RESULTADOS.
Capítulo 13º Subcap.
27
<> LAS
POSIBILIDADES DEL ESPACIO. APLICACIONES Y RESULTADOS.
Mucha gente se ha venido preguntado ante la cuestión espacial: ¿para
qué ir al espacio, a la Luna, a los planetas...? ¿Acaso no tenemos
bastantes problemas, pobreza y necesidades en la Tierra como para
gastar tiempo y enormes cantidades de recursos en el espacio? En su
momento, uno de los padres de la astronáutica replicó: “No se puede
imaginar el beneficio que el espacio nos aportará, del mismo modo que
nadie pudo pensar la trascendencia del viaje de Colón”. Las
aplicaciones, las posibilidades del espacio son enormes para el hombre,
ya imprescindibles en el tercer milenio.
El resultado de la actividad espacial en
innumerables campos es tan notable que ha cambiado todas nuestras
vidas. Desde la salida orbital del Sputnik 1 han pasado muchas cosas.
El impulso de la navegación espacial ha arrastrado a muchas actividades
humanas, gracias al esfuerzo no solo científico sino al tecnológico que
impusieron los descomunales costos de lanzamiento de los ingenios
espaciales.
El esfuerzo por abaratar instrumentos y medios
astronáuticos, dado que el peso es cuestión básica en los envíos al
espacio, lleva a la miniaturización, racionalización y simplificación
de muchos aparatos y técnicas. El consecuente resultado es que su
aplicación no es solo para el espacio sino que la misma filosofía se ha
aplicado en otros órdenes de las actividades humanas.
Pero al margen de estas aplicaciones, consideradas
secundarias o subproductos, la importancia incuestionable de los
satélites de comunicaciones y meteorológicos, por ejemplo, ha
transformado claramente el modo de vivir de nuestro mundo. Los
resultados de la actividad de los satélites son conocidos en la segunda
parte de esta obra y es evidente en la vida cotidiana cuando realizamos
llamadas telefónicas lejanas, cuando vemos la televisión por
parabólica, cuando nos muestran las fotografías meteorológicas a diario
para apuntarnos las previsiones del tiempo. Si alguien duda un momento
la cuestión es sencilla: suprímase por un momento, por ejemplo, esos
satélites de telecomunicaciones, con todo el ejército de cadenas de TV,
o prescíndase de los partes meteorológicos que gracias a los satélites
de tal orden se emiten a diario. ¿Se imagina la supresión de tales dos
simples cosas la repercusión que tendrían? Son en efecto las
aplicaciones astronáuticas de los satélites citados y los de
navegación, cada vez más inmersos en nuestra vida, así como los de
estudio de los recursos terrestres, de la contaminación, etc., ya vistos
en la citada segunda parte, los que determinan sin remedio nuestro
cambiante y evolutivo modo de vivir.
Pero existe una tercera respuesta para la pregunta
¿para qué nos sirve la navegación espacial? Y está en la de los
resultados obtenidos en la investigación de nuestro Sistema Solar y el
Universo. Ello merece un capítulo aparte, a continuación del presente,
porque la astronáutica ha cambiado el concepto que teníamos del citado
Sistema y Universo gracias tanto a las sondas automáticas como a los
satélites astronómicos, sin olvidar el sistemático e ininterrumpido
trabajo de la astronomía terrestre. Significa ello que nos ha cambiado
nuestra visión del mundo, porque hemos abierto una ventana a un
Universo que no es ni estático ni pacífico, como se creía, sino un
Universo violento y complejo; e implícitamente nos ha cambiado la
visión de la vida, de la razón de ser, y ha obligado a la revisión a
más de un concepto religioso e incluso filosófico.
Hay que decir además que hay gran número de
investigaciones, como son casi todas las realizadas en laboratorios
espaciales, tripulados o no, que si bien no tienen todavía una
aplicación a gran escala por estar en fase experimental, sientan las
bases de un desarrollo futuro para la consecución de nuevos y numerosos
medios tecnológicos, fármacos, modelos atmosféricos y meteorológicos,
materiales, etc.
En la astronáutica confluyen casi todas las
ciencias, técnicas y teorías del hombre, toda clase de ingeniería
(electrónica, nuclear, genética, redes de conducción de gas y petróleo,
etc.), astronomía, física, química, arquitectura, medicina, biología,
sociología, geografía, geodesia, meteorología, geología, recursos
naturales, agricultura y ganadería, oceanografía, pesca y navegación,
organización empresarial y comercial, comunicaciones, apoyo a la
navegación aérea y marítima y posicionamiento terrestre, robótica y
cibernética, arqueología, militares, vulcanología, selvicultura,
contaminación, calidad de aguas marinas, la prospectiva del futuro,
incluso el derecho, la economía, el cine y otras artes, el
coleccionismo, las ciencias de las información, pedagogía, cosmología,
filosofía...
Como no podemos entrar en amplitud en cada tema, en
cada uno de todos estos aspectos los resumiremos por grupos en relación
a la actividad espacial, y citando solo los principales o los más
significativos. Las posibles aplicaciones del espacio implican a su vez
acerca de los resultados obtenidos. La implicación o trascendencia en
diversas áreas y actividades humanas como en el derecho internacional,
la economía, el mundo empresarial, los seguros, la ingeniería y
arquitectura, el cine, etc, son tratados en mayor o menor extensión en
el capítulo de “Trascendencia”.
Se podría hacer una división de los aspectos de
utilización del espacio en 4: por un lado, científicos y tecnológicos, o
bien en investigaciones y utilidades o aplicaciones consolidadas; y en
subproductos o derivados,
y repercutidos.
A continuación se hace mención de los mismos en orden inverso a su cita.
En cuanto a los últimos se refiere, a los repercutidos
antes citados, son los que trascienden a numerosas áreas de la
actividad humana, inicialmente no necesariamente relacionadas de forma
directa con el espacio, pero en las que el espacio incide, transforma o
prolonga. Son las citadas de la economía, el derecho internacional, el
mundo empresarial, nuevos métodos o planificaciones de trabajo, etc.
Así por ejemplo, en el aspecto económico y
socio-político, uno de los resultados de la astronáutica está en la
propia vigorización de la industria que se ha creado a su alrededor, y
en el crecimiento y elevado nivel de vida de poblaciones donde se
ubican los centros espaciales, tanto de los estados como de la empresa
privada.
Según la NASA la rentabilidad de las inversiones
espaciales se cifra en 7 a 1 (1978). Es decir, en cada dólar invertido
el rendimiento es de 7. Naturalmente incluyen la rentabilidad global en
la que los satélites de comunicaciones, etc, marcan los beneficios, en
tanto que los vuelos tripulados apuntan a una posible rentabilidad
futura. La relación de repercusión concreta en la economía americana
del programa lunar Apollo –según ellos mismos- fue de 10 $ por dólar invertido.
En Europa, resultado de la iniciativa BIC, de
“incubación de empresas”, en 2017 y desde 2003 el número de empresas
nuevas que han sido posibles gracias al espacio suma más de las 500 que
comprenden los más diversos campos, aeronáutica, medicina, deporte,
etc. Unos ⅔ de tales empresas están relacionadas con el uso de datos e
información aportada por satélites. Los centros BIC están por toda la
Europa de la ESA.
Los subproductos o derivados
directos son aquellos de la vida terrestre en los que la aplicación de
tecnología utilizada en alguna actividad espacial puede ser usada para
otros fines. Así por ejemplo están:
La robótica de exploración de superficies de cuerpos
celestes ha encontrado aplicaciones por ejemplo entre los vehículos y
joysticks destinados a minusválidos que no pueden utilizar los modelos
convencionales, o en la manipulación de material nuclear para centrales
de energía, o en telemedicina, o en el acceso a lugares normalmente
inaccesibles como minitúneles de edificios o en arqueología, etc.; las
nuevas sillas para minusválidos pueden evolucionar solas y librar
obstáculos, además de sortear desniveles, subidas y bajadas, con
solvencia, giros, etc. En este mismo campo de la robótica,
especialmente la vulcanología se ha visto favorecida con un prototipo
de exploración planetaria conocido como el robot Dante; también en
interés y vigilancia vulcanológica se han utilizado satélites diversos
del tipo GPS y otros (Sentinel, Terra, Landsat, etc.). También en rover o robots para entrar en sitios
peligrosos, como el caso del robot Pioneer diseñado por la NASA para
entrar en el reactor de la accidentada central nuclear de Chernobil; el
mismo se diseñó pensando en que llevara una perforadora para el
análisis de las paredes interiores del reactor pero se vislumbró a la
inversa su aplicación futura en taladros para asteroides o superficies
planetarias. Otro más, el Roboclimber, de la ESA, de control y
dirección a distancia, se basa en tecnología espacial y su utilidad se
localiza en la prevención de aludes y desprendimientos de tierra, entre
otras cosas; el aspecto del prototipo es el de una gran araña de 4
patas y 3 Tm de peso.
En la tecnología nuclear, además de los robots,
también se han aprovechado materiales y técnicas utilizados en la
construcción de motores cohete como los Ariane y otros para hacer
estructuras que soporten algunas partes en centrales de energía nuclear
con la necesaria eficacia frente a las las alteraciones térmicas.
En medicina, muchas prótesis humanas que se vienen
utilizando son hechas materiales propios de los vuelos espaciales; se
usan aleaciones de hierro, titanio, níquel, magnesio y silicio, con
aplicación en coronas dentales más ligeras y resistentes que las
tradicionales de oro o platino. Diversas aleaciones logradas para el
espacio encontraron aplicación con menor rechazo que sus predecesoras
en este campo. Otras prótesis surgieron directamente de la tecnología
creada para el espacio, como la de esfínter urinario, en un sistema
válido tanto para hombre como para mujer, nacido del Centro Espacial
Marshall sobre una válvula pensada para la sonda marciana Viking y
luego asumido en su desarrollo por tres entidades médicas (sociedad
Parker Hannifin, la corporación Engineering Médical y el Hospital
General de Rochester). La NASA también participa en el desarrollo de
huesos artificiales para implantes de cadera, ensayando con cerámicas
(se ha experimentado con fosfato de tricalcio) con características,
como la porosidad, muy similares químicamente al hueso natural. Un
atleta de paraolimpiadas (Atenas, 2004), el alemán Wojtek Czyz, utilizó
una pierna artificial diseñada por ingenieros de la ESA y rompió con la
misma un récord.
Los sistemas de diagnóstico, eco-análisis,
radiotransmisores, y telemétricas para la retransmisión de datos a
distancia, han venido en ayuda en multitud de aspectos de la vida
médica y también en otros aspectos. Por ejemplo, el sistema de ECG se
empezó utilizando en centrifugadoras de entrenamiento espacial y en los
vuelos y se halló pronto su aplicación, entre otros aspectos, en las
maternidades para controlar los bebés, de modo que si la señal cesa
durante 10 seg se activa una alarma. También las bicicletas ergonómicas
de los astronautas y dispositivos similares tienen su aplicación para
minusválidos y en rehabilitación. Otro derivado son los monitores de
seguimiento del ritmo cardíaco y los sistemas portátiles para respirar
mejor, los microinfusores (PIMS) para diabéticos, sistemas de
desinfección, sondas fibra óptica (del LeRC) para oftalmoscopios (de
utilidad en el diagnóstico precoz de cataratas), etc. Sobre sistemas
utilizados por detectores de micrometeoritos se utilizan detecciones
tempranas del mal de Parkinson. También se han proyectado para fines
espaciales sistemas de transmisión de datos (temperatura, presión, etc)
en una píldora que se puede tragar por parte del astronauta,
simplificando el uso de endoscopios. E incluso se ha desarrollado un
sistema miniaturizado que registra y avisa de los principales
parámetros corporales con aplicación en profesiones de riesgo y en gran
número de enfermos.
En cuanto a los microinfusores citados son un
derivado de la microelectrónica, y en general de los sistemas
miniaturizados, de la NASA. Otro instrumento beneficiado de la
miniaturización es la electrónica del Sonotone para sordos. En las
investigaciones de la diabetes, enfermedad con origen en la falta de
asimilación de glúcidos, y que afecta a millones de personas en el
mundo, se ha logrado un sistema de control de los niveles de azúcar en
la sangre. El sistema inyecta con una microbomba pequeñísimas
cantidades de insulina de forma automática, a partir de las
dosificaciones predeterminadas por el médico. Denominado PIMS, fue
adoptado por varias instituciones médicas y comenzó a probarse en
personas en 1986, luego de pruebas en animales. En 2007 también una
estudiante alemana llamada Nicole Schmiedel utilizó tecnología espacial
en el desarrollo de una pulsera para administrar insulina con una
microbomba alimentada con energía generada por el movimiento del
portador.
Gracias a la tecnología espacial se han derivado
aplicaciones en el campo de las enfermedades cardiovasculares, dando
como resultado sistemas muy mejorados para tomar la presión sanguínea,
instrumentos para hacer ejercicios, imágenes ultrasónicas, marcapasos
autorregulables (no el marcapasos original), detección y tratamiento en
cardiopatías isquémicas, microbombas cardíacas MicroMed-DeBakey VAD
(colaboración de la NASA con el cirujano Michael DeBakey con las que se
permite alargar la espera para un transplante), etc. También se da
lugar a la observación fetal con baja radiación, otras bombas
artificiales, cirugía por microondas, sustitución de tejidos, etc. El
casco espacial utilizado en el programa Gemini americano fue utilizado
como base por la Universidad de Wisconsin para un sistema inhalador
para niños con determinados problemas en la respiración.
En 2002 se estudiaba por parte de la NASA el
desarrollo de entes nanomoleculares, polímeros sintéticos especiales,
para introducir en los glóbulos blancos para detección (mediante
fluorescencia y por estudio de la retina) del daño celular producido
por la radiación e infecciones en el cuerpo de los astronautas,
evitando análisis sanguíneos tradicionales mediante extracciones. Sus
aplicaciones en campos como la oncología ayudaran en la medicina
ordinaria.
Y siguiendo con la respiración, como derivado de las
investigaciones sobre invernaderos espaciales y tras financiación de la
NASA y empresas americanas se construyó un instrumento para eliminar,
filtrando el aire, los agentes patógenos aéreos como las bacterias de
carbunco o ántrax. El sistema fue desarrollado primero para el espacio
y elimina el etileno, C2H4, que producen las plantas (bajo cuya
presencia maduran) con ayuda del colorante inocuo dióxido de titanio,
TiO2, en presencia de luz UV, dando lugar a agua y dióxido de carbono.
Otro aspecto derivado de interés en medicina es el
desarrollo efectuado por la NASA en un biorreactor de un tejido de tipo
cardíaco con la capacidad de latir, inicialmente de solo 3 mm pero que
abre una esperanza en la creación futura de órganos para transplante.
Un nuevo tipo de bomba cardiaca, llamada dispositivo
de ayuda ventricular, utilizada para personas en espera de trasplante
de corazón, fue elaborada por el Centro BeBakey, de Houston, con ayuda
de especialistas en computación de la NASA basando su tecnología en las
bombas de propulsante de los motores del orbitador Shuttle; tal bomba
mide 7,6 cm por 2,54 cm. En 2002 se había probado en más de cien
personas tal bomba sin fallos a partir de noviembre de 1998 (en la
alemana Berlín).
La empresa Carmat, creada por el cardiólogo Alain Carpentier, también ha aprovechado la
tecnología de miniaturización empleada en satélites de
telecomunicaciones para desarrollar un tipo de corazón artificial.
En otro campo, el de la detección precoz de
melanomas también se han proyectado tecnologías procedentes del campo
espacial y astronómico, en concreto de las utilizadas en la detección
de planetas extrasolares que permiten identificar las más mínimas
alteraciones del color de la piel y las irregularidades del crecimiento
celular.
En el campo de la prevención de epidemias, tras
experimentar en el espacio, la NASA desarrolló un dispositivo
denominado AiroCideTiO2, que es una caja destinada a limpiar el aire de
virus o bacterias de ántrax o carbunco, viruela, tuberculosis,
legionela, meningitis, gripe y otros, utilizando dióxido de titanio,
como el propio nombre apunta, y luz UV. Su aplicación está en posibles
ataques terroristas, en quirófanos, edificios diversos, etc.
En la fabricación de prótesis en el espacio en 3D se
ha conseguido un menisco de rodilla humana, logro obtenido por la
empresa Redwire en la instalación BFF en la ISS en julio de 2023
(BFF-Meniscus-2). La microgravedad permite en este caso que las células
formen tejidos “gruesos y complejos” que bajo gravedad, en tierra, no
se logran.
Las técnicas concebidas para el uso militar del
espacio (en concreto para el proyecto SDI) también sirven en la lucha
contra el cáncer. Ha aportado su tecnología, en concreto, en la
detección del cáncer de mama con un sistema basado en el radar;
realizado por el MIT, se trata de un emisor de microondas concentradas
que genera calor y mata las células cancerosas, que tienen un mayor
contenido en agua que las sanas. Igualmente en relación al cáncer de
mama, tecnología tridimensional espacial permite hacer mapas para
reconstrucción de senos y biopsias precisas con aguja. Estas técnicas
de visionado tridimensional tienen igualmente aplicación médica en
otros tipos de tumores previo escaneo de las partes afectadas; con ello
se consigue una imagen mucho más exacta del problema y permite a los
cirujanos ser mucho más precisos en su evaluación y ejecución de
operaciones, evitando el daño a tejidos sanos.
También como consecuencia de tecnología derivada del
mismo proyecto SDI, se ha logrado una óptica que permite ver con
nitidez la distribución de las tres clases de células de la retina
(según sensibilidad a luz de onda larga, media o corta; azul, verde o
rojo, de manera simple), realizando un detallado mapa del ojo interno
mediante la incidencia en el mismo de adecuados rayos láser. Estas
técnicas son de utilidad en oftalmología, en la identificación de
enfermedades como el glaucoma.
Asimismo de aplicación oftalmológica es un
estabilizador creado para una sonda espacial que ha podido ser
utilizado en una clínica de Maastricht (Holanda) para realizar
operaciones oculares de precisión en las que el dispositivo elimina
toda vibración.
Igualmente en el campo de la óptica, pero con
aplicaciones de otro tipo, el JPL de la NASA desarrolló una cámara IR
en 4 frecuencias llamada Quantum Well Infrared Photodetector, con
aplicaciones comerciales y en meteorología, contaminación atmosférica,
estudios agrarios y forestales, etc.
Para comprobar los espejos del satélite astronómico
James Webb se desarrolló una técnica que encontró aplicación óptica en
la medición de la aberración en el ojo y el diagnóstico y búsqueda de
enfermedades en el mismo.
También gracias al desarrollo de tecnología de
satélites meteorológicos y astronómicos se han aplicado en cámaras de
uso ordinario (domésticas, de vigilancia policial, etc.) el sistema
VISAR que filtran y eliminan impurezas, vibraciones o temblores, etc,
hasta limpiar la imagen.
Otro sistema pensado para el espacio y de aplicación
en las búsquedas tumorales es el llamado Sistema Bioscan que localiza
los tejidos enfermos sobre la base de las gradientes térmicas. Un
sistema más derivado identifica los cánceres de piel en fase temprana.
También la telemedicina es otro derivado del espacio
y las mejoras en la protección contra rayos UV en gafas de Sol,
termómetros IR, pastillas antitérmicas y láseres utilizados en
angioplastias y oftalmología para el tratamiento de enfermedades
oculares como cataratas y retinopatía diabética. E igualmente se
utiliza la tecnología de diodos emisores de luz, que en el espacio se
usan para el crecimiento de vegetales, para el tratamiento de heridas o
llagas, quemaduras, y cáncer de piel (Colegio Médico de Wisconsin).
Tales diodos espaciales asimismo son de aplicación en tratamientos para
activar drogas fotosensibles, como el Photrofrin II, contra tumores
cerebrales; resulta de tal modo efectivo en tanto que las drogas son
activadas así sobre las zonas afectadas evitando los tejidos sanos.
Para tratar de superar sus dificultades de personas
con discapacidad, como algunas degenerativas como la esclerosis lateral
amiotrófica, se han podido aplicar tecnologías creadas para ayuda de
astronautas, en este caso de la ESA. Consisten en permitir la
comunicación verbal a través del movimiento ocular con gafas de
realidad aumentada (LusoSpace -portuguesa- a partir de 2008, y LusoVu
más tarde; gafas EyeSpeak). Tales gafas llevan altavoces en las
patillas y, además de la traducción, permiten hasta navegar por
Internet y otras aplicaciones.
En telemedicina, la NASA ensayaba en 1993 (21 de
junio) con vistas a futuras posibles operaciones quirúrgicas en el
espacio con dirección desde tierra un sistema vía satélite. Desde un
centro en el JPL de California probaba a operar simuladamente a un
cerdo artificial con un hígado real trasplantado en el Politécnico de
Milán, a 12.000 Km de distancia. Se utilizan técnicas tridimensionales
y guantes con realidad virtual. La operación se hizo utilizando una
ecografía y una incisión punzante en el hígado, seguida de otra, e
introduciendo luego dos cánulas con instrumental endoscópico-óptico.
Luego, se usaron pinzas y tijeras y se practicó una biopsia. Más tarde
se hizo una simulación de extirpación tumoral y se cauterizó y cosió.
El resultado fue un éxito y estos ensayos de la NASA se esperaban que
propiciaran en el futuro habilitar furgones o ambulancias de
intervención inmediata capaces de permitir operaciones a distancia.
En el campo de la telemedicina se ha tomado como
referencia el brazo mecánico Canadarm2 de la ISS y su mano llamada
Dextre. Así, la empresa canadiense MDA ha desarrollado el sistema
articulado NeuroArm para la realización de intervenciones quirúrgicas
robotizadas, que siguiendo los criterios del equipo del Dr. Sutherland
de la Universidad de Calgary, incorpora a la vez tomografía por
resonancia magnética en el mismo tiempo de las intervenciones en
neurocirugía. Con este equipo se facilitan imágenes de muy alta
resolución en tres dimensiones al cirujano, lo que le permite una
precisión desconocida antes, y una superior sensibilidad táctil en la
operación gracias a sensores. El sistema NeuroArm se estrenó en mayo de
2008 y ha sido premiado en 2012, y distinguido tal doctor por la propia
NASA.
Otros equipo derivado de la tecnología espacial los
mismos brazos robóticos es el KidsArm para intervenciones pediátricas.
Además, aplicando la tecnología espacial para el examen
desde tierra a astronautas de la ESA en órbita, se ha posibilitado
hacer ecografías a distancia, permitiendo que un pequeño hospital, o
una empresa, que no tenga el equipo principal adecuado pueda disponer
del mismo como una terminal, sin necesidad de llevar al paciente al
centro principal. En Francia, este sistema llamado TESSA lo ha adaptado
la empresa AdEchoTech de Vendôme.
Un aparato portátil de rayos equis fue desarrollado
en el Centro Goddard de la NASA para la realización de exámenes médicos
de urgencia. Fue denominado Lixiscopio y es en realidad un analizador
de rayos equis para usos médicos múltiples, si bien también tiene
aplicaciones tecnológicas (para análisis de soldaduras, etc).
Una enfermedad de la piel denominada xeroderma pigmentosum,
que impide a quien la padece su exposición a los rayos solares, debido
al efecto de los rayos UV, ha encontrado en la tecnología espacial
trajes adecuados de protección envolvente. Estas situaciones son de
extrema consideración en los casos de niños. Como sea que el traje
comprende hasta guantes y protección para la cabeza, además de gafas
también especiales, un sistema refrigerador complementario permite a
los usuarios hasta 4 horas de autonomía para poder estar en ambientes
exteriores. Una fundación con la colaboración del Centro Espacial
Johnson de la NASA financia para niños estas vestimentas, que vienen a
costar unos 2.000 dólares (1999). En 1997, 2 hermanos británicos (Kyle
y Ryan Richards) con el síndrome polimórfico de reacción a la luz, que
les produce sarpullidos en la piel, se beneficiaban también de un
modelo de este traje para poder hacer vida casi normal. Por entonces,
se calculaba que el número de personas afectadas en el mundo de este
mal era de unas 2.000. También la ESA europea, en cuyo ámbito había en
2003 unas 300 personas, mayormente niños, con estas características, ha
creado un traje al respecto dentro de su Programa de Transferencia
Tecnológica; tal traje incluye, por supuesto, un casco con visor de
policarbonato y cuenta con sistema de refrigeración para utilizar si es
necesario. El primero de estos trajes europeos fue probado por un
francés y otro por un británico.
También el traje espacial inspiró otro especial
confeccionado por la NASA para personas con insuficiencia inmunológica
y que de otro modo tienen que vivir en cámaras o cápsulas
esterilizadas. Uno de estos primeros trajes fue hecho por la NASA y el
Hospital Infantil de Houston en goma, plástico y nylon, con un costo de
20.000 $ (algo más de 1.500.000 pesetas) de 1977 para un niño de Texas
llamado David; el costo resultaba entonces elevado por ser el
prototipo, pero se esperaba que se pudiera confeccionar por la décima
parte en casos sucesivos.
El desarrollo de tecnología para trajes espaciales,
con componentes tales como circuitos impresos flexibles pero
garantizados, textiles con electrónica incorporada, telas inteligentes,
etc., posibilita aplicaciones en el campo de la vida ordinaria, sobre
todo para personas necesitadas de controles biomédicos. Cabe destacar
aquí el proyecto StarTiger de la ESA desarrollado inicialmente por los
europeos para dotación de los futuros trajes iderales.
También el Nomex de los citados trajes ha hallado
aplicaciones en ropas protectoras, como por ejemplo para evitar los
efectos de las chispas al soldar, siendo adoptado por la empresa
noruega Björn Borg.
Otro tipo de tejido aislante espacial ha dado lugar
en su modo evolutivo a ropa térmica ordinaria. La empresa Columbia
Sportswear de Portland, Oregón, ha confeccionado un tipo de chaqueta
con un material que soporta entre 121ºC y -156ºC, y que es no solo más
caliente sino también más ligera y transpirable. El material fue
llevado a la Luna (sonda IM-1) como aislante con la denominación de
Omni-Heat Infinity. Se trata de una multicapa de papel de aluminio
separadas por malla de poliéster. De revestimiento de color dorado o
plateado, se fabrica con ayuda de la impresión digital para fijar el
adhesivo que combina las capas con tela y que luego se somete a un
horno para hacer sólida la tela y durable el aislamiento; el
revestimiento dorado busca evitar la abrasión y la oxidación.
Un sistema utilizado por la NASA en medicina
espacial, el llamado “biorreactor rotativo”, se dio para
comercialización a través de la empresa StelSys de Baltimore, Maryland.
El sistema sirve entre otras cosas para la producción de biomoléculas,
vitamina D3 para usar los que se someten a las habituales diálisis, y
cultivos de enfermedades infecciosas para su mejor estudio.
En el aspecto psicológico, en 2011 se anuncia el
propósito de la empresa Frace Telecom de someter en Francia, España y
Polonia, a su personal directivo a cursos de astronautas como medio
para evitar suicidios; tal empresa tuvo 60 casos de suicidio en 4 años
y con el sistema espacial pretende formar psicológicamente a su
personal ante situaciones de tensión extrema, mejorando su mentalidad.
Se apuntaron a los cursos, aproximadamente, la mitad de los dirigentes
de la empresa.
Gracias a la tecnología espacial de teledetección se
desarrollaron sensores para el análisis de tierras y cultivos
vitivinícolas del valle de Napa en California a fin de mejorar las
cosechas de forma más rápida y eficaz.
Y de igual modo, gracias a imágenes digitales, los
medios de la NASA permiten obtener desde aviones ligeros fotografías de
cafetales (isla de Kauai, Pacífico) con las que se pueden evaluar las
cosechas y mejorar finalmente la producción.
Por cierto, volviendo a los vinos, la NASA
desarrollaba en 2004 una sensible nariz electrónica destinada a captar
sustancias peligrosas en la ISS, tal como fugas de amoníaco o
simplemente humo de alguna cosa quemada. La aplicación de tal sistema
electrónico, existente ya para entonces, en la vida común es notable,
pero la NASA debía lograr una sensibilidad récord con el mismo.
Asimismo, como resultado del desarrollo por la
empresa NTE para el programa Melissa de la ESA de un sensor con fines
espaciales, el mismo pudo ser empleado desde principios de 2002 por la
bodega de vinos catalanes Freixenet para controlar el crecimiento de la
levadura en el proceso de fermentación de sus vinos espumosos, logrando
así una mayor calidad. El sensor tomaba como referencia las propiedades
de tipo eléctrico de los caldos en vez de las referencias ópticas
anteriores que resultaban menos precisas en concentraciones elevadas.
En la búsqueda de la miniaturización de aparatos y
sistemas para naves, sondas y satélites, para posibilitar un menor
coste en los carísimos lanzamientos, los organismos espaciales,
principalmente la NASA, han establecido acuerdos con otros entes para
el desarrollo de la nanotecnología, con sus nanocápsulas, posibilitando
aplicaciones en otros campos. Por ejemplo, en abril de 2000, la NASA
firmó con el director del Instituto Nacional americano del Cáncer un
acuerdo para el desarrollo de métodos nuevos en el tratamiento de
determinadas patologías con diminutos sistemas robotizados que pueden
ser introducidos en las arterias; su aplicación concreta permitiría
realizar diagnósticos más precisos, reducir intervenciones quirúrgicas,
servir de vehículo directo para determinados medicamentos, etc. La
creación de sensores biológicos, componentes biotelemétricos,
desfibriladores para arritmias, etc, también tiene, por supuesto, su
aplicación en la propia medicina espacial. También el desarrollo de
miniturbobombas ha encontrado aplicación en corazones artificiales. Las
microcámaras han hallado aplicación en otros campos además de la
medicina, como en el automovilismo y hasta en juguetes. También se
miniaturizaron los microondas domésticos para evitar peso a llevar por
las naves, de modo que nuestro microondas doméstico es otro de los
subproductos derivados del espacio.
En automovilismo, además de aplicar las aleaciones
espaciales, entre otras cosas para rebajar peso y aumentar resistencia,
la tecnología de la NASA ha permitido también el desarrollo del
Sepcarb, sistema de frenado que usa el carbono y que usan la mayoría de
los Formulas 1; también programas informáticos creados con motivo de la
producción espacial hallan su aplicación en el mundo del automóvil para
la creación de prototipos. Y de las ruedas de los rover lunares,
desarrolladas por la Goodyear, se hicieron neumáticos radiales. Otra
aplicación en el mundo del automóvil la facilitó la NASA con pistones
de gran rendimiento, más resistentes y menos pesados, para motores
fabricados en carbono-carbono, como la parte más resistente del escudo
térmico del Orbiter Shuttle. Y además, gracias a los sistemas de
navegación (como el GPS o el Galileo), los automóviles dotados de los
mismos en caso de robo, avería o accidente pueden ser localizados al
facilitar las coordenadas (longitud y latitud; también la dirección y
velocidad en marcha) a una centralita de control que se puede poner en
contacto con los correspondientes servicios de asistencia o policía,
amén de servir como sistema primordial de ayuda en la navegación aérea,
marina y terrestre. Y de estos sistemas, solo el Galileo se calculó que
generaría 150.000 puestos de trabajo y se cree que en el año 2.020
tenga más de 3.500 millones de usuarios en todo el planeta.
En los trajes de los mecánicos de carreras de coches
(escudería McLaren) se dispuso un sistema refrigerador y antifuego
basado en tecnología desarrollada para los astronautas de la ESA. La
ESA, bajo el programa de transferencias tecnológicas, había permitido
150 aplicaciones desde 1991, dando lugar a 2.500 puestos de trabajo nuevos.
La Fórmula 1 y en otros variados ámbitos del
automovilismo y la aviación también se aplica el material de goma
denominada NOAX, que fue desarrollado por Alliant Techsystems para la
NASA para sellar en emergencias resquebrajaduras y grietas en las
losetas térmicas del Orbitador Shutle tras el trágico accidente del
Columbia. La principal cualidad del material utilizado de relleno y
llamado también SMP-10, que es un polímero fabricado inicialmente por
la empresa Starfie Systems, es su capacidad de resistencia térmica. El
material usado comercialmente es llamado STARPCS.
En el Rally Dakar 2003, el piloto Henri Pescarolo en
un Nissan Terrano llevó diversas tecnologías derivadas del espacio.
Entre otras: comida de astronautas, y bebida en una caja
auto-refrigerada; protección térmica en el tubo de escape con técnicas
derivadas de las usadas en el Ariane; sistema refrigerador en el
habitáculo (importante al tener de recorrer el desierto) y en los
cascos. Un sistema de refrigeración espacial Ariane aplicado aquí hace
bajar en solo 2 min la temperatura de 22º a 2ºC.
Una bebida creada para rehidratación de los
astronautas por el fisiólogo John Greenleaf del Centro Ames de la NASA
ha sido autorizada por ésta en 2009 para su comercialización pensando
en un mercado de deportistas y trabajadores que tengan que realizar
esfuerzos físicos o estar sometidos a mucho calor. El nombre comercial
que se le ha dado es el de "The Right Stuff".
La ESA, en combinación con la empresa Nuon y la
Universidad holandesa de Delft, igualmente en este campo de la
automoción, puso entre 2000 y 2002 a punto un coche llamado Nuna
recubierto de 7,8 m^2 de células solares de las utilizadas por
satélites que alcanza los 100 Km/h, siendo el voltaje de 168 voltios.
Pero su costo es entonces de 1.300.000€, de los que un millón son solo
las células. El vehículo pesa 250 Kg (casi la cuarta parte de un
automóvil corriente), de los que solo 12 corresponden al motor, y mide
5 m de largo por 1,8 m de anchura, estando construido en fibra de
carbono y kevlar. Su coeficiente aerodinámico es de solo 0,1 (1/3 de lo
normal). El Nuna participó en una carrera de coches solares (entre
Darwin y Adelaida, Australia, noviembre de 2001) y ganó con soltura.
Sin embargo, su destino sería el desguace para utilizar algunas partes,
especialmente las células solares, en el siguiente prototipo.
Por su parte, el centro alemán aeroespacial DLR puso
a punto en 2012 un prototipo de automóvil eléctrico inteligente llamado
RoMo, o RoboMovil, una de cuyas peculiaridades es el movimiento
independiente de cada una de sus ruedas y la posibilidad de girar 360º,
pudiendo avanzar incluso en diagonal o de lado, cosa que hace para
apartar, además de poder sortear desniveles del terreno, baches
incluidos.
También en el mundo del motor, y no solo de
automóviles sino también de barcos u otros vehículos, gracias a una
nueva aleación muy resistente al desgaste y a las altas temperaturas,
creada por el MSFC de la NASA bajo la denominación MSFC-398, se pueden
reducir las emisiones de gases contaminantes y rentabilizar más el
combustible. Es más de 3 veces más resistente que las aleaciones de
aluminio y es material de fundición.
Y en el transporte por ferrocarril: la tecnología
creada en simuladores de la reentrada atmosférica de naves o satélites
ha servido para hacer un sensor para inspeccionar frenos de trenes de
cercanías por parte de la empresa alemana Deutsche Bundesbahn.
El estudio espacial de zeolitas (del griego, “piedra
que hierve”), materiales porosos que pueden actuar como esponjas para
retener hidrógeno por ejemplo a utilizar como combustible, permitirá en
el futuro el uso de tal elemento en sustitución de los hidrocarburos,
proporcionando una energía más limpia ya que como subproducto solo
proporciona vapor de agua. El problema del hidrógeno líquido es su
elevada volatilidad y crea por ello problemas de almacenamiento. Con
los estudios espaciales de las zeolitas, de las que se encuentran en
estado natural en cantidad de 5 decenas, se podrá en el futuro lograr
el almacenamiento del hidrógeno y su aplicación luego en tierra como
combustible limpio y barato. Tal estudio espacial se basa en la
observación del crecimiento de cristales de las zeolitas a fin de
lograr con las mismas una máxima capacidad de almacenamiento del
hidrógeno.
E igualmente en aspectos industriales existen un
gran número de aplicaciones del espacio, tal como aislantes térmicos,
contra la corrosión, mecanismos electroelevadores y de frenado,
rodamientos electromagnéticos, bombas, material para filtros,
aleaciones, revestimientos, precisión de colores en la industrial
textil, etc. Los soviéticos aseguraban en 1989 que gracias al proyecto
Energía-Buran se habían creado unas 600 innovaciones en todo tipo de
tecnologías; según ellos, solo en materiales de construcción se
generarían rentas de 10.000 millones de rublos. En el citado sistema se
utilizaron nada menos que en torno a las 2.000 piezas que funcionaban
sin lubricantes, en seco, lo cual indica la necesidad de su fiabilidad
en la fricción ante el desgaste.
El propulsante tetróxido de nitrógeno, tóxico y
peligroso, que utilizan los cohetes ocasiona nubes de vapor de iguales
tan poco recomendables características, de modo que se utiliza para
precipitarla hidróxido de sodio. El resultado es un líquido, dióxido de
nitrógeno, que se puede manipular, si bien no resulta muy seguro, que
la NASA y la USAF reconvierten en un programa para fertilizantes
agrarios.
Otro propulsante, el sólido de los SRB Shuttle, en
el proceso de llenado, siempre sobra un porcentaje de seguridad y una
vez solidificado este sobrante es inutilizable para los motores. Con el
mismo se proyectó su quemado sobre las peligrosas minas antipersonales
que hay por países de todo el mundo, de modo que las perfora y anula,
quemando el explosivo que llevan, pudiendo ser luego retiradas sin
peligro.
A finales del Siglo XX, empresas rusas y una
americana trabajaban en la puesta a punto de un generador eléctrico de
células de combustible, el mismo sistema de tecnología de las naves
espaciales americanas y también del Buran soviético, de producción
limpia, puesto que como subproducto aparece agua. Tales generadores
electroquímicos comercializados se proyectaron de hasta 100 kW, según
modelos y con vistas a su uso en estaciones o habitáculos submarinos,
mineros, sistemas móviles para transporte, etc.
Con la expresa finalidad de producir agua mediante
el reciclaje de cualquier líquido adecuado para el caso, también la
tecnología espacial permite el desarrollo de dispositivos para su
aplicación en zonas de escasez o desérticas. La NASA experimentaba un
instrumento de éstos en 2005 con un coste productivo de un céntimo de
dólar el litro de agua.
En cuanto a la ayuda espacial en la arqueología cabe
citar, por ejemplo, el hallazgo de una inglesa de las ruinas de una
ciudad del Siglo X al noroeste de Camboya, cerca del lugar de interés
arquitectónico de Angkor Wat. Hacia 1998, la NASA aportó su tecnología,
consistente en un radar de apertura sintética desarrollado por el JPL
que consigue imágenes tridimensionales, sobre un DC-8, y se estudió la
citada Angkor para averiguar cosas de la civilización que allí habitó
en el siglo XII y en donde existen unos 1.000 templos. Por entonces,
las ruinas de tal ciudad están tomadas por la tupida vegetación
selvática. Estas técnicas también son utilizadas directamente desde el
espacio por satélites y naves tripuladas. En 2004 se informaba del
hallazgo de canales de irrigación maya, también gracias a fotografías
del satélite IKONOS. Hacia mediados de 2006 igualmente se daban a
conocer otros restos también mayas gracias a más imágenes espaciales
comerciales.
Sobre Costa Rica, en torno al volcán Arenal, se
halló con fotografías obtenidas en 1984 con instrumental hecho para un
satélite una red de caminos de hace 2.500 años tapados por cenizas
volcánicas. Luego, arqueólogos de la Universidad de Colorado hallaron
en las excavaciones de la zona casas, herramientas y cerámicas.
Posteriormente, con ayuda del satélite Ikonos se volvió a fotografiar
estas áreas y se hallaron más detalles para continuar los trabajos
arqueológicos.
En mayo de 2011 se informa del hallazgo (Universidad de Alabama) de los
restos enterrados de 17 pirámides de las que no se tenía conocimiento
gracias a la teledetección IR por satélite sobre Egipto. Además
aparecieron más de mil tumbas y otros miles de yacimientos.
En el noviembre del mismo 2011 se publica acerca de
los restos de una antigua civilización en el sur de Libia, la llamada
de los “garamantes”, que gracias a fotografías de satélites se habían
podido identificar cerca de cien antiguas villas y fortificaciones de
hace más de 1.500 años perdidas en el desierto.
En marzo de 2012 se da a conocer que se habían
identificado nada menos que 14.312 asentamientos prehistóricos con
ayuda del satélite Terra de la NASA. La mayoría se localizaron en el
Norte de Siria y datan de hace unos 8.000 años.
En este campo arqueológico existe además una
plataforma en Internet llamada GlobalXplorer para que cualquiera pueda
examinar imágenes de satélites y buscar lugares de posible interés.
Sitio: https://www.globalxplorer.org/
En geografía, la ayuda de los satélites ha pasado a
ser fundamental. Sirva como ejemplo que los chinos averiguaron en 1996
gracias a sus satélites que el censo de islas de su nación era en torno
a las 5.000, nada menos que 2.000 más de las estimadas antes. Y el
número de hectáreas cultivables del país resultó ser de 125.300.000,
saliendo la cuenta en 20.700.000 más de las que se creía tener
anteriormente.
Gracias a las fotografías tomadas por los satélites
americanos del programa secreto militar Corona, a su desclasificación,
se pudieron identificar los antiguos caminos y rutas comerciales en
Oriente Medio de hace miles de años.
En el estudio de la Síndone de Turín, o Sábana
Santa, dado a conocer en septiembre de 1977, se utilizó instrumental
americano de investigación espacial e informática; se trata del llamado
VP-8 usado para el análisis de las fotografías de suelo marciano y
otros lugares. Investigado en tal sentido por parte de la USAF y la
NASA se determinó que la famosa sábana, que se supone que envolvió el
cuerpo de Cristo no había sido pintada, en cuanto a las señales que
tiene que carecen de direccionalidad, lo cual descarta falsificación a
pincel. También se determinó que las manchas daban una imagen de
tridimensionalidad y todo el conjunto no estaba originado por contacto
sino por una radiación no determinada o desconocida que parece
procedente del propio cuerpo que la sábana envolviera ¿..?.
También en el campo de la informática, instrumental
originariamente diseñado por la NASA permite su adaptación a
ordenadores que imitan los procesos mentales humanos basados en las
conexiones de células cerebrales. Las aplicaciones permiten avances en
tal materia aumentando las capacidades de procesamiento de ordenadores
domésticos así como en otras áreas como la del entretenimiento. El
interés de este desarrollo por parte de la NASA hay que buscarlo en su
aplicación en autocontrol de sondas espaciales, basado en imágenes, que
no es posible controlar en tiempo real cuando están a gran distancia.
En este caso tal diseño fue realizado por el BioInspired Technology and
Systems Group para el JPL y con el mismo se logró una velocidad de
procesamiento de un billón de operaciones por segundo, y además con un
consumo mínimo de 8 vatios. Los mismos ordenadores portátiles son
también otro producto nacido al amparo de la tecnología espacial.
Los paneles solares, tan extendidos en nuestra vida,
son el resultado del desarrollo de los satélites artificiales. Citar su
importancia como energía alternativa es obvia.
Aleaciones de aluminio y otros metales, compuestos
de materiales plásticos, etc, creados y desarrollados para el espacio
han hallado en la aeronáutica su aplicación. También se aplican en
automovilismo. Sobre todo en este último caso, los materiales
cerámicos. Uno de los primeros productos fue el pyroceram, creado para las proas de
los misiles americanos, material que resulta de gran resistencia
mecánica y térmica.
También el primer lenguaje de ordenador, el FORTRAN,
fue desarrollado en realidad para cálculos de trayectoria de misiles
(por John Backus a partir de 1954).
Y del lenguaje informático a los idiomas verbales.
Como resultado del programa conjunto ruso-estadounidense Apollo-Soyuz
de 1975, la NASA encargó a LATSEC Co. y World Translation Company de
Canadá un sistema de traducción automática que fue llamado SYSTRAN II.
El mismo ha sido posteriormente extendido y perfeccionado y está hoy
disponible en varios idiomas para usos ordinarios de gran ayuda a todos
los niveles.
Otras aplicaciones se han hallado: en el campo de la
construcción, o sea, en la arquitectura; en el de la óptica con
antirreflectantes para todo tipo de gafas; en un conmutador por
movimiento ocular con varios fines médicos y otros; en el de las
cámaras fotográficas con renovados zooms, más pequeños pero igualmente
efectivos; en las cámaras de los teléfonos móviles (CMOS) que proceden
de sensores miniaturizados para cámaras espaciales; en la vestimenta de
profesionales, pilotos deportivos,
dobleces de las botas de esquí, guantes protectores para el fuego,
etc., con materiales más cómodos, resistentes, aislantes, etc.; en
hornos de fundición; en el diseño de sujetadores (Universidad de
Loughboroug, Inglaterra) con medidores láser; la doméstica sartén de
teflón es un material que es un subproducto espacial o el material
vitrocerámico; el kevlar, de gran resistencia es de aplicación en
blindajes de todo tipo, chalecos antibala, etc.; en aeronáutica el ala
oblicua es un logro llegado gracias al espacio; el parapente,
desarrollado en los años 50 por los americanos pensando en un
paracaídas para naves espaciales; programas informáticos en cálculos de
perfiles, diseños aerodinámicos, etc.; también se han hallado
aplicaciones en productos como bolígrafos (Roller Ball) que escriben
inclinados hacia arriba, pilas, el código de barras (patentado en 1952
pero extendido gracias al programa Apollo), materiales como el
pegamento Superglue, liofilización de alimentos, el termómetro digital,
pinturas anticorrosión y productos protectores para monumentos,
barnices antirrayado, células solares, máquinas expendedoras,
destornilladores eléctricos, aspiradoras, detectores de humo,
zapatillas deportivas, zapatos que transpiran, diseños de palos de
golf, cascos y gafas de cristal resistente al rayado, cascos de
plástico Lexan irrompible, y áreas como las comunicaciones,
meteorología, en estudios de interés forestal, ecológico, urbanístico,
topográfico, geológico, agropecuario, biológico, en estudios sobre
contaminación y polución atmosférica, electrónica, joysticks, óptica,
sistemas miniaturizados de televisión, detectores de sustancias que
identifican la frescura de los alimentos, materiales aislantes de
resinas y la poliamida Solomide, industria de la soldadura, cantería,
química del petróleo y otras, sistemas de riego agrario, vestimenta
especial (por ejemplo, trajes o monos para pilotos de Formula 1,
bomberos y otros), sensores de polvo en aspiradoras, etc., etc.
En cuestión de programas informáticos, la NASA hizo
entrega gratuita a la Open Channel Foundation de más de 200
aplicaciones de diversas áreas; física, astrodinámica, ingeniería, etc,
para su posible utilización en otros aspectos cotidianos.
Para monumentos, o simplemente para protección de
exteriores, el GSFC de la NASA creó el producto IC-531 con el fin de
proteger de la corrosión, tanto marina como por efecto de los
lanzamientos, las torres e instalaciones de Florida. El citado
producto, no tóxico ni inflamable, es de rápida aplicación, buen
adhesivo y gran resistencia al desgaste. Sirvió para que, entre otros,
la Estatua de la Libertad fue impregnada del mismo.
Otra tecnología surgida en un centro espacial
(Marshall de la NASA, con creación de Frank Nola) tuvo su aplicación en
motores de corriente alterna para el permanente control de la carga y
una importante economía de la energía; se logra reducir la pérdida
eléctrica hasta en un 50 % en motores monofásicos pequeños. Además, tal
aplicación resultó ser útil también en otras facetas de estos motores.
En el campo de la fotografía, en la nueva técnica
digital, la NASA desarrolló la denominada Retinex Imaging Processing
sobre labores efectuadas en su centro Langley, y mediante lo cual se ha
mejorado notablemente el tratamiento de imágenes, permitiendo adecuar
brillo, contraste y otros parámetros fotográficos de forma automática o
bajo control de usuario pero de forma sencilla. La comercialización le
fue concedida a la TruView Imaging Company.
Las cámaras de alta resolución concebidas para el
uso espacial han servido también para combatir en la parte central de
América al insecto que transmite la tripanosoma
que provoca la enfermedad de Chagas y de lo que mueren anualmente miles
de personas.
También han resultado efectiva y determinante la
información de satélites sobre lluvias, humedad del suelo y vegetación,
como los SMOS, Aqua, Terra y los Sentinel, entre otros, para alertar de
la formación de plagas de langosta en África.
En el campo de enfermedades transmitidas por
mosquitos, como el Ochlerotatus Japonicus, en Europa, la ESA tiene en
2012 el plan llamado VECMAP para mapear su distribución en el viejo
continente. Los datos básicos a recoger se refieran a vegetación,
temperaturas y humedad del suelo, factores obtenidos por satélites de
observación terrestre.
Especialmente hay que citar la repercusión en los
campos militar y de la aeronáutica, de la que a su vez también han
salido importantes subproductos; principalmente ve su incidencia en el
apoyo a la navegación e instrumental electrónico diverso (radares,
acelerómetros, pilotaje automático, etc), alguno de los cuales sirve
para facilitar el aterrizaje en aeropuertos en condiciones de baja o
escasa visibilidad, con sistemas informatizados y de visión virtual que
toman datos de la posición con sensores-transmisores colocados en la
pista.
Para la navegación aérea, las investigaciones
tecnológicas de la NASA, en concreto de su centro JPL, lograban hacia
2002 un sistema de localización llamado sistema NASA Global
Differential GPS, que tiene 10 cm de precisión horizontal y 20 cm
vertical, lo que supone una mejora muy notable respecto a los
anteriores medios. El sistema es apoyado con más de 30 estaciones
terrestres GPS.
Precisamente un sistema de aeronave sin piloto,
dirigido por control remoto, diseñado con la tecnología de la NASA
encontró entre otras la aplicación en el combate contra con los
incendios forestales sin el peligro de tener que llevar personas; el
Altus II, desarrollado por la San Diego General Atomics Aeronautical
Systems, fue presentado por la NASA a principios de septiembre de 2001
en Los Ángeles siendo destinado a sobrevolar incendios y obtener
imágenes IR, retransmitiéndolas, para orientar a los bomberos.
En el Centro de Investigación del Vuelo Dryden de la
NASA se desarrollaba en 2001 un ala nueva, inflable con nitrógeno a
presión, llamada I-2000. El prototipo ensayado tenía alas de 1 m de
longitud y se inflaba en menos de un segundo. Este ala se pensó
utilizar para el avión cohete X-24-A.
Otro resultado de la actuación tecnológica de la
NASA (Centro Langley) en cooperación con la compañía privada Ballistic
Recovery Systems es la consecución de un sistema de paracaídas
específico, de solo 20 Kg de peso, para avionetas o aviones menores en
situación de emergencia. Tal paracaídas puede hacer aterrizar en caída
libre tales aparatos y evitar que se estrellen. Su proyecto fue
iniciado en 1994 y el paracaídas, al ser utilizado, es liberado con
ayuda de un pequeño cohete. Es operativo a partir de una altura de solo
unos 100 m. Su primer uso en un caso real, tras 155 ensayos, ocurrió en
octubre de 2002 y salvó de la destrucción a una avioneta y posiblemente
la vida del piloto.
También el espacio supuso el desarrollo o extensión
de otras cosas ya existentes como medios, instrumentos o materiales
como el Velero (creado en Suiza en la década de 1940), el ala delta, el
tratamiento de alimentos y refrescos deshidratados, tostadoras,
transmisores-receptores miniaturizados, gafas plegables, nuevas
válvulas, bombas y componentes diversos automatizados, perforadoras y
taladradoras portátiles, pañales, teléfonos portátiles, relojes
digitales, calculadoras electrónicas, el material aerogel y otros
aislantes, sillones de relajación, sistemas de reciclaje de basura,
potabilizadoras de agua, abonos y sustratos tratados para
mini-plantaciones, pasta de dientes de lavado en seco que luego se
traga, etc. Entre los materiales aislantes derivados del espacio están
la manta térmica y el comercializado desde 1993 (en España desde 1997 y
es llamado Tempro, de Advanced Products), que conserva el nivel térmico
del ente de que se trate (sea calor o frío) durante 12 horas sin más
variación debida al nivel térmico exterior de un máximo de 0,5º por
hora.
El Aerogel, que data de principios de los años 30
del Siglo XX, fue perfeccionado en sus propiedades térmicas 50 años más
tarde con ayuda de la NASA, dando lugar al material aislante más ligero
que se conoce (solo pesa 3 veces más que el aire) y trasparente del
todo; es, además, cien veces más aislante que el vidrio, si bien es
también muy frágil y se deshace en contacto con los líquidos, razón por
la que ha de ser impermeabilizado en sus capas externas.
En los Estados Unidos, en los años 90, había
diversas entidades o departamentos relacionadas con aplicaciones y
tecnología espacial: el Centro de Aplicaciones Comerciales de
Combustión en Espacio, la Escuela de Minas de Colorado, en Golden
(cerámicas, semiconductores, etc); en la Universidad de Colorado en
Boulder (bioproductos); en la Universidad de Aurburn, en Aurburn,
Alabama (termofísica, etc); Universidad de Alabama en Hunstville
(materiales para electrónica); en la Universidad de Alabama, en
Birmingham (crecimiento de cristales); en la Universidad de
Wisconsin-Madison (tecnología y material farmacéutico y agrario); en el
Instituto de Investigación Medioambiental de Michigan en Ann Arbor
(material diversos para la industria); en el Space Vacuum Epitaxy
Center de Houston, Texas (técnicas de ultravacío para procesamientos
ultrapuros); en el Instituto Politécnico Worchester, en Massachussets,
y los centros de la NASA en Hampton y Huntsville, o sea, el LaRC y el
MSFC.
La NASA y unos 50 centros de desarrollo comercial
del espacio promueven las aplicaciones del espacio y tratan de
involucrar a todo el sector industrial y comercial en ello desde 1985,
en que la primera inició el correspondiente programa. Tales centros,
generalmente universidades e institutos americanos reciben subvenciones
de la NASA y la ayuda de la industria del sector.
En Europa, la ESA también dispuso un departamento
propio para vender la tecnología que se derivara de las aplicaciones
espaciales y en España se creó, como intermediaria de la ESA, la
llamada TGI, Tecnología de Gestión de la Innovación, dentro de la SEPI,
Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, con misión de ser una
consultora tecnológica y de gestión e ingeniería avanzada en los campos
de la electrónica y las comunicaciones; la TGI contaba en 1999 con una
plantilla de 40 empleados y facturaba 600 millones de pesetas, siendo
los beneficios de 18 millones.
En 2008 el número estimado de tecnologías aplicadas
en nuestra sociedad derivadas del espacio era de unas 1.500.
Las aplicaciones tecnológicas espaciales
se centran principalmente en los satélites así denominados, de
aplicaciones. Es decir, son aquellos que utilizan una tecnología
conocida con fines generalmente comerciales o de servicios
gubernamentales, incluidos los militares. Son los satélites de
telecomunicaciones, meteorológicos, de localización de recursos
naturales, de navegación (GPS, Galileo, etc.), militares de vigilancia
u observación, de ayuda o apoyo a la navegación marítima o aérea,
observaciones arqueológicas, etc.
Los satélites de telecomunicaciones y meteorológicos
por su implicación diaria en la vida cotidiana son suficientemente
conocidos en su trascendencia. Los de navegación, recursos naturales y
militares, de uso menos extendido pero trascendentales para muchos
profesionales, suponen grandes avances en los recursos económicos y de
seguridad de las naciones, tanto en el aspecto militar como contra
catástrofes naturales. También los satélites GPS, de posicionamiento
global, para señalar posiciones de personas (con interés particular, de
policía, penitenciarios y preventivos con seguimiento de personas en
libertad condicional o de libertad limitada, asistencias médicas
varias, guía de ciegos, etc.) o vehículos, son una aplicación que en
realidad se deriva de la tecnología militar de los misiles. Además, el
sistema Galileo se calculó que generaría 100.000 puestos de trabajo. El
volumen mundial del mercado de radionavegación por satélite se estimaba
en 2004 en 20.000 millones de euros, estimación que se calcula para
2020 en 300.000 millones y 3.000 millones de receptores/usuarios en
todo el planeta.
Precisamente para ciegos, un sistema de orientación
por satélite se probaba y presentaba en noviembre de 2002 por la
empresa española GMV (proyecto Tormes) para la ONCE. El mismo permite
informar vía sonido del lugar de ubicación en todo momento en una
ciudad por el sistema GPS con un miniordenador con teclado en Braille y
sintetizador de voz denominado Sonobraile. El sistema GPS por si solo
no resulta del todo útil ya que los edificios altos en las calles
producen a veces una disminución de la precisión a solo unos 40 m. Por
ello se hace preciso un sistema complementario.
Con las tomas de imágenes y mediciones por radar
desde una órbita se han confeccionado planos y mapas de varios tipos.
Gracias a una misión Shuttle en febrero de 2000, se confeccionó lo que
se llamó el primer mapa topográfico mundial digital en 3 dimensiones;
en realidad lo fue del 80 % de las tierras del planeta, el área
cubierta por la órbita entre los 60º de latitud Norte y los 56º de
latitud Sur. En el verano de 2001, a la salida de tal mapa, se anunció
que sería 100 veces mejor que cualquier otro de tal tipo, con una
resolución horizontal de 20 m y una vertical de 16 m. Todo el mapa
ocupaba 12 Terabytes de información, equivalentes a 20.000 CD de la
época. Las aplicaciones de estos mapas se encuentran por ejemplo en los
operadores de telefonía móvil, en la enseñanza, etc; y por supuesto
otros de mayor resolución no liberados por los americanos son de su uso
militar exclusivo.
En meteorología por ejemplo, gracias a la tecnología
espacial, en la India se han salvado la vida a varias decenas de miles
de personas ante la llegada de devastadores tifones o tornados, así
como en otras partes del mundo ante la llegada de huracanes.
También se pueden salvar vidas con la detección
desde el espacio de terremotos y tsunamis, si bien no es algo aun
proyectado a escala global. Pero al menos, por lo pronto, se ha logrado
establecer porcentajes de probabilidades a plazos bastante largos, de
años y se han observado los datos de variables, como incrementos
significativos de temperaturas en la zona, que están relacionados con
los movimientos sísmicos; las fricciones internas de la corteza generan
energía en forma eléctrica que sale y causa éste efecto y alteraciones
magnéticas. En el caso de los tsunamis, la detección es posible sobre
la base de datos de satélites de navegación y otros, con la medición
movimientos de la altura de masas de agua oceánica y otros parámetros.
Y precisamente en relación a terremotos, la
disponibilidad de fotografías espaciales de zonas azotadas por
terremotos y otras catástrofes naturales permite hacer evaluaciones
precisas de daños y planificar estrategias de salvamento y apoyo a
refugiados, fijando campamentos, disposición de vías de comunicaciones,
etc.
Hacia 1980, los soviéticos, según ellos mismos,
ahorraban unos 25 millones de rublos al mes gracias a los programas
científicos de estudios sobre los recursos terrestres desde las
estaciones Salyut. Los mismos, que en la región de Fergana, en el Asia
Central, llevaban 50 años obteniendo petróleo y gas, solo había hallado
allí 102 puntos, pero gracias a la información espacial aportada en
imágenes detectaron otros 84 lugares más en solo 3 meses.
Los mismos soviéticos, según datos de 1982, tenían
gracias a los datos logrados en el espacio un ahorro anual en millones
de rublos de 40 en materia geológica, más de 100 en prospecciones de
gas y petróleo y unos 30 en cartografías.
También gracias a imágenes espaciales, al noroeste
del lago salado Baljash, en un desierto en el que no había el menor
síntoma de humedad en el subsuelo, se observaron grietas tectónicas a
través de las que se hallaron embalses de agua dulce, lo que permitió
perforar pozos y hacer abrevaderos para permitir el pasto en tiempos de
sequía de hasta unas 50.000 ovejas, de especie local. La regular
utilización de las fotografías espaciales permitió en el Kazakstan el
hallazgo de numerosas fuentes en las zonas desérticas entre el lago
antes citado y los mares Caspio y Aral, con el consiguiente beneficio
para la agricultura.
En la desértica península de Mangyshlak, en el
Kazakstan, los cosmonautas soviéticos localizaron en su día bolsas
subterráneas de agua dulce a poco profundidad, evaluando el volumen en
unos 4.000 millones de metros cúbicos.
En 2002 trascendió que gracias a satélites rusos se
había encontrado una corriente subterránea de agua en el Sahara, a 213
m de profundidad, a unos 241 Km de la costa atlántica, cerca de la
localidad de Atar, en Mauritania. Hecho éste trascendental para una de
las regiones más secas del planeta.
Los mejicanos, que por el sistema tradicional
hicieron durante 24 años un censo de los bosques del país, gracias a
imágenes de satélite en solo 2 años hicieron un censo renovado, de
50.000.000 hectáreas, y con un costo de un 10% respecto al anterior.
Los chinos, por su parte, gracias a sus satélites
descubrieron cerca de 300 lagos, situaron con precisión las fuentes de
sus grandes ríos Yang Tse y el Amarillo. También han avanzado
enormemente en la predicción de tifones.
En diciembre de 2010 la ESA puso en funcionamiento
junto a la compañía WaterWatch y la Universidad de KwaZulu-Natal de
Sudáfrica un servicio (programa GrapeLook) de asistencia para controlar
viñedos por satélite a fin de lograr mejores cosechas. Los principales
datos se refieren a mediciones de humedad para calcular el agua
necesaria en el riego, y en general al estado del suelo. Los primeros
en utilizar este sistema son viticultores sudafricanos.
En otro ámbito, el de la lucha contra el
narcotráfico, también los satélites con sus fotografías han servido
para hallar campos de cultivo (el Spot francés sobre Colombia) y
señalar su posición a las unidades antidroga.
Se ha calculado que una sola fotografía espacial
viene a suponer el equivalente de unas 2.000 fotografías tomadas desde
un avión, y que 5 min de tomas desde el espacio suponen 2 años de
trabajo en laboratorios fotográficos de tomas aéreas. De otro modo, una
inspección visual topográfica de todo el territorio de China, por
ejemplo, puede realizarse desde un satélite artificial en varios días
con unas quinientas fotos, mientras que desde una aeronave se
requeriría más de un millón de fotos y diez años de trabajo.
En medicina también ha habido resultados de la
aplicación directa de la tecnología espacial. Una de las aplicaciones
médicas espaciales en relación a la farmacología de la gripe, la
hepatitis e infecciones víricas en general, ha sido realizable gracias
a los experimentos sobre cristalización de proteínas efectuados en el
programa Shuttle en 1996. La consecución de grandes cristales en el
espacio permitió su identificación correcta. El Centro de
Cristalografía Macromolecular de Alabama realizó el mapa molecular del
virus de la gripe gracias a ello. Los laboratorios Johnson&Johnson
desarrollan a partir de entonces los llamados inhibidores de la neuraminidasa
para el tratamiento de las infecciones víricas. Tal enzima actúa en la
piel, por así decir, del virus para facilitar su multiplicación, de
modo que si se bloquea su química se impide su reproducción. Ello da
lugar no solo a su empleo en la medicina preventiva sino además en el
tratamiento una vez iniciada la enfermedad de un amplio espectro de
tipos de virus. Los soviéticos en colaboración con los australianos
hicieron también la consecución de la misma sustancia en su estación
Mir en la segunda mitad de los años 80.
Otra posibilidad de los satélites en el campo de la
medicina es la prevención por observación de la evolución de algunas
epidemias originadas por los llamados virus emergentes. Se captan las
zonas que guardan unas características favorables en el medio ambiente
(temperaturas, humedad, lluvias, etc.) para el surgimiento y el
desarrollo o evolución de determinadas enfermedades (cólera, malaria,
fiebre amarilla, y otras). Esto se estudió por los norteamericanos a
partir de 1993 con un brote infeccioso originado por hantavirus y
transmitido por roedores, y los especialistas se apercibieron que era
posible predecir con varios meses este fenómeno. También se ha
reclamado el uso de satélites para hacer mapas en estudios para
combatir epidemias como la del virus Ébola sobre el Congo y Gabón.
Sobre estos aspectos se puso en marcha el llamado proyecto Epidemio.
En 2018 se hace otro tanto sobre Yemen en relación a un posible brote de cólera.
Pero no se piense que en este mundillo todo es
perfecto tecnológicamente. En incendios forestales, por ejemplo, un
sistema de cámaras de video conectadas por satélite permite observar el
humo a 10 Km de altura de un árbol quemando. Pero el uso de estos
satélites para detección de incendios forestales, tiene un defecto, la
lentitud. Si el satélite no está justo sobre la zona puede tardar en
sobrevolarla y aquí la rapidez es determinante. La recuperación de una
hectárea de arbolado viene a costar en 2.000 entre 1.000 y 5.000 euros,
así que la pronta detección por satélite permite impedir estas
catástrofes. Pero nada hay infalible, así tampoco se piense que siempre
son medios tecnológicamente impecables. Sigue habiendo limitaciones y
muchas veces no son sino un sistema complementario de otros.
En cualquier caso siguen siendo un elemento vital en
el desarrollo y disponibilidad de medios de las naciones. Además, poco
a poco se han ido formando redes integradas de información obtenida por
satélites de distintas nacionalidades para ayuda en catástrofes
naturales, como por ejemplo en inundaciones, facilitando imágenes de
terrenos inundados a las autoridades correspondientes para permitir
hacer evaluaciones inmediatas y paliar en lo posible los daños y
facilitar evacuaciones. En los incendios la solución también viene con sistemas globales, con varios satélites en red.
Gracias a los reflectores láser instalados en la
Luna se podía determinar exactamente el desplazamiento de los
continentes, la distancia precisa Tierra-Luna, las fluctuaciones
orbitales terrestres y los movimientos de nuestro planeta sobre su eje.
Por su parte, sismómetros dejados también en la Luna, no solo sirvieron
para aportar datos sobre terremotos lunares sino para determinar el
efecto de la Tierra en la estructura selenita.
En arqueología, además de aprovechar la tecnología
en sistemas terrestres, se han utilizado ingenios espaciales
directamente como ayuda. En los años 80 los chinos localizaron gracias
a fotografía de satélite el palacio imperial Yuan Ming Yuan que había
sido derruido por los ingleses y franceses en el Siglo XIX. Y en Perú,
en su selva subtropical, los americanos hallaron en imágenes espaciales
los posibles restos de alguna civilización preincaica.
Con ayuda de las imágenes espaciales por radar en el
sistema Shuttle se localizó la perdida ciudad de Niya en la llamada
Ruta de la Seda, sobre el desierto chino de Taklamakán, y también la de
Ubar, tragada en su día por las arenas en el desierto de Omán; esta
última igualmente fue fotografiada por los satélites de recursos
naturales SPOT y LANDSAT. También se descubrió, por el JPL californiano
con datos de nave espacial, una segunda Gran Muralla China (581-618,
dinastía Sui), más antigua que la primera, y situada sobre el desierto
de Gobi.
Como sistemas de salvamento, la posición de los
satélites permite localizar a personas que lleven un transmisor de
emergencia. La NASA probaba en 1992 junto a tres empresas privadas un
aparato de este tipo del tamaño de una cajetilla de tabaco que en caso
de apuro envía señales a un centro de emergencias; la previsión
apuntaba entonces su comercialización para 1995 por un precio de salida
de unas 80.000 pesetas. Hacia 1998 se calculaba que el número de
personas salvadas gracias a los satélites de búsqueda y rescate del
sistema llamado SARSAT-COSPAS ascendía a unas 8.000. Hasta junio de
1995 (desde septiembre de 1982) el mismo sistema había permitido
rescatar a 5.541 personas sobre 1.800 casos (1.624 personas en 755
casos aéreos, 3.633 personas en 922 marítimos y 284 personas en 123
terrestres). Solo en 2013 el número de personas en peligro de muerte
rescatadas gracias al sistema espacial contabilizados en los Estados
Unidos fue de 253 entre náufragos, aeronaves caídas y excursionistas
aislados en tierra. Desde 1982 hasta tal 2013, el total de rescates con
el sistema SARSAT-COSPAS es de más de 35.000 en todo el planeta.
De un modo parecido, también se utilizan sistemas de
seguimiento con radiobalizas en migraciones zoológicas, o en simples
desplazamientos o movilidad de especies y ejemplares.
Uno de los primeros productos espaciales, obtenido
el curso de vuelos Shuttle, está en unas bolitas de plástico o
poliestireno de 10 micrones de diámetro, de modo que en el tamaño de
una cabeza de alfiler caben 18.000. Se denominaron SRM 1960 y se
vendían en frascos de agua destilada que tenían 30 millones de tales
bolitas; la primera emisión de los frascos fue de 600 unidades de 5
mililitros, siendo el total fabricado en el espacio de unos 10.000
millones de tales bolitas. Su costo inicial fue de unas 56.000 pesetas
de 1986. Sus aplicaciones están en la comprobación de filtros y
máquinas que manejen sustancias como el tóner de fotocopiadoras,
cosméticos, pólvora, etc. Su consecución en condiciones de gravedad las
hace imperfectas y apelmazadas pero en la microgravedad espacial
resultan perfectas. La consecución de formas esféricas perfectas, como
cojinetes por ejemplo, es posible en el espacio y tiene su aplicación
en piezas para maquinarias de todo tipo.
También el campo militar se aprovecha del medio
espacial y tiene en el mismo ingenios de observación de objetivos,
teledetección de misiles y pruebas nucleares, telecomunicaciones
propias, etc.
Resumida y principalmente, el espacio viene a
establecer su aplicación tecnológica en los campos siguientes:
Telecomunicaciones, meteorología, navegación y posicionamiento,
aeronáutica, medicina, recursos forestales, agrarios, pesca, urbanismo,
arqueología, contaminación, salvamento, zoología, militar, etc. Para
mayor amplitud, véase el capítulo 2 sobre Satélites.
Las aplicaciones y posibilidades científicas
del espacio son menos trascendentes para el tiempo presente puesto que
son investigaciones y por tanto por propia denominación inconclusas,
pero infinitamente más numerosas. Aunque no se citan también pueden
comprender inicialmente los campos de los satélites tecnológicos antes
citados mientras que en un principio fueron de prueba. En capítulo 2,
sobre Satélites, aparece información concreta también de los ingenios
científicos. En cuanto a las entidades promotoras, colaboradoras y de
desarrollo de los ensayos, no son solo las propias espaciales (NASA,
Agencia Rusa, NASDA, ESA, etc), sino infinidad de universidades,
institutos y centros de investigación, compañías e industrias
tecnológicas, laboratorios farmacéuticos, entidades militares, etc.
Los campos científicos o de experimentación espacial
son agrupada o resumidamente los siguientes:
ASTRONOMIA.
Estudio del Sistema Solar y de las estrellas y resto
del Universo en diversas bandas del espectro ETM con todo tipo de
aparatos detectores o espectrómetros.
Mientras que en el caso de los planetas o las
estrellas la importancia de su mejor conocimiento es relativa, en el
caso del Sol la trascendencia del mismo sobre la vida humana es
fundamental. Son pues del máximo interés los estudios espaciales
solares de tipo meteorológico. La importancia de la investigación
solar, al margen de la meramente astronómica que nos diga acerca de la
evolución del Sol, tiene una doble vertiente. Por un lado interesa el
aprovechamiento de la energía solar y por otro el control preventivo de
las emisiones solares de radiación que afectan nuestra vida. Estas
últimas inciden sobre nosotros pudiendo dejar fuera de servicio las
comunicaciones con satélites y naves espaciales, redes de
radiofrecuencia terrestre, incluidos vuelos aéreos comerciales y
navegación marítima, alteraciones graves en centrales de energía
eléctrica, e incluso descargas eléctricas en oleoductos y otras
conducciones. Las investigaciones solares resultan pues prácticamente
tan importantes como las puramente meteorológicas o las realizadas en
las áreas de las telecomunicaciones.
De los resultados astronómicos de la astronáutica en
otros aspectos se da cuenta en el apartado siguiente al presente, pues
su mayor extensión así lo merece.
BIOLOGIA.
La importancia de la biología en el espacio no solo
está relacionada con la biomedicina sino de la utilización de la misma
para el hombre en el cosmos, como elemento necesario para su uso en el
futuro en el establecimiento de ecosistemas espaciales y en
astrocultivos tanto vegetales como ganaderos.
En general, en los estudios celulares, ya en un
principio se observó que la falta de gravedad no parecía influir sobre
el citosol o hialoplasma que contiene, además de agua los minerales y
sustancias fundamentales. En los experimentos francosoviéticos en las
estaciones Salyut se observó a nivel celular que la microgravedad hacía
aumentar el volumen de agua y una pérdida de minerales (calcio,
fósforo, magnesio y potasio). En las plantas, sensibles al crecimiento
bajo el geotropismo gravitatorio, las células tienen a los receptores
de la gravedad en un reposo, flotando en el citoplasma los
amiloplastos, y todo ello da lugar a la modificación de la orientación
y del crecimiento. La detección a nivel molecular de la posición en
presencia de gravedad u orientación de una planta está relacionada con
la concentración, de 5 veces la normal, de moléculas de inositol
trifosfato en un área determinada; en el trascurso de minutos o tiempo
determinado superior las células de la planta inician un proceso para
erguirse de nuevo y recuperar la posición vertical habitual. En la
microgravedad tales concentraciones se alteran. El crecimiento de las
plantas en la gravedad pasa finalmente por la producción de un polímero
propio, la lignina, que almidona las células y hace posible el
crecimiento de los tallos. En algunos experimentos, llevadas las
plantas a la microgravedad, resultó que en algunas especies la
producción de lignina bajaba pero en otras no.
Por otra parte, los ciclos naturales de la luz
también influyen en la planta y su alteración determina cambios en la
prioridad de asimilación de agua y nutrientes. De tal manera, en el
espacio la luz ha de tratar de reproducir tales ciclos con luz
artificial. Un mayor período de oscuridad, una “noche” más larga, hace
que haya un desarrollo mayor de las partes aéreas de las plantas. Los
ensayos con distintas tonalidades o colores de luz han hecho ver su
influencia sobre el crecimiento, y según los casos interesará que éste
incida sobre tallos y ramas (leguminosas por ejemplo) o bien sobre
raíces (zanahorias, por ejemplo); tal influencia se deriva de la
ocasionada sobre la distinta asimilación de agua y nutrientes a partir
de la fotosíntesis.
Resulta pues de gran interés en el espacio la
botánica y la zoología. Se estudia así este crecimiento de plantas y
vegetales de todo tipo, con vistas al aprovechamiento posible de las
mismas, y el comportamiento en la microgravedad de todos los seres
vivos, en numerosos experimentos.
Una de las especies que primero se contempló para su
aprovechamiento espacial es la alga chlorella; en el invernadero
espacial Fiton checo llevado en la Mir soviética se probó con cebollas,
rábanos durante 3 meses. Otras especies probadas han sido el trigo, el
ginseng, lechugas, guisantes, patatas, etc. El trigo, que en
condiciones terrestres normales tarda en madurar entre 105 y 135 días,
en experimentos terrestres de la NASA en los que las muestras se
sometieron en un medio con bajos niveles de oxígeno, resultó que
crecieron con el doble de rapidez al acelerarse los procesos de
fotosíntesis y crecimiento.
En algunos de los experimentos se sometieron las
muestras en el espacio en una centrifugadora para simular algo de
gravedad y ayudar en el crecimiento. También se probó hacia 1980 la
arabidopsis que llegó a florecer pero no dio semillas. En 1982, sin
embargo, en la Salyut 7, dio flores a los 55 días y semillas a los 69
(en tierra el ciclo equivalente es de 25 a 30 días), las primeras en el
espacio; de 27 casullas, unas 10 suministraron en torno a las 200
semillas.
Muchos experimentos no resultaron con los vegetales,
pero otros en cambio dieron resultados inesperadamente provechosos.
Así, según los chinos, semillas tratadas en el espacio mediada la
última década del Siglo XX, al ser sometidas a la falta de oxígeno en
la microgravedad y bajo la radiación del espacio, fueron luego
plantadas en la Tierra y, por ejemplo los pepinos, resultaron de un
tamaño gigantesco, con un 7 % más de hierro, en doble de vitaminas, y
más nutritivos que los habituales terrestres. China proyectaba a
finales del Siglo XX el envío en satélites de semillas transgénicas
para permitir mutaciones y mejorar su calidad, resistencia y
rendimiento. En 2007 se estimaba que el tamaño de los productos
agrícolas “espaciales” era un 25% superior al normal. Desde 1987 los
chinos habían modificado en el espacio 70 tipos de semillas (arroz,
algodón, sandías, maíz, tomates, etc.) y se habían sembrado 66.660
hectáreas de terreno con semillas espaciales, logrando tomates de 800
gramos, pimientos de 750 gramos, etc., y con un contenido vitamínico de
un 25 % más que sus correspondientes especies normales. También se
alteró el color y así aparecieron también patatas de color violeta, y
sandías con tonos entre amarillo y verde. El cultivo de estas semillas
chinas y la consecuente producción y comercialización fue a parar a
manos de la empresa Pujiang Zhengyi Horticultura, de Shangai.
La alga espirulina ha sido estudiada en la ISS en el
instrumental MELISSA y sus resultados se han aprovechado para su
aplicación en un proyecto de suplementos de alimentación en áreas del
Congo, como Bikoro, en los que se observa malnutrición. Los estudios
espaciales de tal vegetal son relativos a su crecimiento, absorción de
nutrientes, actividad enzimática y aspectos genéticos. Y el modo de
aplicación terrestre del mismo es su fácil cultivo en recipientes de
agua con bicarbonato potásico y otros.
Otra planta experimentada en el espacio es la soja.
La misma es una planta que a nivel mundial en el consumo humano es la
de mayor aportación de proteínas así como de aceites vegetales. En un
experimento espacial de DuPont en el que la soja durante 97 días
completó un ciclo generacional de la planta en el espacio (ISS),
produjo 83 semillas nuevas. Tal soja sideral resultó similar a la
terrestre, tanto en crecimiento como forma y reproducción. Las
espaciales tienen sin embargo más azúcares y menos aceite y
aminoácidos, quizá debido a los índices de CO2 superiores en la ISS.
El número de especies llevadas para pruebas al
espacio, además de las vegetales, es enorme. Se ha experimentado con
anfibios, peces, moluscos, crustáceos, insectos, aves, etc.
Los experimentos biológicos, entre otras cosas han
permitido determinar que el crecimiento de las crías de las ratas es
anómalo en la microgravedad, debido a alteraciones irreversibles en su
corteza cerebral. Huevos de gorrión incubados por los soviéticos en el
espacio hicieron crecer dentro seres informes. Las esperanzas pues para
un embarazo humano no son buenas. En el instrumental checo llevado a la
Mir, el Inkubator 2 se estudió el desarrollo embrionario de la codorniz
japonesa y se llevaron huevos fertilizados en 1990 y a los 17 días
salieron pollitos. El experimento siguió y posteriormente se llevaron
más.
Entre los primeros estudios sobre esporas realizados
en los Vostok se hallaron alteraciones en la mitosis y en el
crecimiento debido al factor microgravedad.
La mosca drosophila melanogaster, de la que hay el
más amplio estudio biológico en tierra, permite estudiar la genética en
el espacio dado que vive entre 12 y 15 días, teniendo en tal tiempo
descendencia. Por lo tanto, se pueden observar sucesivas generaciones
con rapidez y estudiar los efectos producidos por el medio espacial en
las mismas. De alguna manera, es como si se comprimiera el tiempo para
tratar de aventurar el futuro en otras especies. Sin embargo, hay que
considerar que en otras especies la cosa puede cambiar. Los primeros
estudios con tal mosca fueron realizados ya en los vuelos tripulados
soviéticos Vostok, los primeros, en los años 60; se observó la
reproducción de la misma, resultando aparentemente normal, salvo que
nacían en el espacio el doble de hembras que de machos, y que algunas
nacidas en la microgravedad no tenían parte del cuerpo o el mismo
estaba disminuido o era anómalo.
INVESTIGACIÓN TERRESTRE.
Comprenden investigaciones sobre recursos naturales,
geografía, geofísica, meteorología y climatología, hidrología,
contaminación, agricultura, erosión costera, glaciología, arqueología,
etc.
Se utilizan todo tipo de detectores y cámaras que
obtienen imágenes en amplias bandas del espectro, tanto el visible como
las cercanas al mismo, y se emplean películas de todo tipo y sistemas
de transmisión y almacenaje de datos. En las estaciones soviéticas se
utilizaron los equipos Prirora 5 y sistemas multiespectrales MKF para
tomas de imágenes en materia de recursos terrestres, así como diversas
cámaras de televisión, espectrómetros Infrarrojos, cámaras topográficas
KATE-140, etc. Para el estudio de la atmósfera superior, por ejemplo,
los soviéticos utilizaron el instrumental de factura búlgara Zagorka,
el Terma y el fotómetro checo EFO-1, así como el Fialka para el estudio
de la radiación UV sobre la atmósfera terrestre.
MEDICINA.
El campo de la medicina espacial es uno de los de
más intensas investigaciones por doble motivo. Uno es la posible
aplicación de los productos generados en la microgravedad, es decir, de
la farmacología y nuevas técnicas médicas; es decir, se investigan
productos farmacéuticos y aparatos diversos. El otro motivo está en
función de la necesidad humana de una adecuada adaptación a la
microgravedad para poder llevar a cabo vuelos de larga duración y
llegar así a Marte, por ejemplo. Es la fisiología de la microgravedad.
Conviene aquí revisar el apartado dedicado a la Medicina Espacial y
recordar que los principales estudios son relativos a radiaciones,
aparato vestibular, sistema cardiovascular, sistemas digestivo,
hepático y renal, sistema óseo, sistema inmunológico, sistema muscular,
sistema neurológico, etc.
Se busca también en la microgravedad la fabricación
de hormonas y medicamentos de gran pureza. En tal medio existe la
posibilidad de obtener proteínas puras y cristales de otros compuestos.
Se usan para ello técnicas de electroforesis.
A continuación un cuadro muestrario de compuestos
farmacéuticos que en 1986 se tenía previsto investigar en la
microgravedad; los afectados en potencia eran, según estimación de la
compañía Rockwell, las personas o pacientes a los que se suponía el
interés médico en todo el mundo en las cifras que se citan:
|
Sustancia o producto
|
Afectados potenciales
|
Aplicación, enfermedad, circunstancias
|
|
Interferón
|
20.000.000
|
Infecciones de virus y otras aplicaciones
|
|
Eritropoyetina
|
4.000.000
|
Anemia, sustituto en transfusiones
|
|
Células β pancreáticas
|
3.500.000
|
Diabetes, cura posible con 1 dosis
|
|
Productos de crecimiento de la epidermis
|
1.100.000
|
Quemaduras
|
|
Células pituitarias
|
850.000
|
Enanismo
|
|
α1 antitripsina
|
500.000
|
Enfisemas, quimioterapia
|
|
Antihemofílicos VIII y IX
|
19.000
|
Hemofilia
|
|
Estimulantes de granulocitos
|
¿?
|
Heridas
|
|
Factores de transferencia
|
¿?
|
Lepra, esclerosis múltiple, otros
|
|
Linfocitos
|
¿?
|
Generación de anticuerpos
|
|
Sueros inmunológicos
|
¿?
|
Infecciones de virus
|
|
Uroquinasa
|
¿?
|
Trombosis
|
Generalmente, estos compuestos solo pueden ser fabricados en
condiciones terrestres de gravedad a muy pequeña escala o de forma muy
costosa, o incluso pueden resultar imposibles de conseguir en una
mínima cantidad, en tanto que en el espacio se logran, por ejemplo, por
procedimientos de electroforesis altos grados de pureza y por lo
consiguiente en mayor relativa cantidad. Sin embargo, en realidad,
luego los costos no resultaron tan bajos como se prometían.
De forma resumida se puede decir que en el espacio,
en materia orgánica, se han experimentado nuevos productos o técnicas
de consecución, o es posible su desarrollo en los campos de las
vacunas, antibióticos, y sustancias diversas como la insulina, la
uroquinasa y las isoenzimas. El mercado americano a principios de los
80 en vacunas se cifraba en los 1.500 millones de dólares.
He aquí algunos ejemplos diversos ampliados sin
mayor pretensión:
La separación de la proteína interferón de las
bacterias cuesta en tierra a razón de 1 millón de dólares un 1 litro y
se tarda en conseguirlo 8 meses. En un laboratorio en el espacio se
logran 3 litros en un solo vuelo. La microgravedad facilita la síntesis
de las proteínas controlando su estructura tridimensional o
estereoespecificidad, pudiendo lograrse proteínas nuevas o de
desconocidas características.
Por otra parte, el desarrollo bacteriano es más
fácil en biorreactores en las condiciones del espacio orbital, lo que
también facilita la mejor producción de antibióticos, llegando el
porcentaje de mejora ocasionalmente al 200 %. Pero el motivo de este
mayor desarrollo no está aclarado aun (2002), si bien se estima que la
clave es el factor microgravedad y los movimientos de los fluidos en
los que evolucionan las bacterias (quizá por mayor concentración de
algunos compuestos que facilitan semejante bioquímica que a falta de
gravedad no sedimentarían).
La uroquinasa es una enzima natural utilizada para
tratamiento de embolismos pulmonares, puesto que la misma disuelve los
coágulos en arterias y vasos. La uroquinasa se obtiene de la orina
humana, pero se necesitan 1.500 litros de orina para lograr una sola
gota; también se logra a través del propio riñón, si bien más
difícilmente, y asimismo de riñones de fetos nacidos muertos. Solo una
de cada 20 células produce la enzima, así que se separan tales células
por electrofóresis, pero el proceso es muy caro; solo se produce en un
5 % de las células del riñón por lo que resulta de difícil extracción.
En tierra se hace muy difícil la consecución por la sedimentación. En
el espacio, o menor dicho en la microgravedad –que tampoco es gratis-
al menos se logran mayores cantidades. En el espacio se puede aislar
por electrofóresis ese 5 % de las células renales y lograr una máxima
producción, así como con el cultivo de las células.
Pero no todo son buenos resultados en el espacio. Un
informe del NRC, Consejo Nacional de Investigación americano,
trascendido a principios de 2000 acerca de los experimentos de
cristalización de proteínas en la microgravedad, realizada a partir de
los años 80, apuntaba a que resultaban excesivamente caros y de un
valor científico inferior al que la NASA les había atribuido. El citado
organismo había señalado que en ninguno de los ensayos en el espacio en
tal materia se había logrado avance importante o fundamental de ningún
tipo; algunos analistas científicos hicieron la observación de que los
cristales obtenidos solo eran entre un 20 % (Shuttle) y un 24 % (Mir)
mejores que los logrados en tierra. Sobre tales experimentos ya habían
sido propuestas en 1997 su suspensión en el espacio por parte de la
Sociedad Americana de Biología Celular.
El uso de sistemas biorreactores permite el cultivo
de bacterias, de células animales, levadura, e incluso tejidos. Las
investigaciones buscan estos cultivos como alternativa a trasplantes y
evitar los rechazos. Uno de los primeros experimentos al respecto fue
propuesto por el suizo August Cogoli a la ESA, planificando el uso de
un biorreactor en el espacio para cultivo de cartílago de la rodilla,
aspecto frecuente en muchos pacientes. Los soviéticos utilizaron en la
Mir unidades como el MKM-1 para cultivar células en la microgravedad,
construido por el Instituto Médico de Crimea. Los soviéticos también
dispusieron de otros aparatos afines como los bioprocesadores Rekomb y
el sirio Palmyra, o el Svetoblok para la fabricación sintética en 1987
de poliacrilamida. Otros dispositivos afines fueron para electroforesis
el Ruchei y el Svetlana (nombrado en honor a la cosmonauta Svetlana
Savitskaya).
Los cultivos de tejidos en microgravedad se han
prodigado en los vuelos Shuttle en los años 80 y 90, así como los
ensayos sobre crecimiento de proteínas, especialmente por el efectivo
método de difusión de vapor.
Los resultados, por ejemplo, de la misión Neurolab
Shuttle, entre los que estaban investigaciones sobre el vértigo y el
sentido del equilibrio, de la orientación, etc, fueron de interés
médico en el tratamiento del Alzheimer y la epilepsia, pues se
observaba como el cerebro procesa la información al respecto. También
tuvo tal vuelo otras aplicaciones médicas de otra índole. La búsqueda
de tratamientos efectivos para el Alzheimer también se realiza en la
Estación Orbital Internacional, ISS, (experimento SABOL, 2015).
Por cierto, en relación al Alzheimer en 2013 se dio
a conocer cómo programas informáticos empleados para el procesamiento
de las fotografías tomadas en el cosmos se utilizan, adaptados, para el
diagnóstico de tal mal mediante el análisis de las imágenes obtenidas
en el escáner cerebral. Es el denominado AlzTools 3D Slicer y fue
desarrollado por la empresa española Deimos para el programa del
satélite ENVISAT europeo.
También se realizan mejor en el medio espacial los
estudios sobre los cálculos de riñón y se ayuda en los llevados a cabo
sobre la radiación para combatir tumores. Se cuentan la
bioestereometría para el estudio del crecimiento de tumores, las
investigaciones biomédicas sobre la osteoporosis, etc.
Precisamente sobre la osteoporosis, la NASA y la
Universidad de Arizona dan a conocer en 2012 un test de orina para su
identificación en sus primeras fases de desarrollo, cosa hasta entonces
solo se diagnostica mediante radiografías y cuando se produce la
primera fractura ósea. Tal test fue pensado para los astronautas y se
basa en buscar en la orina isótopos de calcio, con un preciso número de
neutrones, procedentes de los huesos. Esta aplicación abre la vía a
identificar en sus inicios todas las enfermedades que produzcan
la pérdida de masa ósea.
Para el estudio antropométrico en el espacio, dada
la condición de la práctica falta de gravedad, se han diseñado aparatos
que miden la masa por la frecuencia de oscilación con una precisión del
0,5 %.
Otra vía investigadora realizada en el espacio, en
concreto en la ISS, busca tratar la llamada distrofia muscular de
Duchenne, un mal incurable en 2015 de origen genético que afecta a
niños varones principalmente. Se trata de una atrofia muscular que
progresa hasta provocar la muerte prematura, con una media en los 20
años. El tratamiento que se está pergeñando gracias a las
investigaciones en el espacio resulta muy esperanzador. Se basa en la
consecución de medicamentos en relación al crecimiento de cristales de
proteínas de mayor calidad y mayores.
En cuanto a los antibióticos, el espacio permite su
producción con mayor eficacia, de hasta un 200 % (de un 75 % en la
actinomicina D, por ejemplo). La comprensión de tal mejora sirve para
tratar de igualar en tierra los procesos y lograr así mejores
resultados, puesto que la producción en masa en el espacio resulta aun
muy cara.
El estudio espacial del medio ambiente y sus rápidos
cambios que permiten la rápida expansión de algunas especies de
insectos o roedores, también puede permitir la prevención
epidemiológica de enfermedades como la malaria o el cólera. El control
biológico de las especies transmisoras es posible al conocer de
inmediato por técnicas espaciales los factores favorables de su
desarrollo. La confección de mapas con estos fines desde el espacio
permite localizar las áreas de riesgo y focalizar la intervención de
control.
En otros aspectos, en la robótica, por aplicación de
las técnicas generadas para la exploración espacial, se podrán
construir brazos articulados de acción por gestos o movimientos
faciales, sillas para inválidos con movimientos por gestos o
movimientos de la vista, etc.
MILITARES.
Comprende la experimentación sobre las diversas
aplicaciones tecnológicas ya citadas y su desarrollo continuo en la
mejora de los medios y técnicas, todo bajo el enfoque de la
teledetección o búsqueda de la aplicación en el campo militar.
TECNOLOGÍA DE MATERIALES Y
OTRAS.
Son las investigaciones dedicadas a las mejoras en
los sistemas de comunicaciones, navegación y otras de aplicación
tecnológica ya citadas, así como a las realizadas sobre materiales. Son
principalmente los aspectos de la física y la química de la
microgravedad y se utilizan hornos eléctricos, separadores de
compuestos, sistemas de levitación ETM, etc.
Por ejemplo, los líquidos tienden al formar en la
microgravedad esferas perfectas de diversos tamaños. Tiene ello interés
en el estudio de la cohesión molecular. Se han realizado numerosos
ensayos con agua al respecto, pudiendo hacer que se formen también
hilos de agua, una fina tela, etc. Un objeto dentro de agua en la
microgravedad no flota, simplemente se rodea de la misma. Esto
determina diversos aspectos en técnicas de cristalización y fusión, en
procesos de electrofóresis y en la fabricación de componentes puros,
cristales, aleaciones, plásticos, circuitos integrados, etc. De este
modo se pueden lograr productos que la gravedad impide fusionar o
mezclar en tierra; la densidad y los movimientos convectivos en fluidos
dejan de tener efecto y se producen nuevos fenómenos.
Las aplicaciones facilitadas por el espacio inciden
en los campos de los circuitos integrados, cristales, óptica, cojinetes
de bolas huecas, paletas de turbina para altas temperaturas, aleaciones
lubricantes de aluminio y plomo, etc.
Entre los productos tecnológicos objeto de
experimentación en el espacio se cuenta la microelectrónica y sus
materiales componentes. Así por ejemplo, los cristales del arseniuro de
galio se han intentado en varios vuelos conseguir con pureza en la
microgravedad con vistas a su aplicación para microprocesadores. La
ventaja de este material respecto al silicio es que permite una mayor
rapidez en el desplazamiento de los electrones con lo que se mejora el
rendimiento de los microprocesadores. Sin embargo, en 1992 solo había
en el mercado un 1% de éstos con arseniuro de galio, porque el mismo es
más frágil que el silicio lo que dificulta su fabricación en elementos
complejos. Es importante su uso los transmisores y receptores de
satélites de comunicaciones, permitiendo un bajo nivel de
interferencias.
Además del citado compuesto, en la consecución de
cristales de alta calidad, se ha usado el silicato de germanio, gracias
al cual y tras experimentos en la estación orbital americana Skylab se
encontró la forma de hacer crecer ordenadamente cristales puros en
tierra (dado el coste de producción masiva en el espacio) bajo la
denominación de crecimiento aislado Bridgman. Sus aplicaciones son
especialmente interesantes en los detectores de rayos cósmicos,
sensores, miniláseres, etc.
Todos estos compuestos y otros (en los que están presentes el germanio,
el silicio, el antimonio de indio, fluoruro de calcio, etc) se utilizan
en lectores de discos compactos, cámaras de video, telefonía móvil,
sensores, semiconductores, detectores de radiación, relojes digitales,
etc.
En el espacio se utilizan para estos experimentos de
crecimiento de cristales gran número de dispositivos y hornos
eléctricos. Los soviéticos utilizaron los denominados Splav 1, Kristall
y Magma F en las estaciones Salyut y Mir. Para estudios físicos y
químicos, en estudios coloidales, térmicos, térmico-capilares, etc, los
soviéticos también diseñaron aparatos como el PION M y los franceses el
Alice. Otros fueron los modelos de horno Gallar, Krater y Korund
soviéticos para la Salyut y la Mir, el último versión del Splav y el
Kristall. En ellos se hicieron procesos de cristalización en
microgravedad con muestras de plata-germanio, aluminio-níquel,
galio-antimonio, etc.
También se han probado gran número de materiales,
con exposición directa al medio espacial de muestrarios, para observar
su resistencia o respuesta térmica, a las radiaciones, etc, en resumen
su comportamiento ante la erosión del cosmos. Se han probado materiales
ópticos, plásticos, polímeros, pinturas, aleaciones de prueba,
lubricantes, adhesivos, fibras, cerámicas, etc. También se diseñaron
dispositivos de análisis in situ de los materiales en el espacio, como
el ucraniano Electrotopograph que usó en diciembre de 1987 en la Mir
para observar los efectos del citado medio sobre capas finas de
cerámicas, superconductores, materiales aislantes, etc.
Igualmente se ensayaron montajes de estructuras,
tipo grúa, tanto americanos como soviéticos (como las Sofora, Strela y
Rapana) en su día.
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Otra posible aplicación espacial, contemplada ya en los años 60 y 70,
sería el uso de cohetes con carga de residuos nucleares para
eliminarlos enviándolos al Sol; tiene los inconvenientes de ser una
solución cara y en caso de fallo del cohete muy peligrosa. El
astronauta americano David Scott exponía tales antiguos proyectos en
2001 en Sicilia, proponiendo de nuevo el uso del Shuttle para ello.
También habría que considerar otras investigaciones
no espaciales pero realizadas por entidades espaciales en tierra con
vista al desarrollo de tecnologías de futura aplicación no solo en el
espacio sino en las propias instalaciones de apoyo. La NASA se ha visto
así involucrada en varios campos tecnológicos, como por ejemplo en el
de la robótica, el informático, etc. En el campo de los ordenadores, la
búsqueda de una renovada generación de los mismos es objetivo para
poder soportar nuevos proyectos de inteligencia artificial y su
aplicación en sondas no tripuladas. En 2007 la NASA probaba un
microchip capaz de soportar temperaturas de 500ºC durante al menos
1.700 h, pensando en su uso sideral, especialmente para motores o en
ambientes como el de Venus, y cuyas aplicaciones subsidiarias en la
industria de nuestro mundo son evidentes, evitando el peso y volumen de
sistemas de refrigeración, hasta ahora necesarios.
Pero es en el terreno de la aeronáutica donde la
NASA ha visto más claramente involucrada, desarrollando prototipos,
sistemas, materiales, etc. En 1998 ponía a prueba un modelo llamado
Pathfinder Plus, un ala muy ligera, de fibra de carbono y grafico,
dotada de energía solar que ascendió a 24,44 Km de altura. Luego de
ensayar el 8 de septiembre de 1999 un prototipo llamado Helios
Prototype, su diseño fue mejorado con el Helios, que fue probado en
julio de 2001 sobre la isla Kuai de Hawai y llegó a 23 Km de altura en
8 horas con ayuda de 14 motores de hélices alimentados con células
solares muy ligeras sobre el propio ala, de casi 75 m de ancha y 2,4 de
larga; tales motores consumían energía como un secador de pelo y en
teoría podrían elevar el ala a 30,4 Km de altitud. El peso del avión es
de 595 Kg de peso y la superficie del ala es de 50 m^2 y proporciona
hasta 35 kW con sus 62.000 células solares en 1.770 grupos; el
aprovechamiento de la energía solar de estas células es del 19 %. Este
ingenio es manejado por control remoto por un par de pilotos y su
velocidad de crucero es en torno a los 40 Km/h. Su costo se cifró al
momento de su prueba en un millón de dólares y fue diseñado por la
empresa Aero Virronment. En la tercera ocasión de hacer volar al
prototipo, el 14 de agosto de 2001 (el día anterior hora local), el
Helios ascendió, partiendo también de Kuai, a 29,41 Km tras 7 h de
vuelo y aun más después; en total, permaneció en vuelo 17 h. Pero el 26
de junio de 2003, al cabo de 29 min de vuelo, se estrelló,
destruyéndose del todo, en uno de los ensayos desde tales islas. La
finalidad de este tipo de ingenios es sustituir en determinadas
opciones a casi toda clase de satélites artificiales, así como aviones
militares de observación, pero para ello han de mantenerse en el aire
durante días.
Finalmente hay que citar al programa lunar Apollo,
que fue uno de los primeros que proporcionó gran cantidad de avances
tecnológicos, un total cifrado en nada menos que 2.329, y el número de
inventos en total se contabilizó en 3.465. El desarrollo de las
telecomunicaciones sufrió así un avance espectacular, así como el campo
de la informática, entonces desconocida y que aun tardó en trascender
al mercado comercial más de una década. Pero en 2.000 el total de
aplicaciones, de las llamadas trasferencias tecnológicas del espacio,
ascendía a nada menos que unas 40.000 en total. En los años 80 del
Siglo XX, el número de patentes, tecnologías nuevas o perfeccionadas en
todos los campos derivadas del espacio se cifraba en total, y sin
contar los descubrimientos astronómicos, en 160.000. Por su parte, los
detractores apuntaron que un considerable porcentaje de estas cifras
eran entes de poco rendimiento o incidencia en la vida tecnológica o en
cualquier otro orden.
Los finales del Siglo XX, como final de un período,
fueron un momento muy propicio para los balances y las evaluaciones de
un pasado reciente. Las consideraciones sobre los avances humanos,
tanto sociales como tecnológicos y científicos, así como las de sus
protagonistas, fueron abundantes. Entre los hechos, inventos,
descubrimientos e hitos considerados más importantes del siglo para la
humanidad se mencionaron todo tipo de cosas, sobre todo según el
enfoque y espectro consultado. Las encuestas a nivel popular arrojaron
distintos resultados a las salidas de los propios ámbitos, por ejemplo,
científicos. Entre los principales logros se cita ineludiblemente la
visita humana a la Luna. Sin embargo, tal hecho es más simbólico que
trascendente. Son infinitamente más importantes para la humanidad los
satélites de aplicaciones por ejemplo. Para el propio primer hombre en
la Luna, Neil Armstrong, los principales logros del Siglo XX fueron por
este orden la electrificación doméstica, el automóvil, los viajes en
avión, la red doméstica de agua potable, los medios electrónicos, la
radio, la televisión, la agricultura mecanizada, la informática, el
teléfono y los climatizadores. Aunque es evidente que Armstrong tiene
razón, no se puede olvidar que varias de las cosas que cita avanzaron y
evolucionaron de manera definitiva gracias a la aplicación en las
mismas de la tecnología espacial, principalmente de la miniaturización
y creación de sistemas electrónicos derivados de la industria espacial.
Para dar a conocer las tecnologías espaciales de
aplicación en la vida humana sobre el planeta, la NASA divulga la
publicación Spinoff desde 1976, aportando más de 2.000 artículos,
inventos o tecnologías, que llama “spin-off”. Denominado programa de
transferencia tecnológica, tiene su información en https://spinoff.nasa.gov/
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