RESULTADOS.                                        Capítulo 13º    Subcap. 27


                       <>  LAS POSIBILIDADES DEL ESPACIO. APLICACIONES Y RESULTADOS.
                        

    Mucha gente se ha venido preguntado ante la cuestión espacial: ¿para que ir al espacio, a la Luna, a los planetas...? ¿Acaso no tenemos bastantes problemas, pobreza y necesidades en la Tierra como para gastar tiempo y enormes cantidades de recursos en el espacio? En su momento, uno de los padres de la astronáutica replicó: “No se puede imaginar el beneficio que el espacio nos aportará, del mismo modo que nadie pudo pensar la trascendencia del viaje de Colón”. Las aplicaciones, las posibilidades del espacio son enormes para el hombre, ya imprescindibles en el tercer milenio.
    El resultado de la actividad espacial en innumerables campos es tan notable que ha cambiado todas nuestras vidas. Desde la salida orbital del Sputnik 1 han pasado muchas cosas. El impulso de la navegación espacial ha arrastrado a muchas actividades humanas, gracias al esfuerzo no solo científico sino al tecnológico que impusieron los descomunales costos de lanzamiento de los ingenios espaciales.
    El esfuerzo por abaratar instrumentos y medios astronáuticos, dado que el peso es cuestión básica en los envíos al espacio, lleva a la miniaturización, racionalización y simplificación de muchos aparatos y técnicas. El consecuente resultado es que su aplicación no es solo para el espacio sino que la misma filosofía se ha aplicado en otros órdenes de las actividades humanas.
    Pero al margen de estas aplicaciones, consideradas secundarias o subproductos, la importancia incuestionable de los satélites de comunicaciones y meteorológicos, por ejemplo, ha transformado claramente el modo de vivir de nuestro mundo. Los resultados de la actividad de los satélites son conocidos en la segunda parte de esta obra y es evidente en la vida cotidiana cuando realizamos llamadas telefónicas lejanas, cuando vemos la televisión por parabólica, cuando nos muestran las fotografías meteorológicas a diario para apuntarnos las previsiones del tiempo. Si alguien duda un momento la cuestión es sencilla: suprímase por un momento, por ejemplo, esos satélites de telecomunicaciones, con todo el ejército de cadenas de TV, o prescíndase de los partes meteorológicos que gracias a los satélites de tal orden se emiten a diario. ¿Se imagina la supresión de tales dos simples cosas la repercusión que tendrían? Son en efecto las aplicaciones astronáuticas de los satélites citados y los de navegación, cada vez más inmersos en nuestra vida, así como los de estudio de los recursos terrestres, de la contaminación, etc., ya vistos en la citada segunda parte, los que determinan sin remedio nuestro cambiante y evolutivo modo de vivir.
    Pero existe una tercera respuesta para la pregunta ¿para qué nos sirve la navegación espacial? Y está en la de los resultados obtenidos en la investigación de nuestro Sistema Solar y el Universo. Ello merece un capítulo aparte, a continuación del presente, porque la astronáutica ha cambiado el concepto que teníamos del citado Sistema y Universo gracias tanto a las sondas automáticas como a los satélites astronómicos, sin olvidar el sistemático e ininterrumpido trabajo de la astronomía terrestre. Significa ello que nos ha cambiado nuestra visión del mundo, porque hemos abierto una ventana a un Universo que no es ni estático ni pacífico, como se creía, sino un Universo violento y complejo; e implícitamente nos ha cambiado la visión de la vida, de la razón de ser, y ha obligado a la revisión a más de un concepto religioso e incluso filosófico.
    Hay que decir además que hay gran número de investigaciones, como son casi todas las realizadas en laboratorios espaciales, tripulados o no, que si bien no tienen todavía una aplicación a gran escala por estar en fase experimental, sientan las bases de un desarrollo futuro para la consecución de nuevos y numerosos medios tecnológicos, fármacos, modelos atmosféricos y meteorológicos, materiales, etc.
    En la astronáutica confluyen casi todas las ciencias, técnicas y teorías del hombre, toda clase de ingeniería (electrónica, nuclear, genética, redes de conducción de gas y petróleo, etc.), astronomía, física, química, arquitectura, medicina, biología, sociología, geografía, geodesia, meteorología, geología, recursos naturales, agricultura y ganadería, oceanografía, pesca y navegación, organización empresarial y comercial, comunicaciones, apoyo a la navegación aérea y marítima y posicionamiento terrestre, robótica y cibernética, arqueología, militares, vulcanología, selvicultura, contaminación, calidad de aguas marinas, la prospectiva del futuro, incluso el derecho, la economía, el cine y otras artes, el coleccionismo, las ciencias de las información, pedagogía, cosmología, filosofía...
    Como no podemos entrar en amplitud en cada tema, en cada uno de todos estos aspectos los resumiremos por grupos en relación a la actividad espacial, y citando solo los principales o los más significativos. Las posibles aplicaciones del espacio implican a su vez acerca de los resultados obtenidos. La implicación o trascendencia en diversas áreas y actividades humanas como en el derecho internacional, la economía, el mundo empresarial, los seguros, la ingeniería y arquitectura, el cine, etc, son tratados en mayor o menor extensión en el capítulo de “Trascendencia”.

    Se podría hacer una división de los aspectos de utilización del espacio en 4: por un lado, científicos y tecnológicos, o bien en investigaciones y utilidades o aplicaciones consolidadas; y en subproductos o derivados, y repercutidos. A continuación se hace mención de los mismos en orden inverso a su cita.
    En cuanto a los últimos se refiere, a los repercutidos antes citados, son los que trascienden a numerosas áreas de la actividad humana, inicialmente no necesariamente relacionadas de forma directa con el espacio, pero en las que el espacio incide, transforma o prolonga. Son las citadas de la economía, el derecho internacional, el mundo empresarial, nuevos métodos o planificaciones de trabajo, etc.
    Así por ejemplo, en el aspecto económico y socio-político, uno de los resultados de la astronáutica está en la propia vigorización de la industria que se ha creado a su alrededor, y en el crecimiento y elevado nivel de vida de poblaciones donde se ubican los centros espaciales, tanto de los estados como de la empresa privada.
    Según la NASA la rentabilidad de las inversiones espaciales se cifra en 7 a 1 (1978). Es decir, en cada dólar invertido el rendimiento es de 7. Naturalmente incluyen la rentabilidad global en la que los satélites de comunicaciones, etc, marcan los beneficios, en tanto que los vuelos tripulados apuntan a una posible rentabilidad futura. La relación de repercusión concreta en la economía americana del programa lunar Apollo –según ellos mismos- fue de 10 $ por dólar invertido.

    Los subproductos o derivados directos son aquellos de la vida terrestre en los que la aplicación de tecnología utilizada en alguna actividad espacial puede ser usada para otros fines. Así por ejemplo están:
    La robótica de exploración de superficies de cuerpos celestes ha encontrado aplicaciones por ejemplo entre los vehículos y joysticks destinados a minusválidos que no pueden utilizar los modelos convencionales, o en la manipulación de material nuclear para centrales de energía, o en telemedicina, o en el acceso a lugares normalmente inaccesibles como minitúneles de edificios o en arqueología, etc.; las nuevas sillas para minusválidos pueden evolucionar solas y librar obstáculos, además de sortear desniveles, subidas y bajadas, con solvencia, giros, etc. En este mismo campo de la robótica, especialmente la vulcanología se ha visto favorecida con un prototipo de exploración planetaria conocido como el robot Dante; también en interés y vigilancia vulcanológica se han utilizado satélites diversos del tipo GPS y otros (Sentinel, Terra, Landsat, etc.). También en rover o robots para entrar en sitios peligrosos, como el caso del robot Pioneer diseñado por la NASA para entrar en el reactor de la accidentada central nuclear de Chernobil; el mismo se diseñó pensando en que llevara una perforadora para el análisis de las paredes interiores del reactor pero se vislumbró a la inversa su aplicación futura en taladros para asteroides o superficies planetarias. Otro más, el Roboclimber, de la ESA, de control y dirección a distancia, se basa en tecnología espacial y su utilidad se localiza en la prevención de aludes y desprendimientos de tierra, entre otras cosas; el aspecto del prototipo es el de una gran araña de 4 patas y 3 Tm de peso.
     En la tecnología nuclear, además de los robots, también se han aprovechado materiales y técnicas utilizados en la construcción de motores cohete como los Ariane y otros para hacer estructuras que soporten algunas partes en centrales de energía nuclear con la necesaria eficacia frente a las las alteraciones térmicas.
    En medicina, muchas prótesis humanas que se vienen utilizando son hechas materiales propios de los vuelos espaciales; se usan aleaciones de hierro, titanio, níquel, magnesio y silicio, con aplicación en coronas dentales más ligeras y resistentes que las tradicionales de oro o platino. Diversas aleaciones logradas para el espacio encontraron aplicación con menor rechazo que sus predecesoras en este campo. Otras prótesis surgieron directamente de la tecnología creada para el espacio, como la de esfínter urinario, en un sistema válido tanto para hombre como para mujer, nacido del Centro Espacial Marshall sobre una válvula pensada para la sonda marciana Viking y luego asumido en su desarrollo por tres entidades médicas (sociedad Parker Hannifin, la corporación Engineering Médical y el Hospital General de Rochester). La NASA también participa en el desarrollo de huesos artificiales para implantes de cadera, ensayando con cerámicas (se ha experimentado con fosfato de tricalcio) con características, como la porosidad, muy similares químicamente al hueso natural. Un atleta de paraolimpiadas (Atenas, 2004), el alemán Wojtek Czyz, utilizó una pierna artificial diseñada por ingenieros de la ESA y rompió con la misma un récord.
    Los sistemas de diagnóstico, eco-análisis, radiotransmisores, y telemétricas para la retransmisión de datos a distancia, han venido en ayuda en multitud de aspectos de la vida médica y también en otros aspectos. Por ejemplo, el sistema de ECG se empezó utilizando en centrifugadoras de entrenamiento espacial y en los vuelos y se halló pronto su aplicación, entre otros aspectos, en las maternidades para controlar los bebés, de modo que si la señal cesa durante 10 seg se activa una alarma. También las bicicletas ergonómicas de los astronautas y dispositivos similares tienen su aplicación para minusválidos y en rehabilitación. Otro derivado son los monitores de seguimiento del ritmo cardíaco y los sistemas portátiles para respirar mejor, los microinfusores (PIMS) para diabéticos, sistemas de desinfección, sondas fibra óptica (del LeRC) para oftalmoscopios (de utilidad en el diagnóstico precoz de cataratas), etc. Sobre sistemas utilizados por detectores de micrometeoritos se utilizan detecciones tempranas del mal de Parkinson. También se han proyectado para fines espaciales sistemas de transmisión de datos (temperatura, presión, etc) en una píldora que se puede tragar por parte del astronauta, simplificando el uso de endoscopios. E incluso se ha desarrollado un sistema miniaturizado que registra y avisa de los principales parámetros corporales con aplicación en profesiones de riesgo y en gran número de enfermos.
    En cuanto a los microinfusores citados son un derivado de la microelectrónica, y en general de los sistemas miniaturizados, de la NASA. Otro instrumento beneficiado de la miniaturización es la electrónica del Sonotone para sordos. En las investigaciones de la diabetes, enfermedad con origen en la falta de asimilación de glúcidos, y que afecta a millones de personas en el mundo, se ha logrado un sistema de control de los niveles de azúcar en la sangre. El sistema inyecta con una microbomba pequeñísimas cantidades de insulina de forma automática, a partir de las dosificaciones predeterminadas por el médico. Denominado PIMS, fue adoptado por varias instituciones médicas y comenzó a probarse en personas en 1986, luego de pruebas en animales. En 2007 también una estudiante alemana llamada Nicole Schmiedel utilizó tecnología espacial en el desarrollo de una pulsera para administrar insulina con una microbomba alimentada con energía generada por el movimiento del portador.
    Gracias a la tecnología espacial se han derivado aplicaciones en el campo de las enfermedades cardiovasculares, dando como resultado sistemas muy mejorados para tomar la presión sanguínea, instrumentos para hacer ejercicios, imágenes ultrasónicas, marcapasos autorregulables (no el marcapasos original), detección y tratamiento en cardiopatías isquémicas, microbombas cardíacas MicroMed-DeBakey VAD (colaboración de la NASA con el cirujano Michael DeBakey con las que se permite alargar la espera para un transplante), etc. También se da lugar a la observación fetal con baja radiación, otras bombas artificiales, cirugía por microondas, sustitución de tejidos, etc. El casco espacial utilizado en el programa Gemini americano fue utilizado como base por la Universidad de Wisconsin para un sistema inhalador para niños con determinados problemas en la respiración.
    En 2002 se estudiaba por parte de la NASA el desarrollo de entes nanomoleculares, polímeros sintéticos especiales, para introducir en los glóbulos blancos para detección (mediante fluorescencia y por estudio de la retina) del daño celular producido por la radiación e infecciones en el cuerpo de los astronautas, evitando análisis sanguíneos tradicionales mediante extracciones. Sus aplicaciones en campos como la oncología ayudaran en la medicina ordinaria.
    Y siguiendo con la respiración, como derivado de las investigaciones sobre invernaderos espaciales y tras financiación de la NASA y empresas americanas se construyó un instrumento para eliminar, filtrando el aire, los agentes patógenos aéreos como las bacterias de carbunco o ántrax. El sistema fue desarrollado primero para el espacio y elimina el etileno, C2H4, que producen las plantas (bajo cuya presencia maduran) con ayuda del colorante inocuo dióxido de titanio, TiO2, en presencia de luz UV, dando lugar a agua y dióxido de carbono.
    Otro aspecto derivado de interés en medicina es el desarrollo efectuado por la NASA en un biorreactor de un tejido de tipo cardíaco con la capacidad de latir, inicialmente de solo 3 mm pero que abre una esperanza en la creación futura de órganos para transplante.
    Un nuevo tipo de bomba cardiaca, llamada dispositivo de ayuda ventricular, utilizada para personas en espera de trasplante de corazón, fue elaborada por el Centro BeBakey, de Houston, con ayuda de especialistas en computación de la NASA basando su tecnología en las bombas de propulsante de los motores del orbitador Shuttle; tal bomba mide 7,6 cm por 2,54 cm. En 2002 se había probado en más de cien personas tal bomba sin fallos a partir de noviembre de 1998 (en la alemana Berlín).
    La empresa Carmat, creada por el cardiólogo Alain Carpentier, también ha aprovechado la tecnología de miniaturización empleada en satélites de telecomunicaciones para desarrollar un tipo de corazón artificial.
    En otro campo, el de la detección precoz de melanomas también se han proyectado tecnologías procedentes del campo espacial y astronómico, en concreto de las utilizadas en la detección de planetas extrasolares que permiten identificar las más mínimas alteraciones del color de la piel y las irregularidades del crecimiento celular.
    En el campo de la prevención de epidemias, tras experimentar en el espacio, la NASA desarrolló un dispositivo denominado AiroCideTiO2, que es una caja destinada a limpiar el aire de virus o bacterias de ántrax o carbunco, viruela, tuberculosis, legionela, meningitis, gripe y otros, utilizando dióxido de titanio, como el propio nombre apunta, y luz UV. Su aplicación está en posibles ataques terroristas, en quirófanos, edificios diversos, etc.
    Las técnicas concebidas para el uso militar del espacio (en concreto para el proyecto SDI) también sirven en la lucha contra el cáncer. Ha aportado su tecnología, en concreto, en la detección del cáncer de mama con un sistema basado en el radar; realizado por el MIT, se trata de un emisor de microondas concentradas que genera calor y mata las células cancerosas, que tienen un mayor contenido en agua que las sanas. Igualmente en relación al cáncer de mama, tecnología tridimensional espacial permite hacer mapas para reconstrucción de senos y biopsias precisas con aguja. Estas técnicas de visionado tridimensional tienen igualmente aplicación médica en otros tipos de tumores previo escaneo de las partes afectadas; con ello se consigue una imagen mucho más exacta del problema y permite a los cirujanos ser mucho más precisos en su evaluación y ejecución de operaciones, evitando el daño a tejidos sanos.
    También como consecuencia de tecnología derivada del mismo proyecto SDI, se ha logrado una óptica que permite ver con nitidez la distribución de las tres clases de células de la retina (según sensibilidad a luz de onda larga, media o corta; azul, verde o rojo, de manera simple), realizando un detallado mapa del ojo interno mediante la incidencia en el mismo de adecuados rayos láser. Estas técnicas son de utilidad en oftalmología, en la identificación de enfermedades como el glaucoma.
    Asimismo de aplicación oftalmológica es un estabilizador creado para una sonda espacial que ha podido ser utilizado en una clínica de Maastricht (Holanda) para realizar operaciones oculares de precisión en las que el dispositivo elimina toda vibración.
    Igualmente en el campo de la óptica, pero con aplicaciones de otro tipo, el JPL de la NASA desarrolló una cámara IR en 4 frecuencias llamada Quantum Well Infrared Photodetector, con aplicaciones comerciales y en meteorología, contaminación atmosférica, estudios agrarios y forestales, etc.
    Para comprobar los espejos del satélite astronómico James Webb se desarrolló una técnica que encontró aplicación óptica en la medición de la aberración en el ojo y el diagnóstico y búsqueda de enfermedades en el mismo.
    También gracias al desarrollo de tecnología de satélites meteorológicos y astronómicos se han aplicado en cámaras de uso ordinario (domésticas, de vigilancia policial, etc.) el sistema VISAR que filtran y eliminan impurezas, vibraciones o temblores, etc, hasta limpiar la imagen.
    Otro sistema pensado para el espacio y de aplicación en las búsquedas tumorales es el llamado Sistema Bioscan que localiza los tejidos enfermos sobre la base de las gradientes térmicas. Un sistema más derivado identifica los cánceres de piel en fase temprana.
    También la telemedicina es otro derivado del espacio y las mejoras en la protección contra rayos UV en gafas de Sol, termómetros IR, pastillas antitérmicas y láseres utilizados en angioplastias y oftalmología para el tratamiento de enfermedades oculares como cataratas y retinopatía diabética. E igualmente se utiliza la tecnología de diodos emisores de luz, que en el espacio se usan para el crecimiento de vegetales, para el tratamiento de heridas o llagas, quemaduras, y cáncer de piel (Colegio Médico de Wisconsin). Tales diodos espaciales asimismo son de aplicación en tratamientos para activar drogas fotosensibles, como el Photrofrin II, contra tumores cerebrales; resulta de tal modo efectivo en tanto que las drogas son activadas así sobre las zonas afectadas evitando los tejidos sanos.
    Para tratar de superar sus dificultades de personas con discapacidad, como algunas degenerativas como la esclerosis lateral amiotrófica, se han podido aplicar tecnologías creadas para ayuda de astronautas, en este caso de la ESA. Consisten en permitir la comunicación verbal a través del movimiento ocular con gafas de realidad aumentada (LusoSpace -portuguesa- a partir de 2008, y LusoVu más tarde; gafas EyeSpeak). Tales gafas llevan altavoces en las patillas y, además de la traducción, permiten hasta navegar por Internet y otras aplicaciones.
    En telemedicina, la NASA ensayaba en 1993 (21 de junio) con vistas a futuras posibles operaciones quirúrgicas en el espacio con dirección desde tierra un sistema vía satélite. Desde un centro en el JPL de California probaba a operar simuladamente a un cerdo artificial con un hígado real trasplantado en el Politécnico de Milán, a 12.000 Km de distancia. Se utilizan técnicas tridimensionales y guantes con realidad virtual. La operación se hizo utilizando una ecografía y una incisión punzante en el hígado, seguida de otra, e introduciendo luego dos cánulas con instrumental endoscópico-óptico. Luego, se usaron pinzas y tijeras y se practicó una biopsia. Más tarde se hizo una simulación de extirpación tumoral y se cauterizó y cosió. El resultado fue un éxito y estos ensayos de la NASA se esperaban que propiciaran en el futuro habilitar furgones o ambulancias de intervención inmediata capaces de permitir operaciones a distancia.
    En el campo de la telemedicina se ha tomado como referencia el brazo mecánico Canadarm2 de la ISS y su mano llamada Dextre. Así, la empresa canadiense MDA ha desarrollado el sistema articulado NeuroArm para la realización de intervenciones quirúrgicas robotizadas, que siguiendo los criterios del equipo del Dr. Sutherland de la Universidad de Calgary, incorpora a la vez tomografía por resonancia magnética en el mismo tiempo de las intervenciones en neurocirugía. Con este equipo se facilitan imágenes de muy alta resolución en tres dimensiones al cirujano, lo que le permite una precisión desconocida antes, y una superior sensibilidad táctil en la operación gracias a sensores. El sistema NeuroArm se estrenó en mayo de 2008 y ha sido premiado en 2012, y distinguido tal doctor por la propia NASA.
     Otros equipo derivado de la tecnología espacial los mismos brazos robóticos es el KidsArm para intervenciones pediátricas.
   Además, aplicando la tecnología espacial para el examen desde tierra a astronautas de la ESA en órbita, se ha posibilitado hacer ecografías a distancia, permitiendo que un pequeño hospital, o una empresa, que no tenga el equipo principal adecuado pueda disponer del mismo como una terminal, sin necesidad de llevar al paciente al centro principal. En Francia, este sistema llamado TESSA lo ha adaptado la empresa  AdEchoTech de Vendôme.
    Un aparato portátil de rayos equis fue desarrollado en el Centro Goddard de la NASA para la realización de exámenes médicos de urgencia. Fue denominado Lixiscopio y es en realidad un analizador de rayos equis para usos médicos múltiples, si bien también tiene aplicaciones tecnológicas (para análisis de soldaduras, etc).
    Una enfermedad de la piel denominada xeroderma pigmentosum, que impide a quien la padece su exposición a los rayos solares, debido al efecto de los rayos UV, ha encontrado en la tecnología espacial trajes adecuados de protección envolvente. Estas situaciones son de extrema consideración en los casos de niños. Como sea que el traje comprende hasta guantes y protección para la cabeza, además de gafas también especiales, un sistema refrigerador complementario permite a los usuarios hasta 4 horas de autonomía para poder estar en ambientes exteriores. Una fundación con la colaboración del Centro Espacial Johnson de la NASA financia para niños estas vestimentas, que vienen a costar unos 2.000 dólares (1999). En 1997, 2 hermanos británicos (Kyle y Ryan Richards) con el síndrome polimórfico de reacción a la luz, que les produce sarpullidos en la piel, se beneficiaban también de un modelo de este traje para poder hacer vida casi normal. Por entonces, se calculaba que el número de personas afectadas en el mundo de este mal era de unas 2.000. También la ESA europea, en cuyo ámbito había en 2003 unas 300 personas, mayormente niños, con estas características, ha creado un traje al respecto dentro de su Programa de Transferencia Tecnológica; tal traje incluye, por supuesto, un casco con visor de policarbonato y cuenta con sistema de refrigeración para utilizar si es necesario. El primero de estos trajes europeos fue probado por un francés y otro por un británico.
    También el traje espacial inspiró otro especial confeccionado por la NASA para personas con insuficiencia inmunológica y que de otro modo tienen que vivir en cámaras o cápsulas esterilizadas. Uno de estos primeros trajes fue hecho por la NASA y el Hospital Infantil de Houston en goma, plástico y nylon, con un costo de 20.000 $ (algo más de 1.500.000 pesetas) de 1977 para un niño de Texas llamado David; el costo resultaba entonces elevado por ser el prototipo, pero se esperaba que se pudiera confeccionar por la décima parte en casos sucesivos.
    El desarrollo de tecnología para trajes espaciales, con componentes tales como circuitos impresos flexibles pero garantizados, textiles con electrónica incorporada, telas inteligentes, etc., posibilita aplicaciones en el campo de la vida ordinaria, sobre todo para personas necesitadas de controles biomédicos. Cabe destacar aquí el proyecto StarTiger de la ESA desarrollado inicialmente por los europeos para dotación de los futuros trajes iderales.
    También el Nomex de los citados trajes ha hallado aplicaciones en ropas protectoras, como por ejemplo para evitar los efectos de las chispas al soldar, siendo adoptado por la empresa noruega Björn Borg.
    Un sistema utilizado por la NASA en medicina espacial, el llamado “biorreactor rotativo”, se dio para comercialización a través de la empresa StelSys de Baltimore, Maryland. El sistema sirve entre otras cosas para la producción de biomoléculas, vitamina D3 para usar los que se someten a las habituales diálisis, y cultivos de enfermedades infecciosas para su mejor estudio.
    En el aspecto psicológico, en 2011 se anuncia el propósito de la empresa Frace Telecom de someter en Francia, España y Polonia, a su personal directivo a cursos de astronautas como medio para evitar suicidios; tal empresa tuvo 60 casos de suicidio en 4 años y con el sistema espacial pretende formar psicológicamente a su personal ante situaciones de tensión extrema, mejorando su mentalidad. Se apuntaron a los cursos, aproximadamente, la mitad de los dirigentes de la empresa.

    Gracias a la tecnología espacial de teledetección se desarrollaron sensores para el análisis de tierras y cultivos vitivinícolas del valle de Napa en California a fin de mejorar las cosechas de forma más rápida y eficaz.
    Y de igual modo, gracias a imágenes digitales, los medios de la NASA permiten obtener desde aviones ligeros fotografías de cafetales (isla de Kauai, Pacífico) con las que se pueden evaluar las cosechas y mejorar finalmente la producción.
    Por cierto, volviendo a los vinos, la NASA desarrollaba en 2004 una sensible nariz electrónica destinada a captar sustancias peligrosas en la ISS, tal como fugas de amoníaco o simplemente humo de alguna cosa quemada. La aplicación de tal sistema electrónico, existente ya para entonces, en la vida común es notable, pero la NASA  debía lograr una sensibilidad récord con el mismo.
    Asimismo, como resultado del desarrollo por la empresa NTE para el programa Melissa de la ESA de un sensor con fines espaciales, el mismo pudo ser empleado desde principios de 2002 por la bodega de vinos catalanes Freixenet para controlar el crecimiento de la levadura en el proceso de fermentación de sus vinos espumosos, logrando así una mayor calidad. El sensor tomaba como referencia las propiedades de tipo eléctrico de los caldos en vez de las referencias ópticas anteriores que resultaban menos precisas en concentraciones elevadas.
    En la búsqueda de la miniaturización de aparatos y sistemas para naves, sondas y satélites, para posibilitar un menor coste en los carísimos lanzamientos, los organismos espaciales, principalmente la NASA, han establecido acuerdos con otros entes para el desarrollo de la nanotecnología, con sus nanocápsulas, posibilitando aplicaciones en otros campos. Por ejemplo, en abril de 2000, la NASA firmó con el director del Instituto Nacional americano del Cáncer un acuerdo para el desarrollo de métodos nuevos en el tratamiento de determinadas patologías con diminutos sistemas robotizados que pueden ser introducidos en las arterias; su aplicación concreta permitiría realizar diagnósticos más precisos, reducir intervenciones quirúrgicas, servir de vehículo directo para determinados medicamentos, etc. La creación de sensores biológicos, componentes biotelemétricos, desfibriladores para arritmias, etc, también tiene, por supuesto, su aplicación en la propia medicina espacial. También el desarrollo de miniturbobombas ha encontrado aplicación en corazones artificiales. Las microcámaras han hallado aplicación en otros campos además de la medicina, como en el automovilismo y hasta en juguetes. También se miniaturizaron los microondas domésticos para evitar peso a llevar por las naves, de modo que nuestro microondas doméstico es otro de los subproductos derivados del espacio.
    En automovilismo, además de aplicar las aleaciones espaciales, entre otras cosas para rebajar peso y aumentar resistencia, la tecnología de la NASA ha permitido también el desarrollo del Sepcarb, sistema de frenado que usa el carbono y que usan la mayoría de los Formulas 1; también programas informáticos creados con motivo de la producción espacial hallan su aplicación en el mundo del automóvil para la creación de prototipos. Y de las ruedas de los rover lunares, desarrolladas por la Goodyear, se hicieron neumáticos radiales. Otra aplicación en el mundo del automóvil la facilitó la NASA con pistones de gran rendimiento, más resistentes y menos pesados, para motores fabricados en carbono-carbono, como la parte más resistente del escudo térmico del Orbiter Shuttle. Y además, gracias a los sistemas de navegación (como el GPS o el Galileo), los automóviles dotados de los mismos en caso de robo, avería o accidente pueden ser localizados al facilitar las coordenadas (longitud y latitud; también la dirección y velocidad en marcha) a una centralita de control que se puede poner en contacto con los correspondientes servicios de asistencia o policía, amén de servir como sistema primordial de ayuda en la navegación aérea, marina y terrestre. Y de estos sistemas, solo el Galileo se calculó que generaría 150.000 puestos de trabajo y se cree que en el año 2.020 tenga más de 3.500 millones de usuarios en todo el planeta.
    En los trajes de los mecánicos de carreras de coches (escudería McLaren) se dispuso un sistema refrigerador y antifuego basado en tecnología desarrollada para los astronautas de la ESA. La ESA, bajo el programa de transferencias tecnológicas, había permitido 150 aplicaciones desde 1991, dando lugar a 2.500 puestos de trabajo nuevos.
    La Fórmula 1 y en otros variados ámbitos del automovilismo y la aviación también se aplica el material de goma denominada NOAX, que fue desarrollado por Alliant Techsystems para la NASA para sellar en emergencias resquebrajaduras y grietas en las losetas térmicas del Orbitador Shutle tras el trágico accidente del Columbia. La principal cualidad del material utilizado de relleno y llamado también SMP-10, que es un polímero fabricado inicialmente por la empresa Starfie Systems, es su capacidad de resistencia térmica. El material usado comercialmente es llamado STARPCS.
    En el Rally Dakar 2003, el piloto Henri Pescarolo en un Nissan Terrano llevó diversas tecnologías derivadas del espacio. Entre otras: comida de astronautas, y bebida en una caja auto-refrigerada; protección térmica en el tubo de escape con técnicas derivadas de las usadas en el Ariane; sistema refrigerador en el habitáculo (importante al tener de recorrer el desierto) y en los cascos. Un sistema de refrigeración espacial Ariane aplicado aquí hace bajar en solo 2 min la temperatura de 22º a 2ºC.
    Una bebida creada para rehidratación de los astronautas por el fisiólogo John Greenleaf del Centro Ames de la NASA ha sido autorizada por ésta en 2009 para su comercialización pensando en un mercado de deportistas y trabajadores que tengan que realizar esfuerzos físicos o estar sometidos a mucho calor. El nombre comercial que se le ha dado es el de "The Right Stuff".
    La ESA, en combinación con la empresa Nuon y la Universidad holandesa de Delft, igualmente en este campo de la automoción, puso entre 2000 y 2002 a punto un coche llamado Nuna recubierto de 7,8 m^2 de células solares de las utilizadas por satélites que alcanza los 100 Km/h, siendo el voltaje de 168 voltios. Pero su costo es entonces de 1.300.000€, de los que un millón son solo las células. El vehículo pesa 250 Kg (casi la cuarta parte de un automóvil corriente), de los que solo 12 corresponden al motor, y mide 5 m de largo por 1,8 m de anchura, estando construido en fibra de carbono y kevlar. Su coeficiente aerodinámico es de solo 0,1 (1/3 de lo normal). El Nuna participó en una carrera de coches solares (entre Darwin y Adelaida, Australia, noviembre de 2001) y ganó con soltura. Sin embargo, su destino sería el desguace para utilizar algunas partes, especialmente las células solares, en el siguiente prototipo.
    Por su parte, el centro alemán aeroespacial DLR puso a punto en 2012 un prototipo de automóvil eléctrico inteligente llamado RoMo, o RoboMovil, una de cuyas peculiaridades es el movimiento independiente de cada una de sus ruedas y la posibilidad de girar 360º, pudiendo avanzar incluso en diagonal o de lado, cosa que hace para apartar, además de poder sortear desniveles del terreno, baches incluidos.
    También en el mundo del motor, y no solo de automóviles sino también de barcos u otros vehículos, gracias a una nueva aleación muy resistente al desgaste y a las altas temperaturas, creada por el MSFC de la NASA bajo la denominación MSFC-398, se pueden reducir las emisiones de gases contaminantes y rentabilizar más el combustible. Es más de 3 veces más resistente que las aleaciones de aluminio y es material de fundición.
    Y en el transporte por ferrocarril: la tecnología creada en simuladores de la reentrada atmosférica de naves o satélites ha servido para hacer un sensor para inspeccionar frenos de trenes de cercanías por parte de la empresa alemana Deutsche Bundesbahn.
    El estudio espacial de zeolitas (del griego, “piedra que hierve”), materiales porosos que pueden actuar como esponjas para retener hidrógeno por ejemplo a utilizar como combustible, permitirá en el futuro el uso de tal elemento en sustitución de los hidrocarburos, proporcionando una energía más limpia ya que como subproducto solo proporciona vapor de agua. El problema del hidrógeno líquido es su elevada volatilidad y crea por ello problemas de almacenamiento. Con los estudios espaciales de las zeolitas, de las que se encuentran en estado natural en cantidad de 5 decenas, se podrá en el futuro lograr el almacenamiento del hidrógeno y su aplicación luego en tierra como combustible limpio y barato. Tal estudio espacial se basa en la observación del crecimiento de cristales de las zeolitas a fin de lograr con las mismas una máxima capacidad de almacenamiento del hidrógeno.
    E igualmente en aspectos industriales existen un gran número de aplicaciones del espacio, tal como aislantes térmicos, contra la corrosión, mecanismos electroelevadores y de frenado, rodamientos electromagnéticos, bombas, material para filtros, aleaciones, revestimientos, precisión de colores en la industrial textil, etc. Los soviéticos aseguraban en 1989 que gracias al proyecto Energía-Buran se habían creado unas 600 innovaciones en todo tipo de tecnologías; según ellos, solo en materiales de construcción se generarían rentas de 10.000 millones de rublos. En el citado sistema se utilizaron nada menos que en torno a las 2.000 piezas que funcionaban sin lubricantes, en seco, lo cual indica la necesidad de su fiabilidad en la fricción ante el desgaste.
    El propulsante tetróxido de nitrógeno, tóxico y peligroso, que utilizan los cohetes ocasiona nubes de vapor de iguales tan poco recomendables características, de modo que se utiliza para precipitarla hidróxido de sodio. El resultado es un líquido, dióxido de nitrógeno, que se puede manipular, si bien no resulta muy seguro, que la NASA y la USAF reconvierten en un programa para fertilizantes agrarios.
    Otro propulsante, el sólido de los SRB Shuttle, en el proceso de llenado, siempre sobra un porcentaje de seguridad y una vez solidificado este sobrante es inutilizable para los motores. Con el mismo se proyectó su quemado sobre las peligrosas minas antipersonales que hay por países de todo el mundo, de modo que las perfora y anula, quemando el explosivo que llevan, pudiendo ser luego retiradas sin peligro.
    A finales del Siglo XX, empresas rusas y una americana trabajaban en la puesta a punto de un generador eléctrico de células de combustible, el mismo sistema de tecnología de las naves espaciales americanas y también del Buran soviético, de producción limpia, puesto que como subproducto aparece agua. Tales generadores electroquímicos comercializados se proyectaron de hasta 100 kW, según modelos y con vistas a su uso en estaciones o habitáculos submarinos, mineros, sistemas móviles para transporte, etc.
    Con la expresa finalidad de producir agua mediante el reciclaje de cualquier líquido adecuado para el caso, también la tecnología espacial permite el desarrollo de dispositivos para su aplicación en zonas de escasez o desérticas. La NASA experimentaba un instrumento de éstos en 2005 con un coste productivo de un céntimo de dólar el litro de agua.
    En cuanto a la ayuda espacial en la arqueología cabe citar, por ejemplo, el hallazgo de una inglesa de las ruinas de una ciudad del Siglo X al noroeste de Camboya, cerca del lugar de interés arquitectónico de Angkor Wat. Hacia 1998, la NASA aportó su tecnología, consistente en un radar de apertura sintética desarrollado por el JPL que consigue imágenes tridimensionales, sobre un DC-8, y se estudió la citada Angkor para averiguar cosas de la civilización que allí habitó en el siglo XII y en donde existen unos 1.000 templos. Por entonces, las ruinas de tal ciudad están tomadas por la tupida vegetación selvática. Estas técnicas también son utilizadas directamente desde el espacio por satélites y naves tripuladas. En 2004 se informaba del hallazgo de canales de irrigación maya, también gracias a fotografías del satélite IKONOS. Hacia mediados de 2006 igualmente se daban a conocer otros restos también mayas gracias a más imágenes espaciales comerciales.

    Sobre Costa Rica, en torno al volcán Arenal, se halló con fotografías obtenidas en 1984 con instrumental hecho para un satélite una red de caminos de hace 2.500 años tapados por cenizas volcánicas. Luego, arqueólogos de la Universidad de Colorado hallaron en las excavaciones de la zona casas, herramientas y cerámicas. Posteriormente, con ayuda del satélite Ikonos se volvió a fotografiar estas áreas y se hallaron más detalles para continuar los trabajos arqueológicos. 
    En mayo de 2011 se informa del hallazgo (Universidad de Alabama) de los restos enterrados de 17 pirámides de las que no se tenía conocimiento gracias a la teledetección IR por satélite sobre Egipto. Además aparecieron más de mil tumbas y otros miles de yacimientos.
    En el noviembre del mismo 2011 se publica acerca de los restos de una antigua civilización en el sur de Libia, la llamada de los “garamantes”, que gracias a fotografías de satélites se habían podido identificar cerca de cien antiguas villas y fortificaciones de hace más de 1.500 años perdidas en el desierto.
    En marzo de 2012 se da a conocer que se habían identificado nada menos que 14.312 asentamientos prehistóricos con ayuda del satélite Terra de la NASA. La mayoría se localizaron en el Norte de Siria y datan de hace unos 8.000 años.
    En este campo arqueológico existe además una plataforma en Internet llamada GlobalXplorer para que cualquiera pueda examinar imágenes de satélites y buscar lugares de posible interés. Sitio: https://www.globalxplorer.org/

    En geografía, la ayuda de los satélites ha pasado a ser fundamental. Sirva como ejemplo que los chinos averiguaron en 1996 gracias a sus satélites que el censo de islas de su nación era en torno a las 5.000, nada menos que 2.000 más de las estimadas antes. Y el número de hectáreas cultivables del país resultó ser de 125.300.000, saliendo la cuenta en 20.700.000 más de las que se creía tener anteriormente.

    Gracias a las fotografías tomadas por los satélites americanos del programa secreto militar Corona, a su desclasificación, se pudieron identificar los antiguos caminos y rutas comerciales en Oriente Medio de hace miles de años.
    En el estudio de la Síndone de Turín, o Sábana Santa, dado a conocer en septiembre de 1977, se utilizó instrumental americano de investigación espacial e informática; se trata del llamado VP-8 usado para el análisis de las fotografías de suelo marciano y otros lugares. Investigado en tal sentido por parte de la USAF y la NASA se determinó que la famosa sábana, que se supone que envolvió el cuerpo de Cristo no había sido pintada, en cuanto a las señales que tiene que carecen de direccionalidad, lo cual descarta falsificación a pincel. También se determinó que las manchas daban una imagen de tridimensionalidad y todo el conjunto no estaba originado por contacto sino por una radiación no determinada o desconocida que parece procedente del propio cuerpo que la sábana envolviera ¿..?.
    También en el campo de la informática, instrumental originariamente diseñado por la NASA permite su adaptación a ordenadores que imitan los procesos mentales humanos basados en las conexiones de células cerebrales. Las aplicaciones permiten avances en tal materia aumentando las capacidades de procesamiento de ordenadores domésticos así como en otras áreas como la del entretenimiento. El interés de este desarrollo por parte de la NASA hay que buscarlo en su aplicación en autocontrol de sondas espaciales, basado en imágenes, que no es posible controlar en tiempo real cuando están a gran distancia. En este caso tal diseño fue realizado por el BioInspired Technology and Systems Group para el JPL y con el mismo se logró una velocidad de procesamiento de un billón de operaciones por segundo, y además con un consumo mínimo de 8 vatios. Los mismos ordenadores portátiles son también otro producto nacido al amparo de la tecnología espacial.
    Los paneles solares, tan extendidos en nuestra vida, son el resultado del desarrollo de los satélites artificiales. Citar su importancia como energía alternativa es obvia.
    Aleaciones de aluminio y otros metales, compuestos de materiales plásticos, etc, creados y desarrollados para el espacio han hallado en la aeronáutica su aplicación. También se aplican en automovilismo. Sobre todo en este último caso, los materiales cerámicos. Uno de los primeros productos fue el pyroceram, creado para las proas de los misiles americanos, material que resulta de gran resistencia mecánica y térmica.
    También el primer lenguaje de ordenador, el FORTRAN, fue desarrollado en realidad para cálculos de trayectoria de misiles (por John Backus a partir de 1954).
    Otras aplicaciones se han hallado: en el campo de la construcción, o sea, en la arquitectura; en el de la óptica con antirreflectantes para todo tipo de gafas; en un conmutador por movimiento ocular con varios fines médicos y otros; en el de las cámaras fotográficas con renovados zooms, más pequeños pero igualmente efectivos; en la vestimenta de profesionales, pilotos deportivos, dobleces de las botas de esquí, guantes protectores para el fuego, etc., con materiales más cómodos, resistentes, aislantes, etc.; en hornos de fundición; en el diseño de sujetadores (Universidad de Loughboroug, Inglaterra) con medidores láser; la doméstica sartén de teflón es un material que es un subproducto espacial o el material vitrocerámico; el kevlar, de gran resistencia es de aplicación en blindajes de todo tipo, chalecos antibala, etc.; en aeronáutica el ala oblicua es un logro llegado gracias al espacio; el parapente, desarrollado en los años 50 por los americanos pensando en un paracaídas para naves espaciales; programas informáticos en cálculos de perfiles, diseños aerodinámicos, etc.; también se han hallado aplicaciones en productos como bolígrafos (Roller Ball) que escriben inclinados hacia arriba, pilas, el código de barras (patentado en 1952 pero extendido gracias al programa Apollo), materiales como el pegamento Superglue, liofilización de alimentos, el termómetro digital, pinturas anticorrosión y productos protectores para monumentos, barnices antirrayado, células solares, máquinas expendedoras, destornilladores eléctricos, aspiradoras, detectores de humo, zapatillas deportivas, zapatos que transpiran, diseños de palos de golf, cascos y gafas de cristal resistente al rayado, cascos de plástico Lexan irrompible, y áreas como las comunicaciones, meteorología, en estudios de interés forestal, ecológico, urbanístico, topográfico, geológico, agropecuario, biológico, en estudios sobre contaminación y polución atmosférica, electrónica, joysticks, óptica, sistemas miniaturizados de televisión, detectores de sustancias que identifican la frescura de los alimentos, materiales aislantes de resinas y la poliamida Solomide, industria de la soldadura, cantería, química del petróleo y otras, sistemas de riego agrario, vestimenta especial (por ejemplo, trajes o monos para pilotos de Formula 1, bomberos y otros), sensores de polvo en aspiradoras, etc., etc.
    En cuestión de programas informáticos, la NASA hizo entrega gratuita a la Open Channel Foundation de más de 200 aplicaciones de diversas áreas; física, astrodinámica, ingeniería, etc, para su posible utilización en otros aspectos cotidianos.
    Para monumentos, o simplemente para protección de exteriores, el GSFC de la NASA creó el producto IC-531 con el fin de proteger de la corrosión, tanto marina como por efecto de los lanzamientos, las torres e instalaciones de Florida. El citado producto, no tóxico ni inflamable, es de rápida aplicación, buen adhesivo y gran resistencia al desgaste. Sirvió para que, entre otros, la Estatua de la Libertad fue impregnada del mismo.
    Otra tecnología surgida en un centro espacial (Marshall de la NASA, con creación de Frank Nola) tuvo su aplicación en motores de corriente alterna para el permanente control de la carga y una importante economía de la energía; se logra reducir la pérdida eléctrica hasta en un 50 % en motores monofásicos pequeños. Además, tal aplicación resultó ser útil también en otras facetas de estos motores.
    En el campo de la fotografía, en la nueva técnica digital, la NASA desarrolló la denominada Retinex Imaging Processing sobre labores efectuadas en su centro Langley, y mediante lo cual se ha mejorado notablemente el tratamiento de imágenes, permitiendo adecuar brillo, contraste y otros parámetros fotográficos de forma automática o bajo control de usuario pero de forma sencilla. La comercialización le fue concedida a la TruView Imaging Company.
    Las cámaras de alta resolución concebidas para el uso espacial han servido también para combatir en la parte central de América al insecto que transmite la tripanosoma que provoca la enfermedad de Chagas y de lo que mueren anualmente miles de personas.
    También han resultado efectiva y determinante la información de satélites sobre lluvias, humedad del suelo y vegetación, como los SMOS, Aqua, Terra y los Sentinel, entre otros, para alertar de la formación de plagas de langosta en África.
    En el campo de enfermedades transmitidas por mosquitos, como el Ochlerotatus Japonicus, en Europa, la ESA tiene en 2012 el plan llamado VECMAP para mapear su distribución en el viejo continente. Los datos básicos a recoger se refieran a vegetación, temperaturas y humedad del suelo, factores obtenidos por satélites de observación terrestre.

    Especialmente hay que citar la repercusión en los campos militar y de la aeronáutica, de la que a su vez también han salido importantes subproductos; principalmente ve su incidencia en el apoyo a la navegación e instrumental electrónico diverso (radares, acelerómetros, pilotaje automático, etc), alguno de los cuales sirve para facilitar el aterrizaje en aeropuertos en condiciones de baja o escasa visibilidad, con sistemas informatizados y de visión virtual que toman datos de la posición con sensores-transmisores colocados en la pista.
    Para la navegación aérea, las investigaciones tecnológicas de la NASA, en concreto de su centro JPL, lograban hacia 2002 un sistema de localización llamado sistema NASA Global Differential GPS, que tiene 10 cm de precisión horizontal y 20 cm vertical, lo que supone una mejora muy notable respecto a los anteriores medios. El sistema es apoyado con más de 30 estaciones terrestres GPS.
    Precisamente un sistema de aeronave sin piloto, dirigido por control remoto, diseñado con la tecnología de la NASA encontró entre otras la aplicación en el combate contra con los incendios forestales sin el peligro de tener que llevar personas; el Altus II, desarrollado por la San Diego General Atomics Aeronautical Systems, fue presentado por la NASA a principios de septiembre de 2001 en Los Ángeles siendo destinado a sobrevolar incendios y obtener imágenes IR, retransmitiéndolas, para orientar a los bomberos.  
    En el Centro de Investigación del Vuelo Dryden de la NASA se desarrollaba en 2001 un ala nueva, inflable con nitrógeno a presión, llamada I-2000. El prototipo ensayado tenía alas de 1 m de longitud y se inflaba en menos de un segundo. Este ala se pensó utilizar para el avión cohete X-24-A.
    Otro resultado de la actuación tecnológica de la NASA (Centro Langley) en cooperación con la compañía privada Ballistic Recovery Systems es la consecución de un sistema de paracaídas específico, de solo 20 Kg de peso, para avionetas o aviones menores en situación de emergencia. Tal paracaídas puede hacer aterrizar en caída libre tales aparatos y evitar que se estrellen. Su proyecto fue iniciado en 1994 y el paracaídas, al ser utilizado, es liberado con ayuda de un pequeño cohete. Es operativo a partir de una altura de solo unos 100 m. Su primer uso en un caso real, tras 155 ensayos, ocurrió en octubre de 2002 y salvó de la destrucción a una avioneta y posiblemente la vida del piloto.
    También el espacio supuso el desarrollo o extensión de otras cosas ya existentes como medios, instrumentos o materiales como el Velero (creado en Suiza en la década de 1940), el ala delta, el tratamiento de alimentos y refrescos deshidratados, tostadoras, transmisores-receptores miniaturizados, gafas plegables, nuevas válvulas, bombas y componentes diversos automatizados, perforadoras y taladradoras portátiles, pañales, teléfonos portátiles, relojes digitales, calculadoras electrónicas, el material aerogel y otros aislantes, sillones de relajación, sistemas de reciclaje de basura, potabilizadoras de agua, abonos y sustratos tratados para mini-plantaciones, pasta de dientes de lavado en seco que luego se traga, etc. Entre los materiales aislantes derivados del espacio están la manta térmica y el comercializado desde 1993 (en España desde 1997 y es llamado Tempro, de Advanced Products), que conserva el nivel térmico del ente de que se trate (sea calor o frío) durante 12 horas sin más variación debida al nivel térmico exterior de un máximo de 0,5º por hora.
    El Aerogel, que data de principios de los años 30 del Siglo XX, fue perfeccionado en sus propiedades térmicas 50 años más tarde con ayuda de la NASA, dando lugar al material aislante más ligero que se conoce (solo pesa 3 veces más que el aire) y trasparente del todo; es, además, cien veces más aislante que el vidrio, si bien es también muy frágil y se deshace en contacto con los líquidos, razón por la que ha de ser impermeabilizado en sus capas externas.
    En los Estados Unidos, en los años 90, había diversas entidades o departamentos relacionadas con aplicaciones y tecnología espacial: el Centro de Aplicaciones Comerciales de Combustión en Espacio, la Escuela de Minas de Colorado, en Golden (cerámicas, semiconductores, etc); en la Universidad de Colorado en Boulder (bioproductos); en la Universidad de Aurburn, en Aurburn, Alabama (termofísica, etc); Universidad de Alabama en Hunstville (materiales para electrónica); en la Universidad de Alabama, en Birmingham (crecimiento de cristales); en la Universidad de Wisconsin-Madison (tecnología y material farmacéutico y agrario); en el Instituto de Investigación Medioambiental de Michigan en Ann Arbor (material diversos para la industria); en el Space Vacuum Epitaxy Center de Houston, Texas (técnicas de ultravacío para procesamientos ultrapuros); en el Instituto Politécnico Worchester, en Massachussets, y los centros de la NASA en Hampton y Huntsville, o sea, el LaRC y el MSFC.
    La NASA y unos 50 centros de desarrollo comercial del espacio promueven las aplicaciones del espacio y tratan de involucrar a todo el sector industrial y comercial en ello desde 1985, en que la primera inició el correspondiente programa. Tales centros, generalmente universidades e institutos americanos reciben subvenciones de la NASA y la ayuda de la industria del sector.
    En Europa, la ESA también dispuso un departamento propio para vender la tecnología que se derivara de las aplicaciones espaciales y en España se creó, como intermediaria de la ESA, la llamada TGI, Tecnología de Gestión de la Innovación, dentro de la SEPI, Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, con misión de ser una consultora tecnológica y de gestión e ingeniería avanzada en los campos de la electrónica y las comunicaciones; la TGI contaba en 1999 con una plantilla de 40 empleados y facturaba 600 millones de pesetas, siendo los beneficios de 18 millones.
    En 2008 el número estimado de tecnologías aplicadas en nuestra sociedad derivadas del espacio era de unas 1.500.

    Las aplicaciones tecnológicas espaciales se centran principalmente en los satélites así denominados, de aplicaciones. Es decir, son aquellos que utilizan una tecnología conocida con fines generalmente comerciales o de servicios gubernamentales, incluidos los militares. Son los satélites de telecomunicaciones, meteorológicos, de localización de recursos naturales, de navegación (GPS, Galileo, etc.), militares de vigilancia u observación, de ayuda o apoyo a la navegación marítima o aérea, observaciones arqueológicas, etc.
    Los satélites de telecomunicaciones y meteorológicos por su implicación diaria en la vida cotidiana son suficientemente conocidos en su trascendencia. Los de navegación, recursos naturales y militares, de uso menos extendido pero trascendentales para muchos profesionales, suponen grandes avances en los recursos económicos y de seguridad de las naciones, tanto en el aspecto militar como contra catástrofes naturales. También los satélites GPS, de posicionamiento global, para señalar posiciones de personas (con interés particular, de policía, penitenciarios y preventivos con seguimiento de personas en libertad condicional o de libertad limitada, asistencias médicas varias, guía de ciegos, etc.) o vehículos, son una aplicación que en realidad se deriva de la tecnología militar de los misiles. Además, el sistema Galileo se calculó que generaría 100.000 puestos de trabajo. El volumen mundial del mercado de radionavegación por satélite se estimaba en 2004 en 20.000 millones de euros, estimación que se calcula para 2020 en 300.000 millones y 3.000 millones de receptores/usuarios en todo el planeta.
    Precisamente para ciegos, un sistema de orientación por satélite se probaba y presentaba en noviembre de 2002 por la empresa española GMV (proyecto Tormes) para la ONCE. El mismo permite informar vía sonido del lugar de ubicación en todo momento en una ciudad por el sistema GPS con un miniordenador con teclado en Braille y sintetizador de voz denominado Sonobraile. El sistema GPS por si solo no resulta del todo útil ya que los edificios altos en las calles producen a veces una disminución de la precisión a solo unos 40 m. Por ello se hace preciso un sistema complementario.
    Con las tomas de imágenes y mediciones por radar desde una órbita se han confeccionado planos y mapas de varios tipos. Gracias a una misión Shuttle en febrero de 2000, se confeccionó lo que se llamó el primer mapa topográfico mundial digital en 3 dimensiones; en realidad lo fue del 80 % de las tierras del planeta, el área cubierta por la órbita entre los 60º de latitud Norte y los 56º de latitud Sur. En el verano de 2001, a la salida de tal mapa, se anunció que sería 100 veces mejor que cualquier otro de tal tipo, con una resolución horizontal de 20 m y una vertical de 16 m. Todo el mapa ocupaba 12 Terabytes de información, equivalentes a 20.000 CD de la época. Las aplicaciones de estos mapas se encuentran por ejemplo en los operadores de telefonía móvil, en la enseñanza, etc; y por supuesto otros de mayor resolución no liberados por los americanos son de su uso militar exclusivo.
    En meteorología por ejemplo, gracias a la tecnología espacial, en la India se han salvado la vida a varias decenas de miles de personas ante la llegada de devastadores tifones o tornados, así como en otras partes del mundo ante la llegada de huracanes.
    También se pueden salvar vidas con la detección desde el espacio de terremotos y tsunamis, si bien no es algo aun proyectado a escala global. Pero al menos, por lo pronto, se ha logrado establecer porcentajes de probabilidades a plazos bastante largos, de años y se han observado los datos de variables, como incrementos significativos de temperaturas en la zona, que están relacionados con los movimientos sísmicos; las fricciones internas de la corteza generan energía en forma eléctrica que sale y causa éste efecto y alteraciones magnéticas. En el caso de los tsunamis, la detección es posible sobre la base de datos de satélites de navegación y otros, con la medición movimientos de la altura de masas de agua oceánica y otros parámetros.
    Y precisamente en relación a terremotos, la disponibilidad de fotografías espaciales de zonas azotadas por terremotos y otras catástrofes naturales permite hacer evaluaciones precisas de daños y planificar estrategias de salvamento y apoyo a refugiados, fijando campamentos, disposición de vías de comunicaciones, etc.
    Hacia 1980, los soviéticos, según ellos mismos, ahorraban unos 25 millones de rublos al mes gracias a los programas científicos de estudios sobre los recursos terrestres desde las estaciones Salyut. Los mismos, que en la región de Fergana, en el Asia Central, llevaban 50 años obteniendo petróleo y gas, solo había hallado allí 102 puntos, pero gracias a la información espacial aportada en imágenes detectaron otros 84 lugares más en solo 3 meses.
    Los mismos soviéticos, según datos de 1982, tenían gracias a los datos logrados en el espacio un ahorro anual en millones de rublos de 40 en materia geológica, más de 100 en prospecciones de gas y petróleo y unos 30 en cartografías.
    También gracias a imágenes espaciales, al noroeste del lago salado Baljash, en un desierto en el que no había el menor síntoma de humedad en el subsuelo, se observaron grietas tectónicas a través de las que se hallaron embalses de agua dulce, lo que permitió perforar pozos y hacer abrevaderos para permitir el pasto en tiempos de sequía de hasta unas 50.000 ovejas, de especie local. La regular utilización de las fotografías espaciales permitió en el Kazakstan el hallazgo de numerosas fuentes en las zonas desérticas entre el lago antes citado y los mares Caspio y Aral, con el consiguiente beneficio para la agricultura.
    En la desértica península de Mangyshlak, en el Kazakstan, los cosmonautas soviéticos localizaron en su día bolsas subterráneas de agua dulce a poco profundidad, evaluando el volumen en unos 4.000 millones de metros cúbicos.
    En 2002 trascendió que gracias a satélites rusos se había encontrado una corriente subterránea de agua en el Sahara, a 213 m de profundidad, a unos 241 Km de la costa atlántica, cerca de la localidad de Atar, en Mauritania. Hecho éste trascendental para una de las regiones más secas del planeta.
    Los mejicanos, que por el sistema tradicional hicieron durante 24 años un censo de los bosques del país, gracias a imágenes de satélite en solo 2 años hicieron un censo renovado, de 50.000.000 hectáreas, y con un costo de un 10% respecto al anterior.
    Los chinos, por su parte, gracias a sus satélites descubrieron cerca de 300 lagos, situaron con precisión las fuentes de sus grandes ríos Yang Tse y el Amarillo. También han avanzado enormemente en la predicción de tifones.
    En diciembre de 2010 la ESA puso en funcionamiento junto a la compañía WaterWatch y la Universidad de KwaZulu-Natal de Sudáfrica un servicio (programa GrapeLook) de asistencia para controlar viñedos por satélite a fin de lograr mejores cosechas. Los principales datos se refieren a mediciones de humedad para calcular el agua necesaria en el riego, y en general al estado del suelo. Los primeros en utilizar este sistema son viticultores sudafricanos.
    En otro ámbito, el de la lucha contra el narcotráfico, también los satélites con sus fotografías han servido para hallar campos de cultivo (el Spot francés sobre Colombia) y señalar su posición a las unidades antidroga.
    Se ha calculado que una sola fotografía espacial viene a suponer el equivalente de unas 2.000 fotografías tomadas desde un avión, y que 5 min de tomas desde el espacio suponen 2 años de trabajo en laboratorios fotográficos de tomas aéreas. De otro modo, una inspección visual topográfica de todo el territorio de China, por ejemplo, puede realizarse desde un satélite artificial en varios días con unas quinientas fotos, mientras que desde una aeronave se requeriría más de un millón de fotos y diez años de trabajo.
    En medicina también ha habido resultados de la aplicación directa de la tecnología espacial. Una de las aplicaciones médicas espaciales en relación a la farmacología de la gripe, la hepatitis e infecciones víricas en general, ha sido realizable gracias a los experimentos sobre cristalización de proteínas efectuados en el programa Shuttle en 1996. La consecución de grandes cristales en el espacio permitió su identificación correcta. El Centro de Cristalografía Macromolecular de Alabama realizó el mapa molecular del virus de la gripe gracias a ello. Los laboratorios Johnson&Johnson desarrollan a partir de entonces los llamados inhibidores de la neuraminidasa para el tratamiento de las infecciones víricas. Tal enzima actúa en la piel, por así decir, del virus para facilitar su multiplicación, de modo que si se bloquea su química se impide su reproducción. Ello da lugar no solo a su empleo en la medicina preventiva sino además en el tratamiento una vez iniciada la enfermedad de un amplio espectro de tipos de virus. Los soviéticos en colaboración con los australianos hicieron también la consecución de la misma sustancia en su estación Mir en la segunda mitad de los años 80.
    Otra posibilidad de los satélites en el campo de la medicina es la prevención por observación de la evolución de algunas epidemias originadas por los llamados virus emergentes. Se captan las zonas que guardan unas características favorables en el medio ambiente (temperaturas, humedad, lluvias, etc.) para el surgimiento y el desarrollo o evolución de determinadas enfermedades (cólera, malaria, fiebre amarilla, y otras). Esto se estudió por los norteamericanos a partir de 1993 con un brote infeccioso originado por hantavirus y transmitido por roedores, y los especialistas se apercibieron que era posible predecir con varios meses este fenómeno. También se ha reclamado el uso de satélites para hacer mapas en estudios para combatir epidemias como la del virus Ébola sobre el Congo y Gabón. Sobre estos aspectos se puso en marcha el llamado proyecto Epidemio.

    Pero no se piense que en este mundillo todo es perfecto tecnológicamente. En incendios forestales, por ejemplo, un sistema de cámaras de video conectadas por satélite permite observar el humo a 10 Km de altura de un árbol quemando. Pero el uso de estos satélites para detección de incendios forestales, tiene un defecto, la lentitud. Si el satélite no está justo sobre la zona puede tardar en sobrevolarla y aquí la rapidez es determinante. La recuperación de una hectárea de arbolado viene a costar en 2.000 entre 1.000 y 5.000 euros, así que la pronta detección por satélite permite impedir estas catástrofes. Pero nada hay infalible, así tampoco se piense que siempre son medios tecnológicamente impecables. Sigue habiendo limitaciones y muchas veces no son sino un sistema complementario de otros.
    En cualquier caso siguen siendo un elemento vital en el desarrollo y disponibilidad de medios de las naciones. Además, poco a poco se han ido formando redes integradas de información obtenida por satélites de distintas nacionalidades para ayuda en catástrofes naturales, como por ejemplo en inundaciones, facilitando imágenes de terrenos inundados a las autoridades correspondientes para permitir hacer evaluaciones inmediatas y paliar en lo posible los daños y facilitar evacuaciones.

    Gracias a los reflectores láser instalados en la Luna se podía determinar exactamente el desplazamiento de los continentes, la distancia precisa Tierra-Luna, las fluctuaciones orbitales terrestres y los movimientos de nuestro planeta sobre su eje. Por su parte, sismómetros dejados también en la Luna, no solo sirvieron para aportar datos sobre terremotos lunares sino para determinar el efecto de la Tierra en la estructura selenita.
    En arqueología, además de aprovechar la tecnología en sistemas terrestres, se han utilizado ingenios espaciales directamente como ayuda. En los años 80 los chinos localizaron gracias a fotografía de satélite el palacio imperial Yuan Ming Yuan que había sido derruido por los ingleses y franceses en el Siglo XIX. Y en Perú, en su selva subtropical, los americanos hallaron en imágenes espaciales los posibles restos de alguna civilización preincaica.
    Con ayuda de las imágenes espaciales por radar en el sistema Shuttle se localizó la perdida ciudad de Niya en la llamada Ruta de la Seda, sobre el desierto chino de Taklamakán, y también la de Ubar, tragada en su día por las arenas en el desierto de Omán; esta última igualmente fue fotografiada por los satélites de recursos naturales SPOT y LANDSAT. También se descubrió, por el JPL californiano con datos de nave espacial, una segunda Gran Muralla China (581-618, dinastía Sui), más antigua que la primera, y situada sobre el desierto de Gobi.
    Como sistemas de salvamento, la posición de los satélites permite localizar a personas que lleven un transmisor de emergencia. La NASA probaba en 1992 junto a tres empresas privadas un aparato de este tipo del tamaño de una cajetilla de tabaco que en caso de apuro envía señales a un centro de emergencias; la previsión apuntaba entonces su comercialización para 1995 por un precio de salida de unas 80.000 pesetas. Hacia 1998 se calculaba que el número de personas salvadas gracias a los satélites de búsqueda y rescate del sistema llamado SARSAT-COSPAS ascendía a unas 8.000. Hasta junio de 1995 (desde septiembre de 1982) el mismo sistema había permitido rescatar a 5.541 personas sobre 1.800 casos (1.624 personas en 755 casos aéreos, 3.633 personas en 922 marítimos y 284 personas en 123 terrestres). Solo en 2013 el número de personas en peligro de muerte rescatadas gracias al sistema espacial contabilizados en los Estados Unidos fue de 253 entre náufragos, aeronaves caídas y excursionistas aislados en tierra. Desde 1982 hasta tal 2013, el total de rescates con el sistema SARSAT-COSPAS es de más de 35.000 en todo el planeta.
    De un modo parecido, también se utilizan sistemas de seguimiento con radiobalizas en migraciones zoológicas, o en simples desplazamientos o movilidad de especies y ejemplares.
    Uno de los primeros productos espaciales, obtenido el curso de vuelos Shuttle, está en unas bolitas de plástico o poliestireno de 10 micrones de diámetro, de modo que en el tamaño de una cabeza de alfiler caben 18.000. Se denominaron SRM 1960 y se vendían en frascos de agua destilada que tenían 30 millones de tales bolitas; la primera emisión de los frascos fue de 600 unidades de 5 mililitros, siendo el total fabricado en el espacio de unos 10.000 millones de tales bolitas. Su costo inicial fue de unas 56.000 pesetas de 1986. Sus aplicaciones están en la comprobación de filtros y máquinas que manejen sustancias como el tóner de fotocopiadoras, cosméticos, pólvora, etc. Su consecución en condiciones de gravedad las hace imperfectas y apelmazadas pero en la microgravedad espacial resultan perfectas. La consecución de formas esféricas perfectas, como cojinetes por ejemplo, es posible en el espacio y tiene su aplicación en piezas para maquinarias de todo tipo.
    También el campo militar se aprovecha del medio espacial y tiene en el mismo ingenios de observación de objetivos, teledetección de misiles y pruebas nucleares, telecomunicaciones propias, etc.
    Resumida y principalmente, el espacio viene a establecer su aplicación tecnológica en los campos siguientes: Telecomunicaciones, meteorología, navegación y posicionamiento, aeronáutica, medicina, recursos forestales, agrarios, pesca, urbanismo, arqueología, contaminación, salvamento, zoología, militar, etc. Para mayor amplitud, véase el capítulo 2 sobre Satélites.

    Las aplicaciones y posibilidades científicas del espacio son menos trascendentes para el tiempo presente puesto que son investigaciones y por tanto por propia denominación inconclusas, pero infinitamente más numerosas. Aunque no se citan también pueden comprender inicialmente los campos de los satélites tecnológicos antes citados mientras que en un principio fueron de prueba. En capítulo 2, sobre Satélites, aparece información concreta también de los ingenios científicos. En cuanto a las entidades promotoras, colaboradoras y de desarrollo de los ensayos, no son solo las propias espaciales (NASA, Agencia Rusa, NASDA, ESA, etc), sino infinidad de universidades, institutos y centros de investigación, compañías e industrias tecnológicas, laboratorios farmacéuticos, entidades militares, etc.
    Los campos científicos o de experimentación espacial son agrupada o resumidamente los siguientes:

ASTRONOMIA.
    Estudio del Sistema Solar y de las estrellas y resto del Universo en diversas bandas del espectro ETM con todo tipo de aparatos detectores o espectrómetros.
    Mientras que en el caso de los planetas o las estrellas la importancia de su mejor conocimiento es relativa, en el caso del Sol la trascendencia del mismo sobre la vida humana es fundamental. Son pues del máximo interés los estudios espaciales solares de tipo meteorológico. La importancia de la investigación solar, al margen de la meramente astronómica que nos diga acerca de la evolución del Sol, tiene una doble vertiente. Por un lado interesa el aprovechamiento de la energía solar y por otro el control preventivo de las emisiones solares de radiación que afectan nuestra vida. Estas últimas inciden sobre nosotros pudiendo dejar fuera de servicio las comunicaciones con satélites y naves espaciales, redes de radiofrecuencia terrestre, incluidos vuelos aéreos comerciales y navegación marítima, alteraciones graves en centrales de energía eléctrica, e incluso descargas eléctricas en oleoductos y otras conducciones. Las investigaciones solares resultan pues prácticamente tan importantes como las puramente meteorológicas o las realizadas en las áreas de las telecomunicaciones.
    De los resultados astronómicos de la astronáutica en otros aspectos se da cuenta en el apartado siguiente al presente, pues su mayor extensión así lo merece.

BIOLOGIA.
    La importancia de la biología en el espacio no solo está relacionada con la biomedicina sino de la utilización de la misma para el hombre en el cosmos, como elemento necesario para su uso en el futuro en el establecimiento de ecosistemas espaciales y en astrocultivos tanto vegetales como ganaderos.
    En general, en los estudios celulares, ya en un principio se observó que la falta de gravedad no parecía influir sobre el citosol o hialoplasma que contiene, además de agua los minerales y sustancias fundamentales. En los experimentos francosoviéticos en las estaciones Salyut se observó a nivel celular que la microgravedad hacía aumentar el volumen de agua y una pérdida de minerales (calcio, fósforo, magnesio y potasio). En las plantas, sensibles al crecimiento bajo el geotropismo gravitatorio, las células tienen a los receptores de la gravedad en un reposo, flotando en el citoplasma los amiloplastos, y todo ello da lugar a la modificación de la orientación y del crecimiento. La detección a nivel molecular de la posición en presencia de gravedad u orientación de una planta está relacionada con la concentración, de 5 veces la normal, de moléculas de inositol trifosfato en un área determinada; en el trascurso de minutos o tiempo determinado superior las células de la planta inician un proceso para erguirse de nuevo y recuperar la posición vertical habitual. En la microgravedad tales concentraciones se alteran. El crecimiento de las plantas en la gravedad pasa finalmente por la producción de un polímero propio, la lignina, que almidona las células y hace posible el crecimiento de los tallos. En algunos experimentos, llevadas las plantas a la microgravedad, resultó que en algunas especies la producción de lignina bajaba pero en otras no.
    Por otra parte, los ciclos naturales de la luz también influyen en la planta y su alteración determina cambios en la prioridad de asimilación de agua y nutrientes. De tal manera, en el espacio la luz ha de tratar de reproducir tales ciclos con luz artificial. Un mayor período de oscuridad, una “noche” más larga, hace que haya un desarrollo mayor de las partes aéreas de las plantas. Los ensayos con distintas tonalidades o colores de luz han hecho ver su influencia sobre el crecimiento, y según los casos interesará que éste incida sobre tallos y ramas (leguminosas por ejemplo) o bien sobre raíces (zanahorias, por ejemplo); tal influencia se deriva de la ocasionada sobre la distinta asimilación de agua y nutrientes a partir de la fotosíntesis.
    Resulta pues de gran interés en el espacio la botánica y la zoología. Se estudia así este crecimiento de plantas y vegetales de todo tipo, con vistas al aprovechamiento posible de las mismas, y el comportamiento en la microgravedad de todos los seres vivos, en numerosos experimentos.
    Una de las especies que primero se contempló para su aprovechamiento espacial es la alga chlorella; en el invernadero espacial Fiton checo llevado en la Mir soviética se probó con cebollas, rábanos durante 3 meses. Otras especies probadas han sido el trigo, el ginseng, lechugas, guisantes, patatas, etc. El trigo, que en condiciones terrestres normales tarda en madurar entre 105 y 135 días, en experimentos terrestres de la NASA en los que las muestras se sometieron en un medio con bajos niveles de oxígeno, resultó que crecieron con el doble de rapidez al acelerarse los procesos de fotosíntesis y crecimiento.
    En algunos de los experimentos se sometieron las muestras en el espacio en una centrifugadora para simular algo de gravedad y ayudar en el crecimiento. También se probó hacia 1980 la arabidopsis que llegó a florecer pero no dio semillas. En 1982, sin embargo, en la Salyut 7, dio flores a los 55 días y semillas a los 69 (en tierra el ciclo equivalente es de 25 a 30 días), las primeras en el espacio; de 27 casullas, unas 10 suministraron en torno a las 200 semillas.
    Muchos experimentos no resultaron con los vegetales, pero otros en cambio dieron resultados inesperadamente provechosos. Así, según los chinos, semillas tratadas en el espacio mediada la última década del Siglo XX, al ser sometidas a la falta de oxígeno en la microgravedad y bajo la radiación del espacio, fueron luego plantadas en la Tierra y, por ejemplo los pepinos, resultaron de un tamaño gigantesco, con un 7 % más de hierro, en doble de vitaminas, y más nutritivos que los habituales terrestres. China proyectaba a finales del Siglo XX el envío en satélites de semillas transgénicas para permitir mutaciones y mejorar su calidad, resistencia y rendimiento. En 2007 se estimaba que el tamaño de los productos agrícolas “espaciales” era un 25% superior al normal. Desde 1987 los chinos habían modificado en el espacio 70 tipos de semillas (arroz, algodón, sandías, maíz, tomates, etc.) y se habían sembrado 66.660 hectáreas de terreno con semillas espaciales, logrando tomates de 800 gramos, pimientos de 750 gramos, etc., y con un contenido vitamínico de un 25 % más que sus correspondientes especies normales. También se alteró el color y así aparecieron también patatas de color violeta, y sandías con tonos entre amarillo y verde. El cultivo de estas semillas chinas y la consecuente producción y comercialización fue a parar a manos de la empresa Pujiang Zhengyi Horticultura, de Shangai.
    La alga espirulina ha sido estudiada en la ISS en el instrumental MELISSA y sus resultados se han aprovechado para su aplicación en un proyecto de suplementos de alimentación en áreas del Congo, como Bikoro, en los que se observa malnutrición. Los estudios espaciales de tal vegetal son relativos a su crecimiento, absorción de nutrientes, actividad enzimática y aspectos genéticos. Y el modo de aplicación terrestre del mismo es su fácil cultivo en recipientes de agua con bicarbonato potásico y otros.
    Otra planta experimentada en el espacio es la soja. La misma es una planta que a nivel mundial en el consumo humano es la de mayor aportación de proteínas así como de aceites vegetales. En un experimento espacial de DuPont en el que la soja durante 97 días completó un ciclo generacional de la planta en el espacio (ISS), produjo 83 semillas nuevas. Tal soja sideral resultó similar a la terrestre, tanto en crecimiento como forma y reproducción. Las espaciales tienen sin embargo más azúcares y menos aceite y aminoácidos, quizá debido a los índices de CO2 superiores en la ISS.
    El número de especies llevadas para pruebas al espacio, además de las vegetales, es enorme. Se ha experimentado con anfibios, peces, moluscos, crustáceos, insectos, aves, etc.
    Los experimentos biológicos, entre otras cosas han permitido determinar que el crecimiento de las crías de las ratas es anómalo en la microgravedad, debido a alteraciones irreversibles en su corteza cerebral. Huevos de gorrión incubados por los soviéticos en el espacio hicieron crecer dentro seres informes. Las esperanzas pues para un embarazo humano no son buenas. En el instrumental checo llevado a la Mir, el Inkubator 2 se estudió el desarrollo embrionario de la codorniz japonesa y se llevaron huevos fertilizados en 1990 y a los 17 días salieron pollitos. El experimento siguió y posteriormente se llevaron más.
    Entre los primeros estudios sobre esporas realizados en los Vostok se hallaron alteraciones en la mitosis y en el crecimiento debido al factor microgravedad.
    La mosca drosophila melanogaster, de la que hay el más amplio estudio biológico en tierra, permite estudiar la genética en el espacio dado que vive entre 12 y 15 días, teniendo en tal tiempo descendencia. Por lo tanto, se pueden observar sucesivas generaciones con rapidez y estudiar los efectos producidos por el medio espacial en las mismas. De alguna manera, es como si se comprimiera el tiempo para tratar de aventurar el futuro en otras especies. Sin embargo, hay que considerar que en otras especies la cosa puede cambiar. Los primeros estudios con tal mosca fueron realizados ya en los vuelos tripulados soviéticos Vostok, los primeros, en los años 60; se observó la reproducción de la misma, resultando aparentemente normal, salvo que nacían en el espacio el doble de hembras que de machos, y que algunas nacidas en la microgravedad no tenían parte del cuerpo o el mismo estaba disminuido o era anómalo.

INVESTIGACIÓN TERRESTRE.
    Comprenden investigaciones sobre recursos naturales, geografía, geofísica, meteorología y climatología, hidrología, contaminación, agricultura, erosión costera, glaciología, arqueología, etc.
    Se utilizan todo tipo de detectores y cámaras que obtienen imágenes en amplias bandas del espectro, tanto el visible como las cercanas al mismo, y se emplean películas de todo tipo y sistemas de transmisión y almacenaje de datos. En las estaciones soviéticas se utilizaron los equipos Prirora 5 y sistemas multiespectrales MKF para tomas de imágenes en materia de recursos terrestres, así como diversas cámaras de televisión, espectrómetros Infrarrojos, cámaras topográficas KATE-140, etc. Para el estudio de la atmósfera superior, por ejemplo, los soviéticos utilizaron el instrumental de factura búlgara Zagorka, el Terma y el fotómetro checo EFO-1, así como el Fialka para el estudio de la radiación UV sobre la atmósfera terrestre.

MEDICINA.
    El campo de la medicina espacial es uno de los de más intensas investigaciones por doble motivo. Uno es la posible aplicación de los productos generados en la microgravedad, es decir, de la farmacología y nuevas técnicas médicas; es decir, se investigan productos farmacéuticos y aparatos diversos. El otro motivo está en función de la necesidad humana de una adecuada adaptación a la microgravedad para poder llevar a cabo vuelos de larga duración y llegar así a Marte, por ejemplo. Es la fisiología de la microgravedad. Conviene aquí revisar el apartado dedicado a la Medicina Espacial y recordar que los principales estudios son relativos a radiaciones, aparato vestibular, sistema cardiovascular, sistemas digestivo, hepático y renal, sistema óseo, sistema inmunológico, sistema muscular, sistema neurológico, etc.
    Se busca también en la microgravedad la fabricación de hormonas y medicamentos de gran pureza. En tal medio existe la posibilidad de obtener proteínas puras y cristales de otros compuestos. Se usan para ello técnicas de electroforesis.

    A continuación un cuadro muestrario de compuestos farmacéuticos que en 1986 se tenía previsto investigar en la microgravedad; los afectados en potencia eran, según estimación de la compañía Rockwell, las personas o pacientes a los que se suponía el interés médico en todo el mundo en las cifras que se citan:

Sustancia o producto

Afectados potenciales

Aplicación, enfermedad, circunstancias

Interferón

20.000.000

Infecciones de virus y otras aplicaciones

Eritropoyetina

4.000.000

Anemia, sustituto en transfusiones

Células β pancreáticas

3.500.000

Diabetes, cura posible con 1 dosis

Productos de crecimiento de la epidermis

1.100.000

Quemaduras

Células pituitarias

850.000

Enanismo

α1 antitripsina

500.000

Enfisemas, quimioterapia

Antihemofílicos VIII y IX

19.000

Hemofilia

Estimulantes de granulocitos

¿?

Heridas

Factores de transferencia

¿?

Lepra, esclerosis múltiple, otros

Linfocitos

¿?

Generación de anticuerpos

Sueros inmunológicos

¿?

Infecciones de virus

Uroquinasa

¿?

Trombosis

    Generalmente, estos compuestos solo pueden ser fabricados en condiciones terrestres de gravedad a muy pequeña escala o de forma muy costosa, o incluso pueden resultar imposibles de conseguir en una mínima cantidad, en tanto que en el espacio se logran, por ejemplo, por procedimientos de electroforesis altos grados de pureza y por lo consiguiente en mayor relativa cantidad. Sin embargo, en realidad, luego los costos no resultaron tan bajos como se prometían.

    De forma resumida se puede decir que en el espacio, en materia orgánica, se han experimentado nuevos productos o técnicas de consecución, o es posible su desarrollo en los campos de las vacunas, antibióticos, y sustancias diversas como la insulina, la uroquinasa y las isoenzimas. El mercado americano a principios de los 80 en vacunas se cifraba en los 1.500 millones de dólares.
    He aquí algunos ejemplos diversos ampliados sin mayor pretensión:
    La separación de la proteína interferón de las bacterias cuesta en tierra a razón de 1 millón de dólares un 1 litro y se tarda en conseguirlo 8 meses. En un laboratorio en el espacio se logran 3 litros en un solo vuelo. La microgravedad facilita la síntesis de las proteínas controlando su estructura tridimensional o estereoespecificidad, pudiendo lograrse proteínas nuevas o de desconocidas características.
    Por otra parte, el desarrollo bacteriano es más fácil en biorreactores en las condiciones del espacio orbital, lo que también facilita la mejor producción de antibióticos, llegando el porcentaje de mejora ocasionalmente al 200 %. Pero el motivo de este mayor desarrollo no está aclarado aun (2002), si bien se estima que la clave es el factor microgravedad y los movimientos de los fluidos en los que evolucionan las bacterias (quizá por mayor concentración de algunos compuestos que facilitan semejante bioquímica que a falta de gravedad no sedimentarían).
    La uroquinasa es una enzima natural utilizada para tratamiento de embolismos pulmonares, puesto que la misma disuelve los coágulos en arterias y vasos. La uroquinasa se obtiene de la orina humana, pero se necesitan 1.500 litros de orina para lograr una sola gota; también se logra a través del propio riñón, si bien más difícilmente, y asimismo de riñones de fetos nacidos muertos. Solo una de cada 20 células produce la enzima, así que se separan tales células por electrofóresis, pero el proceso es muy caro; solo se produce en un 5 % de las células del riñón por lo que resulta de difícil extracción. En tierra se hace muy difícil la consecución por la sedimentación. En el espacio, o menor dicho en la microgravedad –que tampoco es gratis- al menos se logran mayores cantidades. En el espacio se puede aislar por electrofóresis ese 5 % de las células renales y lograr una máxima producción, así como con el cultivo de las células.
    Pero no todo son buenos resultados en el espacio. Un informe del NRC, Consejo Nacional de Investigación americano, trascendido a principios de 2000 acerca de los experimentos de cristalización de proteínas en la microgravedad, realizada a partir de los años 80, apuntaba a que resultaban excesivamente caros y de un valor científico inferior al que la NASA les había atribuido. El citado organismo había señalado que en ninguno de los ensayos en el espacio en tal materia se había logrado avance importante o fundamental de ningún tipo; algunos analistas científicos hicieron la observación de que los cristales obtenidos solo eran entre un 20 % (Shuttle) y un 24 % (Mir) mejores que los logrados en tierra. Sobre tales experimentos ya habían sido propuestas en 1997 su suspensión en el espacio por parte de la Sociedad Americana de Biología Celular.
    El uso de sistemas biorreactores permite el cultivo de bacterias, de células animales, levadura, e incluso tejidos. Las investigaciones buscan estos cultivos como alternativa a trasplantes y evitar los rechazos. Uno de los primeros experimentos al respecto fue propuesto por el suizo August Cogoli a la ESA, planificando el uso de un biorreactor en el espacio para cultivo de cartílago de la rodilla, aspecto frecuente en muchos pacientes. Los soviéticos utilizaron en la Mir unidades como el MKM-1 para cultivar células en la microgravedad, construido por el Instituto Médico de Crimea. Los soviéticos también dispusieron de otros aparatos afines como los bioprocesadores Rekomb y el sirio Palmyra, o el Svetoblok para la fabricación sintética en 1987 de poliacrilamida. Otros dispositivos afines fueron para electroforesis el Ruchei y el Svetlana (nombrado en honor a la cosmonauta Svetlana Savitskaya).
    Los cultivos de tejidos en microgravedad se han prodigado en los vuelos Shuttle en los años 80 y 90, así como los ensayos sobre crecimiento de proteínas, especialmente por el efectivo método de difusión de vapor.
    Los resultados, por ejemplo, de la misión Neurolab Shuttle, entre los que estaban investigaciones sobre el vértigo y el sentido del equilibrio, de la orientación, etc, fueron de interés médico en el tratamiento del Alzheimer y la epilepsia, pues se observaba como el cerebro procesa la información al respecto. También tuvo tal vuelo otras aplicaciones médicas de otra índole. La búsqueda de tratamientos efectivos para el Alzheimer también se realiza en la Estación Orbital Internacional, ISS, (experimento SABOL, 2015).
    Por cierto, en relación al Alzheimer en 2013 se dio a conocer cómo programas informáticos empleados para el procesamiento de las fotografías tomadas en el cosmos se utilizan, adaptados, para el diagnóstico de tal mal mediante el análisis de las imágenes obtenidas en el escáner cerebral. Es el denominado AlzTools 3D Slicer y fue desarrollado por la empresa española Deimos para el programa del satélite ENVISAT europeo.
    También se realizan mejor en el medio espacial los estudios sobre los cálculos de riñón y se ayuda en los llevados a cabo sobre la radiación para combatir tumores. Se cuentan la bioestereometría para el estudio del crecimiento de tumores, las investigaciones biomédicas sobre la osteoporosis, etc.
    Precisamente sobre la osteoporosis, la NASA y la Universidad de Arizona dan a conocer en 2012 un test de orina para su identificación en sus primeras fases de desarrollo, cosa hasta entonces solo se diagnostica mediante radiografías y cuando se produce la primera fractura ósea. Tal test fue pensado para los astronautas y se basa en buscar en la orina isótopos de calcio, con un preciso número de neutrones, procedentes de los huesos. Esta aplicación abre la vía a identificar en sus inicios todas las enfermedades que produzcan la  pérdida de masa ósea.
    Para el estudio antropométrico en el espacio, dada la condición de la práctica falta de gravedad, se han diseñado aparatos que miden la masa por la frecuencia de oscilación con una precisión del 0,5 %.
    Otra vía investigadora realizada en el espacio, en concreto en la ISS, busca tratar la llamada distrofia muscular de Duchenne, un mal incurable en 2015 de origen genético que afecta a niños varones principalmente. Se trata de una atrofia muscular que progresa hasta provocar la muerte prematura, con una media en los 20 años. El tratamiento que se está pergeñando gracias a las investigaciones en el espacio resulta muy esperanzador. Se basa en la consecución de medicamentos en relación al crecimiento de cristales de proteínas de mayor calidad y mayores.
    En cuanto a los antibióticos, el espacio permite su producción con mayor eficacia, de hasta un 200 % (de un 75 % en la actinomicina D, por ejemplo). La comprensión de tal mejora sirve para tratar de igualar en tierra los procesos y lograr así mejores resultados, puesto que la producción en masa en el espacio resulta aun muy cara.
    El estudio espacial del medio ambiente y sus rápidos cambios que permiten la rápida expansión de algunas especies de insectos o roedores, también puede permitir la prevención epidemiológica de enfermedades como la malaria o el cólera. El control biológico de las especies transmisoras es posible al conocer de inmediato por técnicas espaciales los factores favorables de su desarrollo. La confección de mapas con estos fines desde el espacio permite localizar las áreas de riesgo y focalizar la intervención de control.
    En otros aspectos, en la robótica, por aplicación de las técnicas generadas para la exploración espacial, se podrán construir brazos articulados de acción por gestos o movimientos faciales, sillas para inválidos con movimientos por gestos o movimientos de la vista, etc.

MILITARES.
    Comprende la experimentación sobre las diversas aplicaciones tecnológicas ya citadas y su desarrollo continuo en la mejora de los medios y técnicas, todo bajo el enfoque de la teledetección o búsqueda de la aplicación en el campo militar.

TECNOLOGÍA DE MATERIALES Y OTRAS.
    Son las investigaciones dedicadas a las mejoras en los sistemas de comunicaciones, navegación y otras de aplicación tecnológica ya citadas, así como a las realizadas sobre materiales. Son principalmente los aspectos de la física y la química de la microgravedad y se utilizan hornos eléctricos, separadores de compuestos, sistemas de levitación ETM, etc.
    Por ejemplo, los líquidos tienden al formar en la microgravedad esferas perfectas de diversos tamaños. Tiene ello interés en el estudio de la cohesión molecular. Se han realizado numerosos ensayos con agua al respecto, pudiendo hacer que se formen también hilos de agua, una fina tela, etc. Un objeto dentro de agua en la microgravedad no flota, simplemente se rodea de la misma. Esto determina diversos aspectos en técnicas de cristalización y fusión, en procesos de electrofóresis y en la fabricación de componentes puros, cristales, aleaciones, plásticos, circuitos integrados, etc. De este modo se pueden lograr productos que la gravedad impide fusionar o mezclar en tierra; la densidad y los movimientos convectivos en fluidos dejan de tener efecto y se producen nuevos fenómenos.
    Las aplicaciones facilitadas por el espacio inciden en los campos de los circuitos integrados, cristales, óptica, cojinetes de bolas huecas, paletas de turbina para altas temperaturas, aleaciones lubricantes de aluminio y plomo, etc.
    Entre los productos tecnológicos objeto de experimentación en el espacio se cuenta la microelectrónica y sus materiales componentes. Así por ejemplo, los cristales del arseniuro de galio se han intentado en varios vuelos conseguir con pureza en la microgravedad con vistas a su aplicación para microprocesadores. La ventaja de este material respecto al silicio es que permite una mayor rapidez en el desplazamiento de los electrones con lo que se mejora el rendimiento de los microprocesadores. Sin embargo, en 1992 solo había en el mercado un 1% de éstos con arseniuro de galio, porque el mismo es más frágil que el silicio lo que dificulta su fabricación en elementos complejos. Es importante su uso los transmisores y receptores de satélites de comunicaciones, permitiendo un bajo nivel de interferencias.
    Además del citado compuesto, en la consecución de cristales de alta calidad, se ha usado el silicato de germanio, gracias al cual y tras experimentos en la estación orbital americana Skylab se encontró la forma de hacer crecer ordenadamente cristales puros en tierra (dado el coste de producción masiva en el espacio) bajo la denominación de crecimiento aislado Bridgman. Sus aplicaciones son especialmente interesantes en los detectores de rayos cósmicos, sensores, miniláseres, etc.
Todos estos compuestos y otros (en los que están presentes el germanio, el silicio, el antimonio de indio, fluoruro de calcio, etc) se utilizan en lectores de discos compactos, cámaras de video, telefonía móvil, sensores, semiconductores, detectores de radiación, relojes digitales, etc.
    En el espacio se utilizan para estos experimentos de crecimiento de cristales gran número de dispositivos y hornos eléctricos. Los soviéticos utilizaron los denominados Splav 1, Kristall y Magma F en las estaciones Salyut y Mir. Para estudios físicos y químicos, en estudios coloidales, térmicos, térmico-capilares, etc, los soviéticos también diseñaron aparatos como el PION M y los franceses el Alice. Otros fueron los modelos de horno Gallar, Krater y Korund soviéticos para la Salyut y la Mir, el último versión del Splav y el Kristall. En ellos se hicieron procesos de cristalización en microgravedad con muestras de plata-germanio, aluminio-níquel, galio-antimonio, etc.
    También se han probado gran número de materiales, con exposición directa al medio espacial de muestrarios, para observar su resistencia o respuesta térmica, a las radiaciones, etc, en resumen su comportamiento ante la erosión del cosmos. Se han probado materiales ópticos, plásticos, polímeros, pinturas, aleaciones de prueba, lubricantes, adhesivos, fibras, cerámicas, etc. También se diseñaron dispositivos de análisis in situ de los materiales en el espacio, como el ucraniano Electrotopograph que usó en diciembre de 1987 en la Mir para observar los efectos del citado medio sobre capas finas de cerámicas, superconductores, materiales aislantes, etc.
    Igualmente se ensayaron montajes de estructuras, tipo grúa, tanto americanos como soviéticos (como las Sofora, Strela y Rapana) en su día.

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    Otra posible aplicación espacial, contemplada ya en los años 60 y 70, sería el uso de cohetes con carga de residuos nucleares para eliminarlos enviándolos al Sol; tiene los inconvenientes de ser una solución cara y en caso de fallo del cohete muy peligrosa. El astronauta americano David Scott exponía tales antiguos proyectos en 2001 en Sicilia, proponiendo de nuevo el uso del Shuttle para ello.
    También habría que considerar otras investigaciones no espaciales pero realizadas por entidades espaciales en tierra con vista al desarrollo de tecnologías de futura aplicación no solo en el espacio sino en las propias instalaciones de apoyo. La NASA se ha visto así involucrada en varios campos tecnológicos, como por ejemplo en el de la robótica, el informático, etc. En el campo de los ordenadores, la búsqueda de una renovada generación de los mismos es objetivo para poder soportar nuevos proyectos de inteligencia artificial y su aplicación en sondas no tripuladas. En 2007 la NASA probaba un microchip capaz de soportar temperaturas de 500ºC durante al menos 1.700 h, pensando en su uso sideral, especialmente para motores o en ambientes como el de Venus, y cuyas aplicaciones subsidiarias en la industria de nuestro mundo son evidentes, evitando el peso y volumen de sistemas de refrigeración, hasta ahora necesarios.
    Pero es en el terreno de la aeronáutica donde la NASA ha visto más claramente involucrada, desarrollando prototipos, sistemas, materiales, etc. En 1998 ponía a prueba un modelo llamado Pathfinder Plus, un ala muy ligera, de fibra de carbono y grafico, dotada de energía solar que ascendió a 24,44 Km de altura. Luego de ensayar el 8 de septiembre de 1999 un prototipo llamado Helios Prototype, su diseño fue mejorado con el Helios, que fue probado en julio de 2001 sobre la isla Kuai de Hawai y llegó a 23 Km de altura en 8 horas con ayuda de 14 motores de hélices alimentados con células solares muy ligeras sobre el propio ala, de casi 75 m de ancha y 2,4 de larga; tales motores consumían energía como un secador de pelo y en teoría podrían elevar el ala a 30,4 Km de altitud. El peso del avión es de 595 Kg de peso y la superficie del ala es de 50 m^2 y proporciona hasta 35 kW con sus 62.000 células solares en 1.770 grupos; el aprovechamiento de la energía solar de estas células es del 19 %. Este ingenio es manejado por control remoto por un par de pilotos y su velocidad de crucero es en torno a los 40 Km/h. Su costo se cifró al momento de su prueba en un millón de dólares y fue diseñado por la empresa Aero Virronment. En la tercera ocasión de hacer volar al prototipo, el 14 de agosto de 2001 (el día anterior hora local), el Helios ascendió, partiendo también de Kuai, a 29,41 Km tras 7 h de vuelo y aun más después; en total, permaneció en vuelo 17 h. Pero el 26 de junio de 2003, al cabo de 29 min de vuelo, se estrelló, destruyéndose del todo, en uno de los ensayos desde tales islas. La finalidad de este tipo de ingenios es sustituir en determinadas opciones a casi toda clase de satélites artificiales, así como aviones militares de observación, pero para ello han de mantenerse en el aire durante días.
    Finalmente hay que citar al programa lunar Apollo, que fue uno de los primeros que proporcionó gran cantidad de avances tecnológicos, un total cifrado en nada menos que 2.329, y el número de inventos en total se contabilizó en 3.465. El desarrollo de las telecomunicaciones sufrió así un avance espectacular, así como el campo de la informática, entonces desconocida y que aun tardó en trascender al mercado comercial más de una década. Pero en 2.000 el total de aplicaciones, de las llamadas trasferencias tecnológicas del espacio, ascendía a nada menos que unas 40.000 en total. En los años 80 del Siglo XX, el número de patentes, tecnologías nuevas o perfeccionadas en todos los campos derivadas del espacio se cifraba en total, y sin contar los descubrimientos astronómicos, en 160.000. Por su parte, los detractores apuntaron que un considerable porcentaje de estas cifras eran entes de poco rendimiento o incidencia en la vida tecnológica o en cualquier otro orden.

    Los finales del Siglo XX, como final de un período, fueron un momento muy propicio para los balances y las evaluaciones de un pasado reciente. Las consideraciones sobre los avances humanos, tanto sociales como tecnológicos y científicos, así como las de sus protagonistas, fueron abundantes. Entre los hechos, inventos, descubrimientos e hitos considerados más importantes del siglo para la humanidad se mencionaron todo tipo de cosas, sobre todo según el enfoque y espectro consultado. Las encuestas a nivel popular arrojaron distintos resultados a las salidas de los propios ámbitos, por ejemplo, científicos. Entre los principales logros se cita ineludiblemente la visita humana a la Luna. Sin embargo, tal hecho es más simbólico que trascendente. Son infinitamente más importantes para la humanidad los satélites de aplicaciones por ejemplo. Para el propio primer hombre en la Luna, Neil Armstrong, los principales logros del Siglo XX fueron por este orden la electrificación doméstica, el automóvil, los viajes en avión, la red doméstica de agua potable, los medios electrónicos, la radio, la televisión, la agricultura mecanizada, la informática, el teléfono y los climatizadores. Aunque es evidente que Armstrong tiene razón, no se puede olvidar que varias de las cosas que cita avanzaron y evolucionaron de manera definitiva gracias a la aplicación en las mismas de la tecnología espacial, principalmente de la miniaturización y creación de sistemas electrónicos derivados de la industria espacial.

    Para dar a conocer las tecnologías espaciales de aplicación en la vida humana sobre el planeta, la NASA divulga la publicación Spinoff desde 1976, aportando más de 2.000 artículos, inventos o tecnologías, que llama “spin-off”. Denominado programa de transferencia tecnológica, tiene su información en https://spinoff.nasa.gov/



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