<> CAPITULO PRELIMINAR.


Esta obra y sus propósitos. Consideraciones previas.


¿Sabemos dónde estamos?
De otro modo,
¿cómo sabremos hacia dónde ir,
y
qué hacer?


    La maravilla del cielo estrellado es una de las pocas constantes que ha conmovido a los seres humanos a través de su historia. Quien entienda y admire la belleza del Universo, entenderá y admirará la de sus criaturas, la de los seres cercanos a nosotros, y hallará un poco de sentido en la vida, porque entenderá algo del todo y en él la asunción de su propio ser. Y así será aun mayor maravilla entonces, verlo, sentirlo, recorrerlo; vivir, en definitiva.

    ¿Por qué nos mueve el estudio del cielo, del Universo, de todas y cada una de las entidades del mundo en que vivimos? Porque nos pasamos la vida asimilando lo que nos envuelve, explorando todo cuanto nos rodea, extendiéndonos cada vez más, como principio que desde bebé nos mueve en los genes, hasta llegar a la inmensidad del Universo, y ante lo que somos real y ciertamente solo un insignificante punto, pero lleno de excepcional vida, como un diminuto grano de arena entre todos los mares del mundo, pero capaz de preguntarse esto: ¿qué hacemos en la vida? ¿Por qué todo es como es? ¿Cuál es la finalidad de toda la Creación? ¿Nos necesita nuestro Creador para comprenderse a El mismo? ¿Cuál es el propósito final? ¿Estamos realmente perdidos y recapacitamos por ello, o solo huimos de la desagradable y rutinaria inmediatez del día? ¿Creemos solo para consolarnos de un "inaceptado" sentido ante la muerte? Pero aun así, ¿por qué existe el Universo, nosotros? Un famoso científico dijo que con su labor pretendía básicamente averiguar cómo piensa Dios, aun sabido su primer lema de amor. Y ciertamente es lo mismo. Es parte de la particular y colectiva búsqueda del sentido de la vida. En ese ir más allá, agotados los límites terrestres, el primer paso fue la astronomía desde el suelo de nuestro planeta, el segundo la astronáutica. Estamos en la nueva frontera humana, infinita, en esa continua y persistente búsqueda exploratoria, ayer de tierras, oro, piedras preciosas y tesoros, y hoy del mayor tesoro jamás imaginado, el tesoro del conocimiento, y sobre todo del conocimiento de nosotros mismos y nuestro Universo.

    Más cerca de nosotros, en el espacio físico inmediato, lejos de esa otra visión global del Universo, que también en la navegación espacial se estudia en lo singular que es el cosmos, los satélites y los vuelos tripulados han irrumpido en la vida cotidiana como un elemento más de la misma. Las comunicaciones, la meteorología, los recursos terrestres, etc., no se conciben hoy, ni son posibles, sin la presencia de los correspondientes ingenios espaciales. El espacio se ha convertido en una nueva y eterna frontera, un nuevo e imprescindible medio de apoyo a la actividad humana. No solo las ciencias y la investigación tecnológica encuentran en el espacio el horizonte de su desarrollo sino que casi todos los campos del quehacer humano, directa o indirectamente, pasan por el espacio. Las aplicaciones de los productos espaciales han venido llegando de modo callado pero sistemáticamente. Campos como la medicina o ciertas áreas tecnológicas han visto impulsados sus conocimientos y técnicas de manera muy notable por derivación y aplicación de las usadas en la navegación espacial.

    Por otra parte, está la investigación de nuestro Sistema Solar, de las estrellas, para comprender como funciona todo, cómo se forman los planetas, la corteza terrestre, los fenómenos meteorológicos, la geología, etc. Comprendiendo lo que está ocurriendo en otros cuerpos celestes, podemos entender lo que ocurrió o puede ocurrir en el nuestro, y así prevenir o explicar muchos fenómenos naturales como terremotos, cambios climáticos, etc., etc.

    Está, por otro lado, la posibilidad de captar señales inteligentes o, ¿por qué no?, de establecer de algún modo, quizá hoy imprevisible, contacto con otras civilizaciones del Universo en un inimaginable cruce de cultura e información. Si, hay que soñar. Soñar mucho para que la esperanza que nos mueve a ir a uno y otro horizonte, a un lejano infinito, siga existiendo.

    Así pues, gracias a la astronáutica pretendemos vivir mejor, pero también averiguar dónde y para qué vivimos, para averiguar cual es, en definitiva, el propósito final de la vida. Y así, sobre todo, tratar de poder explicar esta pregunta: ¿Por qué la Creación nos necesita para preguntarnos esto que nos preguntamos? ¿Que clase de instinto nos lo dice? ¿Somos nosotros anfitriones, realmente de microinfinitésimas partes, del Creador? ¿En que clase de juego estamos?
 
    Para uno, que no entendía muchas cosas, el cielo estrellado fue una intriga desde la niñez, y luego los incipientes viajes a la Luna supusieron un desafío a la inteligencia de tratar de comprender cómo era que estaba ocurriendo aquello; los cohetes subiendo, aun al cabo de los años no me canso de admirarlos, de cómo se elevan con tanta precisión. ¿Cómo era posible subir allí, a la Luna, tan fácilmente? (en apariencia) ¿Y que habría allí? ¿Cómo serían aquellas “tierras”? ¿Y que hay más allá del más allá de las estrellas? Comprendiendo luego algunas cosas, sigo sin entender muchas otras, pero ahora se que hay caminos en el abanico que se abre con nuevas preguntas y, sobre todo, que a cada pregunta y enigma tarde o temprano le llega su respuesta y solución, aunque pasen entre tanto generaciones y generaciones. Al final, muchos aspectos no tienen tanta importancia, o piensa uno que ya con el tiempo se aclararán, pero seguirá habiendo siempre la pregunta última, la que no conozco, ni se que nadie la conozca: ¿Por qué existe el Universo, por qué existimos usted y yo?

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    La estructuración de este trabajo pretende evitar el modo diccionario porque no permite la visión global de los temas, de las cosas, ni el modo de enciclopedia temática, aunque parcialmente lo asume. El modo elegido es un compendio cronológico por temas o distintos aspectos funcionales; o sea, el de una secuencia de hechos, una cronología conectada y por temas sucesivos. Así por ejemplo, no se intercalan por fechas los distintos vuelos espaciales sino en el propio contexto de su programa.

    El estilo, salvo los evidentes y puntuales casos de valoraciones personales, intenta ser de una prosa aséptica, estricta y nada adornada, con los mínimos comentarios personales, para mantener en lo posible la rigidez y seriedad que requiere pretender ser la mejor narración. Por ello, sobre todo para quien no sea buen aficionado a la temática, la redacción no es particularmente atractiva. Pero cualquier sabrá que se ha pretendido hacer el relato más puro, serio, imparcial, completo y exacto posible de la astronáutica, redactado y vivido en el tiempo real de los primeros 50 años de la misma.

    Se cita en primer lugar, en la Parte 1, una visión somera o repaso general del mundo físico que se tiene a la llegada de la astronáutica del mundo astronómico, y del conocimiento de nuestra atmósfera y medio físico, como base de partida, así como del mundo de las radiaciones, que marca a toda la instrumentación en el sistema básico de investigación, entre otras cosas. Después se trata de contar la historia de los soñadores de la cosmonáutica y de los primeros técnicos que la hicieron posible. Es entonces el momento de entrar en la mecánica y la técnica del vuelo espacial y del medio que la hace posible de momento; es decir, los cohetes. Finalmente se citan las instalaciones, organizaciones y construcción de las naves espaciales. Es resumen, la primera parte trata de referir todo lo que ocurrió y ocurre antes del vuelo espacial.
    En una segunda parte se hace referencia a los vuelos no tripulados, o sea, satélites artificiales y sondas lunares y planetarias. En la parte tercera se relaciona lo referente a los vuelos tripulados y, en general, a lo que atañe directamente a la presencia del hombre en el espacio. En cada una de estas partes se hace una referencia previa generalizada en cada programa a todos los elementos comunes de los vuelos del mismo. 
    Finalmente, una cuarta parte, se constituye en una miscelánea donde aparece el resultado, la trascendencia de todas las cuestiones espaciales, en nuestra vida, desde la nueva visión que nos proporciona sobre el Universo, las artes, las técnicas aplicadas en otros campos, la diversión, las anécdotas, la expectativa de futuro, etc.; se incluyen una serie de apéndices, vocabulario, un extenso diccionario de siglas o acrónimos, etc.

    Por último, solo añadir que lamento no haber dispuesto de mayores medios, y especialmente más conocimientos y habilidad para haber hecho mejor todo esto. Medios, sobre todo, para haber tenido más información, y más fiable o contrastada en algunos casos; conocimientos para tener menos errores de apreciación o de datos, que seguro que los hay, así como más profundidad en tantos asuntos del tema; y habilidad para haber hecho de estos temas de ciencia o tecnología, generalmente farragosos, aburridos y oscuros para muchos, un entretenimiento agradable y ameno.

    Cangas de Onís, marzo de 2004.



   > CONSIDERACIONES PREVIAS. NOTAS ACLARATORIAS.


    Las citas hechas de “Hora española” se refieren a hora peninsular española, por lo que para Canarias ha de retrasarse en una hora la que se cite.

    La utilización en muchas expresiones de nombres seguidos inmediatamente del término “USA”, se refiere naturalmente a “de los Estados Unidos”; también ocurre igual con “URSS”. El autor es consciente que la fórmula es en verdad gramaticalmente inapropiada pero se ha adoptado por su utilidad simplista y resumida.

    También ha sido mantenido como país la URSS con el añadido de Rusia en algunos casos (URSS/Rusia) cuando en verdad hoy se trata solo de Rusia, país heredero principal de la antigua Unión Soviética. Ello es así por meras cuestiones estadísticas y para permitir la clasificación alfabética en tablas en los programas informáticos.

    Los nombres propios originales de sondas o programas del país que los pone han sido respetados y mantenidos tal cual, a pesar de que muchas veces son una adaptación al propio idioma de un nombre extranjero, originalmente distinto. El resto de nombres propios están generalmente escritos en su idioma original, pero también simultáneamente pueden aparecer en inglés (Kazakstan por Kazajstán, etc.) o españolizados en algunos casos (ejem.: London y Londres, etc.).

    Muchas de las cifras dadas, sobre todo sobre medidas, peso, y otros parámetros de cohetes o ingenios, dadas las variaciones que a veces se producen en las sucesivas o distintas unidades o modelos, ha de tomarse como referencia de orientación u aproximación, y no como una medida fija o escrupulosamente exacta. Por ejemplo, las horas de lanzamiento u otro evento pueden dar lugar a distinto día (el anterior o el siguiente) según se tome la hora oficial de uno u otro país (país propio, país de lanzamiento, tiempo universal o GMT). Pudiera, en otros casos, tratarse de errores, pues las fuentes utilizadas a veces dejan bastante que desear por su falta de veracidad, generalmente debida a la no especialización o falsa interpretación de los comunicados de las agencias espaciales; también en algún caso podría ser debido a errores o falsas interpretaciones de este autor. Esto último también pudiera ocurrir con algunos horarios citados. La utilización de distintos tipos de horario (local, GMT, peninsular español) puede dar lugar a distintas fechas entre distintos autores sin que falte veracidad en las discordancias.

    La altura dada, por lo general, en el capítulo de cohetes a cada modelo se refiere, salvo indicación en contra, a la altura del cohete sin la carga útil o con el cono mínimo de configuración.

    Los parámetros orbitales de los satélites son orientativas o pertenecientes a alguna de las órbitas que el cuerpo correspondiente tuvo en algún momento (generalmente la primera órbita o aquella en la que más tiempo permaneció), puesto que a lo largo de la vida orbital de un satélite tales medidas van cambiando.

    En cuanto a las cifras sobre misiles y cabezas nucleares pueden resultar contradictorias o poco fiables, según origen, según las distintas fuentes, y sobre todo porque la verdad en temas de trascendencia militar, como es obvio, es más bien confusa por necesidad. Han de valorarse más las actitudes de las partes y las cifras han de quedar pues a título orientativo más que otra cosa, si bien, como en el caso de los parámetros orbitales de los satélites, se ha procurado la mayor exactitud posible.

    Por su parte, la numeración de astronautas también resulta distinta según autores diferentes. Algunos han incluido los pilotos de los aviones-cohetes que han sobrevolado cierta altura. Se afirma que la Federación Astronáutica Internacional considera astronauta a todo aquél que sobrepasa los 100 Km de altura y la NASA las 50 millas (unos 93 Km); tal frontera se dice que ha sido establecida sobre la base de que una nave que vuele por encima de tal nivel iría más rápida que la que tenga una velocidad orbital (lo cual, así expresado, no significa absolutamente nada… puesto que en los 80 Km también ocurriría lo mismo). Sin embargo, aquí, el criterio es que el espacio comienza por encima de los 150-160 Km (en verdad, en torno a los 180-190 Km), entendiendo que el espacio se alcanza con un vehículo autopropulsado y autónomo capaz de dar al menos una vuelta al planeta inercialmente, sin necesidad de propulsión añadida; o bien sobrepasando en vuelo suborbital la altura mínima que permite tal recorrido antes expresado. Ello nos lleva a considerar como mínimo tales 150-160 Km; cualquier cifra hasta los 200 Km también sería respetable, y por encima con seguridad indiscutible. Las consideraciones de los 100 Km, al margen de las posibles manipulaciones por intereses comerciales en la cercana perspectiva de buscar titular como astronautas a turistas con buenas aportaciones económicas, no explican porque 100 y no 85 Km, 55 o 120 Km; la falta de presión y oxígeno es fisiológicamente para el hombre igual a los 100 Km que a los 35 Km de altitud, e igualmente ocurre con otras consideraciones, por lo que este autor no halla otra explicación lógica para el establecimiento de tal cota a menos que se diga que es un número redondo, pero eso no es una razón. En cambio, por encima de los 150-160 Km se puede dar inercialmente al menos una vuelta a la Tierra porque la oposición de las moléculas atmosféricas es ya significativamente escasa para ello. Es aquí donde se considera que está la frontera de resistencia mecánica de la atmósfera y por tanto donde comienza el espacio para la astronáutica. Esta es la consideración que establece el criterio que maneja este autor. También es cierto que tal cota puede incluso ser superior, puesto que la atmósfera no un ente estático, sino que con las mareas, épocas y latitudes bajas (en el Ecuador) puede variar en aumento. Cuestión bien distinta es el límite jurídico, o línea Von Karman, para la consideración de la soberanía nacional atmosférica que se fija en los 100 Km, y por tanto es a partir de esta altura donde se considera implícitamente que comienza el espacio pero a tal nivel jurídico de soberanía nacional.

    Algunos datos, tal como direcciones postales o de Internet, teléfonos, etc., podrían no corresponder a la realidad del momento de su lectura por su desfase en el tiempo.

    En las conversiones de medidas del sistema anglosajón al métrico se han utilizado principalmente las siguientes correspondencias:

1 milla náutica 1,853 Km
1 milla terrestre 1,609 Km
1 pie 0,305 m
1 pulgada 2,54 cm
1 libra 0,454 Kg

    La diferencia horaria de España respecto a Moscú es de 2 h menos, respecto a Florida de 6 horas más y a Houston de 7 horas más. Respecto a la hora universal GMT, o UT, es de 1 h más en el horario de invierno y 2 h más en el de verano.

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