendo los presupuestos anteriores de la mitad. En general el mayor esfuerzo económico japonés en la astronáutica parte de principios de los años 70. En personal adscrito directamente a la industria japonesa del espacio se cifraba en 1986 en 8.300 personas. En 1988 el presupuesto nipón era de 118.000 millones de pesetas.

    En 1985, en la URSS, según los americanos, la actividad cosmonáutica había dado empleo a más de 500.000 personas directamente, tantas como los propios estadounidenses en su mejor momento, con la especificación de que en gran medida era personal militar; entonces se estimaba en los Estados Unidos tal cifra era de solo 160.000 personas. Al mismo tiempo los americanos estimaban que coste global económico de la cosmonáutica era declaradamente de unos 20.000 millones de rublos; dato poco creíble por su baja estimación. Pero cuando se preguntaba a los propios soviéticos en pleno inicio de la llamada era de la glasnost o “transparencia” de M. Gorbachov, algún especialista soviético, al menos con aparente y creíble sinceridad, aseguró que ni ellos mismos lo sabían, dada la ramificada implicación que había de la cuestión en el Estado soviético con diversos ministerios. Así por ejemplo, por entonces, el cálculo señalaba que el 55 % de la masa de ingenios satelizados por los soviéticos era militar, siendo resto de fines civiles.

    Por entonces, los propios soviéticos citaban los beneficios del espacio estimando que por cada rublo invertido (entonces equivalente unitariamente a unas 200 pesetas) se recogían unos 16 rublos en ganancia. Se citaban los descubrimientos geológicos, los de petróleo y gas, con beneficios anuales de 40 y 100 millones de rublos respectivamente. Pero también cabe pensar que en tales estudios económicos no habrían considerado los costos militares de cohetería que sin embargo se utilizaban significativamente. La propaganda del régimen difícilmente ofrecía datos reales, y mucho menos negativos, por lo que cabe dudar que las inversiones en su conjunto fueran tan rentables.

    A mediados de MAYO de 1987 los soviéticos probaban su nuevo cohete, el enorme Energía, en vísperas de la visita a Baikonur del entonces primer mandatario M. Gorbachov. Aseguraban los mismos que el coste de lanzamiento de cargas útiles con tal impulsor venía a salir por 80.000 pesetas el Kg, frente a los 1.800.000 pesetas/Kg del caso Shuttle. Pero aquella cifra difícilmente puede entonces ser aceptada, teniendo en cuenta la habitual falta de detalle y la facilidad soviética a la propaganda en estos casos.

    También es verdad que los propios americanos, además de los presupuestos de la NASA, tienen en los órganos militares otros costos espaciales añadidos, aunque es un caso con límites un poco más definidos.

    En Europa, en el período que va de 1985 a 1995, el presupuesto de la ESA giraba en torno a tres o cuatro proyectos fundamentales: el Ariane 5, el módulo Columbus para la estación orbital internacional y algún que otro satélite y sonda interplanetaria. El presupuesto para tales 10 años se estimó inicialmente en 6.700 millones de ECUs, unos 850.000 millones de pesetas de entonces. De tal cifra, unos 2.000 millones eran para 3 programas de satélites, 1.250 para gastos generales, 550 para investigaciones en la microgravedad, y el resto, casi la mitad del total, para el Ariane 5 y el Columbus.

    Además, Francia pretendía financiar aparte, en solitario, la nave espacial Hermes, a utilizar con el Ariane 5, aportando de 1985 a 1987 270 millones de francos, unos 5.400 millones de pesetas. El coste estimado del Hermes entre 1986 y 1995, contemplado desde el diseño hasta su puesta a punto para lanzar, se cifró entonces en 2.600 millones de ECUs, unos 328.000 millones de pesetas, cifras presupuestadas que se fueron elevando notablemente a medida que el tiempo pasaba y no precisamente por la inflación. Varias empresas francesas, como la Dassault, estaban a la expectativa del aprobado que permitiera desarrollar al Hermes. A mediados del mismo año de 1986, la ESA decidió acceder a las pretensiones francesas con el Hermes, pero este proyecto en realidad no llegaría a salir adelante por entonces tras las economías realizadas sobre los distintos proyectos.

    Por entonces, en 1987, como miembro de la ESA, España aportó 6.046 millones de pesetas a la misma, el 3,4 % del total. En 1988, España debía previstamente aportar 8.200 millones de pesetas a la ESA. Las cifras son sacadas por cálculo del 6,22 % del producto interior bruto.

    En 1989 la principal empresa europea del sector espacial, Arianespace, facturaba 760.000.000$, siendo los beneficios de 32.000.000$.

    En 1991 el presupuesto de la ESA era de unos 2.000 millones de ECUs, con una importante subida respecto al año anterior. En 1992 el presupuesto subía a 2,731 millones de ECUs que se repartían en las siguientes actividades: 46,9 % para sistemas de transporte espacial; 12,2 % para estaciones y plataformas espaciales; 9,8 % para el programa científico; 8,6 % para telecomunicaciones; 6,8 % para el programa de observación terrestre; 5,8 % para gastos generales; 3,4 % para operaciones financieras; 3,2 % para aportaciones a terceros; 2,5 % para el programa de microgravedad; y un 0,8 % para otros.

    El costo del lanzador americano Titán 3C era en 1981 de 30 millones de dólares, llevando una carga útil máxima de 13 Tm y el de un Delta 25 millones de dólares para llevar 2,3 Tm. La llegada de la nave Shuttle, la primera reutilizable, en 1981 no supondría la anunciada economía en los vuelos espaciales, de solo 35 millones de dólares para llevar casi 30 Tm. Una encuesta de AP y la NBC por entonces aclaraba lo que pensaban los americanos sobre el Shuttle: que era una buena inversión y el 40 % opinaba que se debía invertir más dinero. La propaganda dejada caer en la prensa para defender el proyecto hizo que se anunciara que cada 1.000 millones de dólares gastados en el espacio en 10 años darían un beneficio de 4.200 millones y crearían 20.000 nuevos puestos de trabajo; todo ello como si de un nuevo Apollo se tratara y además ahora con beneficios.

    La realidad sería otra y el acceso al espacio seguiría siendo caro; solo la subvención estatal del Shuttle venía a compensar el costo de sus lanzamientos. Además, la llegada de la nueva Administración Reagan vino a recortar el presupuesto. Apenas finalizado el primero de este tipo de vuelos, en abril de 1981, el citado gobierno americano no se recató y anunció un recorte de 604 millones de dólares en el presupuesto de la NASA. Gran número de proyectos hubieron de ser cancelados.

    Tras el accidente trágico del Challenger en 1986, los vuelos Shuttle se suspendieron hasta que se estudiara el nuevo sistema de seguridad a seguir. Conllevó ello el despido de 1.110 personas a partir del 5 de septiembre de 1986; de ese total, 843 pertenecían a la empresa Lockheed, primera contratista en el KSC, 141 a la Eg Florida, empresa de diversos servicios, y 133 a la McDonnell Douglas que participaba en la disposición de las cargas útiles Shuttle. Tal personal suponía el 10 % nada menos de toda la plantilla que se ocupaba del programa tripulado de vuelos siderales. Pero la previsión de reanudar vuelos en 1988, 2 años más tarde, llevaría a la recolocación desde finales de 1987 de una parte del personal despedido.

    Hasta antes de la citada tragedia, el mercado de lanzamiento de satélites comerciales había venido estando en manos americanas, aunque no precisamente por los disparos Shuttle. El coste de operaciones de este sistema era superior al cobrado por los americanos, de unos 40 millones de dólares por satélite; en tal momento se pensaba que el precio debía estar entre el doble y los 110 millones de dólares. Sin embargo, los europeos con el Ariane estaban asumiendo cada vez más su cuota de mercado y cobraban con tal sistema no reutilizable unos 60 millones de dólares. El motivo era que los cohetes europeos resultaron más fiables, con cumplimiento de plazos más seguros. Hasta las propias empresas americanas optaron por el Ariane. El problema de la rentabilidad comercial del Shuttle estaba en que un vuelo tripulado exige muchas más medidas de seguridad y la astronave es mucho más compleja, y por tanto todo es más caro; además, muchos vuelos Shuttle se reservaban para misiones militares con lo que se acortaba el número de posibles lanzamientos comerciales. El precio por la carga útil del Shuttle nunca estuvo claro para los americanos. No se podía cobrar el derrame del precio de coste porque resultaba excesivo, así que todo lo demás eran tarifas de conveniencia, políticas de captación de clientes. Así las cosas, el accidente del Challenger acababa de simplificar el panorama con el recorte de los vuelos no científicos. La rentabilidad del sistema europeo no reutilizable Ariane se impondría así pues durante la década de los 80 y los 90.

    En tal momento, en 1986, el precio de satelización de 1 Kg en órbita baja era de unos 5.000 $ (750.000 pesetas) en el sistema Shuttle; hacia 1980 el precio normal por Kg era de 30.000 $, unos 2.000.000 pesetas. En 1994 el coste de satelización era de entre 2,1 y 4,2 millones de pesetas por Kg de carga, según el cohete utilizado. En 1997 el costo de situar 1 Kg en órbita en el caso de Rusia se acerca a las 3.000.000 pesetas; los precios oscilan entonces entre los 2,5 y 10 millones de pesetas por Kg entre una órbita baja y una geoestacionaria para el sistema Ariane. En 2002 el coste por Kg satelizado en el sistema Shuttle asciende a más de los 40.000€ según algunas estimaciones, si bien con otros sistemas la cifra podía quedarse en la mitad. En general, hasta 2005, el coste (coste, no precio) promedio por Kg satelizado en órbita baja vino a salir en torno a los 10.000$ (±1.000$). Por todo ello, en algunos casos, los precios no son resultado de la amortización de los costes porque a veces se utilizan misiles reciclados o bien se aplican tarifas rebajadas para captar clientes u otras razones.

    En 1986, en la India el presupuesto para el espacio de tal nación asciende a unos 200 millones de dólares.

    En 1987 el presupuesto de la NASA es de 7.700 millones de dólares. En 1988 la misma y las empresas suministradoras suponían 17.000 empleos. Entonces el presupuesto de la NASA es de 8.900 millones de dólares y para 1989, tras pedir 11.500 millones, recibe 10.700, siendo un importante incremento de 1.800 millones. En estos años hay un incremento presupuestario notable que en realidad venía en gran medida a paliar o compensar las cifras inflacionarias de los últimos años.

    En los Estados Unidos, en 1992 el recorte económico de la NASA hizo que en los siguientes 4 años unas 5.000 personas de los centros Kennedy, Houston y Huntsville perdieran su empleo. El presupuesto para operaciones de lanzamiento se redujo en un 15 %. El presupuesto total de 1992 de la NASA es de 14.333,5 millones de dólares.

    En Rusia, desde 1989, aun con la antigua URSS, el presupuesto espacial de 6.900 millones de rublos (el 1,4% del Estatal) fue sucesivamente recortado, hasta 8 veces. Los rusos, tras la desaparición de la URSS, heredaron casi toda la potencia espacial de la misma. Pero la misma penuria económica que disgregó tal unión hizo que tuvieran que abrirse al mercado mundial para su supervivencia. De tal modo, los rusos firmaron contratos, por ejemplo en 1997 por valor de 470 millones de dólares, sobre los 72.000 millones de pesetas, con empresas o entidades de los Estados Unidos, China, India, Japón y Bulgaria, para lanzamientos de satélites, como los Astra e Inmarsat 3 y otros, con los vectores Protón. En 1998, los contratos proyectados suben a los 642 millones de dólares. Tal crisis económica les lleva también a aceptar del extranjero todo tipo de contratos económicos con los que mantener la estación Mir. Así se llegan a anunciar en la misma diversos productos de consumo, en otro tiempo satanizados por los soviéticos. Así se pudo llegar a ver desde la Pepsi Cola americana hasta una marca de leche israelí. Pero el paso fundamental serán los contratos de programas científicos con otros países como Francia, Alemania y Estados Unidos, principalmente estos últimos.

    Además, tras la finalización de la guerra fría, el número de misiles innecesarios que había que mantener era tan grande como antieconómico. De forma que el destino de los mismos era lógico que fuera la reconversión para su uso comercial.

    En 1993 el 40 % del personal de la industria espacial rusa había dejado su puesto de trabajo, si bien algunos solo pasarían en realidad a ejercer trabajos temporales en el sector o bien se tomaban unas vacaciones. La reconversión de esta área económica en Rusia trae en este primer lustro de los 90 un fuerte cambio. Para el trienio de 1995 a 1997 se calculaba que 205.000 empleos se perderían.

    El presupuesto de Rusia para su cosmonáutica para el periodo de 1994 a 2000 es de 16 billones de rublos. Para 1994 es de 1,7 billones, el 0,23 % de todo el gasto del estado ruso.

    En 1995 el presupuesto inicial de Rusia para la cosmonáutica es de 2,2 billones de rublos, con un incremento respeto al año anterior que no garantizaba en realidad la liquidez. Así luego el montante pedido al gobierno para las actividades espaciales fue finalmente de 1,55 billones de rublos pero los concedidos fueron 0,89, de los que 0,45 debían ir a parar a la industria rusa. En 1995 las entidades espaciales rusas solo recibieron el 77 % del presupuesto fijado y la crisis aun no había llegado al punto culminante.

    En el primer cuatrimestre de 1995 la producción aeroespacial rusa bajaba un 41,2 % respecto al mismo período de 1994.

    Para 1996 la Agencia Espacial rusa recibía como presupuesto el 0,17 % del general de la nación cuando lo solicitado había sido del 1 %, pero la economía rusa no daba para más y la consecuencia más visible estaba siendo la falta de liquidez, estando meses sin cobrar su sueldo los trabajadores de las empresas del sector.

    En 1996 los ingresos de Rusia por el alquiler de sus instalaciones a diversas agencias espaciales le generaron 491 millones de dólares, unos 74.000 millones de pesetas. A su vez, Rusia debía pagar por Baikonur a su vecina república del Kazakstan una renta de 115 millones de dólares. La crisis económica lleva por entonces a un gran deterioro de instalaciones en este y otros centros espaciales. Florece por otra parte el robo de material, hasta el punto de que una nave Progress a mediados de año llegó a la estación Mir con menos alimentos de los que debía por tal efecto de la sustracción.

    En AGOSTO de 1997, la puesta a la venta por el gobierno ruso de hasta el 12 % de las acciones que tenía en la empresa espacial Energía, la principal de Rusia, y la propia venta de acciones de sus empleados, que tenían el 40 %, hizo temer que la misma pasara a manos con fines poco claros; el gobierno vendía porque necesitaba fondos para afrontar su grave crisis y los empleados por igual motivo dado que no cobraban regularmente. El resultado fue por de pronto que las acciones subieron el mil por cien, pasando a costar de 30.000 rublos (5,1 $, 816 pesetas) a 300.000 (51,7 $, 8.272 pesetas).

    Las penurias rusas eran tales por entonces (en 1997) que los especialistas del centro de control de vuelos tripulados, cerca de Moscú, cobraban un sueldo que no llegaba a las 50.000 pesetas (inferior al salario mínimo en España), por lo que trabajaban además en otras cosas. Por la misma razón, al bajar la producción de cohetes, se producían continuos retrasos en los lanzamientos y los mismos bajaban a una décima parte respecto a los habidos años atrás.

    A partir del segundo lustro de los 80 varias grandes empresas europeas, en especial las francesas, crean filiales en países como España, para desbordar el techo impuesto en la participación de retornos tecnológicos derivado de las aportaciones a la ESA. Así nacerían empresas como Iberespacio o Crisa, que permitían cubrir el espacio económico con contratos de la ESA que no podían participativamente asumir varias multinacionales europeas, primordialmente alemanas y francesas. En 1994 España aporta a la ESA 14.885 millones de pesetas. En tal momento la aportación española para el espacio es, en relación al Producto Nacional Bruto, la más baja de Europa, siendo el gasto para tal fin por habitante de 4,3 $, el penúltimo más bajo.

    En 1995 la industria del espacio en Europa suponía un volumen de negocio de 6.000 millones de ECUs, unos 960.000 millones de pesetas y daba empleo a unas 31.000 personas. Para España la cifra era del orden de unas 190.000 millones de pesetas, si bien aquí quedaba incluido también el sector aeronáutico.

    En tal momento, en 1995, el número de lanzamientos comerciales en total fue de 26, de los que 12 fueron realizados con el Ariane 4 europeo.

    Hacia 1997 los costos de lanzamiento de un satélite, por ejemplo del tipo Inmarsat, hacia una órbita geoestacionaria tenía un importe de 9.000 millones de pesetas con un impulsor Ariane, pero con un Protón ruso la cifra bajaba a 5.000 millones. Un lanzamiento del tipo Intelsat venía a salir por 8.000 millones con un Larga Marcha chino, y 14.400 millones realizado por un Delta 2 americano. Esto hizo que los norteamericanos pusieran ciertas condiciones tecnológicas a los chinos para no salir tan mal parados comercialmente pues estos jugaban con la ventaja de recibir apoyo oficial. En enero de 1995 los americanos pedían un acuerdo para que los chinos solo lanzaran 11 satélites, 3 de ellos Intelsat 8, entre 1996 y el 2001. Ya en 1988 se firmó entre ambos países un acuerdo que limitaba el precio de los cohetes chinos a no ser menor de un 7,5 % del precio de mercado.

    En los años 80 y 90, la mayor parte del presupuesto norteamericano lo absorben los vuelos tripulados Shuttle. El presupuesto de la NASA para 1993 es de 14.330,4 millones de dólares, aumentando en 1994 a 14.548,9 millones, pero bajando a partir de entonces; en 1995 es de 13.996,4 millones de dólares y en 1996 de 13.884.

    En el mes de MARZO de 1995 el gobierno americano de Clinton advertía de su intención privatizadora del programa espacial. Anuncia entonces un recorte del presupuesto de la NASA, presumiblemente del 37 % para 2000, y por tanto una reducción de personal. Sobre un total de 250.000 empleos, entre 30.000 y 50.000 quedaban en el aire para los siguientes 5 años. Es por ello que la NASA se planteó en firme en 1996 la privatización de los vuelos Shuttle y la eliminación de unos cuantos miles de puestos de trabajo. Dada la envergadura de la labor, dos grandes empresas, la Lockheed Martin y la Rockwell International (luego comprada por Boeing), acabaron así formando la USA, Alianza de Unidad Espacial, con la idea de hacerse cargo de los Shuttle, con la idea de abaratar su coste y eliminar parte de la burocracia de los mismos. Ambas compañías ya venían por entonces realizando para la NASA el 70 % de las labores técnicas de asistencia al Shuttle. De tal modo, la NASA pensaba reducir a un 30 % el presupuesto para los vuelos tripulados. Una inmediata consecuencia de llevar adelante tal plan era que la NASA reduciría en los siguientes 8 años el 41 % de su plantilla de personal. La controversia ser sirvió a la vez que salió a relucir que el plan privatizador conllevaría la reducción también en la seguridad de los vuelos.

    Por su parte, el beneficio empresarial tras las privatizaciones se estimaba en un margen de un 3% hacia el 2000, mucho menos que el sustancioso promedio del 10% de los contratos del Pentágono.

    Al final del decenio de los 90, bajo la política de Daniel Goldin de reducciones presupuestarias y de puestos de trabajo de la NASA (los de directivos se quedaron en torno a la mitad y el resto en dos tercios) se dijo que la productividad había subido casi un 40 %. Pero también había habido sonados fallos, como los de las sondas marcianas...

    El costo en 1996 de cada vuelo Shuttle es de un promedio de los 450 millones de dólares y se realizan al año unas 7 u 8 misiones como máximo, cuando las previsiones iniciales se cifraban en al menos 50 vuelos y con un costo de menos de la décima parte (en valor de finales de los 70). Este desfase, poco rentable, llevará al estudio de la sucesión del Shuttle y a la consideración de entrega a manos privadas del desarrollo y operatividad de un nuevo tipo de nave espacial. Llegaría así el prototipo a escala Delta Clipper, nacido sin embargo de manos de los militares del Pentágono, que también por motivos económicos cedieron a la NASA su desarrollo. El Delta Clipper es un nuevo concepto de astronave, en la que nada es desechable y que pretende, con su modelo X-34 lanzador de satélites, hacer frente a la competencia europea con su Ariane que había llevado a los americanos más del 50 % del mercado de lanzamientos de satélites.

    El coste entonces por Kg satelizado es entre 2.500.000 y 3.000.00 pesetas y con el nuevo modelo X los americanos querían bajar el coste a la décima parte, es decir a 250.000 o 300.000 Ptas./Kg Además, la previsión apunta una menor posibilidad de fallos, de la décima parte, en el nuevo modelo. Otro punto particular del proyecto es que las astronaves pertenecerían a la empresa privada norteamericana con lo que se abre el camino de los vuelos privados al espacio. La razón de tal privacidad estriba en el abaratamiento de las naves y las restricciones presupuestarias de la NASA.

    A principios de 1995, las previsiones mundiales de lanzamientos espaciales, según la Corporación Teal americana, para los siguientes 10 años cifraban el disparo de un total de 949 ingenios, de ellos 645 satélites de comunicaciones, 103 científicos, 99 de recursos y aplicaciones de teleobservación, 30 de navegación, 49 naves tripuladas, y 23 varios. Las principales empresas constructoras se repartían previsiblemente la mitad, así: 126 para la Lockheed, 79 la rusa NPO Prikladnoi Mekhaniki, 61 la Space Systems/Loral, 59 la Martín Marieta, 47 la OSC, 25 la Hughes, 22 directamente la NASA, 14 Matra Marconi, 10 Deutsche Aerospace, 6 Aerospatiale, 4 Alcatel Space, etc. Los impulsores elegidos ya en algo más de la mitad de los casos eran el Protón ruso con 130 encargos, el Delta americano con 121, el Ariane europeo con 83, el Pegasus americano con 57 y con el Atlas también americano 26.

    En noviembre de 1997, a Brasil le fallaba su primer lanzamiento astronáutico. Brasil tenía por entonces un presupuesto para su programa espacial de solo 127.000.000 $ lo que le hacía depender tecnológicamente de otros países.

    En 1997 las principales empresas o consorcios que se dedican a la construcción de satélites eran la americana Hughes, con un 36 % del mercado, la Lockheed Martín con el 17 %, la Space Systems/Loral con el 13 %, la europea Aerospatiale con un 8 %, la Matra Marconi con otro 8 %, y el resto, un 18 %, se repartía entre varias. Las perspectivas apuntaban a una ligera bajada de la Hughes y una subida de las europeas Aerospatiale y Matra.

    Casi al mismo tiempo, el mercado de lanzamientos comerciales se repartía así Ariane 60%, americanos 30%, y resto 10% chinos, rusos, japoneses e indios (datos generales redondeados de la primera mitad de la década).

    El volumen de negocio que el comercio espacial, principalmente en el campo de las telecomunicaciones, mueve hacia 1996 se cifra en un total de unos 77.000 millones de dólares. Las perspectivas son entonces de duplicar tal cifra en unos 5 años, con crecimientos anuales del orden de hasta el 20 %.

    A principios de 1998, los planes para la reducción en 600 trabajadores de la plantilla de personal astronáutico en Florida ponían en tela de juicio la seguridad de los lanzamientos Shuttle. Como es natural la NASA comunicaba que la seguridad no se vería afectada. Al final serían 400 los empleos suprimidos más 170 bajas voluntarias. Pero la industria americana, atenta a estos movimientos de personal, intentó captar algunos para su incrementada cartera de pedidos, principalmente debido a los compromisos de la Estación Orbital Internacional. Así, la Boeing pretende entonces absorber entre los despidos de Florida y Houston entre 150 y 400 empleados.

    En 1998 la europea Arianespace tenía el 62 % de la cuota del mercado de lanzamientos de satélites comerciales en el mundo, es decir, todos menos los militares y científicos. Pero en 1999 tal cuota subió al récord 81 %, si bien en los dos siguientes años bajó tal cifra de forma notoria. Su gran ventaja está entonces en la rentabilidad del Ariane, que podía lanzar un par de grandes satélites a un precio un poco menor a sus competidores y sobre todo con una respetable fiabilidad y precisión.

    La ventaja espacial europea estriba en realidad en que, al contrario que americanos, rusos o chinos, su dedicación es casi exclusivamente, a un 90 o 95 %, comercial, en tanto que sus competidores dedican grandes recursos de su infraestructura espacial para lanzamientos militares o del gobierno. En 1998 se estimaba que el 80 % de los vuelos Shuttle habían sido militares o científicos; en el caso chino o ruso la cifra es aun superior. Es la ventaja económica inmediata del sector privado frente a un sector público en el que no se ha mirado a la rentabilidad ni escatima mayormente en costos, especialmente los militares, porque los objetivos eran otros. El prestigio de los grandes tuvo su costo y aquí se pagó. Curiosamente, uno de los clientes mejores del Ariane eran los Estados Unidos cuya política cambió a partir de 1986 tras el accidente del Challenger.

    También en 1998, por su parte India incrementaba su presupuesto espacial nada menos que en un 30 %, apuntando su intención de tal modo de profundizar en el medio sideral con el desarrollo de nuevos satélites, entre otras cosas.

    Pero en 2000, Arianespace, a pesar el aumento de facturación, registraba por vez primera pérdidas. Las mismas son de 190 millones de dólares y su causa está en el costo del incipiente Ariane 5 que absorbía las ganancias del veterano Ariane 4, pero de menor capacidad de satelización, si bien también había algo de culpa en la competencia internacional que se estaba enconando en los lanzamientos comerciales.

    En la última década del siglo XX, el mercado comercial de lanzamientos de satélites estaba en más del 50 % en manos de los europeos con los cohetes de la serie Ariane. Los norteamericanos tenían su cuota con los Delta, Titán y Atlas. Los rusos se introdujeron con lentitud con su Protón y también, con los ucranianos, con el Zenit. Pero además estaban los chinos con los Larga Marcha y los japoneses con el H-2. Sin embargo, los cohetes chinos que había registrado algunos fallos, basaban su competitividad en precios bajo subvenciones de su Estado, lo que hizo a los americanos dar un toque, bajo acuerdos firmados en 1989, renovados con algunos cambios en 1997, para que China se ajustara a una política de precios reglamentados. Los satélites lanzados por los chinos eran fabricados por empresas norteamericanas. Además surgió el problema del veto americano al uso de elementos que puedan ser usados militarmente, limitando posibilidades al mercado chino no solo con satélites americanos sino también europeos o de cualquier país con tecnología americana vetada por el Departamento americano de Defensa para su uso por determinadas naciones. Por su parte la opción japonesa estaba limitada por lo caro del lanzador H-2 y porque los lanzamientos sólo se podían hacer en determinadas épocas del año, en los meses de febrero y agosto, por acuerdos con los pescadores japoneses ante el peligro que para éstos suponía la caída de las fases de los cohetes. Una de las principales ventajas en la rentabilidad de los lanzadores europeos era el aprovechamiento de cada cohete para un lanzamiento múltiple, de al menos 2 satélites. Y sobre la base a tal idea, para aumentar sus posibilidades, se llevó a la puesta en servicio del modelo Ariane 5; la cuota del Ariane 4 en lanzamientos comerciales comenzó su escalada en los años 80, principalmente en su segunda mitad.

    El presupuesto de la ESA en 1998 se distribuía en cuanto a su destino en un 25,5 % para cohetes, un 21,6 % para el programa de observación terrestre, un 13,9 % para vuelos tripulados, un 12,2 % para ciencias en general, un 9,9 % para gastos generales, un 8,4 % para telecomunicaciones, un 3,5 % para aportaciones financieras de otros programas con otros países, un 3,3 % para otros proyectos y 1,7 % para programas de microgravedad.

    El presupuesto científico de la ESA para el periodo de 1999 al 2002 fue de 1.460,8 millones de euros, y el presupuesto global o total de 2.103,2 millones de euros.


    Durante todo 1996 el sector espacial en España movía 17.000 millones de pesetas, en participaciones de la ESA, más los programas de satélites propios. En cuanto a las aportaciones a la ESA, el retorno industrial por contratos venía equivaliendo entre el 96 y el 107 %. En 1998 en España las inversiones en el espacio suponen unos 35.000 millones de pesetas de los que en torno al 50 % es la cuota abonada a la ESA y de la que se reciben en contratos de retorno industrial un equivalente. La aportación española a la ESA para el período 1996-2000 es de 86.000 millones de pesetas aproximadamente. La misma aportación para el período 2000-2004 es de 97.871 millones de pesetas. El presupuesto de España en 2.000 para programas espaciales del Plan Nacional del Espacio asciende a 21.000 millones de pesetas (unos 123 millones de dólares), de los que el 88 % se destinaron a aportaciones a la ESA; de tal volumen la aportación del Ministerio de Ciencia es de 1.200 millones de pesetas, pero para el siguiente ejercicio, 2001, tal cifra fue rebajada a solo 430 millones de pesetas. En tal tiempo, la aportación española al programa científico de la ESA asciende a 6.000 millones de pesetas.

    En 1998 la facturación total de las actividades espaciales en el planeta aumenta hasta los 97.600 millones de dólares, siendo el sector más importante el de las telecomunicaciones con 33.600 millones de dólares. El número de empleos que el espacio generaba entonces se estimó en 1.092.500.

    El 5 de marzo de 1998, la NASA confirmaba la existencia de agua en la Luna en cantidad importante sobre los polos para su aprovechamiento significativo en un futuro en la colonización humana del gran satélite. La evaluación económica del hallazgo no pudo ser en el momento determinada porque con exactitud no se sabía la cuantía de m^3 de hielo. La expectativa era que el mismo habría de servir para la obtención, no solo de agua para las bases, para consumo, lavado, riego de huertos espaciales, etc, sino para la consecución de oxígeno para respirar así como de propulsantes LOX y LH. El cálculo no obstante apunta a que elevar a una órbita terrestre 1 Kg venía a costar entonces entre unos 20.000 y 25.000 $, aunque se pensaba que en el futuro se abarataría el costo hasta un 10 %, es decir, al menos unos 2.000 $. De tal modo, con una estimación del volumen de agua lunar de como mínimo 33.000.000 Tm, el costo de llevar tal agua al espacio, no ya a la Luna para lo que no se tenía punto de referencia económico en el momento, ascendía a unos 60 billones de dólares. El mismo cálculo al precio de entonces ascendía pues a 10 veces más.

    El presupuesto de la NASA en tal 1998 seguía con tendencia a la baja y fue de 13.638 millones de dólares que se repartieron en 5.679,5 para vuelos tripulados, 2.388,2 para soporte y mantenimiento de misiones, 5.552 para ciencia y tecnologías diversas, y 18,3 para inspección e intervención general.

    El presupuesto de la NASA para 1999 fue de 13.465 millones de dólares, repartidos: 5.511 para vuelos tripulados, 5.457,4 para ciencia y tecnología, 2.476,6 para mantenimiento de misiones y 20 para inspección general. Para la ISS se bajaba de una participación de 2.501,3 a 2.270 millones y se aumentaba para los Shuttle de 2.922,8 a 3.059 millones.

    El coste en 1999 de enviar a una órbita terrestre 1 Kg de masa con el Shuttle es de 20.000 $, unos 3.000.000 de pesetas. Con el desarrollo del X-33 se pensaba bajar la cifra a un 10 %.

    El Administrador de la NASA advirtió a mediados de 1999 que los comentados proyectos de base lunar o viaje a Marte no iban a ser posible con los medios económicos que se destinaban a la astronáutica civil en su país. Comentó que solo se destinaba un 0,8 % del Producto Interior Bruto cuando en la época de los Apollo se había destinado el 5 %. Como sea que los Estados Unidos son en tal momento el motor de la astronáutica mundial, la perspectiva de tales proyectos estaba negativamente clara.

    Al mismo tiempo, la Administración americana “correspondió” bajando en un 11 % el presupuesto de la NASA para el 2.000... Se quería reducir anualmente en 1.325 millones de dólares durante 5 años.

    En Rusia el deterioro económico es tal hacia 1998 que una estadística cifra que solo un 40 % de los satélites de comunicaciones eran operativos y ninguno de los científicos, la mayoría por finalización de su vida útil. Por su parte, el cosmódromo de Baikonur durante el año 1997 solo había recibido el 30 % de la financiación militar correspondiente y el 54 % de la civil. A todo ello se añadían los problemas de la Mir, el buque insignia de la cosmonáutica rusa, y el final también de su vida operativa. Solo la cooperación internacional, principalmente americana, venía sosteniendo a los rusos; el coste anual estimado de mantenimiento de la Mir era de 140 millones de dólares, al que habían contribuido con un 30 % los americanos en tanto que duró el programa conjunto en los inmediatos años atrás. Las expectativas de la estación espacial internacional y la colaboración en algunos otros proyectos, así como la comercialización de los bastante seguros cohetes rusos les daba posibilidades en la continuidad en el cosmos.

    Para 1998, el Ministerio de Finanzas de Rusia propuso bajar el presupuesto espacial del país a 3.700 millones de rublos, unos 92.400 millones de pesetas de entonces.

    El presupuesto anual ruso para la ISS es por entonces de 188 millones de dólares (28.200 millones de pesetas), pero solo recibió algo más de la tercera parte y con retraso. Los rusos, sin embargo, querían continuar con su Mir hasta la puesta a punto total de la ISS, pero simultanear ambas estaciones, aunque fuera solo por unos años, resultaba económica inviable para ellos.

    En la primavera de 1999 entró en escena un nuevo sistema espacial, el Sea Launch con cohetes ruso-ucranianos Zenit, de lanzamientos marítimos desde una plataforma de tipo petrolífero ubicada en el Pacífico. El sistema, participado por la empresa Boeing americana, la rusa Energía, dos ucranianas y una sueca, quería hacerse con una tajada del pastel de lanzamientos comerciales. La empresa calculó que podía disparar sus cohetes a razón de 40 millones de dólares la unidad, cuando cualquier otro sistema costaba al menos 55 millones.

    El presupuesto de la NASA para el 2000 fue de 13.578,4 millones de dólares luego de numerosas discusiones en la palestra de la política norteamericana e intentos de recorte. En realidad, la previsión inicial apuntaba 900 millones más de dólares y en cuyo defecto se hubo de recortar el plan de misiones de sondas interplanetarias y astronomía principalmente.

    El presupuesto del Japón para 2000 tuvo, por vez primera, una reducción respecto al ejercicio anterior de 10.000 millones de yenes, unos 15.000 millones de pesetas de entonces. El presupuesto espacial ruso en 1999 es de 3.400 millones de rublos, unos 21.000 millones de pesetas, y prácticamente el mismo en 2000, a los que se sumarían las ayudas privadas. Es de cualquier forma una cifra muy baja, sobre todo si se compara con el presupuesto americano, pero la economía rusa no daba para más. El de China es de unos 100.000 millones de pesetas, es decir, unas 5 veces más que el ruso.

    En 2000, en Europa, la empresa Arianespace, clave del cohete europeo Ariane, entraba por vez primera en pérdidas como resultado de la falta de amortización de los enormes gastos generados por el nuevo lanzador Ariane 5. Además, la creciente competencia de lanzamientos en el mercado internacional no hacía presagiar un buen panorama para el entonces líder mundial de lanzamientos comerciales.

    He aquí un resumen de la actividad de tal compañía en el último lustro del siglo XX (las cifras de facturación y beneficios son en millones de euros), según información publicada en el diario El País:

                     Año -->

1996

1997

1998

1999

2000

Lanzamientos

10

11

11

10

12

Pedidos

19

17

14

12

24

% mundial de pedidos

58

53

62

81

54

Facturación

960

1.002

1.086

976

1.108

Beneficios netos

20,61

11,75

14

7,3

-242


    En otros aspectos, 2000 trajo la quiebra de Iridium, el consorcio que colocó sobre los 6.000 millones de dólares para satélites de telefonía móvil. Las expectativas de negocio no resultaron tan buenas y el proyecto, vendido finalmente, fue modificado; hasta 2000 solo había logrado 55.000 clientes en todo el mundo cuando los interesados habían sido en torno al millón años atrás. Así, se le acusó de crear una campaña publicitaria de 140 millones de dólares en 1988 cuando el proyecto aun no estaba comercial ni técnicamente puesto en servicio. Iridium acumuló 3.000.000.000$ de deudas que aumentaban anualmente por intereses en 250 millones de dólares, a lo que se sumaban 550 millones más por costes de mantenimiento de la red. Otr
os proyectos del mismo sector, como GlobalStar, seguirían el mismo camino por las mismas razones.

    En realidad, al iniciarse el nuevo siglo (y milenio) los satélites comerciales de telecomunicaciones comenzarán una nueva etapa, con un nuevo impulso, gracias a la llegada de tecnologías como la nueva TV de alta definición, o la expansión de la telefonía móvil e Internet. Vino a significar ello nuevas inversiones para los operadores de tales satélites y nuevas posibilidades de negocio. En 2006 el 63% del mercado mundial en este aspecto estaba en manos de solo 3 empresas o consorcios: INTELSAT, EUTELSAT y SES Astra, el primero americano y los dos restantes europeos, que tenían entonces respectivamente 51, 23 y 44 satélites. De tales 3 entidades empresariales principales, la de mayor volumen de negocio (o mejor, ventas) es SES Astra con 1.615.000.000€, seguida de INTELSAT con 1.278.000.000€, y finalmente EUTELSAT con 791.000.000€. Astra crea en 2001 con la americana GE Americom, de la General Electric, la SES Global.

    En 2001 el presupuesto cosmonáutico de Rusia es de 4.590 millones de rublos, unos 27.540 millones de pesetas, que suponían el 0,06 % del producto nacional bruto. El mismo se vio nutrido de una ayuda especial de 20 millones de dólares, unos 3.725 millones de pesetas (el 13 % del presupuesto ruso).

    Con motivo del hundimiento de la Mir en el Pacífico en 2001, y ante las críticas nacionalistas rusas, el administrador de la Agencia Espacial Rusa hubo de recordar que el presupuesto de Rusia en 2000 había sido de 165 millones de dólares mientras que solo la India dedicaba más de 400 millones, China 1.600 millones, Francia 2.300, y los Estados Unidos 13.650 millones. El fin de la Mir en marzo de 2001 obligó a recolocar a un buen número de técnicos espaciales rusos.

    Para 2001 el presupuesto de la NASA era de 603 millones de dólares más que en 2000, en total 14.253 millones. Pero las elecciones presidenciales de noviembre de 2000 cambiarían la perspectiva de la NASA. La llegada al poder de la administración americana del nuevo presidente George W. Bush, a principios de 2001, supuso por lo pronto el inmediato recorte económico de su presupuesto para la Estación Orbital Internacional por un importe de 4.000 millones de dólares, unos 716.000 millones de pesetas. Se traducía en menos capacidad y prestaciones de tal estación (menos vuelos anuales, menos capacidad de ocupación y cancelación del vehículo de emergencia, por ejemplo), que tal renovada administración entendía que eran un despilfarro o bien que suponían un gasto innecesario. Sin embargo, sin el menor recato, en las intenciones del nuevo presidente estaba potenciar el desarrollo del proyecto de “la guerra de las galaxias” contra parecer de rusos y no digamos chinos, reflotando cierto ambiente de guerra fría que diez años atrás se creía enterrado.

        En JUNIO de 2001, Arianespace llevaba lanzados 141 Ariane y enviado al cosmos 188 satélites. Pero el número de contratos de disparo ascendía a 242 por entonces. La cartera de pedidos era en tal momento de 45 satélites y 9 ATV para la ISS que suponían una facturación de 4.900.000.000€. Sin embargo, las pérdidas en 2001 de Arianespace sumaron al final 193.000.000 € y, con el fracaso del Ariane 5 de 10 Tm, en los períodos siguientes, con la añadida competencia rusa y americana, el mercado empezaría a caer, sobre todo en los siguientes años, porque se añadían además otras circunstancias como el hecho de que había menos satélites para disparar por el alargamiento de la vida de los últimos lanzados y por la menor competencia de algunos sectores por fusiones empresariales, etc.

En noviembre de 2001, en la reunión de ministros europeos correspondiente, la ESA fijaba sus disponibilidades económicas para el período entre 2002 y 2006, solicitando un aumento del presupuesto entorno al 4,5%. El presupuesto aprobado es de 7.840 millones de euros. Para entonces, los presupuestos durante la última década habían sufrido un recorte del 14 %. La aportación anual española pasaría entonces de los 19.000 millones de pesetas a los 22.200 (como promedio para esos 5 años), unos 668 millones de euros para tal período.

Hacia este mismo tiempo el presupuesto anual espacial del ISRO de la India era de apenas 400.000.000$.

El presupuesto de la NASA solicitado para 2002 fue por su parte de 14.800 millones de dólares, aumentando en 500 millones respecto al año anterior; supone tal cifra cerca del 0,8% del gasto nacional. Al final les darían 14.511,4 millones.

En los comienzos de 2002, hechos los balances correspondientes y considerado el freno económico general del momento (eso es lo que se decía), las empresas americanas del sector espacial Boeing y Lockheed Martin se apercibieron de las malas perspectivas de rentabilidad en los posibles lanzamientos comerciales con sus nuevos lanzadores Delta 4 y Atlas 5, cuando ni siquiera eran aun operativos. Su alternativa estaba en buscar el compromiso militar americano, el DOD, para que utilizaran estos vectores en sus lanzamientos y compensar las pérdidas que preveían.

La propuesta de presupuesto de la NASA para el 2003 se elevó a 15.100 millones de dólares, pero se consideraba que, considerando una inflación prevista del 2%, el incremento del 1,4% suponía en realidad una rebaja. La cifra propuesta para la ISS era de 1.490 millones, rebajando en general el presupuesto para vuelos tripulados en 624 millones respecto al anterior ejercicio, pero se incrementaba en 797 millones para investigación. El presupuesto concedido fue finalmente de 14.985,4 millones.

La aprobación en marzo de 2002 del sistema europeo de navegación Galileo para evitar la dependencia de los americanos en esta área, supuso para el período 2002-2007 un desembolso presupuestado de 3.250 millones de euros. Pero a la vez, la previsión indicaba que se crearían entre 100.000 y 150.000 empleos de gran cualificación y la consecuente posterior repercusión económica de beneficios se estimó entonces en los 17.700 millones de euros anuales (a partir de 2008).

         A finales de 2002, fallos de dos cohetes Protón (ruso), así como un aborto de disparo del Ariane 5, y un éxito del lanzador americano Delta 4, parecía anunciar una enconada batalla en el mercado comercial ostentado por los europeos con los Ariane desde hacía casi 2 décadas. El precio entonces de satelización comercial europea se cifraba en 15.000$ por Kg (según los franceses). Con el Atlas V americano la estimación por Kg es de 15.664$.

DESGLOSE DE PRESUPUESTOS

NASA 2001-2006

(en millones de dólares)

(cifras de 2002)

Año fiscal 

2001

2002

2003

2004

2005

2006

Vuelos tripulados

7163,4

7296,0

6881,0

6545,0

6439,0

6494,0

ISS

2112,9

2087,4

1817,5

1509,1

1394,3

1389,0

Shuttle

3118,8

3283,8

3218,9

3253,3

3213,5

3228,0

Carga útil y apoyo lanzadores

90

91,3

92,5

100,0

104,7

111,6

Inversiones y apoyo

1272,5

1303,5

1333,5

1348,1

1381,7

1420,6

Operaciones

521,8

482,2

370,8

286,5

296,8

296,8

Seguridad e ingeniería

47,4

47,8

47,8

48,0

48,0

48,0

Ciencia, Aeronáutica y Tecnología

7066,9

7191,7

8079,8

8812,9

9193,9

9552,0

Ciencia

2624,7

2786,4

3144,2

3560,5

3897,5

4008,1

Biología e investigación física

378,8

360,9

380,7

402,6

405,6

419,4

Ciencias de la Tierra

1716,2

1515,0

1587,4

1571,0

1572,9

1578,7

Tecnología aeroespacial

2214,5

2375,7

2823,8

3135,1

3174,2

3402,1

Programas académicos

132,7

153,7

143,7

143,7

143,7

143,7

Inspector General

22,9

23,7

24,6

25,5

26,5

27,4

Total...

14253,2

14511,4

14985,4

15383,4

15659,4

16073,4


    A principios de 2003, con el accidente mortal del Columbia, salió a relucir que los recortes presupuestarios de la NASA, la falta de medios actualizados, podrían ser una de las causas del mismo. Incluso se plasmó este hecho en una anécdota: los váteres de los Orbiter no tenían repuestos y por tanto se tenía que ir utilizando el mismo en cada vuelo; o sea, se iba cambiando el váter de nave en nave en las sucesivas misiones. En los años inmediatos anteriores se habían despedido a unos 10.000 especialistas, entre ingenieros y diverso personal cualificado. Ello significaba menos controles, menos calidad y por tanto menos seguridad. De ahí el echar la culpa del accidente al factor económico.

    En tal momento, la petición presupuestaria de la NASA para 2004 ascendía a 15.470 millones de dólares, un 3% más aproximadamente que para 2003, y de los que 3.900 que querían destinar al capítulo Shuttle, casi 700 más de los previstos antes.

    En agosto de 2003 se señalaba que la ESA había tenido en la primera mitad del año (2003) un déficit de 66.000.000€; en período equivalente del año anterior había tenido un superávit en cambio de 91.000.000€. Tales pérdidas del 172,5% se debían no obstante al sector aeronáutico, especialmente a las menores entregas de Airbus y también a la bajada del dólar en los mercados monetarios. El volumen de negocio de tal semestre primero en 2002 fue de 13.974 millones de euros y el del mismo período de 2003 de 13.060 millones. La parte correspondiente al sector espacial fue de 1.008 millones de euros, siendo el resto del aeronáutico y militar principalmente. El total de empleados de la ESA es junio de 2003 de 107.845 personas, 4.787 más que un año atrás.

    A principios de 2004, tras el anuncio del Presidente americano Bush de su plan de vuelta a la Luna con viajes tripulados como prolegómeno a un viaje a Marte, la NASA fijó una petición de aumento de su presupuesto para 2005 hasta los 16.200 millones de dólares, un 5,6% más que para 2004. El plan económico de Bush para con la NASA, para los fines señalados, era aumentar tal presupuesto en 1.000 millones de dólares, pero desviando más dinero hacia el plan, hasta otros 11.000 millones durante los siguientes 5 años de otros capítulos presupuestarios. Las asignaciones para la ISS continuarían, pero no otros vuelos Shuttle previstos.

    La concreción en los siguientes meses del proyecto lunar arrojó la cifra de un costo del mismo de 63.000 millones de dólares para gastar hasta 2020, de los que 13.000 millones serían para el cohete necesario (un heredero del Saturn 5), 15.000 millones para la nave tripulada Constellation, 12.000 más para la nave de alunizaje, etc.

    Otro estudio posterior (junio de 2004) subió la cifra total en 1.000 millones más, pero excluyó al cohete lanzador, dando a la nave un coste de 24.000 millones. El coste del viaje a Marte, en estimación de la ESA, andaría en torno a los 125.000 millones de dólares.

    En 2004, el acuerdo ruso-europeo para lanzar el cohete Soyuz en la base francesa de Kourou, con financiación práctica y totalmente europea, vino a dotar a las citadas instalaciones de un lanzador que venía a sustituir a Ariane 4, de parecidas características en potencia, pero más barato que el europeo. De tal modo se lograba que los lanzamientos comerciales europeos fueran competitivos desde tal base con tal cohete más el Ariane 5 para grandes cargas y el Vega para pequeñas cargas, logrando además impedir así que los rusos se aliaran con otros competidores.

    Por entonces trascendió que el gasto chino en su programa de vuelos espaciales tripulados había sido en los anteriores inmediatos 11 años de 2.180 millones de dólares.

    Para 2005 el presupuesto de la NASA se aprobó por el Congreso en unos 300 millones menos de lo planificado tres años antes y 229 millones menos que el presupuesto de 2004, y unos 1.100 menos que lo pretendido por el entonces Presidente Bush que quería el costoso programa lunar tripulado. El presupuesto solicitado inicialmente por la NASA para tal 2005 ascendía a 16.200 millones de dólares y tal cifra fue la aprobada al final en noviembre de 2004, aunque luego el presupuesto real sería de 16.070,4 millones de dólares.

    Pero 2005, con la reanudación de los vuelos Shuttle, marcaría también el principio de una nueva etapa con la perspectiva a tal momento de cambiar el sistema americano de naves por las antiguas cápsulas, consideradas más seguras a vista de los accidentes del Challenger y el Columbia. En realidad el sistema Shuttle venía consumiendo 1/3 parte del presupuesto de la NASA y no había respondido a las expectativas económicas de su proyecto.

    Mientras tanto la ESA presupuestaba para investigación 5.380 millones para igual período, de los que 180 pertenecen a España; este país anunciaba en noviembre de 2004 que el presupuesto espacial propio se incrementaría para el ejercicio de 2005 en un 17%.

    El presupuesto de la ESA aprobado en diciembre de 2005 para los siguientes años 2006-2010 se cifró en 8.255 millones de euros, un 5% menos de lo solicitado. De tal cifra, 436 millones se asignaron al Ariane 5 y 650 para la ISS (hasta 2008). La ESA tiene en 2006 un total de 1.907 empleos directos.

    La industria espacial europea facturaba en 2005 unos 4.400 millones de euros, sosteniendo unos 28.000 empleos directos, siendo Francia el país con mayor volumen, doble al de Alemania e Italia, los siguientes en tal orden; a continuación figuraban entonces Gran Bretaña, España y Bélgica. Mientras, internacionalmente, el volumen de facturación del sector espacial asciende a unos 90.000 millones de euros.

    En 2005 las empresas españolas del sector espacial, con sedes ¾ partes de ellas en Madrid y su entorno, tenían una facturación de 369.000.000€ (el 0,04% del PIB), más de un 15% que en el lustro anterior, pese a que otras empresas del ramo en otros países europeos registraban un tendencia claramente inversa. El número de empleos generados en tal 2005 asciende a 2.350 puestos, de ellos el 85% de carreras universitarias. Por su parte, los productos de tales empresas resultan en tal momento exportaciones en un 67%.

    A finales de 2006 el Plan Estratégico para el Sector Espacial de España fijaba un presupuesto para el período 2007 a 2011 de 1.071 millones de euros. De ellos son destinados como aportación a la ESA 177 para 2007, 200,9 para 2008, 240 para 2009, etc.; el aumento porcentual ante la ESA es del 6,72.

    El presupuesto de la NASA para 2006, aprobado a finales del anterior 2005, asciende a la cifra de 16.456,3 millones de dólares. Entonces se considera deficitario y que habría programas de investigación que iban a quedar paralizados o anulados. En tal momento, el número de empleos directos de la NASA es de 18.146.

    En el mismo 2006, el presupuesto anual de la India para su programa sideral era de unos 450.000.000$. Para 2009 incrementaría su presupuesto en un 27% respecto a 2008, pese a la crisis internacional, porque era necesario para cubrir sus aspiraciones futuras en las que se incluía nada menos que un programa espacial tripulado…

    En mayo de 2007 se denunciaba públicamente que la Administración del Presidente Bush había recortado en los últimos tres años 3.000 millones de dólares dentro del presupuesto de la NASA a costa del programa científico.

    También en 2007 se estimaba que el presupuesto de la industria espacial de Rusia hasta 2.015 ascendería a unos 14.000 millones de euros, o bien 478.000 millones de rublos. Para 2009 el presupuesto estatal del programa espacial ruso era de 82.000 millones de rublos (1.822 millones de euros), con un notable incremento respecto a 2007 (que fue de 9.000 millones de rublos, unos 200 millones de euros) pese a la fase aguda de crisis económica mundial de la época.  Una estimación, que data de unos 4 años después, cifra en 232.000 puestos de trabajos lo que supone la industria espacial para Rusia. 

    Para 2008, el presupuesto de la NASA fue de 17.305,9 millones de dólares.

    En la primavera del mismo 2008 la denominada Space Foundation daba a conocer su informe anual sobre la industrial espacial en el mundo, apuntando que en 2007 se habían facturado en total 251.160 millones de dólares que suponen un 11% más que en el ejercicio anterior.

    En junio de 2008 los propósitos de la NASA de cerrar para 2010 el programa Shuttle anunciaban la pérdida por ello de unos 3.500 puestos de trabajo solo en el KSC; en realidad se estimó un reajuste del doble, pero al menos otros 3.000 nuevos se iban a crear.

    Para el ejercicio de 2009, en junio de 2008 la Cámara de Representantes americana estudiaba inicialmente un presupuesto de la NASA con la cifra de 20.200 millones de dólares. Se contempla entre otras cosas con el incremento acelerar el desarrollo de las nuevas naves Orion. El presupuesto final asignado para 2009 serían 17.611,9 millones de dólares, de los que 5.700 se destinarían al programa Shuttle y 3.500 al desarrollo del programa tripulado lunar Constellation.

    El 26 de noviembre de 2008 los miembros de la ESA se ponían de acuerdo en la Haya para financiar su política espacial con un reparto no exento de complejidades. El presupuesto europeo alcanza entonces los 10.000 millones de euros en total para el trienio 2009-2011. Los principales programas a financiar son el de la ISS, Meteosat, GMES, y Artes 3 y 4. España promete en principio aportar a esas cifras para los 3 años 677 millones de euros; pero en su presupuesto para 2010, España reduciría un 36% su participación en la ESA debido a la crisis (quedó en 117 millones de euros, cuando en 2009 había aportado 184).

    En la primavera del mismo 2009, la nueva Administración Obama solicitó al Congreso la aprobación de un presupuesto de la NASA para 2010 de 18.690 millones de dólares. Pero la nueva Administración no estaba económicamente por la labor del programa Constellation, de retorno tripulado a la Luna y en 2010 lo cancelaría. A la vez anunció la privatización del programa tripulado, dejando a la NASA solo como supervisora. El fin del programa Shuttle se confirmaba y la realidad fue que se llevaría por delante unos 7.000 empleos solo en Florida, y solo unos 1.400 nuevos se podrían crear con la nueva planificación, si bien los más optimistas apuntaron que los nuevos empleos en el sector privado podrían llegar a los 5.000.

    El anuncio a principios de 2010 del fin del programa Shuttle y la suspensión del desarrollo del proyecto Constellation, hizo que los americanos tuvieran que firmar en abril del mismo 2010 un contrato con los rusos para el lanzamiento de sus astronautas hacia la ISS en las naves Soyuz a partir de 2013. El citado contrato incluía el entrenamiento y vuelo de 6 personas más 50 Kg de carga de efectos por cada uno (17 Kg al retorno y 30 de basura). El precio por ocupante con tal carga sube a más de los 50.000.000$.

    A finales del verano de 2010 la NASA acordaba establecer acuerdos con las empresas Lockheed Martin, OSC, United Launch Services y Space Exploration Technologies, para llevar a cabo durante una década hasta 70 lanzamientos por un montante de 15.000 millones de dólares. Los cohetes operativos para tal finalidad son entonces los vectores Atlas V, Taurus XL, Athena 1, Athena 2, Falcon 1 y Falcon 9, con posibilidad de añadir otros.
    Con este último lanzador citado, el Falcon 9, los costes de lanzamiento por Kg se bajan a 2.719$, un récord y un futuro prometedor para la empresa SpaceX, que aun en los años siguientes bajará a 1.654$ por Kg lanzado (2016). El costo de cohete Falcon 9 es en 2010 de unos 62 millones de dólares.

    El febrero de 2011, el Administrador de la NASA presentaba el Presupuesto aprobado de la misma para 2012 y el mismo asciende a 18.700 millones de dólares, de ellos 4.300 destinados al Shuttle, 5.000 para la ISS y 3.900 para invertir en un nuevo lanzador y en la nave espacial futura. El presuesto real final sería sin embargo de mil millones menos, 17.759 millones.

    Al mismo tiempo, la NASA optó por sacar a concurso la gestión de la ISS, condicionado a que el gestor no podría tener ánimo de lucro, por lo que se ofrecía una posibilidad en tal sentido a entidades como universidades, organismos oficiales y otros entes que podrían formar una organización para tal fin. La NASA ofreció un fondo anual a tal efecto de 15.000.000$ y la misma seguiría corriendo con los gastos generales de la ISS y los transportes a la misma.

    En marzo de 2011 los americanos firman con los rusos un contrato para que los últimos lancen astronautas americanos en los Soyuz entre 2014 y junio de 2016; recordemos que para entonces los americanos no disponen de nave espacial propia. El montante del contrato asciende a 753 millones de dólares y el número de astronautas a entrenar y lanzar es de 12 (más de 62 millones de costo por persona).

    El final del programa Shuttle amenaza además en 2011 con acabar con varios miles de puestos de trabajo. En el KSC había en 2008 unos 2.200 empleos fijos más unos 13.000 empleados de subcontratas.
    En 2011, en plena grave crisis económica y contrariamente a casi todos los demás sectores económicos, el grupo de 391 empresas aeroespaciales de España, 18 de ellas solo del sector espacial, crece un 2%. La facturación correspondiente a tales 18 empresas en 2010 había ascendido a 711 millones de euros, siendo la cifra de exportación correspondiente de 487 millones. Pero en los últimos veinte años, sin embargo, los retornos industriales a la inversión son de solo un 20%, y con una exportación muy baja, lo que indica que apunta a la dependencia de los fondos estatales.
        Por otra parte, la asignación española para la ESA en 2011 es de 202 millones de euros.
      En 2011, todo el sector espacial mundial mueve la cifra de 54.000 millones de euros, algo menos que en el año anterior y luego de una década de crecimiento continuo. De tal cifra, un 60%, unos 32.400 millones, corresponden a los Estados Unidos.
       El presupuesto de la ESA en 2012 es de un poco más de los 4.000 millones de euros.
       En España, el crecimiento de las compañías nacionales durante 2012 fue de 2%, con una facturación que ascendió a 736 millones de euros, un total de 3.337 puestos de trabajo fijos de los que el 70% es de titulación superior pero con un total de empleos de unos 5.000 en total. Pero al realizar sus presupuestos para 2013 en España,
la crisis económica retrae aproximadamente a la mitad las inversiones globales y asignaciones en el sector espacial. La contribución española a la ESA baja en un 11,71%, quedando en 102,62 millones de euros; y además se arrastra por entonces una deuda de 164 millones más. Ello significa una repercusión negativa en las contrataciones subsidiarias europeas de las empresas españolas en este área, y por ende para el empleo en las mismas, que por entonces suma unos 3.200 puestos solo de alta cualificación e indirectamente unos 1.800 más. La primera consecuencia es que España baja de ser el 5º inversor en este campo en Europa al puesto 12 en los programas opcionales de la ESA, 24 en total; España solo participaría en 5 (el meteorológico MetOp, la ISS, satélites de observación terrestre, Ariane 5 ME y nuevos lanzadores).
      Para tratar de enmendar tal situación en España, el Gobierno de la nación anuncia a principios de octubre de 2013 un plan financiero de 1.175 millones de euros hasta 2022, incluidas las aportaciones a la ESA y a las empresas españolas. La facturación anual de las empresas españolas del sector espacial es en este tiempo de 2013-2014 de aproximadamente unos 700 millones de euros.
      El presupuesto de la ESA en 2013 es de 4.282 millones de euros.

    El presupuesto de la NASA para 2014 se cifra en 17.646,50 millones de dólares. Al inicio de tal ejercicio, el número de empleos que sostiene asciende a 17.200, sin contar los proporcionados a la industria en los contratos subsidiarios, que se evalúan en más de 62.000 puestos de  trabajo.
    Para 2.015 el presupuesto propuesto, o solicitado, es de 17.460,60 millones de dólares, en cuyo montante se fijan unos 2.800 millones para el desarrollo de la nave Orion y el lanzador de la misma, y 5.000 millones para misiones científicas.
       En septiembre de 2014 para los vuelos tripulados y de carga a la ISS se adjudicó un contrato de 4.200 millones de euros a la Boeing y otro de 2.600 millones a SpaceX.
    El presupuesto espacial del ISRO (India) es en 2014 de unos 1.000 millones de dólares, casi la quinta parte del presupuesto de la ESA. Dentro de tal presupuesto, el porcentaje destinado a misiones lunares o interplanetarias no llega al 8%, y para satélites de utilidades en recursos naturales o de trascendencia económica directa el porcentaje asciende a un 55%.

     A principios de diciembre de 2014 se celebra en Luxemburgo el consejo de la ESA, al que acuden representantes de 20 países, para fijar políticas y compromisos económicos para el presupuesto de tal agencia. Se acuerda el desarrollo del cohete Ariane 6, que junto al VEGA supone un costo solo de desarrollo de 3.800 millones de euros. La cifra a aportar para el programa de la ISS es de 820 millones de euros hasta 2017. Se aprueba además sondas a la Luna y Marte. España, por su parte, se compromete a aportar 344,5 millones de euros para programas optativos, y un compromiso de una media hasta 2022 de 152 millones de euros anuales; al Ariane 6 España aportará 182 millones de euros, y 46 millones a otros cohetes y 17 millones a la ISS, así como otras diversas cantidades a los programas Galileo y sondas planetarias.
    En España, en 2014 facturaba 720 millones de euros y el número de empleos cualificados del sector es de 3.384. La aportación española al presupuesto de la ESA en tal período supone un 5% del mismo.
    En diciembre de 2016, la ESA, que pidió a los 22 estados que la forman un total de 11.000 millones para sus proyectos de los años siguientes, tenía logrados ya unos 10.300 millones. El reparto de tal montante es: 4.600 millones para ciencia y tecnología; 2.500 para integrar la tecnología y ciencias espaciales en la economía y sociedad europeas; 1.800 millones para sostener la autonomía de Europa en el acceso y uso del espacio con seguridad y protección; y 1.400 millones para el fomento del sector espacial europeo en el entorno mundial. Por su parte, España ha de aportar desde 2017 hasta 2024 la cifra de 1.512,3 millones de euros.

    El 30 de marzo de 2017 la empresa americana SpaceX lanza un satélite con un cohete Falcon 9 v1.2 cuya primera etapa es recuperada por segunda vez. La misma fase había sido usada en abril de 2016. Este hecho es la primera vez que se produce y supone un avance en el abaratamiento de los costos de lanzamiento de satélites. Tal compañía se aventura a cifrar en un 30% tal ahorro al recuperar la parte más costosa, los motores, 9 Merlin. El costo de un cohete tal, sin recuperación, anda entonces en torno a los 58/62 millones de euros/dólares. La reutilización de los mismos, mediante otras tantas recuperaciones, se espera continuar en varias veces, previsiblemente en más de 10 veces. Ello puede suponer un importante paso en un acceso al espacio más fácil y barato. 

RESUMEN DE LOS PRESUPUESTOS DE LA NASA EN MILLONES DE DÓLARES

(Algunas cifras pueden ser aproximadas; en algunos casos puede tratarse de presupuesto inicial y en otros del ejecutado o bien el corregido)

AÑO

PRESUPUESTO

(s.e.u.o)

1959

80,00

1960

523,37

1961

964,00

1962

1.784,30

1963

3.674,11

1964

3.974,98

1965

4.270,69

1966

4.511,64

1967

4.175,10

1968

3.970,00

1969

3.193,56

1970

3.113,76

1971

2.555,00

1972

2.507,70

1973

2.509,90

1974

3.016,00

1975

3.231,14

1976

3.539,00

1977

3.145,00

1978

3.011,60

1979

3.477,20

1980

3.602,50

1981

5.522,70

1982

6.122,20

1983

6.836,44

1984

7.247,91

1985

7.510,70

1986

7.886,00

1987

7.700,00

1988

8.900,00

1989

10.700,00

1990

12.429,00

1991

11.000,00

1992

14.333,50

1993

14.330,40

1994

14.548,90

1995

13.996,40

1996

13.884,00

1997

13.709,20

1998

13.638,00

1999

13.465,00

2000

13.578,40

2001

14.253,20

2002

14.511,40

2003

14.985,40

2004

15.383,40

2005

16.070,40

2006

16.456,30

2007

16.962,00

2008

17.305,90

2009

17.611,90

2010

18.027,10

2011

18.448,00

2012

17.770,00

2013

16.865,20

2014

17.646,50

2015

18.010.20

2016

18.529,10

2017

18.807,00


        > EL SUELDO DE LOS ASTRONAUTAS

    Como muestra de lo que gana un astronauta citamos a lo largo del tiempo algunos ejemplos. Los sueldos anuales de astronautas y científicos americanos oscilaban en los años 60 entre los 10.000 y 27.000 $, pero los astronautas no eran los que más cobraban.

    Hacia 1962-1963 los astronautas norteamericanos ganaban unos 1.400 $ al mes, casi 100.000 pesetas de entonces.

    El sueldo en 1969 de Collins, uno de los astronautas de Apollo 11, era de 17.000 $ anuales, unas 1.050.000 pesetas de entonces, pero obtenía además extras por artículos, derechos de autor, etc., con lo que sus ingresos eran muy superiores.

    En 1982 los cosmonautas rusos que habían volado en la estación Salyut durante más de 200 días recibieron 15.000 rublos y un automóvil de regalo.

    El sueldo de astronauta de Crippen en 1983 era de 55.743 dólares anuales, unas 3.700.000 pesetas del momento. En cambio, en el mismo año, el sueldo de Sally Ride, la primera mujer americana en el espacio era entonces de 42.625 dólares al año, unas 2.800.000 pesetas de entonces (datos de cambio aproximados).

    El sueldo de un cosmonauta ruso en vuelo en la Mir, era en 1997 de 16.000 pesetas diarias, de modo que al final de una misión de 6 meses, el comandante cobraba unos 15 millones de pesetas y el ingeniero de vuelo un 20 % menos. Pero finalizada la misión, un cosmonauta cualquiera en tierra solo cobraba al rededor de unas 50.000 pesetas al mes.

    En 2000, el sueldo de un cosmonauta ruso era de más de 3.000 rublos, unas 21.000 pesetas al mes, pero en vuelo podía ganar, incluidas las primas e incentivos (y sin multas), cerca de los 20.000.000 de pesetas.

    En 2003, el sueldo del primer astronauta chino, o taikonauta, era de unos 10.000 yuanes al mes, equivalentes a unos 1.200 euros.

    En 2005, el sueldo de los astronautas de la NASA oscilaba entre los 51.799 y los 95.977 $ anuales.


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